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John Piper es fundador y profesor de desiringGod.org y rector de Bethlehem College & Seminary. Por 33 años, sirvió como pastor de la Iglesia bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros, dentro de ellos se encuentran: Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano, y más recientemente, Por qué amo al apóstol Pablo: 30 razones.

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La oración: el arma de un guerrero
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La oración: el arma de un guerrero

En Daniel 10, el profeta recibe palabra de parte de Dios (v. 1); la visión de un conflicto cuya grandeza le aturde. Con lágrimas, ayuno y oración, Daniel se pone a buscar el significado de la visión, y por causa de ésta, lucha en oración durante tres semanas buscando conocer la voluntad de Dios. Después de las tres semanas va a la orilla del río Tigris (v. 4). Allí tiene una visión tan impresionante que apenas puede soportarla. Para empeorar las cosas (v. 10), una mano se extiende y lo toca de modo tal que sus manos y rodillas tiemblan terriblemente. La voz, entonces, dice (vv. 11-12): «Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. (…) Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido». Esto es tremendamente importante para comprender la oración. Fíjate en lo que dice: «A causa de tus palabras yo he venido». Junta eso con el verso 11: «A ti he sido enviado». Es decir, fue Dios quien lo envió. Así que el punto es que Dios responde la oración de Daniel tan pronto como éste empieza a orar tres semanas antes. «Desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras [tus oraciones]; y a causa de tus palabras [tus oraciones] yo he venido». Así que esta criatura celestial viene porque Daniel ora, se humilla delante de Dios y ayuna. Y la demora de tres semanas no se debe a que Dios haya tardado tres semanas en oír. ¿A qué se debe, entonces? Verso 13: «El príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme». La razón por la cual el mensajero de Dios estuvo retenido fue que un ser espiritual llamado «el príncipe del reino de Persia» se levantó contra él. Y la razón por la cual este mensajero angelical se libró de su opositor fue que el ángel Miguel vino a ayudarlo. De toda la Biblia, este es el ejemplo más claro de lo que algunas personas llaman un «espíritu territorial». El verso 13 se refiere a él como «el príncipe del reino de Persia». El significado natural de esta frase sería que, entre los seres sobrenaturales que se oponen a Dios, hay por lo menos uno asignado a cada territorio, o más precisamente a un reino, en este caso Persia. Probablemente su trabajo sea cegar al pueblo de Persia —evitar que accedan a la verdad y a la luz de la Palabra de Dios—. Pero este espíritu no es el único que se menciona. Observa los versos 20 y 21: «Él [el mensajero de Dios] me dijo: ¿Sabes por qué he venido a ti? Pues ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de Persia; y al terminar con él, el príncipe de Grecia vendrá. Pero yo te declararé lo que está escrito en el libro de la verdad; y ninguno me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe». Así que, al parecer, había un espíritu sobre Persia y un espíritu sobre Grecia. Pero parece también que Miguel, el ángel bueno, cumple una misión especial en Israel, porque al final del verso 21 dice «Miguel vuestro príncipe». El «vuestro», ahí, es plural. No es una referencia al ángel guardián de Daniel, sino al ángel guardián de Israel. ¿Cómo, entonces, debe moldear nuestro ministerio la realidad de los espíritus territoriales? Primero, debemos tomar lo sobrenatural en serio y darnos cuenta de que estamos en una guerra que no puede ni debería ser domesticada reinterpretando toda la cosmovisión bíblica para ajustarla a las visiones seculares y naturalistas del mundo. Segundo, observa que la oración de Daniel, que tuvo efectos tan poderosos en la esfera espiritual, no se enfocó en ángeles ni espíritus territoriales. En lugar de eso, él estaba luchando por la verdad y por el bien del pueblo de Dios. Se sobresaltó en gran manera cuando el ángel se le apareció. Y no sabía nada del conflicto con el príncipe del reino de Persia. Pero no es casualidad que el mensajero haya dicho que su lucha contra el príncipe de Persia duró exactamente la misma cantidad de tiempo que el ayuno y la oración de Daniel —veintiún días—. La razón de esto es que la guerra en la esfera espiritual estaba, en un sentido real, siendo peleada por Daniel en la esfera de la oración. Y esto mismo, en nuestras oraciones, sucede más de lo que lo notamos. Pero el punto es este: La oración de Daniel no hablaba de ángeles. Y probablemente, tampoco debería hacerlo la nuestra. Deberíamos luchar en oración y ayuno por las cosas que sabemos que son la voluntad de Dios para nuestras vidas, nuestras familias, nuestra iglesia, nuestra ciudad y nuestro mundo. Pero, en general, probablemente deberíamos dejarle a Dios la forma en que usará a los ángeles para que lleven a cabo su obra. Si Dios nos muestra más, lo usaremos. Pero la esencia del asunto no es conocer los espíritus sino conocer a Dios y orar en el poder del Espíritu Santo. Dediquémonos, pues, a la oración con todas nuestras fuerzas. Que el Señor haga de nosotros un pueblo que ore como Daniel.
Este artículo fue originalmente publicado por Ligonier Ministries en esta dirección.
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Un desafío para las mujeres
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Un desafío para las mujeres

Quisiera desafiar a cada mujer para:
  1. Que sus vidas enteras —cualquiera sea el llamado de cada una— sea para la gloria de Dios.
  2. Que confíen de tal manera en las promesas de Cristo que la paz, el gozo y la fortaleza que produce esa confianza en ellas llenen sus almas hasta rebosar.
  3. Que la plenitud de Dios inunde los actos de amor diarios que hacen para que así las personas que las rodean vean esas buenas obras y den la gloria a su Padre que está en el cielo.
  4. Que sean mujeres de Biblia, que amen, estudien y obedezcan la Palabra de Dios en cada área que ésta enseña; que la meditación que tienen en las verdades bíblicas sea la fuente de su esperanza y fe; que continúen creciendo en entendimiento a través de las etapas de sus vidas, sin pensar que el estudio y el crecimiento son sólo para otras personas.
  5. Que sean mujeres de oración, para que la Palabra de Dios les sea revelada, que el poder de la fe y la santidad descienda sobre ustedes y que su influencia espiritual sea cada vez mayor en el hogar, en la iglesia y en el mundo.
  6. Que sean mujeres con un profundo conocimiento de la soberanía de Dios para que eso sea el cimiento de todos los procesos espirituales que vivan; que piensen profundamente en las doctrinas de la gracia, que amen y crean aun más estas cosas.
  7. Que estén comprometidas completamente en el ministerio, sea cual sea el rol específico que desempeñen; que no desperdicien su tiempo viendo telenovelas, leyendo revistas para mujeres o realizando pasatiempos sin sentido, de la misma manera que los hombres no debieran perder el tiempo en ejercitarse excesivamente o en hacer cosas sin propósito en el garaje. Rediman su tiempo por Cristo y para su reino.
  8. Que, si están solteras, aprovechen su soltería en completa entrega a Cristo sin dejarse paralizar por el deseo de casarse.
  9. Que, si están casadas, apoyen creativa, inteligente y sinceramente el liderazgo de sus esposos siempre y cuando la obediencia a Cristo no se vea comprometida; anímenlos en el rol que Dios estableció para ellos como cabeza del matrimonio; influéncienlos espiritualmente, ante todo, por medio de la paz, la santidad y la oración.
  10.  Que, si tienen hijos, acepten la responsabilidad junto a sus maridos (o solas, si es el caso) de criarlos para que tengan su esperanza puesta en la victoria de Dios, compartiendo con sus esposos la enseñanza y la disciplina y dándoles a los niños  esa crianza y cuidado especial que sólo ustedes pueden entregar.
  11. Que no asuman que el trabajo secular es un desafío mayor o tiene una mejor utilidad para sus vidas que el sinnúmero de oportunidades de servicio y de ser un testimonio en sus hogares, en sus vecindarios, en sus comunidades, en sus iglesias y en el mundo. Que no sólo se cuestionen si se dedicarán a sus carreras o a ser madres a tiempo completo; al contrario, que consideren seriamente qué es lo mejor para el reino, ¿ser una empleada a la que le dicen qué hacer para que el negocio de sus jefes prospere o ser un agente libre para Dios que sueña cómo hacer que el negocio de él prospere con los tiempos, en los hogares y con la creatividad de ustedes? Que tomen decisiones no en base a lo que está de moda en el mundo o a las expectativas de vida de una profesional joven con dinero, sino que a lo que fortalece a la familia y a lo que hace avanzar la obra de Cristo.
  12. Que se tomen tiempo (con sus maridos, si es que están casadas) para planificar diversas formas de vida ministerial en cada etapa de sus vidas. Éstas se dividen de acuerdo a varios factores: edad, capacidad, soltería, matrimonio, oportunidades de trabajo, hijos en casa, hijos en la universidad, nietos, jubilación, etc. Ninguna etapa tiene todas las cosas buenas. La vida finita está compuesta por una sucesión de soluciones incompletas. Encontrar la voluntad de Dios y vivir para la gloria de Cristo al máximo en cada etapa es lo que trae éxito; no el que cada etapa parezca como la de otras personas o que tal etapa tenga lo que tendrá la siguiente.
  13. Que desarrollen una mentalidad y estilo de vida guerrero. Que nunca olviden que la vida es corta, que cada día millones de personas están entre el cielo y el infierno, que el amor al dinero es un suicidio espiritual, que tener como meta el ascender socialmente (mejor ropa, autos, casas, vacaciones, comida, pasatiempos) es un sustituto pobre y peligroso del objetivo de vivir para Cristo con todas tus fuerzas y de ampliar tu gozo en el ministerio a las necesidades de las personas.
  14. Que en todas sus relaciones con los hombres busquen la guía del Espíritu Santo para poder aplicar la visión bíblica de la masculinidad y la feminidad. Que desarrollen un estilo y una conducta que haga justicia al rol que Dios le ha dado únicamente al hombre de ser el responsable de un liderazgo amoroso al relacionarse con las mujeres —un liderazgo que involucra protección, cuidado e iniciativa—. Que como mujeres piensen creativamente y con una sensibilidad cultural (como debiese ser) en establecer el estilo y el tono de su interacción con los hombres.
  15. Que vean lo que la Biblia dice sobre lo que es apropiado e inapropiado para hombres y mujeres en la forma en que se relacionan, no como una restricción a su libertad, sino que como una receta sabia y amable de cómo descubrir la verdadera libertad del ideal de Dios sobre la complementariedad. No midan sus potenciales por los pocos roles que no les corresponden, sino que por el sinnúmero de roles que sí tienen. Apaguen el televisor y la radio para poder pensar sobre:

El maravilloso significado de la maternidad

El complemento que pueden ser para un hombre como su esposa

Ministerios para aquellas personas con capacidades diferentes:

■      con diferencias auditivas ■      con diferencias visuales ■      con diferencias físicas ■      con diferencias mentales

Ministerios para aquellas personas que están enfermas:

■      enfermería ■      medicina ■      cuidado de enfermedades terminales (cáncer, SIDA, etc.) ■      centros de salud

Ministerios para quienes han sido apartados por la sociedad:

■      quienes han sido dañados emocionalmente ■      quienes se están rehabilitando del alcoholismo ■      quienes se están rehabilitando de la drogadicción ■      quienes están dejando la prostitución ■      mujeres y niños que han sido abusados sexualmente ■      niños que están fuera de control o que tienen otros problemas ■      huérfanos

Ministerios para quienes están en prisión:

■      ¡cárceles de mujeres! ■      familias de encarcelados ■      rehabilitación en la sociedad

Ministerios para jóvenes:

■      enseñanza ■      discipulado ■      recreación ■      excursiones y viajes ■      consejería ■      ayuda académica

Ministerios por medio del deporte:

■      equipos del vecindario ■      equipos de la iglesia

Consejería terapéutica:

■      independiente ■      en la iglesia ■      institucional

Ministerio audiovisual:

■      composición ■      diseño ■      producción ■      distribución

Ministerio de redacción:

■      independiente ■      creación de curriculum ■      obras de ficción ■      obras de un género distinto ■      edición de textos ■      comunicación institucional ■      habilidades periodísticas para hacer publicaciones

Ministerios de enseñanza:

■      Escuela dominical: niños, jóvenes, estudiantes, mujeres ■      educación primaria ■      educación secundaria ■      educación universitaria

Ministerio de música:

■      composición ■      enseñanza ■      representación ■      voz ■      coro ■      instrumental

Ministerio de evangelismo:

■      testimonio personal ■      Grupos Bíblicos Universitarios (GBU) ■      grupos de estudio bíblico en casa ■      ministerios para alcanzar a los niños ■      grupos de visita ■      consejería en las reuniones

Ministerios de radio y televisión:

■      asistencia técnica ■      escritura ■      anuncios ■      producción

Ministerio de teatro:

■      actuación ■      dirección ■      guión ■      programación

Ministerios sociales:

■      alfabetización ■      pro-vida ■      pro-dignidad ■      vivienda ■      seguridad ■      belleza

Cuidado pastoral:

■      visitar ■      dar la bienvenida y ayudar a los nuevos ■      ser hospitalarias ■      dar comida, ropa y transporte

Ministerio de oración:

■      ¡¡¡orar!!! ■      movilizarse para grandes eventos de oración ■      ayudar con grupos pequeños de oración ■      coordinar cadenas de oración ■      promover días, semanas y vigilias de oración

Misiones:

■      todo lo que se mencionó antes, pero alrededor del mundo

Apoyo a ministerios:

■      un sinnúmero de trabajos para apoyar ministerios más grandes
John Piper © 2015 Desiring God Foundation. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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¿Por qué damos regalos de Navidad?
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¿Por qué damos regalos de Navidad?


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
El miércoles abordamos el tema de Santa Claus. Hoy tenemos sobre la mesa el tema de dar regalos. Me llegó esta pregunta por correo electrónico: «Hola, pastor John. Mi nombre es Kaitlynn. Mi familia busca celebrar el verdadero significado de la Navidad y no queremos enfocarnos mucho en los regalos. Tengo dos preguntas: ¿es bíblico dar regalos? ¿Existe una mejor manera de hacerlo?».

Los regalos de Navidad

La respuesta correcta es sí: dar regalos es bíblico. Sin embargo, sí, probablemente sí existe una mejor manera de hacerlo, puesto que nada de lo que hacemos es perfecto. Siempre se puede hacer mejor. Es bueno preguntar qué aspectos de dar y de recibir son meramente culturales en nosotros y cuáles están formados por Cristo para magnificarlo a Él. Pensé que podría ser útil desarrollar una corta teología de dar regalos en Navidad al entrelazar algunos pasajes bíblicos.  Quiero hablar sobre tres pasos: Dios dándonos a nosotros; nosotros dándole a Cristo; nosotros dándonos entre nosotros y a aquellos que están en necesidad. Pienso que sería útil dar un paso hacia atrás y obtener una perspectiva bíblica sobre estas tres cosas primero y, luego, articular por qué estamos haciendo esto y por qué estamos compartiendo regalos desde una visión profundamente bíblica.

Los regalos de Dios para nosotros

Paso número uno: Dios nos da. De esta manera, un famosísimo versículo describe la Navidad: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Jn 3:16). Pablo lo describe de esta manera en 2 Corintios 8:9: «Porque conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a ustedes [esto ahora se refiere a la Navidad] se hizo pobre, para que por medio de su pobreza ustedes llegaran a ser ricos». En otras palabras, te llega un gran regalo por medio de su pobreza. El significado de que Cristo se haya rebajado para convertirse en hombre fue alzar a su familia a la gloria. Asombroso.  Luego, hay un júbilo simple, corto y espectacular en 2 Corintios 9:15: «¡Gracias a Dios por su don inefable!». La esencia misma de la Navidad incluye un desbordamiento divino de generosidad, bondad, gracia y entrega (haciendo por nosotros, dándonos a nosotros lo que nunca podríamos hacer u obtener por nuestra cuenta). El regalo supremo es Dios. Dios da a Dios, como dice en 1 Pedro 3:18: «Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios». Todo esto sucedió para que pudiéramos tener a Dios como nuestro regalo o tesoro supremo y que todo lo satisface. Al centro de la Navidad está Dios dando a Dios para el disfrute de su pueblo, al que salva dando su Hijo para sufrir. Eso es impresionante. Es el corazón de la Navidad. 

Nuestros regalos para Dios

Este es el paso número dos: nuestra respuesta es darle a Cristo. Ahora, sé que esto es peligroso. Siento esto más profundamente que cualquier otra persona. He escrito capítulos completos sobre por qué no debemos darle a Dios: Él es el Dador, pero es bíblico. Es peligroso, en un sentido, hablar de darle a Cristo porque nuestra entrega a Cristo es un desafío a que no se vea como una retribución, como si la transacción se hiciera porque Él necesita nuestros servicios. Marcos 10:45 da esa advertencia: «Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos». Él no vino para recibir nuestro servicio, Él vino a dar su vida como un rescate por muchos. No vino a encontrar una mano de obra para satisfacer su necesidad; vino como el Siervo y el Dador. Sin embargo, la Biblia muestra a personas dándole a Cristo. Esta es la imagen en Lucas 7: la historia donde Jesús va a visitar a Simón y una mujer entra para lavarle los pies con sus lágrimas, y Simón se molestó. Jesús le dice a Simón:
[...] «¿Ves esta mujer? Yo entré a tu casa y no me diste agua para mis pies, pero ella ha regado mis pies con sus lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste beso, pero ella, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite, pero ella ungió mis pies con perfume. Por lo cual te digo que sus pecados, que son muchos, han sido perdonados, porque amó mucho; pero a quien poco se le perdona, poco ama» (Lc 7:44–47).
Este fue un dar que no compró nada. No está intercambiando nada. Fue un desborde de afecto y agradecimiento por su perdón. Vemos lo mismo en Juan 12, donde María toma 300 gramos de un costoso aceite, hecho de nardo puro, lo derramó sobre los pies de Jesús y limpió sus pies con su cabello, y la casa se llenó de la fragancia del perfume (Jn 12:3). Esto molestó a Judas porque era un ladrón. Sin embargo, Jesús la defendió y dijo que era como una unción de afecto previo a su sepultura.  Por supuesto, darle a Jesús está conectado con la Navidad por los reyes magos, ¿no es así?
Entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose lo adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra (Mt 2:11).
Parte de la adoración está en encontrar maneras de mostrar cuánto admiramos, reverenciamos y valoramos a Jesús. Parte de eso implica hacer sacrificios; esto es, vivir sin cosas, cosas valiosas, no porque Jesús las necesite, sino porque le pertenecen a Él y nosotros podemos ser felices sin ellas si lo tenemos a Él.

Nuestros regalos a otros

Este es el tercer y último paso en nuestra miniteología de dar regalos en Navidad: (1) la entrega de Dios a nosotros; (2) nuestra alegre disposición para mostrar afecto al darle a Él; y (3) ambas desbordan en dar a otros.  Una de mis expresiones favoritas de esta dinámica es la manera en que esto funciona en el corazón del cristiano en 2 Corintios 8:2 (NVI): «En medio de las pruebas más difíciles» (imagínate a ti mismo en Navidad, pasando por una especie de problema y angustia —y muchas personas están pasando por eso—) «su desbordante alegría y su extrema pobreza abundaron en rica generosidad». ¿Qué sobreabundó? «Su desbordante alegría y su extrema pobreza abundaron en rica generosidad». Hebreos 13:16 dice: «Y no se olviden ustedes de hacer el bien y de la ayuda mutua, porque de tales sacrificios se agrada Dios»; esto es, adoración en la que «se agrada Dios». Aun lo que le damos a otros es visto como un sacrificio de adoración a Dios.  Esto es todo respecto al tema. Creo que todo lo que tiene que ver con dar regalos debe buscar formar una mentalidad acerca de dar en Navidad que ayude a los niños y a los adultos a (1) regocijarse en Dios como el mayor y primer Dador del más grande regalo; (2) buscar una cosmovisión que ofrezca darle a Cristo el regalo de la confianza, la esperanza, la admiración, la alegría y el afecto; y finalmente, (3) buscar una mentalidad que sobreabunde de alegría en darle a otros, no primordialmente una mentalidad de obtener, sino que una mentalidad de sobreabundancia alegre: dar.
John Piper © 2018 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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La sabiduría de Dios estuvo en un pesebre
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La sabiduría de Dios estuvo en un pesebre

La suposición detrás de este artículo es que la preciosura y los placeres de la Navidad serán más profundos, más fuertes y más intensos si experimentamos la Navidad como parte de algo más inmenso que toda la creación y las eras infinitas. La sabiduría de Dios que planeó la Navidad existió antes que el universo y abarca todo lo que ocurre. El universo es un teatro para la exposición de la sabiduría de Dios. Jesucristo es el centro y la suma de esa la sabiduría. Fue llevada a cabo por el Hijo de Dios y para el Hijo de Dios; por lo que, «en Él fueron creadas todas las cosas» (Col 1:16). El propósito de Dios, que guió su plan era «la buena intención que se propuso en Cristo… reunir todas las cosas en Cristo» (Ef 1:9-10). Este plan, que exalta a Cristo, fue eterno para el universo (Dios lo ha tenido en mente por siempre). El plan se realizó «conforme al propósito eterno que llevó a cabo en Cristo Jesús nuestro Señor» (Ef 3:11). Era un «misterio que ha sido mantenido en secreto durante siglos sin fin» (Ro 16:25): «el misterio que ha estado oculto desde los siglos y generaciones, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos» (Col 1:26). La promesa de la vida eterna que Dios «prometió desde los tiempos eternos» (Tit 1:2) estaba incrustada en el misterio escondido por largo tiempo.

Despliegue en el teatro de Dios

Era un plan que convertiría al cosmos en un teatro, con ángeles y demonios sentados en la galería celestial para mirar el plan desplegarse. El plan era exponer la sabiduría de Dios con Cristo al centro. La infinita sabiduría divina sería vista en el gran logro de Cristo: una novia para el Hijo de Dios, arrebatada del dominio de Satanás, redimida y embellecida por la encarnación, muerte y resurrección de la segunda persona de la Trinidad. Finalmente, «sacar a la luz cuál es la dispensación del misterio que por los siglos ha estado oculto en Dios, Creador de todas las cosas. De este modo, la infinita sabiduría de Dios puede ser dada a conocer ahora por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales» (Ef 3:9-10). Esta es la sabiduría eterna de Dios «que, desde antes de los siglos, Dios predestinó para nuestra gloria» (1Co 2:7). Esta sabiduría eterna, divina y cósmicamente expuesta fue resumida en la maravilla del Dios-Hombre, Jesucristo. «El misterio de Dios, es decir, de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Col 2:2-3). Por consiguiente, en la encarnación, Dios «nos dio a conocer el misterio de su voluntad, según la buena intención que se propuso en Cristo, con miras a una buena administración en el cumplimiento de los tiempos» (Ef 1:9-10). En otras palabras, la Navidad es un acto central en el «plan» cósmico (oikonomian, Efesios 1:10; 3:9) y en el «propósito» cósmico (prothesin, Efesios 1:9, 11; 3:11). El plan existió antes de la creación; no fue una respuesta ante pecado en la creación. La creación y la redención fueron seguidas del pecado y la redención en completa vista como parte del plan. La gracia no fue pensada en último momento en respuesta al fallido de la creación. Dios nos dio gracia «en Cristo Jesús desde la eternidad» (2Ti 1:9). La Navidad, el Viernes Santo, la Pascua, la Segunda Venida y la Consumación fueron el propósito y el plan eterno de la creación, no una respuesta a su caída.

La Navidad como el plan perfecto

Puesto que la Navidad es parte de un plan enorme, eterno y cósmico, es parte de la sabiduría infinita de Dios. No debemos atrevernos a pensar en el plan de eterno de Dios sin reconocer que su plan es sabio; infinitamente sabio. Dios no fue guiado en su planificación eterna por nada externo a Él. «Pues, ¿quién ha conocido la mente del Señor? ¿O quien llegó a ser su consejero?» (Ro 11:34). No existe consejo fuera de Dios para ayudarlo a planificar más sabiamente. Él planifica según su propia sabiduría, que es santa; es perfecta. Esto es lo que lo guió mientras planificaba para la Navidad. La sabiduría infinita es una parte esencial del resplandor de la gloria de Dios. Por eso Pablo dice: «al único y sabio Dios, por medio de Jesucristo, sea la gloria para siempre. Amén» (Ro 16:27). Por lo tanto, cuando decimos que Dios creó al mundo para su gloria, no queremos decir menos que esto: Él creó al mundo para desplegar su perfecta sabiduría en todo lo que Él hace. Cuando Pablo dijo que Dios expuso su sabiduría a los «principados y potestades» para que la contemplaran (Ef 3:10), es importante darse cuenta que esos «principados y potestades» son poderes demoníacos. Esa es la manera en que él usa la frase «principados y potestades» (Ef 6:12; Col 2:15). ¿Cómo Dios espera que los seres demoníacos del universo respondan cuando vean la diversa sabiduría de Dios en la creación, en la Navidad y en la obra salvadora de Cristo?

¿Por qué Dios permite a Satanás?

Para responder esta pregunta, déjame plantear otra: ¿por qué Dios permite que Satanás continúe actuando en el mundo? Sabemos que esto no sucede porque Dios no pueda eliminarlo. Tan pronto como Satanás trajo miseria al mundo, Dios anunció que su condenación era segura: Dios le dijo a la serpiente que la descendencia de la mujer «te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el talón» (Gn 3:15). Y al final de la historia, la eliminación final del diablo es segura: «Y el diablo… fue arrojado al lago de fuego y azufre… y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos» (Ap 20:10). El diablo y sus ángeles saben esto. Desde el principio han sabido que llegarán a una confrontación de poder y que Dios, el Creador, es superior. No pueden ganar. Por ejemplo, Apocalipsis 12:12 dice que el diablo sabe que «tiene poco tiempo». No hay duda que será derrotado; solo que no se sabe cuándo. De igual manera, en Mateo 8:29, los demonios le gritaron a Jesús: «¿Has venido aquí para atormentarnos antes del tiempo?». En otras palabras, saben que se ha designado un tiempo para su derrota final. Lo que no esperaban era que viniera de esa manera en ese tiempo. Aquí es donde la sabiduría de Dios se muestra a sí misma más claramente. Satanás sabía que el poder divino lo anularía. Sin embargo, él no tenía idea de que, en su derrota, sería expuesto un poder mucho más que un poder bruto. Él no se dio cuenta de que Dios liberaría a sus elegidos de su cautiverio de una manera que pusiera la sabiduría eterna de Dios en una espectacular exhibición.

La salvación sin una fuerza cruel

Los seres humanos no solo estaban cautivos a Satanás; estaban bajo la ira de Dios (Ef 2:3). Eran culpables; no merecían ser rescatados y eran completamente incapaces de rescatarse a sí mismos. Satanás no pudo comprender cómo el legítimo poder de Dios sería restaurado después de la traición del hombre. No pudo comprender cómo se calmaría la justa ira de Dios, o cómo los pecadores serían considerados dignos de ser adoptados como hijos de Dios, o cómo Dios puede ser justo y al mismo tiempo justificar lo injusto. Todo lo que Satanás previó fue que el poder de Dios lo derrocaría un día. Sin embargo, el plan, escondido por siglos en Dios, fue infinitamente más glorioso de lo que Satanás pudo ver. El solo pensamiento de que Dios mismo, en la persona de su Hijo eterno, entrara en la historia era incomprensible. La Navidad era inimaginable para los demonios. ¿Qué tipo de inescrutable plan era este? ¿Qué tipo de triunfo había diseñado Dios desde toda la eternidad? ¿Por qué Dios mismo necesitaba hacerse humano? El poder no requería esto. Dios estaba, evidentemente, decidido a desplegar algo más que un poder bruto al vencer a Satanás y al salvar a los humanos. Ciertamente, Él lo estaba haciendo. ¡Sabiduría! La infinita sabiduría se desplegaría. El plan de Dios era salvar a su pueblo y vencer a Satanás de una manera que no solo glorificaría su poder, sino que también su «infinita sabiduría» (Ef 3:10). No solo su «sabiduría» (sophia); y no solo su multiforme sabiduría (poikilos sophia), sino que su «infinita sabiduría» (polupoikilos sophia).

¿Por qué la Navidad sorprendió a Satanás?

En el centro de esta exhibición de sabiduría insondable y multifacética estaba la maravilla imprevisible de la segunda persona de la Trinidad, unida como una persona en dos naturalezas, divina y humana. «El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Jn 1:14). Luego, las manifestaciones de la impensable sabiduría se multiplicaron: Nacido en un pueblo «pequeño», acostado en un pesebre (Lc 2:7), criado en Nazaret —«¿Puede algo bueno salir de Nazaret?» (Jn 1:46)—, sin educación (Jn 2:15), incomprendido (Mr 4:13), negado (Mt 16:34), abandonado (Mt 26:56), traicionado (Jn 6:71), burlado (Mr 15:20), escupido (Lc 18:32), azotado (Mt 20:19), coronado con espinas (Mt 27:29) y, finalmente, crucificado (Mr 15:24), todo en obediencia al Padre (Fil 2:8), según el plan (Hch 4:28; Fil 2:5-8). Esta era la «sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta [...], desde antes de los siglos» (1Co 2:7). Inconcebiblemente, toda esta debilidad y pérdida era «poder de Dios y sabiduría de Dios» (1Co 1:23-24). Satanás no vio venir esto. Él esperaba ser derrotado por medio del poder. Él no esperaba ser vencido por la encarnación divina, o por debilidad, misericordia, gracia o justicia que vindica a Dios y justifica a los pecadores. Esta era la sabiduría oculta (1Co 2:7), el plan oculto (Ef 3:9), el misterio oculto (Col 1:26). La Navidad debe haberlo impresionado completamente. ¿Adónde nos llevará este incomprensible acto?

Satanás conquistado y avergonzado

La respuesta es que esto no solo llevó a la derrota de Satanás sino que a su vergüenza, su completa vergüenza. Esto es lo que Dios había diseñado que Satanás sintiera cuando viera la sabiduría divina desde su galería. No habría un mero conflicto de poderes con un noble perdedor. Habría gracia, encarnación, debilidad, muerte y justicia. Esta era la sabiduría de Dios escondida por siglos. Tendría muchas vueltas y giros divinamente planeados que a Satanás no le quedaría más que vergüenza. Sabemos que la encarnación del Hijo de Dios fue diseñada para cancelar los diseños de Satanás: «El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo» (1Jn 3:8). Cuando Jesús llegó a sus últimas horas (¡la hora de su aparente derrota!), Él dijo: «Ahora el príncipe de este mundo será echado fuera» (Jn 12:31). La crucifixión no fue la derrota del plan Dios, sino que la destrucción de Satanás. Satanás fue atacado por el lado ciego; fue ridiculizado. Pablo hace explícita la vergüenza de Satanás.

