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Julie Lowe es miembro de la facultad de CCEF. Tiene una Maestría en consejería, otorgada por el Biblical Theological Seminary. Es consejera profesional con licencia con alrededor de quince años de experiencia. Tiene una gran experiencia tratando temas de mujeres, abuso sexual, asuntos relacionados a la imagen, la crianza y el maltrato infantil, y regularmente da charlas en eventos en relación a estos temas. Es terapeuta de juego registrada y ha implementado una oficina para realizar terapia de juego en CCEF y así servir mejor a las familias, a los adolescentes y a los niños. Es una facilitadora entrenada de Stewards of Children, una organización sin fines de lucro que provee entrenamiento sobre el abuso sexual infantil. Julie ha entrenado a un perro de terapia con el que trabaja tanto profesional como voluntariamente. Julie y su esposo, Greg, tienen seis hijos y sirven como padres de acogida y adoptivos. 

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Cuando la violencia toca la vida de un hijo
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Cuando la violencia toca la vida de un hijo


Título original en inglés: “When Violence Touches a Child’s Life
 La amenaza del peligro impacta a nuestros hijos con regularidad. Trágicos tiroteos en escuelas, violentos crímenes y otras cosas similares incitan una serie de dolores y ansiedades. Incluso cuando la amenaza no se encuentra en la entrada de nuestra casa, los medios de comunicación hacen que retumben en nuestros hogares. La probabilidad de que sus hijos sean impactados es alta. Independientemente de dónde vivan o cuán estable sean sus vidas familiares, en algún grado las vidas de los niños y adolescentes están siendo tocadas por la violencia y debemos ayudarlos a encontrarle el sentido. En lugar de reaccionar desde el miedo, debemos ayudar a nuestros hijos expresando un nivel de sobriedad y dolor por tales eventos, mientras demostramos que nuestra esperanza está en Cristo. El desafío está en encontrar el equilibrio correcto: enseñarles conciencia y prudencia a los jóvenes, mientras que al mismo tiempo fomentamos la confianza en un Dios soberano. La cosa más peligrosa que les permitimos hacer a nuestros hijos es conducir un automóvil; sin embargo, nosotros rara vez tememos llevarlos en automóvil a la escuela, a la iglesia o a un centro comercial, tampoco debemos estarlo. Los jóvenes deben aprender a vivir la vida en plenitud y no eclipsados por el temor. Por tanto, padres, conversen con sus hijos sobre estas amenazantes realidades. Hagan lo mejor que puedan para explicarles y estén dispuestos a discutir por qué existe el mal. Modelen una pena piadosa y eduquen a sus hijos sobre lo que es correcto y justo. Nuestros hijos serán capaces de caminar con confianza en un mundo conflictivo si son educados respecto a cómo pensar, si se sienten equipados para responder y si han madurado para poner su confianza en el Creador. Queremos enseñarles a nuestros hijos cómo navegar por este mundo y cómo confiar en un Dios incomparable. A continuación, les comparto cinco sugerencias para ayudar a que nuestros hijos se sientan preparados de cara a la potencial violencia. 1. Tengan un plan para los potenciales peligros: sabemos que es útil tener un plan de escape en caso de incendio en casa, en la escuela y en el trabajo. De igual manera, ayuden a sus hijos a desarrollar un plan que puedan seguir cuando se den cuenta de que puede haber violencia. Estar preparados no evita la situación, pero le da al niño un sentido de confianza de que él o ella pueden responder bien y salir de ahí seguros. 