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Josh Squires sirve como pastor de consejería y cuidado congregacional en la Primera iglesia presbiteriana en Columbia, Carolina del Sur. Él y su esposa tienen cinco hijos.

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La intimidad marital es más que sexo
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La intimidad marital es más que sexo

«Es solo que no nos sentimos conectados». Ambos se sentían de la misma manera. En algún punto de su relación habían comenzado a distanciarse y ahora se sentían como si estuvieran viviendo vidas que avanzaban en vías paralelas en lugar de vivir conectados íntimamente. Pero ¿cómo se resuelve este problema de la «conexión»? Normalmente, cuando las personas comienzan a sentirse desconectadas unas de otras, la raíz del problema es la intimidad. Existen varias razones por las que la intimidad puede decaer. Algunas de ellas son sutiles, pero insidiosas, como el ajetreo de la vida familiar; otras, son claras e intencionales, como cuando se intenta usar la falta de intimidad como venganza. Sea cual sea la razón, una vez que la intimidad comienza a disminuir, puede ser difícil recuperarla. Es más, existen cinco tipos de intimidad y solo cuando las mantenemos todas funcionando podemos tener matrimonios que se sienten profundamente conectados.
1. La intimidad espiritual
El primer (y más fundamental) tipo de intimidad es la intimidad espiritual. Esta puede verse como el centro de la cual salen todos los otros tipos de intimidad. Si la intimidad espiritual es mayor, entonces, los otros tipos de intimidad —aunque habrán periodos de mayor o menor intensidad— tendrán un cierto nivel de fortaleza natural. La intimidad espiritual proviene de estar juntos en la Palabra, al orar el uno por el otro y al adorar juntos. La Palabra de Dios es el alimento para nuestras almas (Mt 4:4; Dt 8:3). Cuando tenemos la misma dieta espiritual, podemos crecer de maneras parecidas y, por lo tanto, crecer juntos, no separados. El viejo dicho que dice que la familia que ora unida permanece unida, aun cuando no es infalible, generalmente es cierto. Al mismo tiempo, esto no solo significa que debemos orar al estar ambos presentes, sino hacer del otro una parte central de nuestras oraciones privadas (y no solo para pedirle a Dios que arregle todas las cosas que nos molestan de nuestro cónyuge). La adoración es un acto increíblemente íntimo que une las almas del pueblo de Jesús más y más entre ellos y con Él mismo. Existen razones legítimas por las que los cónyuges podrían no estar adorando juntos (por ejemplo, porque están ayudando en la guardería o en el coro), pero si la conexión es un problema, sería bueno dejar, por un tiempo, estas actividades a un lado mientras se centran en su intimidad espiritual mutua.
2. La intimidad recreacional
El segundo tipo de intimidad es la intimidad recreacional. Este es el vínculo que se crea y se fortalece al hacer actividades juntos. Estas actividades pueden variar infinitamente, desde algo ligero (por ejemplo, hacer un crucigrama juntos) hasta algo extremo (por ejemplo, volar en un ala delta); sin embargo, es el disfrute mutuo de esas actividades lo que aviva la conexión de una pareja. Este tipo de intimidad tiende a estar en su máximo punto al comienzo de la relación cuando ambos están dispuestos a hacer y a probar cosas fuera de su zona de comodidad solo para tener la oportunidad de estar juntos. A medida que la presencia del otro comienza a ser más la norma que la excepción, comienza a disminuir la motivación para realizar actividades que no son interesantes para uno de los que forma parte de la pareja. Además, mientras la vida comienza a complicarse más con el trabajo, los niños, la casa y mucho más, se desploman las oportunidades para realizar actividades recreacionales y el costo puede ser alto. Sin embargo, Dios nos creó para disfrutar las actividades de la vida —en especial con nuestros cónyuges (Ec 9:9)—. Nuestros matrimonios necesitan la capacidad de reír y de disfrutar juntos si es que quieren soportar los momentos de lágrimas y esfuerzo.
3. La intimidad intelectual
El tercer tipo de intimidad es la intimidad intelectual. Esta es la actividad de conectarse mutuamente al discutir ciertos temas. Los temas pueden ser relajados (por ejemplo, una película favorita) o increíblemente profundos (por ejemplo, la política), pero la unión de la relación se fortalece cuando abordan ciertos asuntos al ejercitar la mente con su cónyuge. De manera similar a la intimidad recreacional, la intimidad intelectual tiende a estar en su máximo punto al comienzo de la relación. Frecuentemente, esto es así porque la pareja aún está conociéndose y comienza a saber lo que el otro piensa respecto a varios temas. A medida que el tiempo pasa, las parejas a menudo asumen que saben cómo piensa su cónyuge en casi todos los asuntos y dejan de explorar los mundos intelectuales del otro. Aun cuando uno de los cónyuges muchas veces puede predecir generalmente lo que otro va a pensar respecto a un asunto en particular, son los detalles los que importan. No importa cuántas veces una pareja haya discutido un asunto, casi siempre existe algo nuevo que se puede explorar. La recompensa por hacerlo bien vale la pena.
4. La intimidad física
El cuarto tipo de intimidad es la intimidad física. Esta es la esfera en la que la mayoría de las personas piensa cuando escuchan la palabra «intimidad». En ella se incluye la actividad sexual, pero no está limitada solo a eso. Existe también la intimidad física no sexual como tomarse de las manos, acurrucarse en el sofá o abrazarse. A veces esta intimidad física no sexual (acurrucarse, por ejemplo) puede llevar a algo más amoroso (la actividad sexual), pero no siempre tiene que ser así (y es más, esta es una de las mayores quejas de las mujeres). Los hombres a menudo toman cualquier intimidad física como una señal de que las mujeres quieren intimidad sexual, cuando, a veces, la verdad es que ellas solo necesitan acurrucarse. Aun así, de todos los tipos de intimidad, esta es la que más beneficios trae para los hombres. Cuando se les pide a los hombres que clasifiquen cuán cerca se sienten de su esposa, típicamente responden que se sienten más conectados cuando la intimidad física (y en especial la intimidad física sexual) está en su máximo punto. Esto no es una sorpresa para los cristianos, pues Dios instruye al hombre a deleitarse en esas actividades con su esposa (Pr 5:18-19)
5. La intimidad emocional
El quinto tipo de intimidad es la intimidad emocional. Esta se trata de compartir las experiencias propias con el otro. A los hombres en especial les cuesta mucho la distinción entre esta y la intimidad intelectual; sin embargo, en una (la intimidad intelectual) se discuten temas y normalmente se rige por los pensamientos, mientras que en la otra (la intimidad emocional) se discuten las experiencias y normalmente se rige por las emociones. Los hombres, además, generalmente tienen un vocabulario emocional limitado y tienden a estar menos cómodos con una conversación cargada de emociones. Por lo tanto, muchas veces los hombres malinterpretan a sus esposas cuando hablan, pues piensan que lo que ellas quieren es un intercambio de ideas cuando lo que en realidad desean es que alguien se identifique con sus sentimientos. Sin considerar las limitaciones, los hombres están llamados a pastorear el corazón de sus esposas tanto como las mujeres están llamadas a pastorear la sexualidad de sus esposos. Así como los hombres se sienten más conectados cuando la intimidad física está en su máximo punto, generalmente, las mujeres se sienten más conectadas cuando su intimidad emocional está en su máximo punto también. Hay una razón por la que lo primero que hace Adán cuando ve a Eva no es llevarla a la cama, sino que pronunciar el primer poema de amor del mundo (Gn 2:23).