Dios [nos perdonó] todos los delitos, habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz. Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él (Col 2:13-15).

Satanás pensó en su derrota y nuestro rescate solo en términos de poder. Él no se dio cuenta que su larga oposición a Dios sería la ocasión del espectacular despliegue de todas las facetas de la gloriosa sabiduría de Dios, no solo su poder. La plenitud de su vergüenza llegó a su clímax cuando él se dio cuenta (y todavía se da cuenta con cada nueva obra de gracia comprada con sangre) que sus nuevos engaños estaban siendo transformados en la glorificación de la perfección de su archiadversario.

Arma sorprendente

Así es cómo John Owen (1616-1683), que pensó sobre estas cosas tan profundamente como cualquier persona que conozco, relacionó la sabiduría de Dios en la salvación con la vergüenza de Satanás:

Esta [salvación] fue hecha de una manera que Satanás nunca pensó. Puesto que, por la obediencia y los sufrimientos del Hijo de Dios encarnado, se satisfizo completamente la justicia de Dios requerida por los pecados del hombre, se indemnizó su gloria y se exaltó el honor de su santidad... contrarrestando toda la disminución de esto por la primera apostasía de la humanidad.

Los encantos de Satanás fueron disueltos, todas las cadenas desatadas; la oscuridad que trajo sobre la creación, disipada; su completa conspiración y diseño, derrotados. En ellos se vio a sí mismo y fue expuesto a todos los santos ángeles del cielo, a todos los consejos, los oficios y el poder del que se ha jactado, para ser nada más que… una masa de oscuridad, malicia, locura, impotencia y furia.

[Esta vergüenza] fue una de las partes principales de los tormentos eternos de Satanás: el poder absoluto al que él siempre temió y lo que este produciría; puesto que él lo cree y tiembla. Sin embargo, contra toda otra manera, él pensó que se había asegurado a sí mismo. [Es evidente para todos] a qué vergüenza, confusión y autovenganza el orgulloso apóstata fue arrojado, sobre su desilusión santa y correcta de su diseño.

Encontrar aquello que procuraba hacer para la destrucción de la gloria de Dios… y la ruina eterna de la humanidad, [ha resultado] en una exaltación más gloriosa de las propiedades santas de la naturaleza divina y el aumento impronunciable de la bendición en la humanidad y la mayor agravación de sus eternos tormentos. Esto era una obra que se transformaba en todo aspecto en la sabiduría infinita de Dios (The glory of Christ, [La gloria de Cristo], 217-218).

¡Sí, en todo aspecto se transforma (correcta, adecuada, apropiada y oportunamente) en la sabiduría de Dios! Y la vergüenza de Satanás continúa. Estamos en constante combate, dice Pablo: «Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes» (Ef 6:12). ¿Cómo continúa la vergüenza de Satanás en este conflicto?

Escoger a Cristo, despreciar a los demonios

Pablo nos da una pista en 2 Corintios 11:2-3:

Porque celoso estoy de ustedes con celo de Dios; pues los desposé a un esposo para presentarlos como virgen pura a Cristo. Pero temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, las mentes de ustedes sean desviadas de la sencillez y pureza de la devoción a Cristo.

Satanás tendría éxito si, como en el caso de Eva, él pudiera hacer que sus promesas engañosas se vieran más atractivas que Cristo. La «pureza de la devoción a Cristo» (preferir a Cristo por sobre todas las atracciones de Satanás) avergüenza a Satanás una y otra vez. Así es cómo los efectos continuos de la Navidad, del Viernes Santo y de la Pascua agravan la vergüenza de Satanás más allá de lo que sucedió en la cruz. Cada día, el pueblo de Cristo es enfrentado con decisiones como las de Job, no tan graves ni dolorosas, pero esencialmente las mismas. Satanás le dice a Dios, de hecho, como en Job 1:11: «Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no te maldice en tu misma cara». Esta es la contienda detrás de cada tentación en la vida cristiana. Cada vez, los cristianos prefieren a Cristo por sobre las tentaciones de Satanás, Satanás está hecho para verse tonto y el valor de Cristo es magnificado.

Gran Navidad, gran Dios

Ese es el efecto continuo de la sabiduría de Dios. «La razón por la que el Hijo de Dios se manifestó fue para destruir las obras del diablo». El golpe determinante fue dado por la encarnación dos mil años atrás. Sin embargo, cada día, el efecto del gran golpe continúa donde quiera que los cristianos atesoren la persona de Cristo más que a las promesas de Satanás. El plan eterno de Dios, escondido por siglos, continúa para ser trabajado por el Espíritu a medida que provoca que nuestros afectos estén en Cristo para hacer ver a Satanás no solo malvado, sino que indeseable. Esto es lo que Satanás ve cada día, alrededor del mundo, a medida que los principados y potestades son forzados a contemplar la infinita sabiduría de Dios por medio de la iglesia (Ef 3:10). Cristo es el centro y la suma de esta sabiduría. El plan completo, concebido desde la eternidad, era exponer la sabiduría de Dios en la historia con Cristo al centro. La Navidad era la llegada determinante del plan de Dios en la historia. Nada ha sido igual después de eso. Por lo tanto, hagamos de la Navidad un tiempo de reorientación de nuestras mentes y corazones respecto a toda la realidad. La Navidad no es pequeña. Es la entrada decisiva en nuestro mundo del plan más grande del universo (¡no, antes y por sobre el universo!). Un plan formado por toda la eternidad. El plan del Dios trino para enviar a la segunda persona de la divinidad a su propia creación. Un plan para avergonzar a los enemigos de Dios. Un plan para salvar a un pueblo traicionero por su nombre. Un plan para exponer la infinita sabiduría de Dios.
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Satanás y la sodomía
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Satanás y la sodomía

El monstruo sobrenatural que orquesta los secuestros, la esclavitud y los miles de dopajes, ventas, violaciones y asesinatos de niñas alrededor del mundo es el mismo que ha planeado el asesino engaño cultural —desde el máximo tribunal hasta la película porno más baja— de que la sodomía es deleitable y no mortífera.

Palabras cuidadosamente escogidas

Quisiera explicar las sencillas e incendiarias palabras cuidadosamente escogidas de esa oración. Comencemos con «monstruo»: hablo de Satanás. No nos sentimos como deberíamos respecto a este demonio. En Apocalipsis 12:9 es llamado «el gran dragón, la serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero». El alcance y el horror de este ser se muestra con imágenes. Él no es una simple serpiente de jardín. «Su cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. […] se paró delante de la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo cuando ella diera a luz» (Ap 12:4). Al fracasar en eso, «el dragón se enfureció […] y salió para hacer guerra contra […] los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús» (Ap 12:17). Esto nos lleva a otra frase incendiaria: «asesino engaño». Esas dos palabras capturan la esencia de Satanás. Él es un mentiroso y un asesino. Él engaña y, al hacerlo, mata. Jesús dijo: «él fue un asesino desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira» (Jn 8:44). Por lo tanto, Satanás es un asesino y un mentiroso. Su objetivo es matar personas (para siempre). Es un león rugiente que busca devorar (1Pe 5:8). Usa, en parte, el dolor; en otra, el placer. Pero siempre engaña (tal como lo hizo con Adán y Eva en el jardín del Edén). Una tercera frase extrema en esta primera oración es «alrededor del mundo». Satanás no es un dios tribal. Su alcance y su omnipresencia global es apabullante. «El mundo entero está bajo el poder del maligno» (1Jn 5:19). Satanás no estaba mintiendo cuando le dijo a Jesús: «“todo este dominio y su gloria te daré, […] pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy”» (Lc 4:6). Esta es la razón por la que Jesús lo llama «el príncipe de este mundo» (Jn 12:31), y Pablo, «el dios de este mundo» (2Co 4:4), y por la que esta era es llamada el «presente siglo malo» (Ga 1:4) y el «dominio de las tinieblas» (Col 1:13; ver también Ef 6:12). Y llegamos a la incendiaria declaración de que uno de los «asesinos engaños culturales» de Satanás es que «la práctica de la sodomía es deleitable y no mortífera». Si alguien me preguntara por qué usaría tal lenguaje en medio de la cultura actual, la respuesta es que creo que participar en la desestigmatización de una práctica que es más letal que la muerte es una renuncia a la verdad y al amor. Hay tres palabras clave que probablemente sean tergiversadas en contra de mi intención y son esenciales para la verdad: sodomía, práctica y mortífera. A continuación, explico lo que no quiero y lo que sí quiero decir con ellas.
1. Sodomía
Mentira: «…la práctica de la sodomía es deleitable y no mortífera». Detrás de todas las descripciones relacionales de los denominados matrimonios del mismo sexo se encuentra el hecho tácito de que hay «copulación anal u oral», y en particular, «la copulación con un miembro del mismo sexo». Esa es la definición que los diccionarios entregan de la palabra sodomía. Algunos quizás dirán: elegir esa palabra revela tu belicosidad contra las personas que tienen atracción hacia el mismo sexo. Pues, no es así; más bien, revela mi odio hacia lo que puede destruir a aquellas personas con atracción hacia el mismo sexo. Lo que destruye a las personas no es la atracción hacia el mismo sexo, sino la mentira de que la copulación entre el mismo sexo es deleitable y no mortífera. Lo que es realmente bélico es la promoción de actos vergonzosos como si fueran actos hermosos. Bélico es la palabra correcta, porque la Biblia dice que debemos «absten[ernos] de las pasiones carnales que combaten contra el alma» (1Pe 2:11). Por lo tanto, aquellos que animan la complacencia de esas pasiones (cualquiera sea) están en guerra contra el alma —ellos son literalmente bélicos—. La palabra sodomía tiene dos ventajas: se refiere al acto de copulación sexual entre personas del mismo sexo, no a la orientación homosexual, y aún carga con el estigma de ser vergonzoso. Aquellos que aman a las personas que tienen atracción hacia el mismo sexo deberían querer preservar el mismo estigma del robo, del perjurio, del secuestro, de la fornicación y del adulterio. Cuando una cultura pone señales frente a comportamientos destructivos tales como: «No entrar; es vergonzoso», es un acto misericordioso.
2. Práctica
Mentira: «… la práctica de la sodomía es deleitable y no mortífera». La segunda palabra en esta oración que puede ser tergiversada es la palabra práctica. Cuando la Biblia conecta a «los homosexuales» con los «ladrones», y dice que ninguno de ellos heredará el reino de Dios (1Co 6:9-10), es importante notar dos elementos cruciales. Uno de ellos es que la advertencia no es dada a aquellos que son tentados a robar, sino a aquellos que practican el robo: a los ladrones. De la misma manera, la advertencia no es dada a quienes son tentados a practicar la homosexualidad, sino a los que en realidad la practican. Para estar seguros, existen muchos tipos de lujurias internas del corazón que son pecaminosas, pero el foco aquí se encuentra en la práctica. El segundo elemento crucial que debemos ver es que existe salvación. La iglesia está compuesta de pecadores perdonados que batallan contra sus pecados que destruyen el alma. «Y estos eran algunos de ustedes; pero fueron lavados, pero fueron santificados, pero fueron justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios» (1Co 6:11). En otras palabras, no toda la práctica del pecado es excluyente del reino de Dios. «En verdad les digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres» (Mr 3:28). Los pecados que excluyen del cielo son los pecados que seguimos buscando sin pensar de ellos como una deshonra a Dios, sin buscar perdón por medio de Jesús y sin batallarlos como enemigos de nuestras almas.
3. Mortífera
Mentira: «…la práctica de la sodomía es un deleite y no mortífera». La tercera palabra en esta oración que puede ser tergiversada es la palabra mortífera. No me refiero a Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) o a crímenes de odio contra personas que tienen atracción hacia el mismo sexo. Detesto los crímenes de odio y me encantaría que existiera cura para las ETS. No estoy hablando sobre las dolorosas consecuencias de la sodomía en este mundo —que son muy reales (Ro 1:27)—. Estoy hablando de «la segunda muerte». Todo pecado no perdonado y que no es abandonado es mortífero en este sentido, pues lleva a una segunda muerte. «Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras, y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda» (Ap 21:8). El diablo está destinado al lago de fuego. «El diablo […] fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también están la bestia y el falso profeta. Y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos» (Ap 20:10). Sin embargo, por ahora el diablo anda encadenado en el mundo. Él es el dios de este mundo (2Co 4:4) y todo el mundo está bajo su poder (1Jn 5:19). Él es un asesino y su principal arma es el engaño. La sexualidad es una de sus áreas principales de asesinato. Y en esa área «nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino […] contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes» (Ef 6:12). La matanza que Satanás está causando es literalmente indescriptible. Por lo tanto, debemos buscar las palabras para describir los horrores de la tragedia a nuestro alrededor, ya que está condenado a una destrucción peor de lo que cualquier palabra incendiaria pueda expresar. Para todos aquellos que confían en Cristo, Satanás está desarmado (Col 2:15), porque lo único que nos condena en la corte de Dios es el pecado no perdonado. Y en Cristo, los pecados son perdonados (Hch 10:43). Las acusaciones de Satanás contra los cristianos vienen de la nada. «¿Quién acusará a los escogidos de Dios?» (Ro 8:33). Por lo tanto, tenemos las noticias más felices y las más horribles en el mundo. En Cristo, hay luz, libertad y vida. Fuera de Cristo hay oscuridad, esclavitud y muerte. Fracasar en nombrar la belleza de la luz y el espanto en la oscuridad es la renuncia de la verdad y del amor.
John Piper © 2015 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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Oh ven, oh ven, Emmanuel
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Oh ven, oh ven, Emmanuel

Esta traducción del anónimo himno latín también hace de oración por la primera y la segunda venida de Cristo. Nos lleva a pensar en el viejo Israel, que anhelaba la primera venida del Mesías y luego va más allá al verbalizar el anhelo de la iglesia de Cristo por el Mesías, Jesucristo, para consumar la historia de redención. En las semanas previas a Navidad, nos ponemos en los zapatos de Zacarías, Elisabet, Simeón y todos los santos precristianos. Meditamos en las promesas y nos esforzamos en ver la aurora de la salvación; sin embargo, sabemos que cuando llegue, la espera no se acabará. Cuando llegue Emmanuel —cuando nazca la Aurora— nos daremos cuenta de que la redención tan solo ha comenzado. Por cierto, es un solo magnífico. La última sangre es derramada; la deuda es pagada; el perdón fue comprado; la ira de Dios es removida; la adopción es asegurada; la cuota inicial está en el banco; los primeros frutos de la cosecha están en el granero; el futuro es seguro; el gozo es grande; pero no es el fin aún. La muerte aún nos arrebata; la enfermedad aún nos hace miserables; la calamidad aún golpea; Satanás aún nos ronda; la carne aún está en guerra contra el Espíritu; el pecado aún habita en nosotros; y nosotros aún «gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo» (Ro 8:23). Aún «espera[mos] con ansias que se manifieste nuestro Señor Jesucristo» (1Co 1:7). Aún esperamos la liberación final «del castigo venidero» (1Ts 1:10). Aún «aguardamos con ansias la justicia que es nuestra esperanza» (Ga 5:5). El anhelo continúa. Captura de pantalla 2017-12-18 a las 11.21.32.png

Aún anhelas en Navidad

La melodía, que en 1852 Thomas Helmore le dio a esta letra, captura el ambiente inundado de lamento del anhelo. No es igual a la exuberante melodía de «Gozo del mundo es el Señor» o a la vigorosa y alegre «Oíd un son en alta esfera en los cielos gloria a Dios». Es una excelente combinación musical para el sentimiento de la canción. Nostalgia, dolor, anhelo y esperanza. La vida cristiana oscila entre estos dos polos: el gozo desbordante de la redención que «ya» tenemos (Ef 1:7) y el triste anhelo de la redención que «todavía no llega» (Ef 4:30). No es que dejemos una o la otra en esta vida. Estamos «tristes, pero siempre alegres» (2Co 6:10). Es bueno tener villancicos navideños que capturen ambas dimensiones de la vida. Mi suposición es que, a medida que nos acercamos a Navidad, la mayoría de los cristianos experimentan la tristeza y el entusiasmo. No obstante, nunca debemos dejar que la tristeza arruine el simple gozo de los niños. La mayoría de ellos no han vivido lo suficiente para sufrir. Permítanles ver la mayor cantidad de alegría que puedan en Jesús. Sin embargo, no pensemos que el Adviento debe tratarse completamente de alegría y campanas tintineantes.

El grave dolor en nuestro gozo

Alrededor de 3.7 millones de personas morirán durante el tiempo de Adviento alrededor del mundo, de ellas medio millón serán niños. Cerca de 105 personas por minuto. La mayoría sin esperanza. Una pequeña fracción de ellas son parte de las noticias (como algunas víctimas de terrorismo). La gran mayoría llora y muere sin ser conocida a excepción de unos pocos cercanos. Tales dolores tocan a cada cristiano. Conocemos a alguien que está muriendo, sin mencionar los cientos de miserias que hacen que la vida sea difícil. Es maravilloso que existan villancicos cristianos escritos para el mundo real de triste gozo, así como también para el mundo real de desbordante gozo. «Oh, ven, oh, ven, Emmanuel» es uno de ellos. Puedes escucharlo en el «Oh» que comienza cada verso: «Oh ven, Emmanuel»; «Oh, ven, tú, Vara de Isaí»; «Oh, ven tú, Aurora celestial»; «Oh, ven tú, Llave de David»;  «Oh, ven tú, Deseo de las naciones». Este es el «Oh» del anhelo.

Los nombres de Emmanuel

Y cada nombre de Jesús está lleno de esperanza.

  • Como Emmanuel (Is 8:8) —«Dios con nosotros»—. Él pagará el rescate que solo el Hombre-Dios puede pagar.
  • Como la Vara de Isaí (Is 11:1), que brota de un tronco muerto. Él liberará a su pueblo, por medio de la muerte y la resurrección, de la tiranía de Satanás y serán libres para siempre.
  • Como la Aurora (Lc 1:78) —el amanecer del reino de Dios— él será la luz del mundo y desterrará la desesperanza de la oscuridad.
  • Como la Llave de David (Is 22:22), él nos rescata del infierno, cierra la puerta que queda detrás de nosotros, abre la del cielo y nos lleva a casa.
  • Y como el Deseo de las naciones (Hag 2:7), él toma a los rescatados de cada pueblo y establece un reino de paz.

Este es Jesús. Esto es lo que él ya obtuvo y lo que completará. Y así con cada verso, el estribillo musicalmente baja hasta alcanzar nuestros débiles corazones y nos levanta, en fe, para ver la certeza del fin.

         ¡Alégrate! ¡Oh, Israel!          Vendrá, ya viene, Emmanuel

Artísticamente, el ritmo de lamentoso anhelo en los versos, salpicado de poderosas explosiones de gozo en el estribillo, son, para mi mente, casi perfectos. Capturan el misterio y el asombro de la vida cristiana. Tristes, pero siempre alegres. Ahora, pero no todavía. El cumplimiento de las gloriosas promesas: ¡sí! La consumación en la nueva tierra con nuevos cuerpos y sin pecado: no todavía. Tenemos confianza, pero aún clamamos: «¡Oh, ven, oh, ven, Emmanuel!».
John Piper © 2015 Desiring God Foundation. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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Soli Deo gloria
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Soli Deo gloria

Usamos la frase gloria de Dios con tanta frecuencia que tiende a perder su fuerza bíblica. Sin embargo, esta gloria, como el sol, no pierde su resplandor (ni sus beneficios) porque las personas la ignoren. Aunque Dios odia que lo ignoren: «entiendan ahora esto ustedes, los que se olvidan de Dios, no sea que los despedace, y no haya quien los libre» (Sal 50:22). Por lo tanto, volvamos a  enfocarnos en la gloria de Dios. ¿Qué es la gloria de Dios y cuán importante es?

¿Qué es la gloria de Dios?

La gloria de Dios es la  santidad de Dios puesta en exhibición; es decir, es la manifestación del infinito valor de Dios. Noten cómo Isaías pasa de «santo» a «gloria»: «Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de Su gloria» (Is 6:3). Cuando la santidad de Dios llena la tierra para que las personas puedan verla, se le llama gloria. El significado básico de santo es «apartado de lo común». Por consiguiente, la santidad de Dios es su «separación» infinita de todo lo que es común. Es lo que lo hace infinitamente «único en su especie» (como el diamante más extraordinario y más perfecto del mundo) solo que no existen otros «dioses diamante». La singularidad de Dios como el único Dios (su naturaleza divina) lo hace infinitamente valioso o santo. Respecto a la gloria de Dios, en la Biblia se asume que este infinito valor ha entrado en la creación. Ha brillado en ella, por así decirlo. La gloria de Dios es el resplandor de su santidad, la emisión de su infinito valor. Cuando se emite, es vista como hermosa y grandiosa. Tiene tanta cualidad como magnitud infinita. Por tanto, podríamos definir la gloria de Dios como la belleza y la grandeza de sus múltiples perfecciones. Digo «múltiples perfecciones» porque se mencionan aspectos específicos del ser de Dios que tienen gloria. Por ejemplo, leemos «la gloria de su gracia» (Ef 1:6) y «la gloria de su poder» (2Ts 1:9). Dios mismo es glorioso porque él es la perfecta unidad de sus múltiples y gloriosas perfecciones. Sin embargo, esta definición debe ser respaldada. La Biblia también habla de la gloria de Dios antes de que esta haya sido revelada en la creación. Por ejemplo, Jesús ora, «y ahora, glorifícame Tú, Padre, junto a Ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera» (Jn 17:5). Por esta razón, yo sugeriría una definición que fuera más o menos así: la gloria de Dios es el resplandor externo de la belleza y de la grandeza intrínseca de sus múltiples perfecciones. Estoy consciente de que las palabras no son suficientes en esta definición. He reemplazado una palabra inadecuada (gloria) con dos palabras inadecuadas (belleza y grandeza). No obstante, Dios se ha revelado a sí mismo a nosotros con palabras como «la gloria de Dios». Por lo tanto, no son insignificantes. Debemos recordarnos constantemente a nosotros mismos que estamos hablado de una gloria que en última instancia sobrepasa cualquier comparación con la creación. «La gloria de Dios» es cómo designamos la belleza y la grandeza infinita de la Persona que existió antes que cualquier cosa. La belleza y la grandeza existen sin origen, sin comparación, sin analogía, sin ser juzgadas por cualquier criterio externo. La gloria de Dios es el estándar absolutamente original que define toda su grandeza y belleza. Toda la grandeza y belleza creada viene de ella y apunta hacia ella, pero tales cosas no la reproducen de forma exhaustiva ni adecuada. «La gloria de Dios» es una forma de decir que existe una realidad absoluta y objetiva a la que apunta todo el asombro, la reverencia, la veneración, la adoración, el honor, la aclamación y la adoración humana. Somos hechos para encontrar nuestro más profundo placer en admirar lo infinitamente admirable: la gloria de Dios. Esta gloria no es la proyección psicológica del anhelo humano insatisfecho en la realidad. Al contrario, el anhelo humano inconsolable es la evidencia de que fuimos hechos para la gloria de Dios.

¿Cuán central es la gloria de Dios?

La gloria de Dios es el objetivo de todas las cosas (1Co 10:31; Is 43:6-7). La gran misión de la iglesia es declarar la gloria de Dios entre las naciones. «¡Anuncien su gloria entre las naciones, sus maravillas entre todos los pueblos!» (Sal 96:1-3; Ez 39:21; Is 66:18-19).

¿Cuál es nuestra esperanza?

Nuestra esperanza final es ver la gloria de Dios. «Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios» (Ro 5:2). Dios nos «presentará sin mancha en presencia de Su gloria con gran alegría» (Jud 1:24). Él dará «a conocer las riquezas de Su gloria sobre los vasos de misericordia, que de antemano El preparó para gloria» (Ro 9:23). Jesús, en su persona y obra, es la encarnación de la revelación final de la gloria de Dios (Jn 17:24; Heb 1:3). Además, no solo veremos la gloria de Dios, sino que también, en cierto sentido, compartiremos en su gloria. «Por tanto, a los ancianos entre ustedes, exhorto yo, anciano como ellos y testigo de los padecimientos de Cristo, y también participante de la gloria que ha de ser revelada» (1Pe 5:1). «A los que justificó, a ésos también glorificó» (Ro 8:30). La esperanza que realmente se conoce y atesora tiene un efecto decisivo en nuestros valores, nuestras elecciones y nuestras acciones presentes.

Cómo atesorar la gloria de Dios

Conozcan la gloria de Dios. Estudia la gloria de Dios, la gloria de Cristo. Estudien  sus almas: conozcan las glorias que los seducen y descubran cuál es la razón por la que atesoran esas glorias que no son la de Dios. Estudien sus propias almas para saber cómo hacer que las glorias de este mundo caigan como Dagón en penosos pedazos rostro en suelo en los templos del mundo (1S 5:4). Tengan hambre para ver y compartir más de la gloria de Cristo, la imagen de Dios.
Este artículo fue originalmente publicado por Ligonier Ministries en esta dirección. | Traducción: María José Ojeda
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Esposo, alza tus ojos. Carta a un potencial adúltero
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Esposo, alza tus ojos. Carta a un potencial adúltero

Querido esposo: Probablemente, podrías pensar que no soy el más indicado para aconsejar a un hombre joven sobre lo que respecta a ser fiel a su esposa. Esto, porque, en casi cincuenta años de estar junto a mi esposa, nunca he sentido la tentación de ser romántico o de tener sexo con otra mujer. Sin embargo, podría valer la pena intentar ver si este hecho (quizás inusual) tiene causas que tú puedes aplicar. Déjame ser claro: no es tan bueno como parece. La excesiva piel femenina atrae mis ojos como a los de la mayoría de los hombres. No fui diseñado para el evangelismo en la playa. Tengo cero tolerancia a los desnudos en películas —o a su sola insinuación (presente en casi todas)—. Una razón (dentro de muchas) es que cualquier imagen sexualmente cargada se aloja en mi mente con efectos lamentables. Una clarificación más: he disfrutado de una vida de intimidad sexual con mi esposa; es decir, una vida sexual tan intensa como cualquiera puede razonablemente esperar —creo—. En otras palabras, no pienso que mi desinterés de tener sexo con otras mujeres se deba a una deficiencia hormonal. Así que, volvamos al punto que necesita cierta explicación: tengo 71 años y, por 51, Noël me ha atraído sexualmente. Por 48 de esos años (desde que nos casamos), esa atracción ha sido satisfecha con alegría. Durante estos 51 años, nunca he estado románticamente atraído a otra mujer. Nunca he deseado tener relaciones sexuales con otra mujer. Cuando me enamoré de Noël en el verano de 1966, se hizo real un anhelo sexual enfocado en una sola mujer. Este peculiar deseo de tener intimidad con Noël nunca ha cambiado por tenerlo con otra mujer. ¿Existe alguna razón para esto que pueda compartirles?
1. Suplícale a Dios que te quite deseos ilícitos
Lo primero que diré es que considero que este desinterés de tener sexo con otras mujeres es un don puro de la gracia soberana de Dios. No siento que lo haya obtenido como premio por alguna disciplina virtuosa que haya realizado. Es como si Dios dijera, «tengo otros dolores con los que tendrás que luchar en tu familia. Pero te libraré de este». Nunca me he sentido como si fuera un valeroso marinero atado a un mástil mientras la voz del sexo extraño de una sirena canta su canción de seducción. No necesitaba estar atado, porque la canción no me atraía. Así que la primera cosa que quiero transmitir es esta: «pídele a Dios que te dé esto». No solo le pidas a Dios que no te haga caer en tentación, sino que también te quite cualquier deseo que tengas por cualquier otra mujer que no sea tu esposa. Suplícale esto.
2. Siente cuán repugnante y asqueroso es realmente el adulterio
Lo segundo que quisiera decirles probablemente va a sonar extraño, quizás sea incluso cuestionable. Una de las formas en que Dios me ha protegido del adulterio es que él ha hecho que lo sienta como algo repugnante. Desde que me enamoré de Noël supe que pasaría toda una vida en intimidad con ella. La sola idea de tocar a otra mujer sexualmente parecía asqueroso, nauseabundo. Esto puede sonar extraño. No he hablado de esto con muchas personas. Sin embargo, a menudo me he dicho a mí mismo, con asombro, «la idea de tener sexo con otra mujer además de Noël me parece tan repugnante como la posibilidad de tener sexo con un hombre». Cuando digo esto, soy completamente literal. No estoy solamente subiendo la escala moral al usar un lenguaje físico fuerte. Lo que quiero decir es que Dios obró un milagro en mí para hacer que el adulterio no sea algo solo moralmente incorrecto, sino que también físicamente repugnante. Esa es una de las obras más grandes de la gracia divina que he vivido. Ahora, permíteme especular respecto al origen de este regalo. Cuando Jesús quería ayudarnos a lidiar con el adulterio y la lujuria, dijo,
«Por tanto, si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno» (Mt 5:29).
El podría haber dicho, inofensivamente, «si tu ojo te hace pecar, mira hacia el otro lado, porque caer en la tentación solo puede ser dañino». ¿Por qué, entonces, quiso producir asco al usar la imagen repugnante de sacar el globo ocular de tu cabeza y tirarlo a la basura como si fuera una viscosa yema de huevo? Quizás, se debe despertar en nosotros algo más que una mera desaprobación moral: algo intenso, algo como un reflejo nauseabundo en nuestra garganta. He leído y creído en mi Biblia desde que era un niño. Las realidades de Dios, Cristo, el cielo, el infierno, la fe y la santidad siempre han estado presentes en mí (a veces como algo maravilloso, a veces como algo terrible). No son complementos adicionales a quien soy; están impregnados en mí; son parte de mí y le dan forma a lo que amo y a lo que me hace querer vomitar. Por lo tanto, mi especulación es que en algún lugar en el camino de mi vida, Dios tomó la realidad de esta gran desaprobación a la lujuria y al adulterio, y la amenaza del indescriptible sufrimiento en el infierno (Mt 5:29), y creó una conexión entre el terror físico del ardor eterno y el atentado moral de serle infiel a mi esposa. La forma que esta conexión tomó fue una repugnancia a la infidelidad marital. Puede ser muchísimo más complicado que esto, pero es lo que mejor que puedo hacer por ahora. Sea como sea que esto haya sucedido, me parece bíblicamente adecuado y agradezco a Dios por ello. Me ha liberado maravillosamente para enfocarme en otras cosas. Si esto es algo que puedo transmitirte, depende de la gracia de Dios. Sin embargo, mi sugerencia es que satures tu vida completamente con las realidades de la Escritura y ores para que veas los efectos más profundos al transformar lo que consideras deseable y lo que consideras repugnante.
3. No cambies los placeres perdurables por citas temporales
Voy a mencionar una cosa que creo que es parte de la explicación de por qué el adulterio no solo me parece un error, sino que también asqueroso. Cuando estaba comenzando la secundaria, despertó en mí algo que podría llamarse un sentido poético, espiritual, estético o místico. Era una sensación que me hacía pensar que existía algo tremendamente maravilloso y feliz que puede experimentarse más allá de los placeres del cuerpo. Si no hubiese sido cristiano, lo llamaría algo «numinoso», «algo más» o la «belleza». En otras palabras, muchas personas tienen este tipo de despertar, no solo los cristianos. No obstante, para mí, era algo particularmente cristiano. La maravilla, la belleza y la grandeza estaban en Dios, por medio de Jesús. Desde esos días, he experimentado una especie de dolor por un placer que está más allá de los placeres del cuerpo. Sin embargo, aquí está la conexión con el repugnante adulterio. Al mismo tiempo que se despertaba este anhelo por un placer celestial superior, descubrí que el pecado sexual (como la lujuria y su maestra, la masturbación) provocó que mi alma se desplomara desde las alturas de la alegría que habían logrado. Parecía que estaba siendo enfrentado a tomar una decisión entre revolcarme en el fango de las breves sensaciones físicas (llamadas placeres) o elevar mi corazón a un lugar donde se ofrece algo mucho más importante, perdurable y satisfactorio. Esto forjó en mí esta intensa convicción: el pecado sexual y la más espectacular satisfacción están en conflicto. Como dijo Jesús, «dichosos los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5:8). Ahora veo esto como el don existencial de Colosenses 3:1-5:
«...Busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba… Por tanto, hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal: inmoralidad sexual...».
En otras palabras, la inmoralidad sexual corta las alas que nos elevan hacia el mayor, más abundante y más perdurable gozo. No obstante, yo quería este gozo con determinación. A medida que crecía este deseo, también lo hacía mi oposición a cualquier cosa en mí que se interpusiera en mi camino. Colosenses 3:5 puso el pecado sexual primero en la lista. Creo que Dios convirtió proporcionalmente esta oposición en repugnancia física a medida que el deseo por placer real en Dios se hizo más fuerte.

