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Rosaria Butterfield es ex profesora titular de inglés de Syracuse University y autora de The Secret Thoughts of an Unlikely Convert [Los pensamientos secretos de una conversa improbable] (Crown & Covenant, 2012)  y Openness Unhindered: Further Thoughts of an Unlikely Convert on Sexual Identity and Union with Christ [Apertura libre: más pensamientos de una conversa improbable sobre la identidad sexual y la unión con Cristo] (Crown & Covenant, 2015).

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Cómo pastorear a personas con quebrantos sexuales
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Cómo pastorear a personas con quebrantos sexuales

Conocer a Cristo nos lleva a evaluar la realidad de una forma definitiva, pues nos lleva a enfrentar el hecho de que nuestro pecado es nuestro mayor problema. Cada día, el creyente debe enfrentar la realidad de que el pecado original nos distorsiona, el pecado actual nos distrae y el pecado que mora en nosotros nos manipula. Esta distorsión, distracción y manipulación crea una brecha entre nosotros y nuestro Dios. Estamos en guerra, y mientras más pronto nos demos cuenta de eso, mejor. El quebranto sexual está cargado de vergüenza, puesto que el pecado sexual es en sí mismo un depredador: nos persigue, nos atrapa y nos seduce para que cumplamos sus órdenes. El pecado sexual no descansará hasta conseguir su objetivo. Cuando nuestra conciencia nos condena, a veces tratamos de pelear. Sin embargo, cuando la vergüenza nos obliga a aislarnos, nos escondemos de las mismas personas y recursos que necesitamos en ese momento. Nos angustiamos hasta que Satanás nos promete engañosamente obtener un alivio placentero sólo si nos permitimos esa mirada lujuriosa, si damos click a ese link de Internet o si apagamos las luces de nuestros dormitorios y corazones para abrazar a esa persona que, hecha también a la imagen divina, Dios nos ha prohibido. Nosotros, ovejas sexualmente quebrantadas, sacrificaríamos matrimonios fieles, hijos valiosos, ministerios fructíferos, trabajos productivos y reputaciones intachables por placer sexual inmediato e ilícito. Podríamos orar sinceramente por la liberación de un pecado sexual específico y, aun así, ser víctimas de su engaño cuando una falsa versión de él nos seduzca. Cuando oramos por liberación de pecado por medio de la sangre expiatoria de Cristo, significa que conocemos la verdadera naturaleza del pecado y sabemos también que esto no significa que nunca más nos vayamos a sentir atraídos por él. Si quieres ser fuerte en tus propios términos, Dios no te responderá. Dios quiere que seas fuerte en el Cristo resucitado. Las personas sexualmente quebrantadas —tú y yo— necesitan conocer profundamente las siguientes realidades espirituales si es que quieren encontrar libertad en Cristo y pastorear a otras personas que luchan con esto:

El amor de Dios

Pero Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Ro 5:8). La muerte de Cristo es personal: fue “por nosotros”. Si estás en Cristo, su amor expiatorio tiene el poder para salvarte de tu pecado y de tu culpa. El pecado sexual produce tres cosas que alejan al amor de Dios: en primer lugar, practicarlo a lo largo del tiempo seca la conciencia, lo que nos hace insensibles y necios frente a la belleza de la santidad; en segundo lugar, debido a que el pecado sexual aflora en secreto, nos aísla de la familia de Dios; por último, el pecado sexual normalmente involucra a otra persona y, por lo tanto, lleva a alguien más a pecar, aumentando así la extensión y el daño del pecado. Si sufres por el peso que tiene el pecado sexual en ti, ven a Jesús, porque su yugo está enraizado en el amor de Dios. Dios es amor y está a tu favor. Él está abogando por ti; quiere que conozcas su amor.

El perdón de Dios

“Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día. Porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano. Te manifesté mi pecado, y no encubrí mi iniquidad. Dije: ‘confesaré mis iniquidades al Señor;’ y tú perdonaste la culpa de mi pecado” (Sal 32:3–5). Vivimos en un mundo que está enseñando cada vez más la idea de que perdonarse a sí mismo borra la vergüenza. Esta idea viene de una falsa e incompleta antropología de la persona. No nos creamos a nosotros mismos; por lo tanto, no podemos auto-perdonarnos. Debido a que Dios está a favor tuyo, él quiere perdonarte y restaurarte. Él ama al corazón quebrantado y arrepentido.

La sanidad de Dios por medio de Cristo

Él envió su Palabra y los sanó y los libró de la muerte (Sal 107:20). Sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas (Sal 147:3). Por medio de su sangre, Cristo satisfizo la justicia de Dios. En este acto supremo de amor está la solución para la culpa agobiante del pecado sexual. Por sus llagas fuimos sanados (Is 53:3).

La provisión de Dios para tu dolor

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios te toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios (2Co 1:3-4). El pecado sexual tiene consecuencias que no podemos controlar y que ni siquiera podemos ver hasta que el Espíritu Santo saca la venda de nuestros ojos. El pecado sexual es tirano: el aborto requiere la muerte de un ser que aún no ha nacido; la homosexualidad, la condena del orden de la creación de Dios; el adulterio, la traición de los votos que se hicieron ante Dios y la destrucción de “una sola carne”; la pornografía, esclavos sexuales y el reclutamiento de mujeres y niños para la industria traficante de sexo. Cuando los creyentes cometen pecado sexual, escupimos a Dios en la cara. Sin embargo, cuando nos arrepentimos y abandonamos el pecado sexual, somos restaurados. La providencia de Dios tiene un lugar para tu dolor. Debido a que otros no pueden ver porque están cegados por el pecado (todavía), tú eres una señal que puede llevarlos a Dios. Ves la sangre en tus manos, sientes cómo el castigo y la culpa se van y trabajas como un embajador de Cristo.

El pueblo de Dios

No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres. Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que puedan resistirla (1Co 10:13). En la iglesia, cada uno es una vía de escape para su hermano. Dios ya la ha preparado, por medio de su Palabra y de su Espíritu y, también, por medio del cuerpo de Cristo y la simple práctica de la hospitalidad. Abrir tu casa y tu corazón es la vía de escape para algún hermano o hermana en la fe. Jesús respondió, “en verdad les digo, que no hay nadie que haya dejado su casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de Mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna” (Mr 10:29–30). En este pasaje, Jesús habla de la familia de Dios cuyo amor, presencia y buena compañía son lo que el Señor usa para devolver “cien veces” lo que sea que se haya dejado por causa de Cristo. El evangelio es costoso, pero vale la pena. Sin embargo, estos principios bíblicos no son sólo apuntes para guiarnos. No puedes pastorear a personas con quebrantos sexuales hasta que no te hayas empapado de la Palabra de Dios, bebiendo lo más posible de sus profundos pozos. Nuestro prójimo sexualmente quebrantado no necesita ser principalmente instruido en la cosmovisión cristiana; necesita que lo lleves a los pies de la cruz. Antes de poder hacer esto, nosotros mismos debemos “sacar provecho de la Palabra” (como dice el título del libro de A.W. Pink). Debemos saber que el arrepentimiento es la puerta de entrada a Dios.
Este artículo fue originalmente publicado por Ligonier Ministries en esta dirección. | Traducción: María José Ojeda
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Derechos de la comunidad homosexual, lenguaje de odio y hospitalidad
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Derechos de la comunidad homosexual, lenguaje de odio y hospitalidad

Ese particularmente amargo invierno de Nueva York azotó duras promesas contra la puerta principal de la casa de mi vecino: promesas que permanecían esquivas e inimaginables. Detrás de esa puerta, mis vecinos, Ken y Floy Smith, y yo estábamos conversando. Ken se inclinó, con un tazón tibio de café descafeinado débilmente filtrado en la mano, e hizo una pregunta que puso nuestras opuestas cosmovisiones en perspectiva: «¿crees que lo que es verdad determina lo que es  ético o crees que lo que es ético determina lo que es verdad?».