2. Juego de rol, juego de rol, juego de rol: a medida que instruyen a sus hijos en lo que deben hacer en varios escenarios de emergencias, háganlo de una manera tranquila y práctica, asegurándose de no asustarlos al hablar del tema. Luego, practiquen. Describan situaciones hipotéticas y hagan que les cuenten qué dirían o harían. Esto ayuda a los niños a reaccionar de manera eficiente y rápida en situaciones bajo presión. 3. Sean adultos seguros y confiables a quienes ellos pueden acudir e identifiquen otros adultos seguros que pueden ayudar en una crisis: si sus hijos saben de antemano a quién acudir para pedir ayuda en una emergencia, sentirán menos temor. Hasta donde sea posible, asegúrense de que esas personas (¡ustedes incluidos!) puedan ofrecer consuelo, equilibrio y dirección adecuados según la situación. Esto significa poder responder de una manera que no minimice ni reaccione exageradamente a la amenaza cercana. Una respuesta equilibrada durante y después de una emergencia ayudará a sus hijos a seguir adelante. 4. Guíalos al Dios de todo consuelo: la frase «no temas» es mencionada 365 veces en la Biblia. La solución a las situaciones aterradoras siempre es la presencia de Dios. Él se ofrece a sí mismo como nuestro consuelo, fortaleza y porción. Busquen maneras de hacer esto tangible y real en la vida de un jovencito o jovencita. 5. Conozcan lo que la Escritura tiene que decir acerca de la vida, las tribulaciones y los sufrimientos: cuando los niños pregunten por qué ocurrió algo terrible, es importante darles respuestas simples y honestas. Los jóvenes necesitan que la vida tenga sentido adecuada y redentoramente. Ayúdenlos a mirar más allá de los sufrimientos presentes y recuérdenles que un Dios fiel cuida de ellos. La voluntad de Dios para sus vidas no puede ser frustrada. Como declara Jeremías 29:11: «“Porque Yo sé los planes que tengo para ustedes”, declara el Señor, “planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza”». No podemos prometerles a los jóvenes que no ocurrirán tragedias, pero podemos entregarles el conocimiento y los recursos para navegar por tales situaciones. Mientras más equipados se sientan, menos ansiosos estarán. Igualmente importante es el hecho de que los niños siempre estarán dándole sentido a sus experiencias. La pregunta es: ¿lo harán adecuadamente? Es imperativo que nuestros hijos crezcan con una cosmovisión bíblica (intérpretes adecuados del mundo en el que vivimos), redentora (Dios toma lo roto y restaura/hace todas las cosas nuevas) y llena de esperanza (confianza en el carácter de Dios y expectativa por el bien que Él hará). Todos podemos orar para que la violencia no toque directamente la vida de nuestros hijos, pero mientras tanto, la sabiduría los prepara en caso de que sí lo haga.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.
Esta traducción tiene concedido el Copyright © (10 de diciembre, 2020) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “When Violence Touches a Child’s Life” Copyright © 2020 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.
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Abandonados a sus propios criterios
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Abandonados a sus propios criterios