Sigue pidiéndole ayuda a Dios

Bueno, este fue mi esfuerzo por interpretar mi experiencia a la luz de la Escritura. Espero que hayan lecciones que aprender aquí que puedas adoptar:
  • Pídele a Dios que transforme el pecado en algo repugnante para ti, no solo en algo que sea moralmente incorrecto
  • Pídele que haga que las realidades bíblicas, como el infierno y el cielo, sean terrible y maravillosamente reales para ti (lo suficientemente reales como para palparlas o sentirlas)
  • Pídele que abra tus ojos para ver la gloria del mundo espiritual «donde está Cristo sentado a la derecha de Dios»
  • Pídele que te dé un gran deseo por un placer superior en Dios que sea tan fuerte que haga que los placeres pecaminosos sean repugnantes
  • Pídele que transponga los placeres de intimidad con tu esposa en anticipos de los eternos éxtasis celestiales
Cuando hayas orado, alza tus ojos. Álzalos hacia el cielo profundo y azul. Álzalos hacia la blancura brillante de las nubes esparcidas en el cielo. Álzalos hacia la oscuridad inconmensurable de la noche plagada de estrellas. Álzalos hacia las neblinosas montañas, hacia los ríos que han fluido por miles de años y hacia los imponentes árboles que imperceptiblemente se fortalecen; hacia las anaranjadas caléndulas, las moradas viñas y las blancas margaritas; hacia los calmos lagos al anochecer y al gran arco del horizonte del océano. Quita tus ojos del computador, de tu espejo, de tu dolor, de tu sueño muerto, de tu lujuria autocompasiva. Dios te está hablando. Él está levantando banderas de advertencia para llamar tu atención. Él tiene más que darte de lo que jamás hayas probado, sentido o soñado. El precio que él pagó para satisfacer a su pueblo, con un gozo que nunca muere y con bellezas que son siempre nuevas, fue grande. No lo alejes.
John Piper © 2017 Desiring God Foundation. Publicado originalmente en esta dirección.  — Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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No se puede mantener a Jesús en el sepulcro
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No se puede mantener a Jesús en el sepulcro

Jesús estaba muerto y sepultado; una gran piedra había sido rodada para cerrar el sepulcro. Los fariseos habían ido donde Pilato; querían su autorización para sellar la piedra y hacer guardia en la tumba. Pilato respondió, «una guardia tienen; vayan, asegúrenlo como ustedes saben» (Mt 27:65). Y así lo hicieron. Hicieron todo lo posible; no obstante, fue en vano. Fue inútil en ese momento, es inútil hoy y será siempre inútil. Por más que lo intenten, nadie puede mantener a Jesús en el sepulcro; nadie puede mantenerlo sepultado. Podrían haber usado la fuerza física, la ridiculización intelectual, la censura de información, el hostigamiento político o la caricaturización religiosa. Por alguna razón, pensaron que la tumba estaba sellada definitivamente. Sin embargo, eso nunca funcionó. Jesús escapó de todas formas.

Nadie le quita su vida

No es difícil comprenderlo: él pudo escapar porque no fue forzado a entrar. Él dejó que lo calumniaran, que lo atormentaran, que lo rechazaran, que lo ridiculizaran, que lo empujaran de aquí para allá y que lo mataran. «…Yo doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo…» (Jn 10:17-18). Nadie pudo obligarlo a seguir en sepulcro porque nunca nadie lo derribó. Cuando estaba listo, él se sacrificó. Quizás en China se les han «cerrado» las puertas a los misioneros occidentales por cuarenta años. Esto no porque Jesús se resbaló y cayó dentro de la tumba, sino porque él decidió entrar. Cuando las sellaron, él salvó cincuenta millones de chinos desde adentro —sin misioneros occidentales—. Cuando llegó el tiempo indicado, él empujó la piedra para que pudiéramos ver lo que había hecho.

Jesús está trabajando en la oscuridad

Cuando parecía que Jesús estaba sepultado definitivamente, la verdad es que él estaba haciendo algo asombroso en la oscuridad. «…El reino de Dios es como un hombre que echa semilla en la tierra, y se acuesta de noche y se levanta de día y la semilla brota y crece; cómo, él no lo sabe» (Mr 4:26-27). El mundo piensa que Jesús estaba perdido (que ya no era un estorbo) y que su palabra está sepultada para siempre en el polvo de la antigüedad irrelevante. Sin embargo, Jesús estaba obrando en los lugares oscuros: «en verdad les digo que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto» (Jn 12:24). Él dejó que lo sepultaran («nadie me ...quita [la vida]») y él saldrá en poder cuándo y dónde él quiera («tengo autoridad para tomarla de nuevo»). Sus manos estarán llenas de frutos hechos en la oscuridad. «Dios lo resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte, puesto que no era posible que él quedara bajo el dominio de ella» (Hch 2:24). Jesús tiene su sacerdocio hoy «…según el poder de una vida indestructible» (Heb 7:16) [énfasis del autor]. Durante veinte siglos, el mundo ha hecho todo lo posible para mantener a Jesús en el sepulcro; todo en vano. No pueden sepultarlo; no pueden retenerlo; no pueden callarlo ni limitarlo. Jesús está vivo y completamente libre para ir y venir como le plazca. «…Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra» (Mt 28:18). Todas las cosas fueron hechas por medio de él y él está absolutamente por sobre todos los otros poderes (Col 1:16-17). Confíen en él y vayan con él, sin importar nada. Al final, no pueden perder.

Diez regalos de la resurrección

Por lo tanto, hoy, en el Domingo de Resurrección, como una contribución a la adoración de Pascua, celebren junto a mí estas diez cosas que le debemos a la resurrección de Jesús. Cada una junto a un versículo.
1. El Salvador nunca puede volver a morir
«Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos no volverá a morir» (Ro 6:9) [énfasis del autor].
2. Arrepentimiento
«El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes mataron y colgaron en una cruz. A él Dios lo exaltó a su diestra como Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento a Israel, y perdón de pecados» (Hch 5:30–31) [énfasis del autor].
3. Nuevo nacimiento
«…El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos» (1P 1:3) [énfasis del autor].
4. Perdón de pecados
«Si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es falsa; todavía están en sus pecados» (1Co 15:17) [énfasis del autor].
5. El Espíritu Santo
«A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que ustedes ven y oyen» (Hch 2:32-33) [énfasis del autor].
6. No hay condenación para los elegidos
«¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros» (Ro 8:34) [énfasis del autor].
7. La comunión personal con el Señor y su protección
«¡Recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28:20).
8. Evidencia del juicio venidero
«[Dios] ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien él ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres cuando lo resucitó de entre los muertos» (Hch 17:31) [énfasis del autor].
9. Salvación de la futura ira de Dios
«Espera[mos] de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es decir, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1Ts 1:10; ver también Ro 5:10).
10. Nuestra propia resurrección de entre los muertos
«Sab[emos] que aquél que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará junto con ustedes» (2Co 4:14; ver también Ro 6:4; 8:11; 1 Co 6:14; 15:20) [énfasis del autor]. ¡El Señor de verdad ha resucitado!
John Piper © 2016 Desiring God Foundation. Publicado originalmente en esta dirección. — Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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Una petición de Año Nuevo: ¡Planifica!
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Una petición de Año Nuevo: ¡Planifica!

La planificación y las necesidades físicas

Supón que se te viene a la mente la idea de construir una casa: te sientas, haces una lista de todos los materiales que necesitarás, y luego encargas que te los entreguen en el sitio de la construcción. Todo está apilado al centro del terreno, y al día siguiente, cuando todo se encuentra aún allí, la motoniveladora aparece para hacer la excavación necesaria. Los materiales se encuentran justo donde tendrá que excavar. ¿Por qué sucedió esto? Por un error de planificación. Sin una planificación rudimentaria, probablemente no tendrías qué comer al levantarte por la mañana. Y sin una planificación detallada, nadie podría construir una casa, ni mucho menos un rascacielos, un centro comercial o una ciudad. Si es valioso proveer un techo, alimento, vestuario y transporte, entonces es valioso planificar. Sólo nuestros impulsos más simples se llevan a cabo sin esa cuota de previsión que denominamos «plan».

La planificación y las necesidades espirituales

Todos sabemos esto y lo practicamos en relación con las necesidades físicas básicas de la vida. Damos ciertos pasos para asegurarnos de tener comida suficiente y vestimentas con las cuales abrigarnos. No obstante, ¿tomamos con la misma seriedad nuestras necesidades espirituales? ¿Hacemos un plan para maximizar nuestro ministerio aplicando la misma seriedad con que planificamos las otras áreas de la vida? Lo que quisiera hacer a continuación es intentar persuadirte de que, en este año que llega, dediques un espacio de tiempo semanal a planificar: planificar específicamente tu vida de oración, devoción y ministerio. La motoniveladora del Espíritu de Dios suele aparecer en el escenario de nuestros corazones lista para iniciar una gran obra de construcción, y se encuentra con que, debido a una pobre planificación, hay pilas de cosas desordenadas en su camino. No estamos listos para ella. La forma en que espero motivarte es dándote cuatro ejemplos de planificación provenientes de la Biblia. Primero, algunas ilustraciones de Proverbios; segundo, la planificación del apóstol Pablo; tercero, la planificación de Dios; y cuarto, la planificación de Jesús.

Ilustraciones de Proverbios

Proverbios 6:6-8: «Ve, mira la hormiga, perezoso, observa sus caminos, y sé sabio. La cual sin tener jefe, ni oficial ni señor, prepara en el verano su alimento, y recoge en la cosecha su sustento». La hormiga es un ejemplo no sólo porque trabaja duro, sino también porque planifica lo que viene. En el verano piensa en lo que necesitará durante el invierno, y esta previsión suple sus necesidades durante la estación fría. Proverbios 14:15: «El simple todo lo cree, pero el prudente mira bien sus pasos». La diferencia entre planificar y no hacerlo está en si miras a dónde irás en el futuro o si concentras toda tu atención en lo que se encuentra inmediatamente ante ti. Si no planificas, estarás a merced de quienes buscan aconsejarte que actúes bien ahora para ser feliz en el futuro. Por lo tanto, «El simple todo lo cree, pero el prudente mira bien sus pasos». Este último considera los días que vienen y lo que traerán y piensa en cuál es la mejor forma de prepararse para ellos y usarlos para cumplir sus propósitos. Proverbios 15:22: «Sin consulta, los planes se frustran, pero con muchos consejeros, triunfan». Aquí la sabiduría de planificar se da por sentada, y el escritor simplemente nos aconseja cómo hacer planes exitosos. Dice: No lleves tu independencia al extremo de creer que no necesitas consejo. Lee sobre la sabiduría de quienes han vivido antes que tú. Habla con personas experimentadas y sabias. Mira cómo otros hacen las cosas y aprende de sus errores y éxitos. Proverbios 16:3: «Encomienda tus obras al Señor, y tus propósitos se afianzarán». Una vez más, la planificación se da por sentada y la pregunta es: ¿Cómo podemos planificar de tal forma que lo que produzcamos tenga un valor perdurable y no se desvanezca de la noche a la mañana? Respuesta: Encomiéndalo al Señor. Es decir, busca siempre la guía y fortaleza del Señor en tu planificación. Confía en su sabiduría y no en la tuya. Entonces tus planes darán un fruto que permanecerá. Proverbios 24:27: «Ordena tus labores de fuera, y tenlas listas para ti en el campo; y después edifica tu casa». Probablemente esto significa que es importante poder autosustentarte usando la productividad del campo antes de establecer tu propio hogar. Quizás hoy podríamos decirle a un joven: Consigue un trabajo antes de casarte. O al menos planifica cómo vas a sustentar el nuevo hogar que establecerás. Proverbios 31:15-16: «También se levanta cuando aún es de noche, y da alimento a los de su casa, y tarea a sus doncellas. Evalúa un campo y lo compra; con sus ganancias planta una viña». Aquí, el ama de casa ejemplar es una planificadora ejemplar en dos maneras: Se levanta temprano y asigna tareas a sus criadas. No puedes asignar tareas a tus criadas si no tienes un plan de lo que quieres conseguir ese día. En segundo lugar, ella evalúa un campo y lo compra. ¿Qué evalúa? Evalúa cómo se ajustará a la planificación del hogar. Conclusión de los Proverbios: Una planificación cuidadosa es parte de lo que hace sabia y productiva a una persona. No planificar es considerado necio y peligroso. Esto es así aun cuando Proverbios nos enseña que no sabemos lo que puede traer el futuro. «La mente del hombre planea su camino, pero el Señor dirige sus pasos» (Proverbios 16:9). El hecho de que, en último término, el Señor controla el futuro, no significa que no debamos planificar. Significa que deberíamos encomendar nuestro trabajo al Señor y confiar en que Él establecerá nuestros planes según sus propósitos amorosos.

La planificación del apóstol Pablo

Tomaremos sólo un ejemplo de la planificación de Pablo entre los muchos que podríamos extraer de los Hechos y sus cartas. Romanos 15:20-28 dice:

De esta manera me esforcé en anunciar el evangelio, no donde Cristo era ya conocido, para no edificar sobre el fundamento de otro . . . pero ahora, no quedando ya más lugares para mí en estas regiones, y puesto que por muchos años he tenido un gran deseo de ir a vosotros, cuando vaya a España iré a vosotros. Porque espero veros al pasar y que me ayudéis a continuar hacia allá, después de que haya disfrutado un poco de vuestra compañía. Pero ahora voy a Jerusalén para el servicio de los santos . . . Así que cuando haya cumplido esto y les haya entregado esta ofrenda, iré a España llegando de paso a veros.

es un ejemplo típico de cómo el apóstol cumplió su misión, y creo que deberíamos aprender de él que planificar es esencial para un ministerio productivo. Y me refiero tanto a tu ministerio personal como al complejo organismo de los ministerios eclesiásticos. Pablo fue el plantador de iglesias más grande que alguna vez haya existido. En su vida, logró más por la extensión del reino de Cristo que cualquier otra persona. En consecuencia, creo que haríamos bien en tomar seriamente su método. Parte de su método era su planificación. Él seguía una directriz general: quería predicar donde nadie lo hubiera hecho antes. Luego, desarrolló un plan específico a partir de esta directriz: llevaría la ofrenda a Jerusalén; a continuación iría a Roma para establecer una base occidental y, de allí, viajaría a España. Lo que hace de esto algo especialmente importante es que, hasta donde sabemos, el plan fracasó. Pablo fue arrestado en Jerusalén. Fue a Roma como prisionero y probablemente jamás llegó a España. Es tal como vimos en Proverbios. Finalmente, es Dios quien hace el futuro. Sin embargo, planificamos. Dios usa nuestra planificación incluso si la anula. Por ejemplo, si Pablo no hubiese planificado usar Roma como base de operaciones para viajar a España, probablemente jamás habría escrito la más grande carta que el mundo haya conocido: la carta a los Romanos. Planificar es crucial para la vida y el ministerio cristiano —aun cuando Dios invalide nuestra planificación—.

La planificación de Dios

La razón de fondo por la cual debemos planificar es que Dios es un Dios que planifica y hemos sido creados a su imagen para ejercer dominio en la tierra bajo su señorío. No creo que sea siquiera posible concebir un Dios que no actúe de acuerdo a su propia planificación eterna —es decir, un Dios que responda instintivamente a estímulos en vez de llevar a cabo acciones deliberadas que se ajusten a un propósito sabio—. Isaías 46:9-10: «…yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo, que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré». Efesios 1:9-10: «…nos dio a conocer el misterio de su voluntad, según el beneplácito que se propuso en Él, con miras a una buena administración en el cumplimiento de los tiempos, es decir, de reunir todas las cosas en Cristo, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra». Hechos 2:23: «…a éste, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios…». Puesto que Dios es un Dios que hace todas las cosas de acuerdo a un plan, nos corresponde acercarnos a las cosas más importantes de la vida con previsión y planificación —no en forma azarosa—.

La planificación de Jesús

Jesús tenía una misión que cumplir, y la concluyó con previsión y planificación. Cuando se madre le instó a hacer un milagro en la boda de Caná, dijo: «Todavía no ha llegado mi hora» (Juan 2:4). Había una hora planificada y designada para que se revelara su poder. Él se ceñiría al plan. Lucas 9:51 dice: «Y sucedió que cuando se cumplían los días de su ascensión, Él, con determinación, afirmó su rostro para ir a Jerusalén». Él sabía que el plan implicaba morir en Jerusalén y no se apartó de él. Sin embargo, no fue llevado contra su voluntad. El plan del Padre era también su plan. En Juan 10:18, dijo: «Nadie me  . . . quita [la vida], sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de mi Padre».

CONCLUSIÓN:

Muy específicamente, la petición que te hago al acercarse un nuevo año es que dediques un tiempo a planificar las cosas más importantes de tu vida.

Planifica las cosas más importantes de tu vida

Planifica cómo usarás el tiempo con tu cónyuge para profundizar y fortalecer la relación. Planifica cómo usarás el tiempo en que jugarás con tus hijos y los educarás. Planifica cómo llevarás a cabo la cantidad de ejercicio que necesitas para mantenerte saludable. Planifica cómo dormirás la cantidad de tiempo suficiente. Planifica la cantidad de alimento que debes comer y la manera en que te limitarás. Planifica tus vacaciones para que te otorguen un verdadero descanso y renovación espiritual. Y lo más importante, haz planes para que la oración y la meditación en la Palabra sean partes significativas de tu vida. Sin un plan, estas importantísimas cosas siempre perderán su lugar ante las presiones urgentes.

Haz que planificar sea un elemento regular de tu vida

Sin embargo, el solo hecho de planificar algo esta noche o mañana no funcionará. Planificar debe ser parte regular de tu vida. Mi expectativa es que el personal de la iglesia que pastoreo dedique mensualmente un día entero a salir de la oficina con el único fin de orar y planificar su ministerio. Esto se agrega al tiempo que espero que todos tomemos semanalmente para planificar el trabajo de la semana. Así que la petición que te hago es que cada semana dediques tiempo a planificar, y especialmente a planificar tu vida de oración y estudio bíblico. Por ejemplo, puesto que el domingo es el primer día de la semana (¡no el último del fin de semana!), toma diez o quince minutos para pensar cuándo orarás y qué estudiarás durante la semana. Piensa en cómo Dios podría querer usarte esa semana de una manera especial. Planifica los mensajes que debes escribir, los versículos que quieres enseñar a tus hijos, la visita que quieres hacer, el libro que quieres leer, el vecino con el cual quieres hablar, etc. Los Proverbios nos enseñan a planificar; el más grande misionero que haya vivido fue un planificador; Dios es un Dios que hace todo de acuerdo a un plan; y Jesús afirmó su rostro para ir a Jerusalén por causa del más amoroso plan alguna vez concebido. Él hizo planes para nuestro gozo, y nosotros deberíamos planificar para su gloria.
John Piper. ©2015 Desiring God Foundation. Sitio web: desiringGod.org Usado con permiso. | Traducción: Cristian Morán
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Es posible rescatar tu cerebro de la pornografía
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Es posible rescatar tu cerebro de la pornografía

Hace poco escribí sobre el alcance psicológico que tiene la adicción a la pornografía [1]. En estudios recientes sobre el funcionamiento del cerebro, se sugiere que la pornografía es una adicción tan fuerte como la que produce la cocaína y la heroína debido a su combinación única de estimulante y opiáceo. La pornografía establece rutas psicológicas reales en el cerebro; toda experiencia sexual tiende a ir a esas rutas. Después de un tiempo, llegué a la conclusión de que ningún estudio de este tipo sorprende a Dios. Él diseñó la interacción entre el cerebro y el alma. Los descubrimientos de las conexiones entre la realidad física y la espiritual no se anulan entre sí.

No seas parte de la abolición del hombre

No permitas que ese estudio te lleve a pensar que eres simplemente carne y químicos. Este es el gran mito del mundo moderno —lo que C. S. Lewis denominó la abolición del hombre—. Esta es la teoría que postula que el pensamiento humano no es más que movimiento en el cerebro; una teoría que se desarrolló para destruirse a sí misma. Lewis vio que los tentáculos del materialismo estaban alcanzando todos los ámbitos:

“Siempre habrá evidencia, evidencia fresca, todos los meses, de que la religión es sólo algo psicológico; de que la justicia es sólo autoprotección; la política, simple economía; el amor, sólo lujuria; y el pensamiento, nada más que bioquímica del cerebro” (“Transposición”, El peso de la gloria [2]).

Sin embargo, Lewis vio que en realidad nadie actúa como si creyeran estas cosas. Están jugando un juego de palabras. Él ilustra esta situación usando la relación entre el pensamiento y el cerebro:

Estamos seguros de que, al menos en esta vida, el pensamiento se relaciona íntimamente con el cerebro. Por lo tanto, en mi opinión, la teoría de que el pensamiento es sólo un movimiento del cerebro es completamente absurda; pues, de ser así, esa misma teoría sería puro movimiento, una interacción entre átomos que podría tener velocidad y dirección pero que no podría considerarse “verdadera” o “falsa” (“Transposición”, El peso de la gloria).

Lewis no está aquí jugando a invertir el juego. Habla muy en serio al decir que, quienes están aboliendo a los hombres, no quieren reconocer que niegan la existencia de significado haciendo declaraciones que pretenden tener sentido.

Ocúpate de la conexión entre la mente y el cuerpo

El significado está enraizado en la verdad supramaterial. No eres sólo materia y energía. Eres un alma encarnada que vivirá para siempre en el cielo o en el infierno, creado a la imagen de Dios, distinto a los animales, un cristiano comprado por la sangre del Hijo de Dios, y en quien mora el Espíritu del mismo Dios. Estas son realidades extraordinarias —realidades más grandes que las endorfinas y la dopamina—. Dios entretejió los nervios físicos y los afectos espirituales suprafísicos —deseo, miedo, alegría, ira, pena, admiración, confianza, estima y amor—. En lugar de dejar que esa conexión te desanime, ocúpate de ella y haz que sirva para tu santidad. Es lo que la Biblia te llama a hacer. No pienses que la Biblia guarda silencio respecto a este asunto tan importante de la mente y el cuerpo —el pensamiento y el cerebro; los afectos y los químicos—. Dios hizo todas esas conexiones entre lo físico y lo suprafísico y Dios tiene la sabiduría para vivir en ellas. Toma en consideración estas cuatro observaciones llenas de esperanza:
1. Una renovación profunda, que incluye el cerebro
Los estudios sobre el funcionamiento del cerebro corresponden a una ciencia que está recién comenzando; estos son sus primeros descubrimientos. Apenas han comenzado siquiera a hallar un nombre para los misterios de cómo la verdad y la belleza utilizan como medio el lenguaje, luego entran al cerebro como un pensamiento y enseguida derivan en el correspondiente proceso químico. Por lo tanto, debemos tomarnos de esta maravillosa conexión y declarar lo que la Biblia dice: “...contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados…” (2 Co 3:18). Obviamente, ver cuerpos desnudos cambia el cerebro; sin embargo, ¿por qué pensamos que ver la gloria de Cristo ejerce un cambio más débil? Si las rutas creadas en el cerebro pervierten nuestros afectos y nuestro comportamiento, no cometas el error salvaje de asumir que la santificación sólo puede crear rutas más débiles. Pablo nos llama a “[ser] renovados en el espíritu de su mente, y se vistan del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad” (Ef 4:23-24). Permanece atento, no sea que asumas que la renovación del “espíritu de la mente” no deja rastros en las rutas del cerebro, porque sí lo hace. Pablo dice, “...se han vestido del nuevo hombre, el cual se ha renovado hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de Aquel que lo creó” (Col 3:10). Si ver desnudos en Internet crea nuevas rutas en el cerebro, cuánto más ver a Cristo —la vista espiritual del “...evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios” (1 Co 4:4)—. No somos nosotros quienes debemos crearnos nuevos cerebros: “...somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús…” (Ef 2:10). No te intimides por el estudio del funcionamiento del cerebro, pues Dios hizo el cerebro y también escribió la Biblia.
2. Cristo ensangrentado, malos olores y osos
Además, sabemos por experiencia que no somos esclavos de esos poderosos cambios pornográficos en nuestros cerebros. No los subestimo y, a juzgar por los efectos continuos de mi bobería adolescente, aun a mis sesenta años, he probado el increíble poder permanente de los antiguos patrones pecaminosos. Sin embargo, no somos como el caballo o el mulo que necesitan de brida y freno para arrearlos y sujetarlos (Sal 32:9). Tú sabes esto: si estuvieras controlado por un gran deseo sexual de pornografía, y Jesús mismo se parara en tu cuarto, salpicado en sangre, con las manos temblorosas de dolor, con los ojos llenos de amor, respirando con dificultad, como un hombre moribundo, tú sabes —sí, lo sabes— que en ese momento tendrías el poder para no mirar pornografía mientras Jesús estuviera ahí. Así que no eres un esclavo. Las bien marcadas rutas neurológicas no ganarían, porque no son Dios; no tienen la última palabra. O a un nivel más físico, sabes por experiencia que un simple olor —como por ejemplo de excremento humano, basura rancia, o tu propia axila— puede eliminar el deseo sexual inmediatamente. ¿Qué significa esto? Significa que esas rutas neuronales no son definitivas. Se puede triunfar sobre ellas; no eres una simple víctima. O considera esto: estás acampando en el bosque y estás a punto de fornicar. Nunca pensaste que sería así, pero el deseo simplemente te ha dominado. Espera, ¿es realmente así? ¿Qué pasaría si, en el momento de mayor pasión, justo antes de la penetración, escucharas el bramido de un oso y vieras su enorme silueta en la carpa? ¿Seguirías siendo esclavo de la lujuria? ¿O acaso el miedo no vencería completamente a esos químicos? Ten cuidado de pensar que eres una víctima del efecto eufórico de la dopamina y de las endorfinas, porque no lo eres. Dios tiene formas de revelar al Cristo ensangrentado y pasmarte con olores y osos para rescatarte para él. Él se rebajará a esto por amor.
3. Satanás, sexo y químicos
Las emociones supraquímicas —afectos espirituales— se transponen en respuestas físicas correspondientes en el cerebro. Esto significa que puedes combatir el fuego físico con fuego espiritual y viceversa. Dios nos ordena que luchemos por obtener fruto espiritual empuñando las armas fisiológicas con manos espirituales. ¿Alguna vez has tomado en cuenta las maravillosas implicancias del consejo que Pablo, en 1 Corintios 7:5, da para vencer a Satanás en el ámbito sexual? Cuidado, soltero. Quizás llegues a la conclusión de que esto es irrelevante para ti, o son malas noticias, pero no es así. Pablo les dice a los esposos y a las esposas, “No se priven el uno al otro, excepto de común acuerdo y por cierto tiempo, para dedicarse a la oración. Vuelvan después a juntarse, a fin de que Satanás no los tiente por causa de falta de dominio propio.” Esto implica que Pablo busca que los matrimonios cristianos luchen contra el poder sobrenatural de Satanás teniendo relaciones sexuales suficientemente frecuentes. En términos fisiológicos: existen químicos del cerebro que aumentan el deseo sexual a medida que el periodo de abstinencia crece. El poder de esos químicos disminuye después del orgasmo. Por lo tanto, dice Pablo, usa esa realidad fisiológica del matrimonio para disminuir tu vulnerabilidad a la tentación de adulterio y pornografía que Satanás presenta. Por supuesto, esta no es la única ni la principal arma en nuestro arsenal, pero sí es una de ellas. Además, ilustra la validez de usar armas fisiológicas contra la oposición fisiológica. Los solteros podrían decir con razón, “no tengo esa arma matrimonial en particular en mi arsenal”. Tienen razón, y los admiro por decirlo. Sin embargo, aférrense a dicho principio mientras se aplique a ustedes. Existen realidades fisiológicas que saben que afectan su vulnerabilidad a la tentación. Úsenlas para la guerra.
4. El Espíritu Santo, el descanso y el dominio propio
Pero, ¿es eso espiritual? ¿No es el dominio propio un “fruto del Espíritu Santo” más que un fruto de relaciones sexuales frecuentes? El dominio propio es un fruto del Espíritu (Gá 5:23), pero no con exclusión de otras fuerzas. Es decir, la manera que el Espíritu tiene para producir su fruto incluye a menudo medios muy naturales. Por ejemplo, otro fruto del Espíritu es la paciencia (Gá 5:22); no obstante, ¿quién de nosotros negaría que nuestra paciencia aumenta y disminuye según las horas de sueño que tuvimos? El amor, dice Pablo, es “paciente… no se irrita” (1 Co 13:4-5). Sin embargo, nos irritamos fácilmente y somos menos pacientes cuando no hemos tenido suficiente descanso en la noche. Lo que infiero de esto es que una de las muchas armas en el arsenal del Espíritu Santo es dormir. Él nos humilla para que nos demos cuenta de que no somos Dios y que necesitamos ser indefensos como bebés siete u ocho horas diarias, para ser las personas amorosas y pacientes que él nos llama a ser. De manera similar funciona con el dominio propio en la sexualidad. El Espíritu Santo nos enseña por medio de la Escritura, la experiencia, y otras personas, cómo funcionan nuestros cuerpos. Su intención es que nos apoyemos en su poder a medida que usamos las armas fisiológicas que él nos da para ir contra esos deseos.

