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Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.


¿Es la castidad intachable un estándar demasiado alto para los pastores? Esta es la pregunta de hoy; una que me recuerda una experiencia personal de hace un par de años. Mi familia y yo nos escabullimos en la parte de atrás de una iglesia para ver a un predicador que me gustaba. La iglesia estaba llenísima, pero el predicador no estaba ahí. Un rato después de llegar, se anunció que el pastor había sido relegado de su rol pastoral la noche anterior, después de descubrir su apego romántico hacia una mujer que no era su esposa. Cuando este castigo fue anunciado formalmente a la iglesia, el hombre que estaba justo frente a mí, a quien nunca antes había visto (no lo conocía para nada), se dio la vuelta, me miró a los ojos y dijo con una fuerte voz: «¡eso es excesivo, ¿no crees?!». Estaba asustado; nunca lo voy a olvidar. Momentos como esos, y cualquier disciplina formal de la iglesia, son aterradores; no los olvidas. Y caen sobre algunos con una horrorosa severidad.

Esta es la experiencia que lleva a la pregunta de hoy hecha por una auditora de Houston. «Pastor John, uno de los pastores de mi iglesia recientemente fue despedido de su puesto después de haber confesado tener sexo con la mujer con quien estaba saliendo. Por un lado, fui tan humillada por la alta visión que el liderazgo de la iglesia tiene del estándar de Dios. Sin embargo, por otro lado, me pregunto si fue demasiado duro. Se requiere una gracia muy especial resistir la tentación sexual, especialmente en un hombre o una mujer de cierta edad y experiencia. Muchos pastores luchan con pecados ocultos como la pornografía. ¿Es la castidad intachable un estándar demasiado alto para los pastores?».

Bien, comienzo con la convicción de la venida al mundo de Jesucristo, el Hijo de Dios; la revelación del amor de Dios en el sacrificio de su Hijo; el patrón de sufrimiento y abnegación establecido por Jesús; la efusión del Espíritu Santo como el Espíritu del Cristo resucitado; la vívida clarificación de las riquezas de la herencia cristiana más allá de la muerte; las enseñanzas radicales y contraculturales de Jesús respecto a cómo los cristianos deben vivir; y el establecimiento del nuevo pacto en el cual la Ley está escrita en nuestros corazones, comienzo con la convicción de que todas estas cosas y más significan que los estándares de comportamiento del pueblo de Dios ahora son más altos de lo que fueron en el Antiguo Testamento. Jesús elevó la vara.

El océano de la gracia de Dios

Él dijo, por ejemplo: «Por la dureza de su corazón Moisés les permitió a ustedes divorciarse de sus mujeres; pero no ha sido así desde el principio» (Mt 19:8). Y luego Él los llamó a ir más allá de la solución que Moisés proveyó para el pecado. Por lo tanto, con esa convicción, no estoy en desacuerdo con que se requiera una gracia muy especial para resistir la tentación sexual; ciertamente es así. Mi punto es que esta gracia comprada con sangre; esta gloriosa gracia del nuevo pacto, está disponible en Cristo para todos los cristianos. Por ejemplo:

  • «Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abunden para toda buena obra» (2Co 9:8). Toda buena obra, que incluye la más mínima buena obra de no acostarte en la cama con tu novia hasta que se casen, y luego ser fiel a tu esposa después en el matrimonio. Esas son las buenas obras mínimas.
  • En 1 Corintios 10:13 dice: «No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres. Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que puedan resistirla». En otras palabras, sí, , se requiere una gran gracia para ser casto, una gracia que va más allá de la gracia común. Sin embargo, ese es el océano al que fuimos lanzados cuando fuimos unidos a Cristo.
  • «Por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios» (Ro 5:2). Y yo diría: «en la cual nadamos», un océano; es un océano de gracia.
  • Ser un cristiano que vive en este océano de gracia todopoderosa es ser guiado por el Espíritu. En Romanos 8:14 dice: «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios».
  • En Gálatas 5:22-23 dice: «Pero el fruto del Espíritu es… dominio propio». Esa palabra, egkrateia, se refiere explícitamente al dominio propio sexual en Gálatas 5:23.
  • En Colosenses 3:5-6 dice: «Por tanto, consideren los miembros de su cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría. Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas».
  • Como Jesús dijo: «Pero Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te hace pecar, arráncalo y tíralo; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno» (Mt 5:28-29).

Jesús y Pablo hablan sobre el infierno en relación al fracaso en adoptar, recibir y ser empoderado por esta gracia que Dios ha comprado para nosotros en el nuevo pacto.

Estándares más altos

Entonces, después de la convicción de que los estándares de Cristo son más altos que los de Moisés, existe la verdad de que los estándares para los ancianos y los pastores son más altos que para los miembros de la iglesia cristianos comunes y corrientes. Además de los dones especiales que se requieren de los ancianos y de los pastores llamados «de enseñanza» y «de gobierno» (1Ti 3:2, 5), existen estándares éticos en donde el pastor debe ser irreprochable (1Ti 3:2), porque es una figura muy pública y tiene un llamado de peso a ser un ejemplo para el rebaño (1P 5:3) y un ejemplo para el mundo (1Ti 3:7).

  • «Por tanto, a los ancianos entre ustedes, exhorto yo,…[a] vela[r] por él [rebaño]… [no] como teniendo señorío sobre los que les han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebaño» (1P 5:1-3).
  • Pablo hace explícito que este ejemplo que los pastores deben dar es la pureza sexual: «sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza» (1Ti 4:12).
  • «Muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras… a fin de que el adversario se avergüence al no tener nada malo que decir de nosotros» (Tit 2:6-8).
  • Todo esto lleva a las palabras de peso de Pablo a los ancianos en Hechos 20:28: «Tengan cuidado de sí mismos y de toda la congregación, en medio de la cual el Espíritu Santo les ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre».

No como todos los demás

A pesar del hecho de que muchos pastores intentan dar la impresión, con una humildad desorientada, de que son «como todos los demás» («no me pongan en un pedestal; soy solo como todos los demás», sin lugar a dudas no son «como todos los demás». Lo diré nuevamente: los pastores sin lugar a dudas no son como todos los demás.

Son el pastor de los demás; son los que cazan y luchan contra los lobos de los demás; el ejemplo  para los demás; son los protectores y maestros que tienen autoridad sobre los demás. Quizás uno de nuestros problemas es que hemos aterrado a los pastores al decirles lo que deben ser.

Lo que sugiero es que es bíblicamente inconcebible que tal pastor pueda vivir por sobre el estándar de Moisés, por sobre el estándar de los cristianos comunes y corrientes, y por sobre el reproche del mundo, y aun así vivir en pecado sexual. Mi respuesta a la pregunta es que exigir que un pastor viva una vida libre de fornicación, de adulterio y de cualquier uso continuo de pornografía no es un estándar demasiado alto.

John Piper © 2020 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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John Piper
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John Piper

John Piper es fundador y profesor de desiringGod.org y rector de Bethlehem College & Seminary. Por 33 años, sirvió como pastor de la Iglesia bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros, dentro de ellos se encuentran: Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano, y más recientemente, Por qué amo al apóstol Pablo: 30 razones.
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