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Cuerpo y alma

«No significó nada, solo fue algo físico».

Todos hemos escuchado esa línea ya sea en películas o quizás en la vida real. Alguien es sorprendido engañando a su cónyuge y, en el momento de la confrontación, esta es la defensa que ofrece. La suposición detrás de eso es que, si algo es meramente físico, entonces no importa. Y la suposición detrás de eso es que el cuerpo en sí mismo es solo carne y sangre, y como tal, su significado no es crucial. En definitiva, la línea de pensamiento parece ser que lo que hacemos con nuestros cuerpos en realidad no importa.

No es inusual encontrar este tipo de pensamiento en la iglesia hoy en día. De hecho, parece haber sido común en la iglesia de Corinto. Uno de sus lemas era: «Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos» (1Co 6:13). Evidentemente, esa era su justificación para varias clases de inmoralidad sexual. Así como debemos comer cuando tenemos hambre, debemos satisfacer nuestros impulsos sexuales cuando los sentimos. Algunos incluso usaron esa premisa para justificar acostarse con prostitutas.

Podemos ver cómo podría haberse desarrollado este tipo de pensamiento. Si hacemos del alma el centro de nuestra vida espiritual y degradamos el cuerpo, podemos argumentar que espiritualmente el cuerpo es irrelevante. Dios —podríamos suponer— solo está interesado en mi parte espiritual; el cuerpo no tiene importancia para Él.

Esa mentalidad puede ser común en la iglesia hoy en día, pero es totalmente antibíblica. Podríamos pensar que lo que hacemos con nuestros cuerpos no es importante, pero la Biblia nos muestra en forma reiterada y poderosa que ese no es el caso.

Nuestros cuerpos fueron hechos por Jesús

Suponer que nuestros cuerpos tienen poca relevancia espiritual contradice lo que la Biblia nos enseña sobre nuestra creación. El mundo físico (incluidos nuestros cuerpos) no causó su propia existencia y luego Dios vino y trató de extraer algo espiritual de él. No. Dios creó el mundo. Y creó nuestros cuerpos.

Yo no soy tremendamente creativo, pero en las raras ocasiones en que produzco algo, ese algo se vuelve significativo para mí. Las personas verdaderamente creativas crean arte, música, edificios o literatura porque esas cosas son importantes para ellas. Y si Dios hizo nuestros cuerpos, eso significa que le importan. ¿Cómo podría ser de otra manera?

Agreguemos a esto el cuidado con el que la Biblia nos muestra cómo Dios nos hizo y nos quedará aún más claro. En el Antiguo Testamento, David pudo incluso decir que su imperfecto cuerpo caído había sido «asombros[o] y maravillosamente […] hecho» (Sal 139:14). Dios no solo nos creó, sino que además nos hizo con un cuidado enorme. Si supiéramos el alcance total de ese cuidado, temblaríamos.

Siempre sonrío cuando veo a padres primerizos cargar a sus bebés recién nacidos. Todo sucede en cámara lenta. Ponen mucho cuidado con esta vida preciosa. ¿Por qué? Porque ha sido hecha asombrosa y maravillosamente. Hay una sensación de sobrecogimiento en esos padres recientes. Lo que cargan en sus brazos puede ser pequeño, pero saben que su valor es infinito. Si eso es cierto, por ejemplo, de la madre que cargó a su hijo en su vientre, ¿cuánto más es cierto para el Dios que realmente lo entretejió en ese vientre?

La Escritura nos muestra que todas las cosas fueron hechas por medio de Jesús (Jn 1:3). Eso incluye nuestros cuerpos, lo que significa que importan.

Nuestros cuerpos fueron comprados por Jesús

He escrito varios libros y recientemente tuve que comprar uno para mí.  Me di cuenta de que no tenía una copia y necesitaba consultarlo para algo en lo que estaba trabajando. Cuando llegó a mi puerta y lo saqué del paquete en que venía envuelto, pensé que era un tanto absurdo tener que pagar por algo que yo había creado.

Esa es una pequeña muestra de lo que Cristo ha hecho por nosotros. Él nos creó, lo que significa que nos conoce mucho mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos. A Él se le ocurrió cómo seríamos en primer lugar. Y, en su muerte, Él nos compró. De manera que, en un sentido, le pertenecemos doblemente: por medio de la creación y, ahora también, por medio de la redención. ¡Así de grande es su amor por nosotros!

Pablo lo explica de esta manera:

¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos? Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo […] (1 Corintios 6:19-20).