Encontrar el verdadero éxtasis

El estudio sobre el funcionamiento del cerebro está en lo cierto: nuestros cerebros son profundamente moldeados por lo que vemos. Mientras más veamos, mejor pavimentadas y controladoras serán esas rutas. Sin embargo, no somos sus víctimas. Estos poderes fisiológicos no son definitivos, pero Dios sí lo es. Él nos ha dado armas espirituales tan poderosas fisiológicamente como la pornografía. Él también desea ser visto —frecuente y profundamente (2 Co 3:18; 4:4)—. Además, los poderes espirituales de su Palabra y de su Espíritu tienen el derecho de reclutar fuerzas fisiológicas para su servicio. Así, al final, Dios puede rescatar las rutas que la pornografía ha trazado y transponer el brillo de esas mismas rutas en el éxtasis de conocer a Cristo.

[1] El autor se refiere al artículo «La pornografía: la nueva droga».

[2] Puesto que a la fecha no contamos con una versión de esta obra en español, las citas han sido traducidas con el texto original y el apoyo de una versión portuguesa.

John Piper © 2015 Desiring God. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda.
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La pornografía: la nueva droga
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La pornografía: la nueva droga

“La nueva droga”. Morgan Bennett acaba de publicar un artículo con este título, en donde postula la siguiente tesis:

Investigaciones en materia neurológica han revelado que el efecto que la pornografía tiene en el cerebro humano es al menos igual de potente que las sustancias químicas adictivas como la cocaína o la heroína.

Para empeorar las cosas, mientras en Estados Unidos los consumidores de cocaína suman 1,9 millones y los de heroína 2 millones, los consumidores habituales de pornografía (a través de Internet) alcanzan los 40 millones.

La razón por la que el poder adictivo de la pornografía puede ser peor es la siguiente:

La cocaína es considerada un estimulante que aumenta los niveles de dopamina en el cerebro. La dopamina es el principal neurotransmisor liberado por las sustancias más adictivas. Provoca un impacto en los sentidos y, posteriormente, ansias de sentir nuevamente ese efecto —a diferencia de la sensación de satisfacción que provocarían las endorfinas—.

La heroína, por otro lado, es un opiáceo que produce un efecto relajante. Ambas drogas producen una tolerancia química, lo cual exige usar cantidades cada vez más grandes de droga para alcanzar un efecto de la misma intensidad.

La pornografía, tanto por provocar excitación (el efecto de estar “drogado” por la dopamina) como por causar orgasmos (el efecto de “liberación” de los opiáceos), es un tipo de droga múltiple que libera de una sola vez ambos químicos adictivos en el cerebro, aumentando su tendencia a la adicción.

Sin embargo, Bennett dice, “la pornografía hace más que sólo estimular el nivel de dopamina en el cerebro para obtener una sensación de placer. Literalmente, cambia la materia física dentro del cerebro para que las nuevas ‘rutas’ neurológicas exijan material pornográfico con el fin de obtener la satisfacción deseada”.

Imagina que el cerebro es como un bosque donde los senderos están llenos de pisadas de excursionistas que caminan a lo largo del mismo camino una y otra vez, día tras día. La exposición a imágenes pornográficas crea rutas neuronales similares que, conforme avanza el tiempo, se convierten cada vez más en caminos “bien pavimentados” a medida que se las usa repetidamente en cada exposición a la pornografía. Esas rutas neurológicas se convertirán finalmente en el camino del bosque del cerebro por el cual transitarán las interacciones sexuales. De este modo, un consumidor de pornografía “crea inconscientemente un circuito neurológico” que somete su perspectiva sexual natural a las normas y expectativas de la pornografía.

Estas rutas adictivas no sólo provocan que filtremos todo tipo de estimulación sexual a través de la pornografía, sino que también despiertan ansias de “contenido pornográfico más innovador, como actos sexuales más tabúes o pornografía infantil o sadomasoquista”.

Esto empeora:

Otro aspecto de la adicción a la pornografía, que sobrepasa las características adictivas y dañinas del abuso de sustancias químicas, es su permanencia. Mientras que las sustancias pueden eliminarse del cuerpo, las imágenes pornográficas no, porque quedan guardadas en la memoria del cerebro.

“En resumen”, escribe Bennett, “las investigaciones confirman el grave hecho de que la pornografía es un sistema de suministro de droga que tiene un efecto claro y poderoso en el cerebro humano y el sistema nervioso”.

Nada de esto sorprende a Dios. Él diseñó la interacción entre el cerebro y el alma. Que se descubra una dimensión física asociada a la realidad espiritual no anula la realidad espiritual. Cuando Jesús dijo, “pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón” (Mt 5:28), él veía muy claro —de la misma forma en que un diseñador ve su invento— que el ojo físico tiene efectos profundos en el “corazón” espiritual. Cuando el sabio del Antiguo Testamento dijo literalmente en Proverbios 23:7, “pues como él piensa en su interior, así es él”, vio con una claridad similar que los actos del alma crean el ser. Lo que se piensa con el alma tiene relación con el “ser” y ese “ser” incluye el cuerpo. En otras palabras, afecta ambas partes. La realidad física afecta el corazón y el corazón afecta la realidad física (el cerebro). Por lo tanto, la horrible noticia que las investigaciones nos han dado sobre el poder esclavizante de la pornografía no es la última palabra: la última palabra la tiene Dios. El mayor poder lo tiene el Espíritu Santo. No somos simples víctimas de nuestros ojos y de nuestros cerebros. Sabemos esto por las Escrituras y por la experiencia.
John Piper. ©2015 Desiring God Foundation. Sitio web: desiringGod.org. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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¿Deberíamos mi novio y yo viajar solos?
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¿Deberíamos mi novio y yo viajar solos?

Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper. ¿Es sabio que novios viajen juntos? ¿¡Quedarse en el mismo hotel!? ¿Deberían? Es una pregunta que nos hacen regularmente. Esta vez, nos la hizo una jovencita. «Hola pastor John. Mi novio y yo planeamos irnos de viaje en tres semanas, lo planeamos hace cinco meses. Mi mamá me dice que teme por nosotros y por las tentaciones que surjan durante el viaje. Le he asegurado que aunque hemos caído en tentación en el pasado, hemos buscado a Dios desesperadamente y el consejo de otros cristianos para confrontar ese patrón y que realmente lo hemos dejado a los pies de la cruz. Después de discutir esto respetuosa y completamente, concluímos que estaremos bien».  «Hoy mi mamá nuevamente me confrontó y me dice que ella cree que estamos deshonrando a Dios, aunque nos quedemos en habitaciones separadas toda la semana. Aunque estoy frustrada, tampoco quiero deshonrar los deseos de mis padres. Estoy intranquila preguntándome si estamos deshonrando a Dios al viajar juntos antes de casarnos».   Sabes, he pensado sobre esta pregunta y he pensado en ideas que compartiré en solo un minuto. Sin embargo, al escucharte leer esta pregunta de nuevo, Tony, me enoja el chico. Es decir, me piden responderle a la jovencita, y lo haré, pero mientras lees la pregunta, solo quiero decir: «ya pues, chico, ya pues. Muestra tu respeto por esta mamá. Guarda este viaje para después». Bueno, suficiente de eso. Permíteme responder.

Cambio cultural

Permíteme darte tres razones desde la Biblia del por qué creo que los instintos éticos de tu madre son correctos. Creo que no es sabio que una pareja no casada vaya en un viaje como este juntos (y no solo no es sabio, sino que contrario a las tres directrices bíblicas). En primer lugar, déjame sugerir por qué creo que esto es incluso un problema entre tú y tu madre. Probablemente, hace cincuenta años, cuando yo tenía 20, ir en un viaje de tres semanas como una pareja no casada habría sido algo más impensado de lo que es hoy. ¿Por qué? Por al menos dos razones. Una de ellas es que el mundo considera normal el sexo fuera del matrimonio. Evitar situaciones donde podría suceder más fácilmente no tiene sentido en la cultura más amplia. Existe menos apoyo cultural para la convicción de que esos viajes no son sabios. Esa es la primera razón e incluso es un problema: un cambio cultural como ese (no es un cambio saludable). La otra razón es que, por cincuenta años, ha existido una presión cultural cada vez mayor de tratar a los hombres y a las mujeres como si fueran lo mismo, lo que significa que es tan legítimo ir de viaje con una jovencita como lo es ir con un jovencito; de otra manera, es injusto. Ahora, considero trágicas ambas transformaciones culturales y que llevan a mucho pecado y mucho dolor, heridas y daño en todo tipo de formas y relaciones. Requiere una fuerte confianza y valentía para una persona joven nadar contra tales olas culturales. Espero que seas ese tipo de persona fuerte, confiada y valiente, y espero que este novio lo sea también. Ese es el escenario; ese es el escenario que pienso que crea el conflicto.

Deseos engañosos

Ahora bien, a continuación te mostraré tres enseñanzas bíblicas que creo que deben provocar que no viajes ahora y lo guardes para cuando estén casados. En primer lugar, Dios creó el cuerpo y la mente humana de tal manera que aquellos que están enamorados deseen con mucha fuerza tocarse mutuamente e ir hacia el clímax sexual juntos. Eso es normal; es inevitable que ese deseo ocurra. Dios ha asegurado el porvenir de la alegría de esa relación y satisfacción en el matrimonio y no en otro lugar. Tú ya has descubierto (lo dijiste) que mucho tiempo juntos, especialmente en privado, hace que esos deseos sean muy fuertes. Esos deseos ya te han llevado a la actividad sexual de la que te arrepientes. Si amas agradar al Señor en pureza de mente y cuerpo, esta es la directriz que Dios da en Romanos 13:14: «Antes bien, vístanse del Señor Jesucristo, y no piensen en proveer para las lujurias de la carne». Ese término, no piensen en proveer significa que no te pongas a ti misma en una posición innecesaria que probablemente fomente deseos que no puedas controlar. Si dices: «Oh, podemos controlarlos», te recordaría dos cosas. La primera es que Dios nos advierte que los deseos son engañosos (Ef 4:22). Son engañosos y el pecado también lo es (Heb 3:13). Esto significa que los deseos del cuerpo tienen un gran poder sobre la mente y sobre la voluntad que te hace pensar y desear neciamente. Ese es su poder. Algunas tentaciones, por lo tanto, deben ser evitadas, no solo resistidas. Dios sin duda podría haber atrapado a Jesús si es que Él hubiese saltado desde el templo, ¿cierto (Lc 4:9-12)? Sí, podría haberlo hecho. Habría sido algo, fácil, fácil, fácil. Dios puede hacer eso así como también puede librarte de la fornicación. Jesús le dijo a Satanás: «No voy a saltar. Punto». Su razón fue la que debe ser la tuya: «No tentarás al Señor tu Dios» (Lc 4:12). Dios puede, si quiere, guardarte pura en ese viaje, pero sus advertencias son tales que deberías decir: «no pondré a prueba al Señor en esto». Esta es la primera razón.

Un mundo que observa

Esta es la segunda enseñanza bíblica que debe provocar que guardes este viaje para cuando estén casados. La mayoría de las personas del mundo, tanto religiosas como irreligiosas, asumen que si viajan juntos, dormirán juntos. La mayoría que los ve ni siquiera sabrá que están en habitaciones separadas y el resto pensará que estar en habitaciones separadas no evitará que duerman juntos. Después de todo, para la mayoría de los jóvenes hoy, el sexo antes del matrimonio es normal. Te verán como alguien que está encajando en el mundo nada más. Eso es lo que ellos asumirán. Las personas formadas bíblicamente asumirán que eres descuidada, si es que no estás pecando. Las personas que no tienen una formación bíblica, aquellas que deben importarte mucho, asumirán que estás teniendo sexo. Eso es lo que van a asumir. No hay otra manera en que piensen de ti mientras te observan. Esto es lo que Dios dice acerca de este tipo de observaciones del mundo. Él dice: «A fin de que se conduzcan honradamente para con los de afuera» (1Ts 4:12). Esta palabra, honradamente (del griego euschēmonōs) es una palabra muy interesante. Significa rectamente, debidamente, adecuadamente, apropiadamente. O «Respeten lo bueno delante de todos los hombres» (Ro 12:17); o «Nos preocupamos por lo que es honrado, no solo ante los ojos del Señor, sino también ante los ojos de los hombres» (2Co 8:21). Si amas a Cristo más que a la diversión de ese viaje y quieres que sus vidas hablen claramente sobre sus estándares de pureza, no creo que priorices este viaje por sobre tu compromiso de comunicar claramente la belleza de los estándares de Cristo por pureza. Ese viaje no comunica eso.

Proteger al débil

En tercer lugar, al irte en este viaje o al no hacerlo, debilitas o fortaleces los estándares de otros cristianos, especialmente de los más jóvenes que podrían ser incluso más débiles que tú y están buscando más justificaciones para hacer lo que tú estás por hacer. Pablo dice: «Por tanto, si la comida hace que mi hermano caiga en pecado, no comeré carne jamás, para no hace pecar a mi hermano» (1Co 8:13). Ahora bien, ¿cuánto más evitaría un viaje de tres semanas que normalizará aún más una práctica que la mayoría de las personas simplemente no podrán realizar con pureza sexual? Déjame decirlo nuevamente: ¿cuánto más Pablo diría: «no voy a ir en un viaje de tres semanas que normalizará una práctica que la mayoría de las personas simplemente no serán capaces de realizar con pureza sexual»? ¿Tienes el derecho de hacer este viaje en tu libertad cristiana? Probablemente. «Ese no es el problema», diría Pablo. «No dando nosotros en nada motivo de tropiezo, para que el ministerio no sea desacreditado» (2Co 6:3). Para Pablo, esto significa no hacer cosas que él tenía todo el derecho de hacer. El problema no son los derechos. El problema es el amor y la pureza, y si es que tú participarás en un patrón cultural que a la larga es destrucción. Debido a esas tres enseñanzas bíblicas, creo que los instintos morales de tu madre por este viaje son correctos. Te animaría a guardar el gozo de es tipo de unión extendida para el matrimonio. No te arrepentirás.
John Piper © 2019 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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¿Cómo los cristianos, con Biblia abierta, pueden entender la epidemia del coronavirus?
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¿Cómo los cristianos, con Biblia abierta, pueden entender la epidemia del coronavirus?

Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper. Estoy seguro de que estás consciente de que el coronavirus continúa acaparando los titulares a medida que se esparce a lo largo del mundo, presente ahora en 53 países. El número de los infectados está por sobre las 83.000 personas. Las víctimas fatales son casi 3.000. Es una epidemia multinacional que está cerca de convertirse en una pandemia mundial. En situaciones como esta, es muy fácil perder la fe y vivir atemorizados por los titulares y lo desconocido. Esta incertidumbre mundial ya ha alcanzado a varios países; sin embargo, hace varios días comenzamos a recibir mensajes de nuestros auditores del Sudeste Asiático que nos actualizaban de la situación allá. Dentro de ellos, un hombre que está en Singapur nos escribió esto: 
Querido pastor John, ¡hola! Me gustaría preguntarle sobre el brote desplegado de coronavirus que comenzó en China y ha avanzado infectando muchas personas más alrededor del mundo. Cuando llegó a Singapur, el gobierno y los ciudadanos respondieron bien y nuestros esfuerzos colectivos recibieron elogios internacionales. No obstante, las respuestas de la iglesia están mezcladas. Muchos continúan realizando servicios dominicales, con las precauciones correspondientes; otras, suspendieron todos los servicios de la iglesia. Algunos pastores están prometiendo: «si eres creyente, ¡Dios no permitirá que el virus te toque!»; otros pastores dicen: «este es el juicio de Dios sobre las ciudades pecaminosas y las naciones arrogantes». Pastor John, ¿cómo los cristianos, con Biblia abierta, pueden entender la epidemia del coronavirus?
Bien, intentaré responder, con una Biblia abierta frente a mí, la pregunta que se me hizo: «¿cómo podemos entender esto? ¿Cómo comprenderlo?». Sin embargo, antes de hacerlo, permíteme solo decir que tengo cierto recelo, porque hago una distinción entre ayudar a las personas a prepararse para sufrir al entender la enseñanza bíblica del sufrimiento; esa es una cosa. Otra cosa es encarnar física y emocionalmente esa teología cuando alguien está sufriendo. Y ahora hay miles de personas que están muriendo, lo que significa que existen cientos de miles de personas que están llorando las pérdidas de sus seres queridos. Lo que estoy a punto de decir podría no ser oportuno para alguna de sus vidas, si yo estuviera en terreno, en una iglesia, buscaría discernimiento para saber si es momento de decirlo o no.

Nadie más fuerte que Jesús

Con ese prefacio, permíteme intentar responder lo que se me ha pedido: cómo comprender lo que está ocurriendo con este virus mortal. Comencemos con un hecho empírico e histórico y con un hecho claro de la Biblia. El hecho empírico es que en el Día del Señor, un domingo, 26 de diciembre, 2004, más de 200.000 personas murieron por un tsunami en el Océano Índico, incluyendo iglesias enteras reunidas para adorar en el Día del Señor, barridas por la muerte. Ese es el hecho histórico. Ese tipo de cosas le han ocurrido a cristianos, por todo el tiempo que han existido los cristianos. Ahora, el hecho bíblico se encuentra en Marcos 4:41: «Aun el viento y el mar le obedecen [a Jesús]». Eso es verdad tanto hoy como lo fue entonces. «Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos» (Heb 13:8). Por lo tanto, juntemos esos dos hechos (el histórico y el bíblico) y obtendremos esta verdad: Jesús podría haber detenido el desastre natural del 2004, pero no lo hizo. Puesto que Él siempre hace lo que es sabio, correcto, justo y bueno, entonces, Él tuvo propósitos sabios y buenos para ese fatal desastre. Diría lo mismo, por tanto, sobre el coronavirus. Jesús tiene todo el conocimiento y toda la autoridad sobre las fuerzas naturales y sobrenaturales de este mundo. Él conoce exactamente dónde comenzó el virus y hacia dónde se dirige. Él tiene el poder completo para detenerlo o no. Y eso es lo que está sucediendo. Ni el pecado, ni Satanás, ni la enfermedad, ni el sabotaje son más fuertes que Jesús. ÉI no puede ser acorralado; nunca es forzado a tolerar lo que no quiere. «El consejo del Señor permanece para siempre, los designios de su corazón de generación en generación» (Sal 33:11). «Yo sé que Tú puedes hacer todas las cosas», dice Job en su propio arrepentimiento, «y que ninguno de tus propósitos puede ser frustrado» (Job 42:2). Por lo tanto, la pregunta no es si Jesús está supervisando, limitando, guiando, gobernando todos los desastres y todas las enfermedades del mundo, incluso todas sus dimensiones pecaminosas y satánicas, porque sí lo hace. La pregunta es, con nuestras Biblias abiertas, ¿cómo debemos entender esto? ¿Cómo comprenderlo? A continuación, comparto cuatro realidades bíblicas que podemos usar como elementos básicos en nuestro esfuerzo para entender y comprender este virus:
1. Sujeta a frustración
Cuando el pecado entró en el mundo por medio de Adán y Eva, Dios ordenó que el orden creado, incluso nuestros cuerpos físicos como personas creadas a su imagen, experimentaran corrupción y frustración, y que todo lo viviente muriera. Los cristianos, al ser salvados por medio del Evangelio de la gracia de Dios, no escapan a esta corrupción y frustración física ni a la muerte. La base de este punto se encuentra en Romanos 8:20–23 (NVI):
Porque [la creación] fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que [Dios] así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. [Y este es el verso clave para los cristianos] Y no solo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo.
Viene el día cuando toda la creación será liberada de la esclavitud y de la enfermedad, del desastre y de la muerte, y heredará la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Hasta entonces, los cristianos, dice Pablo, «que tenemos las primicias del Espíritu» gemimos con toda la creación, compartiendo la corrupción y la frustración, las enfermedades, los desastres y la muerte, mientras esperamos con gemidos la redención de nuestros cuerpos (eso ocurre en la resurrección). La diferencia para los cristianos, que confían en Cristo, es que la experiencia que tenemos de esta corrupción no es condenación. Romanos 8:1: «Por tanto, ahora no hay condenación». El dolor para nosotros es purificador, no punitivo. «Dios no nos ha destinado para la ira» (1Ts 5:9). Morimos por enfermedades como todos los hombres, no necesariamente por un pecado en particular; eso es realmente importante. Morimos por enfermedades como todas las personas debido al pecado. Sin embargo, para quienes están en Cristo, el aguijón de la muerte es removido (1Co 15:55). Ese es el elemento esencial número uno para entender lo que está sucediendo.
2. La enfermedad como misericordia
A veces Dios provoca enfermedades en su pueblo como un juicio purificador y rescatador, que no es condenación, sino un acto de misericordia para sus propósitos salvíficos. Este punto se basa en 1 Corintios 11:29-32. Este texto lidia con el mal uso de la Cena del Señor, pero el principio es más amplio. Este es:
Porque el que come y bebe sin discernir correctamente el cuerpo del Señor, come y bebe juicio para sí [esto se refiere a los cristianos en la Mesa del Señor]. Por esta razón hay muchos débiles y enfermos entre ustedes [ustedes, cristianos], y muchos duermen. Pero si nos juzgáramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados. Pero cuando somos juzgados [con esta enfermedad, debilidad y muerte], el Señor nos disciplina [disciplina como a un hijo] para que no seamos condenados con el mundo.
Ahora, asimila esto. El Señor Jesús toma la vida de sus amados y las lleva por debilidad y enfermedad —las mismísimas palabras, por si acaso, que se usan para describir las debilidades y enfermedades que Jesús sana en su vida terrenal (Mt 4:23;8:17; 14:14)— y los lleva al cielo. Él los lleva al cielo debido a la trayectoria del pecado de ellos que Él estaba cortando y del que los salva. No castigándolos, sino que salvándolos. En otras palabras, algunos de nosotros morimos debido a enfermedades «para que no seamos condenados con el mundo» (v. 32). Si Él puede hacer eso en algunos de los amados en Corinto, Él puede hacerlo en muchos, incluso por medio del coronavirus. Y no solo por abusar de la Cena del Señor, sino que también por otros tipos de trayectorias pecaminosas, aunque no toda muerte se debe a un pecado particular. Este es el elemento esencial número dos.
3. La enfermedad como juicio
A veces Dios usa las enfermedades para ejercer juicios particulares sobre aquellos que lo rechazan y se entregan al pecado. Daré dos ejemplos: en Hechos 12, Herodes, el rey, se exaltó a sí mismo al ser llamado dios. «Al instante, un ángel del Señor lo hirió, por no haber dado la gloria a Dios; y Herodes murió comido por gusanos» (Hch 12:23). Dios puede hacer eso con todos los que se exaltan a sí mismos. Esto significa que debemos maravillarnos de que más de nuestros gobernantes no caigan muertos cada día debido a su arrogancia ante Dios y el hombre. Pura gracia y misericordia común. Otro ejemplo es el pecado del acto sexual homosexual. En Romanos 1:27 (NVI) dice: «Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión». Ese es un ejemplo de la ira de Dios en Romanos 1:18, donde dice: «Porque la ira de Dios se revela [está siendo ahora] desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad». Ese es el elemento esencial número tres, que Dios puede usar la enfermedad, y lo hace, para ejercer juicio a veces sobre aquellos que lo rechazan a Él y a sus caminos.
4. El trueno de Dios
Todos los desastres naturales (ya sean inundaciones, hambrunas, langostas, tsunamis o enfermedades) son un trueno de la divina misericordia de Dios en medio del juicio, llamando a su pueblo en todas partes a arrepentirse y a realinear sus vidas, por gracia, con el valor infinito de la gloria de Dios. La base para este elemento esencial se encuentra en Lucas 13:1-5. Pilato había sacrificado adoradores en el templo. La torre de Siloé se había derrumbado y había matado dieciocho transeúntes. La multitud quería saber de Jesús, igual como me han preguntado a mí: «bueno, explícame esto, Jesús. Dinos qué piensas sobre estos desastres naturales y esta crueldad. Estas personas solo estaban ahí y ahora están muertas». Esto es lo que Jesús responde en Lucas 13:4-5: «¿O piensan que aquellos dieciocho, sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, eran más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Les digo que no; al contrario, si ustedes no se arrepienten [Jesús hace el cambio de ellos a ustedes], todos perecerán igualmente». Ese es el mensaje de Jesús al mundo en este momento de la historia, bajo el coronavirus; un mensaje para cada uno de los seres humanos. Tú y yo, y todos los que están leyendo, y cada gobernante en el planeta, cada persona que escucha esto, está recibiendo un mensaje de trueno de Dios, que dice: «arrepiéntete». (Y creo que las autoridades chinas deben poner especial atención, pues recientemente —leí otro artículo sobre esto hace solo unos días— han sido cada vez más duros y represivos con los seguidores de Cristo). Arrepiéntete y busca que la misericordia de Dios alinee sus vidas, nuestras vidas, con su valor infinito.
John Piper © 2020 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper. Las parejas jóvenes enfrentan muchas preguntas. ¿Pueden usar métodos anticonceptivos? ¿Deberían? ¿La esposa puede ser el sostén de la familia en este tiempo? ¿Debería? Parejas jóvenes enfrentan preguntas como estas en los años de transición entre que terminan la universidad y comienzan sus carreras profesionales. El correo electrónico que recibí es de un joven.   «¡Hola pastor John! Soy estudiante de penúltimo año de pregrado con planes de ir a la facultad de medicina cuando me gradúe. Mi novia y yo hemos estado en una relación por cinco meses y estamos considerando seriamente casarnos. Tenemos el apoyo de nuestra comunidad de la iglesia, hemos preservado nuestra pureza física y ambos somos cristianos creciendo en madurez. Al ir a la facultad de medicina, no seré capaz de sustentar económicamente a mi familia por al menos cuatro años si mi novia y yo nos casamos. Mis dos preguntas son: (1) ¿Honra a Dios que una pareja en esta situación use métodos anticonceptivos? (2) ¿Sería incorrecto casarnos sabiendo que mi novia siente que su principal llamado es ser esposa y madre y que no será capaz de hacer esto por los cuatro años que yo esté en la facultad de medicina? ¿Qué consejo le darías a una pareja en esta situación?». 

Decidir esperar

Bien, sería un hipócrita si no te contara nuestra historia para luego arrepentirme y pedirte que hagas algo diferente o afirmarla y recomendarla por razones bíblicas. Así que, aquí voy: En primer lugar, quiero alabar a Dios porque tienes una comunidad de iglesia muy fuerte y que te importa lo que ellos piensan de tu relación. Alabo a Dios porque han preservado su pureza sexual. Qué gran evidencia de la gracia y del poder de Dios en tu vida. Provoca que mi corazón cante. Noël y yo comenzamos sobre una base similar de gracia soberana. Nos casamos justo después de haber salido de la universidad, y yo estaba iniciando, en ese momento, seis años más de universidad (tres años de seminario y tres años de trabajo doctoral). Noël no tenía aspiraciones profesionales a excepción de estar junto a mí y acompañarme en el llamado de Dios en mi vida, tener hijos, hacer un hogar para ellos y hacer un hogar para mí. Su principal deseo era unirse a mí en cualquier dimensión de nuestro ministerio que fuera adecuado para sus dones. Esto suena familiar a tu situación. A medida que conversamos esto y buscamos sabiduría en la Escritura, nos pareció que por un tiempo, sería bueno para los propósitos a largo plazo de Dios en nuestras vidas posponer tener hijos. Así que tomamos pasos para evitar el embarazo (espero que sin ningún componente abortivo). La razón por la que digo espero es porque yo era tan ignorante a fines de los sesenta y principios de los setenta. Era muy ignorante; era tan ingenuo en ese tiempo que quizás no tomamos todas las precauciones necesarias que debimos para asegurarnos de que la manera en que estuviéramos evitando la concepción haya sido realmente no abortiva. Tiemblo por lo que podríamos haber hecho sin saber. Pero nadie necesita cometer ese error en ignorancia hoy.

Sostén de la familia

Ahora, de igual manera, conversamos y buscamos sabiduría en la Escritura para saber si Noël podría ser el principal sostén de la familia por un tiempo. Nos parecía adecuado que ella fuera nuestro principal sustento económico por un tiempo, al yo proveer algunos ingresos por ser ayudante de enseñanza. Los abarrotes nos costaban unos $10 dólares a la semana y nuestra pequeña casa en Pasadena costaba $75 dólares al mes; y nos gustaba. Nos las arreglábamos. No teníamos ahorros y casi no teníamos deuda. Digo casi porque hubo un pequeño momento en el que pedí $1.500 dólares al final del semestre. Fui y tomé un préstamo universitario, el que devolví al dividirlo en dos por un trato especial que ellos tenían. Así que no quiero decir sin deudas, sino que casi sin deudas.

