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Lindsey Carlson vive en Houston con su esposo Kyle y sus cuatro hijos pequeños. Lindsey escribe a menudo en el blog WorshipRejoices.com.

Photo of Dios está en los pasillos de comida del supermercado
Dios está en los pasillos de comida del supermercado
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Dios está en los pasillos de comida del supermercado

Yo soy quien compra la comida en nuestra familia. Camino por los pasillos con distintas opciones y leo las etiquetas, buscando la comida, intentando discernir los hechos de la ficción. Esta responsabilidad habitual viene con algunos temores habituales sobre tomar malas decisiones con respecto a cómo alimento a mi familia. Escucho las advertencias en las noticias y leo sobre ellas en Internet. Las consecuencias de escoger mal pueden ser paralizantes. ¿Qué pasaría si mis decisiones de alguna manera estuvieran sentenciando a nuestra familia a un retraso en su crecimiento, a una baja inmunidad, a una enfermedad, a un cáncer o a incluso a la muerte? Es triste, pero a veces permito que la comida en mi carro me etiquete. Si camino por el pasillo de la comida orgánica que tiene comida «real», sin OGM, sin pesticidas, me siento bien respecto a mí misma y a mi maternidad. Mi orgullo lleva con gusto las etiquetas de «informada», «sabia» y «preocupada». No obstante, si mi sombra oscurece el pasillo de la «no comida» procesada y químicamente empapada, mi corazón temeroso quiere esconderse debido a la vergüenza.

Comer el pan del duro y ansioso trabajo

Nosotros los humanos somos un grupo temeroso: hemos anhelado sabiduría y control mientras hemos vivido en esta tierra, que se remonta a Adán y Eva. Nos armamos con investigaciones sobre agentes cancerígenos, con estudios sobre la exposición prolongada y con hechos sorprendentes sobre lo que tiene un nugget de pollo. Podemos saber la granja, la genealogía y la dieta específicas de cada animal de pastoreo que adorna nuestra mesa. Siento como si estuviéramos comprando paz para nuestras mentes, desviando la enfermedad con nuestra sabiduría y nuestra billetera. Sin embargo, no existe información ni dinero que pueda alterar la realidad de vivir en un mundo caído, todo se desvanece con muerte y enfermedades. ¿Debemos desechar comer saludablemente? ¡Por supuesto que no! Sin embargo, tampoco necesitamos obsesionarnos ansiosamente con cada bocado en nuestros platos, no sea que nos consuma nuestra fijación con la comida. Jesús nos dice que no debemos preocuparnos por lo que comemos o bebemos (Mt 6:25). «¿Acaso la vida no es más que la comida?». Nuestro Padre celestial es soberano en nuestra salud, en nuestros cuerpos y en el número de nuestros días, por lo que somos libres para buscar primero su reino y su justicia (Mt 6:33), no nuestro plan de comida. Cuando las preocupaciones sobre la comida provocan que retroceda por miedo y olvide el reino de Dios, necesito que el Evangelio me recuerde una y otra vez: Jesús es quien me limpia, no mi comida.

Comer del Pan de Vida

Debido a la obra de Cristo en la cruz, mi ansiedad sobre la elección de comida para nuestra familia fue reemplazada con una nueva perspectiva. Isaías 55:2 nos invita a ir a un tipo de tienda diferente; una donde compramos sin dinero. «¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no sacia? Escúchenme atentamente, y coman lo que es bueno, y se deleitará su alma en la abundancia». La abundancia que anhelamos no es el pan de la salud, sino que el Pan de Vida: ¡Jesús! (Jn 6:35). Este Pan (el que Dios nos da gratis) es el cuerpo de Cristo (Mr 14:22). Dios envió a la tierra a su único Hijo, Jesús, para vivir una vida sin pecado y para cumplir perfectamente la ley. Él fue crucificado y murió la muerte de un pecador para pagar nuestros pecados. Su sangre fue derramada por muchos, por los hambrientos (Mr 14:24). La sangre de Cristo cubre nuestra falta de fe en él y nuestro deseo de buscar y construir nuestro propio reino. Cristo pagó por todo eso, satisfaciendo la ira de Dios por nosotros, con el fin de liberarnos y darnos plenitud. Deléitate en Jesús: date un festín con el Pan de Vida y nunca tendrás hambre ni sed. Esta «supercomida» es la única que promete y entrega fielmente una vida perdurable (Jn 6:58).

