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Tara Sing y su esposo Soong sirven en St Barnabas Bossley Park, en Sydney Australia. Le encanta pasar tiempo con personas, comiendo, organizando cosas y disfrutando de los rayos del sol.
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Cuando el ministerio no trae glamour
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Cuando el ministerio no trae glamour

Si son personas que se están imaginando cómo sería la vida si es que se dedicasen al ministerio, es fácil y más entretenido imaginársela como una vida más o menos glamorosa, con programas de expansión y con personas que llegan a conocer a Cristo y que crecen en su fe. Sin embargo, la realidad es que debemos estar contentos con un servicio que no es glamoroso. Cuando Jesús dice que necesitamos tomar nuestra cruz diariamente, él no sólo se estaba refiriendo a soportar el dolor y el sufrimiento del mundo (aunque eso sí debe suceder). Necesitamos morir a nosotros mismos cada día, completamente. Esto incluye morir a nuestros sueños sobre cómo pensamos que sería servir a Dios, tanto en el presente como en el futuro. Morir a nosotros mismos significa sacrificar las cosas que nosotros queremos por el Reino de Dios. En algunas ocasiones, el Señor nos da la posibilidad de escoger nuestras oportunidades, pero hay otras en que no es así, pues a veces el Señor nos entrega los ministerios en los que debemos servir y muchas veces estos están muy lejos de ser glamorosos. Entonces, ¿qué es un ministerio sin glamour? Es un ministerio donde nadie los ve sirviendo. Esto incluye caminar fielmente junto a alguien que ha sufrido y ha vivido aflicción por años. Es el ministerio el que interrumpe sus tiempos personales, por lo que la recompensa parece ser poca y casi como si no valiera la pena. Se trata del servicio fiel y silencioso semana a semana de llevar a alguien a la iglesia en auto y luego, de vuelta a su casa, sabiendo que quizás ellos nunca les devolverán el favor o les pagarán la gasolina que gastan por ellos. Significa ser un oído para aquellos que llevan una carga pesada —y ser un oído paciente cuando se rehúsan a abordar un problema que pueden resolver ellos mismos—. Se trata de lavar los pies de viajeros cansados o, en términos modernos, poner sábanas limpias en la cama y servir una comida caliente cuando estos viajeros llegan. Significa limpiar los baños y barrer pasillos vacíos cuando ya todos se han ido. Se trata de pasar tiempo con la persona complicada de la iglesia que todos quieren evitar. Significa orar con todas sus fuerzas por aquellos que están perdidos. A veces, se trata simplemente de dedicarse al cuidado de miembros de la familia o amigos que estén soportando dificultad tras dificultad. Se trata del ministerio que pensamos que es difícil, el que nos parece una molestia o con el que luchamos para llevar a cabo con gozo. El ministerio sin glamour puede ser desanimante, puede parecer infructífero y puede ser frustrante porque tenemos un tipo diferente de servicio en mente. El ministerio sin glamour demanda mucho más que morir a nosotros mismos. Esas muertes duelen un poco más porque tienen un gran costo. Existen muchas formas y oportunidades para servir. Existen muchas maneras en las que Dios nos usa para cambiar la eternidad. No todas ellas involucran la predicación o roles ministeriales remunerados; no todas involucran el estudio de teología o el servicio en el extranjero. A veces el ministerio simplemente involucra acompañar a otros paso a paso. Necesitamos morir a nuestras fantasías sobre lo que pensamos que es el ministerio, y en vez de eso, remangar nuestras camisas y servir. Éste es el tipo de servicio que Jesús demostró mientras permitía que los clavos atravesaran sus manos. Éste es el tipo de servicio del que habla Filipenses 2, en donde lo infinito se transforma en finito con el propósito de que las vidas que Jesús creó tomen su vida. Éste es el tipo de servicio en donde el Rey de reyes muere de la forma más humillante para salvar a pecadores como tú y como yo. No hay nada de glamour en ser colgado desnudo en una cruz, pero fue ahí donde la gloria de Dios brilló más fuerte. Cuando se trata de un ministerio sin glamour, necesitamos estar más que sólo contentos. Éste es el tipo de servicio que necesitamos buscar. Existen muchas formas de servir y no todas ellas pueden ser glamorosas, pero todas pueden darle gloria a Dios. Preguntas para reflexionar y diagnosticar el deseo de un ministerio glamoroso:
  • ¿Se frustran cuando las personas siguen acercándose a ustedes con los mismos problemas y luchas?
  • ¿A qué ministerios apoyan con su dinero? ¿Por qué entregan fondos a ciertas personas y a ciertas causas?
  • ¿Qué cosas del ministerio los desilusionan?
  • ¿Qué consideran exitoso en el servicio?
  • ¿Hay áreas en las que no se ofrecen como voluntarios para servir porque consideran que no están a su altura? (O quizás sólo piensan que hay otras cosas en las que vale más la pena invertir el tiempo).
