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Para evitar cualquier tipo de activismo que se verifica en algunos contextos, varias iglesias en nuestros días han optado por un formato de mínima actividad: un solo servicio dominical semanal —y eso es todo—, sin grupos pequeños ni nada más. En parte, para fomentar un mayor tiempo en familia o para evitar el legalismo de una agenda llena de actividades eclesiásticas. Esta práctica nos hace reflexionar sobre si sería posible solamente con la predicación dominical, de unos 30 o 40 minutos, pastorear eficazmente a una congregación.

Primeramente, asumamos lo fundamental: la Palabra de Dios es más que suficiente para pastorear a tu congregación. La Palabra de Dios, predicada cada domingo, es esencial para la vida y crecimiento de la iglesia, para la exhortación de los creyentes, para la evangelización de los incrédulos, para animar a los desanimados y para fortalecer a los débiles. No hay duda de que la Palabra de Dios debe ser predicada siempre y en cualquier circunstancia.

Es por esto que la predicación fiel de la Escritura es la actividad más importante en la vida de una iglesia. Una iglesia saludable nace, crece y vive alrededor de la Palabra y por esa misma razón, la predicación regular, fiel, ordenada y consistente de la Biblia debe ser la principal preocupación de un pastor.

Sin embargo, por más importante que sea la predicación dominical, ¿podemos descansar solamente en ella para entregar todo lo que la iglesia necesita? Creo que es bastante razonable la idea de que para el crecimiento adecuado de la iglesia, se hace imperioso el uso de distintas instancias de pastoreo a través de la Palabra de Dios. Por eso mismo, depositar solo en el mensaje dominical todo el peso de la instrucción y pastoreo de la iglesia no parece ser lo más sensato. Aquí algunas razones para ello:

  • La gente olvida. El mensaje puede ser maravilloso, pero incluso en el mejor de los escenarios, al menos una fracción de su contenido se perderá. Normalmente, una semana después, la mayoría de los miembros no recordará ni el texto que fue Está claro que la predicación dominical es importantísima y tiene valor fundamental para la iglesia, pero debemos reconocer sus limitaciones y esa es una de ellas. La gente escucha y es impactada, pero parte importante también se pierde en el olvido, eso es algo natural. Así que, algo debemos hacer para recuperar esa parte perdida. Ya hablaremos sobre eso.
  • No alcanza para todos. La predicación dominical está dirigida a la comunidad como un todo, y esta comunidad está conformada por distintas personas, de distintas edades, trayectorias y conocimiento. El sermón del domingo es un tipo de talla única, y como toda ropa de talla única, quedará grande en algunos y estrecho en otros. Ese fino ajuste debe ser hecho posteriormente. La iglesia es y debe seguir siendo una comunidad multigeneracional, como una familia, y el mensaje debe ser dirigido a una audiencia general y por eso no tiene la especificidad que se podría dar si se tratara de un grupo específico. Y eso no está mal en sí, es parte de la idiosincrasia de la predicación y que cuenta con el pastoreo semanal en grupos pequeños y encuentros personales para ser aterrizada a detalles más específicos.
  • ¿Puedo hacer una pregunta? La predicación es una instancia solemne en la cual la Palabra de Dios es explicada de manera continua, sin espacio para intervenciones. Es diferente de una clase o incluso de una charla con preguntas y respuestas al final. El sermón tiene, como toda instancia pedagógica, sus pros y contras. Hay muchas dudas y explicaciones que no encuentran espacio en el formato de la predicación y que deben ser tratadas en otro momento.

No obstante, no debemos perder la esperanza en la predicación dominical. Por el contrario, debemos sacar su máximo provecho, porque cuesta mucho esfuerzo y preparación, y tiene un profundo impacto en la formación de los creyentes y en la identidad de la iglesia. Y es exactamente haciendo eso que llegaremos a la conclusión de que no basta solo con el sermón dominical para pastorear a una iglesia.

Es por esto que aquí comparto cuatro acciones que podemos llevar a cabo para aprovechar al máximo la predicación semanal y, a partir de ella, pastorear a la iglesia de manera integral:

  1. Amplifica el mensaje: la predicación dominical debe determinar la línea de pensamiento de la iglesia como un todo. A partir de tu predicación se establecen los lineamientos para los grupos pequeños, los discipulados e incluso las consejerías. Amplificar el mensaje significa hacerlo resonar por todas las demás actividades de la congregación para volver vez tras vez a los conceptos que fueron enseñados de manera pública, de modo que la congregación haga la conexión entre la predicación y la vida diaria. Una excelente manera de hacer resonar el mensaje es usando el mismo texto o tema en los grupos pequeños durante la semana posterior a la predicación. Eso nos permite examinar nuevamente el texto, pero en otro formato pedagógico para reforzar las ideas del domingo.
  2. Simplifica el mensaje: predica en serie. Podría parecer un poco sospechoso que yo hable de este tema, porque me encantan las series de mensajes. Creo que ayuda mucho tanto en la preparación como en la exposición. Facilita a los asistentes entender hacia dónde apuntarán las temáticas de las semanas siguientes y estimula a entender que el sermón no es un tema aislado y sin contexto. Una hermosa forma de simplificar el mensaje es uniendo el contenido de los niños con el de los adultos. Al usar el mismo texto para el sermón y para la enseñanza de los niños, ayudamos a que las familias aprendan de forma más homogénea y puedan conversar sobre eso durante la semana.
  3. Vive el mensaje: la dinámica de la iglesia va más allá del mensaje del domingo. El proceso de encarnar la verdad se manifiesta en el acercamiento personal a la vida diaria de los hermanos. La Palabra de Dios penetrará más definitivamente cuando sea explicada de forma personal en una visita, en socorro, en consejería, en compañerismo; es decir, en un formato no oficial de enseñanza. Incluso Calvino, que consideraba la predicación como la actividad fundamental del pastor, dedicaba tiempo para visitar enfermos, para exhortar individualmente a las personas y para participar de instancias diversificadas de enseñanza. O sea, la predicación dominical debe venir acompañada de su encarnación en la vida diaria de la iglesia.
  4. Conecta el mensaje: la preocupación fundamental del pastor debe ser la de enseñar toda la Palabra de Dios, de manera que la iglesia esté plenamente alimentada. Para eso, es importante entender que debe haber intencionalidad al conectar las distintas enseñanzas y predicaciones con la gran historia de Dios. Al conectar cada sermón a la gran historia de la Biblia, puedo ayudar a los miembros y asistentes de la iglesia a no solamente aprender sobre los temas que estoy enseñando, sino que también a contribuir eficazmente a que aprendan más sobre la Biblia como un todo. Esta conexión hará que les sea más fácil compartir el Evangelio y también entender otros temas de la Escritura.

El sermón del domingo, de forma aislada, no es suficiente para pastorear a la iglesia cuando es una actividad que tiene un fin en sí mismo. Cuando entendemos la iglesia como ese organismo más complejo que es y veamos todas las oportunidades que la predicación dominical nos abre para sedimentar la Palabra de Dios en la vida de los creyentes, a través de una relación personalizada, encarnacional y dinámica, estaremos no solamente pastoreando a la iglesia de forma integral, sino que también estaremos poniendo la predicación dominical en el lugar de importancia que merece.

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Amós Cavalcanti
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Amós Cavalcanti

Amós Cavalcanti está casado con Mariana Gualano. Actualmente sirve como pastor misionero en la plantación de la Iglesia Presbiteriana Pródigo en Valparaíso, Chile. Amós y Mariana son brasileños y a él le encanta el café y el fútbol.
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