Antes de que se considerara lenguaje de odio

Hace décadas, cuando esta pregunta desestabilizaba mi vida que rechazaba a Dios pero que era moral de otra manera (como la hubiese descrito en ese entonces), creía que la última opción era la correcta. Creía que la ética guiaba a la verdad y que la verdad era una creación cultural, nacida de la desesperación por bondad de la humanidad y de las necesidades percibidas de las personas. Cuando mi vecino hizo esta pregunta, inmediatamente la rechacé como mal fundada y vulgar (algo así como el débil descafeinado en mi tazón). Respondí con años de estudios en ética situacional: la verdad es una construcción social; la verdad toma forma a los ojos de quien observa. Estábamos hablando, mis vecinos y yo, sobre los derechos homosexuales. Este era un tema tanto personal como político para mí. Me identificaba como lesbiana y vivía felizmente en una relación comprometida con otra mujer. Amaba a mi novia de la manera que me parecía mejor; me preocupaba por mi comunidad queer; fui la coautora de la primera política de pareja de hecho en mi universidad. Estaba lista para convertirme en una «radical permanente»: una profesora universitaria con una suficiente seguridad laboral y audacia para llevar la teoría queer de la universidad a la calle. Estaba, según creía, en el lado correcto de la historia. Sin embargo, mi vecino, Ken Smith, entonces pastor de la iglesia presbiteriana reformada Syracuse, también era mi amigo. Él, su esposa y yo compartíamos comidas semanales (a veces en mi casa, pero la mayoría de las veces en la de ellos) en las que conversábamos sobre asuntos profundos y de peso de la vida para hacer esto de nuevo: partir el pan y conversar.

Entremos en la interseccionalidad

Hace veintidós años, no se consideraba lenguaje de odio que Ken me dijera que él me aceptaba como lesbiana, pero que no lo aprobaba. Yo rechazaba la cosmovisión de Ken y él rechazaba la mía; estábamos en igualdad de condiciones. Veíamos claramente nuestras diferencias de cosmovisión, pero aquellas divisiones, en ese tiempo, no traían consigo el peso acusatorio de ataque personal. En la estrategia de hoy, eso no tendría éxito. ¿Por qué? ¿Qué se interpone en nuestro camino de ser amigos con nuestros vecinos que piensan diferente a nosotros?
1. La antropología no bíblica
Mis conversaciones con Ken y Floy tuvieron lugar antes de que la idea de «interseccionalidad» se hubiese trasladado de la academia a las calles. La interseccionalidad aún era, en 1997, solo una idea académica. Esta era su premisa: la condición de persona y la identidad, quién eres realmente, son mejor determinadas por cuántas opresiones sociales has sufrido. Originalmente, la interseccionalidad lidiaba con opresiones estructurales y materiales, resaltando cómo la raza, la clase social y el tejado de vidrio del sexismo tenían un gran peso en una sociedad compuesta de pecadores. Sin embargo, cuando el feminismo cambió su lealtad de Marx a Freud, cuando cambió de los números a los sentimientos, a la orientación sexual e identidad de género tomó nuevas formas Cuando ideas como «el daño a la dignidad» (el daño conferido a tu dignidad por la negativa de alguien a aprobar tu pecado) encontraron su lugar en la ley civil, la interseccionalidad desencadenó un monstruo. Con este monstruo vino un mensaje: la homosexualidad no es un pecado; es una orientación o manera estética y erótica de ver al mundo y todo lo que hay en él. En la actualidad, el Evangelio está en un rumbo de colisión con este mensaje.
2. Las iglesias comprometidas
La interseccionalidad pone a la vista la división entre los cristianos y nuestros vecinos que piensan diferente, pero el pueblo de Dios nunca debe ser un golpeado por la moda actual en la cosmovisión (incluso si algunos segmentos de la iglesia evangélica son impulsadas por ello). El problema real no es lo que el mundo piensa; sino más bien, que partes de la iglesia evangélica están permitiendo que el mundo les predique sobre la condición de una persona y la identidad, sobre quiénes son real y ontológicamente las personas y qué necesitan para florecer. Ocurren muchas tragedias cuando el mundo le predica a la iglesia (y la iglesia escucha), y una de ellas es que las conversiones falsas se multiplican. Vivimos en un mundo evangélico cuyos profetas podrían estar convencidos de las promesas del Evangelio, pero que no necesariamente están convertidos bajo la verdad del Evangelio. ¿Cuál es el tema para el sermón que predican? Predican sermones de preguntas, reubicando lo que Dios llama pecado en la categoría de la estética: la observación de la belleza en medio del dolor. Rechazan la verdad de Dios como una lógica de «adhesivo de auto» y responden preguntas con más preguntas, no con respuestas, siempre favoreciendo el punto de vista del pecador por sobre el del Cristo crucificado y resucitado. Una vez que los líderes de la iglesia evangélica ubican algo que Dios llama pecado en el marco de la estética, el gran regalo que el Señor Jesús le ofrece a su pueblo, el regalo del rescate y el arrepentimiento, ya no se considera como necesario. La culpa cambia del pecado de una persona al prejuicio percibido por la iglesia. ¿Qué hacer? Asegúrate de que seas un miembro de una iglesia bíblicamente sana cuyas prácticas abracen las marcas de la fidelidad: tratar adecuadamente la Palabra, los sacramentos y la práctica de la disciplina de la iglesia. Si tu iglesia falla en cumplir esos estándares o te rehusas a ser miembro porque te amarra o piensas que hacer la paz con el pecado te dará acceso a un lugar en la mesa para dar testimonio de Cristo al mundo, piénsalo nuevamente. La membresía de tu iglesia es parte de tu disciplina espiritual para enganchar con el mundo. Si te resistes a ser miembro de una iglesia que practica y aprueba el pecado, te has hecho a ti mismo culpable corporativo de este pecado.
3. El encaprichamiento de las redes sociales
El encaprichamiento de las redes sociales ha removido las distinciones entre lo privado y lo público. Ken y Floyd Smith y yo nos juntábamos privadamente para cenar. A menudo otras personas se nos unían. No obstante, nuestras sentidas diferencias no estaban sometidas a la dura mirada de Twitter, Facebook o de blogs. En lugar de burlarnos o intentar de destruirnos unos a otros en redes sociales, considerábamos nuestras diferencias y llevábamos un plato caliente a la próxima cena del jueves. Esta respuesta nos ayudó a dejar que ciertas ofensas resbalaran y, en su lugar, nos centráramos en el panorama general. Nos animó a considerarnos el uno al otro como seres humanos (no como una pizarra en blanco llena de ideologías en competencia y relaciones de poder).

Puertas abiertas

Ken, Floy y yo nos hicimos buenos amigos antes de este momento cultural actual. Pudimos ver que nuestra humanidad estaba íntimamente conectada, pero no completamente absorbida, a nuestras diferentes cosmovisiones, conjunto de ideas, vocabulario, libros y valores que representaban. Podíamos vernos como seres humanos aún en nuestras diferencias. Y debido a esta perspectiva, podíamos sentarnos a la mesa, partir y el pan y conversar. Por lo tanto, cristiano, ¿cómo puedes comenzar a conectarte constructivamente con tus vecinos? Conoce tu cultura, haz promesas de membresía en una iglesia bíblicamente fiel y regresa a una práctica de privacidad. Sí, la interseccionalidad ha encontrado su asidero hoy, no solo en la cultura más amplia, sino que también en algunos segmentos de la iglesia evangélica. Es una cosmovisión que viene con ultimatums («ámame a mí, ama a mi perro»). Es una cosmovisión que descansa en nociones de ontología (quiénes son las personas) que no son bíblicas. No acepta que el pecado original es realmente pecaminoso, prefiriendo considerar este pecado registrado en nuestros corazones antes de nuestro primer respiro como una mera forma de diferencia estética. La mejor manera para que el pueblo de Dios diga que «no» a las reflexiones no bíblicas de la condición de persona y de interseccionalidad es decir que «sí» a la hospitalidad bíblica. Cuando te reúnes alrededor de una mesa con tu enemigo cultural percibido, no una vez, sino que semanalmente, muestras que la cultura no es el rey; Jesús lo es. Haz buenas preguntas y escucha las respuestas de las personas. Quizás podrías comenzar con esta: ¿crees que lo que es verdad determina lo que es ético o crees que lo que es ético determina no lo que es verdad?
Rosaria Butterfield © 2018 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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Soltería, atracción hacia el mismo sexo y la iglesia - Parte I
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Soltería, atracción hacia el mismo sexo y la iglesia - Parte I


Nota del editor: Este artículo es una conversación vía correo electrónico que tuvieron Sam Allberry, Rosaria Butterfield y Christopher Yuan, y que fue impulsada por 9Marks. En ella se responden algunas preguntas sobre la soltería, la atracción hacia personas del mismo sexo y la iglesia. Aquí encuentras la primera de cuatro conversaciones.

Supongamos que hay dos personas solteras: una de ellas lo está porque tiene una fuerte atracción hacia el mismo sexo y asume que, por esa razón, el matrimonio es imposible. ¿En qué se diferencia pastorear o discipular a un soltero del otro?