Título original en inglés: “Left to Their Own Devices
El que anda con sabios será sabio, Pero el compañero de los necios sufrirá daño (Pr 13:20).
Con el aumento de la tecnología en las vidas de los jóvenes, viene una multitud de preocupaciones. Escuchamos mucho sobre los riesgos del sexting, de las insinuaciones fuera de lugar de adultos, de la pornografía, de la adicción a las redes sociales y del ciberacoso. Sí, todos son problemas que están ocurriendo en cantidades que baten récords. Hay razones para ser cautelosos al presentarles las redes sociales y la tecnología demasiado pronto y sin una supervisión firme. Los adultos neciamente están aceptando esto como un rito de iniciación o como una necesidad para los niños y adolescentes. Sin embargo, la mayor preocupación de la que no estamos hablando es de la erradicación progresiva de las influencias adultas positivas y maduras. Los jóvenes se están criando y educando entre ellos. Están en la escuela juntos, están en actividades extracurriculares juntos, vuelven a casa y están en línea juntos, están en redes sociales juntos, juegan videojuegos juntos, se envían mensajes de texto juntos. Rara vez están desconectados de su grupo de pares. Entonces, ¿de dónde viene la influencia parental? ¿Cuánto tiempo estamos pasando con nuestros jóvenes que no sea interrumpido por la interacción con algún par? Si es una cantidad insignificante de tiempo, entonces imagina la influencia que su grupo de pares tiene sobre ellos. Tendremos una generación de niños que son su propia fuente de sabiduría mutua. Cuando se quitan las influencias maduras y piadosas, o al menos se reducen, los jóvenes serán formados por sus amigos y por la cultura. Cuando nosotros (de manera bastante literal) abandonamos a nuestros jóvenes a sus propios criterios, ellos buscarán la guía de sus pares y se «discipularán» mutuamente de estas maneras:
  • Un falso sentido de madurez/confianza en su propio conocimiento.
  • Una incapacidad de estar ocupados con algo o de estar solos.
  • Una tendencia a alejarse de la influencia de adultos.
  • Una tolerancia al mal comportamiento y a las exigencias inapropiadas de los pares.
  • Una intolerancia a la sabiduría y una burla ante lo que es bueno y saludable.
  • Ante el comportamiento inmoral y arriesgado hacen vista gorda.
  • Un menosprecio a la autoridad, considerándola irrelevante.
Ciertamente, el compañero de los necios sufrirá daño. No obstante, cuando nuestros hijos andan con el sabio, se convertirán en sabios. La influencia adulta amorosa hace esto:
  • Construye respeto y cooperación.
  • Crea una atmósfera de deferencia y admiración.
  • Proporciona seguridad a los hijos.
  • Fomenta una dependencia saludable de los hijos en sus padres y adultos para el alimento espiritual y emocional.
  • Modela una confianza en el sabio consejo, especialmente del Señor.
  • Expone un respeto apropiado hacia el liderazgo y el gobierno.
El libro de Tito habla detalladamente sobre la necesidad de que los cristianos influencien a la generación más joven en lo que es correcto y bueno. Somos llamados a modelar decir «no» a la impiedad y a las pasiones mundanas, y a vivir vidas autocontroladas, íntegras y piadosas en esta era actual (Tit 2:12). Vivimos en un mundo que puede torcer todo lo que es correcto y bueno para nuestros hijos. Aquello que es bueno es llamado maldad, y lo que es maldad es llamado bueno. Si no hablamos, alimentamos y caminamos junto a nuestros hijos, serán abandonados a sus propios criterios. No obstante, el Señor no nos abandona a nuestros propios criterios. Él nos busca porque es un Padre amoroso. Él satisface nuestra necesidad, nuestra debilidad y nuestra fragilidad. El Señor es inquebrantable en su amor por nosotros. Él muestra compasión, es misericordioso y bondadoso. Él nos guía y nos pastorea. Imitémoslo y seamos proactivos en buscar a nuestros jóvenes.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (20 de mayo, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “Left to Their Own Devices” Copyright © 2019 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