Tomar riesgos

Cuando nos dirigimos a la escuela de postgrado en Alemania, y aunque Noël había conseguido trabajo en European Exchange (hasta ese momento había trabajado por tres años; era el principal sostén de la familia a lo largo de todo mi tiempo en el seminario) ambos comenzamos a sentir, en ese momento, en nuestro cuarto año de matrimonio, que seguir posponiendo los hijos era algo que no deseábamos. Queríamos hijos y no podíamos seguir esperando seis años más. Tan solo no nos parecía bien. Así que nos deshicimos de los anticonceptivos y, ¡bum!, nos embarazamos casi inmediatamente. No teníamos un plan claro. Ninguno. Ya sea que consideres esto sabio o no, lo haría de nuevo. No teníamos un plan claro respecto a cómo sustentarnos o pagar la escuela de posgrado. Podrías pensar que eso fue imprudente. No obstante, llegan momentos en tu vida —quiero ser cuidadoso con esto—, no diré que es la norma y que siempre tienes que actuar de esta misma manera, pero hay momentos en la vida cuando piensas que vale la pena el riesgo. Parece ordenado por Dios. No aseguras que sea infalible, simplemente parece lo correcto. Solo sabíamos que parecía correcto en ese momento avanzar con una familia. Con siete meses de embarazo, Noël renunció a su trabajo. Desde entonces, nunca trabajó fuera de la casa en un trabajo regular (han pasado 46 años) por decisión propia.

La provisión de Dios

Ahora bien, no sabíamos que haríamos económicamente, así que oramos fervientemente por sabiduría y provisión. Sonó el teléfono una tarde y mi profesor Leonhard Goppelt dijo: «Herr Peeper» —él me llamaba así— «un estudiante de África tenía una beca de la iglesia del estado de Bavaria, pero no podrá venir. ¿Te gustaría recibir esta beca? Es solo para estudiantes extranjeros y puesto que estás casado, serán 770 marcos alemanes al mes». Quedé pasmado; tan solo temblaba. «Uh, sí, nos encantaría, nos encantaría tomarlo». Y desde ese día hasta el final de nuestros estudios, esos 770 marcos alemanes al mes cubrieron nuestros gastos. Llegamos a nuestros estudios doctorales sin dinero en el banco y volvimos a casa sin dinero en el banco. Sin embargo, no teníamos deuda. Y nuestro bebé nació en Alemania. Ahora, por supuesto, que lo hayamos hecho de esa manera no hace que sea correcto. No obstante, pienso que hacerlo así puede ser correcto si tu corazón es correcto y si estás confiando en las promesas de Dios y buscando ser santo en todo lo que haces, con una visión de glorificar a Cristo en todo.

Métodos anticonceptivos

Permíteme decir una palabra sobre las circunstancias en las que sería correcto usar métodos anticonceptivos (o control de natalidad mejor dicho). He hecho episodios de Ask Pastor John [Pregúntale al pastor John]: «¿Deben los cristianos usar la píldora anticonceptiva?» y «¿Es pecado el método anticonceptivo permanente?» Puedes encontrarlo en la página web de Desiring God [disponibles en inglés]. Lo esencial del argumento es esto:
  1. Según 1 Corintios 7:2-5, las relaciones sexuales en el matrimonio no son solo para hacer bebés. Tan glorioso y bendecido como es, el sexo tiene otros propósitos. Ese es el primer paso en la discusión.
  2. Tener hijos en el matrimonio es normativo y bueno de la misma manera que casarse es normativo y bueno. Génesis 2:18 dice: «No es bueno que el hombre esté solo». Es normativo. Sin embargo, Pablo dice que podrían existir miles de razones para no casarse (1Co 7:32-35), infiero que, de igual manera, existen miles de razones para posponer el embarazo; no solo razones egoístas. Si es egoísmo, no debes posponerlo.

Un tiempo de trabajo

Ahora, con respecto a que Noël trabajó siendo el sostén de la familia por un tiempo, consideramos que eso fue un tipo de extensión de dos realidades bíblicas. Una es que las mujeres en la Biblia, y a lo largo de toda la historia, estaban casi siempre completamente comprometidas a hacer del campo una empresa sustentable o cualquier otro negocio familiar que sustentara a la familia. Solo lee Proverbios 31. Nadie es un perezoso en esta familia. Se requiere que todos participen para hacer que el negocio de nuestra familia funcione, para poner pan en la  mesa. La otra realidad es que en miles de situaciones un esposo podría estar muerto o incapacitado, lo que significa que el sustento de la familia recae en cada persona que tiene un cuerpo capacitado, especialmente en la mamá. Nuestro pensamiento era que mis estudios, ese pequeño tiempo, era esencial para el negocio a largo plazo de la familia como la concebimos. Noël vio ese tiempo, en el cual ella era el principal sostén de la familia, como parte del esfuerzo unido general que estábamos haciendo juntos para crear un hogar que pensamos que Dios nos estaba llamando a largo plazo, conmigo como el sostén de la familia. Pienso que el esposo como sostén de la familia es normativo como parte de lo que significa ser la cabeza del hogar en el liderazgo, la protección y la provisión. Por tanto, espero que esto ayude a darte al menos un destello del esfuerzo de una pareja falible para andar en la verdad.
John Piper © 2019 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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Mi esposo es un hombre pasivo, ¿qué puedo hacer?
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Mi esposo es un hombre pasivo, ¿qué puedo hacer?

Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper. Es desgarrador leer correos electrónicos de esposas desanimadas, como este caso enviado por una oyente llamada Stephanie. «Hola, pastor John. En relación al episodio “Cómo priorizar el matrimonio por sobre el trabajo y los niños” y un episodio más antiguo que trataba sobre los esposos que lideran a sus mujeres: ¡oh, cuánto anhelo ser liderada por mi marido de la manera en que lo describes! Pero no es así en mi caso.   «He esperado y orado por esto y se lo he pedido a mi esposo por muchos años. Quiero que oremos juntos con regularidad, tener citas de esposo y esposa, metas espirituales y muchas otras cosas importantes que involucra administrar una familia. Sin embargo, siento como si estuviera tirando de de un barco cuesta arriba por una montaña. Él quiere tener una vida fácil y disfrutar de la televisión y los deportes; yo anhelo cosas más profundas. Me doy cuenta de que no es mi trabajo y no tengo el control para cambiarlo. He estado casada por catorce años. ¿Qué me dirías a mí, pastor John, una esposa en espera?

El rol de Dios

Es realmente importante cuando Stephanie dice: «me doy cuenta de que no es mi trabajo y no tengo el control para cambiarlo». Quisiera estar de acuerdo con esto en gran parte, pero no lo estoy completamente. Permíteme decir la salvedad y luego voy a redondear para ver el punto en el que concuerdo con ella. Concuerdo con ella en que al final solo Dios puede profundizar con su esposo y despertar los tipos de anhelos y pasiones que ella está impaciente por ver en él. Creo que su impulso es correcto, que sus esfuerzos para cambiar a su marido normalmente fracasan porque él podría muy fácilmente interpretarlos como si ella estuviese convirtiéndolo en un proyecto o que lo está tratando como un niño u oprimiéndolo con una continua desaprobación, consiguiendo que ninguno de ellos produzca lo que anhela.

Los medios de Dios

Sin embargo, no es del todo correcto decir: «no es mi trabajo cambiarlo». La razón por la que digo esto es por lo que dice 1 Pedro 3:1-2: «mujeres, estén sujetas a sus maridos, de modo que si alguno de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres, al observar ellos su conducta casta y respetuosa». Pedro le está diciendo a estas mujeres que hagan su esperanza, propósito y oración cambiar a sus esposos para que sean hombres creyentes. Eso es lo que quiere. «Hazlo para que ellos crean; vive de esta manera para que ellos puedan creer». Por supuesto, eso no significa que convertir al esposo recae final o decisivamente en el poder de la esposa. Pedro está hablando de lo que es secundario y posible, causas que realmente importan. Dios podría usar el comportamiento humilde, piadoso, amoroso y de apoyo de su esposa para cambiar la voluntad de un esposo a escuchar el Evangelio y ser salvo. Ahora, creo que el mismo principio corre para la santificación de un esposo así como también para su salvación inicial. «Por si acaso Dios les da el arrepentimiento» (2Ti 2:25). Ese es el arrepentimiento inicial y continuo. Dios lo hace, pero Él usa medios. Y uno de los medios para despertarlos es la manera en que la esposa vive, cree y ama. Él puede o no hacerlo. Dios podría darles arrepentimiento.

El llamado de Dios

No obstante, Stephanie, es fundamental ser muy cuidadosos respecto a pensar en la relación de la esposa con su marido como algo que se puede calcular con el fin de cambiarlo. La posición de ella es análoga, diría, a la de una mujer soltera que quiere casarse. Su enfoque en la vida debe ser vivir una vida de soltería productiva que honre a Cristo, en lugar de convertir cada situación en un esfuerzo para conseguir un hombre. Eso fracasa y así también los matrimonios en donde el cónyuge calcula cada situación para traer cambio sobre el otro cónyuge. No obstante, cuando Pablo nos dice cómo amar en 1 Corintios 13:4-7, él menciona quince cosas que hace el amor hacia la persona amada o el cónyuge, por ejemplo. Ninguna de ellas incluye cambiar a la otra persona. Estas son; cuéntalas:
El amor es paciente y bondadoso. El amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante. No se porta indecorosamente-, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido. El amor no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1 Corintios 13:4–7).

El propósito de Dios

Permíteme ser muy serio contigo, Stephanie. Al haber aconsejado matrimonios por setenta años ya, creo que debes profundizar lo suficiente en tu propia alma y en la Palabra de Dios para darte cuenta de que tu marido probablemente nunca sea el líder profundo y espiritualmente fuerte que quieres que sea. Necesitas tener eso en cuenta. Creo, francamente, que esa es la manera en que la mayoría de los matrimonios funcionan. En diez, veinte, treinta años, te das cuenta de que no está saliendo de acuerdo a lo que soñaste. Él o ella no es todo lo que querías, lo que esperabas o incluso piensas que no es el correcto. Simplemente, no está ocurriendo. Diría que ahí es donde la mayoría de los matrimonios están. Esto quiere decir que el propósito de Dios para ti es redefinir y profundizar tu fe y tu santidad a través de las partes decepcionantes de la personalidad de tu marido. Lo diré de nuevo. El propósito de Dios para ti es que redefinas y profundices tu fe y tu santidad a través de las partes decepcionantes de la personalidad de tu marido. La lucha de la fe es tratar a tu marido cada vez mejor con los recursos que encuentras en Cristo.

El plan de Dios para el cambio

Pablo le dijo a la iglesia de Tesalónica: «Los exhortamos, hermanos, a que amonesten a los indisciplinados, animen a los desalentados, sostengan a los débiles y sean pacientes con todos» (1Ts 5:14). Es muy probable de que los indisciplinados, los desalentados y los débiles estén casados. Ese es el tipo de cónyuge que la gente tenía en esa iglesia. Es útil si meditas en esas tres palabras, en especial en el griego. En primer lugar, tenemos indisciplinados: holgazanes, desordenados y perezosos. Luego, desalentados: que tienen poco ánimo, incapaces de sentir atracción por cosas grandes y mayores, que se desaniman fácilmente y se contentan con experiencias insignificantes. Finalmente, débiles: vulnerables a algo que los incapacita; una limitación debilitante. Podría ser física o mental. Pablo no indica mucho en ese verso de que este tipo de personas se irán en algún momento. Siempre estarán con nosotros en la iglesia y quizás en una familia. Oramos; esperamos que crezcan. Eso no está mal; de hecho, creo que es esencial. Oramos y esperamos el crecimiento, pero la Palabra para nosotros es que seamos pacientes con todos ellos. El amor sufre mucho y es amable. ¿Por cuánto tiempo? Bueno, los votos matrimoniales dicen: «en las buenas y en las malas mientras ambos vivamos». Dios proveerá cada gracia que necesitas para asegurarte de que tu matrimonio sea el lugar más fructífero para crecer en piedad.
John Piper © 2019 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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El coronavirus y Cristo
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El coronavirus y Cristo

Importa poco lo que pensemos sobre el coronavirus. Sin embargo, importa una eternidad lo que Dios piensa. Él no está en silencio respecto a lo que piensa. Difícilmente, una página en la Biblia es irrelevante para esta crisis. Nuestra voz es hierba; la de Él es granito. «Toda carne es como la hierba, y toda su gloria como la flor de la hierba. Sécase la hierba, cáese la flor, pero la palabra del Señor permanece para siempre» (1P 1:24-25). Sus palabras en la Escritura «no se puede[n] violar» (Jn 10:35). Lo que Él dice es: «verdaderos, todos ellos justos» (Sal 19:9). Escuchar a Dios y creer en Él es como construir tu casa en la roca y no en la arena (Mt 7:24). Su voz no es solo verdadera; es perfectamente sabia para cada situación. «Maravilloso su consejo y grande su sabiduría» (Is 28:29). «Su entendimiento es infinito» (Sal 147:5). Cuando da un consejo sobre el coronavirus, este es firme, inquebrantable y perdurable. «El consejo del Señor permanece para siempre» (Sal 33:11). «Su camino es perfecto» (2S 22:31). Sus palabras en estos tiempos no son solo verdad y sabiduría; también son preciosas y dulces. «Deseables más que el oro [...] más dulces que la miel y que el destilar del panal» (Sal 19:10). Son la dulzura de la vida: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6:68). Y con una vida indestructible vienen palabras de paz y gozo inquebrantables: «Tus palabras eran para mí el gozo y la alegría de mi corazón» (Jr 15:16). Y la dulzura no está perdida en este momento de amarga providencia. No si hemos descubierto el secreto de estar «como entristecidos, pero siempre gozosos» (2Co 6:10). El secreto es este: saber que la misma soberanía que puede detener al coronavirus y no lo hace, es la misma soberanía que sustenta al alma en medio de él. Sin duda, más que sustentar, endulza con la esperanza de que para aquellos que confían en Él, sus propósitos son amables, incluso en la muerte.   «Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios» (Ro 11:22). Su providencia es dulce y amarga. Noemí no pecó cuando dijo: «El trato del Todopoderoso me ha llenado de amargura» (Rut 1:20). Era verdad. Lo dijo en el momento en que todo su destino estaba a punto de cambiar. Este no es un tiempo para visiones sentimentales de Dios. Es un tiempo amargo; Dios lo envió. Sabemos esto, porque Él «obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad» (Ef 1:11). Todas las cosas. Ningún gorrión cae al suelo sin el permiso del Padre celestial (Mt 10:29). La naturaleza no es soberana. Satanás no es soberano. El hombre pecador no es soberano. Dios los gobierna a todos (Lc 8:25; Job 1:12, 2:6; Hch 4:27-28). Por tanto, decimos junto a Job: «Yo sé que Tú puedes hacer todas las cosas, y que ninguno de tus propósitos puede ser frustrado» (Job 42:2).  Por lo tanto, Dios no solo puede comprender el coronavirus, Él tiene un propósito para él. Dios no hace nada y no permite nada sin sabios propósitos. No hay nada que simplemente ocurre. Todo fluye del consejo eterno de Dios (Ef 1:11). Todo es sabiduría. Todo está lleno de propósito. Para quienes confían en Jesucristo, todo es bondad. Para otros es un llamado misericordioso de aviso: «Y el que tiene sed, venga; y el que desee, que tome gratuitamente del agua de la vida» (Ap 22:17). Nuestra esperanza y oración es que los recursos que dejaremos a continuación, que planeamos suplementar semanalmente ¹, puedan ser de ayuda para anclar tu alma a la Palabra de Dios. Que puedas ver la grandeza, la belleza y el valor de Jesucristo (Fil 3:8). Que puedas atesorarlo por sobre la salud y la vida (Sal 63:3). Y que Dios sea glorificado en ti, mientras eres satisfecho en Él. 
Esto traigo a mi corazón, Por esto tengo esperanza: Que las misericordias del Señor jamás terminan, Pues nunca fallan sus bondades; Son nuevas cada mañana; ¡Grande es tu fidelidad! «El Señor es mi porción», dice mi alma, «Por tanto en Él espero» (Lam 3:21–24)
John Piper © 2020 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.

[1] Nota del editor: Estos recursos serán publicados en inglés semanalmente en www.desiringgod.org. Si quieres estar al tanto visita su sitio web. Pronto estarán disponibles algunos de ellos en español, aquí en Acceso Directo.
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Los Salmos deben ser cumplidos
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Los Salmos deben ser cumplidos

A medida que se avecina la Semana Santa, podemos escuchar el alma de Jesús mientras canta silenciosamente los Salmos. Jesús citó los Salmos más que a cualquier otro libro del Antiguo Testamento:  Él ofreció un pan verdadero mejor que el maná dado por Dios en el Salmo 78:24 (Jn 6:31). Él interpretó los «hosannas» de los niños como un eco del Salmo 8:2 (Mt 21:16). Anunció con el Salmo 118:26 que vendría el día en el que todo Israel lo vería en el triunfo final y diría: «Bendito aquel que viene en el nombre del Señor» (Mt 23:39). Él vio en sí mismo la maravilla de una piedra rechazada convirtiéndose en la piedra angular del Salmo 118:22-23 (Mt 21:42). Él absorbió el odio de sus enemigos con las palabras del Salmo 35:19 (Jn 15:25). Él abrazó el trágico rol de Judas con el Salmo 41:9 (Jn 13:18). Él desvió la acusación de blasfemia con el Salmo 82:6 (Jn 10:34). Dejó aturdido al sumo sacerdote al reclamar un puesto a la diestra de Dios con el Salmo 110:1 (Mt 26:64) Su clamor de abandono en la cruz estalló del Salmo 22:1 (Mt 27:46).  Con su último aliento, Él encomendó su espíritu a Dios con el Salmo 31:5 (Lc 23:46).  Cuando Jesús citó los Salmos, Él nunca miró un manuscrito. No puedes sostener un manuscrito en la corte cuando tus manos están atadas o clavadas a una cruz. Él se los sabía. Muchos de ellos, sin duda, de memoria.  En otras palabras, Jesús no solo cumplió los Salmos; estaba lleno de ellos. Él no solo dijo: «Era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito... en los Salmos» (Lc 24:44); también dijo: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4:4). Los Salmos fueron su alimento; y Él era su cumplimiento. 

Su guión y su fuerza

Para Jesús, los Salmos eran la mismísima Palabra de Dios. Él dijo que David escribió sus salmos «por el Espíritu Santo» (Mr 12:36). Es por eso que «era necesario que se cumpliera[n]» (Lc 24:44). Es por esto, después de citar el Salmo 82:6, que dijo: «La Escritura no se puede violar» (Jn 10:35). Por esa razón, eran su alimento y Él era su cumplimiento.  Toda la Escritura (pero en especial los Salmos) era el guión y la fuerza de la vida de Jesús. Jesús era verdaderamente Dios y verdaderamente hombre. Como verdadero Dios, Él era omnipotente y no necesitaba nada. Como verdadero hombre, Él era frágil y necesitaba fuerza. Él necesitaba el alimento de la Escritura para tener la fuerza para cumplir la Escritura. De esta manera, Él se hizo para nosotros un ejemplo de la vida por fe. 
Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan sus pasos, el cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en su boca; y quien cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a quien juzga con justicia (1Pe 2:21-23). 
En su perfecta calidad de hombre, Jesús no era autosuficiente. Él buscó a su Padre para encontrar todo lo que necesitaba con el fin de llevar a cabo la voluntad de su Padre. Él sabía que debía morir. Y Él sabía que sin el poder sustentador de su Padre, la debilidad de su carne humana fallaría en la hora de la prueba, por eso oró. 
Cristo… habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que lo podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente (Heb 5:7).
No es que fue salvado del evento de la muerte, sino que fue salvado de la maldición de la muerte que destruye la fe. La muerte vino, pero no ella venció. 

Escucha lo que su alma canta

La fuerza para conquistar la incredulidad, cuando Jesús murió, vino de la Palabra segura de Dios; especialmente los Salmos. Él no obtuvo su poder del pan; lo obtuvo de «toda palabra que sale de la boca de Dios». Él confió en las promesas de su Padre; y siguió el plan de su Padre.  El plan fue escrito en los Salmos; la fuerza le fue dada por medio de los Salmos. Ellos eran su alimento que sustentaba la fe para que Él pudiera ser el cumplimiento obediente de su Padre. Por lo tanto, el ejemplo que nos dejó fue cómo vivir por fe en la gracia futura; la gracia futura prometida a Él en los Salmos. No porque necesitaba gracia, sino porque necesitaba la ayuda que para nosotros es toda gracia.  Jesús no tenía pecado (1Pe 2:22). Cuando su Padre escuchó sus oraciones, Él era digno de ser escuchado. Jesús no suplicó por la sangre de Jesús para ser escuchado. Sin embargo, Él sí oró pidiendo ayuda; y sí confió en las promesas, en la provisión y en el poder de su Padre. Así es como Él se convierte en nuestro ejemplo en el sufrimiento.  El alimento sustentador de los Salmos y el guión infalible de los Salmos llevó a Jesús a la Semana Santa (y a la cruz). Por lo tanto, te invito de nuevo: ven, escucha al alma de Jesús mientras canta silenciosamente los Salmos en sus días finales. Sintoniza tu corazón con los Salmos con el sonido de la fe de Jesús. 
John Piper © 2019 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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¿Cómo batallo contra mis temores por el coronavirus?
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¿Cómo batallo contra mis temores por el coronavirus?

Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper. Bienvenidos a este episodio especial del podcast de Ask Pastor John. Parece oportuno abordar aquí algunos aspectos de la actual pandemia del coronavirus. Como están las cosas, no se le dedicará mucha atención. Sin embargo, creo que existen un par de aspectos que necesitamos abordar, basados en las preguntas que ustedes, nuestra audiencia, nos han enviado en el último par de días. Pero, primero, pastor John, sospecho que a muchas personas solo les gustaría saber cómo está físicamente en este tiempo. ¿Asumo que pasa mucho tiempo en casa? Estamos mucho en casa. Bueno, ¿quién sabe? El 20 de diciembre, 2006, pensé que estaba bien. El 21 de diciembre, 2006, tenía cáncer. Por lo tanto, no tengo idea de cómo estoy. Sin embargo, me siento bien, y no creo que estemos enfermos ni cuento con enfermarme. Pero el Señor reina. La adoración es diferente, por supuesto. La Iglesia bautista Bethlehem se reúne en línea. Hace cuatro domingos, nos juntamos con un grupo de diez personas y cantamos en el sótano de los Livingston y seguimos la transmisión en vivo del servicio. Esta vez solo fuimos Noël y yo. Y te digo, si un esposo y una esposa nunca se han sentado en dos sillas adorando solos con su iglesia y cantando solos, deberían intentarlo. Se vuelve más dulce, si puedes superar la vergüenza. Esta es mi esposa: hueso de mis huesos, carne de mi carne. Si puedes superarlo, entonces será lindo; fue lindo. Por lo tanto, eso ha sido diferente. Mi trotadora no cambia; está arriba en el altillo. Sigo haciendo el mismo tipo de ejercicio que siempre. Realizo todo tipo de videoconferencia. Hace unas semanas, tuve una con los chicos de T4G. Estuve ahí con un grupo de liderazgo —contigo Tony— en Internet, por video de Zoom. Tengo sesenta episodios listos para Look at the Book [Mira al Libro] sobre el primer capítulo de Efesios. Así que, mientras tanto, no estamos desperdiciando el tiempo aquí. Pero esto es grave. Deseo que las personas sean muy, muy serias al respecto y no le quiten importancia, porque creo que Dios está a cargo. Él está diciendo algo. Necesitamos preguntarnos: «¿qué está diciendo Dios?», porque Él está a cargo. Él no hace las cosas de cualquier manera. Él tiene propósitos. Por lo tanto, estoy muy confiado en Él y me entusiasma discernir lo que quiere que digamos. Amén. Por esa razón, continuamos con mucho trabajo en DesiringGod como lo usual, incluso en medio de esta pandemia. Obviamente, ya no podemos viajar. Ese es el cambio más grande hasta ahora. Acabo de terminar una cadena de viajes: estuve enseñando en Frisco, Texas y luego en Austin. Estuve en Seattle hace dos semanas, mientras la ciudad cerraba. Y, en medio de todo esto, se canceló tu gran viaje al Sudeste Asiático.  Sí, es por eso que he logrado grabar tantos episodios de Look at the Book [Mira al Libro], porque dijimos: «bueno, sumerjámonos profundamente para hacer episodios de Look at the Book [Mira al Libro] mientras deberíamos estar en Asia». Es genial saber que Noël y tú están bien de salud. Nosotros también. La familia tiene buena salud y las cosas parecen estar yendo bien, al menos en todos los aspectos externos. Como sabes, hay un sentido de temor abrumador ahora mismo, pastor John. Y lo vemos en muchos de los correos electrónicos que nos llegan de nuestros oyentes en Estados Unidos. Los títulos son inquietantes: pareciera que el índice Dow Jones está bajando miles de puntos cada día. El mercado de consumo se ha congelado en gran manera. Las aerolíneas están disminuyendo el servicio y pronto podrían detenerse. Y junto con la huelga viene la pérdida de ingresos e incluso de trabajos. Estamos escuchando ahora de compañeros de DesiringGod, nuestros donadores, que enfrentan nuevas luchas en el mercado, enfrentando los cierres, la incapacidad de trabajar normalmente e incluso la dura realidad de dejar ir empleados a los que no pueden poner a trabajar. Mientras tanto en la televisión, los políticos dan conferencias de prensa en vivo todo el día con las últimas noticias, con las estadísticas de infectados y con la intención de convencer a las personas a que se queden en casa. El brote del virus continúa acabando con Italia, España, Alemania, pero también se ha acercado mucho más a casa en estados como Nueva York o Nueva Jersey. Todos los estados en Estados Unidos tienen casos ahora y nuestros hospitales están comenzando a sentir la oleada. Los ciudadanos mayores saben que son el blanco de esto. Y el virus está provocando falla pulmonar en una demografía más joven de la que se pensó previamente. Los ancianos están estresados. Los adultos de todas las edades están estresados. Los niños están estresados. Los padres están estresados. Los dueños de negocios están estresados. Los papás que proveen están estresados. Pocos de nosotros sabemos si este virus nos infectará. Sin embargo, el efecto en cadena ya ha impactado a cada uno de nosotros. Y ahora nos han dicho que esto podría durar meses. Por lo tanto, ¿qué les dirías, pastor John a los muchos oyentes que están luchando por la fe ahora mismo y luchando contra el temor (físico o económico)? 

Paz inquebrantable

Cuando pienso en lo valioso, la valiosa experiencia, de ser libre del temor, libre de la ansiedad, lleno de paz, lleno de contentamiento de cara al peligro, mi pregunta es esta: ¿quién es el que puede tener una libertad del temor, una libertad de la ansiedad, una paz inquebrantable y un contentamiento  garantizado, bien fundado, justificado, dado por Dios y sustentado por Dios? ¿Quién puede presentar una solicitud legítima de estos tesoros? Es clarísimo en la Palabra de Dios que Él manda y Él ofrece una vida sin temor y de paz.
El Señor es el que me ayuda; no temeré; ¿qué podrá hacerme el hombre? (Heb 13:6). Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús (Fil 4:6–7). He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación [con o sin coronavirus] (Fil 4:11).
Esto es lo que Dios ofrece: ningún temor, ninguna ansiedad, paz sobrenatural, contentamiento sobrenatural en toda circunstancia, ya sea horrible o feliz. La pregunta es: ¿a quién se le da esa maravillosa experiencia sobrenatural de no temer y de paz?

Enraizados en la realidad

En otras palabras, en una pandemia o no, no me interesa una mera experiencia psicológica sin temor y con contentamiento que no esté basada en la realidad. El objetivo de nuestras vidas no es tener un estado psicológico mental que sea agradable sin referencias a la realidad. El objetivo es tener en nosotros, y en otros por medio de nosotros, estados psicológicos, espirituales y físicos de felicidad que estén basados en la realidad que represente a nuestro Hacedor y que será verdad en un millón de años más. Ese es el único tipo de valentía y contentamiento que me importa. Por lo tanto, el tipo de valentía que ves en las películas, donde los héroes presumidos siguen siendo geniales en situaciones peligrosas y alardean de su audacia, no me interesa en lo absoluto. Para nada, porque no se basa en la realidad.
  • Dios es real.
  • El pecado es real.
  • El infierno es real.
  • Jesucristo es real.
  • La sangre derramada en la crucifixión es real.
  • El Espíritu Santo es real.
  • La fe y la ausencia de fe son reales.
  • El cielo es real.
  • El alma humana que existirá por siempre en el cielo o en el infierno es real.
Esas son las enormes realidades del universo, y ninguna valentía que ves en las películas está basadas en cualquiera de ellas. Por lo tanto, no tiene valor como algo a lo que admirar o a lo que aspirar.

El temor desentierra nuestros cimientos

Lo que Dios está haciendo (dentro de un millón de otras cosas) con el coronavirus es forzar el asunto de la realidad. El temor es una de las pruebas de fuego para saber si es que basas tu vida en la realidad o en el espejismo de pilares que ignoran a Dios, sosteniendo el templo cultural del secularismo. La prueba para los cimientos de tu vida es el temor. Oh, qué precioso regalo Dios nos está dando para descubrir, mientras tenemos tiempo, que los pilares que sostienen tu paz son falsos y están hechos de papel maché. ¡Qué regalo! No quiero comenzar solo diciendo (puesto que me preguntaste por el temor): «¡no teman! ¡No teman! ¡No teman!». Puesto que todo lo que sé es que las personas que están leyendo esto deberían temer porque los pilares de sus vidas están hechos de papel maché. Sus vidas no están cimentadas en la realidad. No sé. Sin duda me encantaría ayudarlos a que no sea así. Existen razones, garantías, fundamentos y cimientos gloriosos, sólidos e indestructibles para no temer a lo que el coronavirus pueda hacerle a tu salud, a tu negocio, a tu familia, a la economía, a la civilización occidental o a la historia como la conocemos. Existen fundamentos en la realidad para no temerle a nada de esto. Por tanto, mi pregunta es: ¿quién puede tener una libertad del temor garantizada, bien fundamentada, justificada, dada y sustentada por Dios, y un contentamiento inquebrantable, agradable y perdurable? La respuesta se entrega en un versículo: una de las promesas más magníficas, más integrales, más estabilizantes, más preciosas, y mejor conocidas de la Biblia:
Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para  los que son llamados conforme a su propósito (Ro 8:28).
¿Quién es el que debe disfrutar de la valentía y de la paz de que absolutamente todo lo relacionado a este coronavirus está obrando para su bien eterno? Y la respuesta es esta: aquellos que aman a Dios y aquellos que son llamados conforme a su propósito. Esta es una de las diez mil cosas que Dios está haciendo por medio de este horrendo virus. Él le está diciendo al mundo, Él nos está diciendo a nosotros, lo que le dijo a Pedro en Juan 21:16: «¿Me amas?». Eso es lo que está diciendo. Y Jesús lo hizo más evidente en Mateo 10:37: ¿me amas más que a cualquier cosa? ¿Más que a ellos? ¿Más que a tu madre o a tu padre, que a tu hijo o a tu hija? En segundo lugar, está diciendo lo que dijo por medio de Pedro en 2 Pedro 1:10: «Sean [...] diligentes para hacer firme su llamado y elección». El coronavirus es una pregunta que despierta al mundo, especialmente a los cristianos: ¿es tu vida una confirmación de que Dios te ha llamado de la oscuridad a su luz maravillosa? Esas son las personas (los que han sido llamados y los que aman a Dios) que tienen una garantía, un fundamento, un cimiento en la realidad para no temer, sino que para ser sostenidos por una paz inquebrantable.

