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Jonathan Parnell es el pastor principal de Cities Church en Minneapolis–St. Paul. Vive en  esa ciudad con su esposa y sus siete hijos. Es autor de Never Settle for Normal: The Proven Path to Significance and Happiness [No te acomodes a lo normal: el camino demostrado hacia el significado y la felicidad]

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Diez formas de orar por tu esposa
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Diez formas de orar por tu esposa

No debemos ocultar el hambre que sentimos por Dios. A medida que conocemos y nos deleitamos en todo lo que Dios ha hecho por nosotros en Jesús, nuestro gozo en él va más allá de una experiencia personal mientras buscamos que otros también lo experimenten. Una de las maneras más simples de darnos cuenta de esto es tomar en serio nuestra oración —al querer y pedir para otros lo mismo que queremos y pedimos para nosotros—. Es hermoso cuando nos involucramos en la santificación de otros con la misma intensidad con que buscamos la nuestra. Por supuesto, no hay mejor forma de empezar que hacerlo con nuestras esposas. Por lo tanto, hombres, compartiré con ustedes diez cosas que podemos pedir y querer que Dios haga por nuestras esposas:

i. Señor, sé su Dios: su todo y su tesoro que lo satisface todo. Haz que anhele tu exclusiva superioridad por sobre todas las cosas que ama (Salmo 73:24-25). ii. Aumenta su fe: que confíe firmemente en que tu incomparable poder sólo está trabajando en ella por su bien en Cristo (Romanos 8:28). iii. Intensifica su gozo: un gozo que provoca que renuncie a todo por las riquezas de tu gracia en Jesús y que la haga decir firme, clara y alegremente: “iré donde sea y haré lo que sea si tú vas conmigo” (Éxodo 33:14-15). iv. Ablanda su corazón: rescátala de la desconfianza y hazla sensible a tu presencia cuando esté sirviendo en las cosas más complicadas como cambiar los pañales sucios y la gran cantidad de necesidades que la has llamado a suplir (Hebreos 1:3). v. Dale amor por tu iglesia: construye relaciones en su vida que la desafíen y animen a caminar al compás de la verdad del evangelio. Haz que ame las reuniones de toda la congregación, la Santa Cena y el día a día del cuerpo de Cristo (Marcos 3:35). vi. Dale sabiduría: hazle ver las dimensiones de la realidad que yo pase por alto y acompaña su vista con un espíritu suave y apacible que se sienta seguro y honrado (1 Pedro 3:4). vii. Dale salud: continúa dándole tu don de salud y cuídanos de darlo por sentado. Tenemos vida por la gracia comprada con la sangre de Jesús (Salmo 139:14). viii. Multiplica su influencia: fomenta y profundiza el impacto que ella tiene en nuestros hijos. Permítele ver hermosos destellos de eso. Llénala de amor por nuestros vecinos e inspira en ella formas creativas de captar su atención para que puedan conocer a Jesús (Juan 12:24). ix. Abre sus oídos a tu voz: que lea la Biblia y la acepte como lo que es, tu Palabra . . . tu mismísima palabra para su situación; palabra llena de gracia, poder y todo lo que necesite para la vida y la piedad (2 Pedro 1:3). x. Llénala de Jesús: que esté unida a él, que sea una nueva criatura en él, que sea tu hija en él… Ya no más en Adán, muerta al pecado, sino en Cristo, viva para ti, por siempre (Romanos 6:11). Y mil cosas más. Amén.
Jonathan Parnell © 2015 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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La resurrección exige una respuesta
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La resurrección exige una respuesta

