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Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.


Gracias por escuchar el pódcast Ask Pastor John, con John Piper, pastor y escritor desde hace muchos años. La pregunta de hoy la hace un hombre anónimo. «Pastor John, escuché el episodio sobre el cuidado de los padres que están envejeciendo». (Ese fue el episodio número 1 078 publicado el 9 de agosto [de 2017] y titulado Residencias de adultos mayores y el cuidado de los padres ancianos). «Ese episodio me hizo pensar en mi empleo. Yo trabajo en un hogar de ancianos y me toca ver a nuestros mayores deteriorándose de una manera que creo que muchos de nosotros temeríamos que nos pase. ¿Podrías hablar sobre la dignidad de la gente en hogares de ancianos con enfermedades como la demencia? Quizás esto es aún más fundamental en las respuestas sobre el cuidado de padres ancianos. ¿Le parece correcto?».

Correcto, absolutamente correcto. La dignidad que Dios le da a cada ser humano, como personas creadas a su imagen y destinadas a rendir cuentas ante el Dios vivo, como ninguna otra criatura, es fundamental en nuestros pensamientos sobre cómo las familias o cuidadores deben de cuidar a los padres en su vejez o a cualquier persona cuyas capacidades mentales estén disminuidas por cualquier razón.

Permítanme compartir algunos pensamientos fundamentales y también prácticos sobre la dignidad de aquellos con facultades de razonamiento y autoconciencia disminuidas.

A la imagen de Dios

En primer lugar, difícilmente podemos olvidar o ahondar lo suficiente en la impactante verdad de Génesis 1:27: «Dios creó al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó».

Luego, podemos agregar la verdad complementaria de que aún después de la caída esta gran realidad de ser portadores de la imagen de Dios sigue siendo cierta para todas las personas con las que tratamos y, por ende, debería afectar nuestro comportamiento. Santiago 3:9 dice: «Con ella [la lengua] bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a la imagen de Dios».

Santiago cree que ese hecho debería cambiar la forma en que usamos nuestras lenguas para hablar de otros. Cada ser humano, en cualquier parte del mundo, de cualquier raza, de cualquier origen étnico, de cualquier clase, hombre y mujer, rico y pobre, enfermo y sano es completamente diferente de todas las demás criaturas en la tierra. Luego encontramos en 1 Pedro 2:17 (en forma increíble) lo siguiente: «honren a todos», es decir, honren a todos los seres humanos. Y claramente la honra no mana de la honorabilidad moral. Algunos seres humanos no tienen ninguna integridad. Muchos son malvados como Nerón. Pedro dice: «Honren al Emperador». Son malvados.

La honra no proviene de su condición moral única, sino de su posición única a la imagen de Dios, diferente a todas las demás criaturas. Eso se aplica a un ser humano que pese un poco más de 36 kilos, sufra de artritis, necesite pañales, babee, tenga sus ojos vidriosos, que amamos y que yace en su cama rogando morir en un hogar de ancianos o en una choza en la selva.

Gloria venidera

También necesitamos hacer una segunda observación, a saber, que la manera en que Dios trata con el mundo, ha elevado la debilidad a un lugar de extraordinaria importancia. «La debilidad de Dios es más fuerte que los hombres», dice Pablo en 1 Corintios 1:25. Vale decir que Cristo, al morir en debilidad y deshonra, logró lo más grande en el mundo.

Pablo mismo se refiere a su propia debilidad en 2 Corintios 12 como la mejor senda para honrar en su vida al Cristo todo suficiente. Luego asocia su debilidad con el proceso de la muerte y la relaciona con la resurrección en 1 Corintios 15:43: «Se siembra [el cuerpo humano] en deshonra, se resucita en gloria; se siembra en debilidad, se resucita en poder».

En otras palabras, Pablo nos dice que la sombra débil, ignominiosa y demente del que fuera un cristiano sólido alguna vez, frente a nosotros, está al borde de la gloria y poder. Necesitamos ir a los hogares de ancianos pensando así. Estas personas están por entrar a la gloria y poder.

Es muy importante que mantengamos en mente esta continuidad entre los poderes disminuidos de estos seres humanos y los poderes espectaculares que tendrán en la resurrección. Si perdemos ese sentido de continuidad, asumiremos que nos estamos volviendo menos humanos en lugar de estar al borde de ser gloriosamente sobrehumanos.

Si surge la pregunta (puesto que mencioné la palabra cristiano), ¿qué pasa con el no creyente en un hogar de ancianos? La respuesta es que nunca debemos dejar de orar para que ellos también formen parte de ese destino glorioso.

Eso es lo que podrían llegar a ser. Nosotros no somos Dios; no determinamos el destino de nadie. Consideramos a la gente en la tierra en oración, les hablamos, les damos testimonio con la esperanza de que reciban redención y gloria.

El misterio

Lo que nos lleva a una cosa más: el misterio de la individualidad ante la presencia de la demencia. La ciencia no puede responder la pregunta que se relaciona con el alma que Dios mismo creó en conexión con el cuerpo. La relación va más allá de la comprensión humana. Nadie conoce la conexión precisa entre la mente con demencia y la persona humana real dentro de ella.

Justo antes de morir, mi abuelo estaba acurrucado como un feto, usaba pañales y parecía un cadáver. Estuvo casi sin comunicarse por semanas respirando con dificultad y muy lentamente. Pero cuando mi padre se inclinó a su lado y oró (casi a voz en cuello), mi abuelo, casi usando todo su cuerpo, exclamó un profundo, inconfundible y gutural amén cuando mi padre terminó.

Eso fue lo último que le escuchamos decir después de no haberlo escuchado por muchas semanas. Nunca voy a asumir que un ser humano que aún respira no pueda ser alcanzado en lo más profundo de su ser. No lo sé, así que no lo asumiré.

No son accidentes

Lo último que tendría que decir es que la invasión de la demencia en la vida de aquellos que amamos es un regalo para nosotros, porque pone a prueba nuestro amor como nunca antes.

Una de las manifestaciones de la demencia es que cada momento es real para la persona afectada, pero pierde la conexión con el momento. Cuando llevaba a mi padre, que ya estaba en sus últimos días, al funeral de su hermano (un hermano al que quería mucho) me preguntó dónde íbamos cada dos minutos en un trayecto de veinte minutos . Cada vez que me lo preguntaba, él realmente quería saber. Si él realmente estaba ahí conmigo, en ese momento tenía mucha curiosidad por saber adónde íbamos.

La verdadera prueba y pregunta para mí fue: ¿podría yo, con paciencia y amabilidad, contestarle por décima vez la misma pregunta con la gracia y el interés con la que le contesté la primera vez, e interactuar con la persona que estaba allí conmigo en ese momento? Tales desafíos de amor no son un accidente. No son un accidente.

Dios no me dio este desafío sin motivo alguno. Ese fue un regalo y una prueba dolorosa. Todos tendremos estas pruebas, así que llenémonos de gracia para cuidar de aquellos que están física y mentalmente demasiado débiles para cuidar de sí mismos. Las prioridades de Dios para ser eficientes en este mundo no son nuestras.

John Piper © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto
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John Piper
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John Piper

John Piper es fundador y profesor de desiringGod.org y rector de Bethlehem College & Seminary. Por 33 años, sirvió como pastor de la Iglesia bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros, dentro de ellos se encuentran: Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano, y más recientemente, Por qué amo al apóstol Pablo: 30 razones.
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