Lo que el coronavirus no puede tomar

Romanos 8 —«el gran ocho»— es un texto que, creo, todos en este periodo de aislamiento deben memorizar. Es una sugerencia: eso es lo mejor que puedes hacer con tu tiempo. Romanos 8 da enormes fundamentos para esta valentía que cualquier cosa en el mundo; que cualquier cosa que el mundo tenga que ofrecer. Mencionaré cuatro:
  1. Para los que han sido llamados y que aman a Dios en Jesucristo, toda la justa condenación de Dios hacia ti fue puesta en Jesús y ahora no hay condenación (no hay castigo) para quienes están en Cristo: «enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne» (Ro 8:3). La condenación para quienes están en Cristo ya no existe, pues ocurrió en el Calvario. Eso es maravilloso.
  2. La disposición de Dios para sacrificar a su único Hijo por los que han sido llamados y que lo aman significa que Él no solo murió en el lugar de ellos, sino que no les retuvo nada por su eterno bien: «El que no negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas?» (Ro 8:32). Por tanto, todo lo que necesitamos para glorificar a Dios y para tener un gozo eterno, Él nos lo garantiza en la cruz en este tiempo de coronavirus.
  3. Nadie que sea llamado por Dios fallará en alcanzar la gloria eterna. Existe una inquebrantable cadena de devoción al pacto de que Dios guardará a sus llamados para siempre: «A los que predestinó, a esos también llamó. A los que llamó, a esos también justificó. A los que justificó, a esos también glorificó» (Ro 8:30). Ninguno de los que ha llamado está perdido, jamás.
  4. Finalmente, esto es lo que todo esto significa: ni tribulación, ni angustia, ni persecución, ni hambruna, ni desnudez, ni peligro, ni espada, ni el coronavirus, ni el colapso económico, ni la anarquía total, ni el fin del mundo puede separarnos del amor de Cristo. Eso incluye a la muerte, especialmente a la muerte, porque Romanos 8:36 dice: «Por causa tuya somos puestos a muerte todo el día».
No importa si mueres por el coronavirus o porque una pandilla anticristiana te mató. Nada puede «separar[nos] del amor de Dios que es en Cristo Jesús» (Ro 8:39). «Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Ro 8:37). Por lo tanto, cristiano, por lo tanto, cristiano, amante de Dios, llamado de las tinieblas a su luz maravillosa, levanta tu cabeza, pon una canción en tus labios, ama a tu prójimo y no temas. Esos son algunos pilares sólidos bajo la vida cristiana. Gracias, pastor John. Y sí, «qué precioso regalo Dios nos está dando para descubrir, mientras tenemos tiempo, que los pilares que sostienen tu paz son falsos y están hechos de papel maché». ¡Qué mensaje para este tiempo! 
John Piper © 2020 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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Cómo hablar con tus hijos sobre el coronavirus
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Cómo hablar con tus hijos sobre el coronavirus

Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper. Bienvenidos al podcast. Este es otro episodio especial relacionado a los acontecimientos de la actualidad. No planeamos dedicar muchos episodios a la pandemia del coronavirus, pero lo haremos hoy, específicamente para hablarle a la juventud. El pastor John está conectado desde la oficina de su casa. Hace un par de semanas, le hablé a un grupo de jóvenes en Frisco, Texas (un centenar de estudiantes reunidos en una pequeña sala para hablar sobre los hábitos con teléfonos inteligentes y las redes sociales). Fue un maravilloso tiempo. Sin embargo, comencé preguntándoles cuántos de ellos sabían lo que era Ask Pastor John. Creo que todas las manos se levantaron. Fue impactante. No era lo que esperaba. Por lo tanto, creo que muchos niños y jóvenes escuchan este podcast, y sospecho que se debe a que muchos padres escuchan episodios mientras conducen sus automóviles por la ciudad. Por lo tanto, hablémosle directamente a esa juventud. Tú tienes catorce nietos. Sé el abuelo John por un momento. ¿Qué quieres decirles en este tiempo sobre Dios y el coronavirus? Tengo 74 años. Eso significa que soy lo suficientemente anciano como para ser tu abuelo y quizás tu bisabuelo. Mi nombre es John Piper. Puedes llamarme pastor John. Quiero hablarte por un momento sobre el coronavirus (esa enfermedad que está cambiando la manera en que las personas viven alrededor de todo el mundo). Quiero hablarte de Dios, quiero hablarte de Jesús y de ti. ¿Qué tiene que ver el coronavirus contigo, con Dios y con Jesús? Así que espero que me escuches por un momento. 

El coronavirus no está al mando

Lo que hace al coronavirus tan inusual y tan peligroso es que puedes contraerlo como una enfermedad al solo estar cerca de personas enfermas, y no puedes distinguir cuándo lo están; esto lo hace muy peligroso. Por esa razón, todos están resguardándose dentro de sus casas estos días, intentando detener el virus. Es peligroso porque es diez veces más grave que la gripe normal. La razón por la que nuestros líderes, como los gobernadores y el presidente de los Estados Unidos, están tan preocupados es porque quizás una, dos o tres personas de cada cien que se enferma de esto morirá a causa del virus.  Ahora, eso podría no parecer mucho: uno o dos por cada cien. No obstante, si en mi ciudad, por ejemplo, (Minneapolis) cien mil personas (lo que no es improbable) se enfermaran de esto, eso significa que mil, dos mil o incluso tres mil personas van a morir de esto. Por lo tanto, cuando lo consideramos de esta manera, muchas personas que no planeaban morir así de rápido ahora sí lo harán, si se propaga de esa manera. Ahora bien, la Biblia es la misma Palabra de Dios. La Biblia enseña que Dios es más fuerte que el coronavirus. Espero que lo creas. Sabemos esto porque Mateo 4:24 dice: «Traían a Él [a Jesús] todos los que estaban enfermos, afectados con diversas enfermedades y dolores [...] y Él los sanaba». Jesús es más poderoso que las enfermedades, que cada una de ellas. De hecho, una y otra vez, la Biblia nos dice que Dios manda al viento, a la lluvia, a la nieve, al relámpago, a las plantas, a los grillos, a las moscas, a los sapos, a los mosquitos, a los gusanos, a las ballenas, a las aves y a todo lo demás. Él les ordena dónde ir, qué hacer, y ellos hacen lo que Él dice. Tienen que hacerlo; Él es Dios. Hacen lo que Él dice. Dios hizo al mundo y a todo lo que hay en él. Él sostiene al mundo en sus manos y hace lo que quiere hacer con el mundo y en él. Puedes ver esto nuevamente en la carta de Pablo a los efesios, donde dice que Dios «obra todas las cosas» —eso incluye al coronavirus— «conforme al consejo de su voluntad» (Ef 1:11). Eso quiere decir que nadie está por sobre Dios, diciéndole qué hacer. Él es el Altísimo; Él es quien toma decisiones con más fuerza en el mundo. Nadie hace que Dios haga lo que Él no decide hacer. Dios hizo al mundo, lo sostiene, así que hace lo que quiere con él y en él. El mundo nunca se desmorona. Siempre hace lo que Dios planea que haga todo el tiempo y completamente.

El plan perfectamente sabio de Dios

Espero que te estés preguntando (y es correcto preguntar, si lo hacemos con humildad, listos para descubrir la respuesta de Dios), «¿por qué existe el coronavirus, entonces? ¿Por qué no, Dios, Jesús, te lo llevas, por favor, ya que puedes?». Eso es correcto; Él puede. Él es Dios. El coronavirus no es Dios. El coronavirus no es más fuerte que Jesús. Jesús podría llevárselo con el solo chasquido de sus dedos. Vendrá el tiempo en el que Él decidirá llevárselo. Podría suceder de la noche a la mañana, pero no sabemos cómo sucederá.  Entonces, ¿por qué está aquí? ¿Por qué no hace que desaparezca ahora? La respuesta es esta: porque Él tiene un propósito sabio para esto. Dios es perfectamente sabio. Eso quiere decir que sabe exactamente lo que es necesario hacer para provocar lo que es mejor para todo el tiempo. Eso se llama sabiduría. Cuando sabes lo que es mejor hacer todo el tiempo, eres una persona sabia. Dios es perfecto en sabiduría. Él sabe lo que es necesario hacer: Él sabe cómo y cuándo es necesario hacerlo. Puesto que Dios es perfectamente sabio y sabe todo (sabe mucho, mucho, mucho, mucho más que nosotros), todo lo que hace y lo que permite que suceda encaja en el plan perfectamente sabio y bueno que tiene. No podemos ver este plan completamente, no podemos verlo todo. No obstante, podemos ver parte de él. Por ejemplo, permíteme mostrarte algunas cosas que tú y yo podemos ver en la Biblia sobre lo que Dios está planeando hacer con el coronavirus. 1. Jesús dijo en Lucas 13:1-5 que las cosas como el coronavirus suceden para que las personas del mundo que no creen en Jesús puedan despertar, arrepentirse y pensar en Dios, en Jesús, en el cielo, en el infierno, en la salvación y en la necesidad de perdón, y así se vuelvan a Jesús y sean salvos. Esa es una cosa que está haciendo. 2. Pablo dijo que las cosas como el coronavirus suceden para que las personas dejen de confiar en sí mismas y confíen en Dios. Muchas personas piensan (los adultos y los niños piensan) que son muchísimo más inteligentes de lo que son, muchísimo más fuertes de lo que son y que tienen muchísimo más control del que tienen. «Yo soy el capitán de mi alma». ¡Patrañas! No eres el capitán de tu alma; Dios lo es. Ese tipo de orgullo necesita ser derribado. Si necesita ser derribado por el coronavirus, Dios lo hará. Tenemos muchos líderes arrogantes en este mundo que necesitan ser humillados y si se requiere al coronavirus para hacerlo, Dios lo usará. Dios quiere que sepamos que Él está en control y que debemos confiar en Él y no en nuestras propias capacidades ni inteligencia. 3. La tercera cosa que Dios está haciendo es esta: la Biblia dice que las cosas como el coronavirus suceden para mostrarnos que podríamos estar amando a las cosas más que a Dios; podríamos estar amando a otras personas más que a Dios. No hay nada en el mundo más importante que amar a Jesús más de lo que nos amamos a nosotros mismos o más de lo que amamos a otras personas (Mt 10:37-39). Por tanto, el coronavirus está mostrándole a las personas aquello que más aman.

Nuestro Salvador nos hace valientes

Dios está a cargo del coronavirus y Él sabe lo que está haciendo. Él es perfectamente bueno y perfectamente sabio. Esta es la verdadera buena noticia que deberíamos querer que todo el mundo escuche. Espero que le compartas a tus amigos la noticia de que Jesús, el Hijo de Dios, vino al mundo y murió para que Dios nunca nos castigue si confiamos en Él. Él dijo que el castigo que tú y yo merecemos debido a nuestro pecado fue puesto en Jesús.  Si confiamos en Jesús; es decir, si recibimos a Jesús, si le damos la bienvenida a Jesús como nuestro Salvador, nuestra Guía, nuestro Tesoro, al Único que realmente amamos, entonces nunca tendremos que temerle a Dios. Nunca debemos temer el castigo de Dios. Esto es maravilloso y significa que no tenemos que temer morir (ni de coronavirus ni de nada) porque cuando Jesús murió y resucitó de la muerte, Él cambió la muerte del castigo por una entrada a la felicidad eterna con Él. Por lo tanto, ¿qué significa para ti? ¿Qué significa? No tienes que temerle al coronavirus. Dios es más fuerte que el coronavirus y si tú confías en su Hijo, Jesús, Dios hará que todo sea para tu bien. Por lo tanto, sé valiente. No lo seas porque eres fuerte; eso se llama orgullo. Todos los superhéroes de televisión son orgullosos. No basan su fuerza en Dios; están basando su fuerza en cosas que tienen dentro de ellos. No seas como ellos porque no eres como ellos y no eres fuerte. Eres débil. Sé valiente porque tienes un gran Salvador. Tu mejor amigo, Jesús, tu Salvador y Señor, es fuerte, lo suficiente como para hacer que todo, incluso el coronavirus, sean para tu bien (Ro 8:28).

Confía en Él siempre

Cuando era pastor, le enseñé a los niños en nuestra iglesia un poema de dos líneas. Está enfocado especialmente para los niños que creen en Jesús. Cientos de ellos lo repitieron a lo largo de los años. Permíteme enseñártelo y terminaremos. Lo diré una vez y luego ustedes lo repiten conmigo una segunda vez, ¿bueno? Dice así:
Siempre, para nuestro bien, Él transformará Aquello que no resulta como debiera.
Quizás, chicos, hablaremos nuevamente más adelante. No lo sé. Pero por ahora, confía en Jesús pase lo que pase. Nunca te arrepentirás. Ese es un gran mensaje, pastor John. Realmente tenemos una oportunidad maravillosa para compartir el Evangelio con nuestros compañeros de clase y nuestros amigos en este tiempo (si es que tienes acceso a las redes sociales, a los mensajes de texto, a llamar por teléfono o a los mensajes de video, o quizás pueden juntarse físicamente). Te animamos a llevarle la esperanza de Jesús a tus amigos. El momento ha llegado. Que el Señor te dé la valentía y las palabras correctas para hablar la verdad eterna a las vidas de tus amigos durante este tiempo. 
John Piper © 2020  Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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Cómo luchar contra la soledad en medio del coronavirus
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Cómo luchar contra la soledad en medio del coronavirus

Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper. Bienvenidos todos. Este es un episodio especial basado en lo que está ocurriendo actualmente en el mundo. No está en nuestros planes tener muchos episodios relacionados al coronavirus, pero algunos temas deben abordarse y entre ellos se encuentra el de la soledad. Este tiempo de autocuarentena es anormal para la mayoría de nosotros. Eso significa que el sentimiento de soledad es una realidad para todos. No podemos visitar los hogares de ancianos. Nos han cerrado las iglesias, nuestros lugares de trabajo y los restaurantes. La sensación de aislamiento y soledad tan comunes antes del virus se han amplificado debido a esta cuarentena. No fue una sorpresa ver este tema en nuestras bandejas de entradas a medida que nuestros auditores nos escribían sobre este tema. Por lo tanto, pastor John, ¿qué le dirías a quienes se sienten solos durante este tiempo? La palabra que acabas de usar es buena: amplificación. Las cosas que están amplificadas ahora, en un sentido, para algunos han sido siempre así. Por lo tanto, quizás, lo primero que debo decir es que estoy consciente de que miles de cristianos viven solos todo el tiempo y lidian con el asunto de estar solos y con la soledad incluso cuando no hay un coronavirus para amplificar este problema. A pocas de estas personas les gusta que sea de esa manera. La mayoría de ellos, probablemente, pueden imaginarse otras situaciones en las que les gustaría estar, ya sea el matrimonio, la amistad o membresías que simplemente no han funcionado como a ellos les habría gustado. Por tanto, aquí no estamos hablando de un tema que sea relevante solo durante el tiempo del coronavirus. No obstante, no hay duda de que millones de personas están siendo lanzadas hacia un tipo de vida que nunca han vivido antes; al menos no de esta manera.

No es el ideal estar solo

Realmente, estos son días sin precedentes y no sabemos cuánto tiempo durarán, tampoco cuán peor se pondrán las cosas o no. Por lo tanto, es bueno decir en general, en cuanto el problema a largo plazo de estar solos o de la soledad, o el problema a corto plazo de la soledad durante esta crisis, que está bien creer o sentir que esa soledad o estar solo no es la manera ideal de vida que Dios estableció para la humanidad al principio. Está bien creer eso. Dios le dijo a Adán cuando estaba solo en Génesis 2:18: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda adecuada». Sin embargo, el mundo no está funcionando de la manera en que fue diseñado y hay muchas razones, algunas buenas, algunas justificables y algunas malas, por las que las personas están solas. Pablo no estaba casado; Jesús no estaba casado. Ellos conocieron mucho lo que es estar solos. Miles de misioneros han tenido ministerios fructíferos sin cónyuges, lo que significa que aun cuando estar solos no es ideal, Dios ha provisto gracia para todos los tipos de situaciones que no son ideales en este mundo caído. La soledad es una de ellas. Él no ignora esto. Jesús lo experimentó, y hay gracia para ello, ya sea la soledad a corto plazo del coronavirus o la situación de una vida a largo plazo que involucra soledad.

El Salvador en soledad

Una manera en que Dios planeó la gracia para quienes están solos es enviando a su Hijo para que se hiciera un ser humano. De esta manera, Jesús, su Hijo, pudo experimentar un tipo de soledad que lo haría, según dice la Biblia, un Sumo Sacerdote que se compadece de quienes están solos (Heb 4:15). Creo que la escena del Getsemaní, la noche previa a su muerte, es una de las más conmovedoras de la Biblia. Jesús lleva a aparte a sus mejores amigos, Pedro, Jacobo y Juan, y les dice:
«Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte; quédense aquí y velen junto a mí». Y adelantándose un poco [eso significa que ahora está solo], cayó sobre su rostro, orando y diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras». Entonces vino Jesús a los discípulos y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: «¿Conque no pudieron velar una hora junto a mí? (Mt 26:38-40).
Eso sucedió tres veces. Se quedaron dormidos acompañándolo. Él deseaba su compañerismo en la oración en esa hora (estaba experimentando su humanidad) y ellos no pudieron hacerlo. Esto empeora: cuando los soldados llegaron, la Biblia dice que todos ellos lo abandonaron y huyeron (Mr 14:50). Y se torna aún peor, porque a la mañana siguiente, Jesús dijo: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27:46).

Misericordia en nuestra soledad

Ahora, ¿por qué tanta soledad en su sufrimiento? Porque sucedió todo según la Escritura. Esto fue planeado. ¿Por qué? Bien, entre otras razones, para que Hebreos 4:15-16 (NVI) pudiera estar en la Biblia para las personas solitarias.
Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado [o probado] en todo de la misma manera que nosotros [quizás con soledad], aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.
El texto dice: «en el momento que más la necesitemos», pero podría solo ser «en el momento en que más sentimos soledad». Por lo tanto, Cristo experimentó completo abandono, completa soledad, para que pudiéramos audazmente orar por gracia (una gracia especial en tiempos de soledad) y así tener la confianza de que Él la dará.

«Vuélvete a mí, Oh Señor»

Ahora, ¿cómo sonaría una oración como esa? Bien, así es como sonó en la boca de David en el Salmo 25:16:
Vuélvete a mí y tenme piedad, Porque estoy solitario y afligido.
David tuvo un montón de crisis donde fue apartado de otras personas que Él necesitaba. Esta es una buena oración ahora para miles de personas. ¿Dios responderá esa oración? Existen buenas razones para creer que lo hará. En primer lugar, porque Él proveyó todo lo necesario mientras estuvo aquí. Él dijo: «No los dejaré huérfanos; vendré a ustedes» (Jn 14:18). La última cosa que dijo en la tierra fue: «Y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28:20). En otras palabras, Él envía al Espíritu Santo, que es el Espíritu de Cristo, y Él estará con cada cristiano. Cristiano: no estás solo. Lo diré de nuevo: cristiano, no estás solo. Esto es absolutamente maravilloso; nunca estás solo. La persona más importante del universo, anota esto, está contigo personalmente. Él promete hacerlo. Él no rompe sus promesas. Él está contigo. La segunda razón por la que podemos esperar la dulce respuesta a esta oración es esta: «No temas, porque Yo estoy contigo». Ahí está. Ni siquiera necesitas ir más allá de Isaías 41:10 (aunque queremos).
No temas, porque Yo estoy contigo; No te desalientes, porque Yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, Sí, te sostendré con la diestra de mi justicia.
Sin embargo, la primera frase lo es todo: No temas, porque Yo estoy contigo. O así es cómo Pablo lo expresa en 2 Corintios 9:8: «Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abunden para toda buena obra». En otras palabras, hay una gracia (una gracia oportuna) para hacerte fructífero en tiempos de soledad.

Él vendrá a nosotros

Por tanto, la experiencia de la soledad es real para el pueblo de Dios; incluso para el pueblo de Dios, porque este mundo aún no está como debiera ser según su diseño. En su forma ideal, cuando fue hecho, cayó. Es un mundo caído y nuestras relaciones están caídas y los virus están caídos. Pero Dios no dejó al mundo y a su quebranto sin gracia: gracia especial para cada necesidad que su pueblo tenga, incluida la necesidad que conlleva la soledad. Jesús compró esa gracia para los pecadores con su propio sufrimiento solitario. Él conoce nuestro cuerpo; Él lo probó: de peor forma que nosotros. Y no nos dejará huérfanos. Él vendrá a nosotros. Ya sea que el virus te aísle o se lleve tu vida, Él no nos dejará solos. Esta es una promesa preciosa y segura.
John Piper © 2020  Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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¿Cuáles son los propósitos de Dios en una recesión?
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¿Cuáles son los propósitos de Dios en una recesión?


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
El 2020: año del «Gran confinamiento», que está llevando a lo que algunos ahora llaman la «Gran recesión del coronavirus». Fue gatillada por una apuesta estratégica: sacrificar el impulso económico con el fin de distanciar a las personas físicamente, todo esto con el objetivo de impedir y acabar con la propagación del virus. Fue un gran riesgo y dolió. La «Gran recesión del coronavirus» ha sido comparada con la Gran Recesión del 2007-2009, incluso con la Gran Depresión de 1929-1933. Al mirar hacia adelante, algunos piensan que la economía recuperará la normalidad apenas el virus esté bajo control. Otros son menos optimistas y ven que hay un largo camino por recorrer. No obstante, la recesión está aquí y permanecerá aquí hasta que Dios termine con ella. Conversamos sobre esto hace un par de semanas cuando mencioné que John Piper predicó un sermón llamado: «¿Para qué es la recesión?». Él lo predicó el 1 de febrero, 2009. El Promedio Industrial Dow Jones había estado cayendo, pero aún no había tocado fondo. Vale la pena volver a escuchar el sermón completo, pero especialmente quisiera que escucharas el principio del sermón. Aquí está el pastor John.  Padre, el deseo de nuestros corazones ahora es que no desperdiciemos esta recesión. No permitas que nos dejemos guiar por la preocupación de la ansiedad o de la queja o de maniobras económicas inteligentes. Oh, Dios, oro para que concedas que nuestros oídos estén abiertos a lo que Tú le estás diciendo al mundo en Francia, en Tokio, en Nueva York, en Brasilia. Que nuestros ojos sean abiertos para ver lo que estás diciendo y haciendo. No nos permitas dormirnos a lo largo de toda la recesión. Oro para que aprendamos, crezcamos, escuchemos, conozcamos tu plan. Ven, sé nuestro maestro en estos días. Oro en el nombre de Jesús. Amén.

Soberano sobre la recesión

Este es un mensaje sobre la recesión y el propósito de Dios en ella. Y cuando uso el término recesión, no tengo una definición minuciosa ni sofisticada en mente. Ni siquiera sé cuál es la definición de recesión. Solo la escucho en la radio, por lo que creo que sé de lo que están hablando. Me refiero a los reveses económicos como la desaceleración de negocios, la disminución de ganancias, despidos masivos, desempleo, miles de aperturas de juicios hipotecarios, quiebras personales y empresariales, pérdida de fondos de pensión. Hoy recibí una carta, informándome que ya tengo un 29,97 % menos en mi fondo que la última vez que recibí la información. Esas son el tipo de cosas a las que me refiero cuando hablo de recesión. Ahora más y más, existen trastornos sociales y políticos que la acompañarán. Miren a Francia, por ejemplo, y probablemente habrán más en el camino. Dios es soberano, y por esta razón podemos hablar en términos de propósitos. Dios es soberano sobre estas cosas. Él las prevé todas; Él las provoca y las permite todas. Y cuando las prevé y las provoca o las permite, siempre es por diseño. Por tanto, cualquier cosa que ocurra, sucede por diseño de Dios, como sea que pase.
  • «La suerte se echa en el regazo, pero del Señor viene toda decisión» —en las Vegas— (Pr 16:33).
  • «Muchos son los planes en el corazón del hombre, mas el consejo del Señor permanecerá» —en Wall Street— (Pr 19:21).
  • «El Señor hace nulo el consejo de las naciones; frustra los designios de los pueblos» —en Suiza— (Sal 33:10).
  • «Que declaro el fin desde el principio [...] Yo digo: “Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré”» —en todas partes— (Is 46:10).
Por tanto, este es el fundamento de la comprensión que tenemos cuando preguntamos: «Dios, ¿en qué estás hoy?». ¿Cuáles son los propósitos de Dios en esta recesión? Y no quedamos sin una respuesta.

Cinco propósitos de Dios en el problema económico

Tenemos muchas respuestas, pero no las tenemos todas. Dios está haciendo miles y miles de millones de cosas que tú no sabes y que nosotros no sabremos hasta que lleguemos al cielo. Confiamos en Él en esas cosas. Sin embargo, Él está haciendo cinco, seis o cien cosas que sí conocemos porque están en la Biblia. Por lo tanto, de esas cosas quiero hablarles, porque son esas de las que tenemos autoridad para hablar, y no son confusas. Tengo tiempo, quizás, para hablar de cinco. Estas son. Las nombraré y luego las desglosaremos.
  1. En esta recesión, Él tiene el propósito de exponer el pecado oculto y así llevarnos al arrepentimiento y purificación.
  2. Él tiene el propósito de despertarnos (particularmente pienso en nosotros que estamos en Occidente) para ver la condición constante y desesperada del mundo en desarrollo, donde siempre tienen grandes recesiones y nada más.
  3. Él tiene el propósito de reubicar las raíces de nuestro gozo en su gracia, no en nuestros bienes; en su misericordia, no en nuestro dinero; en su valor, no en nuestra riqueza.
  4. Él tiene el propósito de promover su misión salvífica en el mundo, difundir el Evangelio como un incendio forestal y hacer crecer su iglesia precisamente en el momento en que tienen los mínimos recursos para hacerlo.
  5. Él tiene el propósito de que su iglesia cuide de sus miembros dolidos y crezca en el don del amor, para que nadie sufra necesidad en la iglesia de Jesucristo. Punto. 
John Piper © 2020  Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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¿Cómo encuentro libertad de la preocupación?
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¿Cómo encuentro libertad de la preocupación?

¿Cómo encontramos libertad de nuestras preocupaciones? Una de mis respuestas favoritas a esta pregunta es del apóstol Pablo en Romanos 8:13-15. Ahí él escribe esto: «Porque si ustedes viven conforme a la carne, habrán de morir; pero si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. Pues ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que han recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: “¡Abba, Padre!”». Batallamos con el pecado para ser liberados de la preocupación. Y en la batalla, demostramos nuestra fe en Jesucristo y su obra en nosotros. A continuación, veremos la prédica que el Pastor John hizo de este texto el año 2002. Hazte la siguiente pregunta: ¿por qué la Biblia no me enseña a vencer el pecado pidiéndole al Espíritu Santo que lo haga? ¿Por qué la oración no es lo más importante de esta batalla? Entonces, aparece la tentación a sentirse desanimado por las finanzas o  aterrado por una enfermedad; o la tentación a sentir orgullo porque hiciste algo correctamente. ¿Por qué, en ese momento, la manera de hacer morir esas tentaciones no es decir simplemente: «Espíritu Santo, te pido que vengas ahora y derrotes el pecado de mi vida. Amén»? Y listo. Pide y se te dará, ¿cierto? Incorrecto. ¿Por qué? Jesús no se lleva la gloria si lo haces de esa manera.

Resalta el fundamento

La razón por la cual en Gálatas 3:5 se dice que el Espíritu Santo es suministrado y se convierte en hacedor de milagros en poder «por el oír con fe» es que si dejas de lado la dimensión del oír —esto es, oír el Evangelio de Jesucristo y las promesas que Él trae para ti por su sangre— Jesús no obtiene crédito por esas promesas a las que te estás aferrando, entonces Él no obtendrá ninguna gloria. Está fuera de la ecuación. Y de vez en cuando podrías pensar: «bueno, teológicamente, supongo que Él es el fundamento de todo». Bien, ¿sabes qué? Los fundamentos de tu casa no reciben ninguna atención. No pasas el día diciendo: «estoy tan agradecido de tener un enorme sótano. Me encantan esos bloques de cemento; son tan lindos». Ni siquiera piensas en los fundamentos de tu casa. Por tanto, dices de vez en cuando que «Jesús es el fundamento de todo», ¿y qué? Él no se lleva ninguna gloria si nunca hablas de ello, si nunca cantas de ello, si nunca contamos con su sangre para comprar las promesas para ti. ¿Recuerdas lo que dice 2 Corintios 1:20? «Pues tantas como sean las promesas de Dios, en Él [Jesús] todas son sí». Lo que esto significa es: cuando vives tu vida cristiana tomando una promesa, contando con ella, conectándote con ella, para que la fe vaya a la Palabra de Dios. ¿Sabes quién compró eso para ti? Jesús. Somos pecadores; yo soy un pecador. No merezco ninguna promesa de Dios cumplida en mi vida. ¿Cómo puedo contar con que las promesas de Dios serán cumplidas en mi vida? Una cosa: Cristo murió por mí. Cristo compró cada promesa para John Piper. Este es el nuevo pacto. Cristo derramó su sangre para que yo pudiera tomar cualquier parte de la Biblia y decir: «tomo esta promesa para hoy».
  • «Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia» (Is 41:10).
  • «El Señor peleará por ustedes» (Ex 14:14).
  • «Y mi Dios proveerá a todas sus necesidades» (Fil 4:19).
Puedo tomar esa promesa. ¿Por qué? ¿Porque lo merezco? De ninguna manera. Porque Jesús es digno, confío en Jesús y Él me la da.