La resurrección de Jesús lo cambia todo. Si la muerte hubiese tenido la última palabra en el Gólgota, entonces hubiésemos quedado rascándonos la cabeza preguntándonos qué alcanzó el sacrificio de Jesús realmente. Entonces, ¿qué pasaría si la muerte hizo esto o eso? Si se fue para siempre entonces no tenemos una base confiable para pensar que cualquier cosa es verdad. Si Jesús aún está en la tumba, entonces todo el significado extraído de su muerte es un patético buen deseo. Sin embargo, por otro lado, si Jesús está vivo, entonces su vida inextinguible confirma que su muerte realmente hizo algo. La resurrección significa que la muerte de Jesús sirvió para un propósito que ahora velará por su éxito máximo. Por lo tanto, la resurrección es el fundamento de cómo la muerte de Jesús puede impactar nuestras vidas. Las implicaciones de la resurrección son gigantescas. Es más, podemos decir que el Nuevo Testamento completo es una implicación de la resurrección que está llena de más implicaciones de la resurrección. Sin embargo, ¿qué pasa con el impacto de la resurrección en la historia bíblica? ¿Cómo afecta el mensaje del Evangelio que Jesús haya sido resucitado de la muerte? La resurrección de Jesús deja claro que la historia del Evangelio es más que una historia.

No es para meros lectores

El Evangelio cristiano es una historia que debe ser leída, pero no es una historia para simples lectores. Intrínseco a la naturaleza de esta historia están sus exigencias de que los lectores no observen su contenido de modo desapasionado, sino que afectuosamente respondan de manera correcta. Un teólogo explica que la Biblia funciona como un tipo de guion que «no solo llama a una lectura sensible, sino que a una acción sensible y a una encarnación» (El drama de la doctrina, 153). Nada clarifica más esto que la resurrección de Jesús. Si esta es solo una buena historia (un mero cuento como todos los otros), entonces tenemos la opción de evaluar sus elementos sin consecuencias. Si solo es una historia, entonces no importa mucho lo que pensamos sobre ella. Podemos simplemente disfrutarla por diversión, darle palmaditas encima y continuar con nuestras vidas. Sin embargo, si es más que una historia, si en realidad es visión histórica del corazón de una realidad inmutable, entonces nuestra lectura real de la historia se ve absorbida por la historia misma. Si es más que solo una historia, nos encontramos a nosotros mismos siendo más que espectadores neutrales escuchando a escondidas la conversación de otra persona. En realidad, estamos emparentados a los personajes descritos. No, espera, somos seres caídos al igual que ellos y nos encontramos en el mismo aprieto. Nosotros somos los que perseguimos la gloria y buscamos el placer, pero aún no hemos encontrado lo que estamos buscando. Leemos y nos damos cuenta de que no solo hablan de nosotros; nos están hablando. 

Él no es un compañero común y corriente

El hecho de que Jesús resucitó permanece para siempre en la cima de esta historia, esperando que nosotros respondamos, dándonos una oportunidad para decir algo. De una forma u otra, siempre estamos diciendo algo, ya sea que hayamos sido persuadidos a abrazar el Evangelio o a ignorarlo. Incluso la negación a comentar es, por supuesto, un tipo de comentario de todas maneras. Los primeros líderes de la iglesia captaron esta implicación. Los miedos sinceros que los acobardaron a puerta cerrada el viernes y el sábado habían desaparecido cuando se dieron cuenta de que Jesús estaba vivo. Vemos esto en la forma en la que hablaron. El autor bíblico, Lucas, escribió una secuela de su Evangelio llamado «Los hechos de los apóstoles». De manera similar a los Evangelios, es una narración histórica, pero en lugar de cubrir la vida de Jesús, echa un vistazo a la vida de los primeros cristianos. Vez tras vez en esta narración, vemos que la resurrección impulsó y formó su mensaje. De hecho, un criterio para ser un primer mensajero del Evangelio era haber sido testigo de la resurrección (Hch 1:22). En el primer sermón registrado por Lucas, el apóstol Pedro se dirige a la agitada multitud con un enfoque absoluto en la resurrección. Él pone la resurrección de Jesús en el contexto de las antiguas profecías judías sobre el Mesías de Dios, afirmando con atrevimiento que Jesús es quien ellos habían estado esperando por tanto tiempo. «A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos» (Hch 2:32). Luego, inseparable de la resurrección, está el hecho de que Jesús es exaltado, su identidad como Dios el Hijo es vindicada, ahora está reinando, ha enviado a su Espíritu para dar poder a la predicación y al recibimiento de esta historia (Hch 2:32-35). Luego, para cerrar el sermón completo, Pedro termina con la inferencia más obvia:
 «Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo» (Hch 2:36).
Como lo expresa un parafraseo: «no hay espacio para la duda: Dios lo hizo Amo y Mesías» (The Message [versión en inglés de la Biblia «El mensaje»]). El punto es que Jesús es el Mesías prometido desde la antigüedad y que también es Dios. La muerte no lo pudo retener. Él no es un compañero común y corriente.

