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Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.


Las residencias para adultos mayores y los centros de vida asistida se han vuelto un tema importante que las familias enfrentan. La pregunta de hoy nos llega en forma anónima, como muchas de ellas. «Querido pastor John, ¿qué dice la Biblia sobre las residencias para el adulto mayor? ¿Acaso los hijos no tenemos la responsabilidad de cuidar y de proveer directamente a nuestros padres en su vejez? ¿Dónde encajan (o no) las residencias de adultos mayores en este llamado?»

Aunque el tema de cómo cuidamos a nuestros padres ancianos no se aborda específicamente en la Biblia (me refiero a los detalles de cómo hacerlo), creo que la Palabra de Dios nos da suficientes indicadores para que cualquier hijo cristiano con padres ancianos, que ha sido criado en la Escritura y que anhela magnificar a Cristo con su comportamiento (y esas son dos suposiciones enormes), encuentre ayuda. 

No hay mucha gente así en el mundo. No son muchos los que optan decididamente por una relación cercana y cariñosa con sus padres. 

Vivir para otros

A continuación, encontrarás algunos textos que nos dan un par de puntos prácticos. Filipenses 2:3-8 es uno de los pasajes más transformadores de la Biblia si lo arraigamos a nuestras vidas. Pablo pone énfasis en ser esa clase de persona que se interesa en las necesidades de los demás, no solo en sus deseos privados. 

Este es un aspecto importante de la vida. ¿Seremos egoístas o seremos siervos? Una vida hermosa, una vida que honra a Cristo y que se asemeja a la vida de Cristo es una vida de servicio a los demás, sin ignorarlos o usarlos para la autosatisfacción. El texto dice así: «No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo» —eso incluiría a los padres—, «no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás» (Fil 2:3-4‬). Eso incluye a los padres cuando envejecen. ‬

«Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo» (Fil 2:5-7‬). Él se rebajó, siendo el Rey del universo, para hacerse siervo, naciendo semejante a los hombres y «hallándose en forma de hombre». Él se humilló haciéndose obediente «hasta la muerte, y muerte de cruz». ‬‬

Ese es uno de los textos más convincentes, más hermosos y más transformadores en la Biblia. La gran marca del cristiano —le dice Pablo al hijo adulto creyente— es que no solo busca sus propios intereses al llegar a la mediana edad cuando sus carreras profesionales han alcanzado su punto culminante. Busca los intereses de los demás, incluidos los de sus padres en su vejez. Consideran a otros, como sus padres, más importantes que ellos mismos. 

No se sientan sobre un pináculo de privilegio, sino que como Jesús, descienden donde hay necesidad y sirven, incluso hasta la muerte. Este es un principio básico y un llamado. 

Ama a tus padres

Jesús asoció el mandamiento de amar al prójimo con amar a los padres, poniéndolos lado a lado en Mateo 19:19. Él dijo: «Honra a tu padre y a tu madre; y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Una manera de honrar a tus padres es amándolos como a ti mismo. Si esperas que a ti te ayuden en tu necesidad cuando envejezcas, entonces ayuda a tus padres. 

Uno de los ejemplos más hermosos de esto —y es muy inspirador, por eso lo mencionaré— se encuentra en Juan 19:26. A pesar del indescriptible sufrimiento de Jesús en la cruz, Él hizo exactamente lo que Pablo dice, o sea, no buscó sus propios intereses o miró su propio dolor. Buscó los de su madre. Jesús fue el hijo mayor de María. ‬Evidentemente, José ya no estaba. No se menciona nunca más después de su aparición inicial en los evangelios. 

La costumbre dictaba que el hijo mayor asumiera la responsabilidad especial por su madre en su vejez. Mirándolos desde la cruz, Jesús le dice a su madre: «Mujer, ahí está tu hijo», y luego le dice al discípulo: «Ahí está tu madre». Y «desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa» (Jn‬ 19:26-27). ‬

El llamado a cuidar

A veces, el ministerio, como dar la vida por Dios en este caso, no nos permitirá tener una relación tan estrecha con nuestros padres como quisiéramos. Seremos muy diligentes en no abandonarlos, pero debemos asegurarnos de que estén bien cuidados.  Probablemente, 1 Timoteo 5:4, es el texto que más luz nos ofrece en la Biblia. Dice: «Si alguna viuda tiene hijos o nietos, que aprendan estos primero a mostrar piedad para con su propia familia y a recompensar a sus padres, porque esto es agradable delante de Dios».