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Cinco maneras de proteger a tus hijos del abuso sexual
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Cinco maneras de proteger a tus hijos del abuso sexual


Título original en inglés: “Five Ways to Help Protect Your Kids from Sexual Abuse
Hay un estado de alerta cada vez mayor entre los padres, los educadores y la iglesia respecto a la necesidad de enseñar a los niños maneras tangibles de mantenerse a salvo. Hasta que los niños sean lo suficientemente mayores para hacerlo por sí mismos, es tarea de los padres y de los adultos relacionados prepararlos para navegar las situaciones difíciles que podrían ocurrir cuando no estén con nosotros. Por esta razón, siempre es el tiempo correcto para educar a los niños sobre técnicas de protección concretas y apropiadas para su edad. A continuación, presento cinco maneras en las que puedes comenzar a entrenar/educar a tus hijos para ayudarlos a protegerse del abuso sexual.
  1. Enséñales a tus hijos puntos de vista apropiados en cuanto al desarrollo del sexo, de la sexualidad y de sus cuerpos. Los niños que conocen los nombres correctos de las partes del cuerpo y entienden la visión de Dios respecto al sexo y la sexualidad tienen más probabilidades de reconocer cuando ven la corrupción de tales cosas. Los niños necesitan crecer viendo el sexo como algo bueno y como parte de la creación de Dios. Con esta perspectiva positiva y correcta, es más probable que puedan identificar lo falso, así como también que le cuenten a alguien cuando ocurra algo inapropiado.
  2. Instruye a tus hijos para respetar sus cuerpos y los cuerpos de otros. Respetar significa no tocar a otras personas en sus partes privadas (y, por favor, no teman ser específicos) y también que nadie puede tocarlos. Significa no hacer ni decir nada que haga sentir incómodo a alguien. Haz juego de roles y una lluvia de ideas de todas las maneras en que esto se puede llevar a cabo. Está preparado para dar ejemplos concretos. Haz seguimiento con preguntas como estas:
    • ¿Qué es respetuoso y no respetuoso en eso?
    • ¿Qué es amoroso y no amoroso en este ejemplo? Palabras como respeto y amor les muestra a los niños lo que es valioso. Al conversar sobre los ejemplos usando estas preguntas, ellos estarán mejor preparados si alguien intenta redefinir el amor y el respeto de una manera corrompida. Una visión bíblica de estos temas sensibles les enseña a los niños a saber cómo se vive la vida según el propósito para el cual fue creada.
  3. Entrena a tus hijos para poner atención cuando algo (o alguien) los pone incómodos. Queremos ser capaces de identificar este sentimiento y luego discernir lo que lo está provocando. Podrían sentirse incómodos por un montón de razones: algo es confuso para ellos; los saca de su zona de comodidad; o son expuestos a una situación riesgosa y no pueden darle sentido. Enséñales la habilidad de discernir. Esto requerirá práctica y juego de roles. Señala lo que los pone incómodos y ayúdalos a decidir qué hacer en cada escenario.
  4. Incúlcales la habilidad de discutir temas difíciles sin temor ni vergüenza. Queremos jóvenes que compartan tranquilamente lo que ocurre en sus vidas. Para enseñarles esto, debes modelarlo. Los niños te observan para descubrir si un tema es seguro de compartir. Con ello, demostrarás que ustedes son accesibles o que mamá y papá no pueden lidiar con temas difíciles. Si ellos ven esto último, evitarán acercarse a ti para contarte algo incómodo.
  5. Enséñales a quién es seguro acudir cuando lo necesiten y tú no estés disponible. Revisa cómo compartir con estos adultos cuando algo les está molestando. Dales acceso a estas personas; por ejemplo, asegúrate de que el número de teléfono de este adulto seguro esté guardado en el teléfono de tus hijos. Explícales adónde y a quién acudir si se pierden, qué hacer en una situación insegura o incómoda, etc.
En todo esto, discipula y enséñales proactivamente a tus hijos a conocer los caminos de Dios. Cultiva una apertura sobre lo que pasa en sus vidas. Elógialos y anímalos por hablar contigo. Queremos que nuestros hijos mantengan su inocencia mientras se sienten competentes para saber qué hacer cuando estén en peligro. No queremos criar hijos temerosos, sino seguros. No estamos inculcando preocupación, estamos inspirando niños confiados y equipados. 
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor. 

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (24 de junio, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “Five Ways to Help Protect Your Kids from Sexual Abuse Copyright © 2019 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

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Adolescentes e imagen corporal
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Adolescentes e imagen corporal