¿Ahora qué?

La respuesta de los receptores tiene absoluto sentido. Después de que Pedro dice estas últimas palabras, Lucas nos dice que quienes estaban alrededor y lo escucharon estaban «conmovidos profundamente» (Hch 2:37). Esa es la expresión literal en el griego original. Conceptualmente, significa que las cosas se hicieron reales. El profundo estruendo en sus almas, las complejidades de sus vidas, todas las cosas que dan vueltas en las mentes de personas que solo intentan sobrevivir en este mundo, todo fue expuesto, lo real se mantuvo puro, lo sucio fue apartado. Lo que realmente importa ahora importó para ellos, y preguntaron: «¿qué hacemos?». Ellos sabían que algo había ocurrido; ahora algo debía ser diferente.  La resurrección de Jesús aparece consistentemente en el ministerio de la enseñanza de los apóstoles. Proclamar a Cristo crucificado siempre significó proclamarlo resucitado, incluso cuando los ponía en aprietos (que sucedió, ver Hechos 3:2); aún cuando sus oyentes no podían lidiar con ello (y sí, algunos no pudieron, ver Hechos 17:32). No obstante, en cada caso, la realidad de la resurrección presiona en aquellos que escuchan sobre ella y en una manera particular.

Proclamado a ti

Vemos esto nuevamente en el sermón del apóstol Pablo entregado en la ciudad de Antioquía, una metrópolis del primer siglo ubicada en el límite de lo que actualmente es Turquía y Siria. En ese sermón, después de recordar puntos clave de la historia bíblica, Pablo afirma que la resurrección de Jesús garantiza el cumplimiento de las promesas de Dios. Como Pedro, él conecta la resurrección con las profecías pasadas sobre el Mesías de Dios, y luego, lo extiende a lo que significa para nosotros.
«Por tanto, hermanos, sepan que por medio de él les es anunciado el perdón de los pecados; y que de todas las cosas de que no pudieron ser justificados por la Ley de Moisés» (Hch 13:38–39).
Una vez más, el mensaje hablado se extiende a las vidas de sus oyentes. La resurrección de Jesús significa que podemos ser perdonados por nuestros pecados. No es solo una historia para entretenerse, para aconsejar o para reflexionar religiosamente de manera desconectada al mundo real. Jesús resucitó. Estas son noticias: él está vivo. Esto significa que el perdón es proclamado (y proclamado para ti). Significa que cada oyente es invitado no solo a escuchar, sino que a creer. Aquí es donde la resurrección nos llama a responder. Aquí es donde la neutralidad cambia. Somos llamados a abrazar estas noticias y a participar en su maravilla o a rechazarla y perecer. Jesús dio su vida como sacrificio por nuestros pecados, y luego fue resucitado de la muerte. Jesús está vivo. El perdón te es proclamado. Esta es la libertad ofrecida para ti. Recíbelo, créele, acéptalo. Eso es lo que uno de los primeros mensajeros del Evangelio habría estado diciéndote ahora mismo. Eso es lo que se te dice ahora. La pregunta es cómo vas a responder.
Jonathan Parnell © 2014 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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Tres preguntas que un cristiano podría hacerse antes de ver una película
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Tres preguntas que un cristiano podría hacerse antes de ver una película