Ahora, el contexto es si la iglesia o la familia debería cuidar a las viudas, y Pablo dice que la iglesia debería cuidar a las viudas que en verdad son viudas; es decir, aquellas que no tienen familia, insinuando así que primordialmente es la responsabilidad de las familias. Luego nos da tres razones que menciono a continuación. 

1. Pablo dice que debemos «mostrar piedad». En otras palabras, cuidar de los padres es un acto dirigido hacia Dios. No es solo bienestar social. Es parte de lo que Dios está obrando en su pueblo.

2. «Recompensar a sus padres». En otras palabras, es bueno y correcto que los hijos recuerden todos esos años en que sus padres les proveyeron. Los padres cubrieron diez mil necesidades en sus primeros años de infancia. Deberían mirar hacia atrás y sentirse en deuda con ellos.

3. «Porque esto es agradable delante de Dios». Se nos dice claramente que Dios se deleita en esto. A Él le agrada cuando los hijos cuidan de sus padres en su vejez. El punto principal es si el corazón de los hijos es un corazón egoísta o un corazón de siervo.

¿Estamos dispuestos a hacer sacrificios por nuestros padres? ¿O resentimos el hecho de que se estén volviendo una carga? Esa es la verdadera prueba. Todo esto podría, o no, significar que los padres tengan que vivir con nosotros o cerca de nosotros. Existen innumerables variables que hacen que una situación sea adecuada para una familia y otra situación adecuada para otra. Les doy la siguiente pequeña ilustración. 

El papá de los Piper

Llegó el día cuando mi padre necesitó mayor cuidado, porque ya no podía vivir por sí solo. Había estado casado con mi madre, pero ella murió. Luego se volvió a casar, y después de 25 años de matrimonio, ella murió. Él quedó viudo y ya no podía vivir solo. 

Se olvidaba de todo. Ya no podía conducir de vuelta a casa porque olvidaba el camino de regreso. Ahora, yo vivo a más de mil kilómetros de distancia. Él vivía en Greenville, Carolina del Sur; yo vivo en Minneapolis. Tengo una hermana que vive cerca de él, pero ninguno de nosotros vivía en Greenville mismo. Noël y yo conversamos sobre lo que significaría que él viniera a vivir con nosotros. 

En el primer piso de nuestra casa tenemos un baño y una habitación que yo uso como estudio, pensamos que se podría convertir en un dormitorio. Era ideal porque tendría acceso inmediato al baño sin tener que subir ninguna escalera. ¿Estábamos dispuestos a hacerlo? Sí, lo estábamos. Así que llamé a mi padre y le dije: «Papito, nos encantaría que pasaras tus últimos días con nosotros». Pero no quiso. No quería dejar de vivir en el sur.  No le gustaba el clima de Minneapolis. Tampoco quería dejar a sus amigos. Decidió que Beverly, mi hermana, estaba lo suficientemente cerca. Había un hogar de ancianos administrado por la universidad de la que se graduó. Tenía todas estas razones por las cuales pensaba que no era buena idea venir a vivir con su hijo. 

Pensé que estaba bien, si él así lo quería. No teníamos una relación tan estrecha tampoco, así que pasó sus últimos años en un hogar de ancianos. Beverly lo visitaba regularmente y yo viajaba tan a menudo como podía. A medida que perdía su memoria, parecía estar contento en ese lugar. 

Lo vuelvo a repetir, el problema principal para el hijo cristiano de padres ancianos no son las circunstancias en sí. El problema es: ¿seremos siervos o egoístas? ¿Estamos dispuestos a sacrificarnos a nosotros mismos para satisfacer cada necesidad de nuestros padres y confiar en Dios con gozo?

John Piper © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto
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John Piper
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John Piper

John Piper es fundador y profesor de desiringGod.org y rector de Bethlehem College & Seminary. Por 33 años, sirvió como pastor de la Iglesia bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros, dentro de ellos se encuentran: Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano, y más recientemente, Por qué amo al apóstol Pablo: 30 razones.
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