  • ¿Los motiva en gran manera recibir elogios y agradecimientos de otros?
  • ¿En qué áreas del ministerio se rehúsan a servir? ¿Por qué?
  • ¿Con quiénes hacen amistades en la iglesia? ¿Es alguna de esas relaciones difícil?
  • ¿Qué personas evitan en la iglesia? ¿Por qué?
Reproducido de GoThereFor publicado por Matthias Media. Propiedad literaria. Todos los derechos reservados. Usado con permiso.
Photo of Diez malentendidos sobre la práctica de la hospitalidad
Diez malentendidos sobre la práctica de la hospitalidad
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Diez malentendidos sobre la práctica de la hospitalidad

«Sean hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones» (1Pe 4:9); «… contribuyendo para las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad» (Ro 12:13). Una de las marcas de un cristiano es la práctica de la hospitalidad. Siempre que se menciona en el Nuevo Testamento, se asume como una parte principal de la vida cristiana. Sin embargo, muchas personas no muestran hospitalidad a otros. He escuchado una gran variedad de razones por las que las personas no pueden ser o no serán hospitalarias y pienso que esto se debe a existen muchos malentendidos al respecto. A continuación, enumero diez malentendidos que he escuchado sobre la hospitalidad:
  1. No tengo un lugar apropiado
  2. No sé cocinar ni hornear
  3. Entretener es demasiado estresante
  4. Mi casa está muy desordenada
  5. No hay posibilidad que pueda tener a tal y tal persona en mi casa
  6. Simplemente, no es mi don
  7. Vivo demasiado lejos o venir a mi casa es muy poco práctico para las personas
  8. No estoy pasando por el mejor momento en mi vida
  9.  No tengo dinero para alimentar a más personas
  10.  En este momento, no tengo tiempo
Todas ellas son malentendidos —más que excusas— porque son producto de una comprensión incorrecta de lo que es la hospitalidad bíblica. Existe aquí una suposición subyacente en la que se asume que la hospitalidad incluye comidas deliciosas hechas en casa, de tres platos que se sirven alrededor de una mesa hermosamente puesta en una inmaculada sala de estar decorada de tal forma que se vea igual al catálogo más reciente de IKEA. No obstante, cuando la Biblia describe la verdadera hospitalidad, no menciona en ningún momento los aperitivos, los tenedores de postre o las llaves Allen. La palabra que se usa en griego es philoxenos y se traduce como «amando al extraño». Por lo tanto, la hospitalidad no se trata de cocinar o entretener; ante todo, se trata de mostrar amor a otros. La hospitalidad es el resultado de una vida transformada por Cristo. Tanto en Romanos 12 como en 1 Pedro 4, la hospitalidad se menciona como una marca de la vida cristiana. Un resultado práctico de ser salvados por la muerte y por la resurrección de Jesús es que ames a todos, entre ellos a los extraños. Esto es porque nuestro deseo por mostrar verdadera hospitalidad a otros es producto de nuestro entendimiento de la hospitalidad que Jesús nos ha mostrado. Él es el mayor ejemplo de la verdadera hospitalidad. Puesto que cuando éramos enemigos y extraños para él, nos invitó a la casa de su Padre y nos preparó una habitación. Jesús hizo más que solo servirnos una comida, él nos amó lo suficiente para servirnos con su toda vida. Como personas que hemos sido servidas por el más grande de los reyes, ¿es posible que hagamos otra cosa más que solo servir? Melissa Kruger lo dice muy bien: En el centro de la hospitalidad bíblica se encuentra una disposición humilde para servir a otros. No tiene la intención de presumir lo que tenemos, sino que demostrar a quién seguimos. Es más, la hospitalidad figura como una de las cualidades de alguien adecuado para el cargo de anciano, como se explica tanto en 1 Timoteo como en Tito. Se espera que un anciano de la iglesia, una persona que debe ser un ejemplo para otros, muestre amor a los extraños (en contraste con el lider que espera ser servido). No obstante, todos somos ejemplo de Cristo los unos a los otros; no debemos dejarle esta responsabilidad a nuestros líderes de estudio bíblico o a nuestros amigos que tienen procesadores de comida. Todos podemos compartir la bienvenida que Dios nos ha extendido. Por lo tanto, aun cuando una buena comida y un comedor de revista pueden ayudarnos a ser hospitalarios, la hospitalidad no se trata de eso. Es posible sentarse en una mesa lujosa con deliciosa comida mientras nos sentimos sumamente no amados por el anfitrión. La hospitalidad se trata del corazón; se trata de servir a personas. El enfoque no está en la comida ni en el espacio, el enfoque está en amar a las personas e invitarlas a nuestro hogar, y en última instancia a nuestras vidas. Y esperamos que ahí conozcan a Jesús.