Nunca ha sido tan fácil ver películas como ahora y muchas de ellas. Netflix, que lidera la carrera como el primer servicio de transmisión online, entrega más de 10.000 opciones de películas para sus 40 millones de suscriptores (y junto a él están competidores formidables como Hulu Plus, Redbox y Amazon Prime). Al considerar la gran cantidad de vías para esto, y los esfuerzos continuos de cada una para especializar sus características, la industria cinematográfica pareciera no detenerse. Agrega a esta oleada de servidores online los números de taquilla semanal, y una cosa es clara: muchos de nosotros estamos viendo muchas películas. Y admitámoslo, no todas son buenas; es más, muchas de ellas son malas. Con «malas» apunto a todos los sentidos (guiones pobres, escenas depravadas, actuaciones débiles), y hay muchas maneras en que pueden salir mal. Esto significa que existen suficientes formas de arruinar tu tarde al ver una película. Por lo tanto, debemos pensar cuidadosamente antes de dedicar horas de nuestras vidas a la pantalla, ya sea en la casa o en el cine. Por eso, con la esperanza de tener un entretenimiento bien pensado, a continuación les comparto tres preguntas que un cristiano debiera hacerse antes de ver una película.
1. ¿Realmente debo ver esta película?
En serio, no asumas que ya has respondido a esta pregunta porque quieres ver una película. Da un paso hacia atrás y piensa con honestidad. ¿Por qué estás interesado en esa película? ¿De qué se trata? ¿Cómo sabes de lo que se trata? ¿Qué despertó tu interés en ella? Este tipo de preguntas es un simple permiso para poner la película. No deberíamos aflojar tan fácilmente. No te dejes engañar por el índice de audiencia o el tráiler. Ambos son herramientas de marketing y no están intentando evitar que mires la película. Lee algunas reseñas. Ve lo que otras personas dicen de ella. Y, por supuesto, establece un estándar, que no sea el mismo para todas. Sin entrar en fórmulas aquí, considera dos aspectos para saber cómo discernir ese estándar. En primer lugar, haz que sea un punto de referencia razonable que puedas sostener. Esto significa que no debes ponerte metas demasiado audaces basadas en una mala lógica. Considera si es que tu estándar para las películas, si se aplicara a la Biblia, te prohibiría leer porciones importantes del Antiguo Testamento. Y, solo para asegurarme, no pienso que las historias bíblicas como la de David y Betsabé o la de Aod el asesino nos dé permiso para ver escenas similares en la pantalla. Sé crítico y serio sobre lo que digas que es bueno mirar. En segundo lugar, cómo disciernes el estándar de una película está determinado en gran parte por tu integridad. Algunas películas debieran estar fuera de discusión y, para aquellos que viven en una burbuja, creo que es seguro decir que si te encuentras repetidamente tropezándote en el mismo tipo de escena, entonces significa que debes evitarla. Nosotros sabemos, si somos como la mayoría de las personas, que no debemos ver todo lo que nos ponen al frente. Sacrificar la serenidad de la mente (o la pureza mental) no vale la pena si lo haces por un par de minutos de supuesto entretenimiento. Aún podemos entender una historia incluso si alguien más fuerte tiene que llenar los vacíos que no podemos manejar
2. ¿Dónde están las representaciones  verdaderas y falsas de la realidad?
En realidad, esto comienza al aceptar lo siguiente: esta película tendrá representaciones verdaderas y falsas de la realidad. Entonces, ¿dónde están?, nos preguntamos. Debemos ser astutos en este punto. A menudo, las representaciones de la realidad más torcidas están en las películas para menores, e incluso peor que eso, en las películas que hacen sentir bien y que presentan una peligrosa imagen superficial del romance. Bajar nuestra guardia ante esas comedias románticas es parte de la razón de la confusión que hoy existe respecto a las citas y a las relaciones. A menos que veamos estas películas cursis con un ojo crítico, podríamos simplemente estar invitado a Hollywood a que nos instruya sobre lo que es el amor. Busca lo falso y exponlo, al menos en tu propia mente. Esfuérzate por reconocer la basura incluso de los paquetes más bonitos. Y también, sé capaz de ver lo bueno, porque gran parte del tiempo, incluso en las películas más oscuras, se dice algo de verdad respecto al mundo. Mencionar ejemplos de películas arriesga una promoción percibida y un spoiler si no la has visto aún, pero algunos temas que hay que buscar son:
  • Confusión: los momentos caóticos del guion, ¿son tratados como problemáticos? ¿Hay descontento por ellos?
  • Esperanza: ¿hay una solución perceptible al problema? ¿Se busca esa solución?
  • Justicia: ¿hay un retroceso genuino contra el mal? ¿El opresor paga al final?
  • Misericordia y gracia: ¿hay momentos en los que el personaje prohíbe una táctica dañina aun cuando esté en su poder realizarla? ¿Hay momentos sorpresivos en los que un personaje sea motivado solo por el bien de otro?
  • Sacrificio: ¿algún personaje está empapado del valor de poner a otros antes que a sí mismo, incluso teniendo un costo personal?
  • Orden: ¿Se llevó a cabo una resolución al final de la película? ¿Los personajes sienten que los eventos caóticos de la historia se arreglaron?
Existen más, pero este es un buen comienzo. Básicamente, queremos ver películas con un ojo que busca lo verdadero, lo digno, lo justo, lo puro, lo amable y lo honorable. Al hacer caso de las instrucciones de Pablo en Filipenses 4:8, debemos meditar en eso. Esto no significa que nos retiremos del mundo y nos esposemos a la idea de la verdad, sino que vamos hacia el mundo creado de Dios y buscamos la verdad que está ahí, en especial cuando miramos una película.
3. ¿Qué tipo de héroe necesita esta historia en realidad?
Esta última pregunta está relacionada con la anterior. Los temas mencionados ahí son fundamentales para una historia decente, aunque con seguridad sean imperfectas. Tiene que haber una cierta sensación de confusión representada como confusión y algún sentido final de orden representado como orden. Sin embargo, la definición de confusión y de orden de cada película no se alinearán perfectamente con la de Dios. De la misma manera, cada película tendrá su héroe. Habrá un protagonista (el personaje que al que se supone que debemos alentar, aquel que consideramos lo suficientemente mejor que nosotros mismos para querer ser como él, al menos en algunos aspectos). Y, en la mayoría de los casos, este personaje no se alineará con el verdadero y mejor Héroe. Por lo tanto, qué pasa si nos preguntamos, cuando se presenta este héroe, ¿cómo actuaría el verdadero y mejor Héroe? Aparte de cualquier defecto, ¿cómo se vería siendo perfecto? Sin un talón de Aquiles para ser derribado o una imperfección que tolerar. ¿Cómo sería Jesús en esta película? ¿Cómo el buen final podría ser incluso mejor? ¿Qué pasaría si dejáramos que el mensaje de la película nos señale una historia mayor y mejor que de hecho es real? Aquella en donde el escritor entra en el guion y asume la culpa de sus personajes, sufriendo en su lugar y derrotando a su más grande enemigo y para luego reinar como un Rey invisible por medio de los simples actos de quienes antes eran sus enemigos y ahora son sus amigos hasta el día cuando todas las personas y todas las cosas lo vean tal como es, cuando la justicia sea ejecutada y la misericordia consuma la creación de todo un nuevo mundo donde el dolor estará eternamente ausente y la alegría eternamente presente. Cristiano, esta es nuestra historia; la verdadera historia. Y si le vamos a prestar una película a nuestra mente, alejémonos con una comprensión más grande de lo que es la realidad.
Jonathan Parnell © 2014 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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Lo que C.S. Lewis piensa sobre el peligro de amar
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Lo que C.S. Lewis piensa sobre el peligro de amar

Si estuvieras tomando una taza de té con C.S. Lewis en el Día de San Valentín y le preguntaras sinceramente, «Sr. Lewis, ¿es mejor que no ame porque es muy arriesgado?», él diría algo como esto:
De todos los argumentos contra el amor, ninguno atrae tanto a mi naturaleza como, «¡cuidado!, eso te puede hacer sufrir».  A mi naturaleza, a mi temperamento, sí; pero no a mi conciencia. Cuando me dejo llevar por esa atracción, me doy cuenta de que estoy a mil millas de Cristo. Si de algo estoy seguro es de que su enseñanza nunca tuvo por objeto confirmar mi preferencia congénita por las inversiones seguras y los riesgos limitados… No hay inversión segura. Amar, de cualquier manera, es ser vulnerable. Basta con que amemos algo para que se rompa. Si uno quiere estar seguro de mantenerlo intacto, no debe dar su corazón a nadie, ni siquiera a un animal. Hay que rodearlo cuidadosamente de caprichos y pequeños lujos; evitar todo compromiso; guardarlo a buen recaudo bajo llave en el cofre o en el ataúd de nuestro egoísmo. Pero en ese cofre —seguro, oscuro, inmóvil, sin aire— cambiará, no se romperá, se volverá irrompible, impenetrable, irremediable. La alternativa de la tragedia, o al menos del riesgo de la tragedia, es la condenación. El único sitio, aparte del cielo, donde se puede estar perfectamente salvo de todos los peligros y perturbaciones del amor es el infierno.