Sam Allberry: Me alegra estar haciendo esto con todos ustedes. Pensé que podríamos comenzar con algunas respuestas iniciales y construir algo desde ahí. En un sentido no existe ninguna diferencia: ninguno de nosotros sabe lo que Dios tiene para nosotros en el futuro y si quiere que nos casemos o que permanezcamos solteros; no obstante, probablemente hay una diferencia en las expectativas. La persona que siente atracción hacia personas del mismo sexo podría sentir que es menos realista casarse y, por lo tanto, mira la soltería como algo a largo plazo; por otro lado, la otra persona aún podría asumir o esperar que el matrimonio es algo que está en su futuro. De cualquier manera, ambos necesitan confiar en lo que su Padre celestial tiene para ellos y cualquier cosa que pase será una expresión de su bondad hacia ellos. Ambos necesitarán trabajar en cultivar sus amistades. Un error que a veces cometemos en el ministerio pastoral es asumir que aquellos que probablemente permanezcan solteros por un largo tiempo necesitarán esforzarse arduamente para tener amistades, mientras aquellos que están casados no. Mientras más estoy en el ministerio pastoral más veo el daño provocado por no invertir en fuertes amistades, tanto en casados como en solteros por igual. Christopher Yuan: Sam, ¡gracias por comenzar esto con tan buena perspicacia! A continuación, comparto algunos de mis pensamientos respecto a este tema. Agradezco que el énfasis aquí sea el correcto: centrado en el pastoreo y en el discipulado. A menudo, las personas que tienen atracción hacia personas del mismo sexo […] y que buscan ayuda se fijan en sus tentaciones que experimentan hacia el mismo sexo (como si esas tentaciones fueran su único problema) y terminan intentando erradicar el pecado que mora en ellos antropocéntricamente a través de la metodología psicoterapéutica. Esto es desacertado porque el objetivo de toda lucha con el pecado es ponernos en el camino de la gracia de Dios por medio de la Palabra, de la oración, de la comunidad, etc. En medio de todo esto, el mentoreo y el discipulado tienen un rol clave a medida que acompañamos y guiamos a las personas a través de los medios de gracia. Por otro lado, debemos ayudar a nuestro amigo que le atraen personas del mismo sexo a que sepa que su lucha con el pecado podría sentirse única, pero no es fundamentalmente diferente. Cada persona que pastoreamos o discipulamos es portador de la imagen de Dios que experimenta la consecuencia de la caída: pecado original, pecado residente y el pecado real. El pecado del acto  sexual entre personas del mismo sexo o de deseos pecaminosos hacia personas del mismo sexo no son los peores pecados. Por lo tanto, con el fin de mortificar la carne día a día, estas personas con atracción hacia personas con el mismo sexo necesitan la misma gracia que todas las otras personas. Lamentablemente, las personas que experimentan atracción hacia el mismo sexo a menudo se sienten y son tratados como si fueran los peores pecadores. Para aliviar esto, debemos recordarles que necesitan de la misma gracia que los demás. Por otra parte, a menudo los pastores están preocupados de que quienes son atraídos por personas del mismo sexo desarrollen una atracción hacia el pastor o el mentor. En este punto, hay un par de cosas que se deben decir: primero, debemos darnos cuenta de que solo porque alguien pueda experimentar atracción hacia personas del mismo sexo no significa que le atraigan todas las personas del mismo sexo. En el seminario, busqué a un compañero a quien yo respetaba para comenzar a orar juntos semanalmente. Sabía que él conocía mi pasado como un hombre gay. La primera mañana que nos juntamos, él me dijo, «no quiero nunca ser una piedra de tropiezo para ti. Por favor, cuéntame si comienzas a sentirte atraído por mí». Fue una de las situaciones más incómodas de mi vida. Los hombres que se siente atraídos por personas del mismo sexo necesitan que les muestren cómo se ven las amistades piadosas y saludables con personas del mismo sexo. He amado a hombres de manera incorrecta (sexual y románticamente) y necesitaba que me mostraran cómo deben amarse los hombres cristianos en maneras que honren a Dios, que no sean sexuales ni románticas, pero que aún así sean íntimas. Sin duda, debemos reconocer la posibilidad de atracción, pero esto a menudo comienza con la codependencia o esta es parte de ella. Estar atento a la codependencia debe ser parte de cualquier relación de discipulado. En particular, las relaciones lésbicas rara vez comienzan sexualmente, sino que con enfermizos enredos relacionales. Debemos usar el discernimiento piadoso mientras pastoreamos o discipulamos y debemos estar conscientes de la codependencia enfermiza, como lo haríamos con cualquier persona. Existe una línea que debemos trazar entre acoger la intimidad saludable y evitar la codependencia. No obstante, esa línea es lo suficientemente ancha para poder desarrollar amistades piadosas con comodidad. Confío en que Rosaria hará buenos comentarios sobre la codependencia. A menudo, descubro que las personas que son atraídas por el mismo sexo están en uno de dos extremos. Creen que es imposible casarse algunas vez o creen que la solución es casarse con alguien del sexo opuesto. En cualquiera de los dos casos, quisiera sacarlos de su fijación en sus atracciones sexuales y en su estado civil para que en lugar de ello se centren en los medios de gracia. No obstante, también quisiera disipar algunas verdades falsas. Para el primer escenario, Dios es capaz de hacer cualquier cosa, lo que significa que puede darle a una persona que es atraída hacia el mismo sexo (incluso a alguien que tiene fuertes atracciones) el deseo por tener una relación con una persona del sexo opuesto. Conozco a varias personas a quienes les ha pasado esto, incluso sin que la tentación hacia personas del mismo sexo haya desaparecido por completo. Asimismo, no creo que las atracciones sexuales necesiten ser el fundamento del matrimonio. El amor ágape (que se sacrifica a sí mismo, que es desinteresado, que es un amor santo) debe serlo. Las atracciones, la pasión y el deseo deben estar presentes en el matrimonio, pero no tienen que ver necesariamente con una ardiente pasión sexual. De hecho, los matrimonios construidos sobre la pasión sexual pueden terminar deshonrando a Dios y en el fracaso. A menudo le digo a las personas que en realidad es posible que sea más fácil para mí encontrar una posible o potencial esposa porque puedo ver a otras mujeres como hijas del Dios altísimo y no como objetos para mi placer sexual. Puedo ver su madurez espiritual, su amor por el Señor y su atención a los hábitos de gracia, en oposición a que mi discernimiento sea nublado por fuertes encaprichamientos. Para el segundo escenario (la persona que cree que el matrimonio es la solución), le diría que el matrimonio es una gran bendición, pero no será la solución para sus deseos pecaminosos. Le diría que mantenga la esperanza de casarse, pero que la posponga. Y por ahora, puesto que está soltero o soltera, lo animo a enfocarse en buscar a Cristo sin abandonarlo. Prepararse para el matrimonio no es la meta del cristiano soltero, pero puede usarse como una motivación saludable para fines apropiados. Y no existe mejor manera para prepararse para el matrimonio que ser cimentado como un hombre o una mujer de Dios. Si queremos amar a alguien y ser amados, primero debemos amar a Dios. Es por esta razón que el gran mandamiento viene antes del segundo. La única forma para que yo ame bien a otros es amar a Dios primero. (¡Ok, quizás esta respuesta fue un poco larga!). Rosaria Butterfield: En primer lugar, estoy tan agradecida de Sam y Christopher por lanzar tan buenas preguntas para abordar. Ustedes, hermanos, han cubierto muchísimo terreno abundante e importante aquí y tengo poco que agregar. Voy a centrar mis respuestas más en abordar el discipulado de mujeres en los dos ejemplos anteriores. Primero, la diferencia entre estas dos personas es que la que tiene atracción hacia el mismo sexo puede sentir una soledad crónica y opresiva, mientras que el otro podría sentir una envidia amarga de sus amigos que se han casado. Es vital que cuando acompañamos a una cristiana en su dolor (ya sea que sintamos que ese dolor es válido o no) intentemos ver las cosas desde su punto de vista. No ayuda mucho decir, «¡tu fractura es igual a la de Juan!». El libro de Jeremiah Burroughs, El contentamiento cristiano… una joya rara es un gran recurso que se puede usar para discipular a ambas personas. Además, quisiera descubrir qué está viviendo cada persona en la cultura de su iglesia. Puede sentirse amenazada y también puede desencadenar un peligroso diálogo interno: «estas personas no me entienden y nunca lo harán». Nuestro discipulado y pastoreo servirá poco si nuestra cultura de iglesia es tóxica (y muchas veces, ese es el caso). Segundo, aunque es cierto que para muchas personas la sexualidad y la atracción sexual es fluída y cambia en el tiempo, y también que los mejores matrimonios están constituidos por dos personas que ante todo están unidas espiritual y afectivamente, decirle esto a alguien que se siente atraída a personas del mismo sexo las hace sentir como si las estuvieras reprendiendo, como si le estuvieras diciendo que reaccione. He discipulado mujeres que tienen respuestas profundas y dolorosas al solo pensamiento del coito heterosexual. Para las mujeres, la atracción hacia el mismo sexo puede estar motivado ya sea por una fuerte atracción que se transforma en sexual en el tiempo o por una fuerte oposición a cualquier expresión sexual que involucre penetración. Tercero, para las mujeres que están buscando el matrimonio bíblico. Necesitamos estar conscientes de que para muchas mujeres, el compromiso también requiere, a veces, una dolorosa pérdida. Muchas mujeres evangélicas universitarias comienzan queriendo cambiar el mundo, con sueños y planes que son grandes y geniales. En general, estos deseos por cambiar el mundo son deseos de personas; existen en paralelo a otros deseos (matrimonio, familia, etc.), pero rara vez interactúan. Sin embargo, con el prospecto del compromiso viene la promesa de liderazgo (y una pérdida de cierto tipo de independencia). No digo esto para criticar o condenar. El liderazgo bíblico del esposo a la esposa es una hermosa imagen de Cristo y la iglesia. Pero al discipular mujeres haremos bien en saber que las mujeres que quieren ser una esposa piadosa también deben orar por un corazón tierno para poder someterse a su esposo. En el matrimonio, esposo y esposa también deben aprender por fe a liderar en disciplina y a someterse; estas cosas no vienen naturalmente en nosotros. Las solteras necesitan saber que mientras este «cambio» de roles (de un agente de cambio del mundo independiente a una esposa fiel y, si Dios quiere, madre) es una bendición ordenada por Dios, y también viene con una sensación de pérdida de quien alguna vez fuiste.