Anímate y come

Necesito recordatorios constantes de que la paz no viene de mi lista de víveres, de una cuota de calorías ni de la pirámide alimenticia. La paz de Cristo que sobrepasa todo entendimiento es un regalo imperecedero de la gracia. Si su paz viniera por nuestra observancia de normas, sistemas o por nuestras obras (Ro 11:6; Ef 2:8), su gracia ya no sería gracia y las noticias ya no serían buenas. Como Pablo advirtió, debemos ser cuidadosos de no «alejarnos» por los juicios respecto a la comida. Lo que comemos no puede satisfacer nuestra alma. Hebreos 13:9 nos recuerda que es bueno para nuestros corazones darnos un festín en la gracia y ser fortalecidos por ella. A medida que planeamos nuestras comidas y compramos comida, es sabio considerar qué es bueno para nosotros. Dios nos ha llamado a ser buenos administradores de los regalos que él nos ha dado, dentro de ellos nuestros cuerpos y nuestro presupuesto. La Palabra de Dios también nos dice que la tierra es del Señor (1Co 10:26) y todo lo que en ella hay. Es él quien nos da vida, aliento y todo (Hch 17:25), incluso la gran variedad de opciones en nuestro pasillo favorito del supermercado. Debido a que Dios es digno de confianza, podemos evaluar la información y hacer nuestro mejor esfuerzo para escoger lo que parece correcto para nuestra familia dentro de todas las opciones que están frente a nosotras. Y podemos descansar sabiendo que estamos en las manos capaces, amorosas y salvadoras de Dios. Por tanto, ya sea que comas o bebas (planees, compres o cocines) o lo que sea que hagas, que tus objetivos con la comida estén gobernados por el descanso que tenemos en el Evangelio y que tengan el propósito de darle la gloria al Dador (1Co 10:31).
Lindsey Carlson © 2014 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda.
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Mamás que se quedan en casa con corazones misioneros
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Mamás que se quedan en casa con corazones misioneros

¿Alguna vez has visto a otra persona vivir tu sueño, aquello que tú de verdad, verdad querías para tu vida? Mientras le saco los lados a los sándwiches de mis hijos, escucho a mi joven amiga soltera hablar apasionadamente sobre su pronto viaje de regreso a Camboya. Antes de tomarse un tiempo fuera del trabajo ella trabajaba con niños en un orfanato y discipulaba chicas adolescentes. Ahora, ella va a usar su carrera de enfermera en una clínica médica, para construir relaciones y compartir a Jesús.  Mientras les entregaba cuidadosamente los sándwiches cortados en triángulos a mis niños, recordaba cuando había soñado con vivir al otro lado del mundo por el Evangelio. Joven, ambiciosa y llena de esperanza, iba a dar mi vida a cualquier lugar lejano que Dios pusiera frente a mí. «¡Donde sea, Señor!». Estudié Evangelismo en la universidad y misiones como asignatura secundaria. Incluso estaba comprometida con un hombre que se dirigía hacia el mundo, que se estaba especializando en misiones. Juntos, no podíamos esperar para seguir a Cristo hasta los confines de la tierra. Diez años después, el especialista en misiones y yo estamos felizmente casados, pero no estamos al otro lado del mundo. Al contrario, estamos haciendo discípulos en los suburbios de Houston con nuestros cuatro hijos, viviendo la misión de Dios de una manera muy diferente. Agradecida y feliz por ser esposa y madre (¡y lo soy!), aún siento una enorme carga por aquellos pueblos que viven en oscuridad, esperando escuchar las buenas nuevas de un Salvador. Aparte de cortar los sándwiches en formas de naciones africanas, he tenido que preguntar una y otra vez cómo este corazón misionero que se dirige hacia el mundo puede seguir latiendo y actuando dentro de esta vida de mamá suburbana.

