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Kelly Needham está casada con el cantante y compositor cristiano Jimmy Needham. Kelly es una colaboradora regular de Aviva Nuestros Corazones y sus artículos han sido parte de Desiring God, The Gospel Coalition, The Ethics and Religious Liberties Commission, Eternal Perspectives Ministries, y Crosswalk. Ha servido en ministerios de jóvenes, de universitarios y de mujeres. Es autora de Friend-ish: Reclaiming Real Friendship in a Culture of Confusion.  Kelly y Jimmy viven en Dallas con sus cuatro hijos, Lively, Sophia, Benjamin e Isaac.

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Esa carta para tu futuro cónyuge
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Esa carta para tu futuro cónyuge

Recuerdo vívidamente la primera vez que vi la pelicula Titanic. El amor apasionado entre Jack y Rose despertó algo intenso en mi pequeño corazón preadolescente. Antes de ver esta película, menospreciaba al matrimonio; ahora, consumía mis pensamientos y sueños. Para mis amigas y para mí, correr hacia un atardecer junto a nuestro respectivo Jack Dawson se convirtió en el objetivo final en la vida. Rápidamente creímos la mentira de que una relación romántica y de compromiso era todo lo que necesitamos para estar bien. El matrimonio se convirtió en un salvador. Como dijo Rose al final de la película, «…existió un hombre llamado Jack Dawson y él me salvó… en todos los sentidos en que puede salvarse a una persona». Aunque ya han pasado veinte años desde que se estrenó Titanic, el «romance como un salvador» aún está presente en nuestra cultura. Sin embargo, sorpresivamente, muchas iglesias no rechazan esta mentira; más bien, la cristianizan.

La idolatría al matrimonio

Los líderes de jóvenes, conscientes del deseo por romance y por intimidad sexual de los adolescentes de sus iglesias, están ansiosos por evitar que los estudiantes tomen malas decisiones, y con razón. Sin embargo, en vez de apuntar a un Cristo presente como el premio prometido en la pelea contra la lujuria, muchos de ellos apuntan al futuro cónyuge. Esta estrategia puede tener éxito en la preservación de la virginidad de los adolescentes cristianos, pero enfocarse en «pensar sobre tu futuro cónyuge» pierde el centro del mensaje de la Biblia que dice que solo Jesús puede satisfacernos. Una manifestación específica de esto es la práctica de escribir cartas para un futuro cónyuge. Existen docenas de artículos cristianos sobre cómo y por qué escribirle a un futuro esposo o esposa. Aunque muchas personas creen en esta práctica y animan a otros a hacerlo, pone nuestro enfoque en el lugar incorrecto. Pone sutilmente (o abiertamente) nuestra esperanza en alguien más que no es Cristo. Sin duda, el matrimonio es un regalo preciado que muchos cristianos van a recibir. Instituido por Dios antes de la caída y con el propósito de exhibir la belleza del Evangelio, el pueblo de Dios debe tener al matrimonio en alta estima. Sin embargo, el matrimonio no es un salvador. En última instancia, no puede rescatarnos, redimirnos ni satisfacernos. No tiene el poder final para salvarnos de nuestra soledad, vacío o sin sentido. Creer que el matrimonio puede hacer la obra de Dios mismo es servir a un ídolo. Por lo tanto, con el interés de poner al matrimonio en el lugar que le corresponde, a continuación doy cuatro razones para poner tu esperanza en un Cristo presente en vez de en un futuro marido o esposa.
1. Dios no promete el matrimonio
Dios entrega muchas promesas para los que están en Cristo, pero ninguna de ellas incluye un cónyuge. Sí, el matrimonio es un maravilloso regalo y uno por el que vale la pena orar, pero Dios no nos garantiza que nos vayamos a casar. Incluso para aquellos que sí se les da este regalo, no se les promete de por vida, como pueden dar fe muchos viudos jóvenes. Esta es una realidad escandalosa para muchos, probablemente debido a la mala interpretación del Salmo 37:4, «pon tu delicia en el Señor, y él te dará las peticiones de tu corazón». «Si deseamos el matrimonio», pensamos, «¡Dios dice que necesito solo deleitarme en él y él me lo dará!». Pero Dios no especifica cómo ni cuándo él nos concederá esos deseos. Por ejemplo, otros deseos a menudo subyacen al deseo por casarse: intimidad, pertenencia, plenitud y compañerismo. Sin embargo, todos ellos son deseos que Dios promete satisfacer en él, ya sea que nos casemos o no. Él no necesita el matrimonio para satisfacer el dolor en nuestros corazones; solo él es necesario. Dios nos concederá los deseos de nuestro corazón, pero de tal manera que cantemos alabanzas a Jesús, no a nuestro cónyuge. No pongas tu esperanza en una promesa que Dios no ha hecho; al contrario, ponla en un lugar seguro: en la roca de Cristo.
2. El matrimonio no puede manejar la presión
La canalización de todos nuestros anhelos en el matrimonio nos aplastará. Ninguna persona puede llevar el peso de nuestros deseos. La idea de un compañero perfecto puede perseguirnos cuando estamos viviendo junto a otro pecador. Cuando escribimos cartas románticas e idealistas a un futuro esposo o esposa, ponemos nuestros corazones en el lugar incorrecto y construimos expectativas irrealistas. Mientras más invertimos en cartas, nuestro futuro esposo o esposa menos cumplirá con nuestros estándares. La desilusión desesperante es común en los matrimonios cristianos, probablemente porque las parejas pusieron demasiada esperanza en el matrimonio mismo. El matrimonio es un terrible salvador. Pero si mantenemos a Jesús como nuestra fuente de esperanza y alegría, él nos sustentará a través de cada cambio en nuestro estado civil y de todos los altibajos de la vida de casados.
3. La soltería no es un alternativa mediocre
Esperar ansiosamente por un futuro cónyuge puede ser una manera de evitar el aguijón de la soltería prolongada y no deseada. Sin embargo, Dios no ve la soltería como una maldición (¡la ve como un don!). La Biblia considera a la soltería como una mejor alternativa, una que promueve una devoción por Jesús sin distracciones (1Co 7:32:35). Aunque es cierto que la mayoría de las personas se van a casar, eso no demuestra que el matrimonio satisfaga. Existen tantos casados infelices como solteros infelices. Ambos grupos enfrentan la misma batalla diaria: ¿lucharé para encontrar mi gozo en Jesús hoy? El anhelo por casarse sí pone al descubierto una cosa: la vida eterna se encuentra en la intimidad, en conocer y en ser conocido. Sin embargo, la intimidad para la que fuimos hechos no es una intimidad con un pecador como nosotros, sino que con Dios por medio de Jesús: «y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Jn 17:3).
4. Dios es sumamente valioso
Depositar nuestra alegría en nuestro futuro cónyuge supone que no podemos ser satisfechos ni completos sin el matrimonio. El matrimonio no es el gran premio de la vida; Dios lo es. Él es el tesoro en el campo por el que vale la pena vender todo que tenemos. En Cristo, nuestro acceso a la intimidad con Dios es segura. Conocer a Dios por medio de Cristo es encontrar vida abundante. Aunque puede ser difícil de creer, en especial en aquellos días en que nuestras oraciones parecen rebotar en el techo, los Salmos dan testimonio de esta realidad en todos lados:
  • «¿A quién tengo yo en los cielos, sino a ti? Fuera de ti, nada deseo en la tierra» (Sal 73:25).
  • «Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos...» (Sal 84:10).
  • «…En tu presencia hay plenitud de gozo; En tu diestra hay deleites para siempre» (Sal 16:11).

Aunque no podemos ver, tocar ni escuchar a Dios como podemos hacerlo con un ser humano como nosotros, él es más real y más disfrutable de lo que puede ser la intimidad humana. ¡Acércate a él y él se acercará a ti (Stgo 4:8)! Toma la energía que podrías poner en la meditación sobre un futuro cónyuge y medita en Dios, que se ha revelado a sí mismo a nosotros en las páginas de la Biblia.

El matrimonio que se nos prometió

El final de Titanic representa una reunión celestial de todos los que murieron en la tragedia de 1912. Una juvenil Rose atraviesa la multitud y se acerca a su único y verdadero amor, aquel que la salvó. Finalmente, ella se reúne con Jack. Para siempre, amén. Cristianos, ¿reconocen esta narración? Es una sombra del final feliz que nos espera. Un día, nos reuniremos con nuestros amigos y familiares creyentes, y finalmente veremos a nuestro único y verdadero amor cara a cara, aquel que nos salvó en todos los sentidos en que puede salvarse una persona. Sin embargo, no será nuestro cónyuge, sino Jesús. Su amor nos salva, nos satisface y nos sustenta. Casados o solteros, solo él puede ser la figura central en nuestras vidas. No pongas el peso de tus deseos, esperanzas y sueños en un matrimonio terrenal, sino que en Cristo. Solo su amor es lo suficientemente fuerte para sustentarte.
Kelly Needham © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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La aceptación del duelo del aborto espontáneo
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La aceptación del duelo del aborto espontáneo

Tenía veintiún años, y uno de matrimonio, cuando esas dos líneas rojas aparecieron por primera vez. Nos alegramos por la preciosa vida que se nos estaba confiando. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de comenzar a sangrar y finalmente sufrir un aborto espontáneo en el baño de un aeropuerto lleno de gente, donde esperaba abordar un avión para ir a Houston. Nunca voy a olvidar la terrible confusión emocional que sentí al verme forzada a vivir ese momento tan íntimo en un lugar público, sucio y lleno de gente. Cada persona que estaba en ese terminal fue como un intruso en el momento de dolor más crudo para mí. Al no tener muchas amigas casadas, y menos aun embarazadas, me sentí sola y confundida. Afortunadamente, llevábamos una vida ocupada en ese entonces, por lo que suprimí gran parte de mis emociones y continué con una actitud de “mejor suerte para la próxima, supongo”. Un par de años más tarde, después de haber perdido dos bebés más, no fue tan fácil suprimir las emociones. Estando consciente del poder de Dios para sustentar la vida, sentí que el aborto espontáneo hundió mi fe. Mis intentos de conciliar las promesas de Dios con mis circunstancias me mantuvieron batallando con él por un tiempo. Aunque siempre agradezco a Dios por probar mi fe, recuerdo, como si fuera ayer, la agobiante discordancia de las circunstancias chocando contra la verdad. El aborto espontáneo es la tarjeta de membresía de un club al que nunca quisiste pertenecer; de una sociedad de mujeres que llevan la insignia de la infertilidad, del parto de un bebé muerto, de un aborto espontáneo o de un aborto voluntario. Mujeres que comparten tus emociones, preguntas, crisis de fe y aislamiento; mujeres cuyos deseos de ser madres han sido interrumpidos abruptamente por el sufrimiento. Como miembro de ese club, quiero compartir contigo seis exhortaciones para atravesar este tiempo de desafío.
1. Acepta el duelo
El duelo llega cuando pierdes para siempre algo valioso. Si has sufrido un aborto espontáneo, vivir el duelo es una emoción apropiada. Es más, tu duelo glorifica a Dios puesto que comunica al mundo que la vida es valiosa desde la concepción y merece ser llorada cuando se pierde. Dependiendo de cuán reciente sea tu pérdida, haz espacio para el duelo. Aparta treinta o sesenta minutos al día para estar sola. El dolor del aborto espontáneo nos ataca inesperadamente. Cuando una compañera del trabajo nos cuenta que está embarazada, o cuando estamos ordenando el armario y encontramos unos tests de embarazo extra, puede llevarnos por olas de emociones en los peores momentos. Apartar tiempo con anticipación genera espacio para esos momentos de escabullirse y llorar. Llorar es bueno para nuestra alma en tiempos de luto; no intentes evitarlo. Acéptalo.
2. Da una buena batalla
Para mí, saber que Dios tiene el control de la vida y de la muerte hizo que fuera difícil acercarme a él tras sufrir un aborto espontáneo. Él era legítimamente soberano sobre mis circunstancias y, por lo tanto, parcialmente responsable de mi dolor. Por primera vez en mi caminar con Dios, me acerqué vacilante a él, preparándome para más dolor. En esos momentos, el hecho de haber caminado con Dios por tantos años me impidió cuestionar la verdad de la Biblia porque regularmente experimentaba su realidad y la del Dios del que hablaba. Sabía demasiado como para alejarme. Sin embargo, realmente tampoco sabía cómo avanzar. ¿Cómo podía orar cuando desconfiaba de las intenciones de Dios? ¿Cómo podía leer la Palabra cuando mi vivencia traía duda en vez de ratificación? Batallar en medio de tu fe, dudas y miedos toma tiempo y valentía. No hay atajos hacia Peniel, el lugar donde Jacob luchó con Dios (Gn 32:24-32). Como Jacob, para avanzar debemos enfrentar nuestros miedos, a solas con Dios. ¿Aún buscas otro camino? Puedes avanzar con una máscara de fe, escondiendo tu corazón lleno de miedo y dudas, o puedes rehusarte completamente a avanzar, pero ambos caminos dan cuenta de un corazón duro. Cuando tu fe es probada por medio de un aborto espontáneo, da una buena batalla. ¿Qué quiero decir con esto? Tres cosas: lucha con humildad, con honestidad y con paciencia.
  • Lucha con humildad: aunque Dios nos manda acercarnos a él con valentía y libertad, él sigue siendo Dios; por lo tanto, hay que temerle. Dios no está en juicio aquí. Los pecadores como nosotros merecen una cosa de él: muerte eterna y juicio. Sin embargo, si lo conocemos, sabemos que él nos ha perdonado. No tenemos ningún derecho de actuar como jueces de Dios. Sin embargo, podemos acudir a él con preguntas, porque no entendemos qué pasa. No acuses a Dios; hazle preguntas.
  • Lucha con honestidad: por favor, seamos personas que creen en la verdad por sobre nuestros sentimientos y vivencias. No obstante, en tiempos de duelo, no creo que sea lo mejor reprimir los sentimientos y repetirnos versículos bíblicos a la fuerza. Sé honesta con Dios sobre cómo te sientes, sobre las dudas que tienes acerca de sus promesas, sobre el enojo que sientes porque tus amigas están embarazadas, etc.
Sin embargo, ten cuidado: no toda honestidad tiene una motivación correcta. Existe una honestidad que busca distanciarse de Dios (“¡Me siento traicionada por ti, Dios! ¡Hasta aquí llego con la fe!”), y por otro lado, hay una honestidad que busca cercanía con él (“Me siento traicionada por ti, Dios, no sé cómo acercarme a ti, pero si me muestras cómo, voy a intentarlo”). Sé honesta con Dios, pero hazlo con la esperanza de reconciliarte con él, no de alejarte más. Que los Salmos te guíen en el camino a medida que aprendes a acercarte a Dios con honestidad y fe.
  • Lucha con paciencia: si vas a hacerle preguntas a Dios, dale tiempo para que te responda. Si esperas escuchar su suave murmullo (1R 19:9-14), tu vida de oración no puede consistir en solo hablar y no escuchar. Aprende la disciplina de esperar en Dios. Crea momentos de espera activa a solas y en silencio. Lee los Salmos y pon atención a cómo los salmistas esperan en Dios. Sé paciente y escucha.
3. Ayuda a los demás a ayudarte
Una sorprendente parte del duelo es darse cuenta de que a menudo tienes que ayudar a tus seres queridos para que ellos te ayuden a ti. Asumimos que nuestros amigos y familiares saben lo que necesitamos y saben instintivamente qué decir. Sin embargo, la mayor parte del tiempo, la gente derrama su compasión en formas inútiles y torpes. Mantente preparada para decirles a tus amigos qué es lo que necesitas, qué pueden decir y qué no, cómo pueden ayudar y qué cosas no ayudan. “¿Puedes llamarme las tardes de los jueves por un tiempo? Ese es el día y la hora en que sufrí la pérdida del bebé, y esos días son más difíciles que el resto. Creo que me ayudaría tener a alguien con quien hablar”. “Por favor, no me digas cómo Dios va a usar esto para algún bien. Me hace sentir que debiese dejar de estar triste y que debiese dar vuelta la página. En vez de eso, ¿podrías preguntarme cómo está mi relación con Dios? ¿Puedes preguntarme si estoy luchando humildemente con él en medio de esta situación?” “No hay problema con que no sepas qué decir. Honestamente, solo prefiero tener tu compañía y no hablar de este tema todo el tiempo. ¿Puedes venir hoy para preparar la cena juntas y hablar de otra cosa?” Está dispuesta a decirle a otros lo que necesitas. Para eso se requiere humildad, pero te bendecirá a ti y a ellos.
4. Deja que el aislamiento te lleve a Dios
El duelo aísla. Para aquellos que están casados, un aborto espontáneo a menudo puede crear un abismo entre los esposos. Tu marido no va a entender por qué o cómo te sientes, y está bien. Sinceramente, nadie va a entender completamente lo que estás sintiendo, porque no han llevado esta muerte en sus cuerpos como tú lo has hecho. Sin embargo, en vez de tratar de arreglarlo y de intentar que todos entiendan, deja que esa sensación de aislamiento te lleve al trono de Dios. Él entiende la pérdida y el aislamiento en formas que no están a nuestro alcance.
5. Encuentra una forma de recordar
Cuando alguien muere, hacemos cosas para recordarlos: guardamos fotografías o una cosa favorita de ellos. Sin embargo, cuando pierdes un bebé que aún no ha nacido, generalmente no tienes cosas tangibles de ellos. No obstante, puedes hacerlas. Para los tres que perdimos, Jimmy hizo una pintura que está en nuestra cocina y me permite recordarlos. Además tengo una caja de recuerdos de ellos: tests de embarazos, ecografías, pulseras de cuando estuve en el hospital al sufrir las pérdidas, enteritos que compré para sorprender a la familia con la noticia de que estaba embarazada, etc. Perdimos nuestro tercer bebé cerca de la Navidad, así que compramos un adorno para recordarlo. Aún me encanta sacarlo cada Navidad, aunque es una sensación agridulce.
6. Permanece en la Palabra
Sigue leyendo tu Biblia diariamente. No necesariamente para obtener respuestas, sino porque nada bueno viene cuando dejamos de ver con claridad el carácter inalterable de Dios expresado por medio de su Palabra inspirada. Si permanecemos en la Palabra, aun cuando luchamos, ella nos revivirá. “Este es mi consuelo en medio de mi dolor: que tu promesa me da vida” (Sal 119:50).
Este recurso fue publicado originalmente en Revive Our Hearts. | Traducción: María José Ojeda
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La femineidad para la gloria de Dios
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La femineidad para la gloria de Dios

Hombres y mujeres son diferentes. Una afirmación aparentemente obvia, pero que causa debate actualmente. Nuestro mundo está luchando para convencernos de que, aparte de sus sistemas reproductivos, no existen diferencias significativas entre hombres y mujeres. La lógica funciona así: 1) hombres y mujeres deben ser iguales; 2) igualdad significa que somos lo mismo; 3) por lo tanto, para que los hombres y las mujeres sean verdaderamente iguales, deben ser lo mismo. Sin embargo, igualdad no significa misma identidad. Este concepto es ampliamente comprendido en muchas áreas de la vida. Piensa en las culturas del mundo: las culturas asiáticas, europeas y sudamericanas son todas muy diferentes. Se conectan de manera distinta, comen diferentes alimentos y celebran de otras maneras.  ¿Es una cultura mejor que la otra? ¿Deben todas las iglesias del mundo ser exactamente las mismas para que puedan ser iguales? Por supuesto que no. Son las diferencias dentro de las culturas del mundo las que traen tanta belleza y valor a la raza humana. ¿Son hombres y mujeres iguales en su valor y dignidad intrínseca? Sí  ¿Deberíamos luchar por esto? ¡Por supuesto! No obstante, no despojemos a cada género de su belleza, propósito y fuerza únicos al forzarlos a ser lo mismo. Hombres y mujeres sin duda son iguales, pero no son lo mismo.

¿Por qué discutir sobre la femineidad bíblica?

Planeo tomarme un par de semanas para publicar una serie de artículos sobre este tema de femineidad bíblica. ¿Por qué este tema es tan importante para mí? Por muchas razones. En primer lugar, soy profundamente leal a Aquel que ha perdonado mi alma de la muerte devastadora y eterna; por lo tanto, me preocupo profundamente por lo que Él tiene que decir sobre mi femineidad. En segundo lugar, creo que el mismo Dios amoroso fue increíblemente intencional respecto a cómo y por qué Él creó al hombre y a la mujer; por lo tanto, lo que Él tiene que decir es la fuente más confiable. Por último, soy un ejemplo vivo de que «la verdad los hará libres» (Jn 8:32). Mi vida está llena de gozo, paz, propósito y contentamiento como resultado de las mismas verdades que espero compartir en estas próximas semana. Así que este tema es tan profundamente personal para mí como profundamente teológico. Entonces, habiendo reconocido a Dios como el Creador del hombre y de la mujer, y a la Biblia como nuestra única, indiscutible y autoritativa Palabra de Dios, discutiré el hermoso diseño de nuestra femineidad en las próximas semanas.

Comprendamos la influencia del feminismo

Miren que nadie los haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no según Cristo (Col 2:8).
Otra razón por la cual voy escribir sobre esto se debe al gran esfuerzo que nuestra cultura está ejerciendo para minimizar las distinciones de género diseñadas por Dios. Cualquier movimiento hacia un mundo donde el género no importa es una agresión al diseño de Dios y a su propósito para la humanidad como portadores de su imagen. Aunque los principios del mundo siempre serán contrarios a Cristo, los últimos 50 años han concentrado un gran esfuerzo, por parte del movimiento feminista, para destruir las distinciones de género. La mayoría de nosotras creció bajo la influencia de esta ideología y nunca nos hemos tomado el tiempo de reconocer el potencial impacto que tiene en nuestro pensamiento. Vale la pena hacerse la pregunta: ¿has sido discipulada por el movimiento feminista? El latido del feminismo son los derechos de las mujeres, principalmente relacionado con los hombres. «Igualdad significa ser lo mismo» es una verdad asumida. Concretamente, si las mujeres fueran realmente iguales a los hombres, entonces tienen el derecho de ser exactamente iguales a los hombres en todo sentido. Aunque existen algunos pasos que dar hacia la igualdad que el feminismo ha asegurado con justicia (el derecho a votar, un salario igualitario, etc.), la mayoría del movimiento asumió falsamente que una mujer solo tiene valor cuando es como un hombre, despojando efectivamente a la femineidad de todo lo que la hacía hermosa, única y poderosa. Gracias al feminismo, la idea de que las mujeres son claramente diferentes a los hombres y llamadas a diferentes cosas parece obsoleta. En la actualidad, todos los roles son intercambiables, y todos tienen el derecho de determinar su propia definición de masculinidad y femineidad. El feminismo sacó a Dios de la ecuación y propagó la mentira de que nosotras podemos determinar lo que significa ser una mujer, y nadie tiene el derecho de decirnos lo contrario. Cuando una ideología es así de dominante en nuestra cultura, es inevitable que empecemos a creer parte de ella sin siquiera cuestionarla. Debemos estar armadas con una visión bíblica de la femineidad para pensar críticamente respecto a nuestra cultura para asegurarnos de que no estamos siendo cautivas por «vanas sutilezas, [...] conforme a los principios elementales del mundo». ¿Qué pensamientos has tenido sobre la femineidad bíblica? ¿Te asustas cuando piensas lo que la Biblia tiene que decir sobre las mujeres? ¿O crees que la Biblia es verdad y que libera a las mujeres? ¿Has considerado que Dios podría tener algo que decir sobre nuestra femineidad? ¿Qué influencia ha tenido el movimiento feminista en ti y en cómo te ves a ti misma y a otros? Esta serie abarcará:
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Fe, humildad y la gloria de Dios: los fundamentos de la femineidad
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Fe, humildad y la gloria de Dios: los fundamentos de la femineidad

En el artículo anterior, presenté lo que será una serie de varias partes sobre lo que la Biblia tiene que decir respecto a la femineidad. Describí brevemente la influencia del feminismo también. Respecto a esa observación, es la influencia del feminismo lo que hace que este tema sea tan delicado. Existen muchos libros, opiniones y puntos de vista sobre este asunto, y me importan muy poco. Solo hay una fuente que me importa ver cuando se trata de mi femineidad, y esa es la Biblia. Aunque citaré a otras personas, sus opiniones son valiosas para mí en la medida que basen todos sus argumentos en la verdad integral de la Palabra de Dios. Pero antes de sumergirnos en lo que la Biblia dice acerca de la femineidad, debemos adoptar una postura correcta en el corazón. Debido a que estos temas tienen el potencial de crear tensión y conflicto, necesitamos asegurarnos de que nos acercamos a ellos con tres fundamentos básicos:
  • Un amor por la gloria de Dios: «Yo soy el Señor, ese es mi nombre; mi gloria a otro no daré» (Is 42:8).
  • Un deseo por humildad: «Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes» (1P 5:5).
  • Un corazón de fe: «Todo lo que no procede de fe, es pecado» (Ro 14:23).

La gloria de Dios

Como cristianas, nuestro primer objetivo es extender la fama, el renombre y la belleza de Dios. Este propósito debe estar al frente y en el centro de todo lo que hacemos, incluso en nuestro acercamiento a este tema. A diferencia de la visiones de género egocentristas del mundo, nosotras queremos una visión de género centrada en Dios. La primera mención del hombre y de la mujer en la Biblia gira entorno a Dios. Génesis 1:26-27 declara: «Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza [...]”. Dios creó al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó». Dios creó dos expresiones de humanidad, hombre y mujer, para reflejarse a sí mismo. Nuestra femineidad no se trata de nosotras, se trata de Dios y de reflejar quién es Él. No reflejamos a Dios simplemente como humanos, sino que específicamente como hombres y mujeres. Esto es importante porque Dios es trino. Dios es uno y Dios también es Padre, Hijo y Espíritu Santo. La unidad y la diversidad en un Dios. De igual manera, hombres y mujeres son ambos humanos. Es con esta unidad de especies y diversidad de expresión que reflejamos a Dios completamente. Es por esto que una expresión bíblica de la femineidad es importante: para darle la gloria a Dios.

Humildad

La Biblia nos dice que el orgullo en realidad nublará nuestro entendimiento; nos engaña (Jr 49:16). En otras palabras, nos transformará en necias. Demasiado a menudo, la discusión de la femineidad viene desde el orgullo: «cualquier cosa que puedas hacer, yo la puedo hacer mejor». Mujeres, necesitamos crear una defensa para nuestro género a medida que nos acercamos a la Palabra de Dios. Dios mismo ya nos ha dado un gran valor y nos ha dado más peso y dignidad de lo que nosotras nos hemos dado. Acerquémonos a su Palabra y a su visión sobre nuestra femineidad con humildad, dándole su lugar apropiado como Dios.
Todas las criaturas, con dos excepciones que conocemos, han tomado voluntariamente los lugares que les fueron asignados. La Biblia habla de ángeles que se rebelaron, y por lo tanto, fueron expulsados del cielo; y de la caída del hombre. Adán y Eva no estaban satisfechos con el lugar que se les asignó. Fue, de hecho, la mujer, Eva, quien vio la oportunidad de ser algo más de lo que fue diseñada para ser: la serpiente la convenció de que ella podía ser fácilmente «como Dios» y tomó la iniciativa. ¿Qué clase de mundo habría sido si Eva hubiera rechazado el ofrecimiento de la serpiente y le hubiese dicho: «no me dejes ser como Dios. Déjame ser lo que fui diseñada para ser; déjame ser mujer»? —Elisabeth Elliot.
Dios tiene el derecho de definir nuestra femineidad; es por eso que vamos a la Biblia para buscar dirección. Después de todo, fue Dios quien creó a la mujer y, por lo tanto, sabe cómo florecemos. A medida que vemos su diseño para la mujeres, no debemos responder con orgullo, pensando que sabemos mejor que Dios lo que es bueno. Ese fue el pecado original de Eva. Al contrario, respondamos con humildad permitiendo que Dios tenga la palabra final sobre la femineidad.

Fe

Junto con la humildad, necesitamos acercarnos con fe. Muchas mujeres no quieren escuchar lo que la Biblia tiene que decir sobre la femineidad porque dudan de que Dios esté por ellas, de que Él quiere grandes cosas para las mujeres. ¡Recuerda, estamos hablando de un Dios bueno y misericordioso que recorrió distancias impensables para salvarnos! Ejercitemos la fe en que Dios quiere cosas buenas para sus hijas. Recuerda, Jesús honró grandemente a las mujeres que sus discípulos llegaron a reprenderlo. Con una fe viva en un Dios redentor, ¡veremos que la femineidad bíblica se trata de la libertad de ser lo que fuimos diseñadas para ser! Aunque podrían existir limitaciones en este proceso, las limitaciones en sí mismas son parte de ser libres. Necesitamos una fe fuerte en la bondad de Dios para aceptarlo.
A cada criatura de Dios se les ha dado algo que podría llamarse un inconveniente, supongo, dependiendo de la perspectiva de cada uno. El elefante y el ratón podrían quejarse de su tamaño; la tortuga, de su caparazón; el ave, del peso de sus alas. El don y la capacidad específica de cada criatura definen sus limitaciones especiales. Como el ave que acepta fácilmente la necesidad de cargar sus alas cuando descubre que son, de hecho, las alas las que la levantan, hacia arriba, lejos del mundo, hacia el cielo, hacia la libertad. De igual forma, la mujer que acepta las limitaciones de la femineidad descubre en esas mismas limitaciones sus dones, su llamado especial: alas que, en realidad, la llevan a la perfecta libertad, a la voluntad de Dios. —Elisabeth Elliot.
Que Dios nos dé gracia para preocuparnos de su gloria, de humillarnos ante Él y de ejercitar nuestra fe en su bondad por nosotras, a medida que continuamos estudiando la femineidad bíblica.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Mujeres, somos influyentes
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Mujeres, somos influyentes

En el principio, Dios creó a la mujer como una ayuda, un soporte, una asesora (Gn 2:18, 22). Aunque nuestra cultura se burle de tal rol en la sociedad, hay un gran y verdadero honor en él. A la única otra persona que se le da el título de ayuda en el Antiguo Testamento es a Dios. La palabra hebrea para ayuda es ezer. Aquí hay algunos pasajes que describen a Dios como un ezer: «Levantaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra» (Sal 121:1-2). «Nuestra alma espera al Señor; Él es nuestra ayuda y nuestro escudo» (Sal 33:20). «Pero yo estoy afligido y necesitado; oh Dios, ven pronto a mí. Tú eres mi ayuda y mi libertador; Señor, no te tardes» (Sal 70:5). Cuando decimos que Dios es nuestra ayuda, nuestro ezer, lo exaltamos: nuestro escudo, nuestro libertador. ¿Acaso Dios es inferior a nosotros porque es nuestra ayuda? ¡No! Al contrario, Dios es elevado cuando admitimos la necesidad de su ayuda, porque no podemos en nuestras propias fuerzas. Por lo tanto, ¿por qué nosotras, como mujeres, deberíamos sentirnos inferiores al ser creadas para ayudar? ¿Por qué si entendemos que los hombres no pueden solos, que necesitan nuestra ayuda para cumplir su rol dado por Dios? No somos más inferiores que los hombres porque fuimos creadas para ayudar, así como Dios no es inferior a nosotras cuando Él es nuestra ayuda. Como Dios es una ayuda para su pueblo, así la mujer fue creada para ser una ayuda para el hombre. Ser ayudante conlleva una característica única: la capacidad innata de influir en otros. Influir es «la capacidad o poder de ser una fuerza convincente o que produce efectos en las acciones, el comportamiento y las opiniones de otros». Es algo poderoso que Dios le confió a nuestro género. Lamentablemente, nuestra capacidad de influir ha sido manchada por el pecado. La influencia que tenía el propósito de ayudar ha transformado a las mujeres en expertas manipuladoras, que solo influyen para su propio beneficio egoísta, dañando a otros. Una frase de Mi gran boda griega resume esto de buena manera: «el hombre podría ser la cabeza del hogar, pero la mujer es el cuello. Y ella puede girar la cabeza en la dirección que quiera». La mayoría de nosotras, sabemos que eso es cierto. Las mujeres, por medio de sutilezas, de matices, de emociones y de un hábil manejo del tiempo, normalmente pueden obtener lo que quieren, en especial de los hombres. Sin embargo, la manipulación es una perversión de nuestro diseño. Sí, nuestro propósito era acompañar a otros y ser una fuerza convincente en sus acciones, comportamientos y pensamientos. No para nuestro beneficio egoísta, sino que para el bien de ellos y para la gloria de Dios. Somos llamadas a influir en otros para la gloria de Dios.

Mujeres influyentes en la Biblia

Si miras la Biblia, encontrarás a muchas mujeres influyentes. Muchas ejercen esta influencia de maneras pecaminosas, egoístas y manipuladoras (piensa en Dalila, Jezabel y Herodías). No obstante, cuando fue usada para la gloria de Dios, la fuerte influencia de una mujer salvó a una nación completa (piensa en Ester). Por lo tanto, ¿cómo se ve ser una fuerza convincente sobre las acciones, el comportamiento y los pensamientos de otros para la gloria de Dios? Veamos a dos mujeres de la Biblia que modelan esto para nosotras de manera hermosa: Abigail y Ester. Si no estás familiarizada con estas historias, te animo a que te tomes un tiempo para leer 1 Samuel 25 y el libro de Ester. A continuación, intentaré resumir sus historias.

Abigail: 1 Samuel 25

Abigail era inteligente, criteriosa y hermosa, pero estaba casada con un hombre malvado, necio y rico llamado Nabal (v. 2, 3, 25, 33). Describamos el escenario: David había sido ungido como el próximo rey de Israel, pero Saúl aún estaba vivo y estaba buscando matar a David debido a sus celos. Por esta razón, David vive una vida de fugitivo junto a algunos hombres fieles mientras evita la ira de Saúl. Durante su tiempo en el desierto, conoce a los pastores de Nabal y los protege. Después de descubrir que Nabal estaba trasquilando sus ovejas (un tiempo de celebración y festín), envía a sus hombres para pedirle un favor de vuelta: principalmente, alimentos y provisiones. Nabal, al ser el necio arrogante que era, responde con desprecio y falta de respeto: «¿quién es David?». Al escuchar eso, un ofendido David toma su espada y junto a 400 de sus hombres atacan a Nabal y a toda su familia (claramente, una reacción exagerada). Entra Abigail, la heroína de la historia. Piensa por un momento cómo se podría haber sentido cuando uno de los pastores de Nabal le informa la situación. Cuatrocientos hombres vienen a hacerle la guerra a su familia. Aquellos que amas: hijos, sirvientes, familiares, todos a punto de ser asesinados. No solo eso, David, el ungido de Dios, también había tomado una decisión necia que muy probablemente podría poner en peligro su futuro reinado como rey. ¿Qué harías tú? ¿Llevarte a tus seres queridos y correr a esconderte? Si Nabal muere, no tendrías que seguir casada con este necio. Sin embargo, no es así cómo responde Abigail. Al contrario, ella se echa la culpa para que la vida de su marido sea perdonada, aun cuando él es el necio; no corre a esconderse, sino que se avalanza hacia los cuatrocientos hombres listos para la batalla con valentía. Ella prepara doscientos panes, dos jarras de vino, cinco ovejas preparadas, cinco medidas de grano, cinco racimos de pasas, doscientas tortas de higo (¡ese es un festín!). Ella carga todo esto sobre burros y los envía con algunos jóvenes hacia David. Abigail misma se sube a un burro y se dirige a él por un camino oculto. Noten su táctica cuando llama a David. Ella se humilla y lo honra como el ungido de Dios y se inclina ante él. Ella inmediatamente se echa la culpa y ruega gracia para su necio marido, pidiéndole a David que olvide sus actos. Entonces, ella recurre a la posición de David como el futuro rey de Israel, recordándole que él no querrá esta mancha en su expediente (v. 30-31). Ella le recuerda a David que no le corresponde a él vengarse, sino que es el Señor quien lo defiende. Para rematar, ella le ofreció la comida que le preparó a él y a sus hombres como un regalo, que fue lo que David originalmente le pidió a Nabal. Abigail usó tiempo, formas sutiles de ánimo y razonamiento, humildad y sus propios recursos para prevenir la guerra. Ella llevó con éxito los ojos de David de vuelta al Señor: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que te envió hoy a encontrarme». Ella salvó a su familia: «Si tú no hubieras venido pronto a encontrarme [...], no le habría quedado a Nabal ningún varón». Pensarías que después de tan cansador y emocionante día, ella podría haber regresado a casa para encontrarse con un esposo agradecido, ya que él la puso en peligro en primer lugar. No obstante, Nabal había estado de fiesta y estaba borracho. Abigail podría haber traicionado a Nabal y haber permitido que David lo asesinara, pero lo salvó sin mucha recompensa para ella. ¡Qué hermosa imagen de influencia desinteresada! Abigail fue una fuerza convincente sobre las acciones y pensamientos de un hombre poderoso y benefició a casi todos los que la rodeaban, menos a ella. Vale la pena notar que este tipo de desinteresada influencia solo es posible cuando Dios es tu más grande tesoro y tu mayor bien.