Lewis, C.S. (2005) Los cuatro amores. Madrid. Ediciones Rialp S.A.

Jonathan Parnell © 2012 Desiring God Foundation. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.| Traducción: María José Ojeda
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Hasta que apareció el Hijo de Dios
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Hasta que apareció el Hijo de Dios

Finalmente, el Hijo nació. Generación tras generación había anticipado su nacimiento y el mundo lo necesitaba desesperadamente. Desesperadamente. Cada día era una sombría nube de noche. La oscuridad de la sombra de la muerte llenaba la tierra. Los conflictos y las peleas se multiplicaban sin obstáculos. Los corazones de toda la humanidad solo concebían maldad. Es más, «toda intención de los pensamientos de su corazón era sólo hacer siempre el mal» (Gn 6:5). Realmente, era tan malo que la desintoxicación de la maldad significó la completa destrucción del mundo. Dios hubiese comenzado todo de nuevo, si no fuera por este hijo. Lo llamaban Noé.

El primer remanente

Muchísimo antes de que los hijos de Adán supieran que Israel que sería llevado cautivo (o que incluso iba a existir Israel), hubo un solitario exilio desde el Edén hacia el lamento. Sabían que necesitaban un Salvador y la historia que vemos en Génesis 5 deja en claro que el nacimiento de Noé estaba lleno de esa esperanza. Al comienzo de Génesis 3:15, todos los ojos están puestos en la venida de la descendencia de una mujer. Este sería aquel que aplastaría a la serpiente y revertiría la maldición. Luego, Adán y Eva tuvieron dos hijos y la esperanza se intensificó, hasta que Caín asesina a Abel y se fue para construir una metrópolis de descendencia perversa (Gn 4:17-24). Sin embargo, Adán tuvo otro hijo, Set, que inspiró el importante comentario de Eva: «Dios me ha dado otro hijo en lugar de Abel, pues Caín lo mató» (Gn 4:25). Luego, Set también tuvo un hijo y «por ese tiempo comenzaron los hombres a invocar el nombre del Señor» (Gn 4:26). Justo ahí, en el comienzo, vemos un remanente. Existe una línea de descendencia de Adán, creada a la imagen de Dios y que produjo hijos a esa imagen, que vivió dentro de un mundo perverso (Gn 5:1, 3).