En casa con el mundo

Asumir la responsabilidad de ser de una mamá o esposa que se queda en casa no exige abandonar mi deseo de ver al mundo rendirse a Dios en adoración. Realmente creo que podemos tener ambas cosas. Puedo servir como esposa y mamá y mantener mis ojos fijos en las misiones (todo desde la relativa comodidad de mi hogar). Isaías nos dice que el Señor quiere a sus «hijos desde lejos» y a sus «hijas desde los confines de la tierra» y a «todo el que es llamado por mi nombre y a quien he creado para mi gloria» (Is 43:6-7). ¡Hay trabajo por hacer! Dios desea que todos escuchen y tiene hijos que aún deben escuchar su voz. El corazón de Dios quiere redimir al mundo, reunir a su pueblo de cada nación. Un día, él será adorado por personas de toda tribu y lengua. Hasta que ese día llegue, debemos disponer nuestras vidas a hacer conocido su nombre entre todos esos pueblos. Nuestros corazones crecerán y crecerán para la gloria de Dios a lo largo del mundo, porque a él le importa que su gloria esté entre cada pueblo y en cada lugar.

Entonces, ¿qué puede hacer esta ocupada mamá?

Incluso si no tenemos planes para cambiarnos y vivir físicamente en una tierra extranjera, si es que estamos entre los que han escuchado y recibido el Evangelio y han sido injertados en el pueblo de Dios, nuestros corazones deberían haber sentido un cambio radical, desde nuestra perspectiva pequeña y personal a la gran perspectiva global de Dios. Y cuando ese cambio sucede en nuestros corazones, y en nuestros hogares, existen muchas otras cositas que podemos hacer, por el poder de Dios, que pueden tener un impacto alrededor del mundo.
1. Podemos escuchar y aprender
Ábrete y aprende sobre los pueblos y naciones únicos que Dios creó (cada uno de ellos a su imagen). Ve cuán parecida eres a ellos en relación al pecado y a la necesidad. Tenemos algo gigante en común con cada persona en cada lugar del planeta: nuestra desesperación por el perdón. En lugar de ignorar a personas que no puedes ver en Houston, puedes conocerlas y amarlas por medio de recursos como Joshua Project. El amor se mueve hacia la necesidad, pero no cuando no ve las necesidades.
2. Podemos enseñarles a nuestros hijos
Mientras escuchas y aprendes, haz que tus hijos se unan al viaje. Muéstrales lo que Dios te muestra sobre el mundo y ayúdalos a entender que todo es parte del mundo que nuestro Dios creó. Enséñales la insuficiencia de otras religiones y la suficiencia de Cristo. Enséñales a tener una conciencia cultural y dales una firme comprensión de la verdad como fundamento y lentes a través de los cuales puedan verla. Pídele a Dios que ablande sus corazones por los perdidos alrededor del mundo.
3. Podemos orar
Ora por los grupos de personas que no han sido alcanzados, para que la Palabra de Dios salga y para que las personas se arrepientan y se acerquen a la fe. Ora para que Dios envíe obreros al campo de las naciones. Ora para que el Espíritu Santo abra los ojos y los corazones para que los hijos escogidos de Dios encuentren su familia verdadera y perdurable.
4. Podemos dar
Identifica maneras en las que puedes dar tu tiempo, dinero y recursos para apoyar lo que Dios está haciendo alrededor del mundo. Ayuda a financiar a aquellos que van hacia las naciones u ofrécete de voluntaria para orar por necesidades y trabajos específicos. Haz compañerismo con ellos sacrificial y alegremente, sabiendo que el valor de la Palabra de Dios está siendo llevada a todos los pueblos.
5. Podemos ir
Incluso si no puedes vivir ahí a largo plazo, anda y ve el gran mundo de Dios. Conoce todo tipo de personas que son muy, muy diferentes a ti. Conéctate con ellos para que tengas una pasión mayor para orar por ellos cuando vuelvas a casa. Ponle caras al dolor y a la necesidad del Evangelio de la que leemos. Presencia las cosas buenas que Dios está haciendo por medio de la iglesia, incluso en los lugares difíciles. Reflejemos el deseo de Dios por una familia global en nuestras familias. No podemos conformarnos con nuestros propios sueños cuando hemos conocido algo mejor, más valioso y global: el Reino eterno de Dios. Vivamos con un corazón que late y suplica la gloria de Dios y las misiones a nivel mundial, ya sea en nuestras cocinas en Houston o en un campo misionero en el Medio Oriente.  El lugar donde tus hijos y tú recuesten sus cabezas en la noche no te retiene para servir a Dios por el bien de las naciones. Esta es tu misión (local y global) para ver el nombre de Dios glorificado en toda la tierra hasta el día cuando toda rodilla en todo lugar se doble.
Lindsey Carlson © 2014 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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Cómo acompañar a mis amigos en su pérdida de peso
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Cómo acompañar a mis amigos en su pérdida de peso