Título original en inglés: “Teens and Body Image
Como padres, les enseñamos a nuestros hijos a no mentir. Quizás discutimos menos y nos es más difícil identificar cuando creen una mentira, especialmente una que consume sus pensamientos y acciones. En la cultura actual, una mentira común que muchos jóvenes creen tiene que ver con la imagen corporal. Ellos creen que deben tener cierto tamaño o tipo de cuerpo, o lograr cierta «apariencia» para obtener atención y ser respetados. La cultura popular, los medios de comunicación y la industria de la belleza agregan más presión al promocionar estándares inalcanzables y arbitrarios basados en lo que es popular en el momento. Aquellos que luchan de esta manera sienten que los demás los están midiendo y juzgando constantemente. Es como si, a cualquier lugar al que se volteen, hubiera un espejo frente a ellos. Peor aún, el espejo es como el de los parques de atracciones, que distorsiona su real apariencia. Ellos ven brazos alargados, tobillos cortos, una cintura ancha, una frente enorme. La imagen que ven no es solo una distorsión de quiénes son en realidad, es una distorsión del lugar donde encuentran su verdadero valor.  Esto produce un desafío único, pero también oportunidades para que los padres ministren a sus hijos. Todos somos fácilmente consumidos e influenciados por el mundo que nos rodea. Sin embargo, no es así como Dios llama a vivir a su pueblo. En lugar de tomar nuestros impulsos y estándares del mundo, es nuestro Creador quien nos da significado e identidad. Dios dice que somos sus hijos amados, que somos un pueblo escogido y que Él se deleita en nosotros (1Jn 2:3; 1P 2:9; Sof 3:17). Estas descripciones de nuestra identidad son mucho más ricas y verdaderas que cómo el mundo nos ve o define.  Consideremos 2 Corintios 4:7, en específico, para hablar de la imagen corporal: «Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros» (NVI). Este pasaje nos identifica como vasijas de barro con un tesoro en nuestro interior. De algún modo, esto muestra al mundo «que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros». En contraste, aquellos que luchan con la imagen corporal aspiran ser como una vasija oriental hermosamente pintada. Quieren ser atractivos, admirados y que el mundo los vea y diga: «mira cuán exitoso, hermoso e inteligente eres». Sin embargo, la Biblia pinta una imagen muy distinta. En lugar de ser una vasija hermosa, somos como vasijas de barro sencillas agrietadas y agujereadas, y sin embargo, de alguna manera, esto permite que el tesoro en nuestro interior brille con más intensidad.  Esta imagen pone el enfoque en el Creador, en lugar de en nosotros. Cuando alguien (niño o adulto) intenta tener un cuerpo perfecto o ser la persona más atractiva, otros no pueden ver el poder o la belleza real en ellos. El adorno externo estorba al Evangelio (1P 3:3). No solo eso, nadie puede preservar la imagen deseada (Ec 3:11) y, cuando hay una grieta o un agujero, vemos un intento desesperado por aferrarse a la pintura a fin de esconder debilidades y defectos. Pero en Cristo, somos liberados de la mentira que dice que necesitamos cumplir con los estándares de la cultura. Somos libres para ser personas quebradas, para ser imperfectos y para fracasar. Tenemos esta libertad porque sabemos que en nuestra debilidad, Cristo es fuerte. Podemos acercarnos a nuestros hijos como compañeros de lucha. Aunque, en cierta medida, todos intentamos esconder las grietas y las imperfecciones, revelarles nuestras debilidades y defectos a nuestros hijos podría ser lo que los ayude a abrirse. Comiencen la conversación con sus propias confesiones y recuerden que incluso la presentación de estas verdades no será perfecta. Como vasijas rotas, permitan que la luz de Cristo brille con intensidad por medio de ustedes a medida que buscan ser el sabio consejero de sus hijos.

Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (8 de julio, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “Teens and Body Image Copyright © 2018 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

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Volvamos a construir la autoridad de los padres
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Volvamos a construir la autoridad de los padres