Ester: el libro de Ester

Un hombre llamado Mardoqueo fue sacado de Israel cuando los judíos fueron exiliados por el rey Nabucodonosor (esta historia se encuentra en 2 Reyes 24). Mardoqueo estaba criando a su prima menor, Ester, puesto que era huérfana. Vivían en la ciudadela de Susa, bajo el reinado del rey Asuero. Después de que la esposa del rey de ese entonces le faltara el respeto públicamente, él le quita el título de reina y comienza a buscar una nueva reina. Ester entra en la carrera con todas las otras jóvenes vírgenes de la tierra para ser consideradas para el puesto de reina. Ella gana el favor del rey y ¡se convierte en la nueva reina de Persia! Por instrucción de Mardoqueo, a lo largo de todo el proceso, ella no revela que es judía. Mientras Ester es coronada, el conflicto se avecina. Amán, la mano derecha del rey, odia a Mardoqueo y conspira maneras para acabar con él. Su plan: persuadir al rey para que emita un decreto con el fin de exterminar de la tierra a todos los judíos. El rey, inconsciente de que su reina era judía, firma este plan y el decreto es publicado. Mientras los judíos se enteran de su inminente muerte, Mardoqueo se acerca a Ester, le pide que vaya ante el rey y le suplique por el pueblo judío para que los libere de la muerte. Aquí es donde se encuentra el dilema de Ester: si ella se acerca al rey sin haber sido llamada, pone en riesgo su vida, puesto que cualquiera que se acercara al rey sin ser llamado era condenado a muerte, a menos que el rey los liberara al extenderles su cetro de oro. Ester, movida a la acción por la petición de su primo, le pide a su pueblo que ayune por ella y decide acercarse al rey sabiendo muy bien que podría perder su vida. Ella concluye: «si perezco, perezco». Afortunadamente, las oraciones de su pueblo fueron respondidas y ¡el rey mostró misericordia con ella cuando se acercó a él! Cuando él le pregunta cuál es su petición, Ester pide al rey Asuero y a Amán que vayan a un banquete con ella. Ellos aceptan y en el banquete el rey vuelve a preguntarle: «¿cuál es tu petición, Ester?». Ella le pide al rey y a Amán que vayan con ella a otro banquete. En este segundo banquete Ester finalmente le dice al rey cuál era el propósito de su acercamiento. Ella da a conocer que su propia vida y la de su pueblo están en peligro de aniquilación. Cuando el rey pregunta quién es el responsable de eso, ella responde: «¡El adversario y el enemigo es este malvado Amán!» (7:6). El rey le cree a su reina y ordena que maten a Amán. ¡El rey exalta a Mardoqueo, lo pone en la posición de Amán y libera a todos los judíos!

Características de una influencia piadosa

Por lo tanto, ahora que hemos recordado la historia de estas dos mujeres, discutamos las cosas en común que vemos en ellas. A continuación, muestro cuatro características de la influencia piadosa que vemos en la vida de Abigail y de Ester.

Sumisas a la autoridad

Tanto Abigail como Ester son radicalmente sumisas a las autoridades a las que estaban sujetas. Aunque el esposo de Abigail era un necio, ella aun así le mostró gran honor en cada oportunidad. Aunque ella podría haberlo traicionado, suplica misericordia para él y se echa la culpa de sus necios errores. Incluso después de haber recorrido grandes distancias para liberar a su familia y lo encuentra en casa borracho, ella no interrumpe su fiesta para contarle lo que había pasado. Honor radical a una autoridad necia (1S 25:24-28, 36). De la misma manera, Ester continúa sometiéndose a Mardoqueo (su figura paterna), incluso después de haber sido coronada reina. Técnicamente, como reina, ella podría haberle dicho qué hacer, pero en lugar de ello, lo escucha y hace lo que él le sugiere (Est 2:10, 20; 4:9-16).

Sacrificiales

Ester arriesga su propia vida en pos de su pueblo. Es muy probable que incluso si el decreto hubiese sido ejecutado, el rey le hubiese perdonado su vida. Sin embargo, en lugar de descansar en su propia esperanza de comodidad, ella se enfrenta a la muerte con valentía (Est 4:13-17). Abigail también arriesga su vida al acercarse a esos cuatrocientos hombres armados, en lugar de solo tomar a sus hijos y huir. No solo eso, ella se echa la culpa por las necias decisiones de su esposo, ella nuevamente se sitúa en el camino del peligro. Las acciones de Abigail también son económicamente sacrificiales. ¡La cantidad de comida que prepara para David debió haberle costado mucho dinero! (1S 25:18, 20-22).

Estratégicas

Ambas mujeres muestran gran estrategia en la manera en la que se acercan a estos poderosos hombres. En el caso de Ester, ella escoge honrar y servir al rey por medio de dos banquetes antes de hacer su petición. No solo eso, ella primero apela a los propios intereses del rey antes que a los de ella. Ella puede decir que el rey la favorece y que probablemente sería triste para él perderla. Por ello, su primera petición es que su vida le sea perdonada. Es solo cuando el rey le pregunta quién fue el que cometió esta maldad que ella menciona el nombre de Amán (Est 5:3-4; 7:2-6). Piensa en las decisiones de Ester. Ella podría haber expuesto a Amán cuando se acercó al rey por primera vez. Sin embargo, eso probablemente no habría sido bien recibido. Su acercamiento inicial ya presuponía la gracia del rey al permitirle verlo sin anunciarse. Si hubiera también apuntado con el dedo a su más confiable consejero, fácilmente habría sido causa de sospecha. Sin embargo, después de dos banquetes, Ester le dio a conocer su lealtad al rey. ¡Qué astuta! Abigail expone una estrategia similar. Ella primero honra grandemente a David y se humilla (1S 25:24-25), luego apela a los intereses personales de David en el asunto. Ella le recuerda a David que un día él será rey y no querrá que esta situación esté en su expediente, así le recuerda que evitar esta guerra es por su propio bien (1S 25:30-31).

Para el bien de otros y la gloria de Dios

Finalmente, vemos que los primero benefactores de los esfuerzos de estas mujeres no son ellas mismas. Sí, a ambas se les perdonan sus vidas en el proceso, pero con un gran costo y riesgo. Es el pueblo de Dios (los judíos en Susa para Ester, y la familia y su necio esposo para Abigail) al que estas mujeres están defendiendo (Est 8:3-6; 1S 25:33-36). En el caso de Abigail, ella regresa obedientemente donde su desagradecido, borracho y necio marido. Sin una queja registrada. ¡Guau! No solo eso, ambas actúan en defensa de la gloria de Dios. Abigail previene que el rey ungido de Dios destruya su reputación. Ester, logra proteger y exaltar a su pueblo en un país extranjero. En ambas situaciones, ¡la gloria de Dios es preservada a través de su pueblo! (Est 9).

Convirtámonos en mujeres influyentes que glorifican a Dios

Como estas dos mujeres, ¡debemos resistir la manipulación egocéntrica! Al contrario, es mi anhelo que seamos mujeres piadosas que usamos la influencia que Dios nos ha dado para el avance del Reino de Dios, no para el nuestro. Busquemos beneficiar a aquellos que nos rodean, ¡no a nosotras mismas! Piensa en el peso que Dios te ha confiado como una mujer influyente y pídele creatividad para ser una ayuda para otros. A continuación, comparto un par de preguntas para ayudarte a meditar en esto:
  • ¿Dónde tienes la posibilidad de influir en otros? Podría ser un jefe o un colega, un esposo o hijos, compañeros de casa o amigos.
  • ¿Eres manipuladora como Dalila y Herodías? Sé honesta. ¿Te has arrepentido por usar tu influencia para obtener lo que quieres? ¿Por qué no hacer esto hoy?
  • ¿Está tu influencia bajo el sometimiento a las autoridades que Dios ha puesto en tu vida? ¿Tu esposo o tu padre? ¿Tu gobierno? ¿Los líderes de tu iglesia?
  • ¿Eres humilde? ¿Eres capaz de humillarte ante aquellos que influencias?
  • ¿Es tu influencia sacrificial? ¿Renuncias a tus propias preferencias y comodidades para influenciar a otros para la gloria de Dios?
  • ¿Es tu influencia estratégica? Abigail y Ester usaron el tiempo, la sugerencia sutil, la humildad y los recursos físicos. ¿Qué tienes que puedes usar? ¿Qué recursos? ¿Cómo te ha dotado Dios, natural o espiritualmente, y cómo puede eso empujar a otros a Dios?
  • ¿Es tu influencia para el bien de otros? ¿Tu influencia beneficia prácticamente a quienes te rodean? ¿De qué maneras puedes bendecir a otros por medio de tu influencia?
  • ¿Tu influencia es para la gloria de Dios? ¿Tu influencia apunta a otros a Dios, provocando que lo alaben y que estén más satisfechos en Él? Si no es así, ¿a qué apunta tu influencia? Haz una lluvia de ideas sobre algunas maneras en las que podrías alentar a quienes te rodean para buscarlo más a Él.
Que quienes nos rodean glorifiquen a Dios y encuentren más de su gozo en Él porque nosotras estuvimos en su vida. Seamos mujeres que influyen para la gloria de Dios. Para leer más artículos sobre la femineidad bíblica, haz clic aquí.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Un corazón por el hogar: parte I
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Un corazón por el hogar: parte I

En la publicación anterior, discutimos nuestro rol como mujeres influyentes. Ahora quisiera que consideráramos dónde la Biblia nos llama a tener influencia principalmente: el hogar. Ahora, si acabas de poner los ojos blancos o de sentir una punzada de miedo o de enojo al pensar que las mujeres son llamadas al hogar, escucha. No permitas que la cultura sea el formador principal de tu cosmovisión. En nuestra época en la que la carrera lo dirige todo, exhortar a las mujeres a esforzarse lo mejor que puedan para el éxito del hogar parece un insulto. «¿Acaso no es como pedirle a las mujeres que jueguen de suplentes? ¿A ser el reemplazo? ¿Una calientabanquillos? ¿A dejar que los hombres realicen todas las cosas realmente importantes, mientras ordenamos su desorden, lavamos su ropa y criamos a sus hijos?». Quizás eso es lo que crees que significa administrar un hogar… algo que haces cuando no tienes nada mejor que hacer. Incluso quienes están de acuerdo con que las mujeres deben ser las principales guardadoras del hogar, a menudo tienen una actitud que expresa lo contrario. Preferimos mucho más estar trabajando en el ministerio vocacional, escribiendo en un blog o ________ [rellena el espacio en blanco] que la doméstica y monótona vida diaria del hogar. No obstante, no te creas la mentira de que el hogar no es importante. El hogar es el establecimiento fundamental de cualquier sociedad. Como el timón de un barco, la condición de los hogares cambiará la dirección de la nación. El hogar es el lugar donde los futuros líderes del mundo son moldeados, donde las mentes brillantes son alimentadas, donde las cosmovisiones son establecidas. Toda inversión hecha en el hogar tiene un efecto en cadena que perdura por generaciones. Por lo tanto, cuando hablamos de una mujer que supervisa el hogar, no es para reducir su importancia, sino para elevarla. Dios nos ha dado influencia sobre el establecimiento más importante en toda la sociedad.

¿Dónde lo encuentro en la Biblia?

Observemos un par de pasajes clave de la Escritura sobre este tema. En lugar de hacer el trabajo de abrir estos pasajes por ti, te pido que te tomes solo un minuto para sacar tu Biblia (o tu aplicación de la Biblia), leer el pasaje tú misma y responder las preguntas. Tómate un tiempo para leer Tito 2:3-5 y responde las siguientes preguntas:
  • De las seis cosas que las ancianas deben enseñarles a las mujeres jóvenes, ¿cuántas están relacionadas con la vida familiar/del hogar?
  • ¿Qué comunica esto sobre nuestras prioridades?
Lee Proverbios 31:10-31 y responde la siguientes preguntas:
  • ¿Quiénes son los principales beneficiarios de los esfuerzos de la mujer? (vv. 11, 12, 15, 21, 23, 27).
  • ¿Trabaja esta mujer fuera de su casa? (vv. 16, 20, 24).
  • Lee nuevamente los versos 15, 21, 27. ¿Qué notas sobre la intencionalidad hacia aquellos que viven en su casa? ¿Y qué implica esto respecto a su trabajo fuera de casa?
Por último, pero no por eso menos importante, regresemos al diseño inicial de Dios para el hombre y la mujer con el fin de comprender mejor. Lee Génesis 2:7-22.
  • ¿Creó Dios a Adán antes o después de que creara el Jardín del Edén?
  • ¿Dónde fue creado Adán? ¿Dentro o fuera del Jardín?
  • ¿Dónde fue creada Eva? ¿Dentro o fuera del Jardín?
  • ¿Qué implica esto sobre hombres y mujeres?
Después de estudiar estos pasajes, es evidente que Dios ha creado a las mujeres para ser excepcionalmente influyentes dentro del contexto del hogar. Esto no significa que no pueda ganar un sueldo para su familia o dedicar su tiempo a otras empresas, como el pasaje de Proverbios 31 enmarca. Sin embargo, independiente de los otros compromisos que tenga, su principal responsabilidad  y área de influencia debe estar orientada hacia el hogar, no lejos de él. Para que puedas entender, considera un último versículo del libro de Proverbios:
La mujer sabia edifica su casa, pero la necia la derriba con sus manos (Pr 14:1).
Una mujer sabia invierte en su hogar. Se esfuerza en edificarlo, fortalecerlo y sustentarlo. La sabiduría comienza con el temor al Señor, por lo que una mujer que teme al Señor edificará su casa. Eso es exactamente lo que vemos que hace la mujer de Proverbios 31.

Para todas las mujeres

Al contrario de lo que muchas piensan, este enfoque en el hogar no es solo para las mamás de niños pequeños. No hay descripciones que indiquen cuáles son las mujeres que están en vista en estos pasajes (a excepción de la esposa en Proverbios 31), lo que supone que todas las mujeres deben tener una orientación hacia el hogar. Esto incluye mujeres solteras, mujeres casadas sin hijos, mujeres que trabajan y mujeres con el nido vacío.

¿Cuál es el objetivo?

Demos un vistazo al mandamiento de Pablo de ser «hacendosas en el hogar» en Tito 2:5. Esta frase viene de una palabra en griego: oikourgos. Es una combinación de dos palabras griegas: oikos (familia, núcleo familiar, hogar) y ergon (trabajo, tarea, resultado). El significado implícito es un esfuerzo estratégico y enfocado para el florecimiento del núcleo familiar, en concreto, las personas dentro del hogar. El objetivo predominante aquí no es solo un hogar limpio y bien cuidado ni siquiera la cantidad de tiempo que permaneces en el hogar. Puedes destrozar tu hogar por medio de una actitud negativa y crítica mientras también la mantienes limpia. De igual manera, puedes ignorar las necesidades espirituales y emocionales de familia desde la casa igual de fácil como si estuvieras trabajando 60 horas a la semana. El objetivo es una familia que esté floreciendo. Florecer se define como «crecer o desarrollarse de manera saludable y enérgica como resultado de un ambiente particularmente favorable». Es nuestra responsabilidad promover el crecimiento espiritual, emocional y físico en nuestras familias. Y aunque, como mencioné anteriormente, la presencia física en sí misma no es el objetivo final, debe ser considerada como una parte importante para crear un ambiente favorable. En resumen, debemos asumir la responsabilidad de asegurar que las personas que viven en nuestro hogar estén floreciendo física, emocional y espiritualmente.

Una motivación apropiada

Para que puedan instruir a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a que sean prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada (Tit 2:4-5). Pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada (Pr 31:30).
Tito 2:5 da un propósito de peso para entrenar a las mujeres jóvenes en la piedad: concretamente, para que la Palabra de Dios no sea blasfemada. De igual forma, la característica definitoria de la mujer de Proverbios 31 es que teme al Señor. Una búsqueda de femineidad bíblica en casa debe estar enraizada en la pasión por la gloria de Dios y la reputación de su Palabra. Nuestra primera afinidad debe ser con Dios. Somos sus hijas y debemos encontrar nuestra identidad solo en Él. Un amor floreciente por Dios es lo único lo suficientemente fuerte para sustentar nuestro servicio incondicional como mujeres en su Reino. Si nuestro trabajo en casa siempre está ligado a aquellos que se benefician de él (hombres, esposos, padres, hijos), nos sentiríamos con el derecho a obtener su aprobación y seremos sacudidas cuando estos roles cambien (muerte del esposo, hijos que se van para ir a la universidad, etc.). Sin embargo, si nuestro servicio está cimentado en una relación con Dios, los cambios en los roles o los miembros desagradecidos de nuestra familia no nos desviarán del camino ni alterarán nuestro gozo. Esto también significa que buscar una relación más profunda con Dios como Padre no es negociable. No cometas el error de hacer caso omiso a la condición de tu propio corazón en un intento de servir a quienes te rodean por ser una mujer piadosa. Jesús nos recordó que solo permaneciendo en Él y en su amor daremos cualquier fruto (Jn 15:1-5). Por lo tanto, un corazón que permanece en Cristo debe ser tu principal preocupación. Ordena tu corazón antes de que ordenes tu casa. Busca al Señor primero y encuentra plenitud de gozo en Él y comenzarás a ver florecer tu hogar (Mt 6:33, Lc 10:38-42; Sal 16:11).

Una influencia estratégica

Dos familias no tendrán las mismas necesidades. Lo que tu familia necesita dependerá de muchos factores, dentro de ellos las actividades que realizan en tu casa y cómo es el día de cada persona. Esto requiere un cuidadoso discernimiento a medida que estudias a tu familia para observar qué necesidades son las más importantes y cuáles pueden pasarse por alto a veces sin mucho impacto negativo. Esto te permite concentrar tus esfuerzos en aquello que dará más fruto. No puedes hacerlo todo. No solo eso, no puedes hacer todo lo que tu vecina o tu amiga puede hacer. Entender y vivir dentro de tus límites es algo muy humilde, reconocer que somos humanas finitas. Considera cómo se ve la obediencia a Dios en relación a tus compromisos actuales y cuánto tiempo y energía requiere. Sé consciente de lo que puedes hacer realistamente para invertir en tu familia y priorizar sus mayores necesidades, como discutimos anteriormente. Una comprensión saludable de tus limitaciones también te ayudará para saber cuándo decir que no a algo. Recuerda que las dinámicas y las actividades de una familia siempre están cambiando a medida que los niños crecen o los trabajos cambian, o los compañeros de cuarto que van y vienen. Con cada cambio de estación, es bueno reevaluar cuáles son las mayores necesidades para cultivar una familia floreciente.

Una influencia integral

En relación a tener un enfoque en el hogar, la mayoría de las mujeres lo disminuyen solo al elemento físico. No obstante, esta es una visión incompleta de ser una mujer influyente en el hogar. «Vigila[r] la marcha de [tu] casa» es mucho más que asegurarte de que haya comida en la mesa y que el baño esté limpio. A continuación, comparto tres grandes categorías en las que podemos influenciar y administrar estratégicamente nuestras casas de buena manera.

Influencia espiritual

Debes preocuparte profundamente por el clima espiritual de tu hogar y ser activa en crear un ambiente centrado en Cristo. Este es nuestro llamado como creyentes… ¡hacer discípulos! ¿Qué mejor lugar para comenzar que en el hogar? Estas son algunas sugerencias:
  1. Cuida tu propia alma y crea un espacio para buscar a Dios tú misma. No puedes dar lo que no tienes.
  2. Sé consciente de la condición espiritual de cada miembro de la familia y piensa en cómo impartir las verdades sobre Dios por medio de actividades y tradiciones diarias.
  3. Toma precauciones contra las influencias del mundo, la carne y Satanás.
Buenas preguntas que puedes hacerte: ¿tienes un tiempo adecuado para buscar a Dios en tu vida? Si no es así, ¿cómo puedes hacerte el tiempo y que puedes dejar para permitir que esto suceda? En tu casa, ¿quién es un seguidor de Jesús que ha nacido de nuevo? ¿Cómo puedes animarlo(a) en su búsqueda de Dios? ¿Quién no es salvo? ¿Cómo puedes promover conversaciones sobre Jesús y sobre qué significa tener fe en Él? ¿Con qué lucha cada persona para creer la verdad? ¿Cómo puedes recordarle la verdad creativamente a tu familia? ¿Cómo puedes incorporar la Palabra de Dios en tus rutinas y conversaciones diarias? Sin una influencia espiritual: tu casa podría estar organizada; tu familia, bien cuidada, pero podrían carecer de un conocimiento de la Palabra de Dios y de una comprensión del Evangelio de Jesús.

Influencia emocional

Como mujer, al tener la capacidad de tener hijos, eres una cuidadora natural. Esta inclinación hacia la compasión y el cuidado debe ser usada para cuidar de aquellos que están en tu hogar.
  1. Sé susceptible a la personalidad de cada miembro de la familia. Pon atención a cómo cada persona maneja el estrés y cómo se sienten recargados y animados.
  2. Sé una hacedora de paz en tu hogar. Esto significa estar consciente de cualquier dificultad relacional dentro de la casa, de cualquier conflicto y de cualquier disturbio, y busca la paz.
  3. Sé una intercesora. Ora por quienes viven en tu hogar y mira a Dios para obtener dirección en cómo ministrar a cada persona.
Buenas preguntas que puedes hacerte: ¿cómo se siente cuidado cada miembro de la familia? ¿Qué afecta más a cada persona, algo bueno o algo malo? ¿Son introvertidos o extrovertidos? ¿Cómo se recarga y se anima cada persona? ¿De qué maneras puedes animar a cada persona en sus áreas de debilidad? ¿Es tu hogar un lugar seguro para cada persona que vive en ella? ¿Qué amenaza la seguridad de tu hogar y cómo puedes deshacerte de esa amenaza? ¿Existe alguna desunión en tu casa? Si es así, ¿cómo puedes traer paz? Sin una influencia emocional: tu casa podría estar organizada y podrían estar creciendo en el conocimiento de Dios, pero podrían estar desunidos, cada persona sintiéndose aislada, abandonada y como si tuviesen que defenderse solos.

Influencia física

Aunque ser una mujer influyente en el hogar es mucho más que solo cuidar de la casa, sin duda no es menos que eso. La casa física en la que vivimos, ya sea una habitación, una habitación compartida, un departamento o una casa de casi 1000 m2, impacta grandemente la actividad de quienes viven en ella. Esto abarca todos los aspectos tangibles de la casa: comida, limpieza y orden, decoración y distribución de habitaciones, manejo de la agenda, etc. Es fácil olvidar ser estratégicas en esta área porque la mayoría de esas cosas suceden sin importar qué. No obstante, cuando se planifican los aspectos físicos y tangibles del hogar con esmero, puede ser una increíble bendición para la familia. Buenas preguntas para hacerte: ¿qué comidas disfruta mi familia que sería bueno tener los ingredientes a mano? ¿Cuál es el mejor momento de día para comer juntos como familia? ¿Qué habitaciones son las más importantes de mantener limpias? ¿Cómo puedo decorar y arreglar una habitación para fomentar la recreación, la paz, la unidad y el amor? ¿Qué actividades se realizan en mi casa frecuentemente y cómo puedo ser estratégica en ayudar a que esas actividades florezcan? ¿Cuál es la mejor manera de administrar la agenda de la familia? ¿Necesitamos decir que no a más cosas para permitir que el hogar sea un lugar de descanso y recreación? Sin una influencia física: tu familia podría estar creciendo en el conocimiento de Dios y cada persona podría sentirse cuidada, pero tu casa podría ser un caos, estar sucia y demasiado ajetreada con poco sentido de propósito y dirección. En las próximos artículos de «Un corazón por el hogar», veremos el valor de la hospitalidad y el asunto de trabajar fuera de la casa. Para leer más artículos sobre la femineidad bíblica, haz clic aquí.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Un corazón por el hogar: parte II
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Un corazón por el hogar: parte II

En la primera parte, vimos lo que significa tener un corazón por nuestros hogares, lo que la Biblia tiene que decir al respecto y cómo usar nuestra influencia allí para el bien de otros y para la gloria de Dios. Hoy quisiera que consideráramos el valor eterno de la hospitalidad. 
No se olviden de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles (Heb 13:2). Sean hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones (1P 4:9).
Nuestra influencia en casa debe ser primeramente con aquellos que viven ahí, pero no termina allí. Nuestros hogares pueden ser uno de los lugares más efectivos para el ministerio del avance del Evangelio si los usamos estratégicamente. ¿Cómo? A través de la hospitalidad. Por medio de la hospitalidad, Rahab ayudó a los israelitas a ingresar a la Tierra Prometida (Jos 2). A través de la hospitalidad, la mujer sunamita enriqueció el ministerio de Eliseo (1R 4). Por medio de la hospitalidad, Ester expuso la malvada conspiración de Amán (Est 4). A través de la hospitalidad, Jesús fue recibido en casas para enseñar y ministrar.

Definamos hospitalidad

Hospitalidad, en griego, literalmente significa amar a extraños. Esto quiere decir que aprovechamos nuestros hogares para recibir y cuidar de otros que normalmente no viven ahí. El enfoque de la hospitalidad son las personas. No tiene que ver con cuán limpia o grande esté o sea tu casa, cuán buena sea la comida o cuáles sean los planes. Al contrario, se trata de que aquellos que son recibidos se sientan amados, cuidados y ministrados. Preocuparse demasiado por la comida y el ambiente en realidad puede evitar que te preocupes por las personas a las que intentas recibir. Sé que existen ciertas personas que se sienten más cómodas en mi casa cuando está ordenada y todo está recogido. Y hay otros que se sienten en casa cuando los he recibido «tal y como está», con juguetes dispersados, platos sucios y todo. Hazte la pregunta: ¿qué permitirá que, quien sea que venga, se sienta más confortado, más bienvenido y más cuidado?

La hospitalidad como evangelismo

La hospitalidad puede ser una gran ventaja al ministrar y fortalecer a otros creyentes. La iglesia primitiva «[partía] el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón» (Hch 4:46). No obstante, la hospitalidad también puede ser un camino para evangelizar a los perdidos. ¿Qué mejor manera de amar a vecinos, a colegas, a amigos o a la familia que recibirlos en tu hogar, confortándolos y compartiendo sobre la maravillosa hospitalidad de Dios que recibe a pecadores en su familia por medio de Jesús? Demasiadas de nosotras pasamos la mayoría de nuestro tiempo con otros cristianos. Sin embargo, Jesús nos dijo que debemos ser sal y luz del mundo. Una de las maneras más fáciles y más naturales de ser sal y luz es empezar a conocer a nuestros vecinos. Deja espacio en tu agenda para pasar tiempo con ellos. Comienza a construir amistades con ellos, invítalos a cenar, a ver un partido, a que sus hijos se junten a jugar con los tuyos. Sé esa persona a la que tus vecinos puedan llamar cuando necesiten una taza de azúcar y cuando la vida se esté desmoronando. Invita a quienes no conocen a Jesús a tu casa y permíteles ver cómo es el Reino de Dios: una familia de pecadores con un gran Redentor, que se perdonan y dan gracia mutuamente, y encuentran gozo en las cosas eternas. Usa tu hogar para despertar su apetito por el Reino.

Primeros pasos prácticos

A continuación, comparto un par de simples pasos para usar tu hogar estratégicamente para el Reino de Dios. En primer lugar, crea un espacio en tu vida para tiempos de hospitalidad. No llenes cada centímetro de tu día con actividades, sino que, en lugar de ello, deja márgenes en tu agenda para recibir personas y estar disponible para tus vecinos. Un paso simple es apartar un tiempo regular cada semana para recibir a otros. Quizás no llenes ese espacio cada semana, pero tenlo disponible para invitar a un vecino o a una amiga. Pedirle a Dios que te muestre a quién puedes invitar es un buen comienzo. En segundo lugar, mantén un par de cosas básicas a mano para invitaciones espontáneas o de último minuto. Algo simple: como frutos secos o palomitas de maíz, té y café. También es útil tener a mano comidas congeladas, ya sean hechas en casa o compradas, para una reunión de último minuto. Quizás tienes una receta favorita que solo requiere comida enlatada y congelada que puedes tener a mano todo el tiempo. Por último, y lo más importante, mantente en oración y alerta. Observa a quienes te rodean (quizás colegas o vecinos) a lo largo de tu día y pídele ayuda a Dios para que suavicen sus corazones, para que Él les dé un corazón dispuesto a decir que sí cuando los invites. La mayoría de las personas, incluso si no los conoces bien, se sienten honrados al ser invitados a tu casa a comer y normalmente responden ansiosos que sí. Así que, ¡no dudes! Invita a alguien a tu casa hoy. ¡Sé creativa! Utiliza los matices de tu hogar y la vida familiar para recibir a extraños en tu vida y minístralos. Que otros digan de nosotros lo que Pablo dijo que anhelaba en Romanos 15:32: «Y para que con gozo llegue a ustedes por la voluntad de Dios, y encuentre confortante reposo con ustedes». Para leer más artículos sobre la femineidad bíblica, haz clic aquí.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Un corazón por el hogar: parte III
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Un corazón por el hogar: parte III

En la primera parte, conversamos sobre cómo Dios nos ha dado influencia sobre el establecimiento más importante en toda la sociedad: el hogar. En la segunda parte, discutimos el valor de la hospitalidad y de cómo ser estratégicas para recibir a otros. Ahora, miremos lo que la Biblia tiene que decir sobre los compromisos fuera del hogar. Esto no es un asunto blanco y negro y, por lo tanto, requiere un poco de discusión. No podemos ni debemos hacer reglas donde Dios no las ha hecho. Y en ningún lugar de la Biblia dice que la mujer no pueda trabajar ni ganar dinero. No obstante, como discutimos previamente, Dios ha ordenado claramente que las mujeres sean supervisoras del hogar. Con eso en mente, veamos un par de pasajes de la Biblia para obtener guía. Proverbios 7:11-12 dice de la mujer adúltera: «Es alborotadora y rebelde, sus pies no permanecen en casa; está ya en las calles, ya en las plazas, y acecha por todas las esquinas» En contraste, se dice de la mujer piadosa en Proverbios 31:27: «Ella vigila la marcha de su casa y no come el pan de la ociosidad». Proverbios 14:1 declara: «La mujer sabia edifica su casa, pero la necia la derriba con sus manos».

No solo trabajos, sino todos los compromisos

Si te das cuenta, ninguno de los versículos mencionados previamente lidia con trabajos. Abordan la actitud hacia el hogar. Esto no es una cuestión de pago, más bien de prioridad. Todas las mujeres deben tener en cuenta estas palabras, independiente si exista un cheque o no. Existen muchas maneras de estar ocupadas fuera del hogar en perjuicio de la familia, sea una carrera, un blog, una vida social ajetreada, un pasatiempo o incluso el ministerio. Ninguna de estas cosas son intrínsecamente malas tampoco es inapropiado comprometerse con ellas. Sin embargo, al final del día, lo que importa es cómo afecta el hogar, el establecimiento más importante de nuestra sociedad. Como discutimos en la primera parte, el lugar de principal influencia y responsabilidad para ti se encuentra dentro del hogar. Vale la pena considerar cuán excesivo es el enfoque de nuestra cultura en la carrera profesional y qué efecto podría tener en cómo piensas del trabajo. (Ve también la sección sobre el impacto del feminismo en el artículo «Femineidad bíblica»). Por supuesto, no hay nada innatamente malo en trabajar fuera del hogar (ver Pr 31:16, 20, 24), pero demasiado a menudo nos aferramos con fuerza a un trabajo debido a su importancia cultural. Otra razón por la que podríamos aferrarnos a cosas fuera del hogar es que nos da significado. Todas queremos sentirnos bien respecto a nosotras mismas, que nos pongan atención y ser apreciadas. Y la tarea de manejar un hogar no trae muchos agradecimientos y, por naturaleza, es repetitiva y servicial. Aunque invertir en el hogar tiene una importancia tremenda y eterna, es una inversión «maratónica». Y existen muchas otras avenidas donde nuestras capacidades pueden usarse con una recompensa inmediata. Por tanto, la pregunta es: ¿cómo sabes cuándo y si es correcto que tú le digas que sí a compromisos fuera del hogar?

¿Debes trabajar fuera de casa?

A continuación, comparto algunas preguntas para ayudarte a evaluar si es que un compromiso fuera del hogar es adecuado para ti. Ten en cuenta que esto se aplica también a otras oportunidades fuera del hogar no relacionadas a un sueldo como el voluntariado, las oportunidades ministeriales y los compromisos sociales.

¿Por qué estás trabajando/deseando trabajar?

  • ¿Son esenciales los ingresos para satisfacer necesidades o para satisfacer deseos?
  • ¿Trabajar es una manera de escapar o de evitar otras responsabilidades prioritarias más importantes como criar hijos, discipular, etc.?
  • ¿Está el trabajo o tu carrera profesional llenando una necesidad por satisfacción o aprobación que debes encontrar solo en Cristo?
  • ¿Tu esposo aprueba y te anima a trabajar? ¿O no está de acuerdo, pero lo permite de todas formas?
  • Si Dios te pidiera que dejaras tu trabajo para cuidar de tu familia a tiempo completo, ¿estarías bien?

¿Tu hogar puede florecer mientras estás trabajando?

  • ¿Qué responsabilidades se verán comprometidas al tú trabajar?
  • ¿Cómo se siente tu familia respecto a que trabajes?
  • ¿Puedes florecer tu hogar con excelencia mientras trabajas? ¿O solo «te las arreglas» en la casa?
  • Si ya estás trabajando, haz una evaluación honesta de tu hogar al hablar con cada miembro de tu familia. Algunas preguntas útiles para hacerles son:
    • ¿Te sientes valorado y cuidado por mí?
    • ¿Deseas con ansias volver a casa?
    • ¿Cómo te sientes respecto a mi trabajo?
    • Mi actitud hacia ti, ¿es mejor o peor desde que estoy trabajando?
    • ¿Sientes que estás floreciendo espiritual, emocional y físicamente? Si no es así, ¿está relacionado con cosas que estoy o no estoy haciendo? ¿Cómo puedo ayudarte a facilitar tu crecimiento en esas áreas?

Cómo hacer florecer tu hogar mientras trabajas

Si decides que trabajar fuera de la casa es lo mejor, recuerda que no eres menos responsable de supervisar la salud de tu hogar. Sé estratégica en potenciar tu tiempo y tus recursos restantes por el bien de tu familia. A continuación, comparto preguntas útiles para considerar:
  • ¿Puedes escoger en qué horarios puedes trabajar? Si es así, considera cuándo es el mejor momento para trabajar con el menor efecto negativo en tu hogar.
  • ¿Cuál es el mejor uso de tu tiempo más limitado en casa?
  • ¿Existe algo que puedas dejar para maximizar tu tiempo en casa? (Por ejemplo: pasatiempos, entretenimiento, compromisos sociales, etc.?).
  • ¿Puede algún porcentaje del ingreso económico adicional ser destinado para delegar otras responsabilidades domésticas y así liberarte y atender las necesidades más profundas de tu hogar? (Por ejemplo: un servicio de limpieza o comidas más fáciles y listas para preparar). Delegar es mejor que intentar hacer todo tú misma mientras te agotas y te irritas con tu familia.

Vuelve a evaluar regularmente

A medida que las vidas de quienes viven en tu hogar cambian, ajústate con ellos. Trabajar fuera del hogar podría encajar bien en un periodo, pero no en otro. Esfuérzate para revisar regularmente las motivaciones de tu corazón y el «clima» espiritual y emocional de tu casa para que trabajar no se convierta en un hábito mecánico, sino que un esfuerzo intencional.

Por qué importa

El hogar es el establecimiento fundamental de cualquier sociedad. Como el timón de un barco, la condición de los hogares conducirá la dirección de la nación. El hogar es donde futuros líderes son moldeados, donde las mentes brillantes son alimentadas, donde las cosmovisiones son establecidas. Cualquier inversión hecha en el hogar tiene un efecto en cadena que perdura por generaciones. El trabajo y el ministerio fuera del hogar usualmente parece ser la tarea más importante. Sin embargo, eso no es cierto. Es necio de nuestra parte abandonar las inversiones vitales en el hogar porque eso es lo que nuestra sociedad hace o porque es lo que me hace sentir bien. Busca maneras, cualquiera sea la época de la vida en la que te encuentres, para invertir en el establecimiento del hogar. Tómale el peso a cada oportunidad fuera de eso con seriedad, sabiduría y fe. Cambiemos el mundo a través de nuestros hogares, ¡una persona a la vez!  Para leer más artículos sobre la femineidad bíblica, haz clic aquí.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Una teología de la soltería
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Una teología de la soltería

¿Qué tiene que decir la Biblia respecto al tiempo de soltería? Ya sea que estés soltera o no, espero que tomes tiempo para asegurarte de que tu punto de vista sobre esta etapa de la vida sea bíblico y no uno influenciado por la cultura que te rodea. Recuerda, algunas de nosotras que estamos casadas, podríamos entrar nuevamente en esta etapa. No se nos promete estar para siempre con nuestros esposos, y cualquiera de nosotras puede enviudar un día. Por lo tanto, primero, veamos un par de versículos que podrían no parecer aplicables a la soltería inmediatamente, pero que en realidad tienen implicaciones directas.
Porque todos los que fueron bautizados en Cristo, de Cristo se han revestido. No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús (Ga 3:27-28). Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común (Hch 2:44).

Todas las cosas en común

Lamentablemente, tendemos a categorizarnos a nosotras mismas y a otros de acuerdo a nuestro estado civil. Al mirar a nuestro alrededor, subconscientemente, vemos a los que están dentro de las paredes de nuestra iglesia según grupos de solteros, casados, casados con hijos y así sucesivamente. Este tipo de división no debe existir en el cuerpo de Cristo. Como afirman los versos citados anteriormente, no existen divisiones para quienes están vestidos con Cristo, sino que todos los que creen deben tener todas las cosas en común. Esta división de casados y solteros es innecesaria e inútil para la unidad en el cuerpo de Cristo. Además, a menudo se cree la mentira de que aquellos que se encuentran en la categoría de casados son automáticamente más maduros que los solteros simplemente porque están casados. Bíblicamente, no existe precedente de que la soltería sea un estado menor. Tampoco existe un patrón bíblico que diga que los casados se transforman automáticamente en personas maduras. La sabiduría comienza con el temor del Señor, no con el matrimonio (Sal 111:10; Pr 9:10). Los casados han contribuido frecuentemente con este problema de división tanto, si es que no más, como los solteros. Si tú, casada, encuentras que no puedes tener amigas solteras o relacionarte con ellas, entonces has basado demasiado tu identidad en tu matrimonio y no en Cristo.

El don de la soltería

Sin embargo, quiero que estén libres de preocupación. El soltero se preocupa por las cosas del Señor, cómo puede agradar al Señor. Pero el casado se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, y sus intereses están divididos. La mujer que no está casada y la virgen se preocupan por las cosas del Señor, para ser santas tanto en cuerpo como en espíritu; pero la casada se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. Esto digo para su propio beneficio; no para ponerles restricción, sino para promover lo que es honesto y para asegurar su constante devoción al Señor (1Co 7:32-35).
La soltería es un don. Debe ser un tiempo para nosotras de aprender lo que le agrada al Señor y de dedicar nuestra atención solo a Él. La Biblia no nos da otra manera de ver esta etapa de la vida. Eso significa que en todas nuestras conversaciones sobre soltería y matrimonio, necesitamos hablar y actuar como si esto fuera una verdad absoluta. Marshall Segal habla de esto en desiringgod.org:
Pablo entiende el matrimonio como una especie de Plan B problemático de la vida y el ministerio  cristiano. Cásate si debes, pero te advierto: seguir a Jesús no será más fácil cuando te unes a otro pecador en un mundo caído. Aunque el matrimonio podría traerte alegría, ayuda y alivio en ciertas áreas, inmediatamente multiplica tus distracciones porque eres íntimamente responsable por esa otra persona, por sus necesidades, sueños y crecimiento. Es un gran llamado y uno bueno, pero uno exigente que te mantendrá lejos de otras cosas buenas. Por lo tanto, para quienes aún no están casados, nuestra soltería (temporal) es un don. Realmente lo es. Si Dios te lleva al matrimonio, nunca más conocerás un tiempo como el que estás viviendo ahora. El tiempo de soltería no son meramente las ligas menores del matrimonio. Tiene el potencial de ser un periodo único de devoción sin reservas a Cristo y de ministerio sin distracciones a otros.
Ya sea que estés soltera o casada, ¡proyectemos todas una visión mayor del tiempo temporal de nuestra soltería! Digamos la verdad: es un don. Soñemos juntas sobre cómo se vería usar la ventaja de la soltería para el avance del Reino de Dios con el tiempo y la influencia que se les da en ese tiempo.

Compartimos la misma lucha

¿Qué significa tener todas las cosas en común a pesar de nuestros estados civiles? Primero que todo, creo que significa no identificarnos principalmente con nuestros estados civiles, sino que con nuestros estados espirituales como hijas de Dios. Como pecadoras redimidas, todas estamos en el mismo bote: todas despertamos cada día con una necesidad desesperada de creer que Jesús es suficiente. Compartimos la misma lucha, ya sea que estemos casadas o solteras. Solo que las consecuencias de nuestra falta de fe se ven diferentes. Para la mujer no casada, fallar en mirar a Jesús como Salvador podría significar obsesionarse con chicos ficticios de películas emocionales y románticas o con chicos reales en sus vidas, teniendo un novio tras otro. Para una mujer casada, fallar en mirar a Jesús como Salvador normalmente significa poner expectativas excesivas en su marido, buscando en él cosas que no puede ni fue llamado a entregarle. Sin embargo, cada una de nosotras necesita responder diariamente la pregunta: «¿es Jesús verdaderamente suficiente para mí?». Ya sea que estemos casadas o solteras, luchemos juntas como hermanas en Cristo por una fe profunda y que permanece en Cristo.

Solteras en el liderazgo

La mayoría de las cristianas solteras sienten la sutil jerarquía de estar debajo de las cristianas casadas en relación a las vidas a las que les pueden hablar. ¡No permitamos esto! Cualquier estudiante de la Palabra es capaz de hablar la verdad en amor, ya sea que estés soltera o casada. ¡Necesitamos animar a las solteras maduras en nuestras iglesias a hablar! Anímalas a hablar sobre temas de matrimonio y de crianza. Cuando aparece un tema relacionado a estos, pregúntales lo que piensan. A menudo tienen una perspectiva más objetiva y una opinión que dice la verdad de todas formas. Recuerda, la sabiduría comienza con el temor del Señor. Algunas solteras son más maduras y sabias que las casadas de la misma edad. Si es así, trátalas como tales e invita a creyentes no casadas a tomar roles de liderazgo. Invítalas a hablarle a la vida de otros; a hablar la verdad en amor.

Valora su sufrimiento

Elisabeth Elliot (quien enviudó dos veces), definió el sufrimiento como «tener lo que no quieres o querer lo que no tienes». Esto significa que una mujer no casada que quiere estar casada, experimenta un poco de sufrimiento. Lamentablemente, muchas personas menosprecian este tipo de sufrimiento con comentarios trillados como: «tan solo piensa en todo el tiempo libre que tienes» o reducen su propia experiencia actual: «en realidad, no es tan maravilloso». Sin embargo, extrañamente alguno ni soñaría con decirle este tipo de cosas a una mujer que se encuentra en medio de la agonía de la infertilidad o de un aborto involuntario. Necesitamos darle el peso debido al sufrimiento de aquellas mujeres que tienen anhelos frustrados por casarse. Como la mujer infértil, debemos valorar sus anhelos, escuchar su corazón, orar para que esos deseos sean satisfechos, y siempre estar apuntándola a Jesús como el único lugar donde se encuentra la plenitud de gozo.

Unidad en la diversidad

No somos una iglesia de personas casadas con un par de solteros incluidos. Somos una iglesia de cristianos. Debemos tener todas las cosas en común y ser unificados en Cristo. Debido a que nuestra unidad está basada en un objeto tan fuerte como Jesús, ¡puede haber gran diversidad también! Esto quiere decir todo tipo de diversidad: racial, económica, educacional, generacional y relacional. Promovamos este tipo de unidad en nuestras iglesias al tener todas las cosas en común en Cristo como cristianas casadas y no casadas. Para leer más artículos sobre la femineidad bíblica, haz clic aquí.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Una esposa conforme al corazón de Dios: parte I
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Una esposa conforme al corazón de Dios: parte I

¿Recuerdas cuando discutimos que las mujeres deben ser influyentes? No existe un lugar más fácil para ver esto que en el matrimonio. Esposas, ya sea que se den cuenta o no, probablemente se han convertido en una especializada mujer influyente de sus maridos. La segunda naturaleza de las mujeres es usar la sutileza, los matices y el tiempo para animar los cambios que queremos ver en nuestros hombres. Dios es consciente de esta facilidad dentro de nosotras (¡es más, Él la diseñó!) y su propósito fue que nosotras la usáramos para el Reino de Dios y para el bien de nuestros esposos, incluso si nos es costoso. Para ayudarnos a redefinir nuestra capacidad de influenciar, Dios nos ha dado a las esposas tres mandamientos muy claros y específicos: ayudar, someterse y respetar. No es la respuesta que normalmente quisiéramos, eso es seguro. Por lo general, estas son las tres últimas cosas que quisiéramos hacer respecto a nuestros esposos, pero sin ellas, nunca los veremos florecer por medio de nuestra influencia. Amo la manera en que Elisabeth Elliot pone este concepto:
El poder de un hombre sobre una mujer está restringido por el amor; el poder de una mujer sobre un hombre está restringido por la sumisión. Toda mujer sabe que tiene maneras de obtener lo que quiere. Esto debe ser restringido. El tipo de restricción que Dios pide de ella es la sumisión.
Por lo tanto, descubramos estos mandamientos de ayudar, someterse y respetar, uno a la vez.

Ayuda

Entonces el Señor Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda adecuada.… De la costilla que el Señor Dios había tomado del hombre, formó una mujer y la trajo al hombre…. Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne (Gn 2:18, 22, 24).

La ayuda definida

Lamentablemente, la mayoría de las personas piensan que ser una ayuda es un poco más que ser una secretaria. Sin embargo, como verás, esta no es una interpretación adecuada. Esta frase, «una ayuda adecuada» es ezer neged en hebreo: ezer (ayuda) y neged (a tu lado, junto a, cerca de, correspondiente a). Esta palabra hebrea ezer es usada para referirse a Eva dos veces en este capítulo. De vez en cuando se usa para describir a Dios y cómo Él vino en ayuda de su pueblo:
Nuestra alma espera al Señor; Él es nuestra ayuda y nuestro escudo (Sal 33:20).  Pero yo estoy afligido y necesitado; oh Dios, ven pronto a mí. Tú eres mi ayuda y mi libertador; Señor, no te tardes (Sal 70:5). Oh Israel, confía en el Señor; Él es tu ayuda y tu escudo (Sal 115:9) Levantaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra (Sal 121:1-2).
¡Qué tipo de ayuda más increíble es esta! Una ayuda que escuda, que se necesita desesperadamente en tiempos de necesidad y aflicción. Esta ayuda va más allá de la de una secretaria o la de una asistente. ¡Esta ayuda es una ayuda invaluable! ¡Esposas, este es el tipo de ayuda que debemos darle a nuestros esposos!

La ayuda en contexto

Nota el final del verso 24 de Génesis: «serán una sola carne». Parte de la razón por la que este mandamiento de ser una ayuda rara vez es bien recibida en el mundo es que no entendemos que somos una unidad con nuestro esposo. Nuestra cultura, por medio de la frecuencia del divorcio y de los derechos de la mujer, promueve una visión muy individualista del matrimonio. Es como si dos personas estuvieran haciendo sus propias cosas unidos solo por cuentas corrientes, hijos y una cama compartida. No obstante, Dios nos da una imagen mayor del matrimonio: ¡una carne! Si se lastima tu pierna derecha y necesitas usar la izquierda para soportar más tu peso durante un tiempo, ¿dudarías? ¿Pensarías: «¡no es justo que mi pierna izquierda haga todo ese trabajo!»? ¡No! Ustedes son una sola unidad, una persona. Sus cuerpos funcionan juntos para el beneficio del todo. O después de ganar una competencia de arte, dirías, ¡todos los créditos van para mi mano derecha! No, tu capacidad de dibujar no es solo de tu mano izquierda, sino de tu mente, de los músculos de tu brazo, etc. El matrimonio son dos personas transformándose en una carne. Sin este contexto, el deseo de ser una ayuda para nuestros maridos nunca tendrá sentido. Siempre sentiremos que «no es justo» o tendremos un sinnúmero de pensamientos de «¿y yo?». Olvidamos que una vez que decimos «SÍ, ACEPTO», su llamado es mi llamado, su ministerio es mi ministerio, su éxito es mi éxito y su debilidad es mi debilidad. Escogemos ayudarlo voluntariamente ante todo porque Dios lo ordena y confiamos en Él, pero también porque a medida que nuestro esposo se beneficia, nosotras lo haremos.

Ayuda en acción

Por lo tanto, ¿cómo se ve la ayuda? Puesto que esta es una ayuda mayor que solo ser una secretaria o una criada, se vería inmensamente diferente para cada esposa, dependiendo de las necesidades de su hombre. ¿Recuerdas los ejemplos de cómo Dios vino en ayuda de su pueblo? A menudo, era en tiempos de gran debilidad y dolor. Por lo tanto, un buen lugar para comenzar es hacer la pregunta: «¿cuáles son las más grandes necesidades de mi esposo o sus más grandes debilidades?».
  • ¿Lucha con la depresión? La ayuda podría verse como notas de ánimo llenas de verdad, noches de cita estratégicamente planificadas, llenas de diversión, y oración constante.
  • ¿Se abruma fácilmente? La ayuda podría verse como organizar su escritorio, decir que no a más compromisos sociales para permitirle tener una agenda más simple y escoger manejar ciertas crisis sin molestarlo con ello.
  • ¿Renueva sus fuerzas al tener tiempo solo? Crea esos espacios para él, físicamente y en tu agenda. ¿Renueva sus fuerzas al tener tiempo con sus amigos? Dale la libertad de que pase tiempo con ellos u organízalo como una sorpresa.
  • Cuando reciba críticas en el trabajo, sé un lugar seguro donde él pueda compartir y escuda su corazón del desánimo al hablarle la verdad llena de Biblia.
Conviértete en una estudiante de tu esposo y pídele a Dios creatividad para brindarle ayuda vital para la gloria de Dios y el beneficio de tu matrimonio y hogar. En la segunda parte, hablaremos de la sumisión y el respeto.   Para leer más artículos sobre la femineidad bíblica, haz clic aquí.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Una esposa conforme al corazón de Dios: parte II
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Una esposa conforme al corazón de Dios: parte II

El poder de un hombre sobre una mujer está restringido por el amor; el poder de una mujer sobre un hombre está restringido por la sumisión. Toda mujer sabe que tiene maneras de obtener lo que quiere. Esto debe ser restringido. El tipo de restricción que Dios pide de ella es la sumisión.  —Elisabeth Elliot
Como esposas, tenemos influencia sobre nuestros esposos, pero demasiado a menudo usamos ese poder de maneras egoístas, manipulando para obtener lo que queremos cuando lo queremos. No obstante, ser una mujer conforme al corazón de Dios es pensar, ante todo, en Dios y su Reino, luego en otros, y por último en nosotras mismas. Por lo tanto, ¿cómo podemos crecer para tener ese corazón dentro de nuestros matrimonios? Al aprender a andar en los tres claros mandamientos que Dios nos ha dado para redefinir nuestra influencia en nuestros matrimonios: ayudar, someterse y respetar. En la primera parte, discutimos lo que significa ser una ayuda para nuestros esposos. Por favor, regresa y léelo si es que no lo has hecho aún, pues da el tono para los dos otros mandamientos. Vayamos ahora a la sumisión.

Sométete

Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo El mismo el Salvador del cuerpo. Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo (Ef 5:22-24). Asimismo ustedes, mujeres, estén sujetas a sus maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres al observar ellos su conducta casta y respetuosa (1P 3:1-2).

La sumisión definida

La sumisión no es solo para las esposas. El concepto de someterse a la autoridad es exhibida en muchas áreas a lo largo de la Biblia: hombres jóvenes se someten a los ancianos, los siervos a los amos, los hijos a los padres, y todos al gobierno, gobernantes y autoridades, y los unos a los otros. La sumisión simplemente significa operar bajo una autoridad y tener una disposición a ceder ante esa autoridad. John Piper define la sumisión de la siguiente manera: «no en términos de comportamientos específicos, sino que es una disposición a ceder ante la autoridad del esposo y una inclinación a seguir su liderazgo. Es una disposición en lugar de un conjunto de comportamientos o roles porque la femineidad madura se expresará a sí misma en tantas maneras diferentes según la situación». Estoy de acuerdo con Piper en que la sumisión es mucho más una actitud que un conjunto de comportamientos. Bíblicamente, tu esposo tiene un puesto y un rango por sobre ti. Esto no se debe a su mérito, a su capacidad o a su personalidad. Es así simplemente porque Dios le ordenó al hombre ser la autoridad en el matrimonio. Una negativa a someterse a un esposo es una negativa a someterse a Dios, puesto que fue Él quien dio el mandamiento.
La mujer madura reconoce que la sumisión es la voluntad de Dios para ella y la obediencia a esta voluntad no es más una señal de debilidad en ella como tampoco lo fue para el Hijo del Hombre cuando dijo: «No se haga mi voluntad, sino la tuya». —Elisabeth Elliot
En la sumisión hay protección y libertad. Piensa en nuestro gobierno. Funcionamos en sumisión a él cada día. Tu elección de conducir respetando el límite de velocidad y pagar lo que tomaste de la tienda es una elección de someterse al gobierno. Sin embargo, tengo libertad ilimitada cada día para hacer lo que quiera con mi día dentro de los límites establecidos por esa autoridad. Solo interviene cuando es necesario. También experimentamos protección porque esta autoridad existe. Puedo confiar en que es improbable que alguien robe mi automóvil o que huya con mi billetera porque esta misma autoridad tiene consecuencias para quienes quebrantan la ley. Nuestros esposos ofrecen la misma libertad y protección. La intervención de esta autoridad no actuará cada día. Si funcionas en las directrices y los límites establecidos por tu marido para tu familia, hay gran libertad dentro de ello. En última instancia, él responderá ante Dios por cómo te ha liderado a ti en esa forma. Por otro lado, tú responderás a Dios por cómo te sometiste a su liderazgo.

La sumisión en contexto

Hay muchas indicaciones contextuales en los versos mencionados anteriormente. Miremos un par de frases clave y conversemos lo que implican para tu sumisión como esposa: «Como al Señor»: el asunto de la sumisión al esposo no tiene nada que ver con el esposo mismo. Todo tiene que ver con Dios. Él ha dado el mandamiento y es a Él a quien obedecemos. No nos sometemos porque nuestros esposos lo merezcan, sino que porque Dios lo merece. Sométete a tu esposo porque amas a Dios y confías en Él. Sara se sometió a Abraham dos veces cuando parecía necio hacerlo. Y en ambos tiempos, ¡Dios entra y protege a Sara! (Gn 10:1-7; 12:10-20). Dios es nuestro protector y nuestro defensor y someterte a tu esposo te pone bajo su amoroso cuidado. «En todo»: esto quiere decir en lo grande y en lo pequeño, debes permitir que tu esposo sea la autoridad que es. Él podría no tener una opinión respecto a toda cosa pequeña, pero si la tiene, permítele tener autoridad incluso sobre esas pequeñas cosas. «Si alguno de ellos son desobedientes a la Palabra»: no importa cuán maduro sea tu esposo o si siquiera es salvo. El pasaje de 1 Pedro no dice «sométanse a sus esposos, a menos que sea desobediente a Dios, en ese caso, es mejor que tú lideres, puesto que él no es capaz». No, nos llama a someternos incluso cuando nuestro hombre sea desobediente a Dios. Esto no quiere decir que lo sigas al pecado. No obstante, cuando nuestros esposos no están en el camino de Dios en obediencia, debemos responder con sumisión. Esto es contraintuitivo, sin duda. Pero solo Dios puede traer cambio, y cuando nos sometemos, salimos del camino y ponemos a nuestros esposos bajo la autoridad de Dios. Recuerda, Jesús entiende esta forma de sumisión. Él decidió someterse a sus padres, aun cuando eran pecadores y él no lo era. Él era mejor, más maduro, más santo y más todo que sus padres, y aún así Él se sometió a ellos.
La sumisión voluntaria es la fortaleza [de la esposa]. Puesto que es aquello que el Creador le pide, es lo que asegura su plenitud. Es la tarea que le fue asignada que, si se realiza voluntariamente, en realidad fortalece al esposo en su debilidad. —Elisabeth Elliot

Sumisión en acción

La sumisión es el divino llamado de una esposa a honrar y a afirmar el liderazgo de su esposo y ayudarlo a llevarlo a cabo según los dones que ella recibió. La sumisión es una inclinación de la voluntad para decir que sí al liderazgo del esposo y una disposición del espíritu de apoyar sus iniciativas. —John Piper
La sumisión es más una actitud que una acción. Por lo tanto, es difícil dar especificaciones de cómo se ve esta voluntad, pues será diferente para cada esposa dependiendo de su marido. Sin embargo, si estás cultivando una actitud sumisa hacia tu esposo, su autoridad sobre ti probablemente no intervendrá tan a menudo. Pero cuando lo haga y se te pide que lo dejes tomar una decisión o liderarte a ti y a tu familia de una manera con la que no estás de acuerdo, pon tu fe en Dios y recuerda que eres llamada a someterte porque Dios te lo ha pedido. Recuerda, tu vida y tu felicidad no están en las manos de tu esposo, sino que en las manos de Dios. No existe lugar más seguro que estar en la voluntad de Dios.

Respeto

Que la mujer respete a su marido (Ef 5:33).

El respeto definido

La palabra griega usada aquí para respeto es fuerte. Solo una vez en toda la Escritura se traduce como respeto. De vez en cuando, esta palabra phobeo se traduce como temor o miedo. ¿Qué significa esto? No creo que signifique que debamos tenerle miedo a nuestros esposos. Pero sí creo que significa algo más fuerte de lo que la mayoría de las mujeres piensa cuando escuchan la palabra respeto. El concepto bíblico del temor está asociado a reverencia, importancia u honor. Esto es más adecuado para el mandamiento entregado aquí. Somos llamadas a mostrar honor y reverencia constante a nuestros esposos. Esto debe afectar todos los aspectos de nuestra interacción con ellos. ¡Cuán contracultural es esto! El aire de la cultura que nos rodea nos dice que tenemos la libertad de solo mostrarle honor a nuestros esposos cuando es digno de él. Por lo tanto, hablar de respeto incondicional es extraño para la mayoría de nosotras. No obstante, en el diseño de Dios y para su gloria, somos llamadas a mostrar reverencia y honor a nuestros esposos simplemente debido a la posición que tienen.

El respeto en contexto

No hay advertencias, no hay descargo de responsabilidad, no hay cláusulas condicionales «¿y si?» en este mandamiento. Es extremo decirlo. Incluso cuando no lo merecen, nuestros esposos merecen nuestro respeto porque Dios nos pide que se lo demos.

Respeto en acción

En palabra: ante todo esto tiene implicancias en las palabras. Incluso cuando nuestros esposos han fallado y nos han herido, no es ocasión para ser irrespetuosas con nuestras palabras. Sin duda, «ellos no merecen nuestro respeto», pero Dios no nos pidió que respetáramos a nuestros hombres solo cuando lo merezcan. Si ese fuera el caso, NUNCA tendríamos una razón para mostrarles respeto. Existe una manera de decirle a un hombre que está equivocado o que te ha herido, usando palabras vengativas, despectivas y altaneras, y también una manera de compartir lo mismo con respeto. Escoge la última. En realidad, producirá el resultado que quieres: un esposo que quiere cambiar porque te ama. Debemos reinar en nuestro estallido emocional y escoger palabras que estén llenas tanto de gracia como de fuerte verdad. En tiempo: el respeto también se manifiesta en cuándo escoges hablar. Esto significa que cuando tengas una queja que compartir, escoge el tiempo correcto. Cinco minutos antes de que tu esposo entre en una reunión importante no sería el mejor momento para compartirle tu desilusión porque olvidó sacar la basura. Como mujeres, hablamos más que los hombres; es un hecho demostrado. Podemos honrarlos al crear un espacio para que ellos nos compartan su corazón y no llenar cada segundo con conversación. Cuando tu marido llega a casa del trabajo, no lo recargues inmediatamente con información. Pregúntale por su día, escucha con atención y preocúpate profundamente por lo que a él le preocupa. En público: respeto significa honrar a nuestros esposos públicamente. Debes ser lenta para hablar negativamente sobre tu esposo a cualquier persona. David honró a Saúl (un hombre egocéntrico que buscaba matarlo) al reprender al hombre que lo asesinó diciéndole: «¿Cómo es que no tuviste temor de extender tu mano para destruir al ungido del Señor?» (2S 1:14). ¡Esta es una gran afirmación! David, más que cualquiera, había sufrido innecesariamente por el deseo egoísta y celoso de gobernar de Saúl. Sin embargo, él nunca dijo una sola palabra irrespetuosa sobre Saúl, sino que lo honró simplemente por el puesto que tenía: él era el ungido del Señor. Tu esposo podría tener muchas fallas, pero aún así él es tu esposo y merece tu honor públicamente. Confiémos en que Dios sabe lo que dice cuando nos da directrices para el matrimonio. Él creó al hombre y a la mujer. Él creó la institución del matrimonio. Confía en el Señor con todo tu corazón y no dependas de tu propio entendimiento. Reconócelo en tu matrimonio al someterte a los mandamientos que Él ha dispuesto (ayudar, someterse y respetar) y Él enderezará tu camino (Pr 3:5-6). Se te ha dado un GRAN lugar de influencia como esposa. No lo tomes a la ligera. Sométete a Dios y usa tu posición en tu matrimonio para promover el Reino y beneficiar a otros y no a ti misma. Para leer más artículos sobre la femineidad bíblica, haz clic aquí.
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Un corazón por los niños como el de Jesús: parte I
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Un corazón por los niños como el de Jesús: parte I

Esta es la última parte de la serie de «Femineidad para la gloria de Dios». Espero que, seas mamá o no, te tomes el tiempo de leer este artículo. Todas nosotras en todas las etapas de la vida nos encontramos con niños. Podrían ser los tuyos, los de unos amigos, sobrinos y sobrinas o los hijos de tus vecinos. Por lo tanto, es importante que tengamos una visión de ellos formada bíblicamente. Aunque creo que una visión bíblica de los niños es importante para todos los creyentes, es especialmente importante para las mujeres. Nuestros cuerpos están diseñados para cuidar de los niños: nuestro útero para ser el primer hogar de un niño y nuestros pechos para ser la primera fuente de alimento que reciben. Ya sea que hayamos tenido el privilegio de tener hijos o no, Dios ha diseñado a las mujeres para la crianza.

Los niños son un inconveniente: la actitud común

Lamentablemente, la actitud dominante respecto a los niños es que son un inconveniente. A continuación, comparto un par de publicidades de control de natalidad que exponen esta visión:
[Este es mi bebé ahora. Enfócate en tus planes. Evita el embarazo con Skyla.  Planes priorizados].
[Desde ahora, en nueve meses la única cosa que espero es ser más genial. Gracias control de natalidad].
[Vive la vida a tu manera. Letragard IUD es la única opción de control de natalidad que es reversible y no tiene hormonas. Su efectividad es mayor al 96 %. IUD es seguro y no es permanente, por lo que puedes escoger cuándo quieres embarazarte o si quieres hacerlo. Si te preocupa el efecto de las hormonas en tu cuerpo, infórmate más sobre Letragard IUD. Letragard IDU te da la opción de posponer el embarazo y vivir la vida a tu manera. Pregúntale a tu médico sobre Letragard o visita Letragard.com. Control de natalidad que encaja con tu vida].
[La crianza es un club de élite, donde el costo de entrada es subir casi 14 kilos y renunciar a tus sueños. YAZ UNA PÍLDORA, CERO PROBLEMAS. Control de natalidad real para mujeres realesEfectividad anticonceptiva de un 99,99 % si se toma apropiadamente].
  ¿Cuál es el mensaje? Que los hijos equivalen a subir casi 14 kilos, a renunciar a tus sueños, a ser menos genial y a no vivir la vida a tu manera. Los niños se interponen en el camino de tus planes para tu vida. Una cultura cada vez más activa sexualmente ha avivado esta actitud. Años atrás, el embarazo era el resultado normal y esperado de ser sexualmente activos. Sin embargo, gracias al control de natalidad y al aborto, los hijos ahora solo son un resultado opcional del sexo. El impulso para divorciar el embarazo del sexo está sucediendo para apaciguar un estilo de vida descaradamente egocéntrico. En lugar de tener un momento lleno de alegría, un test de embarazo positivo a menudo es recibido con miedo como si fuera una maldición, una enfermedad o un castigo. Esta manera de pensar de que los niños solo se interponen en tu camino continúa más allá del embarazo. La carrera dirige todo en nuestra cultura y los hombres y mujeres en todas partes están encontrando maneras de dejarle sus responsabilidades de crianza a las guarderías, a las niñeras y a los abuelos para que puedan continuar viviendo su vida de la manera en que ellos quieren. (Hablaré sobre qué lugar tiene el control de natalidad y el cuidado de niños en la vida de un creyente en un artículo que publicaré más adelante). No obstante, esta actitud no solo se encuentra en el mundo que nos rodea, sino que también entre aquellos que siguen a Cristo. Vemos que esto sucede incluso entre los discípulos de Jesús en Marcos 10:13: «Traían niños a Jesús para que Él los tocara, pero los discípulos los reprendieron». Imagina ese momento. Los discípulos apostaron a la misión de Jesús y dejaron todo para seguirlo. Ellos vieron un montón de mamás con niños llorando, pequeños entreteniéndose y bulliciosos niños de 7 años acercándose a Jesús. Probablemente, ellos pensaron que estaban siendo increíblemente espirituales y teniendo una mentalidad de Reino. «Todos estos niños solo retrasan a Jesús. Hay lugares donde Él debe estar, sermones que debe predicar, personas que debe sanar, ¡demonios que expulsar! Quítenlos del camino para que podamos llegar a lo importante». Los discípulos consideraron que los niños eran un inconveniente para el ministerio de Jesús. Y con mucha frecuencia hoy también lo hacen muchos de sus seguidores. Puede que no sea una carrera lo que nos haga marginar a los niños, pero sí el ministerio: «el importante ministerio que cambia al mundo».

Los hijos son un regalo: la visión bíblica de los hijos

La Biblia no nos entrega otra manera de pensar de los hijos que esta: son un regalo, una bendición, una recompensa. Regresemos a la reprimenda de los discípulos a los niños y veamos cómo Jesús respondió:
Traían niños a Jesús para que Él los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Cuando Jesús vio esto, se indignó y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí; no se lo impidan, porque de los que son como estos es el reino de Dios. En realidad les digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él». Y tomándolos en los brazos, los bendecía, poniendo las manos sobre ellos (Mr 10:13-16).
A continuación, compartiré un par de cosas que podemos aprender de Jesús respecto a los niños:

No le impidas a los niños

Los discípulos estaban intentando prevenir que estos niños llegaran a Jesús. Sin embargo, Jesús les dice que no se lo impidan. Literalmente, ¡no se interpongan en su camino! ¡No le prohibas a esos niños venir a mí! ¿Cuán a menudo nos interponemos en el camino de la curiosidad natural de un niño porque estamos demasiado ocupadas haciendo algo más importante? Un niño podría estar interesado en aprender sobre este Jesús del que hablas con tu amiga o en entender qué es lo especial de la Biblia que lees. ¿Respondemos como los discípulos en esos momentos, reprendiendo al niño: «déjame sola, anda a jugar con tus juguetes. Estoy ocupada con cosas importantes como juntarme con Jesús o hablar de Jesús»? ¡No le impidas eso a los niños! No te interpongas en su camino. Permíteles que interrumpan tus planes y tu día.

Aprende de los niños

Jesús le dice a los discípulos que esos niños inconvenientes y que quitan tiempo en realidad ¡tienen algo que enseñarles! «[...] De los que son como estos es el Reino de Dios. En verdad les digo, que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él». ¡Vaya! ¡Que tremenda afirmación! Los niños tienen algo que enseñarnos sobre Dios y sobre su Reino. No solo debemos recibir las interrupciones de los niños en nuestras vidas, debemos tener un corazón dispuesto a aprender de ellos también. Los niños tienen algo que enseñarnos sobre la verdadera fe y el amor por Dios y su Reino. ¡Esto debería hacernos querer estar rodeadas de niños! Incluso a buscarlos, preferirlos y estar ansiosas por escuchar sus pensamientos. Si Jesús hubiera dicho: «el que no reciba el Reino de Dios como un abogado no entrará en él», ¿buscaríamos a un abogado? ¿Acaso no buscaríamos una manera de pasar tiempo con un estudiante de derecho para entender lo que Jesús quiso decir con eso? No obstante, Dios nos ha llamado a aprender de los niños lo que significa estar en su Reino. Por tanto, ponles atención, valóralos y hazles preguntas. Aprende de ellos.

Detente por los niños

«Y tomándolos en los brazos, los bendecía, poniendo las manos sobre ellos».
Jesús hizo una pausa y se conectó con esos pequeños. Se puso al nivel de ellos. Pronunció palabras de bendición sobre ellos. Dejó lo que estaba haciendo para pasar tiempo con ellos. ¿Qué niños hay en tu vida? ¿Te detienes para conectarte con ellos? Podrían ser tus propios hijos; tus nietos; tus sobrinas y sobrinos; los hijos de amigos. Los niños que corren en el vestíbulo de tu iglesia. Quizás son los niños que ves en los carros de supermercado mientras trabajas como cajera; o los que van a la consulta médica en la que trabajas. No dejes que tu primera suposición de estos pequeños sea la inconveniencia. Ellos son regalos, bendiciones, maestros para nosotros de cómo es el Reino de Dios. Recíbelos; detente por ellos; conéctate con ellos. Háblales a ellos y habla de ellos positivamente.

Los niños son flechas: piensa estratégicamente

«Un don del Señor son los hijos, y recompensa es el fruto del vientre. Como flechas en las manos del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud» (Sal 127:3-4).
Me encanta que el Salmo 127 llame a los hijos «flechas en manos del guerrero». No solo son un regalo, ¡son una arma ofensiva! Que se nos dé un lugar de influencia en la siguiente generación significa que se nos da un valioso lugar de influencia. ¿Deseas marcar la diferencia en este mundo por la causa de Cristo? ¡Entonces, invierte en los niños! Una inversión en la vida de un niño proporciona grandes beneficios. Piensa en tu propia niñez. ¿Hubo adultos que se tomaron el tiempo para detenerse y conocerte? ¿Para enseñarte? ¿Para ayudarte? ¿O hubo adultos que no te valoraron, sino que te dañaron o te hablaron negativamente? ¿Cómo eso impactó en tu vida? Piensa en tus padres. Lo que hicieron (o a veces no hicieron) probablemente han impactado la manera en que ves el mundo hoy mismo. ¡Qué tremendo impacto tienen los adultos en la vida de un niño! Para bien o para mal. Por lo tanto, ¿qué pasaría si nos tomáramos el tiempo para invertir en la vida de los niños: preescolares, niños de edad de educación básica y preadolescentes? ¿Si les enseñáramos sobre Dios, quién es Él, lo que Él ha hecho por los pecadores quebrantados por medio de Cristo? ¿Si aprovecháramos cada oportunidad para escucharlos y hablarles verdad, para aconsejarlos y animarlos? ¡Esta es una inversión que jamás será un desperdicio! Los hijos son como flechas en las manos del guerrero. Si apuntamos esas flechas hacia Dios y a su Reino, ¡qué poderoso ejército será la próxima generación! Tómate el tiempo para invertir en la vida de un niño. Sirve en el ministerio preescolar o de niños. Transfórmate en un mentor para un adolescente. ¿Tienes hermanos menores? Invierte en ellos. ¿Tu amiga tiene hijos? Conéctate con ellos cuando vayas a su casa. Y, por supuesto, aquellas de nosotras que tenemos nuestros propios hijos, permitamos que la visión de Dios de los niños permee nuestros hogares y nuestras acciones. Como cristianas, ya no pertenecemos a este mundo completamente egocéntrico. Somos aquellas que seguimos al Siervo de Dios abnegado que cargó la cruz, quien recibe a los niños. Mi deseo es que nosotras hagamos lo mismo. Para leer más artículos sobre la femineidad bíblica, haz clic aquí.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Un corazón por los niños como el de Jesús: parte II
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Un corazón por los niños como el de Jesús: parte II

En el artículo anterior, vimos cómo Jesús le respondió a los niños y cómo nosotras podemos responder de igual manera. Ya sea que tengas hijos propios o no, necesitamos cultivar una respuesta bíblica ante los niños. No obstante, ¿qué tenía que decirle Jesús a las mamás? Ser madre implica todo un nuevo nivel de interacción con los niños. ¿Qué podemos aprender de Jesús para aplicarlo a la rutina diaria de la maternidad?

No puedes entregar lo que no tienes

Mientras iban ellos de camino, Jesús entró en cierta aldea; y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana que se llamaba María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Pero Marta se preocupaba con todos los preparativos. Y acercándose a Él, le dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude». El Señor respondió: «Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada» (Lc 10:38-42).
Como ninguna otra generación previa a la nuestra, las mamás hoy tenemos acceso a más información y a ayudas para la crianza que en ningún otro momento. Sin embargo, no estoy segura de que eso nos ha ayudado o nos ha estorbado. De hecho, el acceso a más información probablemente ha creado más Martas, ansiosas e intranquilas respecto a muchas cosas.
  • ¿Qué método de entrenamiento del sueño debería estar realizando?
  • ¿Qué tipo de comida para bebés es la mejor?
  • ¿Está mi hijo obteniendo el tiempo suficiente de juegos sensoriales?
  • ¿Qué tipo de disciplina debería tener?
  • ¿Son los hijos de mis amigos buenas influencias?
  • ¿Escuela en casa o escuela pública?
  • ¿Clases de música o de danza?
  • ¿Lactancia materna o fórmula?
Todas estas son buenas preguntas que hacer, pero demasiado a menudo crean ansiedad e inquietud en nuestros corazones y nos llevan a una investigación desesperada. Sin embargo, Jesús nos dice a nosotras, Martas, que hay solo una cosa que es necesaria. UNA COSA. ¿Qué es esa cosa? Estar quieta con Jesús. Cultivar una intimidad con Él y un corazón que lo escucha. ¿Acaso esto no es también la única cosa que esperamos traspasarle a nuestros hijos? ¿Un deseo por conocer y amar a Jesús por sobre todo lo demás? ¿Que un día sean fuertes hombres y mujeres de fe, personas que aman a Dios con todo su corazón, alma, mente y fuerzas, que se deleitan en hacer su voluntad y que lo sirven con todo su corazón y con toda su vida? No obstante, ¿cómo podemos cultivar esto si no lo modelamos nosotras mismas? No podemos entregar lo que no tenemos. No seamos como Marta, desesperadas y preocupadas por cosas buenas y olvidando lo mejor. Esta es la parte difícil, las cosas que nos distraen de Jesús normalmente no son malas. Marta estaba distraída con «servir mucho». Servir es algo bueno, pero la distraída de lo MEJOR: conocer a Jesús. Ser una buena madre es algo bueno y fácilmente puede distraernos de lo mejor. Por lo tanto, ¿cómo podemos estar radicalmente dedicadas a conocer a Dios en el trabajo pesado diario de la vida? Creo que significa mantener las disciplinas de la lectura bíblica y de la oración como parte central del día, sin importar el costo. No obstante, es verdaderamente costoso. Sentarse con Jesús mientras hay mucho por hacer es algo radical. Tu Marta interna gritará las mismas cosas que ella le dijo a Jesús. «¡Hay tanto que hacer! ¡Dile que me ayude!». Pero recuerda, Jesús reprende a Marta y le dice: «una sola cosa es necesaria». Decidir hacer espacio para Dios en tu día podría significar cocinar nuggets de pollo congelados o macarrones con queso (¡de nuevo!), en lugar de esa maravillosa receta que encontraste en Pinterest. O dejar un montón de ropa limpia sin doblar por uno o dos días, arrugandose toda. O no poder juntarte con una amiga o tener esa cita de juego para tus hijos con otros niños. O tener que recibir a alguien en una casa desordenada y llena de cosas porque decidiste buscar a Dios en lugar de limpiar. Quedarse quieta con Jesús es costoso. Te cuesta tu preciado tiempo. Por lo general, significa que no puedes hacer otras cosas que quieres hacer. Sin embargo, ¡qué gran testimonio es para tus hijos! Ver que su mamá se está dedicando radicalmente a Dios. Te garantizo que ellos querrán saber por qué ese libro al que llamas Biblia es tan importante, quién es este Dios al que siempre te escuchan orarle y por qué pasar tiempo de rodillas es más importante para ti que limpiar la casa. No existe otra manera de traspasar una fe vibrante a tus hijos que cultivarla y modelarla tú misma. No permitas que el deseo de ser una buena mamá te distraiga de tu más alto llamado: conocer y amar a Jesús.

Sé una mujer centrada en Dios, no centrada en los niños

Si alguien viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermana, y aún hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo (Lc 14:26).
Esta es una de las cosas más fuertes que Jesús dijo. Un requisito para ser cristiano es amar tanto a Dios que, en comparación, el amor que tienes por tus hijos parece incluso odio. Esto choca contra el mundo en que vivimos, el cual se centra en los niños. En el artículo anterior, compartí que la visión sobre los niños de la mayoría es que son un inconveniente. Y creo que es verdad. No obstante, este péndulo puede oscilar hacia el otro lado también donde los padres dedican sus vidas completas a los niños. Los ponen en las mejores escuelas, los mejores programas deportivos, les dan las mejores comidas, detienen todo en sus vidas para complacerlos. No creo que esta sea la respuesta tampoco. Los hijos nunca tuvieron el propósito de ser el centro de nuestro mundo; Dios sí. Existe una diferencia entre querer lo que es mejor para ellos y vivir tu vida por ellos. ¿Qué dirían los te conocen que es lo guía tu vida? ¿Dirían: «¡aman y sirven radicalmente a sus hijos!» o «¡aman y sirven radicalmente a Jesús!»? Por supuesto que amar a Jesús involucra amar bien a tus hijos. Sin embargo, nuestra lealtad debe estar siempre con Dios primero, no con nuestra familia. ¿Cómo se ve esto? Esto significa que las cosas que Jesús pide de nosotras deben ser centrales en nuestras agendas, no los eventos ni las agendas de nuestros hijos. Jesús nos llama a ser sus embajadoras, a ser misionales en cómo vivimos, a ser dedicadas a su Novia, la Iglesia, a conocerlo y amarlo. Si tus hijos están evitando que hagas estas cosas, necesitas reevaluar el alto lugar que tienen en tu vida. Para nuestra familia, estar centrados en Dios significa muchas cosas. Puesto que Jimmy viaja por el país para compartir el Evangelio y ministrar a otros, a menudo lo acompañamos para que los niños puedan verlo. Muchas veces esto implica indeseadas siestas y horas de ir a la cama, dietas impredecibles y días de viaje estresantes. Para nosotros, dejar espacio en nuestra agenda para ser misionales en nuestro vecindario significa que no tenemos mucho tiempo para otras actividades extracurriculares que las niñas probablemente disfrutarían. Sin embargo, nuestras lealtades deben estar primero con el Reino de Dios, incluso si esto hace que el amor por nuestros hijos parezca odio. Busca al Señor para preguntarle cómo se vería esto en tu familia y ser así seguidores regulares de Jesús. Deja que tus hijos crezcan en un hogar centrado en Dios y en su Reino.

Modela arrepentimiento

Les digo que de la misma manera, habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento. [...] De la misma manera, les digo, hay gozo en la presencia de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente (Lc 15:7,10).
Existe una manera de conocer a Dios: arrepentimiento. Cada una de nosotras es pecadora; desde el nacimiento amamos nuestra vida y vivimos para nosotras sin esperanza. Todas estamos separadas de Dios y somos completamente incapaces de acceder a Él lejos de la obra de Jesús por nosotras. Solo podemos conocerlo cuando confesamos nuestro pecado y nos volvemos a Dios, confiando en que la vida justa de Jesús y su muerte expiatoria cubren nuestro pecado. Este proceso de confesar nuestro pecado y volver a Dios es lo que la Biblia llama arrepentimiento.
Porque así ha dicho el Señor Dios, el Santo de Israel: «En arrepentimiento y en reposo serán salvos» (Is 30:15).
Y el arrepentimiento no es solo una transacción que ocurre solo una vez cuando eres salvo. Es el hábito diario constante de un cristiano. «Den frutos dignos de arrepentimiento» (Mt 3:8). Por lo tanto, la pregunta es: «¿estás modelando arrepentimiento para tus hijos? ¿Cómo sabrán ellos lo que significa si no se lo muestras? Uno de los mejores regalos que podemos darles a nuestros hijos es arrepentirnos ante ellos. Cuando estamos enojadas pecaminosamente con ellos, debemos confesarles ese pecado a nuestros hijos y pedir su perdón. Esto puede ser incómodo porque puede sentirse como que hemos perdido el control sobre nuestros hijos. Sin embargo, ¿de qué otra manera verán ellos cómo se ve la verdadera humildad y arrepentimiento si no se los mostramos? Los mormones, los musulmanes y los judíos les enseñan a sus hijos a ser personas buenas y morales. Nuestra crianza debe ser radicalmente diferente, puesto que tenemos una fe radicalmente diferente. No obstante, demasiado a menudo, la crianza cristiana se reduce a que nuestros hijos «sean buenos niños». Pero la verdad es que nuestros hijos no tienen absolutamente ninguna esperanza de ser unos buenos niños lejos de la obra salvadora en sus vidas. Ellos son personas pecadoras, egoístas sin esperanza y sin Dios, igual que nosotras. ¡Es nuestro trabajo mostrarles esa desesperanza y guiarlos al Salvador! No les des un sentido falso de moralidad externa que los convence de que Dios está complacido. Todo lo que eso hace es crear fariseos, los mismos que crucificaron a Jesús. Ayuda a tus hijos a ver cuán desesperados están de ser buenos sin Jesús al permitirles ver tu propia necesidad. Déjales verte como una pecadora al igual que ellos en necesidad de la gracia de Dios cada día. Una de mis preguntas favoritas para hacerles a mis hijos cuando han sido desobedientes es: «¿es difícil obedecer?». Normalmente, la respuesta es un rotundo y desesperado «¡SÍ!»; y que hermoso momento es para decir: «¡es difícil para mami obedecer a Dios también! No podemos obedecer sin la ayuda de Dios debido al pecado en nuestros corazones. Oremos y pidámosle a Dios que nos ayude a los dos hoy a poner nuestra fe en Él y no en nosotros». Discipula a tus hijos en arrepentimiento. Muéstrales cómo se ve humillarte ante Dios y otros. No existe cosa más grande que puedas darle a tus hijos. Como Jesús dijo en Lucas 15: el cielo se regocija por el arrepentimiento de un pecador necesitado mucho más que por una persona con superioridad moral que piensa que no necesita a Jesús. ¡Démosle al cielo algo de qué regocijarse!   Para leer más artículos sobre la femineidad bíblica, haz clic aquí.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Un corazón por los niños: parte III
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Un corazón por los niños: parte III

Hemos estado viendo la femineidad bíblica y, específicamente, cuál debe ser nuestra actitud hacia los niños. Hasta ahora, en esta última sección, hemos cubierto lo siguiente: Podría haber terminado ahí y habría sido genial. Sin embargo, a menudo descubro que existen dos temas específicos que surgen con frecuencia cuando me junto con mujeres jóvenes y siento que vale la pena abordar: los métodos anticonceptivos y el cuidado de niños. Estos son temas sensibles, de seguro, incluso controversiales, y existen muchos factores que entran en juego en cada decisión que una persona toma. Sin embargo, demasiado a menudo, estas decisiones se toman a partir de actitudes y motivaciones que han sido formadas por nuestra cultura. Y puesto que es tan normal, a menudo ni siquiera lo notamos. Por lo tanto, para comenzar, permíteme clarificar mi objetivo: no intento crear un conjunto de reglas, sino que mi intención es darte una red bíblica a través de la cual ver estos temas, y las herramientas para discernir los motivos de tu corazón. Dios está mucho más preocupado de nuestras motivaciones que de nuestras acciones de todas formas. En la primera parte de esta serie, establecí que la Biblia solo nos da una forma de ver a los niños: como una bendición. Esto molesta la actitud general de nuestra cultura, que funciona desde la suposición general de que los niños son un inconveniente. Tómate un minuto para leer ese artículo si es que aún no lo has hecho, puesto que será la base para mucho de lo que diré aquí.

Método anticonceptivo

La principal precursora de la industria de los métodos anticonceptivos fue Margaret Sanger, la misma mujer que comenzó con la crianza planificada. El aborto y el control de natalidad siempre han ido de la mano. Esta es una industria que ha construido su fundamento en la creencia de que los niños son un inconveniente. Por lo tanto, como cristianas, necesitamos asegurarnos de que nuestros pensamientos sobre el tema estén formados por la Biblia, no por la cultura, no por la tradición ni la educación. A menudo, cuando las personas escuchan «métodos anticonceptivos», piensan en las píldoras anticonceptivas hormonales (o «la píldora»). No me estoy refiriendo a eso. Yo defino los métodos anticonceptivos como la categoría general para cualquier acción usada para prevenir el embarazo mientras se esté sexualmente activa. Entonces, ¿qué lugar tienen los métodos anticonceptivos en la vida de los cristianos casados? En ningún lugar en la Biblia se prohíbe el deseo de evitar el embarazo, por lo tanto, no creo que tengamos el derecho de decir que sea incorrecto evitarlo. Nunca debemos crear leyes donde Dios no las ha hecho. El tema aquí no es si es que debes usar métodos anticonceptivos como sí lo es el por qué los usas. Una y otra vez en la Biblia Dios muestra gran preocupación por las motivaciones de los corazones de su pueblo. Así que vale la pena invertir nuestro tiempo discerniendo los nuestros.Si estás usando, o considerando usar algún tipo de método anticonceptivo, necesitas hacerte la pregunta: ¿por qué estoy intentando evitar el embarazo? Si tu respuesta a esa pregunta no está cimentada en la verdad bíblica y en un corazón de fe en esa verdad, necesitas volver a pensar su uso. Con mucha frecuencia, las principales razones que escucho para usar métodos anticonceptivos son formadas por el mundo y no por la Biblia. Por ejemplo:
  • La creencia de que los niños con un inconveniente para la vida e incluso para el ministerio
  • Miedo
  • El deseo de estar en control
  • Egoísmo: quiero vivir la vida a mi manera y no quiero ser responsable por una personita
Como toda decisión en nuestras vidas, Dios nos llama a estar radicalmente motivadas por su Reino y su gloria en todo lo que hacemos (1Co 10:31). ¿Tu decisión de usar métodos anticonceptivos se trata de la gloria de Dios y de su Reino? Si no es así, podrías reconsiderar si es correcto evitar el embarazo. Recuerda: uno de los propósitos del matrimonio es ser fructíferos y multiplicarse; ¡levantar la siguiente generación para que conozca y ame a Dios! Una cosa es que Dios aún no te haya permitido quedar embarazada y otra es decidir no tener hijos solo para vivir de la manera en la que tú quieres vivir. No existe mayor ministerio en este planeta que criar a la siguiente generación para que conozca a Dios.

Método anticonceptivo abortivo

Si llegas a decidir, por razones que glorifican a Dios, usar un método anticonceptivo, eso no significa que debas usar cualquier tipo de método. Existen muchísimos tipos de métodos anticonceptivos que son moralmente inaceptables. Son abortivos: que matan activamente cualquier huevo fertilizado dentro de tu cuerpo. Como seguidoras de Jesús, tenemos la obligación de luchar para proteger la vida desde la concepción. Como mujeres, es nuestro trabajo estar preparadas para recibir y alimentar vida desde el momento en el que se nos entrega. No pretendo ir a los detalles de todos los tipos de métodos anticonceptivos que existen. Solo espero recordarte que es nuestra responsabilidad, en una cultura que voluntariamente asesina niños inocentes que aún no han nacido, asegurarnos de que estamos protegiendo toda vida que esté en nuestras manos proteger. Eso incluye vida que podría estar dentro de nuestros propios cuerpos.Por lo tanto, los únicos métodos anticonceptivos disponibles para nosotras son aquellos que evitan la concepción. Para más información sobre los métodos anticonceptivos en la vida de un cristiano, a continuación comparto mis recursos favoritos: Does the Birth Control Pill Cause Abortions? [¿La píldora anticonceptiva provoca abortos?] Bad Reasons to Avoid Having Children [Malas razones para evitar tener hijos] Does the Bible Permit Birth Control? [¿La Biblia permite el uso de métodos anticonceptivos?]

Cuidado de niños

¿Qué lugar tiene el cuidado de los niños en la vida de una creyente? Esto podría ser el servicio de guardería, una niñera, una baby sitter o un miembro de la familia. De igual manera que con los métodos anticonceptivos, primero debemos considerar los motivos de nuestro corazón. ¿Tus decisiones en esta área están formadas por la fe en la verdad de que los niños son una bendición? ¿O en la creencia de que son un inconveniente? ¿Crees que un ministerio o una carrera es más importante que criar a la siguiente generación? Preguntarnos a nosotras mismas por qué hacemos algo es la mejor medida para saber si debemos hacerlo. Por favor, créeme que creo que cada mamá será grandemente beneficiada por tomar un tiempo lejos de los hijos, especialmente cuando son muy pequeños. ¡Salir para reconfortarse y prepararse para volver a criar a la siguiente generación es una gran cosa! No solo eso, las mamás que están casadas necesitan tener tiempo lejos de sus hijos para ser una bendición y apoyo para sus esposos, puesto que sus matrimonios deben ser priorizados por sobre sus hijos. No somos las salvadoras de nuestros hijos, y ellos pueden beneficiarse grandemente de otras personas a medida que invierten en sus vidas también. Sin embargo, vivimos en una cultura que prefiere no estar cerca de los niños. Es demasiado normal delegar las responsabilidades de crianza en otros (niñeras, guarderías, etc.), solo porque es más fácil o porque algo más parece ser más disfrutable. Es esta actitud la que espero desafiar. Si tienes hijos, no hay mayor impacto que dejar en este planeta que tu influencia sobre tus hijos. Para bien o para mal, ellos serán tu mayor legado. Entonces, escoge sabia y estratégicamente a quién le permites invertir en ellos y cuán a menudo alguien más cuidará de ellos. El asunto del cuidado de los niños variará grandemente según la etapa de la vida y dependerá de muchos factores, pero no seamos como el mundo que piensa que los niños se interponen en el camino de cosas más grandes y mejores. ¡Ellos son lo más grande y lo mejor! Si los criamos bien, si los discipulamos, si invertimos en ellos, serán una fuerza poderosa para el Reino de Dios mucho después de que nos hayamos ido. Los hijos valen nuestro tiempo, energía y esfuerzo. (Para saber más sobre el tema de trabajar y la vida del hogar, revisa este artículo publicado previamente)

Sé una defensora de los niños

Ya sea que seas mamá o no, sé una defensora de los niños. Anima a las mamás a tu alrededor diciéndoles que lo que ellas hacen importa, recuérdales que los niños son una bendición un arma estratégica en el Reino de Dios. Cada vez que cuides los hijos de alguna familia, sirvas en la guardería de la iglesia o interactúes con tus sobrinos, ¡conéctate con esos niños! ¡Ora por ellos! Pídele a Dios que los salve, que los haga hombres y mujeres de fe poderosos, ¡que un día cambien al mundo en el nombre de Jesús! Quizás puedes ofrecerte de voluntaria en el centro de acompañamiento de mujeres con embarazos no deseados para que animes a mujeres temerosas con que ¡la maternidad vale la pena! Ora por los niños que existen en tu vida y sigue los pasos de Jesús quien se dio el tiempo para conectarse con ellos y bendecirlos. Para leer más artículos sobre la femineidad bíblica, haz clic aquí.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Los hijos: ¿una carga o una bendición?
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Los hijos: ¿una carga o una bendición?

«¡Dile adiós a las noches de cita!». «Duerme todo lo que puedas ahora porque no vas a poder dormir nada después». «No tendrás ningún tiempo libre, así que úsalo ahora». Si alguna vez has estado embarazada, estas afirmaciones podrían sonarte familiares. Estos son los tipos de comentarios que recibí cuando esperaba el nacimiento de nuestra hija hace algunos años. Estaba sorprendida de la cantidad de negatividad que se asociaba a tener hijos. Junto con el consejo (no solicitado) que recibí, vinieron las advertencias de las pesadillas que vendrían. Incluso cuando mi hija tenía un poco más de 1 año, recibí advertencias de padres que no conocía en el almacén: «¡disfruta ahora! ¡Espera a que comience a hablar!». Una y otra vez, el mensaje que escucho es este: los hijos son una carga y un inconveniente. Qué triste que una de las aventuras más emocionantes que tenemos el privilegio de embarcar, a menudo es nublada por el pesimismo. Creo que la razón principal por la que los hijos son vistos tan negativamente es porque evitan que podamos hacer lo que queremos cuando queramos hacerlo. Antes de que nuestra hija naciera, mi esposo y yo podíamos levantarnos e ir a donde quisiéramos ir sin mucha planificación. No importaba cuán tarde fuese o si era hora de la siesta o no, simplemente íbamos. Si quería ir de compras por un par de horas solo por diversión, podía hacerlo. No tenía un pesado asiento de auto para bebés que acarrear y no tenía que hacer todas mis compras en un par de horas entre las siestas. Podía visitar amigas o trabajar horas extra y no era un problema. Ahora todo había cambiado. Sin embargo, mientras veo la Biblia, solo tengo una opción para la manera en que debo ver a los hijos: son una bendición. Salmo 127:3-5 dice: «Un don del Señor son los hijos, y recompensa es el fruto del vientre. Como flechas en la mano del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que de ellos tiene llena su aljaba; no será avergonzado cuando hable con sus enemigos en la puerta». ¡Creo que la razón por la que muchas personas consideran a los hijos una carga es en realidad la misma razón por la que son una bendición! Dios está ocupado de conformarnos a la imagen de su Hijo, Jesús (Ro 8:29), quien renunció a sus derechos como Dios para servir y salvar a la humanidad al sacrificar su propia vida (Fil 2:3-11). ¿Qué mejor manera de llegar a ser hecho a la imagen de Jesús que convertirse en padres? Este regalo de una hijita nos fuerza a rendir nuestro derecho a hacer lo que queremos por su bienestar. Todas esas largas noches de mecerla para que se durmiera y la manera en que limita mi libertad para ir a hacer lo que quiero me recuerdan que esta vida no se trata de mí ni de lo que quiero. Ella me permite practicar diariamente el mandamiento que dice: «No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo» (Fil 2:3). Como seguidora de Jesús, estoy agradecida por cómo ser madre ha acelerado el proceso de morir a mí misma. Adicionalmente a practicar el autosacrificio cada día, ser madre ha provocado que dependa de la gracia de Dios en una manera más profunda y más constante. Ya sea que Lively esté gritando en el almacén porque le están creciendo los dientes o le cueste quedarse dormida en la noche, estoy obligada a correr a Dios en oración para tener más paciencia, guía y paz. Estos pequeños inconvenientes me mantienen más cerca de Él a cada hora. Y todo lo que provoque que dependa más de Él es una bendición. Es mucho mejor vivir la vida dependiendo de Dios que en mis propios recursos. Es por eso que en 2 Corintios 12:9-11 se nos dice que somos más fuertes en nuestra debilidad, porque estamos dependiendo de la gracia de Dios. No obstante, más que cualquier cosa, lo que más me emociona sobre la crianza es la capacidad que tengo de cambiar el mundo. Nadie influencia más a una persona que sus padres. Para bien o para mal, nuestros padres han afectado e influenciado nuestras vidas de una manera intensa y profunda, lo que ha formado la trayectoria de nuestra vida. Cualquier terapeuta puede decirte que esto es verdad. El impacto más poderoso y perdurable que haré en este mundo es la manera en que invierto en mis hijos y en cómo los crío. Si los crío para ser hombres y mujeres confiados que conocen la Verdad de la Palabra de Dios y tienen sus ojos puestos en Jesús como el más grande privilegio y prioridad de sus vidas, este mundo será un lugar diferente. La manera en que crío a mis hijos también afectará el tipo de padres que serán un día para nuestros nietos y, asimismo, nuestros nietos para sus hijos. ¡El impacto es exponencial! No veo mayor privilegio y honor que invertirme a mí misma en criar a nuestros hijos. Esto comienza con esos primeros días de poco sueño y poco tiempo para mí misma. Qué infinita bendición es nuestra hijita. Por medio de ella, Dios mata mi egocentrismo, atrayéndome más cerca de Él en dependencia de su gracia y dándome la oportunidad de vida de provocar cambios en el mundo. ¿Es más divertido hacer lo que quiero cuando quiero? Por supuesto. ¿Es más fácil no tener que depender tanto de Dios? Seguro. Sin embargo, tengo la gran bendición y honor de ser conformada a la imagen de mi Salvador y Verdadero Amor, Jesús, mientras hago un impacto en este mundo para su gloria. Sin mencionar que el medio por el cual estas cosas suceden es la chiquitita más tierna, dulce y preciosa que mis ojos jamás hayan visto. ¿¡Existe alguna forma en que la vida pueda mejorar!? Los hijos: ¿un inconveniente y una carga? Ni en broma ¡No podría haber una mayor bendición en mi vida!
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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La comida y la Biblia

Nuestro mundo está llegando a ser muy dogmático en cuanto a la comida. La dieta Whole30, los alimentos orgánicos, la dieta libre de gluten, el consumo de alimentos frescos, el consumo de alimentos locales, la dieta Paleo, los alimentos transgénicos, las alergias alimentarias, los productos sin azúcar, los alimentos totalmente naturales. Todas estas son palabras de moda que cada día escuchamos más y más. Documentales como Súper engórdame, Food Inc., Tenedores sobre cuchillos y That Sugar Film han presentado diferentes problemas y soluciones que se relacionan a qué y cómo comemos. Hay un montón de opiniones de un montón de personas respecto a qué debemos comer, por qué luchamos con la comida y cómo arreglarlo. Mientras observaba las tendencias en asuntos de alimentación, comencé a preguntarme lo siguiente: ¿qué tiene que decir la Biblia sobre la comida? La respuesta: ¡sorpresivamente mucho! Esta es una serie de artículos sobre la comida, pero con una perspectiva al observar lo que Dios tiene que decirnos al respecto. Me ha impresionado ver cuán oportuna ha sido su Palabra para mí este año[1]. Espero que sea un aliento, una revelación y una advertencia. Sé que habrá objeciones que sonarán como: «el trigo de ese entonces no es el mismo trigo de hoy. Las cosas con las que lidiamos ahora no existían cuando la Biblia fue escrita». Si la Biblia no se aplica a las situaciones que han cambiado desde que fue escrita, entonces existe un montón completo de la Palabra escrita de Dios que deberíamos descartar simplemente porque los automóviles, las computadoras y el Internet no existían entonces. Escribo esta serie sobre la verdad fundamental de que la Palabra de Dios (la Biblia) es infalible, eterna, viva y activa, e igualmente relevante y aplicable hoy como lo fue en el día que fue escrita, y es la autoridad final para todo en la vida. Cada palabra es inspirada por el Espíritu Santo y, por lo tanto, es todo lo que necesitamos para la vida y la piedad. Si no compartes esta creencia, entonces esta serie completa no tendrá sentido para ti en lo absoluto, puesto que es mi fundamento para escribirla.

Más publicaciones en esta serie

Usaré esta publicación como una tabla de contenidos, a medida que agrego más cosas. Enlazaré todas las publicaciones aquí, para que sean fáciles de encontrar. Espero que, a través de esta serie, encuentres libertad. La verdad siempre nos liberará. Ver a Dios en su lugar correcto y ver a la comida en su lugar correcto ha sido un viaje liberador y aliviador para mí. Oro para que sea lo mismo para ti. Alimentos buenos. Alimentos malos No solo de pan Cuando comer es pecaminoso ¿Le damos demasiada gloria a la comida?
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.

[1] N. del T.: este artículo fue publicado el 2016.
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[La Comida y la Biblia] Alimentos buenos. Alimentos malos

Referencias bíblicas: Génesis 1-3; Romanos 8; 1 Timoteo 2:5-7; 2 Pedro 3:9-14. «De todo árbol del huerto podrás comer». Este es el primer mandamiento que Dios le dio a su pueblo. Su primera restricción fue sobre comida: «del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás». Posteriormente, la rebelión de la humanidad contra Dios comenzó con una mascada. Desde el principio, la comida ha sido una pieza clave en nuestra relación con Dios. Nuestro mundo se está interesando mucho por la comida y está llegando a ser muy dogmático en cuanto a ella: La dieta Whole30, los alimentos orgánicos, la dieta libre de gluten, el consumo de alimentos frescos, el consumo de alimentos locales, la dieta Paleo, los alimentos transgénicos, las alergias alimentarias, los productos sin azúcar, los alimentos totalmente naturales. Documentales como Súper engórdame, Food Inc., Tenedores sobre cuchillos y That Sugar Film, todos ellos presentan diferentes ideologías respecto a alimentación: qué debemos comer, por qué luchamos con la comida y cómo arreglarlo. Puesto que la Biblia tiene mucho que decir en relación a la comida, importa que abracemos y rechacemos estas ideas según corresponda. Whole Foods[1], un supermercado de nivel superior, imprimió esto en sus bolsas de papel marrones: Buy Goods, Not Bads [Compra lo bueno; no lo malo]. Un diseño posterior decía: Feed Your Better Nature [Alimenta la mejor versión de ti mismo]. Whole Foods no es la primera compañía en dar un salto al concepto de la moralidad alimentaria, de alimentos buenos y alimentos malos. Bastantes personas están buscando erradicar los malos alimentos y producir más de los buenos. Esta es la pregunta: ¿son los alimentos malos o somos nosotros? ¿Los alimentos malos corrompen nuestros cuerpos o ha sido nuestro pecado el que ha corrompido a la comida? Volvamos al principio. Adán y Eva tomaron la primera mala decisión respecto a la comida, destronando a Dios para convertirse en su propia autoridad final. Ellos escogieron su propia sabiduría por sobre la de Él y aseguraron la muerte para la raza humana. La reacción de Dios a este desafío es susurrada en cada área de la vida, incluso en nuestra comida:
Entonces el Señor dijo a Adán: «Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: “No comerás de él”, Maldita será la tierra por tu causa; Con trabajo comerás de ella Todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, Y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro Comerás el pan Hasta que vuelvas a la tierra, Porque de ella fuiste tomado; Pues polvo eres, Y al polvo volverás» (Gn 3:17-19) [énfasis de la autora].
Toda la creación carga con la maldición de nuestra rebelión pecaminosa. La tierra está maldita debido a la maldad humana. Vemos que Pablo se refiere a esto en Romanos 8:19-21:
Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de Aquel que la sometió, en la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios.
Actualmente, la creación es esclava de la corrupción. ¿Por qué? Debido a la malvada rebelión de la humanidad contra nuestro Creador. Los alimentos que consumimos hoy están corrompidos; no son lo que deberían ser. Así como nuestros cuerpos tampoco son lo que deberían. La muerte, la corrupción, la decadencia, el deterioro… todo es producto de los pecados del ser humano. No podemos culpar a la comida que comemos por la decadencia de nuestros cuerpos. Nuestros cuerpos están corrompidos gracias a nosotros, no al revés. La enfermedad, las alergias, el cáncer, las dolencias, la obesidad, la irritabilidad, los defectos de nacimiento y las adicciones son resultado del pecado de la humanidad, no de los malos alimentos. Es cierto, lo que comemos no es lo que debe ser, pero en última instancia eso es culpa nuestra. Por favor, no me malinterpretes. Si eres alérgico al maní,  no es un castigo por tu pecado personal. Y si se demostrara que los defectos de nacimiento radican en las mamás que comieron galletas con chispas de chocolate en su niñez, seré la primera en prohibirlas en mi casa. Mi punto es este: la razón por la que nuestros alimentos y nuestros cuerpos están funcionando mal, no están respondiendo óptimamente, y están llenos de muerte y decadencia es EL PECADO. Al final, todos moriremos y volveremos al polvo debido al PECADO. Es natural querer culpar a algo por la muerte que nos rodea y querer algo que nos salve de ella. Si culpas a los malos alimentos, entonces, naturalmente la búsqueda comenzará por los buenos alimentos. Sin embargo, incluso el alimento más natural, más orgánico, cultivado localmente y no transgénico no puede mantener lejos a la muerte. Entonces, ¿cuál es el remedio? ¿Cómo podemos ser salvos? Al lidiar con la fuente del problema, la principal enfermedad de la humanidad: el pecado. Hay solo un mediador entre los seres humanos pecadores y su Creador: el Hombre Jesucristo, la Simiente prometida de la mujer. Dios mismo entró a la humanidad como un bebé, obteniendo los únicos antecedentes justos, cargando el pecado de nuestra enfermedad, de nuestro pecado y ofreciendo el antídoto de la salvación a todo aquel que tome su mano en fe. La principal razón por la que debemos tener los pensamientos correctos sobre la comida es para preservar el Evangelio. No podemos permitir que el moralismo de la alimentación diluya el poder del Evangelio que puede salvarnos a todos. Hacer esto es como darle un paracetamol al hombre que tiene un tumor cerebral para aliviar su dolor de cabeza. Sus síntomas desaparecen, pero él aún está muriendo. Por supuesto, quienes siguen a Jesús todavía experimentan la muerte física de este mundo. Pero solo temporalmente. Con la promesa del retorno de Cristo viene la promesa de un nuevo cielo y una nueva tierra, donde no habrá lugar para la corrupción, la muerte o la decadencia.
Pero, según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia. Por tanto, amados, puesto que ustedes aguardan estas cosas, procuren con diligencia ser hallados por Él en paz, sin mancha e irreprensibles (2P 3:13-14).
¿Anhelas un cuerpo que funcione? ¿Que la comida sea lo que debe ser? ¡Ya viene! El regreso inminente de Jesús a la tierra significa la erradicación completa de la maldad y la corrupción. No solo en la creación, sino que en nosotros también. Si no has renunciado a tu rebelión pecaminosa contra tu Creador y no te has aferrado a la justicia que Cristo ofrece, entonces serás parte de la corrupción que será eliminada justamente. La única esperanza para los buenos alimentos es la obra de Jesús, y nuestra única esperanza de experimentarlo es la obra de Jesús. Con su regreso viene una nueva tierra llena de justicia y solo los justos la heredarán. La comida no tiene el poder de destruirnos. La comida no tiene el poder para salvarnos. Solo hay Uno que tiene ese poder. ¿Has puesto tu esperanza en Él hoy? Encuentra todos los artículos de esta serie, aquí.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.

[1] N. del T.: Supermercado estadounidense en el cual se venden alimentos naturales y orgánicos.
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[La comida y la Biblia] No solo de pan
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[La comida y la Biblia] No solo de pan

Referencias bíblicas: Éxodo 16; Deuteronomio 8:3;  Mateo 4:1-4. Después de 400 años de amarga esclavitud en Egipto, ¡Dios finalmente liberó a su pueblo! Los israelitas se encontraron al otro lado del Mar Rojo y en el desierto. Tres días después, Dios respondió a su queja por falta de agua al convertir las aguas amargas de Mara en agua dulce. A los cincuenta días de viaje, probablemente cuando comenzaron a quedarse sin provisiones, se volvieron a quejar:
Y toda la congregación de los israelitas murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto. Los israelitas les decían: «Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos. Pues nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud» (Ex 16:2-3).
Cuando se les dio a elegir entre tener comida siendo esclavos o estar con Dios en el desierto, ellos escogieron la comida. Su suposición era lo que muchos en nuestro tiempo creen: es la comida, específicamente los buenos alimentos, la que nos sustenta, no Dios. Es la comida la que nos asegura una larga vida, no Dios. Sin embargo, a pesar de que la fe de los israelitas estaba puesta en el lugar equivocado, Dios responde en misericordia al hacer llover pan del cielo, seis días a la semana; ¡por 40 años!
Entonces el Señor dijo a Moisés: «Yo haré llover pan del cielo para ustedes. El pueblo saldrá y recogerá diariamente la porción de cada día, para ponerlos a prueba si andan o no en mi ley (Ex 16:4).
Vemos más detalles en Deuteronomio 8:3:
Él [Dios] te humilló, y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná que tú no conocías, ni tus padres habían conocido, para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del Señor.
¿Puedes ver los propósitos de Dios en el versículo anterior? ¿Por qué permitió que tuvieran hambre? ¿Por qué alimentarlos con una sustancia desconocida? Para este propósito: «Para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del Señor». Con la falta de familiaridad con el alimento vino la necesidad de confiar en el dador del alimento. ¿Cómo podrían ellos saber que era seguro comerlo al haber estado en el suelo? ¿Y si estaba contaminado con una enfermedad del ganado que estaba a su alrededor? ¿Será lo suficientemente saciante? Todas las preguntas quedaron sin respuesta. Confiar en la persona de Dios era todo lo que ellos tenían. Solo Él tenía poder sobre sus vidas, no su comida. Jesús, el Verdadero Israel, también estuvo en un desierto. Sin comida por mucho más tiempo de lo que cualquier médico recomendaría, su hambre, en el cuadragésimo primer día de ayuno, se encontró con la sugerencia de Satanás de que él mismo se hiciera pan. En respuesta, Jesús cita Deuteronomio 8:3: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». El ayuno de Jesús en el desierto es un recordatorio de que la obediencia a Dios da más vida que una dieta saludable y bien balanceada; que escuchar la Palabra de Dios conlleva más sustento físico que todos los mejores alimentos del mundo. La Palabra de Dios debe tener mayor valor que la comida. Nuestro mundo está lleno de información respecto a la comida. Nunca antes habíamos sido tan bombardeados con el conocimiento de lo que hay en nuestra comida y lo que debemos o no debemos comer. Existen miles de opciones para compensar los nutrientes que podríamos estar perdiendo de los alimentos que no consumimos. Sin embargo, escoger el conocimiento de la comida por sobre el conocimiento de la Palabra de Dios es un error catastrófico. Es tentador buscar, en un mundo lleno de amenazas de cáncer y nuevas enfermedades o dolencias, opciones correctas de alimentación para sustentarnos, pero la Biblia es muy clara en que esa no es la respuesta. Solo Dios da y sustenta la vida. Conocer y obedecer su Palabra es muchísimo mejor para nuestra salud que el plan alimenticio más saludable y más natural y mejor investigado. No estoy abogando por la alimentación irresponsable y golosa; al contrario, abogo por el alzamiento de la Palabra de Dios en un mundo lleno de información. Cristiano, si pasas más tiempo creciendo en conocimiento de la comida y planes de dieta que creciendo en el conocimiento de la Palabra de Dios, algo está mal. Es una bandera roja alertándote de que tu confianza está puesta en un lugar incorrecto. Solo Dios preserva la salud de nuestros cuerpos. Haremos bien en recordar a los israelitas en el desierto. Ellos tuvieron una «dieta desbalanceada» por 40 años, compuesta principalmente de un alimento: maná. Ellos no tenían una mezcla saludable de todos los grupos alimentarios, pero Dios aún así los sustentó. ¿Cómo podemos aplicar esto? Podemos ejercitar la misma fe. ¿Qué pan diario te ha provisto Dios hoy? Hay momentos en que Dios podría permitir el privilegio de poder comprar alimentos orgánicos y momentos en los que podríamos estar en otro país comiendo alimentos de los que no estamos seguros. Ocasionalmente, un amigo podría traer comida rápida de un restaurante que no nos gusta. ¿Nuestra esperanza está en evitar los preservantes en la comida? ¿O nuestra esperanza está en Dios? ¿Nuestra esperanza está en conocer exactamente lo que hay en nuestra comida? ¿O está en la soberanía de Dios y en su provisión para el día? Cualquier circunstancia que enfrentes, pon tu esperanza en el Señor Dios Todopoderoso. Solo Él mantiene tus átomos unidos, tu corazón latiendo y tus pulmones tomando oxígeno a un ritmo constante. Tú no vives solo de pan, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios. La pregunta es esta: ¿conoces su Palabra? ¿Has leído cada palabra de la Escritura? ¿Por qué no hacer que tu próximo objetivo saludable sea conocer y atesorar los 66 libros de su Palabra escrita? Encuentra todos los artículos de esta serie, haz clic aquí.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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[La comida y la Biblia] Cuando comer es pecado
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[La comida y la Biblia] Cuando comer es pecado

Referencias bíblicas: Números 11; Salmo 78; Juan 6; 1 Corintios 10:31. Todavía puedo sentir la vergüenza de haber sido sorprendida escondiendo Oreos robadas en mi habitación cuando era niña. Aunque no era la primera vez, me avergonzaba saber que alguien más había visto el control que la comida tenía sobre mí. A lo largo de los años, busqué maneras de estar sola en la cocina para sacar más puñados de galletas con forma de pececitos o una cucharada más de Nutella. La glotonería se convirtió en una compañera conocida e inoportuna. Un pesaje en cuarto grado me presentó a la vanidad. Nunca fui la niña más delgada ni la más linda. Ya se habían mofado de mí por tener orejas sobresalientes y por la extraña vestimenta que me escogía mamá, determiné encajar como fuera posible para evitar la humillación futura. Al ver que entre mis amigas yo era la que más pesaba, me aferré a la vanidad para mantener mi glotonería bajo control, así mi capacidad de formar parte del grupo no era puesta en riesgo. Serví a estos dos amos fielmente por muchos años, oscilando entre ellos hora a hora. En un momento, lo que necesitaba era algo dulce; luego, necesitaba entrar en mi ropa. Prefería los alimentos bajos en calorías para así continuar mi aventura con la glotonería sin las consecuencias del peso extra. Comencé a hacer más ejercicio, no para ser más fuerte y así servir a otros, sino que para pagar las deudas que adquirí mientras comía más de lo que debía. Asumí que simplemente había tenido malos hábitos que necesitaba reformar, pero Dios me dejó claro que yo era una idólatra que necesitaba perdón; una esclava al pecado que necesitaba un Libertador.

Rompiendo el ciclo

«Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios» (1Co 10:31). Fue el estudio bíblico centrado en el Evangelio basado en 1 Corintios 10:31 el que rompió el ciclo que había asumido simplemente como parte de mi vida. Por primera vez, se hizo visible el egocentrismo de mi alimentación: comía lo que quería, cuando quería, y ejercitaba el autocontrol solo para mantener la imagen que quería. Comía y bebía para la gloria de mi yo. Dios deseaba que mi alimentación fuera para su gloria. Lentamente, la Palabra de Dios abrió mis ojos a las muchas maneras que mal usé la comida para satisfacer los anhelos de mi alma. La Escritura habla de la comida como una sombra que apunta a Dios, a Aquel que llena el alma y cuyas palabras son más dulces que la miel. Fue claro que no necesitaba la comida en lo absoluto; lo necesitaba a Él. Esto expuso mi problema real: no quería a Dios. Quería esclavizarme a los antiguos amos para que mi lengua pudiera saborear los placeres fugaces de los Cheetos y las galletas con chispas de chocolate.

Glotonería: un rechazo de Dios

Mi historia no es poco común. Los israelitas postesclavitud que vivían en el desierto también pensaron que preferían la esclavitud por sobre Dios. Aun cuando experimentaron la cercanía de Dios a través del pan que llovió del cielo y del agua fresca y dulce de una roca, no fue suficiente. El pueblo de Israel se quejó...
…y también los israelitas volvieron a llorar, y dijeron: «¿Quién nos dará carne para comer? Nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, de los pepinos, de los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; pero ahora no tenemos apetito. Nada hay para nuestros ojos excepto este maná» (Nm 11:4-6).
Los israelitas hablaron de su cautiverio pasado con cariño y de la provisión presente de Dios con desprecio. Regresar a esos crueles amos capataces que daban latigazos no parecía un costo demasiado alto para obtener un poco de carne y cebollas. Confiar en Dios era muy difícil. El sabor de la comida del pasado era demasiado bueno. ¿Cuán seguido hacemos lo mismo? La esclavitud al pecado parace valer la pena si podemos darnos un gusto con lo que sea que queramos. Podrías estarte preguntando: ¿qué tiene de malo la glotonería? ¿Realmente es pecaminoso comer demasiado, necesitar algo dulce, sentirse fuera de control con la comida? Los israelitas podrían haberse preguntado lo mismo. No obstante, sus anhelos golosos invocaron la ira de DIos porque era un rechazo hacia Él:
Y dile al pueblo: «Conságrense para mañana, y comerán carne, pues han llorado a oídos del Señor, diciendo: “¡Quién nos diera de comer carne! Porque nos iba mejor en Egipto”. El Señor, pues, les dará carne y comerán. No comerán un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días, sino todo un mes, hasta que les salga por las narices y les sea aborrecible, porque han rechazado al Señor, que está entre ustedes, y han llorado delante de Él, diciendo: “¿Por qué salimos de Egipto?”». Pero mientras la carne estaba aún entre sus dientes, antes que la masticaran, la ira del Señor se encendió contra el pueblo, y el Señor hirió al pueblo con una plaga muy mala. Por eso llamaron a aquel lugar Kibrot Hataava [que significa «sepulturas de la glotonería»], porque allí sepultaron a los que habían sido codiciosos (Nm 11:18-20, 33-34).
Quizás nunca antes habías pensado que comer en exceso es pecado. Quizás no parece ser para tanto. Sin embargo, la glotonería es la hermana de la embriaguez. Ambas se consideran moralmente neutrales. Tomar vino no es pecado, pero demasiado vino lleva a la embriaguez, un exceso que convence a nuestra lealtad a alejarse de Cristo para ser leales al alcohol. De igual manera, demasiada comida lleva a la glotonería, un exceso que persuade a nuestra lealtad a alejarse de Cristo para ser leales a una buena comida. Simplemente, la glotonería es más aceptada que la borrachera a nivel social. No obstante, cuando pierdes la capacidad de decir que no, puedes estar seguro de que ya no andas en el Espíritu que da el fruto del dominio propio.

Más que un plan de comidas

Si la comida excesiva no es pecado, si solo es un «mal hábito» que debe ser reformado, entonces las respuestas mundanas como las dietas y los planes de comida son la respuesta. Pero si es pecado, entonces, es algo que debe afligirnos y de lo que tenemos que arrepentirnos. Como cualquier otro pecado, es un rechazo a Dios y una preferencia de otra cosa en su lugar. Luchar contra el pecado de la glotonería con una dieta es como intentar talar un árbol con una manguera del jardín. La manguera tiene un propósito que es bueno para algunas cosas, pero definitivamente no para derribar un árbol. Para eso necesitas un hacha. De igual manera, para matar un pecado necesitas arrepentimiento, no planes de comida. El arrepentimiento es huir del pecado y aferrarte a Dios, pero principalmente es lo último. El pecado no es expulsado hasta que Cristo es atesorado. Es por eso que no hay mejor herramienta para derrotar a la glotonería que una dieta consistente y variada de la Palabra de Dios. A medida que veo facetas nuevas y conocidas del increíble carácter de Dios, mi alma está satisfecha y la comida ya no atrae a mi adoración. Es más, es en la adoración a Dios que finalmente podemos ver a la comida con el propósito para el cual fue diseñado: una sombra de Cristo.
...Afirmó Jesús… «El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». —Señor —le pidieron—, danos siempre ese pan. —Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed (Jn 6:31-35).
Encontrar victoria sobre la adoración a la comida (y a la vanidad) comienza con una admisión honesta de que preferimos satisfacer nuestros sentidos que conocer a Dios. Necesitamos, entonces, comprender que no podemos vencer al pecado en nuestras fuerzas, que necesitamos un Salvador para liberarnos. El hambre y la sed que mueven nuestra glotonería son solo saciadas en Jesús. Corre a Él y cree en Él. Cuando parezca imposible cree, clama en desesperación: «¡Ayúdame en mi poca fe!». Para más publicaciones de esta serie, haz clic aquí.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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[La comida y la Biblia] ¿Le damos demasiada gloria a la comida?
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[La comida y la Biblia] ¿Le damos demasiada gloria a la comida?

Una vuelta por Pinterest es suficiente para convencerte de que la comida es una parte importante de la temporada de festividades. El festín siempre ha sido un aspecto importante de la celebración y continuará siéndolo. Sin embargo, muchos de nosotros tenemos una relación de amor y odio con la comida. Podemos abordar el asunto de la comida desde muchos ángulos, porque la Biblia en realidad tiene mucho que decir sobre este tema. No obstante, hoy quiero hablar sobre el asunto de la gloria. La esencia de la palabra gloria es «peso». Glorificar algo es darle peso o importancia. Glorifico (o doy peso) a mis libros favoritos al elogiarlos frente a otros. Glorifico a mi esposo al considerar su contribución como la más importante. Glorifico a mis problemas cuando hablo de ellos con tanta frecuencia que se convierten en mi enfoque principal. Me glorifico a mí misma cuando trato mis fracasos y mis éxitos como sumamente significativos. Glorificar algo es darle peso, importancia y valor supremo. Así que permíteme hacer la pregunta: ¿le estamos dando demasiada gloria a la comida? La Biblia nos da el concepto general de que la comida es un símbolo de una realidad mayor. Nuestra necesidad de sustento diario, todos los sabores deliciosos, la satisfacción de un estómago lleno después del hambre, todo apunta a Jesús, nuestro Pan de Vida, nuestra Agua Viva, nuestro Vino Nuevo, nuestra plenitud de gozo y satisfacción completa. Existen dos maneras en las que podemos elevar el símbolo por sobre la Sustancia: celebrando el placer de la comida por sobre Cristo o celebrar el poder de la comida por sobre Cristo. La primera considera a la comida como la fuente fundamental de satisfacción; la última, como el sanador definitivo.

La Fuente fundamental de satisfacción

En Éxodo 16, los israelitas ya habían pasado cincuenta días desde su milagrosa liberación de Egipto. Se quejaron con Moisés mientras estaban apunto de quedarse sin comida: «Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos. Pues nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud» (Ex 16:3). Cuando se les presentó la oportunidad de tener comida mientras eran esclavos o de tener a Dios en el desierto, ellos escogieron la comida. Asumieron que la comida era más necesaria que Dios mismo. Sin embargo, a pesar de que Israel tenía puesta su fe en el lugar incorrecto, ¡Dios responde misericordiosamente al hacer llover pan del cielo! En Deuteronomio 8:3, se explica la razón que Dios tuvo para hacerlo:
Él [Dios] te humilló, y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná que tú no conocías, ni tus padres habían conocido, para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del Señor.
La comida no es una necesidad fundamental; es un símbolo de lo que realmente necesitamos: la Palabra de Dios, Cristo mismo. La comida puede satisfacer temporalmente nuestra hambre, pero solo Jesús puede llevar el peso completo de nuestros deseos y necesidades. Saborear algo dulce puede darnos un placer momentáneo, pero solo la dulzura de Jesús permanece y deleita el alma.

El Sanador definitivo

Cientos de años después del milagro del maná, Daniel y sus amigos habían sido llevados esclavos por Nabucodonosor a Babilonia. Estos cuatro hombres jóvenes son escogidos para ser educados y finalmente entrar al servicio del rey de Babilonia. Durante ese tiempo, se les dio una porción de la comida y del vino escogidos del rey. Sin embargo, este es un problema para los jóvenes israelitas. En Levítico 11, Dios había delimitado ciertos animales como limpios e inmundos para su pueblo. La distinción de la comida era para apartar a los israelitas de todos los otros pueblos, para hacerlos diferentes (o santos) como Dios mismo es apartado y santo. Daniel, al haber dispuesto en su corazón mantenerse santo mientras estuviera en Babilonia, decide no contaminarse con la comida escogida del rey y pidió permiso para comer vegetales (Dn 1:8). Aunque el oficial estaba preocupado de que perdiera peso y se debilitara, vemos el resultado en el versículo 15: «Después de los diez días el aspecto de ellos parecía mejor y estaban más rollizos que todos los jóvenes que habían estado comiendo los manjares del rey». La pregunta es, ¿a qué le daremos crédito por esta asombrosa transformación? En nuestra cultura actual obsesionada con la comida y la salud, es tentador concluir que fueron los vegetales lo que los convirtió en hombres fuertes y saludables. Sin embargo, una interpretación más adecuada del capítulo 1 de Daniel es darle crédito a Dios. Daniel dio un paso de fe porque quería honrar a Dios en una tierra extranjera, y Dios respondió a su fe al otorgarle los resultados que él necesitaba. Ciertos alimentos podrían tener la capacidad de hacernos sentir bien temporalmente, pero solo Dios tiene el poder de mantenernos saludables y fuertes. La comida saludable no es el salvador de nuestros cuerpos; Dios lo es. Solo Él sustenta nuestra vida; solo Él trae salud.

Lo fundamental

En relación a la comida en la actualidad, no existe escasez de opiniones sobre cómo matar los antojos y finalmente cultivar el dominio propio. Hay mucho debate sobre qué y cómo comer. Puede ser que no estemos discutiendo sobre si comemos carne sacrificada a los ídolos o no, pero a pesar de ello, las palabras de Pablo a los corintios deben darle forma a nuestros pensamientos:
Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios (1Co 10:31).
Lo fundamental es esto: en toda tu alimentación, como sea que la lleves a cabo, dale la gloria a Dios como la Fuente fundamental de satisfacción y el Sanador definitivo. Niégate a permitir que la comida obtenga la gloria al excederte. Si estás tentando a comer más de lo que debes, pídele a Dios que te recuerde que Él es como una buena comida, que satisface el alma y alegra el corazón. Pídele que mantenga tus ojos en Él en el tiempo de festividades. ¡Deja que los sabores deleitables de una cena de Navidad despierten tu corazón para saborear y ver que el Señor es bueno! Glorifica a Dios mientras comes. Niégate a permitir que la comida obtenga gloria al sobreenfatizar su poder. Sí, me siento mucho mejor comiendo una dieta bien balanceada que pasteles y dulces todo el día, y debo comer de una manera que me permita servir a Dios mejor. Sin embargo, solo Dios tiene el poder sobre mi salud. Él decide cuántos latidos tiene permitido latir mi corazón. Él ha contado mis días y le dice a mi cuerpo cuándo detenerse. Solo Dios da vida, y es Dios quien la quita. Pídele que te ayude a mantener la comida en su lugar al entregarle a Él el peso de gloria por tu vida, tu salud y tu vitalidad. Mientras nos sentamos en la mesa de amigos y familia en tiempo de festividades, comamos y bebamos para la gloria de Dios, hablando altamente de Él por sobre todo lo demás. Para más publicaciones de esta serie, haz clic aquí.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Redimamos Halloween: siendo misionales en la noche de espanto
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Redimamos Halloween: siendo misionales en la noche de espanto

Y los fariseos y los escribas murmuraban: «Este recibe a los pecadores y come con ellos» (Lc 15:2).
Hoy prenderemos las luces de la entrada de nuestra casa, pondremos un cartel y estaremos regalando barras de chocolate extra grandes a cientos de niños, mamás, papás y adolescentes. Algunos murmurarán que recibiremos a pecadores; sin embargo, también dijeron esto de Jesús.

Luz del mundo

Muchos cristianos creen que entregar dulces en Halloween no es una buena idea. Asumen: «si les damos dulces, soy partidario de todo lo que representa este día y, por tanto, comprometo mi testimonio como cristiano». Sí, Halloween puede representar algunas cosas realmente diabólicas. Sí, es un día en que las personas adoran a Satanás, a los demonios y la oscuridad espiritual. Sí, es una excusa para el pecado no arrepentido. Sin embargo, ¡somos la luz del mundo! La luz fue diseñada para la oscuridad. «No [...] se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija». Mientras más oscuro el día, más luces brillan. «Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos». ¿Quién necesita ver la luz de Cristo? ¿Los santos? ¿O los pecadores?
Y sucedió que estando Jesús sentado a la mesa en casa de Leví, muchos recaudadores de impuestos y pecadores estaban comiendo con Jesús y sus discípulos; porque había muchos de ellos que lo seguían. Cuando los escribas de los fariseos vieron que Él comía con pecadores y recaudadores de impuestos, decían a sus discípulos: «¿Por qué Él come y bebe con recaudadores de impuestos y pecadores?» (Mr 2:15-17).
El Evangelio de Jesucristo es para los pecadores. ¿Cómo Jesús, el médico, se involucró con quienes estaban enfermos? Él se juntaba con ellos, se vinculaba con ellos, comía con ellos. Si nuestro Amo, Jesús, pasó tiempo con los pecadores de esta manera, ¿cómo podemos considerarnos demasiado «santos» para hacer lo mismo? Fueron los fariseos quienes se veían a sí mismos demasiados santos como para involucrarse con los pecadores a nivel de suelo. Seamos como Jesús, no como esos fariseos espiritualmente arrogantes.

Halloween misional

Por un momento, imaginemos que Jimmy y yo somos misioneros en un país extranjero. Acabamos de llegar y aún estamos conociendo la cultura y la vida cotidiana de los habitantes de este país. Muy pocos conocen a Jesús y el culto a los ancestros es la práctica religiosa más común. Hemos estado orando por una manera de poder conocer a más personas y para tener algunas oportunidades de compartir a Jesús. Entonces, escuchamos sobre un gran festival de veneración a los ancestros para la cual toda la ciudad saldrá. Si tan solo prendes la luz de la entrada de tu casa, ellos se acercarán a tu puerta para cantar canciones de veneración a sus ancestros. Como misioneros, ¡daríamos gracias a Dios por tan grande oportunidad! En lugar de pasar días buscando un solo momento para poder conocer a alguien y conversar sobre la fe, ¡ahora hay muchos que vendrán a nuestra puerta con su mente ya puesta en cosas espirituales! ¡No puedo imaginar una oportunidad más perfecta para conocer a estos extranjeros y hablarles de mi fe! ¡Esto es exactamente lo que Halloween puede ser para los seguidores de Jesús en este país! Ya debiéramos estar siendo misionales en nuestros vecindarios, buscando alcanzar a nuestros vecinos con las buenas noticias de Jesús. Por tanto, ¡qué día más perfecto para conocer a las familias que viven a nuestro alrededor! Además de eso, ya existe un aire de espiritualidad ese día. Sí, tiene un sentido espiritual diabólico, pero es una plataforma para sacar el tema de la vida, la muerte, el infierno, el cielo y ¡el Gran Dios que venció a Satanás en la cruz por medio de su increíble gracia al sacrificar a su Hijo por los pecadores como nosotros! Jesús recibió a los pecadores, así que de igual manera, recibamos a los pecadores hoy.

Transfórmalo para bien

Existe una manera de involucrarnos con las personas en Halloween sin realmente celebrar el día en sí. Nosotros somos muy cuidadosos de no tener ninguna decoración tradicional de Halloween como fantasmas, telarañas, monstruos, etc. Al contrario, intentamos etiquetarnos como la casa «locamente generosa» de nuestra calle, ¡para declarar la naturaleza generosa de nuestro Dios al enviar a su Hijo! Hay una canción que nos encanta cantar en nuestra iglesia llamada Sovereign Over Us [Soberano sobre nosotros] de Aaron Keyes que dice: «Aun cuando el enemigo quiera hacernos mal, Tú lo cambias para bien y para tu gloria»[1]. Halloween es un día que Satanás ha dispuesto para mal, pero Dios en nosotros lo aprovecha para el bien de otros por medio de compartir el Evangelio y la gloria de Dios al apuntar a su gracia. Verás, Halloween es una gran festividad en nuestro vecindario. Cada año, cientos de personas llegan a nuestra puerta. ¡El año pasado fueron 700! Este año compramos 1000 barras de chocolate gigantes (anticipando una gran multitud) y nuestro grupo en casa de la universidad nos está ayudando en oración, entregando dulces, dándole la bienvenida a las personas al pie de la escalera y buscando oportunidades para hablar de Jesús. Después de ser amadas, recibidas y bendecidas con enormes barras de chocolate, apuntamos a cada persona a Jesús por medio de letreros que están en la salida de nuestra casa que proclaman Romanos 6:23: «Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro».

Nosotros también somos pecadores

No olvidemos que la única razón por la que somos salvos es porque Jesús se dignó a entrar a la inmundicia de nuestra vida, a encontrarnos donde estábamos y nos extendió su gracia y amor ahí. No somos menos pecadores que aquellos que buscamos alcanzar. ¡Simplemente somos grandes pecadores con un Salvador mayor! No caigamos en la trampa de los fariseos, pensando, en nuestra religiosa arrogancia, que somos mejores que quienes no lo conocen, pues Jesús mismo dijo: «En verdad les digo que los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que ustedes [líderes religiosos]» (Mt 21:31).
Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero (1Ti 1:15).
Recordemos la responsabilidad que el Señor nos dio en noches como la de hoy, no para huir de la oscuridad, sino que para cubrirla con la luz amorosa del Evangelio. «Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura”» (Mr 16:15).
Este recurso fue publicado originalmente el 31 de octubre de 2014 en el blog de Kelly Needham.

[1] N. del T.: Traducción propia.
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Gloriosa humildad acostada en un pesebre
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Gloriosa humildad acostada en un pesebre

Todos estamos bastantes hambrientos de gloria. Nos importa profundamente lo que otros piensan de nosotros o al menos lo que las personas apropiadas piensan de nosotros. Queremos ser importantes, especiales, talentosos, espirituales, únicos, maduros, sabios, adinerados, populares, exitosos y queridos. Queremos que se nos dé mucha importancia: ser glorificados. Algunos de nosotros podríamos no querer demasiada gloria, solo lo suficiente para hacernos sentir mejor que cualquier otra persona. De cualquier forma, tenemos un problema: queremos buscar gloria. Y a ese mundo que busca gloria vino un Dios que renunció a su gloria.

Y [María] dio a luz a su Hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

En la misma región había pastores que estaban en el campo, cuidando sus rebaños durante las vigilias de la noche. Y un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: «No teman, porque les traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo; porque les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto les servirá de señal: hallarán a un Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».

De repente apareció con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, alabando a Dios y diciendo:

«Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace» (Lc 2:7-14).

El gozo del cielo es expuesto mientras la alabanza rebosa a los pastores esa noche. ¿Qué es tan deleitable, tan emocionante sobre el momento en que Jesús renunció a su gloria? ¿Y por qué a menudo no compartimos la exuberancia de los ángeles por el nacimiento de Jesús? Aunque sabemos que este es un día importante para nuestra fe, su nacimiento a menudo es visto como un trampolín hacia las cosas más grandes y más importantes que hizo Jesús: su ministerio, su muerte y su resurrección. Sin embargo, ninguno de esos momentos obtiene una declaración así de celestial. Por tanto, ¿qué es tan digno de elogio sobre el bebé recostado en el pesebre?

Jesús, el perfecto

Con frecuencia, no estamos entusiasmados por el nacimiento de Jesús, porque no entendemos la razón por la que vino como un bebé. ¿Acaso no habría sido más eficiente que descendiera a la tierra a los treinta años para llevar a cabo su ministerio y luego pagar por nuestros pecados en la cruz? Si su muerte y resurrección era todo lo que Él vino a hacer, ¿por qué llegar como un bebé y pasar treinta años haciendo cosas domésticas? Porque nuestra gran necesidad no era solo que nuestros pecados fueran pagados. Imagina que buscas entrar a una organización especial. El costo de la membresía es de un millón de dólares. El problema es que no tienes un millón. No solo eso, ¡actualmente tienes una deuda de un millón de dólares! Por supuesto que necesitas pagar tu deuda, pero estar en cero aún no compra tu entrada. Necesitas una cantidad a favor de un millón de dólares. De la misma manera, la salvación no solo requiere la ausencia del pecado, sino que la presencia de la perfección. Jesús nos dijo: «si su justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos» (Mt 5:20). Jesús vino como un niño para ganar esa justicia por nosotros. Una justicia pura, perfecta sin ninguna mancha ni arruga. Él fue hecho como nosotros en todas las cosas (Heb 2:17): en su infancia, en su niñez, en su adolescencia y en su adultez; en enfermedad y en salud, en alegría y en tristeza, en aflicción y en sufrimiento, en lo doméstico y en lo importante. Él fue tentado en todas las cosas igual que nosotros, pero sin pecado (Heb 4:15). Jesús vivió una vida perfecta, desde su nacimiento hasta su muerte, para que podamos ser revestidos en Él, el Único que se ha convertido en nuestra justicia ante Dios (Gá 3:27; 1Co 1:30). Ese infante acostado en un pesebre es la única razón por la que podemos ser salvos. Él no solo vino a quitar nuestro pecado, sino que a ganar nuestra justicia. Por medio de su obediencia, todos somos hechos justos (Ro 5:19).

Jesús, el humilde

Hace poco le levanté la voz a mis hijas. Después de un día completo cuidándolas, preparando sus almuerzos, llevándolas al baño, limpiando manualidades y escuchando sus quejas que eran más de lo usual, comencé a enojarme. Decidí hacer lo correcto, me agaché a su nivel para pedirles perdón. Justo antes de que las palabras se escaparan de mi boca, mi hija mayor preguntó con condescendencia: «mami, ¿te vas a disculpar con nosotras ahora? Porque no fuiste muy amorosa». Luché con contener la ola del enojado diálogo interno: «¡¿Per-dón?! ¡¿No soy amorosa con ustedes?! ¡Hago todo por ustedes! ¡Todo el día! Y todo lo que hacen es quejarse y pelear entre sí. Ahora solo porque me molesté un poco, ¡¿piensan que soy yo la que está equivocada?!». La humildad no es natural para nosotros, especialmente cuando debemos mostrarla a quienes consideramos «menos maduros» que nosotros mismos. Sin embargo, Jesús no consideró su deidad como algo que imponer sobre nosotros, sino que se despojó a sí mismo, escogiendo venir como un siervo a nuestra semejanza, escogiendo venir como un bebé (Fil 2:6-7). La profunda importancia de esto no puede sentirse sin recordar quién es este Dios-Hombre. La Biblia nos dice que Jesús es la imagen del Dios invisible, por quien y para quien todas las cosas fueron creadas, el resplandor de la gloria de Dios y el Único que sostiene todas las cosas por el poder de su Palabra (Col 1:15-17; Heb 1:3; Jn 1:1-5). Considera las implicaciones alucinantes de esto en su nacimiento: Jesús, a quien todas las cosas están sometidas, voluntariamente se sometió a las limitaciones de la humanidad como un embrión en el vientre de una adolescente. Jesús, quien sostiene las galaxias que no se han visto, se dejó nutrir en el vientre de María.  Jesús, quien hizo los árboles que se convirtieron en el pesebre, permitió ser acunado dentro de uno. Jesús, quien da fuerza a todo ser humano, se dejó sostener y sujetar por brazos humanos. Jesús, el Único sin principio, se permitió nacer.  Jesús, la Palabra, limitó su lenguaje a un llanto indefenso. Jesús, quién no conocía un momento de ausencia de honor del cielo, vino a un mundo de cabras balando y de aroma a ganado. Sin desfile, sin alfombra roja, sin honor. Jesús, el Juez del Apocalipsis cuyos ojos son llamas de fuego, primero llegó como un infante indefenso, incapaz de soportar el peso de su propia cabeza. Jesús, a quien se le debe toda gloria, dejó de lado su gloria al descender a la suciedad de nuestra atmósfera empapada de pecado donde aquellos dignos de vergüenza están profanamente hambrientos de gloria.

La humildad es gloriosa

Juan 1:10-11 dice: «Él estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no lo conoció. A lo suyo vino, y los suyos no lo recibieron». Jesús podría haber gritado como yo: «¡hago todo por ustedes! ¡Yo mantengo sus átomos unidos! Por mi elección consciente, están vivos ahora mismo. Todo lo que hacen es quejarse, reclamar y buscar sus propios caminos. Y ahora cuando vengo a ayudarles, me rechazan». Pero no lo hizo. Piénsalo nuevamente: no lo hizo. Jesús, la única persona que no debe ser humillada, se humilló a sí mismo como siervo por una humanidad desagradecida y orgullosa. ¡Aleluya! ¡Gloria en las alturas! Servimos a un Dios que mora en un lugar alto y santo, pero también con los de espíritu contrito y humilde (Is 57:15). ¡Nuestro Dios renunció a su lugar exaltado en el cielo para morar humildemente con el hombre pecador! Es la humildad de Dios lo que lo hace sumamente glorioso.  ¡Que el humilde Jesús, el Único justo sea grandemente exaltado en este tiempo de Navidad! Unámonos al coro celestial y celebremos a nuestro glorioso Dios. ¡Gloria en las alturas! Porque nuestro Dios ha venido a salvar a los pecadores y a revelarse a los humildes. 
Has tu majestad dejado, A buscarnos te has dignado Para darnos el vivir En la cruz fuiste a morir. Canta la celeste voz En los cielos gloria a Dios En los cielos gloria a Dios
Este recurso fue publicado originalmente en TrueWoman.com y en el blog de Kelly Needham.
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Cuatro maneras en que tu fe debe moldear tus amistades
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Cuatro maneras en que tu fe debe moldear tus amistades

Los amigos son la nueva familia. Con la familia tradicional nuclear en declive en Estados Unidos, las personas aún están buscando alguna forma de estabilidad y, para muchos, su mirada se está volcando hacia la amistad. Con la mayor población de solteros que nuestra nación jamás haya visto, no deberíamos sorprendernos tanto. Mega Gerber de The Atlantic hizo esta misma observación el 2017:
Las amistades, cada vez más, están jugando un rol organizador en la sociedad. Por mucho tiempo consideradas como la guarnición del plato principal (el matrimonio, los hijos y la familia nuclear por sobre todo), cada vez más, las amistades están ayudando a definir el sentido de sí mismas de las personas en el mundo. Durante el tiempo de emergente adultez y movilidad geográfica, las amistades están prestando estabilidad (y significado) a las vidas de las personas, y en especial a las personas jóvenes[1].
Este es un desarrollo interesante, puesto que, como cristianos, sabemos que la amistad es increíblemente importante. En Mateo 12:46-50, Jesús alza nuestras relaciones (nuestras amistades) con otros de una manera profunda. Y la Biblia claramente no desprecia la soltería, en realidad la exhibe, en muchas formas, como algo preferente ante el matrimonio (1Co 7:6-7, 32-35). Por lo tanto, no es algo malo que la amistad pase a primer plano. No obstante, ¿significa eso que cualquier expresión de amistad es correcta? No, no puede significar eso porque la Biblia nos exhorta a que «Miren que nadie los haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no según Cristo» (Col 2:8). El problema es que la mayoría de las personas nunca ha considerado cómo su fe debe afectar a sus amistades. Por tanto, ¿cómo el Evangelio forma nuestras amistades? ¿Qué es la amistad según Cristo? Aunque la Biblia no habla tan directamente de la amistad como lo hace del matrimonio y de la familia, no significa que no tenga nada que decir. De hecho, hay mucho que recoger de los fundamentos que ya conocemos. A continuación, comparto cuatro maneras en que nuestra fe en Cristo debe influenciar nuestras amistades.
1. Los amigos cristianos mantienen a Jesús en primer lugar
Jesús exige nuestra total lealtad; ser nuestro amigo por sobre otros (Lc 14:26). Nuestra devoción a Él debe ser tan primordial que toda otra relación parece odio en comparación. Sin embargo, la mayoría de nosotros sabe por experiencia que es demasiado fácil dejar que los buenos regalos de Dios se escabullan para llegar a estar en el primer lugar de nuestros corazones. Y la amistad no es la excepción. Esto significa que la amistad cristiana lucha para mantenerse a sí misma lejos del primer lugar. En esencia, es el compañerismo forjado en el fuego de la convicción de que solo Jesús puede satisfacer nuestras almas. Nuestras amistades deben fomentar la dependencia en Dios, no solo entre sí. Por supuesto, una parte importante de cómo corremos a Cristo es con nuestros amigos. No obstante, existe una diferencia entre recurrir a ellos para satisfacer nuestras necesidades y recurrir a ellos como una guía a la cruz. Por lo tanto, ¿cómo saber si has puesto tu esperanza en amigos y no en Cristo? Bien, si algo amenaza con interrumpir esa amistad (una mudanza, un nuevo matrimonio, una nueva amiga) y sientes celos, inestabilidad o te sientes desecha, podría ser señal de que demasiado de tu esperanza descansa en tus amistades. No obstante, la buena noticia del Evangelio es que tenemos todo lo que necesitamos en Cristo. Él es nuestro Salvador, nuestro Mediador, nuestro Pastor, nuestro Satisfactor. Por tanto, cuando nuestras almas están sedientas, no nos volcamos a nuestros amigos, sino a nuestro Salvador. Cuando un amigo llega a nosotros con sus profundos anhelos, no buscamos satisfacer esa necesidad, sino que buscamos apuntarlos a Jesús.
2. Los amigos cristianos son desinteresados
Después del mandamiento de amar a Dios con todo lo que somos se encuentra el de amar a otros más que a nosotros mismos (Mr 12:29-31; Jn 13:34). Nuestras amistades con otros deben estar marcadas por el desinterés. A menudo, enmascaramos nuestra codicia interna con generosidad externa. He visto esto en mi propia vida. Aparece en mi tendencia a ser extra amable con la persona popular que podría darle un empujoncito a mi vida social. De la misma manera, he evitado hablarles con verdad a mis amigas porque prefiero una amistad falsa, pero cómoda, en lugar de algo real. Todo está «bien» externamente, pero en el fondo, mis propios deseos y preferencias predominan por encima de todo. Como cristiana, eso nunca es aceptable. La buena noticia es que Jesús nos ha dado acceso a Dios el Padre, la fuente de todo amor y poder. Cuando encontremos todo lo que necesitamos en Él, podremos llegar a nuestras amistades satisfechas, no hambrientas y, de ese modo, encontrar poder para amar a otros sacrificialmente. Podemos ser el tipo de amigas para otras que nosotras mismas deseamos tener.
3. Los amigos cristianos honran las instituciones del matrimonio y la familia
La Biblia es clara respecto a que Dios es el arquitecto detrás del matrimonio y de la familia que crece a partir de él. Esto significa que preservamos la integridad de estas relaciones, puesto que son sombras de realidades mayores e importantes: la unión con Cristo y la familia eterna de Dios. Esto no significa que la amistad sea menos importante. De una manera, es más esencial que el matrimonio y la familia, porque aun cuando no todos se casen, todos necesitan amigos. Pero solo porque sea esencial no significa que debamos practicar la amistad de la misma manera en que practicamos la familia. Esto significa dos cosas para nuestras amistades. En primer lugar, nos aseguramos de que nuestras amistades no estén imitando la naturaleza de «una sola carne» del matrimonio. Las amistades saludables no deberían promover la exclusividad, los celos, la propiedad o la sensualidad. Al contrario, sostenemos a nuestros amigos con las manos abiertas e invitamos a otros a unirse. Celebramos la formación de nuevas amistades en las vidas de nuestros amigos y estamos abiertos a construir nuevas amistades nosotros mismos. En segundo lugar, trabajamos para fortalecer a los matrimonios y a las familias a nuestro alrededor con nuestra amistad, no para obtener algo de ellos. Si una amiga tiene que  hablar con su esposo antes de aceptar ir a una salida de chicas, no lo lamentemos, celebrémoslo. Si un amigo está pasando más y más tiempo con nosotros para jugar videojuegos en lugar de estar con su familia, confrontemos el comportamiento, no lo posibilitemos.
4. Los amigos cristianos permanecen en misión
Somos personas salvadas y enviadas. Nuestro tiempo en la tierra no es solo una sala de espera para el cielo, sino un campo de misión. Hay una guerra librándose a nuestro alrededor y las almas eternas están en riesgo. Vivimos para servir a Aquel que nos salvó, como buenos soldados de Jesucristo. Y un soldado «no se enreda en los negocios de la vida diaria, a fin de poder agradar al que lo reclutó como soldado» (2Ti 2:4). Entonces, ¿qué tiene que ver eso con nuestras amistades? Significa que no permitimos que nuestro objetivo se convierta en mantener nuestros cómodos círculos sociales. Debemos estar contentos con menos amigos y con amistades por temporadas. De otra manera, mientras vamos de tomarnos un café a otro, perdemos la capacidad de ver a nuestro vecino solitario en la casa del lado o la lucha de una madre soltera en la tienda. El gozo de esta verdad infunde a nuestras amistades con un propósito eterno. Nos convertimos en más que amigos; nos convertimos en camaradas. Los expertos en guerra nos dicen que los camaradas son más cercanos que los amigos, porque se unen por razones que van más allá de su propia amistad. Lo mismo es cierto para nosotros. Cuando nos unimos, no con el propósito mundano de satisfacer los deseos de nuestra amistad, sino que con un propósito eterno de luchar codo a codo para ver venir el Reino de Dios, nuestras amistades serán más satisfactorias y eclipsarán fácilmente a sus contrapartes mundanas.
Originalmente publicado en The Gospel Coalition.
Puedes encontrar también este recurso en el blog de Kelly Needham.

[1] N. del T.: traducción propia.

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Muriendo a ti mismo: para tu bien y para su gloria
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Muriendo a ti mismo: para tu bien y para su gloria

Y a todos les decía: «Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa de mí, ese la salvará» (Lc 9:23-24).
La familiaridad con estos versículos a menudo puede nublar su obvio significado: seguir a Jesús es morir. Y aunque podríamos pegarlos en los muros de nuestras cuentas de Facebook o citarlos en las firmas de nuestros correos electrónicos, nuestra experiencia rara vez está alineada con la muerte diaria ordenada en las palabras de Jesús. La cruz de la que habla Jesús no es una joya o una decoración para el hogar; es un instrumento de muerte brutal. Se nos pide que tomemos esta herramienta letal diariamente; cada día. Seguir a Jesús es morir diariamente.

Una muerte inesperada

Había estado siguiendo a Jesús por muchos años cuando me casé con Jimmy. Sin embargo, mi aversión a morir a mí misma te habría convencido de que recién había comenzado a seguirlo. La carrera floreciente de Jimmy como cantante sostenía un cuchillo en la garganta de mi propia arrogancia. A medida que su fama aumentaba, la mía se desvanecía en su sombra. Ya no era reconocida por mi propia espiritualidad o logros, simplemente era la afortunada esposa de un hombre muy talentoso y espiritualmente maduro: su compañera; su acompañante. Por primera vez, sentí el aguijón de la muerte rodeándome… y yo no estaba preparada para él. Pensé que sabía cómo perder mi vida por Jesús, pero claramente cualquier muerte que haya hecho no había sido así de dolorosa. Y ahora, estaba rodeada por la inevitable muerte de mi reputación y hábitos de autosuficiencia, y no había escapatoria. La importancia que encontré en ser una buena chica cristiana, el deleite que me provocaba ser admirada y todos los beneficios adicionales de mi vieja vida de ministerio como una persona soltera estaban siendo mortificados. Y se sintió así. Casarme fue la primera de las muchas etapas de muerte, perder mi vida por causa de Cristo. Aunque estaba confundida y enojada en el momento, ahora me doy cuenta de que Dios me estaba dando el mejor regalo que jamás recibiría: libertad de mí misma. Debido a que las sutilezas de mi carne pecaminosa se manifestaban generalmente en un «buen comportamiento cristiano», el orgullo y el amor propio me habían resultado imposibles de detectar. Puesto que no estaba consciente de esta fortaleza cada vez más grande en mi vida, Dios tomó la iniciativa de liberarme. Nunca he estado tan agradecida. La mayoría de nosotros nos sorprendemos cuando tomar nuestra cruz en realidad duele. Erróneamente, asumimos que nuestros deseos carnales morirán fácil y rápidamente. Después de todo, somos nueva creación con el Espíritu de Dios viviendo en nosotros. No obstante, los antiguos amores y los viejos hábitos aún se retuercen de dolor en su último aliento. La muerte física es complicada, dolorosa y aterradora. En mi experiencia, perder mi vida por causa de Cristo a menudo se ha sentido igual.

La muerte es complicada

No lo vi venir. Dado que nuestra relación, en el noviazgo y el compromiso, había sido como un sueño, asumí que estar casada no sería algo menos que eso. Ese viaje inicial a Nashville, dos semanas después de caminar hacia el altar, me hizo pasar al año más confuso de mi vida. Había sido golpeada por una ola más grande de la que podía manejar y di vueltas bajo el agua, insegura de cuál era el camino que iba hacia arriba o cuál iba hacia abajo. La crucifixión de mi carne en esos momentos iniciales fue complicada, dura y confusa. Estaba convencida de que lo que Dios buscaba destruir era algo bueno, una ayuda y ventaja para mi vida. Sin embargo, la carne, por muy noble que nos pueda parecer, no puede agradar a Dios ni ocasionar ninguna cosa buena. Incapaz de ver tan claramente en ese momento, quedé errante y confundida. Me tomó un par de años y un poco de consejería, pero finalmente pude comunicar con cierta precisión la buena obra que Dios estaba haciendo en mi vida. Pero hasta entonces, solo fue complicado.

La muerte es dolorosa

Morir es doloroso porque algo muy amado se pierde para siempre. En el caso de los seguidores de Cristo, estamos perdiendo los caminos de autosuficiencia y arrogancia a los que nos hemos acostumbrado, el pecado preferido que mantenemos para consolarnos en días lluviosos y los hábitos mundanos que disfrutamos y que nos ayudan a encajar en esta tierra. Estas cosas, aunque son dañinas para nuestra relación con Dios, no mueren sin una pelea. Aún puedo sentir el doloroso retorcimiento dentro de mi alma a medida que mis antiguos modos y mis viejos amores exhalaban su último suspiro. La tristeza acompañaba mi dolor interior a medida que los caminos antiguos y conocidos son destruidos para siempre.

La muerte es aterradora

La muerte nos lanza a un territorio desconocido sin vuelta atrás. ¿Cómo será la vida al otro lado? No existe prueba previa, no hay una política de devolución después de 30 días. Algo muere y una completa nueva vida comienza. Sí, la nueva vida prometida es buena, pero ¿cómo es una vida de dependencia en Dios? Nos preguntamos: ¿cómo sobreviviremos sin nuestro bien recorrido camino de autosuficiencia? ¿Cuán peligroso es este nuevo camino? ¿Cuán doloroso? ¿Cómo se manifiesta la ayuda de Dios? El desafío es que no lo sabremos realmente hasta que la autosuficiencia esté a unos 2 metros bajo tierra y tengamos ambos pies en la roca de Cristo.

La muerte es algo bueno

Sí, la muerte es complicada. Sí, la muerte es dolorosa. Sí, la muerte es aterradora. Sin embargo, la muerte, para los seguidores de Cristo, es algo bueno. Asegura la desaparición de todo lo que nos aleja de Dios. Promete que el pecado y la carne pueden ser conquistados definitivamente por una tumba.
¿O no saben ustedes que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si hemos sido unidos a Cristo en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección. Sabemos esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado (Ro 6:3-7, [énfasis de la autora]).
La invitación a morir (a tomar nuestra cruz y perder nuestras vidas por causa de Jesús) es verdaderamente una invitación a la novedad de vida, a la unión con Cristo y a la libertad total del pecado. ¡Porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado! Mi deseo es que escojamos morir a nosotros mismos para que podamos estar unidos con Jesús, ¡sabiendo que solo Él tiene el poder de salvar nuestras vidas a medida que se las confiamos a Él!
Este artículo fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham y ReviveOurHearts.com.
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La mayor obra que puedes hacer en la universidad
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La mayor obra que puedes hacer en la universidad

Para el cristiano, los años de universidad a menudo están marcados por grandes deseos de cambiar el mundo en el nombre de Jesús y de sueños del impacto que pueden tener durante su tiempo en la tierra. Es un tiempo lleno de oportunidades de servicio y, por tanto, marcado por el ajetreo de muchos jóvenes que no quieren desperdiciar ninguna de esas oportunidades en su camino. Sin embargo, hacer cosas para Jesús no puede ni debe ser tu meta principal. Si lo es, has dejado de lado la única obra que verdaderamente importa: conocer a Dios por medio de Jesús, su Hijo.

Practicantes de la iniquidad

La descripción que Jesús hace de las buenas personas en Mateo 7 es inquietante:

No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?». Entonces les declararé: «Jamás los conocí; apártense de mí, los que practican la iniquidad» (Mateo 7:21-23).

Es una sección aterradora del Sermón del Monte donde Jesús expone la mentira de que solo el buen comportamiento y la correcta teología pueden salvarte. Esta es una lista de características del grupo de personas descrito en el pasaje:
  • Llaman a Jesús «Señor».
  • Profetizan en su nombre.
  • Echan fuera demonios en su nombre.
  • Hacen milagros en su nombre.
  • Jesús no los conoce.
  • Practican la iniquidad.
  • Se les niega el acceso a Jesús.
Es difícil creer que todos estos atributos puedan pertenecer al mismo grupo de personas. ¿Cómo puede alguien que cree correctamente que Jesús es Señor ser un practicante de la iniquidad? ¿Cómo se le puede negar a alguien que hace milagros por Jesús el acceso a Él? Por una simple y profunda razón: ellos no conocían a Jesús.  ¿La conclusión? Conocer a Jesús es mucho más importante que hacer cosas para Jesús.

Preferimos hacer en lugar de conocer

El problema es que hacer cosas para Dios a menudo es mucho más divertido que conocer a Dios. Nos permite vernos en acción, sentirnos importantes y valiosos. Aunque nuestros deseos de cambiar el mundo en el nombre de Jesús probablemente son bien intencionados, a menudo apestan a arrogancia. No obstante, esta es la verdad:
  • Hacer cosas para Dios acentúa nuestras capacidades; conocer a Dios resalta las de Él.
  • Hacer cosas para Dios nos hace sentir productivos; conocer a Dios consume nuestro tiempo.
  • Hacer cosas para Dios es visto por otros; conocer a Dios rara vez lo es.
  • Hacer cosas para Dios es cuantificable; conocer a Dios no lo es.
  • Hacer cosas para Dios consigue adulación de muchos; conocer a Dios nos otorga la afirmación de solo Uno.
No es de extrañarnos que luchemos por encontrar tiempo para sentarnos a solas con el Todopoderoso, pero rápidamente decimos «sí» a las oportunidades de ministerio. Uno amplifica la carne; la otra la mata. ¿Y quién disfruta morir?

Las buenas obras no son el problema

Claramente, Dios no está en contra de hacer buenas obras, puesto que Él nos dice que Él ha preparado buenas obras para que nosotros andemos en ellas (Ef 2:10). Sin embargo, en la enseñanza de Jesús, aprendemos que hacer buenas obras sin un conocimiento personal de Cristo nos hace practicantes de la iniquidad. Si nuestras buenas obras para Cristo no son nacidas de un conocimiento personal de quien es Él, la obra es en vano. El descanso de María a los pies de Jesús siempre supera el servicio distraído de Marta a los santos. No, Dios no está en contra de las buenas obras, pero Él también sabe que hacer cosas buenas a menudo es lo que nos aleja de la quietud que se requiere para conocerlo.

El arduo trabajo de la inactividad

La única manera de evitar las obras de iniquidad y el ministerio egocéntrico es hacer del conocimiento de Dios nuestra principal prioridad. Debemos escoger diariamente la inactividad de la quietud y «la pérdida de tiempo» en la Palabra y en la oración, incluso a costa de otras oportunidades de ministerio y objetivos con visión de Reino. Pero no te dejes engañar: buscar a Dios no se lleva a cabo sin esfuerzo. Conocer a Dios no es poner tus pies sobre un banquillo y tomar un descanso. Es trabajo duro de otra especie. Es la persistencia de esperar en Él en oración, la resistencia regular a la distracción al leer la Palabra, la muerte intencionada a la productividad y a las listas de quehaceres, la persistencia en el capítulo y en el versículo en lugar de apresurarse a las preocupaciones de la vida y a la mentalidad maratón de fe hora a hora. Buscar y conocer a Dios es hacer el único trabajo arduo que Jesús nos pide: creer en Él y disfrutarlo como nuestro Pan de Vida, nuestra satisfacción diaria (Jn 6:19, 35-36). Mi preocupación es que la mayoría de nosotros rápidamente vamos a toda prisa a la obra del ministerio antes de hacer la obra que más importa: conocerlo. Y como Jesús ha dejado en claro, el servicio sin Él es receta para las obras sin sentido y de iniquidad. Hacer cosas antes de conocer es una obra verdaderamente improductiva; hace girar nuestras ruedas mientras estamos convencidos de que estamos haciendo un gran progreso. No caigas en esa trampa. Nunca te permitas hacer cosas por Dios para usurpar la principal obra de conocer a Dios. Esa es la obra que importa verdaderamente.

Cómo cambiar el mundo

Solo una cosa puede cambiar verdaderamente al mundo: el alma enamorada de Jesús. Solo una cosa puede posibilitar un impacto de por vida para el Reino de Dios: una búsqueda diaria de intimidad con Él. Y una de las amenazas más grandes para llevar a cabo esta tarea infinitamente importante es la tentación de hacer cosas para Dios antes de sentarnos con Él. Por tanto, te ruego, estudiante universitario ocupado, si tienes que escoger, escoge tiempo en la Palabra y en la oración, no esa oportunidad de ministerio. Cultiva el hábito diario de sentarte en quietud ante Él, incluso a costa de tu vida social. Haz que sumergirte profundamente en el carácter de Dios, buscar todas sus facetas que puedas encontrar en su Palabra y esperar diligente y fielmente en Él en oración sea tu objetivo de por vida. Nada vale más tu tiempo; nada cambiará más al mundo.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham y en ReviveOurHearts.com.
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Cómo encontrar el equilibrio entre el ministerio dentro y fuera de tu hogar
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Cómo encontrar el equilibrio entre el ministerio dentro y fuera de tu hogar

No necesito ser convencida de que mi principal llamado al ministerio se encuentra en mi hogar. Sé esto y me preocupa. Verás, estoy casada con un hombre que está en el ministerio a tiempo completo; tenemos tres hijos[1] que tienen menos de siete años, dos de los cuales educo en casa; y actualmente le alquilamos una habitación que teníamos desocupada a tres jovencitas. Nuestra vida en casa es ocupada y llena de oportunidades para ministerio. Sin embargo, Dios continúa dejando en claro que la obediencia a Él también incluye algún ministerio fuera de mi hogar. Gracias al aliento constante de mi esposo y de muchas amigas, escribo regularmente, enseño en la iglesia, lidero un grupo pequeño y discipulo mujeres de mi iglesia. Me preocupa porque conozco el valor eterno del hogar y cuán tentador es darle prioridad a mis responsabilidades fuera de casa. Me preocupa porque temo que no daré en el blanco para equilibrar estos dos competitivos ámbitos. La verdad es que a menudo lo hago. Entonces, ¿dónde está el manual para lidiar con estos momentos de conflicto entre el hogar y el ministerio? ¿Qué debes hacer cuando tus hijos están enfermos la semana del retiro de mujeres? ¿Cuando alguien de tu grupo pequeño te llama desesperada mientras tus suegros están en la ciudad? ¿Cuando tu pastor te pide hacer otra tarea más cuando apenas puedes terminar de lavar la ropa sucia? ¿Cómo podemos discernir cuándo decir «sí» y cuándo decir «no»? Lo haremos cuando reconozcamos la tentación del ministerio, considerando qué es lo que necesita nuestro hogar en específico para florecer y aceptando nuestros límites.

La tentación del ministerio

Aunque sé que el ministerio en mi hogar debe superar el ministerio fuera de él, mi tendencia es a ceder a las demandas del primero. ¿Por qué? En parte porque siento que me dan significado. Se siente bien que te pongan atención y te muestren aprecio. La tarea que tengo en casa no trae mucho aprecio y, por su naturaleza, son repetitivas y domésticas. Aunque invertir en el hogar tiene una importancia enorme y eterna, es una inversión de tipo «maratón». Y existen muchos otros caminos donde mis capacidades pueden ser usadas con una recompensa inmediata. No obstante, existe otra razón por la que soy tentada a preferir el ministerio por sobre mi hogar. A menudo, olvido que Dios no me necesita. Él no está mirando desde su trono, mordiéndose las uñas porque yo no puedo responder al llamado de una mujer que está luchando con la depresión. Él no está preocupado por cómo las mujeres de mi iglesia podrán conocerlo debido a que yo no pude enseñar esa clase de métodos de estudio bíblico este semestre. Él es el autor y perfeccionador de la fe, no yo. Dios necesita que yo le sea obediente y si eso significa decir «no» a algo que parece urgente, entonces puedo confiar en que Él lidiará con las consecuencias de mi «no».

Un asunto de prioridad

Si lees lo que la Biblia tiene que decir sobre las mujeres y el hogar, notarás que dice poco sobre los compromisos que tienes fuera de casa y mucho sobre la actitud de una mujer hacia su hogar (Pr 7:11-12; 14:1; 31:27). El equilibrio entre el ministerio y el hogar no es un asunto de remuneración o de tiempo, sino al contrario, es un asunto de prioridades. Priorizar el hogar no significa glorificarlo. No se trata de tener habitaciones y comidas dignas de Pinterest. Tampoco se trata de cuánto tiempo te quedes en casa. Puedes derribar tu hogar por medio de una actitud negativa y crítica mientras que al mismo tiempo lo mantienes limpio. Puedes ignorar las necesidades espirituales y emocionales de tu familia mientras estás en casa con la misma facilidad que si estuvieras trabajando sesenta horas a la semana. La meta de priorizar el hogar es verlo florecer. Florecer se define como «crecer o desarrollarse de una manera saludable y vigorosa, especialmente como resultado de un ambiente particularmente agradable». Nuestra responsabilidad es fomentar ese ambiente favorable para un crecimiento saludable y vigoroso en nuestras familias: espiritual, emocional y físicamente.

La imagen de un hogar que florece

No hay dos hogares iguales. Lo que tu familia necesite para florecer dependerá de muchos factores, incluidas las actividades que ocurren en tu casa y cómo es el día a día de cada persona. Esto requiere que estudies a tu familia para observar qué necesidades son las más importantes y cuáles pueden pasarse por alto a veces sin mucho impacto negativo. Existen tres áreas importantes donde queremos ver a nuestros hogares florecer: el espiritual, el emocional y el físico. Considera dónde se encuentra tu hogar a medida que lees las secciones a continuación.
1. Florecimiento espiritual
Debes preocuparte profundamente por el clima espiritual de tu hogar y ser activa en crear un ambiente centrado en Cristo. Este es nuestro llamado como creyentes: ¡hacer discípulos! ¿Qué mejor que comenzar en casa? Esto siempre comienza al cuidar de tu propia alma y crear un espacio para buscar a Dios tú misma. No puedes dar lo que no tienes. En segundo lugar, sé consciente de la condición espiritual de cada miembro de la familia y considera cómo impartir verdades sobre Dios a través de actividades y tradiciones diarias. Por último, toma precauciones activamente contra las influencias del mundo, la carne y Satanás. Sin el desarrollo espiritual, tu casa podría estar organizada y tu familia bien cuidada, pero podrían carecer del conocimiento de la Palabra de Dios y del entendimiento del Evangelio de Jesús.
2. Florecimiento emocional
Nuestros hogares deben ser lugares seguros para aquellos que viven en él. Por tanto, ¿cómo podemos asegurarnos de que nuestras familias se sientan seguras y libres para ser quienes son? Sé consciente de la personalidad de cada miembro de la familia. Pon atención a cómo cada persona lidia con el estrés y considera maneras de refrescarlos y animarlos. Sé una pacificadora en tu hogar. Esto significa estar consciente de cualquier dificultad relacional dentro de tu hogar o cualquier conflicto e intranquilidad y busca la paz. Sé una intercesora: ora por quienes viven en tu hogar y busca a Dios para tener dirección en cómo ministrar a cada persona. Sin el desarrollo emocional, tu hogar podría estar organizado y podría estar creciendo en el conocimiento de Dios, pero podría estar fracturado, con cada persona sintiéndose aislada, abandonada y como si tuviesen que arreglárselas por sí mismos.
3. Florecimiento físico
Ayudar a que tu hogar florezca es mucho más que cuidar de la casa física, pero sin duda no es menos que eso. El espacio físico en el que vives impacta la actividad de quienes viven en ella. Esto comprende todos los aspectos tangibles de tu casa: comida, limpieza y orden, decoración y distribución de habitaciones y el manejo del horario. Es fácil olvidar ser estratégica en esta área porque la mayoría de estas cosas suceden pase lo que pase. No obstante, cuando se hace una planificación considerada de los aspectos básicos físicos y tangibles del hogar, puede ser una bendición increíble para la familia. Sin el desarrollo físico, tu familia podría crecer en un conocimiento de Dios y cada persona podría sentirse cuidada, pero podría ser caótica, sucia y estar demasiado llena con poco sentido de propósito y dirección.

Vive dentro de tus límites

No puedes hacerlo todo. No solo eso, quizás no puedas hacer todo lo que tu vecina o amiga puede hacer. Entender y vivir dentro de tus límites requiere humildad. No somos ilimitados como nuestro Dios; no somos omnipotentes. Necesitamos aceptar humildemente que cada «sí» que damos también requiere un «no». Si dices «sí» a liderar un estudio bíblico, ¿a qué debes decirle que «no» a fin de hacer espacio para eso? Si dices «sí» a adoptar un niño, ¿a qué responsabilidad tienes que decirle «no» a fin de hacer espacio para ello? Un «sí» al ministerio podría significar sacar cosas innecesarias como pasatiempos, entretenimiento o compromisos sociales. Podría significar delegar un par de cosas en tu casa que no afectan el florecimiento de tu hogar, haciendo algo como contratar regularmente un servicio de limpieza o decidiendo comprar comidas preparadas más fáciles de servir. Decir «no» y delegar tareas es una manera de aceptar humildemente nuestros límites como criaturas finitas.

Reevalúa regularmente

A medida que cambian las vidas de quienes están en tu casa, ajústate con ellos. El ministerio fuera del hogar podría ser adecuado para una etapa, pero no para otra. Esfuérzate para revisar regularmente los motivos de tu corazón y el «clima» de tu hogar para que el ministerio no se convierta en un hábito mecánico, sino un esfuerzo intencional. Frecuentemente, presenta todos tus «sí» ante el Señor. Escribe todas las áreas de las que eres responsable y pídele sabiduría al Señor. Pregúntale a las personas que están en tu vida qué piensan sobre todo lo que haces. Pregúntale a tu esposo y a tus hijos cómo se sienten respecto a tus otros compromisos. Busca al Señor con todo tu corazón y solo a Él teme y sin duda Él te guiará en cada etapa y en cada decisión. Con la ayuda de Dios, podemos encontrar la paz y la victoria en este baile entre el ministerio en el hogar y el ministerio fuera de casa. Cualquier cosa que hagamos, hagámosla con todo nuestro corazón como si lo hiciéramos para el Señor y no para los hombres. Glorifícalo en tus «sí» y en tus «no», sabiendo que Él te dará la fuerza para andar en obediencia en cada etapa.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.

[1] N. del T.: actualmente, Kelly tiene cuatro hijos.

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Muerte al yo
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El poder explosivo de la fidelidad
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El poder explosivo de la fidelidad

¿Hay esperanza? ¿...Cuando el mal parece ganar? ¿...Cuando la corrupción es la norma? ¿...Cuando el caos y el conflicto nos rodean? ¿Cuál es tu esperanza? Podría ser fácil sentir desesperanza por el mundo en el que vivimos: la COVID-19; las próximas elecciones; la moralidad de nuestra cultura en constante deterioro; el aumento en las tasas de suicidio, ansiedad y depresión; la incesante discusión entre Republicanos y Demócratas, liberales y conservadores; este bloguero cristiano o ese otro, ese punto de vista o este otro.  Cuando el mundo a nuestro alrededor parece estar lejos de arreglarse y los problemas parecen ser demasiado grandes como para resolverse, tendemos a caer en dos fosos. El primero es el foso de la desesperación y la indiferencia. Simplemente, renunciamos al mundo actual con un «ah, bueno» y fijamos nuestra vista en el cielo. Al pensar que, de todas formas, no podemos hacer nada, nos retiramos a la privacidad de nuestras vidas y nos escudamos del mundo en nuestras pequeñas burbujas cristianas.  El otro foso es el de «luchar con las mismas armas». No podemos simplemente quedarnos sin hacer nada y observar cómo las cosas van de mal en peor. Nos importa este mundo y deseamos profundamente ver cambios (y debemos hacerlo). Sin embargo, debido a que los problemas parecen tan grandes, respondemos en grande: soluciones visibles con enormes cifras y con el potencial de efectos mayúsculos. Podemos crear nuestra propia gran solución o tomar la gran solución de alguien más y la evangelizamos como si nuestras vidas dependieran de ello. ¿De qué otra manera podemos dejar una marca en los problemas que nos superan en nuestro tiempo? A veces, saltamos de acá para allá entre estas dos posturas. Deseamos hacer una gran diferencia, pero simplemente estamos demasiado cansados lidiando con nuestras pequeñas vidas. Entonces, nos retiramos a la indiferencia, no por preferencia, sino que por sobrevivencia. Pero hay otra opción. Una que no requiere indiferencia ni intensidad, sino que, al contrario, requiere fidelidad: obediencia constante por un tiempo prolongado. Si has estado leyendo los correos electrónicos que envío los jueves, sabes que he estado leyendo Jueces. Ningún otro libro de la Biblia puede igualar su rápido descenso a la inmoralidad y al caos. Literalmente, comienza justo después de una enorme victoria: ¡Israel acababa de llegar a la Tierra Prometida! La tierra donde fluye la leche y la miel que Dios les había estado prometiendo desde los días de Abraham en Génesis. Y por el capítulo 2, las cosas ya iban cuesta abajo. Ya para cuando llegamos al último par de capítulos de Jueces, vemos uno de los capítulos más espantosos en toda la Escritura. Una mujer israelita es abusada y asesinada por su propio pueblo en una escena que es más horrorosa que Sodoma y Gomorra. Los israelitas habían mezclado su adoración a Dios con idolatría. Había una guerra civil en Israel que casi extermina una tribu completa. Es doloroso y espantoso leerlo.  Leer Jueces te deja sintiendo... desesperanzado. ¿Qué esperanza hay para los israelitas? ¿Podrán recuperarse de esto? Los problemas parecen demasiado grandes, demasiado malos, demasiado complejos. Y, entonces, damos vuelta la página al libro de Rut y descubrimos que comienza de esta manera: «Aconteció que en los días en que gobernaban los jueces [...]». El libro de Rut no comienza aislado. No está separado del vergonzoso periodo de los jueces. No ocurre después de estos eventos; sucede durante ellos. En medio del espiral descendente de la idolatría e inmoralidad de Israel, encontramos esperanza en una joven viuda inmigrante proveniente de la despreciada tierra de Moab: Rut. Gracias a las acciones de Rut, se restaura la esperanza para Israel, cuando ella se convierte en la madre de Obed, abuelo del rey David (ya sabes, el hombre conforme al corazón de Dios que marcó el comienzo de la era de oro en la historia de Israel. El hombre que escribió los Salmos. El hombre que anunció la venida de nuestro perfecto Rey Jesús). En medio del caos y de la crueldad en Israel, hay esperanza para ellos y es anunciada por medio de Rut.   Pero ¿qué hizo exactamente? Permíteme darte una lista:

- Se arrepintió de su idolatría, escogiendo adorar al Dios de Israel en lugar de los ídolos que creció adorando (Rut 1:16).

- Se ofreció para servir a su suegra (Rut 2:2).

- Trabajó duro, realizando trabajos manuales, recogiendo grano todo el día durante toda la temporada de cosecha (Rut 2:17, 23).

- Se sometió a los deseos de su suegra (Rut 3:6).