He tenido sobrepeso toda mi adultez. Aunque no todos los kilos extras que las personas tienen están directamente relacionados con el pecado, sé que muchos de los que yo tengo sí lo están. Históricamente, he pasado por temporadas en las que enfrento mi pecado directamente y por otras en las que he evitado completamente lidiar con él y he permitido que la complacencia gobierne el día. Sin embargo, este último año, he experimentado victoria tanto en mi corazón como, quizás en una medida más pequeña, en la pesa que tengo en mi baño. De los años de subidas y pérdidas, sé que un par de kilos perdidos no significan que la batalla haya terminado. El buen regalo de Dios de la pérdida de peso viene de su gracia, pero también de mi propio sudor y lágrimas. Hacerle la guerra al pecado es de un día a la vez, por medio de las debilidades y de la tentación, de la oración y de la confesión, y a través de una mejor alimentación y del ejercicio continuo. Afortunadamente, Dios me ha dado amigos valiosísimos que me acompañan en el camino de la pérdida de peso. Por medio de sus palabras compasivas, sus palabras de ánimo para perseverar, sus preguntas difíciles y perspicaces, su amor sin condición y su aceptación sin importar el peso que tenga, me han animado a buscar la imagen de Cristo. Estos amigos han sido un consuelo para mi alma en un mundo que a menudo ve los kilos extra como un estigma, incluso dentro de la iglesia. Como iglesia, debemos luchar por ser un dulce refugio y un equipo alentador los unos con los otros. Si Dios te ha puesto en la vida de un hermano o hermana como yo, que batalla con el peso, a continuación quisiera compartirte cinco maneras en las que puedes acompañarlos en este camino hacia la pérdida de peso:
1. Mira el panorama completo
A veces, las elecciones pecaminosas e insaciables tienen como consecuencia más kilos. A veces, el pecado no es parte del gran panorama. Nuestros cuerpos son hermosos y están rotos. Creados intrincadamente y hermosamente funcionales, también dan testimonio de la maldición. Esto significa que ninguno de nuestros cuerpos funciona exactamente como debería, todo el tiempo. El envejecimiento, el embarazo, los desbalances hormonales y un sinfín de otros factores a menudo llevan tanto a hombres como a mujeres a experimentar el indeseable resultado de la subida de peso. Los kilos extras no siempre son el resultado de un pecado continuo o no arrepentido. No tengas miedo de hacer un par de preguntas, más bien asume lo mejor de una persona hasta que sepas que su peso es el resultado del pecado en su vida.
2. Ten paciencia
Danos tiempo. Ten paciencia para que Dios convenza al pecador. Ten paciencia para que el pecador pida ayuda. Ten paciencia para que el pecador acepte la ayuda. Ten paciencia para que Dios obre dentro de su corazón con el fin de ajustar sus deseos. Ten paciencia para que toda la obra del Espíritu dentro de esa persona produzca resultados visibles en el exterior. Las batallas a largo plazo con el pecado y la carne toman tiempo y energía y el fruto de la obediencia podría florecer lentamente. A diferencia de las dietas de moda que tienen un efecto rápido, Dios bastante a menudo cambia a las personas por medio de un proceso de santificación lento y seguro. No solo debemos ser pacientes, sino que también debemos animar a nuestros amigos que luchan a que tengan paciencia consigo mismos mientras esperan la obra de Dios.