Aférrate a la verdad de Dios

Permíteme terminar con un par de ilustraciones. Tenemos tres familias misioneras que han salido de esta iglesia y están navegando las aguas más oscuras de la expulsión de Tanzania, en este mismo momento, que nosotros jamás hemos navegado. Ponte en sus zapatos ahora mismo. Se les dio un aviso de treinta días: «salgan de aquí con toda su familia y con todas sus pertenencias». Es el único hogar que sus hijos han conocido. Denise nos escribió la Pascua pasada; escribió el correo electrónico la noche anterior a la Pascua. Esto es lo que dijo (ella se estaba imaginando a los discípulos entre el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección):
Están sentados silenciosa y aturdidamente en la casa de alguien… y no saben que la resurrección está por venir. Así es cómo sentimos este tiempo en muchas maneras: oscuridad y un futuro incierto. Cuando menos lo esperábamos, estábamos empacando nuestras cosas y dejando el país, nuestro hogar por los últimos siete años, el único hogar que nuestros hijos habían conocido.
Ahora, pregúntate, ¿cuáles son los pecados que están amenazando aquí? Estos son algunos en los que yo pensé: enojo, desesperación, autocompasión, temor, impaciencia, irritabilidad. Esos son unos pocos pecados que amenazarían con aparecer en estos misioneros ahora. Escucha a uno de esos guerreros (Denise) en su correo, como la encarnación de este sermón. Ella comienza diciendo: «nos estamos aferrando a estas verdades». ¿Escuchas? «Nos estamos aferrando a la verdad». No es una noción vaga de un Dios allá afuera. Nos aferramos a verdades particulares.
Nos estamos aferrando a estas verdades: Dios es bueno; Él está en control; Él nos ama más de lo que podemos comprender y Él tiene planes para darnos una esperanza y un futuro, planes que nos prosperarán (Jr 29:11). Nuestros espíritus están comprensiblemente desanimados. Estamos emocional y espiritualmente agotados. Sin embargo, «las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana» (Lm 3:22-23).
Y por consiguiente, hizo morir las obras de la carne.

Cómo la fe le habla al temor

Una ilustración más: Rich y Tricia estuvieron aquí por muchos años hasta que sea fueron a África el año pasado con tres niños pequeños. Trabajaron con los refugiados de la comunidad, aprendieron su idioma y así sucesivamente. Se fueron a un país que es tan frágil, tan hostil, que no podemos nombrarlo. Imaginen a tres niños y una pareja joven yendo a una tierra desposeída sin infraestructura. La religión es hostil para el cristianismo. ¿Qué tipo de cosas nacerían en tu mente a medida que haces un plan tan obediente? Permíteme citar su carta. Este es el boletín que recibí en febrero. Es una de las aplicaciones más poderosas de este mensaje en una carta misionera; y he leído muchas. Todos nuestros misioneros entienden esto, creo, y lo entretejen en sus cartas, pero esto es extraordinario:
Mientras que la constitución de este país podría declarar una cosa, la Palabra de Dios dice: «Porque mayor es Aquel que está en ustedes que el que está en el mundo» (1Jn 4:4). Donde el temor dice: «¿qué si tal cosa ocurre?, la fe dice: «No temas, porque Yo estoy contigo; no te desalientes, porque Yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia» (Is 41:10). Donde la preocupación emerge, la fe responde: «La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo» (Jn 14:27). Cuando la duda y la frustración se mofan, diciendo: «¡nunca cambiarán; esto es una pérdida de tiempo!». Jesús nos mira a los ojos y responde: «Para los hombres eso es imposible, pero para Dios todo es posible» (Mt 19:26).

Promesas específicas, pronunciadas por Cristo

Necesitamos convertirnos en el tipo de personas que, cuando cruzamos un puente o vamos de una oficina a otra y entramos a una sala de clases —jóvenes, quizás están nerviosos por algún examen o algo, o quizás estás caminando por el pasillo y te preguntas: «¡rayos!, ¿usé el color incorrecto hoy?» o lo que sea, «¿me verán raro?»—, y que si crees que Dios está justo aquí («Nunca te dejaré ni te desampararé» (Heb 13:5), y Él dice: «Todas las cosas son posibles conmigo. Confía en mí. Te amo. Cuidaré de ti. Supliré todas tus necesidades. Me agradas. Morí por ti. Te he contado por justo»), ¿acaso no serías libre? No escuchar las promesas específicas y habladas por Cristo momento a momento a lo largo del día provoca que nos hundamos miserablemente. Aprende de nuestros misioneros; aprende del apóstol Pablo. Haz morir las obras del cuerpo, haz morir a la carne, haz morir al pecado por el Espíritu; esto es, al poner tu mente en las cosas del Espíritu, en la Palabra de Dios («escuchando con fe»), y confiando en ellas. De esta manera, vendrá la paz, fluirá el Espíritu Santo, se dará poder, se dará muerte al pecado, se hará retroceder a Satanás, y Jesucristo que compró todas esas promesas, será magnificado.
John Piper © 2020  Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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La familia: juntos en la presencia de Dios
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La familia: juntos en la presencia de Dios

La adoración centrada en Dios es sumamente importante en la vida de nuestra iglesia. Nos acercamos a la hora de adoración del domingo en la mañana con gran seriedad, fervor y expectativa. Intentamos expulsar todo lo que sea frívolo, trivial o informal. No todos los servicios son de esta manera. El domingo por la mañana es el Monte de la Transfiguración: el asombroso lugar de gloria y perplejidad. El domingo o el miércoles por la tarde es el Monte de los Olivos: el punto familiar para la conversación con el Señor y entre nosotros. En este artículo, esperamos hacer dos cosas: (1) demostrar que los padres (o algún adulto responsable) deben llevar a los niños pequeños al servicio de adoración el domingo en la mañana en lugar de enviarlos a la «iglesia de niños», y (2) entregar algunos consejos prácticos sobre cómo hacerlo. No afirmamos que nuestra manera de adoración es la única forma válida. No todas nuestras ideas podrían encajar con la manera en que otra iglesia lo hace. Por ejemplo, nosotros no tenemos un sermón para niños como parte de nuestro servicio del domingo por la mañana. Sería divertido para los niños, pero a la larga debilitaría la intensidad espiritual de nuestra adoración. Para todo hay un momento. Y creemos que, por al menos una hora a la semana, debemos sustentar una intensidad máxima de emotiva reverencia.

El mayor obstáculo con el que tropezamos

Existen bastantes razones por las que exhortamos a los padres a llevar a sus hijos al servicio de adoración. Sin embargo, estos argumentos no tienen mucho peso en los padres que no aman adorar a Dios. Para los niños, el mayor obstáculo para la adoración es que sus padres no valoran esa hora. Los niños pueden sentir la diferencia entre deber y deleite. Por lo tanto, el primer y más importante trabajo de un padre es enamorarse de la adoración a Dios. No puedes impartir lo que no tienes.

Unión

Adorar juntos le hace frente a la fragmentación contemporánea de las familias. La agitada vida contemporánea deja poco tiempo para la unión significativa. Es difícil sobreestimar la buena influencia de las familias que hacen cosas valiosas juntos semana tras semana, año tras año. La adoración es lo más valioso que el ser humano puede hacer. El efecto acumulativo de 650 servicios de adoración con mamá y papá entre los cuatro y los diecisiete años es incalculable.

Comprensión

Los padres tienen la responsabilidad de enseñarle a sus hijos, con su propio ejemplo, el significado y el valor de la adoración. Por lo tanto, los padres deben querer que sus hijos estén con ellos en el servicio de adoración para que los niños puedan entender de qué se trata y la forma que tiene la adoración de sus padres. Los niños deben ver cómo mamá y papá inclinan sus cabezas en ferviente oración durante el preludio y otros momentos no dirigidos. Deben ver cómo mamá y papá cantan alabanzas a Dios con gozo en sus rostros y cómo escuchan con hambre su Palabra. Deben comprender cómo sus padres se encuentran con el Dios viviente. Algo parece ir mal cuando los padres quieren llevar a sus hijos en los años formativos para juntarlos con otros niños y otros adultos para formar su actitud y comportamiento en la adoración. Los padres deben tener celo por modelar en sus hijos el tremendo valor que ponen en la reverencia ante la presencia del Dios Todopoderoso.

Una expectativa no excesiva

Sentarse quieto y estar callado por una o dos horas un domingo no es una expectativa excesiva para un niño de seis años saludable al que se le ha enseñado a obedecer a sus padres. Requiere una medida de disciplina, pero eso es precisamente lo que queremos animar a los padres a impartirles a sus hijos en los primeros cinco años de sus vidas. De este modo, el deseo de que los niños estén en el servicio de adoración es parte de una preocupación mayor por criar a los niños para que sean sumisos y respetuosos (1Ti 3:4). Se le puede enseñar a los niños en los primeros cinco años de vida a obedecer a su padre y a su madre cuando dicen: «siéntate quieto y mantente en silencio». La incapacidad de los padres de controlar a sus hijos no debe ser resuelto por servicios alternativos, sino que por una renovación de la disciplina en su hogar.

No todo es incomprensible para ellos

Los niños absorben una tremenda cantidad de lo que es valioso. Esto es cierto aun si dicen que están aburridos. La música y las palabras llegan a ser familiares. El mensaje de la música comienza a penetrar en ellos. La forma del servicio comienza a sentirse natural. El coro hace una impresión especial con un tipo de música que los niños podrían escuchar solo en ese momento. Incluso si no pudieron entender gran parte del sermón, la experiencia muestra que los niños escuchan y recuerdan cosas sorprendentes. El contenido de las oraciones y de las canciones le da a los padres oportunidades sin precedentes para enseñarle a los niños las grandes verdades de nuestra fe. Si los padres solo aprendieran a hacerles preguntas a sus hijos después del servicio y luego le explicaran las cosas, la capacidad de participación de los niños aumentaría. No todo lo que los niños experimentan debe ponerse a su nivel con el fin de hacerles bien. Algunas cosas sí, pero no todo. Por ejemplo, para aprender un nuevo idioma puedes ir paso a paso desde el alfabeto hasta el vocabulario, la gramática y la sintaxis. O puedes tomar un curso donde te sumerges, pero no lo entiendes y todo lo que escuchas es un idioma que no conoces. La mayoría de los profesores de idiomas estarían de acuerdo con que la última es lejos la más efectiva. El servicio de adoración del domingo no es inútil para los niños solo porque no entienden gran parte de él. Pueden y crecerán en este nuevo idioma más rápido de lo que creemos, si es que los padres fomentan las actitudes positivas y alegres.

Un sentido de asombro

Existe un sentido de solemnidad y de asombro que los niños deben experimentar en la presencia de Dios. Es poco probable que esto suceda en la iglesia para niños. ¿Existe tal cosa como el trueno de niños o el rayo de niños o el estruendo del mar «por los niños»? Un sentido profundo de lo desconocido y de lo misterioso puede surgir en el alma de un niño sensible en la adoración solemne, si es que los padres mismos persiguen con fuerza a Dios. Una conmoción profunda por la magnificencia de Dios puede llegar al corazón joven y tierno a través de ciertos momentos de grandes himnos, de «fuerte silencio» o de predicación llena de autoridad. Estos son los valores inmensurables en el cultivo de los corazones que temen y aman a Dios. No creemos que los niños que han estado en una iglesia de niños por muchos años entre los seis y los doce años estén más inclinados o mejor entrenados para disfrutar la adoración que si hubieran pasado esos años junto a sus padres. De hecho, probablemente es lo opuesto. Es probable que sea más difícil aclimatar a un niño de diez o doce años en un nuevo servicio de adoración que a un niño de cinco o seis años. El cemento está mucho menos húmedo y ya no existen muchas posibilidades para dar forma a los impulsos del corazón .

Algunas sugerencias prácticas de Noël

Cuando nuestros cuatro hijos crecieron y se transformaron en hombres jóvenes, asumimos que el capítulo de entrenamiento en adoración en nuestra vida había terminado. Sin embargo, Dios tiene maravillosas sorpresas. Nuestro hijo menor tenía doce años cuando adoptamos a nuestra hija, que tenía un par de meses. Por lo tanto, nuestra experiencia con niños pequeños en la banca comenzó hace más de veinte años y continuó por un rato más.

Cómo comenzar paso a paso

Descubrimos que la primerísima «escuela» de adoración se encuentra en casa, cuando ayudamos a un bebé a estar callado por solo un momento mientras que le pedimos la bendición de Dios por nuestros alimentos; cuando un pequeñito está quieto sentado para escuchar un libro de historias de la Biblia; cuando un niño está aprendiendo a poner atención a la Palabra de Dios y a orar durante los tiempos devocionales familiares. En la iglesia, incluso cuando nuestros hijos aún tenían la edad de párvulo, comencé a ayudarlos a dar pasos hacia una asistencia regular a los servicios de adoración los domingos por la mañana. Usé otras reuniones como un terreno de entrenamiento: bautismos, conciertos corales, videos misioneros u otros eventos especiales que llamen la atención de un niño de tres años. «Promocionaba» esto al niño como algo emocionante y de adulto. La asistencia especial ocasional gradualmente desarrolló una asistencia vespertina regular, mientras que al mismo tiempo estábamos intentando hacerlo con los domingos por la mañana más y más regularmente. Decidí no usar la guardería de la iglesia como una ruta de escape cuando los servicios se alargaban o el niño se empezaba a inquietar. No quería comunicar que uno va a un servicio siempre que parezca interesante y luego mi hijo podía ir a jugar. Quería evitar un patrón que podría reforzar la idea de que todo el servicio es bueno, hasta que se predica la Palabra de Dios, luego puedes irte. Por supuesto, hay momentos en los que un niño se inquieta o hace ruido, a pesar de los mejores esfuerzos de los padres. Oraba para que las personas a mi alrededor comprendieran e intentaran lidiar con el problema discretamente. Sin embargo, si el niño no se quedaba tranquilo o en silencio, lo sacaba, por el bien de la disciplina rápida y por el bien de otros adoradores. Luego, tenía que decidir si regresaba al servicio o permanecía en el área reservada para los padres con hijos pequeños. Dependía de cuán receptivo parecía el niño y si es que existe un momento apropiado en el flujo del servicio. Si nos quedamos en el «área de familia» fuera del salón principal, ayudaba a mi hijo a sentarse en silencio como si todavía estuviéramos en el salón principal. Para cuando nuestros niños cumplieron cuatro años, ellos asumían que estarían siempre en los servicios semanales regulares con nosotros.

Preparación para toda la semana

Tu anticipación y la conversación antes y después del servicio y durante la semana será importante para ayudar a tu hijo a aprender a amar la adoración y para comportarse bien en el servicio. Ayuda a tus hijos a conocer más al pastor. Permite que estrechen manos en la puerta y que el pastor lo salude. Conversa con ellos sobre quiénes son los líderes de adoración; llámalos por nombre. Sugiérele al maestro de Escuela Dominical de tu hijo a que invite al pastor a pasar un par de minutos con los niños si la agenda de tu iglesia el domingo en la mañana lo permite. Si sabes cuál será el pasaje de la Escritura para el siguiente domingo, léanlo juntos varias veces durante la semana. El rostro de un pequeñito realmente se ilumina cuando escucha palabras conocidas desde el púlpito. Conversen sobre aquello que fue «especial» esa semana: un solo de trompeta, un amigo que cantó, un predicador misionero de otro país por el cual habían estado orando. A veces puedes tomar los elementos regulares del servicio y hacerlos parte de la preparación previa. «Hemos estado leyendo sobre José. ¿Qué crees que el pastor dirá sobre él?». «¿Qué cantará el coro esta mañana?». «Quizás podríamos sentarnos al lado de un amigo en situación de discapacidad y ayudarlo con su cancionero para que él pueda adorar mejor también». Hay dos preparaciones adicionales e importantes previas al servicio para nosotros: un lápiz y un cuaderno para las «notas del domingo» y un paseo al baño (salir en medio del servicio es bastante desanimante).

¿Qué pasa durante el servicio?

En primer lugar, le permitía a un hijo que quería tener una guía de adoración que tuviera una (ayuda al niño a sentirse un participante del servicio). Y en silencio, antes de que comience el servicio, podría apuntar a las diferentes partes del servicio en la lista de la guía. Durante el servicio, todos nos sentábamos y nos parábamos junto con el resto de la congregación. Compartía mi Biblia, himnario o guía de adoración con mi pequeño, porque el uso de estas cosas es una parte importante del servicio. El comienzo del sermón es la señal para el comienzo de la «toma de notas». (Quería que las actividades del niño estén relacionadas con el servicio. Así que no llevábamos libros de biblioteca para leer. Sí permitía que cada pequeño mirara los dibujos de su Biblia, si es que podía hacerlo rápidamente). La toma de notas no significaba solo hacer rayas, sino que «tomar notas» en una plataforma especial usada solo para el servicio. La «toma de notas» crece a medida que el niño lo hace. Al principio, hacen dibujos de lo que escuchan en el sermón. Palabras aisladas o nombres gatillan dibujos aislados. Podrías tomar una palabra que será usada con frecuencia en el sermón; haz que el niño escuche cuidadosamente y haga marcas en sus «notas» cada vez que escuche la palabra. Más adelante, él podría querer copiar letras o palabras del pasaje de la Escritura para esa mañana. Cuando deletrear le sea fácil, él escribirá palabras y luego frases que escuche en el sermón. Antes de que lo esperes, probablemente el niño bosqueje el sermón y anote conceptos completos.

Objetivos y requisitos

Mi entrenamiento para la adoración tiene tres objetivos principales:
  1. Que los niños aprendan lo antes posible y lo mejor que puedan a adorar a Dios de todo corazón.
  2. Que los padres puedan adorar.
  3. Que las familias no provoquen ninguna distracción a las personas que los rodean.
Por lo tanto, existen ciertas expectativas que les enseño a los pequeños y que espero de los mayores:
  • Párate, siéntate o cierra los ojos cuando se pida en el servicio.
  • Siéntate derecho y quieto (sin distraerte, inquietarte o salirte, sino que respetando a Dios y a los adoradores que te rodean).
  • Mantén las hojas de los boletines, las Biblias y los himnarios lo más en silencio posible.
  • Mantente despierto. Tomar notas ayuda. (Sí, permitía que los más pequeños durmieran, pero ¡normalmente no necesitaban hacerlo!).
  • Mira a los líderes de adoración que están al frente. Nada de miradas a personas ni al reloj.
  • Si puedes leer lo suficientemente rápido, corea las canciones con las palabras impresas. Al menos mantén tus ojos en las palabras y medita en ellas. Si aún no puedes leer, esfuérzate para escuchar las canciones.

Crea un ambiente en la banca

Por mi parte, intentaba crear un ambiente en nuestra banca que hace más fácil la adoración. En el pasado, me habría sentado entre cualquiera que estuviera provocando el mayor problema con otro ese día. Podríamos escoger asientos donde podamos ver mejor el frente (mientras estamos sentados, no arrodillados en la banca; arrodillarse lleva a que otros tengan que torcerse, pues bloquean su vista). Cada niño tenía una Biblia, dinero para la ofrenda y una guía de adoración a mano, para que no tuvieran que salir o hurgar en el tiempo de adoración. Durante el preludio, si noto en el boletín algo inusual para lo que necesitamos estar preparados (una lectura interactiva u oraciones congregacionales, por ejemplo), en voz baja le avisaba al hijo que era lo suficientemente mayor para que participara.

El después

Cuando el servicio terminaba, mis primeras palabras eran de halago para el niño que se comportó bien. Además de halagar, podría mencionar también una o dos cosas que ambos esperamos que mejoren una próxima vez. Sin embargo, ¿qué pasaba si hubo una desatención a las expectativas establecidas y pocos intentos para comportarse? Lo primero que sucedía después del servicio era un silencioso e inmediato viaje al lugar más privado que podíamos encontrar. Luego se pronunciaban las palabras merecidas y se administraban o prometían las consecuencias.

Cercanía y calidez

En las raras ocasiones cuando mi esposo pastor podía sentarse con el resto de nosotros, el más pequeño se subía a su regazo (y estaba más atento y quieto de lo normal). Qué maravillosa cosa para una mente joven asociar con atención la cercanía y la calidez del regazo de un padre con tiempos especiales de Dios. Un niño obtiene casi el mismo sentimiento al estar cerca de sus padres o al sentir un brazo sobre su hombro o una afectiva mano sobre la rodilla. El establecimiento del fuerte círculo de la familia centrándose en Dios será una imagen no verbal creciendo cada vez con más riqueza en la mente y en el corazón del niño a medida que madura en el aprecio por su familia y en el asombro por la grandeza de Dios.
John Piper © 1995  Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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¿Cuándo dejo de seguir a mi pastor?
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¿Cuándo dejo de seguir a mi pastor?


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
¿Cuándo deberíamos dejar de seguir a nuestros líderes cristianos? ¿Cuándo nuestra lealtad a Dios invalida nuestra lealtad a ciertos líderes? Nos llegó la pregunta de una radioyente llamada Peggy. «Hola, pastor John. Quisiera que me responda una pregunta crucial. Como cristianos, ¿prometemos compromiso a la iglesia o a Dios? ¿Cuándo y cómo se deben establecer esos límites? La manera en la que le responderé a Peggy va a depender de a qué se refiere ella cuando dice, «lealtad a la iglesia». ¿Quiere decir lealtad al pueblo de Dios como un todo; concretamente, la iglesia universal que consiste en todos los hijos de Dios que han nacido de nuevo por medio del Espíritu Santo, por medio del Evangelio, o quiere decir una expresión local particular de esa iglesia? Quizás ella ni siquiera esté pensando en esa distinción, pero es una importante, por lo que le voy a responder en ambos niveles: primero, la iglesia universal; luego, la iglesia específica. Tres testigos diferentes en el Nuevo Testamento, Pablo, Juan y Pedro, nos dicen que estar unidos a Dios en Cristo es estar unidos en principio y amor al pueblo de Dios. No se nos permite escoger entre pertenecer a Dios y pertenecer a su pueblo. Siempre van juntos. Tener a Dios es tener a la familia de Dios. Tener al Padre es tener a sus hijos como hermanos y hermanas. No hay escapatoria; así es. Amar al Padre es amar a los hijos. Este es el testimonio de Juan: 1 Juan 5:1: «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios. Todo aquel que ama al Padre, ama al que ha nacido de Él». No puedes decir: «voy a amar a Dios y ser fiel a esa relación y no tendré nada que ver con los cristianos». No se puede hacer así; es contradictorio. Esto dice 1 Juan 3:14: «Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos». La realidad de haber nacido de nuevo, y por consiguiente, pertenecer a Dios como nuestro Padre, solo puede conocerse si amamos a los hermanos y hermanas cristianos. Si no los amas, entonces no puedes saber si perteneces a Dios. En 1 Juan 4:20 dice: «Si alguien dice: “yo amo a Dios”, pero aborrece a su hermano, es un mentiroso». Juan es claro. Él marca un límite firme. El texto continúa: «Porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto». No puedes afirmar amar a Dios honestamente o ser leal a Dios donde no hay amor por sus hijos, tus hermanos y hermanas. Ese es el testimonio de Juan. Este es el de Pablo. Esto es Romanos 12:5: «Así nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo en Cristo e individualmente miembros los unos de los otros». Ser injertados en el cuerpo de Cristo por fe unidos a Él es ser miembros los unos de los otros. Estar en Cristo es estar unidos a otros miembros del cuerpo. No puede ser de otra manera. Este es el testimonio de Pedro. Esto es 1 Pedro 2:4-5: «Y viniendo a Él [a Cristo], como a una piedra viva, desechado por los hombres, pero escogida y preciosa delante de Dios, también ustedes, como piedras vivas, sean edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo». En otras palabras, venir a Cristo, la piedra viva, es edificar con otras piedras vivas, como tú, una casa. No puedes ir a Él en otros términos. Concluyo: la lealtad a Dios en Jesucristo necesariamente incluye lealtad de amor a su pueblo. Esa es la iglesia universal, cristianos, donde sea que los encuentres. En segundo lugar, ¿qué pasa con la lealtad a una iglesia local específica? Supongo que Peggy está hablando de esto. Creo que todo el lenguaje sobre la membresía en Cristo y en el cuerpo del Nuevo Testamento implica tomar muy en serio la membresía en una iglesia local, pero esta lealtad no es absoluta como la lealtad al pueblo de Dios en general. Sabemos esto porque existen instrucciones en el Nuevo Testamento que implican que el liderazgo de una iglesia puede no ser digna de ser seguida, lo que implicaría no someterte más al ministerio de ese liderazgo. Por ejemplo, 1 Timoteo 5:19-20 habla sobre lo que pasa cuando un anciano deja de estar calificado para serlo. Esto es lo que sucede: «No admitas acusación contra un anciano, a menos que haya dos o tres testigos». Supongamos que tienes tres testigos y el anciano es culpable. «A los que continúan en pecado» (ancianos que siguen pecando; en otras palabras, que ya no están calificados) «repréndelos en presencia de todos para que los demás tengan temor de pecar». Ahora, eso implica que si este principio de lidiar con los ancianos no calificados no se lleva a cabo, la congregación no tendrá más opción que desligarse de los ancianos no calificados. Ese es el significado de no calificados. No pueden liderar a nadie, por lo que no van a liderarnos a nosotros. Si no pueden renunciar a su liderazgo por no estar calificados, entonces nosotros tenemos que renunciar a estar bajo su liderazgo para ser obedientes al texto, creo. Diría que este es el caso de miles de iglesias que tienen pastores que no creen en las verdades básicas del Evangelio. Aquí hay dos ejemplos más. En 1 Corintios 5:11 dice: «Sino que en efecto les escribí que no anduvieran en compañía de ninguno que, llamándose hermano, es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, o borracho, o estafador. Con esa persona, ni siquiera coman». Bueno, ¿qué pasaría si tu pastor fuera el que se está acostando con cualquiera, fuera culpable de avaricia, fuera un desfalcador, un idólatra, un difamador, un borracho o un estafador? ¿Qué pasaría si es tu pastor el que está viviendo en inmoralidad sexual? ¿Qué pasaría si los otros ancianos son cómplices y no lo están disciplinando? Bueno, entonces el texto dice que se supone que no debes tener nada que ver con él, así que claramente no estarías más bajo su ministerio. Un ejemplo más, 2 Juan 10-11 dice: «Si alguien viene a ustedes y no trae esta enseñanza» (concretamente, la enseñanza apostólica) «no lo reciban en casa, ni lo saluden, pues el que los saluda participa en sus malas obras». Bueno, ¿qué pasaría si tu pastor es quien no está llevando la enseñanza apostólica y los ancianos no están haciendo nada al respecto? El texto dice que ni siquiera lo saluden. Si se supone que no deben saludarlo, ¿cuánto más no deberías asistir a su iglesia? Mi conclusión para Peggy es que debe darse cuenta de que pertenecer a Jesucristo y ser hija de su Padre celestial la vincula en una relación de amor y en una relación leal con todos los cristianos verdaderos. No podría ser indiferente para amarlos y eso significa hacer comunidad con ellos de cierta forma. Debe deleitarse en esto y buscar encontrar maneras de vivirlo. Sin embargo, en cuanto a su lealtad a cualquier iglesia local específica depende de que el liderazgo cumpla sus responsabilidades morales, espirituales y doctrinales.
John Piper © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
Photo of William Tyndale
William Tyndale
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William Tyndale

A principios de la década de 1530, un comerciante inglés llamado Stephen Vaughan fue designado para buscar a William Tyndale e informarle que el rey Enrique VIII deseaba que dejara de esconderse en el continente. En una carta, con fecha 19 de junio de 1531, Vaughan escribió estas simples palabras sobre Tyndale (1494-1536): «siempre lo encuentro cantando la misma canción». Esa canción era esta: ¿el rey de Inglaterra le dará su respaldo oficial a la Biblia en lenguaje corriente para todos sus súbditos ingleses? Si no lo hace, Tyndale no volverá; si lo hace, Tyndale se entregará a sí mismo al rey y nunca escribirá otro libro. El rey se rehusó, y Tyndale nunca más volvió a su patria. Al contrario, si el rey y la Iglesia católica romana no proveían una Biblia impresa en inglés para que el hombre común y corriente pudiera leerla, Tyndale lo haría, aun cuando le costara su vida, y así fue.

Los jóvenes labradores conocerán su Biblia

Cuando Tyndale tenía 28 años en 1522, servía como tutor en casa de John Walsh en Gloucestershire, Inglaterra, donde pasaba la mayor parte de su tiempo estudiando el Nuevo Testamento en griego de Erasmo, que había sido impreso tan solo seis años antes, en 1516. Cada vez más, a medida que Tyndale veía las verdades de la Reforma con más claridad en el Nuevo Testamento en griego, él comenzó a desconfiar de la casa católica de John Walsh. John Foxe nos cuenta que un día un exasperado académico católico que cenaba con Tyndale dijo: «mejor nos iría sin la ley de Dios que sin del papa». En respuesta, Tyndale pronunció sus famosas palabras: «desafío al papa y a todas sus leyes… Si Dios me hace merced de seguir vivo, de aquí a no muchos años lograré que el muchacho que guía el arado sepa más de la Escritura que vos».

El crescendo de la única canción

Cuatro años más tarde, Tyndale terminó la traducción al inglés del Nuevo Testamento en griego en Worms, Alemania, y comenzó a introducirla por contrabando a Inglaterra en fardos de tela. Para octubre de 1526, el obispo Tunstall había prohibido el libro en Londres, pero el número de ejemplares impresos había sido de al menos tres mil, y los libros estaban llegando a las personas. Dentro de los ocho años siguientes, también se imprimieron cinco ediciones pirateadas. En 1534, Tyndale publicó un Nuevo Testamento revisado, al haber aprendido hebreo en el entretanto, probablemente en Alemania, lo que le ayudó a comprender mejor las conexiones entre el Antiguo y el Nuevos Testamento. El biógrafo David Daniell llama a este Nuevo Testamento de 1534: «la gloria de la obra de su vida» (William Tyndale, 316). Si Tyndale estaba «siempre cantando una misma canción», este fue el crescendo de la canción de su vida: el Nuevo Testamento en inglés terminado y refinado. Por primera vez en la historia, el Nuevo Testamento en griego fue traducido al inglés. Antes de su martirio en 1536, Tyndale continuó y tradujo al inglés claro y común no solo el Nuevo Testamento, sino que también el Pentateuco, desde Josué hasta 2 Crónicas y Jonás. Todo este material se convirtió en la base para la Great Bible emitida por Miles Coverdale en Inglaterra en 1539 y la base para la Biblia de Ginebra publicada en 1557 («La Biblia de la nación», que también vendió más de un millón de copias entre 1560 y 1640).

