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INTRODUCCIÓN:

Para algunos, Jerusalén, la capital de Israel, no solo es una ciudad de importancia pasada: es también un escenario de relevancia futura. Se dice que Dios todavía no restaura a Israel como lo prometió, y por lo tanto, en un día que aún debemos esperar, el Mesías vendrá, se reunirá con su nación, pondrá su trono en la Jerusalén terrenal y gobernará al mundo entero.

¿Es esa, realmente, la expectativa que la Biblia desea crear? ¿Deberíamos reclamar Jerusalén para los judíos, y así, esperar el día en que peregrinemos a ella para gobernar junto al Mesías?

El presente texto analizará cómo el concepto de una ciudad santa ha estado ligado al gobierno divino y si este permanece estático o demanda una interpretación evolutiva de sus elementos esenciales.

Cristian J. Morán

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