3. Llévanos al Evangelio
Para el creyente con sobrepeso o que tiene obesidad, los kilos extras se pueden sentir como un fracaso espiritual o un castigo divino. Sin embargo, Cristo ya cargó todo nuestro castigo y Dios ya no está enfurecido con aquellos que han puesto su confianza en él. La grasa del cuerpo no puede separar a los creyentes del amor de Dios en Cristo Jesús. No es un requisito para nuestros amigos perder peso, tener una cierta talla o llegar a un número específico en la pesa para ir a Cristo y recibir ayuda en momentos de necesidad. El Evangelio (no la pérdida de peso) es la única respuesta al quebrantamiento y es la única esperanza para un cambio perdurable. Nos relacionaremos bien con nuestros amigos cuando encontremos comunión en nuestra necesidad compartida por Jesús, no en nuestro éxito en la pesa.
4. Alienta la salud espiritual
Aprender a disciplinar la carne es desafiante y tedioso. Más que quemar calorías, todos nos beneficiaremos de un régimen de ejercicios que discipline la mente. El cerebro y el corazón a menudo son los músculos que están más fuera de forma y deben estar en forma para reflejar la nueva vida con la que debemos revestirnos como seguidores de Cristo. Debemos pedir cuentas a nuestros amigos para esculpir nuestra búsqueda personal de Dios, en nuestro entrenamiento en la justicia, para que así podamos ser fortalecidos por toda la verdad de la Palabra de Dios.
5. Celebra la gracia de la perseverancia
Da cumplidos más que acusaciones respecto a la apariencia física. Aunque notar la cintura delgada de una amiga puede entregar una afirmación positiva de que su duro trabajo está dando resultado, una buena palabra dirigida al corazón, afirmando las formas en que ves a Dios obrando, será más significativo y perdurará más. Cuando luchamos por alentar al hombre interior, animamos a quien está siendo conformado a la imagen de Cristo y a eso le seguirá un cambio exterior. En lugar de simplemente celebrar la pérdida de peso, celebra la gracia de Dios que capacita las buenas obras de perseverancia y de dominio propio.

Pesa en la luz

Los amigos que me han ayudado más a través de los años han sido aquellos que ven las necesidades de mi corazón antes de ver los problemas de peso. Me han dicho la verdad en amor, se han quedado conmigo en mi debilidad, han celebrado las victorias y me han acompañado en este viaje hacia la santidad misericordiosa y restauradora. Estos amigos han esperado pacientemente ver la obra del Espíritu en mi vida sin cintas métricas o pesajes. Si perder peso está en tus planes futuros, busca este tipo de amistades. Si esperas restaurar o fortalecer a alguien que lucha con problemas de peso, sé este tipo de amigo. Vigorícence mutuamente por medio de la Palabra de Dios y del Evangelio. Luchen juntos por la santidad (Heb 12:14). Ama, con todos tus pensamientos y palabras de «ánimo». Te exhorto, iglesia, reprende al holgazán, anima al desanimado, ayuda al débil y al que tiene sobrepeso y sé paciente (1Ts 5:14) mientras caminan juntos hacia la pérdida de peso.
Lindsey Carlson © 2015 Desiring God Foundation. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda