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El escándalo político es un asunto diario. Mientras muchos prosperan, parece existir gran desigualdad y dolor entre los pobres y los que no tienen derecho a voto. La oscuridad del pecado parece haber prevalecido en nuestra sociedad, y para muchos, la esperanza parece un recuerdo distante. ¿Esto suena parecido a algo que podrías estar leyendo, viviendo o mirando? En realidad, forma el telón de fondo del libro del Antiguo Testamento: Miqueas. Hace muchos años, tuve el gozo de predicarle este libro a mi congregación. Lo que descubrí mientras lo estudiaba fue que este profeta llamado Miqueas, que hace mucho lo había eliminado de mi registro personal, parecía estar tan a tono con mi mundo.

Sobre todo, Miqueas es un libro de esperanza. Dios se muestra a sí mismo como un Dios lo suficientemente bondadoso para advertirnos, lo suficientemente paciente para suplicar por nosotros y lo suficientemente misericordioso para redimirnos. Existen muchas razones grandiosas para predicarle este libro a tu congregación, pero déjame darte tres.

1. Miqueas anima al pastor normal y desconocido

Miqueas comienza: «Palabra del Señor que vino a Miqueas de Moréset…» (1:1). Dos preguntas me inquietan instantáneamente: «¿quién es Miqueas?» y «¿dónde se encuentra Moréset?». Aunque Miqueas era un nombre común y corriente (existen catorce Miqueas en la Escritura), este hombre es prácticamente desconocido y Moréset era esencialmente una bifurcación de caminos. El profeta se menciona dos veces en la Biblia, e incluso en ese entonces, solo nominalmente. Más adelante en Jeremías, aprendemos sobre el resultado de su ministerio (Jer 26:18-19). Esencialmente, esto significa que estás leyendo los sermones de un don nadie, que venía de ninguna parte. ¿Cómo puede esto ser animante? Nos ayuda a ver que Dios usa todo tipo de personas para su gloria.

Si observas la era en la que Miqueas predicó, descubrirás a un profeta más conocido: Isaías. Su libro está lleno de citas poderosas (Is 53) e historias famosas (Is 6). Isaías era, por todo lo que sabemos, adinerado. Era un profeta en la corte del rey. En cierto punto de la historia de Isaías, aparece un niño campesino llamado Miqueas. Nadie ha escuchado de él, probablemente no tiene buena educación y su mensaje no es popular. Aunque Miqueas es más pequeño en todo aspecto a su contemporáneo Isaías, aprendemos que Dios usó a este hombre para traer avivamiento.

Existe una lección aquí para nosotros los pastores: seamos nosotros mismos. Independientemente de dónde vengamos, de quiénes seamos o qué rol desempeñemos en el Reino, si proclamamos la verdad de Dios entonces todos tenemos las credenciales que necesitamos. La fuerza de Miqueas viene de la siguiente afirmación: «Palabra del Señor que vino a Miqueas» (1:1), y esta siempre debe ser nuestra fuerza también.

 Pastor: ¿alguna vez te has sentido como si fueras un don nadie que viene de ninguna parte? ¿Ves a los denominados pastores «famosos» o «bien conocidos» y anhelas estar en sus zapatos o quizás solo deseas estar en la iglesia más grande que está al final de la calle? Afortunadamente, Miqueas el profeta nos anima.

 Dios no usa siempre a los sirvientes reconocidos. Quizás sea ese «don nadie» lo que exactamente se necesita en ciertos momentos y ciertos lugares. Algunos comentaristas han propuesto que Miqueas fue muy poderoso precisamente porque él era un don nadie. Él no fue alcanzado en la riqueza y el glamour que tanto prevalecía en ese tiempo. Al contrario su bajo estatus habría ayudado a su ministerio. Sé quien Dios te ha llamado a ser y sirve donde Dios te ha puesto soberanamente

2. Miqueas abarca asuntos de justicia, en los que los cristianos de la actualidad piensan mucho

Cuando comencé a predicar por primera vez, anduve de puntillas alrededor de los libros del Antiguo Testamento como Miqueas. Pecaminosa y secretamente temía que esos profetas menores no tuvieran mucha relevancia para mi congregación. No obstante, en los últimos veinte años, he aprendido que toda Escritura es extremadamente relevante (2Ti 3:16-17).