Título original en inglés: “Rebuilding Parental Authority
Dios dispone la amorosa autoridad en manos de los padres. Esta es la responsabilidad de liderar, supervisar y dirigir un hogar sabia y piadosamente. La autoridad amorosa es digna de confianza; es actuar por aquellos a quienes guía; es hacer lo bueno. Es acertada y benevolente, y entiende la necesidad de dirigir, instruir y establecer reglas. Modela una influencia como la de Cristo y apunta a los niños a un Dios en el que pueden confiar y seguir. Sin embargo, los niños a menudo se rebelan y rechazan la autoridad de los padres. A veces, esto se debe a la resistencia del niño; otras, a la influencia de sus pares o es un reflejo de la fuerte aversión a la autoridad en nuestra cultura. Cuando esto ocurre, a menudo intentamos restituir nuestros derechos de padres al citar la Escritura y al exigirles obediencia a nuestros hijos. No obstante, la mayoría de los niños no agachan la cabeza ni se arrepienten humildemente de sus errores cuando los padres hacen esto. Al contrario, responden con una disposición a luchar por el control y la independencia. Creo que la responsabilidad de esto, en gran parte, recae en los padres. En la manera en que estructuramos nuestras vidas, repetidamente, aunque quizás de manera inconsciente, renunciamos a nuestro rol y se lo entregamos a otros sin darnos cuenta. Pasamos casi todo nuestro tiempo entreteniendo a nuestros hijos y reaccionando a ellos, en lugar de relacionarnos con ellos. Nuestros hijos están en la escuela todo el día y luego participan en actividades deportivas, en clases, en pasatiempos e incluso en actividades de la iglesia. Cuando los niños están en casa, hacen tareas o deberes, el Internet o los videojuegos los mantiene ocupados. En resumen, somos irrelevantes en la mayoría de sus experiencias diarias. Dada nuestra ausencia en sus vidas, ¿por qué nuestros hijos continuarían aceptando nuestra autoridad? Las actividades y las agendas llenas limitan las oportunidades para influir en nuestros hijos. Los estilos de vida activos no son malos, pero debemos ser conscientes de cuánto tiempo dedicamos a que nuestros hijos tengan relaciones significativas en lugar de mantenerlos felizmente ocupados. Una promueve intimidad; la otra, indiferencia pasiva. No se equivoquen, los niños sí buscan guía y autoridad y, cuando la necesitan, probablemente acudirán a la influencia que ha capturado su admiración y confianza, y a menudo es su grupo de pares. Es difícil enfrentar la impotencia como padres. A veces la minimizamos y la excusamos, pero no podemos solo aceptarla como algo inevitable o atribuirla a «actitudes adolescentes» o a «los niños de este tiempo». Aunque nuestro rol e influencia sí cambia a medida que nuestros hijos crecen, aún necesitamos ser una voz en sus vidas. Pero recuperar ese impacto no sucede por medio de la coacción, el soborno ni las amenazas; viene por medio de la relación y el tiempo que pasen juntos. Por lo tanto, para cumplir nuestras responsabilidades de crianza, necesitamos priorizar construir relaciones fieles con nuestros hijos que les muestren cuidado, entrega sacrificial, genuina compasión y presencia. Mientras más mostremos una autoridad misericordiosa y genuina, nuestros hijos más desearán seguirla y someterse a ella. Una relación sólida y piadosa sirve en muchas maneras. Estas son algunas:
  • Crea una atmósfera de respeto, admiración y cooperación.
  • Produce seguridad y conexión con los niños.
  • Promueve una dependencia saludable a los padres para el alimento espiritual y emocional.
  • Modela una dependencia de los sabios consejos de otros y, en definitiva, del Señor.
  • Modela un respeto apropiadamente ordenado por el liderazgo y el gobierno.
Promover estas cualidades en nuestros hijos imparte una integridad para el diario vivir y los prepara para florecer en el mundo en el que viven. La autoridad de los padres no se trata de fuerza, de poder ni de dominio. Se trata de una sabia influencia. Se trata de una relación y un liderazgo como los de Cristo que valora el bien de aquellos que son liderados. Por lo tanto, en lugar de volverse más autoritarios con nuestros hijos, invierte en la relación que tienes con ellos. Muéstrales que te importan y que estás comprometido con su bien. Esto podría no ser bien recibido al principio, podría requerir tiempo. Quizás será necesario que limites las actividades, el tiempo con sus pares y la multitud de formas en que tu familia se aparta entre sí, pero los resultados valen la pena.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (01 de julio, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “Rebuilding Parental Authority” Copyright © 2018 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

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Cuando los hijos dicen «estoy aburrido»
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Cuando los hijos dicen «estoy aburrido»