Encuentra el resto de la entrevista aquí:

Soltería, atracción hacia el mismo sexo y la iglesia - Parte II Soltería, atracción hacia el mismo sexo y la iglesia - Parte III Soltería, atracción hacia el mismo sexo y la iglesia - Parte IV
Este recurso fue publicado originalmente en 9Marks. | Traducción: María José Ojeda
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Nota del editor: Este artículo es una conversación vía correo electrónico que tuvieron Sam Allberry, Rosaria Butterfield y Christopher Yuan, y que fue impulsada por 9Marks. En ella se responden algunas preguntas sobre la soltería, la atracción hacia personas del mismo sexo y la iglesia. Aquí encuentras la segunda de cuatro conversaciones.

¿Cómo pueden las iglesias hacer un buen trabajo al integrar personas que tienen una fuerte atracción hacia el mismo sexo en la familia y en el cuerpo de la iglesia?

Allberry: Está perfectamente bien vivir sin sexo (Jesús mismo lo hizo), pero ninguno de nosotros está diseñado para vivir sin intimidad. Trágicamente, en Occidente vivimos en un momento cultural donde hemos canalizado todos nuestros pensamientos sobre intimidad en una sola expresión de ella: la relación romántica o sexual. Este es ahora prácticamente el único lugar donde las personas creen que pueden encontrar y expresar intimidad. Mientras este sea el caso culturalmente, y mientras se refleje en nuestras iglesias, será muy difícil para cualquier persona soltera sentir que la ética sexual cristiana es convincente. Por lo tanto, debemos asegurarnos de que nuestra familia de la iglesia realmente sea una familia. Jesús promete que «…no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna». Así debe ser el caso de cualquier persona que se una a nuestras iglesias, que pueda decir que ha experimentado un aumento en intimidad y comunidad. En otras palabras, una de las maneras más urgentes de pastorear a solteros o a personas con atracción al mismo sexo, es pastorear al resto de la iglesia respecto a cómo ser juntos una familia. Y esto necesita darse en ambas partes. Creo que a menudo puede ser un error poner a todos los solteros juntos en un «ministerio de solteros». Los casados a menudo pueden tener luchas debido a la falta de relaciones profundas fuera de su matrimonio, y los hijos necesitan el aporte y el ejemplo de otras tías y tíos de honor en la iglesia. Los solteros pueden ser tremendamente bendecidos al estar involucrados en la vida familiar. Por lo tanto, necesitamos animar tener amistades que cruzan las divisiones generacionales y maritales.  Yuan: Estoy de acuerdo con Sam. La integración es clave. Como muchas iglesias pueden atestiguar, el «grupo de universitarios y profesionales» (que a menudo yo llamo «gueto de solteros») no siempre es el lugar donde ocurre el discipulado constante y vivo. A menudo, se convierte en algo parecido a un mercado de carne cristiana. He aprendido tanto de Barry Danylak que escribió una teología bíblica de la soltería. Necesitamos darnos cuenta de que la familia nuclear es temporal, mientras que la iglesia (la familia de Dios) es eterna. Bajo el antiguo pacto, la familia de Dios creció a través de la procreación, mientras que bajo el nuevo pacto, la familia de Dios crece por regeneración. La responsabilidad de la integración recae sobre los que no son solteros (es decir, los casados). Por lo general, no es apropiado que una persona soltera se integre e invite a sí mismo al hogar de una familia. Sin embargo, es más que apropiado (es un deber) para las familias y matrimonios invitar a hermanos y hermanas solteros a su hogar. Los cristianos solteros son nuestros hermanos y hermanas, nuestras hijas e hijos, nuestras tías y tíos; que no están relacionados a nosotros por sangre humana, sino que por la sangre derramada de Cristo. Butterfield: Las iglesias evangélicas han perdido el arte de integrar a personas a la familia cristiana y de vivir en comunidad como familia de Dios. El arte perdido de la hospitalidad cristiana ha puesto demasiada carga sobre los solteros y demasiadas expectativas en lo que la iglesia se supone que debe hacer. Mi esposo Kent, yo y algunos de nuestros hijos somos los únicos creyentes de nuestra familia. Si no hubiesen habido otros creyentes a nuestro alrededor que tomaron sus roles en nuestro hogar, no habríamos tenido hermanos y hermanas, y nuestros hijos no habrían tenido tías ni tíos ni abuelos. Saber que los creyentes alrededor del mundo son familia de Dios se extiende más allá del hogar, por supuesto, pero eso no minimiza la importancia de hacer vida juntos en el hogar. Kent y yo vemos el pacto del matrimonio como un trampolín para este tipo de vida. En nuestro hogar, casi cada noche involucra cenar con los miembros de nuestra familia extendida de la iglesia y con personas de nuestro vecindario. La sobremesa es larga y sacamos nuestras Biblias y salterios mientras los platos aún están en la mesa y la gente aún está comiendo. Está bien. Jesús también comió y bebió. Después de los devocionales, Kent saca las linternas y lleva de vuelta a los niños de otras casas y el resto lavamos los platos. Mientras los niños toman sus duchas, los adultos conversan. Casi cada noche es así en nuestra casa, porque nuestros hijos son más grandes y nuestra casa es relativamente estable. También casi siempre usamos nuestra habitación de visitas, especialmente durante las festividades importantes, cuando la soledad se acerca con sigilo a las personas. Demasiado a menudo, se ha hecho sentir como marginados de la iglesia a los cristianos que luchan con la atracción al mismo sexo. Sin embargo, sabemos que las personas que luchan a la manera de Dios (mortificando sus deseos pecaminosos, bebiendo profundamente de los medios de gracia, siendo miembros fieles de la iglesia que cree en la Biblia, arrepintiéndose del pecado y aplicando fe a su pérdida y dolor) en realidad son héroes de la fe. Cuando las personas saben que pertenecen a un lugar y que son amadas, eso cambia todo. Esta realidad debe salir de un hogar cristiano, no del grupo pequeño patrocinado por la iglesia. ¿Te imaginas la diferencia que haría si todos los hogares cristianos en todas  nuestras iglesias hicieran esto realmente? Por supuesto, existen etapas en la vida cuando no pudimos hacer esto; por ejemplo, cuando mi madre estaba muriendo o cuando acabábamos de adoptar a nuestros hijos adolescentes de una familia de acogida. Son necesarios los ciclos en esto. Sin embargo, si ninguna persona en tu iglesia está practicando la hospitalidad radical, entonces eso apunta a un problema, un problema cultural desde adentro

Encuentra el resto de la entrevista aquí:

Soltería, atracción hacia el mismo sexo y la iglesia - Parte I Soltería, atracción hacia el mismo sexo y la iglesia - Parte III Soltería, atracción hacia el mismo sexo y la iglesia - Parte IV
Este recurso fue publicado originalmente en 9Marks. | Traducción: María José Ojeda
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Soltería, atracción hacia el mismo sexo e iglesia - Parte IV


Nota del editor:Este artículo es una conversación vía correo electrónico que tuvieron Sam Allberry, Rosaria Butterfield y Christopher Yuan, y que fue impulsada por 9Marks. En ella se responden algunas preguntas sobre la soltería, la atracción hacia personas del mismo sexo y la iglesia. Aquí encuentras la última de cuatro conversaciones.