Los ciclos de intimidad versus los ciclos de aislamiento

Ahora bien, esta es la parte complicada: cuando los hombres se sienten desconectados, a menudo tratan de obtener intimidad física a través de la ruta de la intimidad recreacional (hagamos algo entretenido juntos y quizás terminemos en la cama), mientras que las mujeres, cuando se sienten desconectadas, a menudo tratan de obtener intimidad emocional a través de la ruta de la intimidad intelectual (hablemos de algo y quizás terminemos compartiendo nuestros sentimientos). Ambos sienten la desconexión, pero siempre están tratando de resolver el problema en formas opuestas. Para complicar aún más el asunto, los hombres a menudo no quieren hablar ni compartir sus emociones si es que no sienten que hay intimidad física. Las mujeres, por otro lado, muchas veces no quieren tener intimidad física si no sienten que hay intimidad emocional. En este punto, las parejas pueden encontrarse fácilmente a sí mismas en ciclos de aislamiento, al demandar más y más que se satisfagan sus propias necesidades de intimidad antes de estar dispuestos a satisfacer las de su cónyuge. Aquí es donde el compromiso cristiano de amarse mutuamente, aun cuando duele (Jn 13:34-35; Gá 5:13; 6:2; Ef 4:2, 32; 1P 4:8-10), puede ayudar a la pareja a ir de los ciclos de aislamiento a los ciclos de intimidad a medida que, en amor, ponen las necesidades del otro antes que las propias. Pastorear a nuestro cónyuge en estas áreas, incluso cuando nos sentimos desconectados, es la clave para sentir esta fuerte y genuina conexión. Este tipo de conexión provoca más que solo momentáneas sensaciones de mariposas en el estómago. Nos ayuda a cimentarnos en el íntimo amor de Aquel en quien tenemos una eterna e inquebrantable conexión: Dios mismo.
Josh Squires © 2016 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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Jesús te guiará a través del valle de sombra
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Jesús te guiará a través del valle de sombra

