volver

Ya han pasado 48 horas desde el servicio de adoración y celebración. Han pasado 48 horas desde la proclamación de la Palabra de Dios. Han pasado 48 horas desde que nos juntamos para reafirmar la parte más importante de nuestra fe. Por lo tanto, hoy quisiera preguntarte, ¿qué vas a hacer con la Pascua?

¿Qué vas a hacer con la Pascua cuando un área particular de pecado te parezca atractiva y te sientas débil e incapaz? ¿Qué vas a hacer con la Pascua cuando seas traicionado por alguien y los pensamientos de venganza entren en tu cabeza? ¿Qué vas a hacer con la Pascua cuando estés luchando en tu matrimonio y parezca imposible para ti amar como Dios te ha diseñado?

¿Qué vas a hacer con la Pascua cuando enfrentes otra situación con un hijo rebelde y sientas que no hay nada más que se pueda hacer? ¿Qué vas a hacer con la Pascua cuando te vayas a acostar esta noche, preguntándote cómo enfrentarás el mañana? ¿Qué vas a hacer con la Pascua cuando ésta se haya ido?

Si te gusta subrayar versículos y tomar notas en tu Biblia, ve, tómala y anda a Juan 11:23-26 o puedes leer el pasaje a continuación:

Tu hermano resucitará”, le dijo Jesús. Marta le contestó: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final”. Jesús le contestó: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá,  todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”

Marta hace una hermosa confesión de fe en el versículo 24 al decir que ella cree que Lázaro será resucitado en el día final. Esto es absolutamente cierto; es buena teología. Así que cuando Jesús le pregunta si ella cree, él no está cuestionando la solidez de su teología.

Al contrario, Jesús está haciendo esta pregunta. Una pregunta dirigida a nosotros hoy, 48 horas después de la Pascua. ¿Crees que conoces al dador de vida? ¿Crees que Jesús mora en ti y que su poder de resurrección borbotea dentro de ti?

Dios quiere hacer más en nosotros que sólo lleguemos a hacer una confesión teológica de la resurrección. Él quiere más para nosotros que sólo reconocer el hecho histórico de este evento. Él quiere que hagamos más que sólo celebrar el Domingo de Resurrección. Oh, sí, todas estas son cosas esenciales, pero en realidad son un medio para este objetivo: que vivamos en una fe resucitada.

Existen pocos versículos en la Escritura que pueden resumir mejor la fe resucitada que Gálatas 2:20: «Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí».

¡Ya no vives tú, sino que Cristo vive en ti! Ya no eres solo tú contra esa área particular de pecado tentador. Ya no eres solo tú cuando alguien te traicionó y los pensamientos de venganza entran en tu cabeza. Ya no eres solo tú cuando luchas en tu matrimonio y te parece imposible amar a tu cónyuge.

Ya no eres solo tú cuando enfrentas otra situación con un hijo rebelde y sientes que ya no hay nada más que se pueda hacer. Ya no eres solo tú cuando te vas a acostar preguntándote cómo vas a enfrentar el próximo día. Ya nunca más serás solo tú porque Cristo, el Rey resucitado, vive en ti y su poder de resurrección está disponible para ti.

¿Vives en una fe resucitada? ¿Crees que Jesús es la resurrección y la vida, y que aquellos que creen en él vivirán, ahora y para siempre? No esperes hasta la Pascua del próximo año para celebrar la resurrección. Puedes comenzar a vivir el poder de la resurrección hoy —aquí y ahora— en el lugar donde Dios te ha llamado a vivir.

Este recurso proviene de Paul Tripp Ministries. Si deseas recursos adicionales, visita  su sitio web. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
Photo of Paul Tripp
Paul Tripp
Photo of Paul Tripp

Paul Tripp

El Dr. Paul David Tripp es pastor, conferencista internacional y autor de libros éxito de ventas y ganadores de premios. Es el director de Paul Tripp Ministries. Con más de 30 libros y series en video, la pasión que mueve a Paul es conectar el poder transformador de Jesucristo a la vida cotidiana.  
Otras entradas de Paul Tripp
El Evangelio, un proverbio a la vez
 
Querido pastor: necesitas reconocer tus límites
 
Cinco peligros del dinero
 
Cambiemos nuestra forma de orar