En tu discipulado, ¿animas a los cristianos que tienen una fuerte atracción hacia personas del mismo sexo a buscar el matrimonio (definido bíblicamente)? Si es así, ¿qué les dices? ¿Cuánto presionas, etc.?

Butterfield: No, los cristianos son llamados a apreciar el matrimonio mientras refleja la relación entre Cristo y la iglesia. El matrimonio bíblico es diseñado por Dios, pero Dios no diseñó a todos los cristianos para el matrimonio. Y el matrimonio bíblico no debe ser visto como un fin en sí mismo. Manipular personas hacia un llamado que Dios no les ha dado es cruel, aplastante y peligroso. Debemos buscar la santidad. Dicho todo esto, si estoy discipulando a alguien que lucha con la atracción hacia personas del mismo sexo y desea estar bíblicamente casada, entonces necesitamos comenzar con disciplinas espirituales que la prepararán para ser una esposa bíblica. Ningún cristiano debe comenzar a buscar un cónyuge bíblico buscando afuera para que aparezca alguien. Debes primero buscar dentro; debes volcarte hacia las páginas de tu corazón con la Biblia en mano. Para muchas personas con atracción a personas del mismo sexo, el amor sexual que Dios celebra en el matrimonio bíblico sale de una fuerte conexión bíblica con tu cónyuge, al tener una amistad profunda basada en la confianza, al reconocer que esposo y esposa son compañeros de oración de por vida, al desear servir, agradar y ayudar a tu cónyuge, al tener una voluntad confiada para compartir, al ser abiertos en su vulnerabilidad. Si los cristianos solteros que luchan con la atracción hacia el mismo sexo son presionados por la iglesia (en realidad, manipulados) a buscar el matrimonio bíblico, la iglesia necesita evaluar lo que esto implica. Esta manipulación implica que la iglesia ve a la soltería como una ciudadanía del Evangelio de segunda clase. Y si la soltería es una ciudadanía del Evangelio de segunda clase, entonces estamos sirviendo a un Rey de segunda clase. Dios no quiera que esto sea así. Yuan: Gran pregunta. Cuando enseñaba en el Instituto Bíblico Moody, a menudo discipulaba a jóvenes estudiantes hombres. Algunos de ellos tenían atracción a personas del mismo sexo y otros no. Mi respuesta es esencialmente la misma para ambos: los animo a buscar la santidad. En mi primer libro, presenté un concepto denominado «sexualidad santa» que desarrollo en mi próximo libro titulado Holy Sexuality and the Gospel: Re-centering the Sexual Identity Conversation around Biblical, Systematic, and Practical Theology [La sexualidad santa y el Evangelio: volviendo a centrar la discusión sobre la identidad sexual en torno a una teología bíblica, sistemática y práctica]. La sexualidad santa concierne a cómo los cristianos deben vivir día a día a la luz de sus atracciones sexuales. Escogí esta frase para yuxtaponer y finalmente ayudarnos a eliminar la orientación heterosexual y/o homosexual como un paradigma de identidad personal. La Escritura es clara en que existen solo dos opciones de cómo vivir día a día a la luz de nuestras atracciones sexuales. La primera opción, si estás casado (por definición bíblica), es completa fidelidad a tu cónyuge. La segunda opción, si es que estás soltero, es completa fidelidad por medio de la castidad o la abstinencia sexual. Por tanto, la sexualidad santa es fidelidad en el matrimonio o castidad en la soltería. Cuando los estudiantes preguntan, «¿cómo sé si soy llamado a casarme o a permanecer soltero?», yo les digo que no puedo ver el futuro; sin embargo, puedo ver el presente. Cualquier situación en la que se encuentren ahora (casados o solteros), vívanla completamente para la gloria de Dios (cf. 1Co 7:17-24). Sé que los pastores a menudo se lamentan porque los hombres jóvenes en sus congregaciones están eludiendo responsabilidad y compromiso y no quieren casarse. Creo que esa sí es una preocupación, pero el problema es que esos hombres son espiritualmente inmaduros. No necesitan ser presionados para buscar casarse. Ellos necesitan ser presionados para buscar a Cristo y para andar en el camino de la gracia de Dios a través de los medios de la gracia de Dios. La mejor forma de buscar el matrimonio es creciendo en la gracia de Dios. De mi experiencia en la iglesia y en las instituciones cristianas de educación superior, vi que el problema no es que las personas están evitando el matrimonio. El problema es que casi idolatran el matrimonio (de ahí que llaman al Instituto Bíblico Moody, «Instituto de Bodas Moody»). Conocemos todos los clichés: luego de la graduación, es obvio que viene el anillo de compromiso, etc. No obstante, como pueblo del nuevo pacto, sabemos que el matrimonio no es «mejor» que la soltería. De nuevo, quiero señalarles a las personas la excelente obra de Barry Danylak, A Biblical Theology of Singleness [Una teología bíblica de la soltería]. El matrimonio entre un esposo y una esposa es temporal (Mt 22:29:30). Es solo una sombra/misterio de la realidad eterna del matrimonio escatológico entre Cristo y la iglesia (Ef 5:32). Y cuando la realidad escatológica de nuestro matrimonio final sea actualizada, no habrá más razones para la sombra (matrimonio entre esposo y esposa). Por lo tanto, la soltería no es un estado temporal previo al matrimonio. El matrimonio (entre marido y mujer) es un estado temporal previo a la eternidad. También les digo a los hombres solteros jóvenes que estoy discipulando que un llamado a la soltería no significa que sea un llamado de por vida o que no va a cambiar. El llamado de Dios puede cambiar en el tiempo. Él podría llamar a alguien a hacer algo en un capítulo de su vida y luego Dios puede llamarlo a hacer otra cosa. Debemos estar abiertos y dispuestos. Si Dios (que es soberano) no te ha provisto una ayuda idónea, entonces vive completamente en el llamado de ser soltero, gozosa, coherente y persistentemente caminando en la gracia de Dios. Si Dios a provisto alguien que potencialmente podría ser tu ayuda idónea, aborda esta relación con cuidado y en comunidad, asegurándote de buscar sabiduría de fuertes pares cristianos, mentores, pastores y padres.

Encuentra el resto de la entrevista aquí:

Soltería, atracción hacia el mismo sexo y la iglesia - Parte I Soltería, atracción hacia el mismo sexo y la iglesia - Parte II Soltería, atracción hacia el mismo sexo y la iglesia - Parte III
Este recurso fue publicado originalmente en 9Marks. | Traducción: María José Ojeda
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Soltería, atracción hacia el mismo sexo y la iglesia - Parte III


Nota del editor: Este artículo es una conversación vía correo electrónico que tuvieron Sam Allberry, Rosaria Butterfield y Christopher Yuan, y que fue impulsada por 9Marks. En ella se responden algunas preguntas sobre la soltería, la atracción hacia personas del mismo sexo y la iglesia. Aquí encuentras la tercera de cuatro conversaciones.

¿Cómo crees que la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo [en diferentes partes del mundo] ha afectado de manera general el pastoreo a los solteros?