Experimentar el decaimiento de tu esposa —tu propia carne (Gn 2:24; Mt 19:6)— mientras la observas sin poder hacer nada, es, al mismo tiempo, increíblemente triste, doloroso, aterrador y frustrante. No puedo imaginar las dificultades que este tiempo te ha traído a ti y a tu familia.
La tristeza se expande sobre nuestras almas porque vemos a la persona que más amamos en esta tierra retirarse a un lugar de dolor casi indescriptible y de una oscuridad casi ineludible. El dolor invade nuestros corazones porque nuestra compañera espiritual más íntima está herida. Nos estremecemos frente a este puntiagudo aguijón de la misma manera que lo haríamos si es que fuéramos heridos físicamente. El miedo crece porque la profundidad de este lugar oscuro pareciera no tener fin (Sal 88). Podrías incluso temer que la mujer que una vez brilló de belleza y deleite quizás nunca regrese. La frustración se forma porque tú solo no eres suficiente para ella (1S 1:8) y la única a quien deseas complacer más profundamente parece no encontrar placer en lo absoluto.

Más que palabras correctas

Podrías ser tentado a pensar que si solo tuvieras las palabras correctas podrías, de alguna manera, arreglar la oscura noche del alma de tu esposa. Créeme, ella no querría nada más. Sin duda, sentirás la presión (de ti mismo, de ella y de otros) para que seas la solución rápida para ella. Sin embargo, no existen varitas mágicas ni santos remedios. Incluso el Evangelio podría sonar aburrido a sus oídos por ahora (la verdad más gloriosa de que el Dios de toda la creación la ama tanto que envió a su único Hijo engendrado y muy amado para que tomara forma humana por ella podría no ser bien recibida). El hecho de que el Rey del universo haya tomado forma de siervo; haya sido tentado y aún así haya permanecido perfecto; haya sido traicionado y golpeado y aún así haya permanecido firme; que la ira del infierno haya sido derramada sobre él y haya muerto para que pudiéramos tener su justicia, no conmoverá su alma como esperarías. Incluso esas maravillosas verdades del Evangelio podrían parecerles borrosas, como un recuerdo desteñido, como un sueño distante.

Sigue adelante en debilidad

Pero, ¡no te desanimes! Predícale el Evangelio cada día (en pensamiento, palabra y obra). Ármate de coraje y decide hacer nada menos que mostrarle el carácter de Cristo a toda hora y en todo momento. Cuando te sientas agotado, corre a la cruz y recibe el poder de su gracia que es suficiente, que brilla aún más en nuestras más grandes debilidades (2Co 12:9). Aunque no puedas sacarla de ese lugar oscuro, puedes guiarla a través de él. Al decir guiar me refiero al liderazgo que va adelante, al que nosotros, como esposos, estamos llamados (Ef 5:25-27). Tu esposa necesita a alguien en quien apoyarse cuando atacan juntos las puertas del infierno. Ella necesita a alguien que está dispuesto a tomar su cruz diariamente por ella, incluso cuando él está más débil. Ella necesita un esposo que abrace la realidad de que solo la gracia de Jesús puede sustentarlos a ambos en esos días oscuros.
  • Muéstrale esperanza cuando ella sienta que no existe ninguna, porque tú tienes esperanza en Cristo (Heb 6:19).
  • Sé misericordioso cuando ella no lo merezca, porque tú tienes misericordia en Cristo, que no mereces (Ro 3:24-25).
  • Muéstrale gozo cuando ella no pueda encontrarlo, porque tú tienes gozo en Cristo (1Pe 1:3-9).
  • Entrégale paz cuando ella solo encuentra problemas, porque tú tienes la paz de Cristo (Jn 14:27).
  • Muéstrale agradecimiento cuando todo lo que ella siente es amargura, porque en Cristo se te han dado todas las cosas (Col 3:12-17).
  • Modela santificación cuando ella no tenga energía para luchar con su pecado, porque tú eres santificado en Cristo (Ro 6:17-19).
  • Ofrécele consuelo cuando esté angustiada, porque tú has recibido el Espíritu de consolación por medio de Cristo (Jn 14:26).