Título original en inglés: “When Children Say ‘I’m Bored’
Tenemos una crisis común en nuestro hogar: la calamidad del aburrimiento. Nuestros hijos podrían incluso considerarlo una catástrofe. «Estoy aburrido» se repite con tanta frecuencia que no sería una exageración decir que estas palabras hacen continuo eco en nuestra casa, especialmente, durante las vacaciones de la escuela. Estos son hijos con tiempo limitado para las redes sociales, pero aún así son chicos que tienen una Wii y una Xbox, una piscina al otro lado de la puerta, diversos juegos, juguetes y otras actividades. Aun así, «estoy aburrido» rueda de las lenguas de nuestros hijos con gran frecuencia y disgusto. A partir de esto, se nos ocurrió una solución inteligente. Les dijimos a nuestros hijos que cada vez que escucháramos: «estoy aburrido» (y todas las versiones del aburrimiento: «estoy cansado»; «no hay nada que hacer»; etc.), les asignaríamos un quehacer. No pasó mucho tiempo para que las palabras se les escaparan y, a partir de entonces, mis hijos parecían haber encontrado maneras de ocupar su tiempo. Aunque es una solución inteligente (y una gran manera de que la casa esté limpia), hacer quehaceres no aborda sus luchas más fundamentales. En primer lugar, los jóvenes luchan con estar sobreentretenidos. Cuando son abandonados a sus propios criterios, a menudo acuden a la tecnología, lo que les permite entretenerse pasivamente en lugar de involucrarse activamente en un pasatiempo o actividad. Al pasar tiempo en las redes sociales, en videojuegos, en el televisor o películas, literalmente se están entreteniendo hasta la inconsciencia. Cuando hay un momento de silencio o inactividad, la adversidad del aburrimiento desciende sobre ellos y se sienten incapaces de superarla. Asignarles un par de quehaceres los hace conscientes de su dificultad, pero es solo un ímpetu externo para un cambio de comportamiento. Ellos necesitan aprender a involucrarse en su tiempo libre de una manera más productiva. En segundo lugar, necesitamos ayudar a nuestros hijos a que acojan el regalo olvidado de la quietud. Algo se pierde cuando no aprendemos solo a sentarnos, a estar en silencio, a columpiarnos en una hamaca o a dar un paseo sin que algo grite en nuestros oídos. Todos necesitamos detenernos y oler rosas, experimentar la creación, cesar de luchar y saber que Él es Dios. Necesitamos aprender a disfrutar tales momentos como un deleite, no como un tiempo de aburrimiento. Como nosotros, nuestros hijos necesitan aprender a reflexionar, a contemplar y a meditar en las cosas de Dios. ¿Cómo ocurrirá eso si no nos esforzamos en inculcárselo a nuestros hijos? En tercer lugar, nuestros hijos necesitan ser menos consumidos por sus comodidades y deseos personales, y aprender a pensar fuera de sí mismos. Hay un mundo de necesidad, de servicio, de oportunidades de trabajo, de educación y de vida que vivir y ellos necesitan un empujoncito (o a veces ser arrastrados) hacia la dirección correcta. Los adolescentes no se van a despertar un día y se van a sentir caritativos ni van a pedir ir a servir al almacén local de comida. Requiere cultivar la generosidad y un deseo por servir. Significa inculcar en ellos una disposición a dar tanto tiempo como recursos. Como padres, tenemos que estar dispuestos a hacer el trabajo duro de dirigir a nuestros hijos hacia el servicio y de impartir en ellos el deseo de centrarse en otros. Por lo tanto, si tus hijos están aburridos en casa, podrías intentar responder con lo de los quehaceres. Sí, tiene un cierto atractivo, pero reconoce sus limitaciones. No les inculcará el carácter piadoso que realmente deseas para ellos. Eso viene únicamente al examinar cuidadosamente lo que captura sus afectos y al equiparlos para que administren a conciencia su tiempo libre.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (1 de marzo, 2022) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “When Children Say ‘I’m Bored’” Copyright © 2021 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.