Allberry: Ha reforzado más la idea de que una vida sin una satisfacción sexual en realidad no vale la pena. Mucha de la retórica detrás de la presión por el matrimonio entre personas del mismo sexo tiene que ver con cuán injusto es que algunas personas no puedan llamar a sus formas escogidas de intimidad «matrimonio» y cómo esto es una forma intolerable de vida para ellos. Por lo tanto, la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo ha aumentado más la distancia entre cómo nuestra cultura entiende el sexo y el matrimonio (en particular, su relación con el florecimiento humano y la cosmovisión bíblica). Los solteros ahora están hechos para sentirse aún más raros en nuestra cultura, al menos si es que permanecen en celibato. Desafortunadamente, esto subraya la idea preponderante de que la única intimidad real que importa es, en última instancia, la sexual. Yuan: La legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo ha provocado que pastorear solteros sea más difícil en el sentido que normaliza, sentimentaliza e incluso celebra algo que Dios no hace: concretamente, las relaciones entre personas del mismo sexo. Dicho eso, sí creo en un Dios que es completa y totalmente soberano sobre todas las cosas. Lo que Dios dice en su Palabra es cierto, específicamente en Génesis 50:20, «Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo cambió en bien…». Incluso en el pecado, la rebelión y la perdición de la humanidad, Dios aún es soberano. Por lo tanto, aunque el mundo normalice, sentimentalice e incluso celebre algo que Dios no hace, las personas están más dispuestas a hablar sobre sus luchas personales con el pecado sexual; y esto abre una puerta. ¿En qué sentido? Para que la iglesia no solo hable sobre sexualidad desde el púlpito de manera pastoral y compasiva (por ejemplo, no solo tratando esto como un mero tema ético, sino que más importantemente como una oportunidad pastoral) y entre nosotros con gracia y verdad (Jn 1:14), sino que también para que puedan hablar de sus propias luchas, ya sea con la pornografía, con los deseos por alguien que no es su cónyuge, con la tendencia hacia la idolatría relacional (lo que denomino codependencia) y/o con la atracción hacia personas del mismo sexo. Esta es una oportunidad para que la iglesia hable sobre esto y sea capaz de comenzar a orar unos por otros, rindiéndonos cuentas unos con otros y, por consiguiente, buscando vivir juntos santamente en comunidad. Creo que el mejor lugar para trabajar estos temas de sexualidad no es el mundo, sino que el cuerpo de Cristo. La iglesia debe ser el lugar más seguro en el mundo; sin embargo, ¿lo es? La legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo ha elevado al matrimonio como uno de los «mayores ideales de amor». Esto es precisamente lo que encontrarás en los últimos párrafos de gran parte de las opiniones escritas por el juez de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos Anthony Kennedy. Rosaria y yo escribimos una respuesta a sus escritos llamada, «Algo mayor que el matrimonio». En él argumentamos que el matrimonio no es el mayor ideal de amor; Dios lo es. Necesitamos ayudar a las personas a que no idolatren el buen regalo de Dios del matrimonio, sino que adoren solo a Dios. La fuente principal de nuestro contentamiento y gozo no debe estar en otra persona como nuestro cónyuge o nuestro novio o novia; debe estar solo en Jesucristo. Butterfield: Sí, la ha dificultado, porque la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo ha hecho que el concepto de orientación sexual sea un derecho civil. La orientación sexual comenzó como una categoría inventada en el siglo XIX que rechazaba la idea de que las personas eran creadas a la imagen de Dios y en cambio categorizaban a las personas basadas en sus diferentes objetos de deseo sexual. Esto importa porque los cristianos necesitan mortificar el pecado individual mientras que al mismo tiempo deben estar conscientes de cómo el pecado está enraizado en la cultura. En el siglo XX, la orientación sexual se transformó en un ídolo de autonomía sexual. En este siglo, se transformó en un derecho civil. El Evangelio tiene un curso que colisiona con la orientación sexual como una categoría de condición de persona; esta es precisamente la razón por la que la categoría de «cristianismo gay», célibe o no, no es bíblica y es inútil. No hay forma de ser un «amigable con los buscadores» en este clima sin falsificar la ética sexual bíblica. No obstante, el amor de Cristo que la iglesia debe enseñar hoy es amor real: el amor expiatorio, el amor sangriento de Jesús, quien conoce mejor a su pueblo y quien más lo ama. Debemos proclamar que el arrepentimiento del pecado es el umbral para Dios; que el arrepentimiento de los pecados le da gloria a Dios; que el arrepentimiento de los pecados refresca y restaura al creyente. La cultura del matrimonio entre personas del mismo sexo hace que la orientación sexual sea una excusa para el pecado, una invitación a evitar la sangre de Cristo. Para hacer frente a esto, la iglesia debe mostrar que no hay vergüenza en arrepentirse y que, al contrario, una vida de arrepentimiento y de humilde sumisión a Dios es en realidad la mejor barrera para la vergüenza, pues todo aquel que se arrepiente y cree es revestido de justicia, permanece en la sangre de Cristo y es llamado hijo e hija del Rey. Esto es verdad aun cuando luchamos con el pecado. La marca de un creyente es la unión con Cristo mientras luchamos con el pecado, incluso el pecado que nunca elegimos cometer en primer lugar.

Encuentra el resto de la entrevista aquí:

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Este recurso fue publicado originalmente en 9Marks. | Traducción: María José Ojeda
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El callejón sin salida del pecado sexual
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El callejón sin salida del pecado sexual

Los no creyentes no «luchan» contra la atracción por el mismo sexo. Yo no lo hacía. Mi amor por las mujeres no entrañaba lucha alguna.

No siempre había sido lesbiana, pero cuando me acercaba a los treinta, conocí a mi primera amante lesbiana. Me enganché y creí que había encontrado mi verdadero yo. El sexo con mujeres era una parte de mi vida e identidad, pero no era la única parte —ni siempre la mayor—. Simplemente prefería todo lo de las mujeres: su compañía, su conversación, su compañerismo, y los contornos de su/mi cuerpo. Prefería la forma de asentarse, la organización doméstica y la conformación de la comunidad lesbiana. Como una incrédula profesora de inglés, defensora del postmodernismo y el postestructuralismo, y como una opositora a todas las metanarrativas totalizantes (entre las cuales, en aquellos días, habría incluido el cristianismo), encontré paz y un rumbo en mi vida de lesbiana y la comunidad gay que ayudé a crear.

Conversión y confusión

Fue sólo después de conocer a mi Señor resucitado que llegué a sentir vergüenza por mi pecado, con mis atracciones sexuales y mi historia sexual. La conversión trajo consigo una espantosa convergencia de sentimientos contradictorios que iban desde la libertad hasta la vergüenza. La conversión también me dejó confundida. Aunque era claro que Dios prohibía el sexo fuera del matrimonio bíblico, yo no tenía claro lo que debía hacer con la compleja matriz de deseos, atracciones, sensibilidades y autopercepciones que se agitaban en mi interior y seguían definiéndome. ¿Qué es el pecado de la transgresión sexual? ¿El sexo? ¿La identidad? ¿Hasta dónde debía llegar el arrepentimiento?

Un encuentro con John Owen

En estas recién descubiertas luchas, un amigo me recomendó leer un trío de libros escritos por un antiguo teólogo del siglo XVII llamado John Owen*. Al principio, me ofendió darme cuenta de que, lo que yo llamaba «mi identidad», para Owen era el «pecado residente». Pero no abandoné la lectura. Owen me enseñó que, en la vida de un creyente, el pecado se manifiesta de tres formas: como una distorsión causada por el pecado original, como una distracción con respecto al pecado real del día a día, y como un desaliento causado por la presencia permanente del pecado residente. Al final, el concepto del pecado residente fue una ventana para ver cómo Dios pretendía cambiar mi vergüenza por esperanza. Y en realidad, la forma en que Owen entiende el pecado residente es el eslabón perdido en nuestra actual confusión cultural sobre lo que es el pecado sexual —y lo que debemos hacer al respecto—. Como creyentes, nos lamentamos con el apóstol Pablo: «Pues no hago el bien que deseo, sino el mal que no quiero, eso practico. Y si lo que no quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mí» (Romanos 7:19-20). Sin embargo, ¿qué deberíamos hacer después de lamentarnos? ¿Qué deberíamos pensar del pecado que se ha convertido en un aspecto diario de nuestra identidad? Owen lo explicó con cuatro respuestas.
1. Prívalo de comida
El pecado residente es un parásito, y se alimenta de lo que comes tú. La Palabra de Dios es veneno para el pecado cuando es acogida por un corazón renovado por el Espíritu Santo. Al alimentarte profundamente de la Palabra de Dios, estás privando de comida al pecado residente. El pecado no puede morar en la Palabra de Dios. Por lo tanto, llena de la Escritura tu corazón y tu mente. Una de mis formas de hacerlo es cantando salmos. Cantar salmos, para mí, es una poderosa práctica devocional porque me ayuda a disolver mi voluntad en la de Dios y memorizar su palabra en el proceso. Privamos de alimento a nuestro pecado residente al leer la Escritura de forma exhaustiva, en grandes cantidades, y leyendo libros completos de una sola vez. Esto nos permite ver la providencia de Dios actuando de manera global.
2. Llama al pecado por su nombre
Teniendo al pecado en casa, no le compres un collar ni una correa ni le pongas un nombre simpático. No «admitas» al pecado como una mascota inofensiva (que aún no ha sido domesticada). En vez de eso, ¡confiésalo como una ofensa horrible y échalo! ¡Incluso si lo amas! No puedes domesticar al pecado dándole la bienvenida a tu hogar. No hagas una paz falsa. No inventes excusas. No seas sentimental sobre el pecado. No te hagas la víctima. No vivas una rectitud basada en excusas. Si traes a un tigre bebé a tu casa y le pones por nombre «Peluche», no te sorprendas si un día despiertas y Peluche te está comiendo vivo. Así es como funciona el pecado, y Peluche sabe hacer su trabajo. Acechando y pudriéndose por décadas, a veces el pecado hace que el pecador crea que realmente lo tiene todo bajo control hasta que se desata sobre todo lo que construiste, apreciaste, y amaste. Sé sabio y no mimes tus pecados de elección. Y recuerda que, si estás en Cristo, el pecado jamás es «tu identidad». En Cristo, eres un hijo o una hija del Rey; eres de la realeza. Tú batallas contra el pecado porque este distorsiona tu verdadera identidad; no te defines a ti mismo por medio de estos pecados que te acompañan desde que tienes memoria y se encuentran diariamente presentes en tu vida.
3. Extingue el pecado residente dándole muerte
Owen dice que el pecado no es solamente un enemigo. El pecado es opuesto a Dios. Los enemigos pueden reconciliarse, pero no hay esperanza de reconciliación para nada que sea opuesto a Dios. Cualquier cosa contraria a Dios debe morir. Nuestras batallas contra el pecado hacen más estrecha nuestra unión con Cristo. El arrepentimiento es una nueva entrada a la presencia y el gozo de Dios. En realidad, nuestra identidad viene de ser crucificados y resucitados con Cristo:

Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si hemos sido unidos a Cristo en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección. Sabemos esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado… (Romanos 6:4-6)

Satanás usará nuestro pecado residente como chantaje declarando que no podemos estar en Cristo y pecar de esta manera en cuerpo o corazón. En esos momentos, le recordamos que tiene la razón en una sola cosa: nuestro pecado es realmente pecado. En verdad no es otra cosa que transgresión contra Dios. Pero en lo más importante, Satanás está completamente equivocado. Al arrepentirnos, estamos en el Cristo resucitado. Y el pecado que hemos cometido (y cometeremos) está cubierto por su justicia. Sin embargo, debemos pelear. Owen dice que dejar al pecado en paz es dejarlo crecer —«no conquistarlo es ser conquistado por él»—.
4. Cultiva diariamente tu nueva vida en Cristo
Dios no nos deja pelear la batalla solos en vergüenza y aislamiento. En lugar de eso, a través del poder del Espíritu Santo, el alma de cada creyente es «vivificada». «Vivificar» significa animar o dar vida. La vivificación complementa la mortificación (dar muerte), y al hacerlo así, nos permite ver la gran amplitud de la santificación, que incluye dos aspectos:
  1. Liberación del deseo de aquellos pecados de elección, experimentada cuando la gracia de la obediencia nos da el «poder expulsivo de un nuevo afecto» (para citar a Thomas Chalmers).
  2. Humildad ante el hecho de que diariamente necesitamos el flujo constante de la gracia que Dios envía desde el cielo, y de que, no importando cuánto intente engañarnos el pecado, ocultar nuestro pecado nunca es la respuesta. En verdad, el deseo de ser lo suficientemente fuertes en nosotros mismos, de manera que podamos vivir independientemente de Dios, es el primer pecado, la esencia del pecado, y la madre de todo pecado.
El eslabón perdido de Owen es solo para los creyentes. Él dice: «A menos que un hombre sea regenerado (que nazca de nuevo), a menos que sea creyente, todos sus intentos de mortificación [del pecado] . . . serán inútiles. En vano usará muchos remedios, [pero] no se sanará». ¿Qué debería hacer un creyente, entonces? Debería clamar a Dios para que el Espíritu Santo le dé un nuevo corazón y convierta su alma: «La mortificación [del pecado] no es la ocupación actual de los hombres no regenerados. Dios aún no los llama a ella; el trabajo de ellos es convertirse —que el alma entera se convierta—, no la mortificación de esta o aquella codicia particular».

Liberada para la alegría

En los escritos de John Owen, se me mostró cómo y por qué las promesas de la satisfacción sexual en mis propios términos eran la antítesis de lo que alguna vez había fervientemente creído. En vez de libertad, mi pecado sexual era esclavitud. Este puritano del siglo diecisiete me reveló cómo mis deseos y sensibilidades lesbianas eran asesinos del gozo que me conducían a un callejón sin salida. Hoy me encuentro en una larga línea de mujeres piadosas —la línea de María Magdalena—. El Evangelio llegó con gracia, pero exigió una guerra irreconciliable. En algún lugar de este sangriento campo de batalla, Dios me dio un extraño deseo de convertirme en una mujer piadosa, cubierta por Dios, y cercada por su palabra y su voluntad. Este deseo derivó hacia otro: llegar a ser, si el Señor lo quería, la piadosa esposa de un marido piadoso. Y entonces me di cuenta. La unión con el Cristo resucitado significó que todo lo demás fue clavado a la cruz. No podía recuperar mi anterior vida si lo deseaba. Al principio, esto fue aterrador, pero cuando escudriñé en lo profundo del abismo de mi terror, encontré paz. Con paz, descubrí que el Evangelio está siempre por delante. Nuestro hogar está hacia adelante. Hoy, solo por la asombrosa gracia de Dios, soy una parte escogida de la familia de Dios, donde Dios se interesa por los detalles de mi día, las lecciones de matemáticas, los macarrones con queso desparramados, y por sobre todo, las personas, los portadores de imagen de su preciosa gracia, el hombre que me llama su amada, y los hijos que me llaman madre. *La autora se refiere a los libros Of the Mortification of Sin in Believers; Of Temptation: The Nature and Power of It; y The Nature, Power, Deceit, and Prevalency of Indwelling Sin.
Rosaria Champagne Butterfield. © 2015 Desiring God Foundation. Website: desiringGod.org. Usado con permiso.
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¿Puede esta pandemia ser una oración respondida?
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¿Puede esta pandemia ser una oración respondida?

Mi esposo, Kent, fue instalado como pastor de nuestra iglesia en abril del 2012. Desde el momento en que Kent recibió el llamado, comenzamos a orar por oportunidades para amar a los vecinos de nuestra iglesia. Ubicada a cinco cuadras de una universidad de investigación progresista y adinerada (por ahora) y en la misma cuadra de un centro comunitario LGTBQ, encontramos trabas en todo momento. Intentamos parrilladas y fiestas para el vecindario. Nadie llegó. Después de ocho años en este vecindario, solo dos puntos de contacto con el barrio continúan: la Fiesta Nacional Anual Contra el Crimen (el primer martes de agosto), donde Kent y otros hombres de la iglesia sirven como maestros parrilleros, y el Día de la Reforma (el 31 de octubre), cuando nuestra iglesia distribuye dulces y tratados, y abre el edificio de la iglesia para el descanso de cientos de cansados duendes, princesas y sus padres. Sin embargo, incluso en esos eventos para todos los vecinos, sentimos la brisa fría. En agosto, los vecinos nos preguntaban si nuestra iglesia aceptaba a la comunidad LGTBQ, y si no lo hacíamos, nos preguntaban por qué estábamos ahí. En octubre, los padres le agarraban las manos a sus hijos disfrazados y cruzaban la calle, instruyéndoles que no recibieran nada de nuestras manos, ni siquiera nuestras sonrisas. Finalmente, un leve caso de vandalismo el año pasado nos desanimó a muchos de nosotros, cuando alguien usó un marcador permanente en un letrero de la entrada. El letrero original («Por favor, controle a su perro») fue pintarrajeado con «Por favor, controle a su Dios». Con tristeza, a medida que la cultura tambalea agresivamente hacia políticas de identidad, nos damos cuenta de que en lugar de representar buenas noticias para todos, nuestra pequeña iglesia se había convertido en un símbolo de intenciones sospechosas.