Jesús camina contigo

Y cuando no lo hagas —por habrá veces en que no lo harás (Ro 7:19)— recuerda que la gracia amorosa y paciente de Dios también es para ti (2Co 12:9). Ni siquiera nuestras fallas, accidentales o intencionales, puede apartarnos de las riquezas del amor que tenemos en Cristo Jesús (Ro 8:31-39). Así que, cuando la esperanza parezca perdida y la oscuridad parezca sobrepasar la luz, aférrate a Jesús. Jesús es tu refugio, tu roca, tu fortaleza y tu baluarte (Sal 18:1-3). Esa vieja cruz es el lugar en donde ves a tu protector, libertador, redentor, sustentador, hermano y amigo (2T 3:3; Ro 7:24-25; Ef 1:7; Col 1:17; Ro 8:17; Jn 15:15). Mira a Cristo para que así puedas mostrarle a tu esposa a Cristo, mi querido hermano. Mientras más le muestres a Cristo, más se mostrará él a ti. Con Jesús, todas las cosas son posibles (Fil 4:13). Incluso llevar las cargas de tu esposa deprimida. Jesús está contigo mientras los tres caminan juntos (cuando bajas a los valles de sombra y cuando finalmente llegas a los verdes pastos y a las aguas de reposo).
Josh Squires © 2017 Desiring God Foundation. Publicado originalmente en esta dirección.— Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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Hombres: la intimidad comienza al escuchar bien
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Hombres: la intimidad comienza al escuchar bien

La intimidad marital es mucho más que sexo. Hace poco escribí sobre las cinco maneras en las que nos conectamos con nuestro cónyuge y cada una de ellas requiere constante atención e intencionalidad.  El tipo de intimidad que generalmente ayuda a las mujeres a sentirse más conectadas con sus esposos es la intimidad emocional. Cuando se juntan las palabras «emocional» e «intimidad», los hombres generalmente tienen ideas sobre lo que cada una de estas palabras significa por separado, pero les cuesta mucho unirlas. La intimidad emocional se trata de compartir nuestras vidas. Es el sentimiento que nace al saber que nos conocen. Esta idea es uno de los eufemismos más comunes que se usa en la Escritura para mencionar la intimidad física (por ejemplo, Génesis 4:1). En parte, porque los conceptos están muy conectados entre sí. Sin embargo, «conocer» a alguien no es simplemente un eufemismo, ya que Dios le dice a su pueblo por medio de su profeta «solamente a ustedes he conocido de todas las familias de la tierra» (Am 3:2). Obviamente, esto no se refiere a la intimidad física; más bien, es el conocimiento experiencial de una persona completa: corazón, mente y alma. A veces conocer a alguien a este nivel simplemente significa estar ahí con esa persona en un momento importante. Significa reírse juntos de las rarezas del otro, llorar juntos frente a las crueldades de la vida y ponerse ansiosos juntos frente a los misterios de la vida. Este tipo de intimidad se da fácil y voluntariamente cuando comienza una relación. No obstante, a medida que avanza el tiempo, y ya se familiarizan, el deseo que una vez casi los consumió comienza a disminuir. Ya no sucede así como así. Conocerse verdadera y profundamente implica esfuerzo. La intimidad emocional pasa por una transición que va desde esas experiencias intensas y constantes de descubrir todo tipo de cosas nuevas sobre el otro hasta los más sutiles altibajos de la vida diaria normal. ¿Cómo se mantiene y se enciende la intimidad emocional? Con la buena comunicación y, más importante aún, con escuchar bien. Escuchar con dedicación nos lleva a conocer realmente al otro. La intimidad en el matrimonio se basa en conocidos versículos como Santiago 1:19 y Proverbios 18:13.

¿Qué significa escuchar?