Este traerá descanso

Si prestamos cuidadosa atención a los detalles en Génesis, vemos que se desarrolla un patrón en la genealogía de Adán. Nacen hijos, viven largas vidas, engendran más hijos y luego mueren. El ritmo se interrumpe solo una vez con el perfil de Enoc —quien no murió porque él «anduvo con Dios» (Gn 5:24)—. Luego, diez generaciones después de Adán, el enfoque está en un cierto hijo llamado Noé. Su nacimiento, como el de Set, inspira un comentario significativo. Lamec dijo sobre él, «nos dará descanso de nuestra labor y del trabajo de nuestras manos, por causa de la tierra que el Señor ha maldecido» (Gn 5:29). No pases por alto lo que dice aquí. Ha llegado un hijo para romper la maldición. Stephen Dempster dice que es particularmente sorprendente «la conexión que existe entre el nacimiento de un hijo y el descanso de la maldición de la tierra» (Dominion and Dynasty [Dominio y dinastía], 71). No te quepa duda de ello, Noé es el primero que fue considerado como el Salvador prometido en Génesis 5:1. Entre toda la maldad, Noé halló gracia ante los ojos del Señor (Gn 6:7-8). Él fue un hombre justo, irreprensible entre sus contemporáneos, y como Enoc, él «andaba con Dios» (Gn 6:9; 7:1). También como Enoc, se le perdonó la vida cuando todo a su alrededor moría. El diluvio destruyó la tierra completa, menos a Noé y a los que estaban en el arca con él (Gn 7:23). El futuro de toda humanidad descansaba en él, este hijo intachable. Había llegado al fin; finalmente, el hijo había llegado… hasta que cayó, sorprendentemente de manera parecida al primer Adán, en el jardín de una viña (Gn 9:20). A él se le encomendó la misma comisión que al primer Adán, como primera creación: «sean fecundos y multiplíquense, y llenen la tierra» (Gn 8:17; 9:1, 7). Sin embargo, de igual manera que el primer Adán, y que a la nación escogida después de él, Noé cayó frente a la tentación. La esperanza fue defraudada y la historia bíblica tan solo estaba comenzando.

El verdaderamente justo

Los años pasarían, más hijos nacerían, la expectativa aumentaría y luego decaería a partir de Abraham con sus dos hijos; luego uno; de Isaac con sus dos hijos; luego uno; de Jacob con sus doce hijos, luego uno, que se llamó Judá (Gn 49:10). Y a través de las circunstancias más increíbles, contra el telón de fondo de la esclavitud, el rescate, la idolatría, la ley, la conquista y más idolatría, juicio, monarquía y más idolatría, juicio y exilio, la humeante mecha de nuestra esperanza nunca será extinguida. Apareció otro hijo como Noé (un hijo de hombre de ese mismo linaje, pero aún más, este el Hijo de Dios). Su nacimiento también inspiró un comentario importante, «gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes él se complace» (Lc 2:14). Se llamaba Jesús. Sin embargo, al contrario de Noé, y del primer Adán, y de todos los demás, este hijo no falló. Él vio al tentador mismo a la cara y se impuso en fidelidad. Él fue verdaderamente recto, completamente intachable. Aquí, por fin vemos la descendencia prometida de Génesis 3:15 (la aurora de lo alto, el tesoro de todas las naciones) enviado por Dios para conquistar la maldición no al escapar de la muerte, sino que al vencerla; no al huir de las aguas de juicio en un arca, sino al convertirse él mismo en el arca y sumergiéndose en la oscuridad. Él se hizo maldición por nosotros para dispersar las nubes de la noche. Él murió en nuestro lugar para que la sombra de la muerte huyera. Al tercer día, resucitó de la muerte para darnos victoria sobre la muerte. ¡Ha llegado el Emanuel! ¡Ha llegado Dios con nosotros! Por lo tanto ¡Regocíjense! ¡Regocíjense! El Adviento comienza hoy y se trata de esto. Repetimos la vieja expectativa y nos regocijamos en que el Hijo de Dios ha llegado. Regocíjense. 
Jonathan Parnell © 2013 Desiring God Foundation. Publicado originalmente en esta dirección. — Usado con permiso.