Sorprendente respuesta a la oración

Nosotros continuamos orando para que el Señor le diera a nuestra iglesia una razón para estar en este vecindario y para que nuestros vecinos recibieran nuestro deseo de hacerles bien. Entonces Dios respondió nuestras oraciones enviando la COVID-19, y con ella, leyes de confinamiento y restricciones estrictas contra las reuniones en grupo por cualquier razón. ¿Cómo podría ser la COVID-19 una respuesta a nuestra oración por oportunidades para amar a nuestros vecinos? Sé que esto podría sonar mal a nuestros oídos. Después de todo, Dios no es el autor ni la causa del pecado. ¿Cómo podría una pandemia mundial, la máquina asesina del nuevo virus que infesta a seis de los siete continentes, ser considerada una respuesta a la oración? ¿Y por qué alguien le agradecería a Dios por los meses de mandatos a refugiarse en casa, una intervención gubernamental agresiva cuyo daño económico y social nocivo se sentirá por generaciones? Permíteme explicarlo.

La próxima cena

La COVID-19 ha cambiado profundamente (algunos dicen, permanentemente) la cadena alimenticia a lo largo del planeta. Aquí, en Carolina del Norte, esto nos golpeó como un ladrillo en marzo. Las grandes cadenas de tiendas estaban racionando los artículos básicos y las personas entraron en pánico. Los granjeros tenían comida, pero gran parte era desperdiciada porque los negocios de los restaurantes fueron cerrados y la comida era envasada y distribuida solamente a ellos. Las políticas estrictas de confinamiento desanimaron completamente a las personas a salir de sus hogares y se alentó a todos los residentes a pedir sus alimentos a través de servicios de entregas a domicilio. La mayoría de los servicios tenían listas de espera y reglas confusas. Los brotes de COVID-19 en plantas envasadoras de carne provocaron que las personas buscaran una fuente de alimentos más limpia. Esta fue (y es) una tormenta perfecta. El alimento es una necesidad básica y la gente estaba (y está) gobernada por el pánico. Por tanto, mi hija de catorce años y yo comenzamos a trabajar entregando alimento de un programa de agricultura sostenida por la comunidad que lleva a los consumidores productos directos desde la granja, que nosotros habíamos estado usando por ocho años. Las familias pedían cajas seleccionadas y luego agregaban carne y productos lácteos a esas cajas de acuerdo a sus necesidades para esa semana. Para trabajar como repartidoras, recibimos entrenamiento rápido e intensivo. Repartir comida en una pandemia no es algo pequeño. Sin duda, es un trabajo santo.

La iglesia en una nueva perspectiva

Providencialmente, la ruta que la compañía nos asignó fue el vecindario en el cual se encuentra nuestra iglesia. En nuestro primer día de trabajo, Kent y nuestro hijo adolescente también nos ayudaron. Todos los Butterfield estaban en cubierta para ayudar. Ese primer día, nos demoramos doce horas en completar nuestras entregas. Nuestros vecinos nos recibieron con alegría y agradecimiento. Y muchos de ellos nos conocían como el pastor y la esposa del pastor de la iglesia que está en la cuadra. Las personas estaban (y están) en un estado de pánico por la COVID-19. Y que hubiera personas dispuestas a llevarles su comida significó algo para ellos. Nuestro rol como repartidores nos ha permitido ser vistos desde otro punto de vista. Después de un día agotador, nos dimos cuenta de que el edificio de nuestra iglesia también podría servir para la distribución de la comida. Nuestro edificio de la iglesia, como otros, había estado sin usar y sin abrir durante semanas por las exigencias estatales. Le ofrecimos a la compañía el uso de nuestra iglesia como una parada para el camión, y el uso de nuestra cocina, baños e instalaciones como lugar de almacenamiento y de respiro para sus repartidores. Mi hija y yo aprendimos cómo limpiar y desinfectar el edificio según el nuevo código de acuerdo a la COVID-19 y pusimos una señalización: «Este edificio practica el distanciamiento social», entregamos mascarillas extra y abrimos las puertas para la compañía.

Ganando terreno

Ahora, los martes, nuestra iglesia está abierta, viva y sirviendo. Kent y nuestro hijo se quedan en la iglesia para ayudar a los conductores con cualquier necesidad, mientras mi hija y yo repartimos comida a 35 hogares (y contando). Los vecinos que en un momento desconfiaban, ahora nos agradecen por nuestro servicio. Muchos están pidiendo oración. Después de terminar nuestras entregas, a menudo nos juntamos con vecinos preocupados e intentamos conectar a personas que necesitan alimentos con programas que sirven comida. Todos con quienes nos encontramos están en una crisis existencial. Y Dios nos ama tanto que nos nombró para servir, compartir y proclamar el Evangelio en la intensidad de esta crisis. Volvemos a casa con listas de personas por las cuales orar y servir en más maneras. En una pandemia mundial, donde las personas literalmente temen respirar, la proclamación del Evangelio con palabras y obras gana nuevo terreno. Una manera práctica en que la COVID-19 fue una respuesta a nuestra oración es que su devastación ha provisto una razón clara para que nuestra iglesia conservadora y bíblica esté ubicada en esta comunidad progresista. Dios nunca se equivoca de dirección.

Agradecer a Dios por todo

La COVID-19 también ha moldeado mi entendimiento teológico sobre el bien y el mal, la providencia y la calamidad, el pecado y el arrepentimiento, la creencia en Cristo y la gracia. Como mi hermano Drew Poplin dijo durante una reunión virtual de oración, solo quienes pertenecen a Cristo pueden agradecer a Dios por su «uso sin pecado del pecado». Y si eso es cierto respecto al pecado, sin duda también lo es respecto a la pandemia. Por tanto, estoy comprometida a agradecerle a Dios por sus propósitos en la COVID-19. La Palabra de Dios nos muestra cómo este tipo de oración funciona. El apóstol Pablo dice: «Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús» (1Ts 5:18, [énfasis de la autora]). «[...] Sean llenos del Espíritu. [...] Den siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre» (Ef 5:18-20, [énfasis de la autora]). «Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús» (Fil 4:6-7, [énfasis de la autora]). Dar gracias a Dios por todo, incluso por la COVID-19, nos humilla profundamente. Nos recuerda que la providencia de Dios es perfecta y nuestro punto de vista, erróneo. Puesto que Dios es bueno, justo y sabio, todo el tiempo y en toda circunstancia, la COVID-19, para el cristiano debe ser para nuestro bien y para la gloria de Dios.

Ídolos nacionales y personales

Dar gracias a Dios por la COVID-19 también nos posiciona para comenzar a ver el mundo desde el punto de vista de Él. La pandemia destruye nuestros ídolos de prosperidad, derriba la falsa confianza de todos los hombres y nos hace sentir inseguros en nuestras propias fuerzas (y sentirnos inseguros es lógico). Como escribe Juan Calvino en su comentario de Oseas 1:5: «no hay razón por la que debamos sentirnos seguros cuando Dios declara oponerse a nosotros y estar enojado con nosotros». Los ídolos que Dios está destruyendo son tanto nacionales como personales. Dios está señalando con su dedo a todos nuestros corazones. Si quitarnos nuestra prosperidad es la manera en que Dios nos sacudirá de nuestros pecados nacionales y personales, ¿lo daremos todo? ¿Has considerado las repercusiones de que este junio será el primero en décadas sin una marcha pública del orgullo gay? ¿Por qué esta es una gran noticia? En primer lugar, porque la identidad sexual depende de la aprobación de una audiencia que puede influir a otros a ir hacia su lado, usando una ideología de libertad personal y victimización. Una plataforma virtual atrae solo a los fieles, negándoles el oxígeno que este particular fuego necesita. En segundo lugar, sin la audiencia, la identidad sexual no puede ser normalizada. Este es el corazón de la pregunta para nosotros. ¿Estás alabando a Dios por esta interrupción? ¿O prefieres quejarte del orgullo gay (y otros pecados) desde la comodidad con aire acondicionado de tu casa, en medio de una economía que se beneficia de todo tipo de pecado?

Aquello que vencerá

Dar gracias a Dios por la COVID-19 resalta nuestra unión con Cristo. Nos muestra cómo la unión con Cristo depende de la persona y de la obra de Jesucristo en nuestras vidas y no de una audiencia de meros hombres que aprueben. Nos hace profundizar en los medios de gracia de Dios y nos hace lamentarnos por los Días del Señor que han ido y venido sin adoración pública. Por último, los cristianos que dan gracias públicamente a Dios por todas las cosas, incluso por la COVID-19, le dan la gloria a Dios y alientan a un mundo sofocado por el pánico y el frenesí, mientras pone su esperanza y confianza en sí mismo. Juan escribe: «Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. Y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe» (1Jn 5:4). La COVID-19 no vencerá al mundo. Cristo lo hará. Y nosotros estaremos en Él.
Rosaria Butterfield © 2020  Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.