Por lo tanto, ¿qué significa «escuchar dedicadamente»? Primeramente, significa escuchar sin distracciones. A menudo, «escuchamos» con teléfonos en nuestras manos, con el televisor encendido o mientras tratamos de terminar otra tarea en nuestra lista de quehaceres. Puede que seamos los mejores del mundo para realizar distintas tareas al mismo tiempo; sin embargo, a quien está escuchando le comunicamos «esas otras cosas son más importantes que tú». Dejen de hacer lo que están haciendo, apaguen el televisor, pongan su celular a un lado por un minuto. Si no pueden porque algo requiere atención inmediata, pregúntenle a sus cónyuges si es posible hablar después, cuando puedan prestarles más atención. En segundo lugar, escuchar bien significa escuchar para comprender y no con el fin de solucionar algo. Los hombres, en particular, tropiezan en este punto. La tarea principal de escuchar es entender a alguien más, conocer lo que implica ser esa persona y experimentar lo que ellos han vivido. A menudo, cuando escuchamos a alguien hablar, simplemente esperamos una respuesta; a veces, lo hacemos para intentar ser útiles; otras, lo hacemos buscando una solución rápida para poder continuar; y a menudo, lo hacemos solo para intentar defendernos. Cualquiera que sea el caso, la realidad es que estamos más preocupados de encontrar una solución que entender a nuestros cónyuges. Ser un buen oyente significa escuchar teniendo en mente los intereses de la otra persona, no los propios.

Dos oportunidades para escuchar bien

Aun cuando no siempre se requiera escuchar bien (a veces las respuestas simples o de cortesía son todo lo que el amor requiere), existen dos contextos específicos en los que escuchar es especialmente valioso. El primero es cuando sus cónyuges quieren contarles algo que les interesa. Cada conversación de este tipo es una oportunidad para conectarse. ¡Quieren que los conozcan! Eso es intimidad emocional. Sus cónyuges podrían estar hablando sobre una molestia que tuvieron en el trabajo o sobre una dificultad con un amigo o un sinfín de cosas que son importantes para ellos. Escucharlos dedicadamente en estos asuntos, ya sean positivos o negativos, construye confianza en la relación. Así, cuando dejen de interactuar, sus cónyuges sabrán que ustedes se preocupan genuinamente por lo que es importante para ellos. Esa confianza cultiva conexión e intimidad. La segunda importantísima oportunidad para escuchar bien aparece, de cierta manera, como un conflicto personal. En este escenario, escuchar dedicadamente es doblemente difícil porque no solo tienen que resistir frente a la tentación de solucionar algo, sino que también tienen que resistir a la tentación de defenderse. Ustedes no son una pisadera; deben tener confianza. Si hay una acusación de la que deben defenderse, habrá tiempo para eso. Pero primero deben escuchar activa y dedicadamente. Hacerlo en medio del conflicto disminuye la cantidad de desconfianza en la relación. La mayoría de las personas cree que la confianza y la desconfianza son polos opuestos del mismo espectro, pero en realidad son dos espectros completamente diferentes. Tanto los niveles de confianza como de desconfianza pueden ser altos (típico en una nueva relación), bajos (típico con un conocido) o en algún lugar en el medio. Queremos gran confianza con poca desconfianza; este es el mejor escenario para una intensa intimidad emocional.

Una prueba para escuchar dedicadamente

¿Cómo saben cuando están siendo buenos oyentes? Cuando sus cónyuges pueden responder con un sí a la siguiente pregunta: ¿te sientes acogido, comprendido y valorado? Acogido significa que al momento de hablar no estábamos distraídos ni a la defensiva, sino que comprometidos genuinamente con el proceso de escuchar. Comprendido significa que no estábamos agregándole algo extra a la conversación o sobreinterpretando lo que nos decían, sino que estábamos comprendiendo genuinamente el centro de lo que nos trataban de decir. Valorado significa que no fuimos despectivos ni degradantes, sino que genuinamente nos preocupamos de lo que sea que haya sido la preocupación del otro. Compartir experiencias juntos y ser una persona que escucha dedicadamente toma tiempo y devoción. Sin embargo, los costos que implica para la relación hace que sea una de las inversiones con mayores ganancias que pueda tener un matrimonio. Lleva a una sensación de mayor alegría, contentamiento y seguridad para ambos cónyuges. Aunque, lo más importante es que esto es algo que Dios nos llama a hacer como testigos del amor presto a escuchar que Él tiene por nosotros.
Josh Squires © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.