Algunos de los temas de Miqueas parecen ser tomados de nuestros titulares. A medida que tu congregación lucha con estos problemas, ellos encontrarán ánimo y guía.

 Por ejemplo, la justicia es un gran tema para Miqueas. Denuncia a aquellos que oprimen al pobre (2:1-2), que abusan de sus puestos (3:1-3) y que le roban a los necesitados (6:9-11). Mujeres y niños son valorados y la explotación del inocente es denunciada (1:8-9).

 El arrepentimiento también es un tema importante de Miqueas (3:8). Él pronuncia «males» sobre las personas con el fin de que dejen su pecado y se vuelvan a Dios. En ese tipo de predicación, encontramos que a Dios le preocupa cómo vivimos y se preocupa por los efectos dañinos que el pecado tiene en las personas. Se nos dice qué requiere Dios de nosotros: «practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios» (6:8). Pero tal arrepentimiento también lleva la promesa de perdón. Miqueas promete que Dios perdonará nuestra iniquidad, pasará por alto nuestra transgresión y tendrá compasión de nosotros (7:18-19). Terminamos este libro con la esperanza de que servimos a un Dios que es como ningún otro (7:18).

 Mientras que la vida en la tierra siempre tendrá injusticia y pecado, Miqueas nos da esperanza de que llegará un día en el que «El monte de la casa del SEÑOR será establecido como cabeza de los montes; se elevará sobre las colinas, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones y dirán: “Vengan y subamos al monte del SEÑOR, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos instruya en sus caminos, y nosotros andemos en sus sendas”. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del SEÑOR» (4:1-2). Ese gran día no se llevará a cabo por vías políticas o militares, sino que por medio de Cristo: «Y él se afirmará y pastoreará su rebaño con el poder del SEÑOR, con la majestad del nombre del SEÑOR su Dios. Y permanecerán… él será nuestra paz» (5:4-5).

 Nuestras congregaciones encontrarán esperanza por toda la vida mientras los pastoreamos por medio del libro de Miqueas.

3. La fructificación de Miqueas aumenta nuestra confianza en el poder de la Palabra de Dios

A diferencia de libros como Jonás, no leeremos en el libro de Miqueas sobre multitudes de personas arrepintiéndose. Es tentador pensar que este don nadie no tuvo impacto. Tal no es el caso. Aprendemos de otro profeta, cien años después de Miqueas, que su predicación fue usada por Dios grandemente.

El profeta Jeremías menciona el ministerio de la predicación de Miqueas. Es en Jeremías 26, donde el pueblo quiere matar al «profeta llorón». Sin embargo, la vida de Jeremías fue salvada porque uno de los ancianos recuerda haber escuchado del ministerio de la predicación de Miqueas (Jer 26:18). No solo la vida del profeta fue salvada, sino que aprendemos que durante el tiempo de Miqueas, su predicación llevó al rey Ezequías al avivamiento. Declara: «¿No temió él [el rey Ezequías] al Señor y suplicó el favor del SEÑOR, y el SEÑOR se arrepintió del mal que había pronunciado contra ellos?» (Jer 26:19). En dos versículos aprendemos que la predicación de Miqueas fue usada por Dios para traer avivamiento en el tiempo de Miqueas y perdón durante el tiempo de Jeremías. Si alguna vez somos tentados a dudar del poder de la Palabra de Dios, recordemos este momento de la historia bíblica.

 Probablemente no asumamos que nuestros sermones serán usados por Dios para traer un avivamiento nacional (o para salvar la vida de un hombre después de que nosotros hayamos muerto). Quizás nuestros sermones nunca tendrán ese tipo de impacto, pero una cosa sí es segura: ¡la Palabra de Dios sí lo tendrá! Tan seguro como que Dios usó las palabras de Miqueas hace siglos, él promete que sin duda las usará ahora. Por tanto, no te puedes equivocar al predicar este libro.

Este recurso fue publicado originalmente en 9Marks. | Traducción: María José Ojeda
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Mark Livingston

Mark Livingston es el pastor de la primera iglesia bautista Keltys. También sirve como profesor de Ministerios de la iglesia en el Seminario Teológico Baptist Missionary Associational en Jacksonville, Texas.