Nuestros cuerpos ya no nos pertenecen si somos cristianos. Esa no es una mala noticia, sino por el contrario, es una noticia asombrosa y liberadora. Ahora estamos en las manos de Aquel que es amor perfecto.

Sin embargo, eso sí significa que tenemos una obligación: «glorifiquen a Dios con su cuerpo». No se trata de nuestra área personal de juegos. Le pertenece a Jesús. Él lo compró con su sangre. Lo compró para sí mismo. Así de importante es.

Los últimos meses he estado conduciendo un automóvil que me prestó un amigo. Da la casualidad de que es muy bonito así que he tenido mucho cuidado en conducir bien. Pero esa no es la única razón por la que debo tener cuidado. El automóvil no es mío. Le pertenece a otra persona. No es mío para ser imprudente.

Lo mismo pasa con nuestros cuerpos. Y dada la gloria de Aquel a quien le pertenecen ahora, debemos ser aún más responsables con ellos.

Nuestros cuerpos son útiles para Jesús

Soy dueño de algunas cosas porque son útiles (mi computador portátil y mi cama). Soy dueño de otras cosas porque en verdad me gustan, aunque no tengan un uso muy práctico (mi muñeco de peluche que guardo desde que tenía dos años, por ejemplo). No obstante, algunas cosas son valiosas y útiles para nosotros. Las amamos y tienen realmente un muy buen propósito.

Así son nuestros cuerpos para Jesús. No solo le pertenecen. Él quiere usarlos. Pablo nos insta a ofrecer nuestros cuerpos para el servicio de Dios (Ro 12:1). De hecho, nos dice que seamos específicos:

No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia (Romanos 6:13, NVI).

Debemos «ofrecer nuestros miembros» –ofrecer las distintas partes de nuestro cuerpo– a Dios. Pablo dice que pueden ser «instrumentos de justicia». A los ojos de Pablo, nuestro cuerpo no es algo negativo, sino, de hecho, algo positivo. No se nos da solo para que nos sirva como tal. Pablo quiere que lo usemos para Dios. Para eso es en definitiva (ver 1Co 6:13). Nuestros cuerpos tienen cualquier cantidad de imperfecciones y limitaciones. Puede que algunos no seamos muy ágiles, puede que otros no sean muy fuertes, pero todos nosotros podemos consagrar nuestros cuerpos a Dios para su servicio. Cada cuerpo es útil para Cristo. Cada cuerpo importa.

Nuestros cuerpos serán redimidos por Jesús

Nuestros cuerpos son útiles para Jesús. Pero eso no significa que solo importan para esta vida. Uno de los principios más distintivos de la fe cristiana (tristemente, a menudo ignorado) es que Dios tiene un plan eterno para nuestros cuerpos. No son simplemente una necesidad temporal por ahora. En la edad venidera, no nos habremos «graduado» de nuestras vidas físicas hacia alguna alternativa insubstancial. Nuestro futuro es físico. No será el fin de nuestros cuerpos.

Pablo dice que nuestros cuerpos serán redimidos (Ro 8:23). Serán resucitados:

Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a sus cuerpos mortales” (Romanos 8:11).

Seremos resucitados. Estos cuerpos, desgastados e imperfectos por el pecado, serán resucitados para una nueva vida perfecta. Nuestro futuro es físico. La muerte de tu cuerpo no será el fin de él. Tus pisadas y tus huellas dactilares estarán por todas partes en la nueva creación.

La promesa de la resurrección de nuestros cuerpos hace que nuestro uso de ellos ahora sea más significativo. En mi segundo año de universidad, viví en una residencia estudiantil que iba a ser demolida al final de ese año académico. No hace falta decir que saber eso significaba que no la cuidábamos bien. Podíamos hacerle lo que quisiéramos y no habría diferencia. Había muy poco incentivo para cuidarla. No importaba.

Sucede lo contrario con nuestros cuerpos. Tienen un futuro, uno glorioso y eterno, de hecho. Dios mismo los resucitará a una nueva vida. Eso significa que importan. ¡Verdaderamente importan!


Sam Allberry es el autor de Lo que Dios dice sobre nuestros cuerpos: cómo el Evangelio es buenas nuevas para nuestro ser físico.


Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway. Traducción: Marcela Basualto.
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Sam Allberry

Sam Allberry es uno de los pastores de la iglesia anglicana St Mary's en Maidenhead, Reino Unido. También es autor del libro Is God Anti-Gay? [¿Está Dios contra los homosexuales?]. Puedes encontrarlo en Twitter como @SamAllberry.

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