Estos no parecen comportamientos que «cambien al mundo». Arrepentimiento, sumisión, servicio voluntario, duro trabajo manual. Sin embargo, eso es exactamente lo que fueron estas acciones: cambiaron al mundo y al reino, y dieron esperanza. Rut, ya sea que lo haya sabido o no, se opuso directamente a la obra del pecado y de Satanás en su arrepentimiento y simple obediencia. No subestimes el poder del arrepentimiento y de la simple obediencia. Son misiles en las manos de Dios que arrasan con el reino de las tinieblas.  No tienes que desesperarte porque este mundo está roto y no hay nada que se pueda hacer. No necesitas trabajar duro para causar un gran revuelo y así ver cambios. Hay otra manera de alejar las tinieblas y comienza en el silencio de tu habitación a medida que te arrepientes de tus pecados e idolatría. Luego, va desde tu habitación hasta tu comedor, tu vecindario y tu oficina mientras sirves a aquellos con quienes vives, de quien eres vecino y con quien trabajas. Y continúa a medida que buscas la humildad, sometiéndote a otros en lugar de servirte a ti mismo.  No verás el cambio inmediatamente. No sabrás cuánto importan tus acciones. Este es el camino de la fidelidad y requiere fe. Es probable que Rut nunca supo cuán impactantes y trascendentales fueron las ondas de su vida. Pero sabemos, al mirar atrás, que ella marcó el comienzo de la esperanza, no solo para su generación, sino que para las innumerables generaciones que vinieron después de ella.  No te desesperes. No creas que más grande es mejor. Sé una Rut. Arrepiéntete. Sirve. Trabaja duro en tu vida diaria común y corriente. Sé fiel. Y recuerda que la fidelidad es más poderosa contra el reino de las tinieblas de lo que puedes imaginar, porque los fieles miran a Dios, no a sí mismos, como el héroe. ¿Te unirás a mí para alejar las tinieblas hoy? ¡Arrepintámonos y sirvamos con nuestros ojos puestos en Jesús!
Este artículo fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Satanás usa la ignorancia de la Palabra como un arma
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Satanás usa la ignorancia de la Palabra como un arma

Aun cuando tenemos más acceso a la Biblia que cualquier otra generación anterior a la nuestra, gran parte de los cristianos todavía no la han leído en su totalidad. La abundancia de acceso bíblico, desde teléfonos inteligentes y estanterías, generalmente no ha dado como resultado un aumento del conocimiento personal de la Palabra. Y sin embargo, nuestra generación habla autoritativamente sobre Dios y la Biblia. La tecnología es un escudo que da la oportunidad de decir con confianza lo que rara vez diríamos en presencia de otros. Fácilmente nos escondemos detrás de pantallas y seudónimos opinando e indignándonos con una confianza cobarde. La falta de sabiduría más las opiniones autoritativas resultan en una combinación peligrosa. Temo, como la audiencia de Oseas, que si Dios «le escrib[ió a él y a nosotros] diez mil preceptos de [su] ley, son considerados como cosa extraña» (Os 8:12). ¿Cómo reconocer aquello con lo cual nos cuesta familiarizarnos?

Esto es guerra

«¿Conque Dios les ha dicho…?». La desconfianza en la Palabra de Dios es lanzada contra Eva como una granada. Este es un acto de guerra. Como el ataque en Pearl Harbor, la serpiente primero dispara sus palabras contra Dios y su pueblo.
La mujer respondió a la serpiente: «Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto, Dios ha dicho: “No comerán de él, ni lo tocarán, para que no mueran”» (Gn 3:2-3).
En su respuesta, Eva cita mal y distorsiona sutilmente el claro mandamiento de Dios. Ella amplía la prohibición de Dios («ni lo tocarán») y aminora el castigo de Dios («para que no mueran», a diferencia de «ciertamente morirás»).
Y la serpiente dijo a la mujer: «Ciertamente no morirán. Pues Dios sabe que el día que de él coman, se les abrirán los ojos y ustedes serán como Dios, conociendo el bien y el mal» (vv. 4-5).
Con la incertidumbre cada vez mayor sobre Dios y su Palabra, la explicación de la serpiente respecto a cómo son las cosas se torna atractiva. Esa primera mascada del fruto prohibido fue posible gracias a la falta de conocimiento y de confianza que Eva tenía en la Palabra de Dios. La misma sombra de duda se proyecta en la Palabra de Dios hoy. Siempre es sutil y siempre es una guerra. «Conque Dios les ha dicho» aparece en los estantes de las librerías cristianas, en las palabras de blogueros populares y en declaraciones de documentales de Netflix. Alguien en Facebook comparte el «verdadero» significado en griego o hebreo de algo aunque contradiga el significado obvio y evidente de palabras que pueden entenderse fácilmente. Un escritor afirma que el contexto cultural de las palabras pesan más que la verdad eterna y permanente de ellas: «¿Acaso Dios realmente diría eso si escribiera la Biblia en la actualidad?». Y como Eva, si seguimos sin familiarizarnos con lo que Dios dijo, nos transformaremos en blancos fáciles.

Los peligros de la ignorancia

La mayoría de los cristianos con los que hablo nunca han leído la Biblia completa. Quizás la leen con frecuencia, pero solo partes de ella. Sin embargo, leer partes de la Biblia diariamente no significa que la conoces más al igual que leer diariamente el primer capítulo de Moby Dick no te hace un experto de la famosa novela. La ignorancia de toda la Palabra de Dios nos hace blancos fáciles en la guerra que Satanás libra contra Dios. Las mentiras pueden pasar desapercibidas como un gas tóxico, porque simplemente no estamos tan familiarizados con la verdad. Por ejemplo, cuando el sufrimiento se hace presente, algunos dirán que es un ataque espiritual y culparán a Satanás. Esto no significa que esté mal, pero la Biblia me dice que Dios sí provoca el problema, incluso y especialmente en su pueblo, para sus buenos propósitos (Is 48:10-11; 2Co 4:7-11). No es que Satanás no esté involucrado (como vemos en el caso de Job), sino que Dios también lo está y a veces es el iniciador de la dificultad en primera instancia.  Con todas las opiniones autoritativas sobre Dios y su Palabra a nuestro alrededor, ¿cómo podemos reconocer al único y verdadero Dios? La respuesta siempre comenzará con aprender a reconocer lo falso, pero también con familiarizarse íntimamente con lo verdadero.

La búsqueda maratónica de la alfabetización bíblica

Hace casi diez años que comencé a ver un problema al decirles a otros que lean y conozcan un libro del que yo misma no había leído cada palabra. Si realmente creía que la Biblia era la única verdad confiable en este mundo, quizás debería saber lo que dice. Aunque conocía mucho de ella, tal vez incluso gran parte de ella, sabía que había páginas sin tocar. Desde Génesis y Mateo, comencé a alternar la lectura del Antiguo y el Nuevo Testamento, versículo por versículo, capítulo por capítulo, libro por libro. No me movía hasta que al menos tuviera una comprensión básica de lo que leí y pudiera resumir cada libro con lo que aprendí sobre el carácter de Dios.  Esta maratón de siete años me cambió a mí y a mi caminar con Dios. Luché con Dios en los pasajes difíciles, puse todas mis preguntas sobre la mesa. Me asombré ante el increíble odio que su propio pueblo sentía por Él a medida que escogía constantemente seguir a otros dioses y luego me entristecía mientras veía las semillas de ese mismo odio en mi propio corazón. La luz de su presencia a través del estudio de su Palabra me cambió.  La lectura bíblica se trata de conocer a Dios en sus términos, no en los míos. Leer cada libro me permitió ver la plenitud de la revelación de su ser sin evitar las partes de Él que no podía entender o no me gustaban. Además de producir un gozo más profundo del que jamás haya conocido, ahora puedo identificar y rechazar con más facilidad las mentiras sutiles y las medias verdades sobre Dios en nuestra cultura.

Haz un plan

Si no conoces toda la Palabra de Dios, ¿por qué no intentar cambiar eso? Probablemente, no ocurra en un año ni siquiera en cinco. Pero ten un objetivo para progresar; no completar una tarea, sino conocer a una Persona. Esto se trata de emprender un viaje de vida para conocer al Dios que amamos, a Aquel que nos salvó. El inicio de la lectura completa de la Biblia es, esperemos, el primero de muchos. La familiaridad con la Palabra de Dios es una de las mejores protecciones que tenemos en esta guerra que la serpiente aún libra contra Dios y su pueblo. Estemos tan familiarizados con todas las facetas reveladas de su carácter en su Palabra que podamos así identificar y rechazar cada misil que diga «¿conque Dios les ha dicho…?» mientras aún estén lejos.
Este recurso fue publicado originalmente en ReviveOurHearts.com y en el blog de Kelly Needham.
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¿Estás usando a Dios?
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¿Estás usando a Dios?

Estar casada con un compositor e intérprete popular trae una porción razonable de situaciones interesantes. A menudo soy el objeto de interés de algunos solo por la persona con la que estoy casada. Recibo comentarios extraños de fanáticos sobre cuán «tierno» es mi esposo y de personas decepcionadas con la noticia de que Jimmy, en realidad, no me canta serenatas en la noche para dormir. Es una experiencia peculiar que me busquen simplemente porque tengo acceso a alguien «importante». Frecuentemente, al principio, estos encuentros parecen ser genuinos. Como si la persona estuviera realmente interesada en mí, en mi vida y en mis intereses. Sin embargo, de pronto, la conversación toma un curso agudo: «entonces, ¿crees que pueda conocer a Jimmy?»; «¿crees que Jimmy pueda cantarme esto?»; «¿puedes decirle que venga a nuestro evento?». La verdadera razón de su interés se expone: yo tengo acceso directo a algo que ellos quieren. Este es un ejemplo de lo que significa ser usado. No me malinterpretes. No tengo resentimientos respecto a esto. Esos momentos vienen con el campo al que es llamado mi esposo. No obstante, la verdad es que esas no son las personas a las que me entusiasma contarles mi vida, tampoco son las que preferiría tener a mi alrededor. A nadie le gusta ser usado. ¿Alguna vez has sido usada por alguien? Quizás tengas amigos necesitados o familiares que solo te buscan por tu riqueza. Tal vez tu esposo solo parece estar interesado en ti cuando quiere intimidad física. Puede que seas una mujer soltera y todas tus amigas casadas tienden a asumir que eres más valiosa como babysitter. Cualquiera sea el caso, ser usada se siente horrible. ¿Sabes quién más detesta ser usado? Dios. Él anhela que las personas que lo busquen lo hagan solo porque quieren conocerlo, no para obtener cosas de Él. Uno de mis personajes favoritos de la Biblia es un hombre que es justamente así. Su nombre es Josías.

Josías, el buscador de Dios

Nacido del malvado rey Amón (quien fue asesinado por uno de sus propios siervos), Josías tenía todas las razones para no buscar a Dios. No obstante, en 2 Crónicas 34:3, vemos esta asombrosa declaración sobre él: «Porque en el octavo año de su reinado, siendo aún joven, comenzó a buscar al Dios de su padre David […]». Cuando Josías tenía dieciseis años, comenzó a buscar a Dios. Y aquí está lo asombroso: ¡no parece haber habido algo que provocara su búsqueda de Dios! No estallaba una guerra; no tuvo una crisis personal; no había hambruna en la tierra. ¡Él comenzó a buscar a Dios solo porque Él vale la pena hacerlo! Así que, permíteme hacerte una pregunta: ¿buscas a Dios como Josías, solo para conocerlo? ¿O usas a Dios?

Cuatro maneras en que usamos a Dios

Lamentablemente, es fácil para nosotras caer en el hábito de buscar a Dios solo para obtener los beneficios que Él ofrece. Estas son cuatro maneras en que, con frecuencia, pensamos que estamos buscando a Dios, pero en realidad solo lo estamos usando.
1. Solo buscamos a Dios cuando queremos algo
¿Tus deseos por cosas dictan tu vida de oración? ¿El deseo de un mejor trabajo? ¿De un esposo? ¿De un hijo? ¿De ser aceptada en tu universidad favorita? ¿Tomas tu Biblia solo para ver lo que dice sobre un tema que te interesa? ¿O a fin de encontrar versículos para orar para que tu esposo sea un mejor líder? Sí, Dios nos ha dicho que le pidamos cosas, que presentemos toda petición ante Él. Sin embargo, si ese es el único momento en que lo buscamos, debemos hacernos la pregunta: ¿realmente nos importa conocerlo por quien es Él o solo queremos los beneficios? ¿Lo estamos usando?
2. Solo buscamos a Dios para que arregle nuestras malas circunstancias
¿Comienzas a orar más cuando tus hijos se están portando mal? ¿O cuando el dinero empieza a escasear? ¿Solo tomas tu Biblia cuando tu vida se desmorona? Por supuesto, Dios es el primer lugar al que debemos correr cuando las cosas se ponen difíciles o cuando estamos sufriendo. Sin embargo, ¿es ese el único momento en el que oras? ¿Alguna vez tomas tu Biblia y oras cuando todo va de maravilla?
3. Solo buscamos a Dios para nuestra superación personal
¿Es Dios tu forma de autoayuda? Podrías tener una autoestima baja, por lo que piensas que buscar a Dios te dará más confianza. O quizás luchas con tener autocontrol con la comida y a veces con comer en exceso, por lo que solo buscas a Dios para pedirle que te ayude a detenerte. Quizás has mirado fotografías en línea que no debías y no sabes cómo dejar de hacerlo, por lo que buscas a Dios como un último recurso de cambio. Sí, Dios es nuestra única esperanza de verdadero cambio y no hay otro lugar mejor al cual ir cuando nos encuentran en pecado. Sin embargo, si solo lo estás buscando para superarte personalmente y nunca para conocerlo a Él, lo estás usando para obtener lo que realmente deseas; es decir, superación personal, no Dios.
4. Solo buscamos a Dios para obtener su aprobación
Tal vez tienes momentos a solas porque eso es lo que hacen los buenos cristianos y realmente quieres agradar a Dios, por lo que lees tu Biblia cada día y oras fielmente. Sin embargo, no lo haces para conocer a Dios; lo haces para hacerlo feliz a Él, para ser una buena cristiana. Esta es la más sutil de las búsquedas falsas de Dios. Podría parecer correcto, pero todavía tiene que ver contigo y no con Él. La verdad es que tus tiempos a solas nunca serán suficientes para ganar el favor de Dios. Nunca podremos hacer suficientes cosas buenas para compensar nuestro pecado. Nuestra única esperanza para que Dios esté complacido con nosotras es que creamos en Jesús, no solo que Él murió por nuestros pecados, sino que Él también vivió perfectamente por nosotras. Él vivió una vida justa y luego nos dio el perfecto historial de antecedentes a nosotras. Si estás en Cristo, tú ya tienes el favor de Dios; Él ya está complacido contigo. No por tus tiempos a solas con Él, ¡sino por lo que Jesús hizo por ti! Solo tienes que creer. Buscar a Dios para «ser una buena cristiana», aunque podría parecer correcto, en realidad es otra manera de usar a Dios para sentirnos mejor respecto a nosotras mismas.

¿Es Dios tu mesero?

Nadie va a un restaurante para conocer al mesero. Las decisiones sobre restaurantes se toman en función de la comida que ofrecen, no del personal de meseros. Si le preguntara a los comensales promedio de restaurantes si estaban entusiasmados con conocer a su mesero, la respuesta sería un no rotundo. Esa no fue la razón por la que fueron allí. El mesero solo es importante para obtener aquello por lo que en realidad fueron al restaurante: la comida. ¿Alguna de estas declaraciones describe cómo te relacionas con Dios? «Estoy esperando que Dios me traiga un esposo». «Estoy pidiéndole a Dios que sane a mi familia». «Estoy orando a Dios para que me acepten en mi universidad favorita». «Estoy esperando en Dios que me libre de esta lucha con el pecado». ¿Realmente quieres conocer a Dios? ¿O simplemente lo vemos como un mesero, como el que nos trae lo que realmente queremos? Es fácil olvidar que lo principal que Jesús vino a hacer a la tierra fue ¡darnos acceso a Dios! ¡Para conocerlo personalmente! Ya no son los sacerdotes los que nos pueden acercar a Dios. Todo el que cree en Jesús tiene acceso a Dios:
Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne, y puesto que tenemos un gran Sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura (Hebreos 10:19-22). Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado (Juan 17:3).
Todo lo que Jesús logró tuvo que ver con una cosa: darnos la oportunidad de conocer a Dios, ¡de acercarnos a Él con una conciencia limpia!

Buscar a Dios con un corazón puro

Si eres de algún modo como yo, tu tendencia siempre será solo buscar a Dios por los beneficios que Él te ofrece. ¿Quieres un corazón como el de Josías? ¿Quieres ser una buscadora de Dios y no alguien que lo usa? Estos son un par de lugares simples donde comenzar:
  • Ora: ¡ora por un corazón que busque a Dios! Lejos de su gracia y de su Espíritu, nuestros corazones están desesperadamente centrados en sí mismos. Detente ahora mismo, arrodíllate y pídele a Dios que te dé un corazón que lo conozca.
  • Arrepiéntete: confiesa tu tendencia a buscar a Dios solo por sus beneficios para ti. Pídele la gracia para salir de este patrón y para crear algunos nuevos hábitos de buscar a Dios simplemente porque Él es bueno. 
  • Busca a Dios proactivamente: usar a Dios tiende a ser una acción reactiva; lo buscamos en respuesta a algo que queremos cambiar. En lugar de ello, escoge buscar a Dios proactivamente. Cultiva hábitos proactivos de lectura bíblica y oración para ser consistente cuando todo esté bien.
  • Trata a Dios como una persona: Él tiene emociones, gustos y disgustos. Cree que Él verdaderamente es la Persona más disfrutable, más impresionante, más imponente que jamás conocerás. Cree eso y actúa como si fuera cierto.
  • Lee tu Biblia para conocer a Dios: con cada libro, capítulo y versículo que leas, hazte la pregunta: ¿qué me dice esto sobre Dios? Ponte un objetivo para leer tu Biblia hasta que desentierres diez cosas que hayas aprendido sobre Él.
Todo en este mundo es una pérdida comparado con la grandeza sin par de solo conocer a Dios. ¡La verdadera plenitud del gozo se encuentra en su presencia! Cree esto y busca a Dios con pasión y determinación, sin una razón más que porque Él lo vale.
Este recurso fue publicado originalmente en TrueWoman.com y en el blog de Kelly Needham.
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La historia de dos amigas
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La historia de dos amigas

Sara y Karen son mejores amigas. Hace un año, Karen entró a la habitación de Sara en la residencia para pedirle prestado un libro a su compañera de cuarto y notó que Sara estaba mirando su película favorita. Cuarenta minutos después, luego de discutir la trama y repasar las escenas favoritas de la película, se hicieron amigas rápidamente. Con el tiempo, hacían todo juntas: estudios bíblicos, compañeras de rendición de cuentas y, finalmente, la foto de perfil de Facebook con la etiqueta de «mejores amigas» lo hizo oficial. Sara y Karen comenzaron a ver cada vez menos a sus otras amigas. La facilidad con la que se hicieron amigas fue conveniente y entretenida. Comenzaron a hablar todos los días, compartían sus emociones y sentimientos, y oraban la una por la otra. Al punto que un día no se sentía completo hasta que Sara hubiera hablado con Karen. Cuando Karen tenía un día difícil, inmediatamente le enviaba un mensaje a Sara buscando consuelo. Ella sabía que Sara oraría por ella de todas maneras. Les era difícil imaginar cómo era la vida antes de que fueran mejores amigas. Cuando el año académico llegó a su fin, Sara y Karen tomaron la decisión obvia de ser compañeras de habitación al siguiente año. ¡Sin duda, esto les ahorraría muchos mensajes de textos y llamadas telefónicas! ¡Y cuánto se divertirían viviendo juntas! Aunque tenían un departamento de dos habitaciones, se encontraban hasta tarde conversando o viendo películas, por lo que tomaron la decisión de simplemente compartir una habitación. Sara tenía una cama de dos plazas en su pieza, así que Karen simplemente dormía con ella ahí. Frecuentemente, se quedaban dormidas conversando. Sus conversaciones eran tan inocentes que hablaban sobre con qué profesor tomarían el curso de cálculo o dónde almorzarían al día siguiente. Lentamente, quedarse dormidas conversando se transformó en quedarse dormidas tomadas de la mano; tomarse de la mano se convirtió en acurrucos. A veces su afecto físico incomodaba a otros; incluso las llamaban una «amireja»: amigas que actúan como una pareja. Sin embargo, a Sara y Karen les encantaba. Su amistad las hacía sentir a salvo y les entregaba estabilidad y seguridad en un mundo relacionalmente inestable. Entonces, un verano, todo cambió. Sara se fue a un viaje misionero con su iglesia y conoció a otra amiga, Amanda. Karen podía deducir a partir de las publicaciones en Instagram que Sara realmente disfrutaba a su nueva amiga. Estaba ansiosa de que su compañera de cuarto volviera. No obstante, cuando Sara llegó a casa, las cosas eran claramente diferentes. Ella quería invitar a Amanda a sus actividades y a menudo la invitaba a pasar la noche en su casa. Los intensos celos que Karen sintió fueron sofocantes. Se sintió traicionada, herida y enojada. Estaba perdiendo a su mejor amiga y no sabía cómo detenerlo. El dolor desgarrador era más profundo que cualquier cosa que haya experimentado antes. Haría cualquier cosa para recuperar a Sara. Esta es la historia de una amistad que terminó mal. En algún punto, a lo largo del camino, Karen comenzó a buscar a Sara para obtener cosas que solo Dios puede dar: validez, propósito, pertenencia y seguridad. Esta es la historia de una amistad infectada de idolatría. Y esto ocurre demasiado a menudo. No todas las amistades no saludables tienen los mismos síntomas, pero los celos, la posesividad, la exclusividad, el miedo a nuevas amistades y una profunda necesidad de una mejor amiga son ramas del mismo árbol. Acompáñame a medida que alumbro un poco este tema al responder las siguientes preguntas:
  • ¿Qué es la idolatría? ¿Qué dice la Biblia sobre esto?
  • ¿Cómo se ve la idolatría en una amistad?
  • ¿Cuáles son las señales de una amistad no saludable?
  • ¿Cuál es el verdadero propósito de la amistad?
  • ¿Cómo se ven las amistades saludables?
  • ¿Qué puedes hacer si estás en una amistad no saludable?
  • ¿Cuáles son las tendencias culturales en la amistad y cómo nos afecta?
Oro para que a lo largo de esta serie puedas entender la visión de un Dios que todo lo satisface, que nos ofrece más satisfacción y gozo de lo que nos atreveríamos a pensar. Y también para que puedas comprender la visión de la amistad para Jesús; una camaradería cristiana que se trata de tener más de Dios en nuestras amistades; no más de la una y de la otra.

ARTÍCULOS DE LA SERIE:

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Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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No hay zonas seguras
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No hay zonas seguras

La primera mentira

Desde que la serpiente abrió su boca por primera vez en el jardín, ha estado tratando de convencernos de que Dios no es suficiente para nosotras: «se lo están perdiendo; Dios los está reteniendo» (Gn 3:1-6). Y desde entonces, la tentación de buscar satisfacción en la creación de Dios en lugar de en Dios mismo es una lucha común y diaria, que se manifiesta en un sinnúmero de maneras. Dios habla de esto cuando se dirige a los israelitas en Jeremías 2:12-13:
«Espántense, oh cielos, por esto, y tiemblen, queden en extremo desolados», declara el Señor. «Porque dos males ha hecho mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas que no retienen el agua».
Cualquier cosa que busquemos para satisfacernos que no sea Dios es un ídolo. Una cisterna agujereada y rota. Para Dios, es terrible y doloroso que lo abandonemos por algo menor. Las formas más sutiles de idolatría ocurren cuando ponemos cosas por sobre Dios. El matrimonio es algo bueno, pero cuando lo necesitamos más que a Dios, es un ídolo. Los hijos son algo bueno, pero cuando los necesitamos más que a Dios, son ídolos. Las amigas son algo bueno, pero cuando las necesitamos más que a Dios, son ídolos.

Todo lo que necesitamos es a Dios

Por favor, escúchenme, Dios nos creó para estar en comunidad. Necesitamos desesperadamente amigas saludables, íntimas y piadosas. Sin duda no es bueno que el hombre esté solo (Gn 2:18). Sin embargo, cuando cualquier cosa buena, aun si es necesaria, es elevada por sobre Dios o incluso al mismo nivel que Él, es idolatría:
Él te humilló, y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná que tú no conocías, ni tus padres habían conocido, para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del Señor (Deuteronomio 8:3).
Por supuesto, necesitamos comida, pero no más de lo que necesitamos a Dios. Dios nos creó para necesitar comida y agua a fin de apuntarnos a Él, el Pan de vida y la Fuente de aguas vivas (Jn 6:35; Jer 2:13).
Ustedes examinan las Escrituras porque piensan tener en ellas la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio de mí! Pero ustedes no quieren venir a mí para que tengan esa vida (Juan 5:39-40).
Necesitamos desesperadamente la Palabra de Dios; es la primera forma en que Dios se revela a sí mismo. Sin embargo, no necesitamos la Biblia más de lo que necesitamos a Dios mismo. Dios nos dio su Palabra escrita, la Biblia, para apuntarnos a Él: el verbo hecho carne (Jn 1:14).
Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en el hombre (Salmo 118:8). No confíen ustedes en príncipes, ni en hijo de hombre en quien no hay salvación […] Bienaventurado aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el Señor su Dios (Salmo 146:3, 5). ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Fuera de ti, nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón pueden desfallecer, pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre (Salmo 73:25-26).
Sí, necesitamos estar en comunidad con otras personas, pero nunca más que con Dios mismo. Dios nos creó para estar en comunidad a fin de apuntarnos a Él: la comunitaria Trinidad tres en uno. La idolatría es permitir que cualquier cosa, incluso cosas buenas y necesarias, se vuelvan más importantes para nosotros que Dios mismo. Por tanto, cuando las personas, incluso las buenas amigas cristianas, llegan a ser más importantes para nosotras que Dios, ahí comienza la pendiente resbaladiza hacia la idolatría y sus consecuencias. A medida que hablamos de los peligros y los factores que contribuyen a la idolatría en las amistades, espero que le pidas honestamente a Dios en oración que te revele a cualquier amiga en quien hayas puesto más esperanza que en Dios mismo.

Adoración en el lugar equivocado

La idolatría es una adoración fuera de lugar y no es nada nuevo. De hecho, Pablo, en Romanos 1, remonta todo pecado a una adoración puesta en el lugar equivocado. Estas son algunas afirmaciones sobre la pecaminosidad del ser humano en el primer capítulo de Romanos:
Pues aunque conocían a Dios, no lo honraron como a Dios ni le dieron gracias […] (1:21). Cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible […] (1:23). Porque ellos cambiaron la verdad de Dios por la mentira y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador […] (1:25).
La raíz de todo pecado es sacar a Dios de su legítimo lugar, reemplazando su gloria por la de una cosa creada y adorando a esa criatura. Gloria literalmente significa peso. Glorificar algo es darle peso e importancia a eso. Por tanto, reemplazar la gloria de Dios por la gloria de algo creado significa dar más peso e importancia a esa cosa que a Dios. Cuando le damos a las personas (cosas creadas) más peso e importancia que a Dios, estamos adorando a la criatura. Los resultados de adorar a la criatura en Romanos 1 no son bonitos:
[…] Se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido (1:21). Profesando ser sabios, se volvieron necios (1:22). Por lo cual Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus cuerpos (1:24). Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza. De la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros […] (1:26-27).
Cuando le damos más gloria a una persona que a Dios mismo, invitamos a nuestra vida a las «pasiones degradantes»; a «la lujuria de sus corazones»; a «la impureza»; a la necedad y a «una mente depravada». En otras palabras, la adoración a la creación invita a nuestras vidas a la perversión. La perversión es simplemente la distorsión de algo de su propósito original. Miremos cómo esto se lleva a cabo en una amistad. La adoración a lo creado entra en una amistad cuando le damos más peso y valor a una amiga que a Dios. Con el tiempo, esto puede producir mucha necesidad: necesidad de estar con tu amiga para estar bien; necesidad de conversar con ella para sentir paz; necesidad de su presencia más que la de Dios. Adorar a una amiga a largo plazo puede llevar a dependencias adictivas; a apegos profundamente enraizados en amigos; a la desesperación debilitante cuando algo interfiere en la amistad (amigas que se mudan o comienzan un noviazgo); y a demasiado afecto físico. Todas estas son perversiones del propósito original de Dios para la amistad y la comunidad.

No hay zonas seguras

La mayoría de los cristianos asume que la amistad nunca puede ser pecaminosa, en especial, las amistades entre personas del mismo sexo. Esta es la razón por la que algunos caminan ciegamente hacia la idolatría: tienen una falsa sensación de seguridad. Piensa en este ejemplo: dos soldados están a punto de cruzar un campo minado. A uno se le dice: «¡ten cuidado! Hay minas terrestres alrededor, ¡así que mira bien donde pisas!». Al otro se le dice: «esta es una zona segura, ¡no hay peligro aquí!». ¿Qué soldado está en mayor peligro? Por supuesto que el segundo. Al crear una falsa sensación de seguridad donde hay un peligro potencial, este soldado podría caminar a ciegas hacia una mina. En esta tierra, estamos en guerra con Satanás, el pecado y nuestra carne, y el pecado puede infiltrarse cautelosamente en cualquier área de nuestras vidas. Por lo tanto, cuando las amistades se tratan como «zonas seguras», en realidad son más peligrosas. Por esta razón, algunas de mis amigas cayeron en la esclavitud del pecado antes de que fuera incluso reconocible para ellas. Aun si vemos el potencial de idolatrar a un amigo, es fácil concluir que las amigas son verdaderas zonas seguras o inmunes al pecado. Sin embargo, la idolatría no hace distinción de género. Cualquier cosa que tome el lugar de Dios en tu corazón es un ídolo, incluso tu amiga más cercana. Una mejor amiga puede convertirse en un dios, un salvador funcional que te rescata de todas las dificultades de la vida y muy pocas lo llamarán pecado. Es por esto que la idolatría en las amistades es peligrosamente engañosa: necesitar a tu amiga más que a Dios se ha convertido en algo culturalmente aceptable. Solo existe una zona segura: Dios mismo es nuestro único refugio. En la tercera parte, discutiremos cómo se ve la idolatría en una amistad, qué síntomas produce y qué cosas nos hacen susceptibles a ella.
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Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Quince preguntas para diagnosticar la idolatría
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Quince preguntas para diagnosticar la idolatría

La idolatría que abordamos en la publicación anterior es la raíz del árbol. Veamos ahora el fruto de este árbol.

Dependiente de una persona

Generalmente, el pecado de idolatrar a una amiga se llama dependencia emocional o codependencia en el mundo de la consejería. D’Ann Davis del ministerio Living Hope lo describe de esta manera:
Comúnmente, quienes luchan con la dependencia emocional están buscando una relación personal súper intensa con una mejor amiga que satisfaga todas sus necesidades y que haga que todas las otras relaciones sean innecesarias. Normalmente, quien está en la lucha ama exacerbar todas sus necesidades y anhela conectar con una persona que pueda ser su todo (básicamente, su ídolo o dios, con d minúscula). Estará muy afianzada en la idolatría relacional, ya sea que se dé cuenta o no. No querrá desperdiciar todos esos preciados segundos en desarrollar lentamente una amistad a lo largo de los años; ella querrá intimidad ahora, así que la cambia por intensidad[1].
Cuando tu sentido de bienestar emocional está atado a otra persona, cuando tu seguridad se encuentra en una amiga en lugar de en Dios, es pecado. Bíblicamente, esto es idolatría: darle más peso y valor a una persona que a Dios. Puede suceder en cualquier relación: padres con hijos, esposo con esposa, novio con novia o entre dos amigas. Este tipo de dependencia pecaminosa es dañina cuando se da desde una de las partes. Sin embargo, es aún peor cuando dos personas son mutuamente dependientes la una de la otra. Si idolatras a una amiga, pero ella no corresponde tus sentimientos, a menudo te verás forzada a lidiar con tus inseguridades y con tu esperanza puesta en el lugar equivocado. Sin embargo, cuando tu amiga corresponde esos sentimientos intensos de necesidad, la dependencia emocional frecuentemente avanza sin ningún control (p. ej. «si mi amiga, que cree en Jesús, piensa que esto está bien, entonces debe estar bien»). Lamentablemente, para el mundo, una amistad mutuamente dependiente se denomina mejores amigas. Esta idolatría pecaminosa podría parecer incluso piadosa en primera instancia. Dos amigas codependientes podrían orar juntas, hablar mucho sobre Jesús y apoyarse en extremo la una a la otra. La conversación y la actividad espiritual de la amistad podría dar un sentido falso de que nada es incorrecto. Sin embargo, importa poco cuánto hablemos sobre Jesús o hagamos cosas por Jesús si nuestra esperanza y confianza no está solo en Él.

Síntomas de la idolatría en una amistad

Existen algunos síntomas comunes de este tipo de idolatría. Hice un listado de preguntas, basándome en una lista que Lori Rentzel creó para ayudar a diferenciar entre la interdependencia normal de las amistades saludables y la dependencia pecaminosa no saludable de una amistad idólatra. A medida que lees la lista a continuación, debes ser consciente de que estas son características comunes generales en amistades no saludables. Este no es un listado de comprobación infalible y algunas de estas cosas podrían deberse a otras raíces. Entonces, ¿cómo puedes saber si una amistad está amenazando con tomar el lugar de Dios en tu corazón? Estas son un par de preguntas que te puedes hacer respecto a tu relación:
  • ¿Sientes celos cuando tu amiga pasa tiempo con otros? ¿Sientes una sensación de posesividad hacia ella?
  • ¿Prefieres pasar tiempo a solas con tu amiga? ¿Te frustras fácilmente cuando otros se unen?
  • ¿Has perdido interés en otras amistades? ¿Perdiste el deseo de hacer nuevas amigas?
  • ¿Eres indecisa, o incluso poco dispuesta, para planificar cosas (a corto o largo plazo) que no incluyan a tu amiga?
  • ¿Sientes la libertad de «hablar por» tu amiga con otros?
  • ¿Evitas el conflicto con tu amiga por temor a perder intimidad en la relación?
  • ¿A menudo pagan por las comidas y gastos la una de la otra o hacen grandes compras juntas?
  • ¿Es frecuente que pasen la noche juntas, a menudo compartiendo de preferencia la misma cama?
  • ¿Las palabras de adulación y elogio son comunes en su amistad? (p. ej., «eres la única que me entiende» o «no sé qué haría sin ti»).
  • ¿Usan apodos o lenguaje especial la una con la otra?
  • ¿Funcionan como una pareja? ¿Otros las ven como inseparables?
  • ¿Le pides permiso con frecuencia a tu amiga para hacer cosas?
  • ¿Eres físicamente más cariñosa con esta amiga que con otras amigas? ¿Son físicamente cariñosas de una manera que incomoda a los demás?
  • ¿Permaneces en constante comunicación con esta amiga (mensajes de texto, llamadas telefónicas, Snapchats, correos electrónicos)?
  • ¿Sientes que no puedes vivir sin esta amiga? ¿Sientes que la necesitas para florecer?
Si tu respuesta es sí a alguna de estas preguntas, vale la pena considerar si tu amiga se está transformando, o se ha transformado, en algo que solo Dios debe ser. Pero ten ánimo, Jesús es un Salvador capaz y compasivo para todo aquel que se vuelva a Él. No hay situación, no importa cuán complicada pueda parecer, que sea demasiado para Él. Admitir nuestro pecado y confesárselo a Él, es donde comienza la sanidad. «Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad» (1Jn 1:9). Recuerda, las cosas en la lista anterior no son el problema, sino síntomas del problema. El asunto primordial tiene que ver con una adoración en el lugar equivocado: darle más peso y valor a una persona más que a Dios. Cuando sentimos que necesitamos a otra persona más que a Dios, tenemos un problema de idolatría. Debido a que somos pecadores, siempre existe la tentación de buscar en la creación el gozo que solo el Creador puede ofrecer. Cada una de nosotras necesita estar consciente de esta tendencia y estar alerta.