Reproducido de GoThereFor, publicado por Matthias Media. Propiedad literaria. Todos los derechos reservados. Usado con permiso. |Traducción: María José Ojeda
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Mujeres que actúan según Tito 2
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Mujeres que actúan según Tito 2

A las ancianas, enséñales a que sean reverentes en su conducta, y no calumniadoras ni adictas al mucho vino. Deben enseñar lo bueno y aconsejar a las jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos, a ser sensatas y puras, cuidadosas del hogar, bondadosas y sumisas a sus esposos, para que no se hable mal de la palabra de Dios. (Tito 2:3-5) En el libro de Tito, se anima a las mujeres a ser activas en el cuidado de la siguiente generación, enseñando y modelando cómo ser una mujer de Dios. Me siento increíblemente afortunada de poder nombrar fácilmente varias mujeres mayores en mi vida que han sido, de una u otra forma, mujeres que actúan de acuerdo a Tito 2. Ellas son las mujeres que ahora trato de imitar mientras sirvo como una mujer de Dios. Cuando pienso en estas mujeres –sean un poco o mucho mayores que yo y pese a que están viviendo distintas etapas– veo en ellas algunos rasgos en común:
1. Comparten toda su vida con nosotras.
Si son madres, son sinceras respecto a lo que implica: comparten las luchas que enfrentan con los hijos y en el matrimonio. Si trabajan fuera de la casa, comparten lo que les pasa en el trabajo, las presiones de la fecha de cierre, las exigencias de los jefes y la experiencia del lugar donde trabajan. Ya sea que tengan familias grandes, pequeñas o pasatiempos que disfruten realizar, ponen todo sobre la mesa para poder hablar sobre ellas. Esto es genial, porque me hace sentir que ninguna pregunta es demasiado aterradora como para no hacerla.
2. Nos invitan a formar parte de sus vidas.
No sólo nos cuentan sobre sus vidas, sino que también nos invitan a formar parte de ella. Podemos ver cómo son realmente –cuando llegan a sus casas del trabajo y están exhaustas para preparar la cena o incluso cuando se relajan–. Nos dejan ayudarlas a bañar a sus hijos y a acostarlos; dejan que las acompañemos a hacer trámites (pueden parecer aburridos, pero, en realidad, no lo son). Cada momento que comparten con nosotras es una oportunidad para ver la vida cristiana en acción, desde cómo, con consideración, compran comida extra en caso de que haya que preparar otro plato para alguien, hasta cómo disciplinan a sus hijos.
3. Son honestas con nosotras.
Estas mujeres son grandiosas porque son reales. No tienen miedo de compartir sus errores con nosotras ni de mostrarnos lo lejos que están de ser perfectas.
4. Nos hablan de la Biblia.
Les encanta reflexionar sobre lo que han estado aprendiendo en la iglesia, sobre lo que han estado conversando con otros respecto a la Palabra o sobre cómo ven a Dios obrar en sus vidas. A veces, comparten un versículo bíblico que les encanta o la forma en que la Escritura las ha ayudado a perseverar en un tiempo difícil.
5. Nos regañan.
Nos conocen lo suficiente como para saber cuando nos estamos desviando y, amorosa y bondadosamente, nos traen de vuelta a la Palabra de Dios.
6. Son ejemplos para nosotras.
Debido a que podemos ver sus vidas, podemos aprender de ellas.
7. Nos animan.
Somos animadas a amar y a servir al ver la forma en que ellas aman y sirven fielmente. Por medio de su amistad con nosotras, somos animadas al escuchar lo que dicen y al ver lo que hacen.
8. Proveen para nosotras.
Ya sea que nos presten su oído cuando necesitamos ser escuchadas, que nos compartan su sabiduría y nos den un consejo piadoso, que nos lleven en auto a algún lugar al que necesitamos llegar, que nos den un un plato de comida o incluso que nos sirvan una taza de té caliente, éstas son mujeres que proveen –y nos enseñan a proveer para otros también–.
9. Oran por nosotras.
Cuando estamos juntas oran por nosotras. Cuando no lo estamos, también oran. Ellas saben que finalmente es Dios quien hace crecer a las personas, por lo que su oración es que él nos haga crecer. Por lo tanto, mujeres mayores, continúen siendo ejemplos piadosos al poner la Palabra de Dios primero, y sigan buscando conocerlo más y más. Hay mujeres más jóvenes mirando y buscando aprender de sus vidas. No necesitan tener todas las respuestas, sólo necesitan amar a Jesús y permitir que otras vean la manera en que lo sirven. Mujeres jóvenes, miren a mujeres cristianas mayores en la iglesia y aprendan de ellas. No tengan miedo de hacer preguntas. Descubran por qué ellas hacen lo que hacen, ya sea que estén de acuerdo con ellas o no. Observen sus vidas e imítenlas como ellas imitan a Cristo. De eso es lo que se trata Tito 2.
Reproducido de GoThereFor, publicado por Matthias Media. Propiedad literaria. Todos los derechos reservados. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda