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Título original en inglés: “What Is God Up To?: The Temptation to Overinterpret Suffering


«¿Qué crees que está haciendo Dios? ¿Por qué está permitiendo esta pandemia?», él preguntó. Luego agregó: «sé que has pensado mucho sobre esto».

No había pensado sobre eso. Estaba «cómodo» con mi esposa; teníamos bastante que hacer y le dejé a ella los detalles de las noticias de la COVID-19. Sin embargo, las preguntas que me hicieron (que son más globales que personales) tocaron algo importante. Esta pandemia es la primera situación en la que muchos de nosotros nos hemos visto enfrentados a un problema particular que afecta a casi todos, y que ha provocado que pensemos más en los caminos de Dios. Aunque las respuestas en el cuerpo de Cristo tendrán énfasis diferentes, existen al menos tres asuntos en los que podemos tener un acuerdo común.

Como iglesia de Cristo, debemos estar de acuerdo en que:

1. Tendemos a sobreinterpretar el sufrimiento. Hay algo respecto a la mente humana que prefiere respuestas. Cuando nos suceden acontecimientos que nos cambian la vida, a menudo los interpretamos como mensajes altamente personales. Hacemos esto con otras personas. Cada persona cuyos problemas son conocidos por la comunidad de una iglesia recibe interpretaciones «bíblicas» específicas para el problema, o se le pregunta: «¿qué está intentando enseñarte Dios?». Hacemos lo mismo con las luchas comunitarias y nacionales. Quizás queremos sentir algún tipo de control al conocer las causas precisas. Tal vez queremos encontrar una misión y propósito únicos. Probablemente, vemos cómo el Antiguo Testamento hace conexiones entre el comportamiento humano y las consecuencias divinas y asumimos que nosotros, que tenemos el Espíritu, debemos ser capaces de hacer conexiones similares. Cualquiera sea la razón, sobreinterpretamos el sufrimiento. En nuestro peor momento, creemos que el sufrimiento de otras personas es la disciplina de Dios sobre ellos. Paralelamente, nos preguntamos si nuestros problemas indican el juicio de Dios sobre nosotros como su iglesia o si es que Él está plantando señales ocultas en nuestro sufrimiento que nos llevarán a tomar mejores decisiones y así volver a tener su favor. Preferimos las respuestas.

Sin embargo, esas no son respuestas que nosotros podamos tener. Nuestro dolor presente y frecuente es un tiempo para que nosotros reconozcamos que somos meros humanos, hijos débiles y dependientes ante nuestro Padre, que está obrando en el sufrimiento y que tiene un amor constante que nunca termina (Lam 3:22)[1]. Eso es suficiente. Si queremos más detalles, sabemos que el Reino de Dios ha venido en Cristo, pero crece gradualmente, en conflicto con el reino oscuro, y este conflicto está sobrepuesto en la creación gimiente con sus virus en constante mutación.

Más allá de esto, nuestras dificultades comunes y corrientes no son un tiempo para intentar leer la mente de Dios. Al contrario, son un tiempo para crecer en confianza y humildad ante Él.

2. Nuestro objetivo es, y continúa siendo, conocer a Cristo. Desde ese lugar seguro y sano de humildad y dependencia, nos disponemos a conocer más a Jesucristo. En mi lectura cronológica de la Escritura, estaba en Jueces cuando la pandemia nos golpeó y quería descontaminarme de las atrocidades que aumentaban con cada juez. Qué mejor manera de refrescarse que ir al apóstol Pablo y ser arrastrado por sus cartas pastorales sobre Jesús. Dadas las dificultades presentes, pensé que era necesario algo que fuera especialmente grande para auxiliar mi alma, algo que tuviera a toda la creación a la vista, tanto lo visible como lo invisible. Así que llegué a Colosenses.

Justo en el primer capítulo, Pablo no puede dejar de decir el nombre de Jesús. Jesús creó todas las cosas, Él es la cabeza de la Iglesia y la sostiene; Él reconcilió a quienes estaban alejados de Dios por medio de su crucifixión. Y si estás buscando misterios revelados, no busques más allá de cómo Él acercó a los judíos y a los gentiles hacia Él y que su Espíritu, que reside en nosotros, produce esperanza de gloria. «Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud, y por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz, por medio de Él, repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos» (Col 1:19-20).

Cuando sentimos como si estuviéramos en la oscuridad y necesitáramos un conocimiento más interpretativo, miramos a Jesús, meditamos en su amor sacrificial y hablamos de esto a otros a medida que también aprendemos de ellos. Hacer esto no responderá nuestras preguntas inmediatas sobre qué es lo que está pasando en el mundo, pero ayuda a responder una pregunta aún mayor: ¿cómo puedo conocer y confiar en Aquel que creó todas las cosas y estableció su curso?

3. Nuestra respuesta a una crisis es andar en sabiduría espiritual (Col 1:9). Desde el Cristo exaltado a los detalles de la vida diaria (ese es el camino por el cual Pablo siempre viaja). Él ora para que andemos dignos de nuestro alto llamamiento en Jesús, agradándolo, dando fruto a través de palabras y obras, y siendo fortalecidos «para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo» (Col 1:11). Luego, resolvamos los detalles específicos. Muéstrale bondad a tu prójimo, pídele perdón a alguien de tu familia, canta canciones de adoración, ora por las necesidades de otros, lee la Escritura en voz alta, trae orden al lugar donde vives, considera cómo podemos mostrar generosidad a aquellos que sufren mayor necesidad, y la lista continúa. Así es cómo respondemos a una crisis.

Rara vez hemos compartido una crisis internacional como la COVID-19. Resalta como una carga común para todos nosotros. Mientras que su impacto parece rogar por percepciones e interpretaciones únicas, las explicaciones reservadas son lo mejor. Luego, nota lo que Dios realmente está haciendo. Por ejemplo, la pandemia ha estado acompañada por un aumento significativo de personas que se conectan a los servicios de adoración transmitidos en vivo, en busca de alimento para sus almas. Con esto en mente, oremos para que este tiempo fortalezca a la iglesia y haga a Jesús más famoso en el mundo.

Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.
Esta traducción tiene concedido el Copyright © (21 de agosto, 2020) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “What Is God Up To?: The Temptation to Overinterpret Suffering” Copyright © 2020 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

[1] Lamentaciones no tiene una interpretación específica: el pueblo de Dios ha abandonado sus votos del pacto y el templo fue destruido por los babilonios. Estoy extrayendo de Lamentaciones un hilo conductor que atraviesa diferentes tipos de sufrimiento.

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Dr. Edward Welch

Dr. Edward Welch es consejero y miembro de la facultad de The Christian Counseling and Education Foundation (CCEF). Él ha hecho consejería por más de treinta años y ha escrito ampliamente sobre depresión, temor y adicciones. Es autor de Cuando la gente es grande y Dios es pequeño y de Lado a lado: andando con otros en sabiduría y amor. Él y su esposa, Sheri, tienen dos hijas que están casadas y ocho nietos. En su tiempo libre, Ed disfruta pasar tiempo con su esposa y su familia extendida y tocar su guitarra.

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