El peligro del pecado sexual

Cuando idolatramos a uno de los buenos regalos de Dios (el matrimonio, la familia, los hijos, los amigos, la comida, el trabajo), distorsionamos el propósito del regalo. Todo el bien que Dios quiso que tuviéramos a través del regalo de la amistad es expulsado por nuestra adoración a la amistad. La idolatría en la amistad pervierte el diseño y la función de la amistad y esto hace que ya no sea más una ayuda para nuestro caminar con Dios, sino un obstáculo. Una manera en que esta distorsión se manifiesta es en el afecto físico antinatural y, a menudo, en el pecado sexual. Si consideramos los pasajes de Romanos que estudiamos en el artículo anterior, esto no debería impactarnos. El pecado sexual de esta naturaleza es el resultado de la adoración en el lugar incorrecto: adoración a la criatura, no al Creador. La adoración en el lugar incorrecto es el centro de cualquier pecado. Por lo general,  a los demás les cuesta creer que una amistad entre dos chicas cristianas que nunca han tenido pensamientos homosexuales pueda volverse sexual. Sin embargo, ocurre más seguido de lo que piensas. Ha sido desgarrador para mí caminar junto algunas amigas cercanas en el desastre del pecado sexual que comenzó como una amistad infectada por la idolatría. Déjenme clarificar: no estoy hablando de la lucha con la atracción a personas del mismo sexo o con el asunto de la identidad de género; hablo del pecado de idolatrar a una amiga y llegar a ser dependiente de ella, lo que puede llevar al afecto físico íntimo y al comportamiento sexual. La mayoría de las veces, las chicas en estas amistades nunca tuvieron sentimientos homosexuales antes y a menudo aún desean una relación romántica con un hombre. A veces, las mujeres que están casadas con hombres se encuentran en pecado sexual con una amiga. ¿Cómo es esto posible? Porque comenzaron a buscar satisfacer sus deseos por intimidad y seguridad en una amiga, no en Dios. Y cuando elevamos a una amiga al lugar que solo Dios debe tener en nuestra vida, abrimos la puerta para que entre este tipo de pecado sexual. Todas somos pecadoras y, por lo tanto, susceptibles. Todas somos pecadoras; por lo tanto, la semilla de todo pecado está en nuestros corazones. Como todos los pecados, comienza al rehusarse a ir a la Fuente de aguas vivas, Dios mismo, y en lugar de ello, decidir correr tras cisternas rotas para encontrar vida, gozo y paz (Jer 2:12-13). En una amistad idólatra, la interacción física normal entre amigas (abrazarse, andar del brazo, darse la mano por un rato como cuando oran), puede llegar a más: darse mucho la mano, andar de la mano entrelazando los dedos, dormir en la misma cama de preferencia, acurrucarse juntas o solo sentir la necesidad de tocarse constantemente la una a la otra. Si se prolonga esta intimidad física, fácilmente puede llevar a la actividad sexual antes de que incluso te des cuenta de lo que está ocurriendo. Hay consecuencias graves al entrar a cualquier relación sexual fuera del matrimonio. Esto no quiere decir que Dios no pueda redimir todo nuestro pecado y transformarlo en bien. Pero no podemos tratar a la ligera cualquier tentación hacia el pecado sexual. Si una amistad te está tentando a cualquier expresión sexual, ¡huye! (1Ti 2:22; 1Ts 4:3). Huye rápidamente de cualquier amistad que te tiente a ser demasiado íntima físicamente. Es mejor cortar algo que una vez fue útil e incluso bueno que permitir que te lleve a pecar (Mt 5:29-30). En la parte 4, veremos el propósito de las amistades bíblicamente, y cómo se ve una amistad saludable. En la parte 5, abordaremos cómo encontrar libertad si es que ya cruzaste la línea sexualmente. Lee el artículo completo de D’Ann que mencioné al principio aquí [disponible solo en inglés]. Obtén el libro de Lori Rentzel sobre dependencia emocional aquí [disponible solo en inglés].

ARTÍCULOS DE LA SERIE:

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Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.

[1] N. del T.: traducción propia.

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¿Cuál es el propósito de la amistad?
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¿Cuál es el propósito de la amistad?

Ahora que ya hemos visto cómo se ve una amistad no saludable, hablemos sobre amistades saludables. Para esto, debemos comenzar con el propósito bíblico de la amistad.

Amistades para Jesús

Oh, ¿quién sino el cristiano siente los placeres relacionados a la amistad para nuestro amado Señor Jesucristo? (Samuel Pearce)[1].
Amistades para Jesús. ¡Qué cosa más dulce, sin duda! Como discutimos, la amistad cristiana bíblica, como todo lo demás, tiene el propósito de apuntarnos a Cristo. A diferencia de los modelos de amistad establecidos en el mundo, la amistad para Jesús busca encontrar fuera de sí misma su propósito. Como John Piper defendió: es bueno que tengamos «un grupo de camaradas en la fe con el acuerdo mutuo de señalarse a Jesucristo unos a otros, para esperanza y fortaleza». Sin ser exhaustivas, a continuación te dejo cuatro propósitos específicos que los amigos deben cumplir en nuestras vidas.
1. Los amigos nos ayudan a disfrutar en plenitud a Dios
[…] Sean llenos del Espíritu. Hablen entre ustedes con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con su corazón al Señor (Efesios 5:18-19).
Las cosas se disfrutan mejor en comunidad. Tu película favorita es buena cuando la miras sola, pero es aún mejor cuando la ves con amigos. Una comida es disfrutable, pero es aún más satisfactoria cuando la compartes con amigos. Dios mismo es una perfecta comunidad trina: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por lo tanto, como personas hechas a su imagen, nosotras florecemos en comunidad. Compartir nuestras alegrías con otros es algo que está integrado en nosotras. Las mejores experiencias de la vida son aquellas a las que arrastramos a nuestros amigos: «¡tienes que ver esta película!»; «tienes que ir conmigo a este restaurante». De las cosas que tenemos para disfrutar, ¡Dios es la más grandiosa! ¡Fuimos creadas para disfrutarlo a Él y centrar nuestras vidas en Él! Y disfrutamos a Dios con mayor plenitud junto a otras personas. Los amigos nos ayudan a disfrutar a Dios al disfrutarlo junto a nosotras. No invirtamos esto al permitir que Dios se convierta en un medio para que nosotras disfrutemos más a las personas, solo acudiendo a Él para pedirle más personas (esposo, amigas, hijos) a quienes disfrutar. Él no es el medio, sino el fin en sí mismo.
2. Los amigos exponen el pecado que nos aleja de Dios
Fieles son las heridas del amigo, Pero engañosos los besos del enemigo (Proverbios 27:6). Hermanos, aun si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo en un espíritu de mansedumbre […] (Gálatas 6:1). Lleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo (Gálatas 6:2). Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas […] (Mateo 18:15).
El pecado nos engaña; oscurece nuestro entendimiento y nos hace necias, tanto que podemos andar en pecado y estar convencidas de que Dios está complacido con nosotras. Es por esta razón que necesitamos desesperadamente amigos. Necesitamos amigos que nos muestren nuestro pecado. Necesitamos amigos que nos ayuden a ver nuestros puntos ciegos. Necesitamos a otros que nos hablen la verdad en amor (Ef 4:15). Los buenos amigos te dicen la verdad sobre ti misma. Estos amigos son una gracia, pero una gracia incómoda segura. ¿A quién le gusta que le digan que está equivocado? ¿Quién disfruta ser atrapado en pecado? Nadie. Sin embargo, en esta tierra vamos a luchar contra el pecado. Si recibimos esta gracia incómoda, nos llevará a una vida abundante, a la libertad y a un gozo más profundo en Dios. Esta es una función de la comunidad que pocas personas quieren. Preferiríamos tener amigos que siempre nos digan lo que queremos escuchar, que nos muestren la falsa gracia de excusar el pecado y nos den una falsa esperanza de que podemos acercarnos más a Dios sin arrepentirnos. Pero debido a que el pecado es un veneno para nuestras almas y un ladrón del gozo en Dios, esta es una función de la comunidad que no podemos permitirnos abandonar.
3. Los amigos nos animan a obedecer a Dios
Exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: «Hoy»; no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado (Hebreos 3:13). Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras (Hebreos 10:24).
Si bien es cierto que necesitamos amigos que nos ayuden a ver nuestra desobediencia, también los necesitamos para animarnos a la obediencia. Sin el ánimo de amigos cristianos, podemos estancarnos, no solo al hacer lo incorrecto, sino que también al no hacer lo que sí es correcto. Animar es darle a alguien una visión más grande de por qué su obediencia importa en el Reino. Es la afirmación de que su obediencia honra a Dios y el empuje para seguir haciéndolo. Cualquiera sea la forma que adopte, el ánimo motiva a alguien a continuar corriendo la carrera específica que se le ha dado.
4. Los amigos nos llevan a Dios
Confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho (Santiago 5:16). Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios […] (1 Pedro 2:9). Ustedes como escogidos de Dios […] sop[órtense] unos a otros y perd[ónense] unos a otros […] (Colosenses 3:12-13).
Somos real sacerdocio. Todo creyente tiene acceso al Lugar Santísimo con acceso directo a Dios. Eso quiere decir que cada una de nosotras es un sacerdote. Bíblicamente, un sacerdote era el puente sobre el vacío que existía entre Dios y el ser humano al interceder y hacer sacrificios. Aunque Jesús ya hizo el sacrificio final, nosotras aún somos llamadas al sacerdocio. Caminar con Dios en un mundo manchado por el pecado, con nuestra carne guiada por el pecado y con un obstinado enemigo, es demasiado difícil para hacerlo solas. Solas somos susceptibles a creer las mentiras del enemigo. Solas nos hundimos bajo el peso de nuestro propio pecado. Solas nos desanimamos y cansamos en la pelea contra el pecado. Necesitamos el ministerio de otros creyentes para llevarnos a Dios cuando somos demasiado débiles Estas son algunas maneras en las que los amigos pueden llevarnos a Dios: Confesión y oración Santiago nos ordena a confesar nuestros pecados a otras personas y a pedirles que oren por nosotras para ser sanadas. Cuando nos confesamos a otros, sentimos el peso de nuestro pecado en un nivel mayor y experimentamos el misericordioso abrazo de Dios por medio de amigos que nos recuerdan que ya somos perdonadas gracias a la vida y muerte de Jesús. Llevar las cargas Llevar las cargas los unos de los otros significa compartir el peso. Esto podría significar escuchar y orar regularmente por una amiga que está pasando por un momento difícil o ayudarla de formas prácticas. Somos llamadas a entrar al sufrimiento de los demás y hablar la verdad sobre quién es Dios y quiénes somos nosotras. Intercesión Marcos 2:3-5 es una gran visual de intercesión. Lo que el paralítico no pudo hacer por sí mismo, sus amigos lo hicieron por él: lo llevaron a Jesús. A través de la oración intercesora, podemos llevar a nuestros amigos a Dios y pedirle que haga cosas más grandes en sus vidas de las que ellos tendrían el valor de orar por sí mismos.

La amistad para la gloria de Dios

[…] Háganlo todo para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31).
¿Notaste que estos propósitos terminan con la misma palabra? Dios. Como todo lo demás, el propósito de nuestras amistades debe centrarse en Él. Dejemos de hacer de Dios un sirviente de nuestras amistades y permitamos que ellas lo sirvan a Él y a su Reino. No podemos glorificar a Dios solas, no podemos vivir solas para su gloria. ¡Nos necesitamos mutuamente! «Esta es la diferencia entre la camaradería cristiana y todos los demás grupos de apoyo y grupos de terapia y grupos de autoayuda. La idea de la camaradería cristiana es señalarnos unos a otros hacia Cristo, no hacia el hombre, para recibir ayuda y ser fortalecidos» (John Piper).

Amistades saludables versus amistades no saludables

Pasamos un buen tiempo discutiendo sobre las amistades codependientes que no son saludables y ahora sobre lo que son las amistades saludables y centradas en Dios. A continuación, verás una tabla que te ayudará a simplificar estas diferencias y te hará más fácil identificarlas.

Amistades saludables

Amistades no saludables

1. Dios es lo más importante. 1. La una y la otra son lo más importante.
2. Preguntan: «¿cómo obtenemos más de Jesús en esta amistad?». 2. Preguntan: «¿cómo obtenemos más la una de la otra en esta amistad?».
3. Actúan como individuos que responden a Dios. 3. Actúan como una pareja que responde la una a la otra.
4. Se emocionan cuando otros forman nuevas amistades. 4. Se sienten amenazadas y sienten celos cuando otros comienzan nuevas amistades.
5. Abrazan sus amistades con brazos abiertos. 5. Sienten como si se pertenecieran mutuamente.
6. Desafían en amor el pecado del otro. 6. Excusan el pecado en nombre del «amor».
7. Avivan nuestro deseo por Dios. 7. Reducen nuestro deseo por Dios.
8. Animan a obedecer a Dios. 8. Redefinen/excusan nuestra obediencia a Dios.
9. Pasan tiempo solas orando por la otra. 9. Solo oran la una por la otra cuando están juntas.
10. Se preocupan de la gloria de Dios. 10. Se preocupan de su propia importancia.
11. Nos animan a necesitar más a Dios. 11. Nos animan a necesitarnos más mutuamente.
12. Te dicen que Dios es tu lugar de pertenencia. 12. Te dicen que yo soy tu lugar de pertenencia.
13. Quieren que sus amigos tengan más de Jesús. 13. Quieren que sus amigos tengan más de la amistad.

¿A quién adoras?

Espero que ahora puedas ver la diferencia entre una amistad centrada en Dios, floreciente y saludable y una amistad centrada en las personas, codependiente y no saludable. Una está basada en la adoración a Dios; la otra, en la adoración a las personas. Fuimos creadas para adorar a un buen Dios y para centrar nuestras vidas en Él. Nuestras relaciones con las personas tienen el propósito de apuntarnos a Dios. No invirtamos el orden. No permitas que Dios sea un medio para un fin ni lo veas solo como un vehículo que te lleva a obtener una mejor amiga, un novio, un esposo o un hijo. Hablar de Dios y hacer cosas espirituales no significa necesariamente que lo adores. ¿Por qué no evalúas seriamente tus relaciones y en oración te haces las siguientes preguntas para ver si has estado adorando a una persona y no a Dios?:
  • ¿Siento que hay alguien en mi vida sin la cual no podría vivir?
  • ¿Con quién hablo consistentemente primero sobre una dificultad antes de ir a Dios en oración?
  • ¿Quién en mi vida me hace sentir incompleta cuando está ausente?
A lo largo de esta serie, ¿te has dado cuenta de que tienes una amistad no saludable? ¿Has tenido una visión incorrecta sobre las amistades y de su propósito? En la parte 5, hablaremos sobre algunos pasos que puedes dar hacia la libertad.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.

[1] N. del T.: traducción propia.
Photo of El viaje hacia la libertad
El viaje hacia la libertad
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El viaje hacia la libertad

Si te acabas de sumar a esta conversación, espero que retrocedas y leas las cuatro primeras partes de esta serie para tener algo de contexto. He estado hablando sobre el problema de la idolatría en las amistades y he proyectado una visión del propósito de la amistad bíblica.

Pasos hacia la libertad

Si es evidente que has estado idolatrando a una persona en tu vida y has llegado a ser emocionalmente dependiente de ella, estos son algunos pasos prácticos que puedes dar para dirigirte hacia la libertad. Por favor, ten en mente que el grado en que estos pasos son necesarios se basa en cuán profundamente arraigada estés a una idolatría relacional. Para quien llama a su compañera de rendición de cuentas con demasiada frecuencia antes de hablar con Dios, una simple confesión y arrepentimiento con otra amiga podría ser suficiente. Para quien ansía que terminen las vacaciones de primavera para acurrucarse en la cama con su compañera de cuarto nuevamente, estos pasos serán mucho más importantes.  Recuerda que las diferentes situaciones requieren diferentes cosas. Aquí es donde la sabiduría y la guía de otras personas que te conocen es crucial. Por ejemplo, una dependencia emocional a un chico se debe tratar de manera diferente que una dependencia emocional hacia una chica. Y aunque puede haber dependencia emocional entre cónyuges, ninguna forma de separación es buena en un matrimonio.
1. Sé honesta
Sé honesta contigo misma. Aunque es doloroso mirar nuestro pecado a los ojos, si lo ignoramos, nunca podremos hacer que desaparezca. Si nos rehusamos a enfrentar la realidad de nuestro pecado, solo agrandaremos las consecuencias y prolongaremos el dolor. Sé honesta con Dios. Conversa con Él abiertamente sobre tu amiga y cómo te sientes respecto a ella. Confiésale abiertamente tu deseo de correr a ella antes que a Él. Concuerda con Dios en que encontrar tu valor, tu propósito, tu pertenencia y tu seguridad en cualquier otra cosa que no sea Él es idolatría. Admite que lo has abandonado a Él, la Fuente de aguas vivas, para ir tras cisternas rotas y agrietadas que no pueden contener el agua (Jer 2:12-13). Pídele a Dios que te salve de la fortaleza de la idolatría  Sé honesta con otra persona que no sea la amiga de quien dependes. Busca a una mujer cristiana madura, confiable y estable con quien conversar. Cuéntale que eres demasiado dependiente de tu amiga y que le has dado más peso en tu vida que a Dios. Pídele oración, rendir cuentas y consejo. Aunque podría ser tentador, no es sabio compartirlo primero con la amiga que idolatras. Si bien debes, con el tiempo, hablar abiertamente sobre estas cosas con tu amiga, hacerlo de inmediato resulta a menudo contraproducente y provoca un apego más profundo. Por supuesto, la importancia de cómo y cuándo hablar con esta amiga dependerá de cuán profundo y duradero haya sido el apego.
2. Crea espacio
Toma cierta distancia de tu amiga de diferentes maneras: física, emocional y espiritualmente. Esto podría implicar pasar más tiempo en grupos; decir no a esos momentos uno a uno; abstenerse de conversaciones íntimas emocionales y espirituales como confesar pecados, orar juntas, etc. Si viven juntas, invita a otras personas a pasar el rato o sal de la casa para hacer tareas, trámites, etc. Este paso podría sacar naturalmente una sana conversación de por qué necesitas espacio y te dará la oportunidad para confesar cualquier pecado de tu parte y el deseo de crecer en salud espiritual y en tu amistad.
3. Prepárate para el duelo
Dejar ir este tipo de relación es doloroso. Cuando lo apuestas todo a una carta, puede ser aterrador alejarte de ella. Debido a que es posible que hayas tratado a esta amiga como tu alma gemela, esto podría sentirse como una ruptura. Permítete estar de duelo por un tiempo; habla con una mujer cristiana confiable y madura sobre esto, y también habla con Dios; lee los Salmos; escribe cómo te sientes en tu diario. Debes saber que esta etapa de duelo pasará.
5. Cultiva otras amistades
Esto podría ser difícil y aterrador al principio. Es posible que estés acostumbrada a la falsa seguridad que dice: «el amigo que siempre te acepta nunca te va a decepcionar». Pero recuerda, la única persona que nunca te va a decepcionar es Dios mismo. Cultivar otras amistades también nos ayudará a mantener nuestra esperanza en Él, no en las personas. Probablemente, tendrás que tomar medidas para hacer amigas cuando no lo sientas. Pero camina en fe y confía en Dios con todo tu corazón, no en una persona.
6. Anda a un consejero bíblico
Aunque la mayoría de las personas asumen que la consejería es solo para las situaciones traumáticas, es algo muy positivo que todos pueden hacer de vez en cuando. Si tienes los medios, considera buscar un consejero bíblico al que puedas ver un par de veces mientras haces el viaje para dejar de depender de una amiga a fin de volver a depender de Dios. Tener un lugar seguro para discutir estas cosas con un profesional capacitado que ama a Jesús es invaluable.
7. ¡Conoce a Dios!
Finalmente —no porque no sea importante, sino porque este paso siempre debe estar presente en tu mente—, cultiva tu intimidad con Dios. Si no lo estás buscando a Él diariamente como tu fuente de seguridad, de satisfacción y de aprobación, siempre la vas a buscar en otro lado. Él es el único verdadero, fiel y confiable. Para comenzar, te dejo el enlace hacia un devocional de 3 días que escribí sobre cómo cultivar la intimidad con Dios [disponible solo en inglés]. (Para más estudios bíblicos y devocionales, haz clic aquí [disponibles solo en inglés]).

Para quienes han llegado a tener un contacto sexual con una amiga

Si ya has recorrido este camino lo suficiente como para permitir que tu amistad haya llegado a ser sexual, por favor, escúchame: no estás sola. Hay más personas que han estado donde tú estás ¡y ahora son libres! ¡Ningún pecado está lejos de la obra redentora de Dios!

¿Soy lesbiana?

Esta es la primera pregunta que muchas hacen. Dado que has tenido encuentros sexuales con alguien de tu mismo sexo y, en algún grado, se sintió natural y deseable, es normal hacer esta pregunta. Vivimos en un mundo que te diría: «sí, probablemente eres lesbiana o, al menos, bisexual. La manera en que prefieras experimentar tu sexualidad determina quién eres». No obstante, déjame ser muy clara: la respuesta es no. No eres lesbiana. Si bien lesbiana, gay, homosexual, bisexual podrían escogerse como descripciones de identidad, en última instancia, todas son descripciones de un estilo de vida. Dios no crea mujeres lesbianas y mujeres heterosexuales; Él crea mujeres. Dios no crea hombres gay y hombres hetero; él crea hombres. «[…] Varón y hembra los creó» (Gn 1:27). Es muy importante que nosotras entendamos esto. ¿Recuerdas nuestro estudio de Romanos 1? Al adorar a una persona, invitas deseos distorsionados a tu vida y podrías entregarte a deseos sexuales apasionados por personas del mismo género que se sienten naturales y normales. Esto no quiere decir que tu identidad sea homosexual; al contrario, significa que estás experimentando las consecuencias de adorar al objeto equivocado. Todos somos capaces de distorsionar la sexualidad. (Solo un recordatorio: el pecado sexual con alguien del sexo opuesto también es una forma distorsionada de sexualidad). Nadie está por encima de esto. «Porque si alguien se cree que es algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo» (Gal 6:3). La pregunta no es cómo nos deshacemos de los deseos inapropiados (todos experimentaremos deseos incorrectos hoy en un sinnúmero de maneras), sino qué hacemos en respuesta a esos deseos. ¿Nos entregaremos a ellos o nos aferraremos a Dios y correremos a Él como nuestra única esperanza y fortaleza? Esta es la esencia del arrepentimiento (que debe ser el acto y la postura diarios del cristiano): ¡alejarnos de los deseos equivocados y aferrarnos a Dios nuestro Salvador y Satisfacción!

La separación es crucial

Si tu amistad ha llegado tan lejos como para pecar sexualmente, la importancia de un tiempo de separación total de esta amiga no puede subestimarse. Debido a la naturaleza violenta del pecado sexual, somos llamadas a huir, a alejarnos lo más rápido posible (2Ti 2:22; 1Ts 4:3). Aunque esta es una medida difícil de tomar, es vital. Involucra a otra mujer piadosa o matrimonio piadoso al que puedas rendir cuentas y ¡que pueda fortalecerte en este tiempo al apuntarte a Jesús, tu gran Salvador, Redentor y Verdadero Amigo! Se sentirá como un desierto, pero es ahí donde a menudo Dios nos encuentra para quitarnos todos nuestros viejos amores, desposarnos y enseñarnos a depender en Él (piensa en Gomer en Oseas 2 o en los israelitas en Números y Deuteronomio). Acepta este tiempo en el desierto y de soledad, y permite que te lleve a los brazos de tu Primer Amor.

La consejería es vital

Puesto que hay algunas repercusiones únicas en relación al contacto sexual en una amistad entre personas del mismo sexo, un buen consejero bíblico puede entregarte el apoyo, las herramientas, la claridad que necesitas para avanzar hacia la libertad, una visión saludable de tu sexualidad y la confianza en tu plenitud y libertad en Cristo. En la parte 6, veremos las tendencias culturales de romantizar las amistades y el peligro asociado a ello.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.
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Cuando la amistad se vuelve romántica
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Cuando la amistad se vuelve romántica

La romantización de la amistad

«Cuando estamos totalmente inmersos en una sociedad de personas que consideran que adorar a un ídolo concreto es normal, es casi imposible discernir cuál es este» (Tim Keller). La cultura a nuestro alrededor es como una corriente que poco a poco nos arrastra según sus filosofías. A menos que estemos aferrándonos regularmente a la verdad y poniendo nuestros pensamientos en cautiverio para obedecer a Cristo (2Co 10:15), nos dejaremos llevar sin pensar por esta corriente mundana. Es por esta razón que Pablo nos anima a que «mire[mos] que nadie [n]os haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no según Cristo» (Col 2:8). Existe una nueva tendencia que parece inofensiva en la superficie, pero es cualquier cosa menos segura: la romantización de la amistad. Aunque podrías no haber notado este cambio, está muy presente. Tan solo haz una búsqueda rápida de mejores amigas o BBF en Pinterest o en Google. Estas son un par de cosas que encontrarás dentro del lenguaje de aniversarios, citas, almas gemelas y amireja.
[Por qué deberían celebrar su aniversario de amistad Los aniversarios ya no son solo para los enamorados. Levanten su copa y celebren la fecha en que conocieron a la persona más importante de sus vidas: su mejor amiga].
[Tener un alma gemela no siempre se trata de amor. También puedes encontrar un alma gemela en una amistad].
[20 ideas de citas con tu mejor amiga].
[37 ideas de fotografías extremadamente entretenidas con tu mejor amiga]. Sesión de fotos de mejores amigas: básicamente fotos de citas de mejores amigas.
[AMIREJA f. Un par de amigas muy cercanas que actúan como una pareja].
[Las chicas pueden sobrevivir sin un novio, pero no pueden sobrevivir sin una mejor amiga].
Una película llamada Life Partners [Compañeras de vida] trata esta situación. A continuación, les comparto la sinopsis: Paige, una hetero (Jacobs) y Sasha (Meester), una lesbiana, son mejores amigas codependientes, están al final de sus veinte y han pasado los últimos diez años actuando más como esposas que como amigas: conversan en el baño; se llevan mutuamente al doctor. Como en cualquier buen matrimonio, son un perfecto yin yang, hasta la noche en que Paige conoce a Tim (Brody). A pesar de algunas desventajas superficiales (vello facial cuestionable, una inclinación a citar las películas que todos citan), él es el tipo de chico para casarse. A medida que crece la relación de Paige y Tim, el vínculo entre Paige y Sasha cambia inevitablemente. De pronto, sin una «pareja», Sasha se ve forzada a examinar sus propios defectos y entra en pánico sobre su inminente cumpleaños número treinta. Se avecinaba un conflicto pasivo-agresivo en su amistad  hasta que las chicas tuvieron que enfrentar finalmente la pregunta que estuvieron evitando: ¿su amistad podrá sobrevivir la madurez? La conclusión de todo esto es que las mejores amigas pueden llegar a ser la nueva pareja. ¿No puedes encontrar un novio? Entonces, encuentra una mejor amiga. Una mejor amiga ahora puede satisfacer emocionalmente lo mismo que un novio. Podrías sentir como si tu mejor amiga fuera la única persona que realmente te entiende. Te puede hacer sentir amada, dar un lugar al cual pertenecer y sentir que te necesitan. Tu mejor amiga fácilmente puede ser una suplente hasta que obtengas el novio o esposo que siempre quisiste. De hecho, es común encontrar a mejores amigas usando Facebook para decir que están casadas o que son la pareja de la otra.

Amistad de pacto

Es más, con esta tendencia, ha llegado un lenguaje de «pacto» que normalmente solo se da en los matrimonios:
[Mejores amigas, no es solo una etiqueta, es una promesa].
Una morena y una rubia con un vínculo inquebrantable. Mejores amigas por siempre
[33 tatuajes súper lindos para mejores amigas].
[Eres mi mejor amiga, mi diario humano y mi otra mitad. Eres todo para mí y te amo].
Con una alta tasa de divorcios y muchos que deciden nunca casarse, que van de un compañero sexual a otro, nuestra cultura aún anhela una relación pactual; que una persona esté siempre ahí para ti. Tan solo se cambió al matrimonio por la amistad. Esto no es algo menor. La Biblia nos dice que solo los matrimonios deben ser exclusivos, vinculantes y deben tener un nivel de propiedad que dice «tú me perteneces» (Gn 2:24; 1Co 7:4, 39). Ninguna otra relación tiene el título de «una sola carne». Todos necesitamos amigos que estén ahí para nosotros en momentos buenos y malos, pero tratar a la amistad con el peso, la exclusividad y la pertenencia de un matrimonio tiene serios peligros.  Las relaciones románticas y exclusivas que incorporan propiedad (p. ej., «tú me perteneces, yo te pertenezco a ti») tienden a crear intimidad física. Esto se ve fácilmente en relaciones de pareja. Entonces, cuando dos mejores amigas han creado una amistad exclusiva y romantizada donde sienten que se pertenecen mutuamente, es muy natural avanzar juntas hacia la intimidad física. El afecto físico innatural es, en primera instancia, producto de una adoración puesta en el lugar incorrecto, lo cual discutimos en publicaciones anteriores: adorar a una amiga distorsiona su rol en tu vida. Un segundo peligro de tratar a una amistad como un matrimonio es que pone en peligro a la institución del matrimonio. Al crear amistades que imitan el pacto, el peso y la longevidad de la unión de una sola carne, devalúa la institución del matrimonio propiamente tal. Incluso puede impedir la formación de futuros matrimonios saludables. ¿Cómo puede un hombre y una esposa convertirse en una carne cuando la mujer ya está actuando como una sola carne con su mejor amiga? Una nueva pose para fotografías de boda muestra esta intrusión de la amistad en el matrimonio: el novio pone el brazo alrededor de su novia y la dama de honor con la novia se dan la mano por detrás de la espalda del hombre, generalmente entrelazando sus dedos. ¿Acaso esto no sugiere que la novia tiene más intimidad, más compromiso y más seguridad con la dama de honor que con su marido? «Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe» (Mt 19:6). Esto último también se refiere a las mejores amigas. [gallery columns="2" size="medium" ids="12401,12402,12403,12404,12405,12406,12407"] ¡El matrimonio es la representación del amor pactual de Dios por su pueblo y la principal imagen de la relación entre Cristo y la iglesia! Es algo muy grave distorsionar esta imagen y, en nuestra cultura donde el matrimonio está siendo «redefinido», es muy importante que lo tomemos en serio. Por favor, escúchame, no hay nada malo con tener una amiga para toda la vida con quien tienes un compromiso. Sin embargo, de ninguna manera dos amigas son «una carne» de la manera en que lo es el matrimonio ni tampoco deben funcionar como una sola unidad (lee más sobre el propósito de la amistad aquí).

La mentira de la persona indicada

Entonces, ¿por qué se ha dado este cambio cultural en las amistades? Creo que este cambio está enraizado en la misma mentira que ha creado una abundancia de comedias románticas y en el mito de «el indicado». Yo lo llamo la mentira de la persona indicada. Este es el mensaje central: amar y ser amada en una relación exclusiva con una persona es el mayor de todos los gozos. En última instancia, el mensaje se reduce a esto: necesitas a una persona más de lo que necesitas a Dios. Numerosas películas, libros y programas de televisión desarrollan esto, ya sea entre un hombre y una mujer, dos amigas o una pareja gay. No importa el escenario, el mensaje detrás es que si no has encontrado a tu persona, la que te entiende, la que siempre está ahí para ti, a quien perteneces, te estás perdiendo algo. Amar y ser amada por esa persona satisfará todas tus necesidades y anhelos, lo que traerá una satisfacción profunda a tu alma. 
[No puedo vivir sin ella].
[N.º 1 Querido futuro esposo: Voy a depender de tu fuerza por el resto de mi vida. ¿Está bien si comienzo ahora? Te amo, Tu futura esposa].
Muchas jovencitas cristianas han comprado esta mentira y han intentado «cristianizar» esta búsqueda idólatra al buscar un esposo piadoso que satisfaga para siempre este dolor. No obstante, el matrimonio no tiene el propósito de satisfacer los anhelos de tu hambriento corazón. Solo Dios llena de bien al alma hambrienta. Estoy agradecida por la gran cantidad de mensajes, blogs y libros que disipan correctamente esta mentira de que un novio o un futuro esposo puede satisfacerte completamente. La primera serie que escribí en mi blog lidia con esto. Poder reconocer esta mentira en las relaciones amorosas y en el matrimonio es bueno, pero no es suficiente. Una mentira debe ser arrancada de raíz. Cortar simplemente alguna de sus ramas solo provocará que crezcan en otra dirección. De igual forma, si esta mentira de la persona indicada no se rechaza continuamente, puede meterse en nuestras amistades, lo que producirá este proceso de pensamiento subconsciente: si no puedo tener un esposo aún, buscaré una mejor amiga. La idolatría que reconocemos en relaciones románticas, a menudo no la vemos en las amistades. La idolatría en las amistades es muy similar y, a veces, está muy relacionada a la idolatría a un futuro cónyuge imaginario. Si pierdes la esperanza en la espera por el hombre perfecto, y es culturalmente aceptable actuar como una pareja con una amiga, entonces darle peso y valor a tu amiga por sobre Dios podría ocurrir sin que siquiera te des cuenta.

Estar alerta

«Sean de espíritu sobrio, estén alerta. Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar» (1P 5:8). Satanás es el príncipe de la potestad del aire (Ef 2:2) y todo el mundo está bajo su poder (1Jn 5:19). Si realmente creemos esto, debe producir un escepticismo saludable respecto a los mensajes y las tendencias de nuestra cultura. Debemos mirar a nuestro entorno con una mente sobria, filtrando al mundo que nos rodea por medio de la Palabra de Dios. Cuando miramos esta tendencia de romantizar la amistad, especialmente después de haber pasado cinco semanas discutiendo la amistad bíblica, rápidamente debemos ver lo siguiente:
1. Romantizar la amistad es un intento de encontrar satisfacción en una amiga, no en Dios
Esto concuerda con la mentira original de Satanás que dice que Dios no es suficiente para nosotros: te estás perdiendo algo. Dios lo está reteniendo (Gn 3:1-6).
2. Romantizar la amistad es normalizar la codependencia
Recuerda, D’Ann David llamó a la amistad codependiente «una relación personal súper intensa con una mejor amiga que satisfaga todas sus necesidades y que haga que todas las otras relaciones sean innecesarias».
3. Romantizar la amistad es normalizar la idolatría
Dado que el mundo no conoce a Dios y no sabe cómo es adorarlo, siempre buscará a otras cosas a las que adorar. En este caso, el mundo está adorando la amistad. Darle más peso e importancia a una amiga que a Dios es idolatría. Cualquier cosa que necesitemos más que a Dios es un ídolo, incluso una buena amiga cristiana.
4. Romantizar la amistad ignora la función principal y bíblica de los amigos
Esta función es apuntarnos unos a otros a Jesús para encontrar satisfacción, fuerza, consuelo y esperanza. Al contrario, el modelo de la amistad que tiene el mundo apunta a personas como el lugar para encontrar satisfacción, fuerza, consuelo y esperanza. Sean de espíritu sobrio y recuerden que la amistad es para Jesús. Esta tendencia en nuestra cultura no debe espantarnos de formar amistades profundas. Fuimos creadas para la comunidad y necesitamos desesperadamente amigas profundas, íntimas y piadosas. No obstante, necesitamos, ante todo, que nos apunten a Dios.
Aquí estamos de nuevo con nuestro tema más común: un teocentrismo radical en todo lo que hacemos, incluso en nuestras uniones humanas, en nuestra camaradería, en nuestra amistad. Debo ser un amigo para Jesús. Cada grupo cristiano que existe debe existir para fortalecerse unos a otros en Dios y no en el hombre (John Piper).
Que nuestra amistad para Jesús se vea radicalmente diferente a la versión de la amistad que tiene el mundo. Una amistad con un propósito mucho mayor y una fuente de gozo mucho más profunda. Amistades para la gloria de Dios.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Kelly Needham.