La traducción de la Biblia, verdad del Evangelio

¿Qué llevó a que Tyndale cantara una misma canción toda su vida? Fue la sólida convicción de que todos los humanos estamos cautivos al pecado, ciegos, muertos, malditos e inútiles y que Dios ha actuado en Cristo para entregar salvación por gracia por medio de la fe. Esto es lo que se encontraba oculto en la Escritura en latín y en el sistema de penitencia y mérito de la iglesia. Por esta razón la Biblia debía ser traducida. Finalmente, por esta razón Tyndale fue martirizado. Él escribió:
La fe, madre de todas las buenas obras, nos justifica, antes de entregar cualquier buena obra: como el esposo desposa a su esposa antes de que él pueda tener cualquier hijo legalmente con ella (William Tyndale, 156–57).
El hombre está perdido, espiritualmente muerto, condenado. Dios es soberano, Cristo es suficiente, la fe es todo. La traducción de la Biblia y la verdad de la Biblia eran inseparables para Tyndale, y al final fue la verdad (especialmente la verdad de la justificación solo por la fe) lo que encendió a Gran Bretaña con fuego de la Reforma y luego trajo una sentencia de muerte a este traductor de la Biblia. En octubre de 1536, con solo 42 años, la voz de Tyndale que entonaba una única canción fue silenciada, él fue atado a una estaca, estrangulado por su verdugo y luego consumido por el fuego. Sin embargo, debido a su traducción al inglés común y corriente, la misma canción se amplificó y llegó a ser un poderoso coro británico de sirvientas, de zapateros y, sí, incluso de jóvenes labradores.
John Piper © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
Photo of Martín Lutero
Martín Lutero
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Martín Lutero

Uno de los grandes redescubrimientos de la Reforma (especialmente de Martín Lutero) fue que la Palabra de Dios llega a nosotros en forma de libro: la Biblia. Lutero captó este poderoso hecho: Dios preserva la experiencia de salvación y santidad de generación en generación por medio de un libro de revelación, no de un obispo en Roma.

El riesgo vital y potencialmente mortal de la Reforma fue el rechazo al papa y a los concilios como la autoridad final de la iglesia. El adversario de Lutero, Sylvester Prierias, escribió: «él, que no acepta la doctrina de la Iglesia de Roma ni al pontífice de Roma como regla infalible de fe, de la que la Sagrada Escritura también, obtiene su fuerza y autoridad, es un hereje» (Luther [Lutero], 193). A continuación, lo que ocurrió fue que Lutero fue excluido de la Iglesia católica romana. «Lo nuevo en Lutero», dice Heiko Oberman, «es la noción de obediencia absoluta a la Escritura contra cualquier autoridad; sean los papas o los concilios» (Luther [Lutero], 204).

Este redescubrimiento de la Palabra de Dios por sobre todos los poderes terrenales formó a Lutero y a toda la Reforma. Sin embargo, el camino de Lutero a ese redescubrimiento fue uno tortuoso, comenzando con una tormenta eléctrica a los 21 años.

Un monje temeroso

El 2 de julio de 1505, camino a casa desde la escuela de derecho, Lutero se vio envuelto en una tormenta y fue arrojado al suelo por un rayo. Él clamó: «¡ayúdame, Santa Ana! Me convertiré en monje». Quince días después, para la consternación de su padre, Lutero abandonó sus estudios de derecho y cumplió su promesa. Golpeó la puerta de la Orden de San Agustín en Erfurt y le pidió al prelado que lo aceptara en la Orden. A los 21 años, se convirtió en un monje agustino. En su primera misa dos años después, Lutero estaba tan abrumado al pensar en la majestad de Dios que casi huyó. El prelado lo persuadió para que continuara.

No obstante, este incidente de temor y temblor no quedaría aislado en la vida de Lutero. Él mismo se acordaría más adelante de esos años: «aunque viví como monje sin reproche, sentía que era un pecador ante Dios con una conciencia extremadamente angustiada. No podía creer que Él estuviera apaciguado por mi satisfacción» (Selections, 12).

Lutero no se casaría por otros veinte años (se casó con Catalina de Bora el 13 de junio de 1525), lo que significó que, como un hombre soltero, él vivió tentaciones sexuales hasta que cumplió los 42 años. Sin embargo, «en el monasterio», dijo él, «no pensé en mujeres, dinero ni posesiones; al contrario, mi corazón temblaba y se inquietaba respecto a si Dios me conferiría su gracia». Su anhelo absorbente era conocer la felicidad del favor de Dios. «Si yo podía creer que Dios no estaba enojado conmigo», él dijo, «me pararía de cabeza de alegría».

Buenas nuevas: la justicia de Dios

En 1509, el querido superior, consejero y amigo de Lutero, Johannes von Staupitz, le permitió comenzar a enseñar la Biblia. Tres años después, el 19 de octubre de 1512, a los 28 años, Lutero recibió su grado de doctor en teología, y von Staupitz le cedió la cátedra de Teología Bíblica en la Universidad de Wittenberg, la que Lutero dictó el resto de su vida.

A medida que Lutero comenzó a leer, estudiar y enseñar la Escritura desde los idiomas originales, su perturbada conciencia borboteaba bajo la superficie, en especial al enfrentarse con la frase «la justicia de Dios» en Romanos 1:16-17. Para Lutero, «la justicia de Dios» solo podría significar una cosa: el castigo justo de Dios a los pecadores. La frase no fue «evangelio» para él; fue una sentencia de muerte.

Pero entonces, en un instante, todo el odio de Lutero por la justicia de Dios se transformó en amor. Él recuerda:

Al fin, por la misericordia de Dios, al meditar en ella día y noche, le puse atención al contexto de las palabras; concretamente, «Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela [...], como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá». ...Y este es el significado: la justicia de Dios es revelada por el Evangelio; concretamente, la justicia pasiva con la cual [el] Dios misericordioso nos justifica por fe, como está escrito: «el justo por la fe vivirá».

Él concluye: «aquí sentí que nací de nuevo completamente y que había entrado al mismo paraíso por puertas abiertas».

Firme en el Libro

Lutero no fue el pastor de la iglesia de Wittenberg, pero sí compartió la predicación con su pastor amigo, Johannes Bugenhagen. El registro da testimonio de cuán completamente devoto era a la predicación de la Escritura. Por ejemplo, en 1522 él predicó 117 sermones, al año siguiente 137. En 1528, predicó casi 200 veces y de 1529 tenemos 121 sermones. Por lo tanto, el promedio en esos cuatro años era de un sermón cada dos días y medio.

A lo largo de los próximos 28 años, Lutero predicaría miles de sermones, publicaría cientos de panfletos y libros, soportaría muchas controversias y aconsejaría a innumerables ciudadanos alemanes, todo para esparcir las buenas nuevas de la justicia de Dios para un pueblo atrapado en un sistema basado en el mérito propio. Por medio de ese mensaje, Lutero tuvo un arma con la cual rescatar este Evangelio de ser vendido en los mercados de Wittenberg: la Escritura. Él expulsó a los cambistas (los vendedores de la indulgencia) con el látigo de la Palabra de Dios, la Biblia.

Lutero dijo con una estrepitosa contundencia en 1545, el año antes de que muriera: «permítanle al hombre que escuchará a Dios hablar, leer la Sagrada Escritura». Solo aquí, en las páginas de la Biblia, Dios habla con autoridad final. Solo aquí, descansa la autoridad decisiva. Solo desde aquí, el don de la justicia de Dios llega a los pecadores destinados al infierno.

Él vivió lo que exhortó. Él escribió en 1533: «por varios años, he leído la Biblia completa dos veces al año. Si la Biblia fuera un largo y poderoso árbol y todas sus palabras fueran pequeñas ramas, extraje la savia de todos ellas, ansioso de conocer lo que ahí había y lo que tenía que ofrecer» (What Luther Says [Lo que Lutero dice], vol. 1, 83). Oberman dice que Lutero mantuvo esa práctica por al menos diez años (Luther, 173). La Biblia llegó a significar más para Lutero que todos los padres y comentaristas.

Aquí estuvo Lutero, y aquí estamos nosotros. No en los dictámenes papales, no en las decisiones de concilios, ni en los vientos de la opinión popular, sino que en «esa palabra sobre todos los poderes terrenales»: la Palabra viva y perdurable de Dios.

John Piper © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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¿Son los estándares de pureza sexual demasiado altos para los pastores?


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
¿Es la castidad intachable un estándar demasiado alto para los pastores? Esta es la pregunta de hoy; una que me recuerda una experiencia personal de hace un par de años. Mi familia y yo nos escabullimos en la parte de atrás de una iglesia para ver a un predicador que me gustaba. La iglesia estaba llenísima, pero el predicador no estaba ahí. Un rato después de llegar, se anunció que el pastor había sido relegado de su rol pastoral la noche anterior, después de descubrir su apego romántico hacia una mujer que no era su esposa. Cuando este castigo fue anunciado formalmente a la iglesia, el hombre que estaba justo frente a mí, a quien nunca antes había visto (no lo conocía para nada), se dio la vuelta, me miró a los ojos y dijo con una fuerte voz: «¡eso es excesivo, ¿no crees?!». Estaba asustado; nunca lo voy a olvidar. Momentos como esos, y cualquier disciplina formal de la iglesia, son aterradores; no los olvidas. Y caen sobre algunos con una horrorosa severidad. Esta es la experiencia que lleva a la pregunta de hoy hecha por una auditora de Houston. «Pastor John, uno de los pastores de mi iglesia recientemente fue despedido de su puesto después de haber confesado tener sexo con la mujer con quien estaba saliendo. Por un lado, fui tan humillada por la alta visión que el liderazgo de la iglesia tiene del estándar de Dios. Sin embargo, por otro lado, me pregunto si fue demasiado duro. Se requiere una gracia muy especial resistir la tentación sexual, especialmente en un hombre o una mujer de cierta edad y experiencia. Muchos pastores luchan con pecados ocultos como la pornografía. ¿Es la castidad intachable un estándar demasiado alto para los pastores?». Bien, comienzo con la convicción de la venida al mundo de Jesucristo, el Hijo de Dios; la revelación del amor de Dios en el sacrificio de su Hijo; el patrón de sufrimiento y abnegación establecido por Jesús; la efusión del Espíritu Santo como el Espíritu del Cristo resucitado; la vívida clarificación de las riquezas de la herencia cristiana más allá de la muerte; las enseñanzas radicales y contraculturales de Jesús respecto a cómo los cristianos deben vivir; y el establecimiento del nuevo pacto en el cual la Ley está escrita en nuestros corazones, comienzo con la convicción de que todas estas cosas y más significan que los estándares de comportamiento del pueblo de Dios ahora son más altos de lo que fueron en el Antiguo Testamento. Jesús elevó la vara.

El océano de la gracia de Dios

Él dijo, por ejemplo: «Por la dureza de su corazón Moisés les permitió a ustedes divorciarse de sus mujeres; pero no ha sido así desde el principio» (Mt 19:8). Y luego Él los llamó a ir más allá de la solución que Moisés proveyó para el pecado. Por lo tanto, con esa convicción, no estoy en desacuerdo con que se requiera una gracia muy especial para resistir la tentación sexual; ciertamente es así. Mi punto es que esta gracia comprada con sangre; esta gloriosa gracia del nuevo pacto, está disponible en Cristo para todos los cristianos. Por ejemplo:
  • «Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abunden para toda buena obra» (2Co 9:8). Toda buena obra, que incluye la más mínima buena obra de no acostarte en la cama con tu novia hasta que se casen, y luego ser fiel a tu esposa después en el matrimonio. Esas son las buenas obras mínimas.
  • En 1 Corintios 10:13 dice: «No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres. Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que puedan resistirla». En otras palabras, sí, , se requiere una gran gracia para ser casto, una gracia que va más allá de la gracia común. Sin embargo, ese es el océano al que fuimos lanzados cuando fuimos unidos a Cristo.
  • «Por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios» (Ro 5:2). Y yo diría: «en la cual nadamos», un océano; es un océano de gracia.
  • Ser un cristiano que vive en este océano de gracia todopoderosa es ser guiado por el Espíritu. En Romanos 8:14 dice: «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios».
  • En Gálatas 5:22-23 dice: «Pero el fruto del Espíritu es… dominio propio». Esa palabra, egkrateia, se refiere explícitamente al dominio propio sexual en Gálatas 5:23.
  • En Colosenses 3:5-6 dice: «Por tanto, consideren los miembros de su cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría. Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas».
  • Como Jesús dijo: «Pero Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te hace pecar, arráncalo y tíralo; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno» (Mt 5:28-29).
Jesús y Pablo hablan sobre el infierno en relación al fracaso en adoptar, recibir y ser empoderado por esta gracia que Dios ha comprado para nosotros en el nuevo pacto.

Estándares más altos

Entonces, después de la convicción de que los estándares de Cristo son más altos que los de Moisés, existe la verdad de que los estándares para los ancianos y los pastores son más altos que para los miembros de la iglesia cristianos comunes y corrientes. Además de los dones especiales que se requieren de los ancianos y de los pastores llamados «de enseñanza» y «de gobierno» (1Ti 3:2, 5), existen estándares éticos en donde el pastor debe ser irreprochable (1Ti 3:2), porque es una figura muy pública y tiene un llamado de peso a ser un ejemplo para el rebaño (1P 5:3) y un ejemplo para el mundo (1Ti 3:7).
  • «Por tanto, a los ancianos entre ustedes, exhorto yo,...[a] vela[r] por él [rebaño]… [no] como teniendo señorío sobre los que les han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebaño» (1P 5:1-3).
  • Pablo hace explícito que este ejemplo que los pastores deben dar es la pureza sexual: «sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza» (1Ti 4:12).
  • «Muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras… a fin de que el adversario se avergüence al no tener nada malo que decir de nosotros» (Tit 2:6-8).
  • Todo esto lleva a las palabras de peso de Pablo a los ancianos en Hechos 20:28: «Tengan cuidado de sí mismos y de toda la congregación, en medio de la cual el Espíritu Santo les ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre».

No como todos los demás

A pesar del hecho de que muchos pastores intentan dar la impresión, con una humildad desorientada, de que son «como todos los demás» («no me pongan en un pedestal; soy solo como todos los demás», sin lugar a dudas no son «como todos los demás». Lo diré nuevamente: los pastores sin lugar a dudas no son como todos los demás. Son el pastor de los demás; son los que cazan y luchan contra los lobos de los demás; el ejemplo  para los demás; son los protectores y maestros que tienen autoridad sobre los demás. Quizás uno de nuestros problemas es que hemos aterrado a los pastores al decirles lo que deben ser. Lo que sugiero es que es bíblicamente inconcebible que tal pastor pueda vivir por sobre el estándar de Moisés, por sobre el estándar de los cristianos comunes y corrientes, y por sobre el reproche del mundo, y aun así vivir en pecado sexual. Mi respuesta a la pregunta es que exigir que un pastor viva una vida libre de fornicación, de adulterio y de cualquier uso continuo de pornografía no es un estándar demasiado alto.
John Piper © 2020 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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¿Cómo podemos criar niños que no sean ingenuos ni escépticos?
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¿Cómo podemos criar niños que no sean ingenuos ni escépticos?


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
Hoy día tenemos una muy buena pregunta sobre la crianza de los hijos, ¿cómo podemos criar niños que no sean ni ingenuos ni escépticos? Esta es una pregunta de un oyente de nuestro podcast, un papá llamado Rick de Fort Worth, Texas. «¡Hola, pastor John! Mateo 10:16 dice que debemos ser “astutos como serpientes e inocentes como palomas”. Cuando criamos a nuestros hijos no queremos que lleguen a ser crédulos o ingenuos, pero tampoco queremos que terminen siendo duros de corazón y escépticos. ¿Cómo, entonces, podemos dar forma a sus ideas y actitudes cuando los preparamos para este mundo? ¿Qué errores y consecuencias pueden resultar de este esfuerzo?». Esta es una excelente pregunta porque refleja una comprensión muy madura de una de las principales paradojas en la vida cristiana. Por una parte, Jesús nos manda al mundo como ovejas en medio de lobos. Las ovejas son muy vulnerables; se las considera afables. Nadie teme ser mordido por una oveja. Por otra parte, debemos ser sabios y juiciosos, maduros y estables, fuertes y astutos y no dejarnos engañar por toda corriente de doctrina falsa. Esta es la paradoja, y Rick así lo entiende. Por un lado, debemos ser humildes y mansos, considerando a los demás más importantes que nosotros mismos (Fil 2:3) y, sin embargo, por otro lado, debemos ser firmes en nuestras convicciones, llenos de coraje, porque Proverbios dice: «Los justos viven confiados como el león» (Pr 28:1). De manera que, me parece que Rick entiende muy bien el desafío que tenemos frente a nosotros: así es como debemos ser, y además, es como debemos criar a nuestros hijos para que sean esta clase de adultos. No creo que pueda decir nada que Rick no pueda pensar por sí mismo, puesto que tiene tan buen manejo del tema, pero lo intentaré. Déjenme hacer cuatro sugerencias. Creo que será obvio qué tipo de errores podrían surgir en el esfuerzo por llevar a cabo estas sugerencias; ya veremos.
1. Ilustra la paradoja
Desde temprana edad, enseñen a los niños la Biblia, día tras día, usando declaraciones bíblicas específicas de esta paradoja de astutos como serpientes e inocentes como palomas. Además complete sus enseñanzas con historias bíblicas, y quizás también con historia cristiana, biografías o historias contemporáneas. Donde sea que veas la paradoja en una persona, ya sea en biografías, en la historia, en las misiones o en la vida contemporánea, ilústrala. Destácala para ayudar a que los niños vean lo bella que es, cuánto tú la admiras, y lo mucho que ellos también debieran admirarla. Permítanme dar un ejemplo específico del tipo de enseñanza a la que me refiero cuando digo: «elije oraciones específicas para ilustrar cómo se ve esta paradoja». Estoy muy influenciado por lo que hemos estado pensando recientemente en Desiring God al tratar de enunciar un principio fundamental que expresa esto mismo. Lo mencionaré en unos minutos. Efesios 4:1-2 dice: «vivan de una manera digna» de nuestro llamamiento como cristianos. Luego menciona tres palabras (más que tres), pero solo nombraré las tres primeras: humildad, mansedumbre y paciencia. Les leemos eso a nuestros hijos. Luego les preguntamos: «¿qué creen que significan estas tres palabras?». Hablemos de la humildad. ¿Qué es la humildad? Es nuestra humilde condición a causa de nuestro pecado y del horrible sufrimiento que significó nuestra salvación, y de lo dependientes que siempre somos de Dios. Humildes y mansos; viviendo como palomas y como ovejas. Un estilo de vida que se ajusta a la humildad y a la paciencia; viviendo sin enojarse fácilmente ni devolviendo mal por mal. Entonces, haz una pausa y, luego vuelve a insistirles a tus hijos sobre el significado de estas palabras; siempre siendo ejemplos para ellos de cómo tomar seriamente las palabras de la Escritura. Pregúntales también: «¿cuál es el estilo de vida al que Pablo llama manso y que encaja con esta actitud de humildad?». Entonces, les modelas. Estoy pensando en esto justo ahora solo porque, al examinar Efesios en Look at the Book [Miremos el Libro], esto fue tan increíblemente nuevo y refrescante para mí. Nunca había visto en estos tres versículos juntos así. Me hice la pregunta a mí mismo y ahora se las hago a mis hijos imaginarios delante de mí: ¿cuáles serían algunos ejemplos de cómo luciría la mansedumbre? Queremos que esto quede claro de inmediato. No queremos que se entienda la mansedumbre como lo que no es.

Restaurar, corrigir, defender

Ahora veamos las tres ilustraciones. La primera:
Hermanos, aun si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado (Ga 6:1) [Énfasis del autor].
Este es el dilema: hay que tener muchas agallas, mucho coraje, para enfrentarse a alguien que se está comportando mal. Es mucho más fácil ignorarlo. Todos los demás lo están haciendo. Tú irás hasta esta persona con mucho coraje y lo confrontarás, pero lo harás con mansedumbre. La mansedumbre es esa manera valiente y humilde de hacerlo. Veamos la segunda ilustración:
El siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido. Debe reprender tiernamente a los que se oponen (2Ti 2:24-25) [Énfasis del autor].
Ahí está de nuevo. La primera ilustración de Gálatas fue sobre cómo corregir su comportamiento. La segunda es sobre cómo corregir su doctrina. Y puede que eso requiera aún mayor coraje dependiendo del tipo de personas que sean. Tú los vas a enfrentar cara a cara y les dirás que lo que ellos creen, no es verdad. Pero tú lo harás con mansedumbre. La mansedumbre se combina con el coraje en esas dos instancias. Veamos la tercera ilustración:
Pero aun si sufren por causa de la justicia, dichosos son. Y no tengan miedo por temor a ellos ni se turben, sino santifiquen a Cristo como Señor en sus corazones, estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que les demande razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con mansedumbre y reverencia,  teniendo buena conciencia, para que en aquello en que son calumniados, sean avergonzados los que hablan mal de la buena conducta de ustedes en Cristo. (1P 3:14-16)
La mansedumbre encara a aquellos que, quizás, estén rechinando sus dientes listos para injuriarte y calumniarte, pero da testimonio de Jesús con coraje, con audacia y con mansedumbre.

Humilde coraje

Después de haber visto estas tres ilustraciones con tus hijos, vuelve a preguntar: «¿qué es mansedumbre? ¿Cómo es una persona mansa?». La respuesta es: alguien que tiene coraje, coraje, coraje, coraje para corregir comportamientos, para corregir enseñanzas, para dar testimonio frente a los calumniadores, pero siempre con un comportamiento manso y humilde. Esto será una paradoja con la cual tus hijos tendrán que luchar el resto de sus vidas. Volver a esto una y otra vez en nuestra lectura de la Biblia, ¡sería maravilloso! Entonces, podrías usar Hechos 5 como ilustración: donde los apóstoles habían sido golpeados por dar testimonio de su fe y, sin embargo, el versículo 41 dice: «Los apóstoles, pues, salieron de la presencia del Concilio, regocijándose de que hubieran sido considerados dignos de sufrir afrenta por su Nombre». La mansedumbre está dispuesta a sufrir; se complace tanto en Dios, confía tanto en Dios que se regocija en el sufrimiento. Enséñales usando textos específicos, historias e ilustraciones sobre esta paradoja entre coraje y mansedumbre.
2. Busca frases llamativas, fáciles de recordar
Lo segundo sería simplemente buscar frases ingeniosas, claras, atractivas y fáciles de recordar que resuman lo que estás tratando de enseñar. Eso es lo que hemos estado haciendo en Desiring God. Hemos dado con dos: una la hemos llamado «audacia con el corazón roto; y la otra, coraje contrito». Ese es uno de nuestros principios fundamentales hoy porque queremos transmitir esta paradoja en esta época tan colérica, estridente y controversial en la que vivimos, y también queremos examinar lo que es el coraje. ¿Cómo se ve en la práctica cuando los cristianos son valientes? ¿Se supone que son atrevidos, jactanciosos, ruidosos y estridentes? ¿O hay otra manera? Creo que te recomendaría encontrar una frase que puedas repetir a tus hijos año tras año para que cuando se vayan de casa en veinte años más, recuerden que «había algo llamado audacia con el corazón roto; había algo llamado coraje contrito en lo cual mi papá creía. Me gustaría volver a descubrirlo».
3. Modela lo que quieres ver
La tercera cosa que me gustaría sugerirte es esto: sé un modelo para tus hijos. Sé audaz, sé humilde, sé valiente, está contrito. Con el tiempo, ellos lo verán. Creo que una forma realmente importante de modelar en este tiempo saturado con medios de comunicación, se presenta cuando estás viendo las noticias, cuando estás viendo videos, cuando estás viendo algo en YouTube, cuando estás viendo toda clase de cosas, y ves algo que no soportas. En verdad, te molesta. Es algo tan dañino, tan antibíblico, que tus hijos saben cómo te sientes al respecto, ¡y lo están viendo! ¿Cómo va a responder papá? ¿Cómo va a responder mamá a estas cosas con las que están tan en desacuerdo? Es en ese momento cuando les sirves de modelo: «esto es malo. Esto es dañino. Esto deshonra a Dios». Es en ese momento cuando puedes enseñarles «cómo amar a su enemigo». Puedes hacer una pausa en ese mismo instante, apagar el televisor y orar. Pídele a Dios por la persona a quien acabas de criticar y por sus ideas destructivas. Los niños aprenderán que uno puede ser un crítico inteligente, cuidadoso e incluso duro de la cultura, pero podemos amarla, cuidarla y orar por ella.
4. Destila gozo
Lo último que me gustaría decir es esto: no vivan tristes, sin alegría; estén llenos de gozo. Yo recuerdo el esfuerzo que mis padres hicieron por darme convicciones firmes en medio de la mundanalidad que ellos pensaban que nos estaba invadiendo por todas partes incluso en la década de los 50 y 60. Creo que la clave que me convenció para abrazar su fe hoy fue que ellos, además de estar empapados de muy altos estándares bíblicos, fueron las personas más felices que he conocido. En ese entonces yo daba por sentado su alegría. Ahora cuando pienso en algunas de las cosas que pasaron en su matrimonio, en sus finanzas, en la cultura e incluso en los desacuerdos, me maravillo de que hayan sido tan felices. El gozo en el Señor en medio de la adversidad es una gran evidencia para los niños de que Cristo es real. No garantiza que ellos vayan a adoptar la verdad y la belleza de Cristo, pero sí es una atracción poderosa.
John Piper © 2020 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto
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Cansada y ocupada: ¿cómo dedico más tiempo a leer la Biblia?
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Cansada y ocupada: ¿cómo dedico más tiempo a leer la Biblia?


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
Hay temporadas cuando la vida nos agota, cuando pareciera como si estuviéramos muy cansados y ocupados para cualquier tipo de involucramiento significativo con nuestras Biblias. Esa es la situación actual de Elaina, quien nos escribe hoy. «¡Hola, pastor John! Vivo sola. Trabajo por largas semanas. Se me hace casi imposible mantener mi lectura bíblica, pues tengo que cocinar, limpiar, ejercitarme, hacer trámites, comprar comida, hacer las compras, etc., etc., y para cuando regreso a casa, estoy exhausta. Planifico tiempos para leer mi Biblia, para orar y para estar a solas con Dios, pero siento como si le estuviera dando a Dios solo quince minutos de mi día, y no quiero eso. Sin embargo, debo pagar las cuentas para vivir. Me siento atascada. Cuando leo mi Biblia, estoy medio dormida. El único tiempo real que tengo ahora son los fines de semana, pero no es suficiente. ¿De qué maneras prácticas puedo rechazar el ajetreo de mi vida y asegurarme de hacer tiempo para Él?». Escucho a Elaina apuntando a tres cosas que están frustrando su tiempo con Dios en la Palabra. En primer lugar, ella se siente atascada. En segundo lugar, se siente agotada, como si se fuera a quedar dormida cuando está leyendo su Biblia. Y en tercer lugar, está increíblemente ocupada con muchas presiones, empujando la Biblia al borde de su vida. Permítanme decir una palabra sobre esto.

Atascada

Veo gente quedar atascada en la nieve fuera de mi casa. Vivo en una esquina, por lo que veo a esa gente detenerse y arrancar el automóvil. Algunas personas se quedan ahí, en el mismo lugar, por diez minutos. Miro hacia afuera diciendo: «bueno, tendré que salir y empujarlos». Ellos solo patinan, patinan y patinan y aunque hagan lo mismo una y otra y otra vez, los atasca más. La nieve es parte del problema, pero hacer lo mismo una y otra vez también lo es. Por lo tanto, atascarse podría requerir poner la marcha en reversa. Es casi ilógico: ir hacia atrás y hacia adelante para sacar el automóvil de ahí. O quizás tendrás que usar la pala: sales, usas la pala para sacar la nieve que está frente a tus neumáticos. Tal vez podrías tocar el timbre de la casa de los Piper y decir: «¿hay un hombre aquí?», ha ocurrido. Mis hijos y yo hemos empujado muchos autos para sacarlos de la nieve. El punto es: desatascarse a veces requiere esfuerzos nuevos ilógicos.

Una cosa necesaria

¿Qué relación puede tener eso con el ajetreo y el agotamiento? La lista de Elaina contiene cocinar, limpiar, hacer ejercicio, hacer trámites, tener comida y comprar. Me suenan a cosas clásicas, buenas y valiosas que tienden a llenar la vida. Sin embargo, Jesús estuvo en la casa de un par de mujeres que tuvieron diferentes respuestas a estas cosas. Sabes de quién estoy hablando: Marta y María.
Pero Marta se preocupaba con todos los preparativos. Y acercándose a Él, le dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude». El Señor le respondió: «Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada» (Lc 10:40-42).
Sé que Elaina dice: «mira, necesito pagar mis cuentas». Eso es lo que ella dice, pero creo que si Jesús visitara su casa y viera su agenda, probablemente Él señalaría algunas cosas y diría: «no, eso no tiene que consumir todo ese tiempo. No, no tienes que dedicar tanto tiempo y energía en eso. Una cosa es necesaria, más que tus patrones de comida, más que tus patrones de limpieza, más que tu patrón de ejercicios, más que tu patrón de trámites y compras. Simplemente, sin duda es más necesaria». En Lucas 8:14, Jesús advierte que una manera en que la Palabra es asfixiada es por el ajetreo bueno y común, ¿cierto? Él dice: «La semilla que cayó entre los espinos, son los que han oído, y al continuar su camino son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, ybsu fruto no madura». «Las preocupaciones de la vida» ¡Ay! ¿Acaso no las tenemos todos? Él nos recuerda: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4:4).

Rutina diaria

Lo que le animaría a hacer a Elaina es que tome asiento y haga una lista de las maneras en cómo ella vive su vida. Ella ya tenía detallada una lista en la pregunta que nos envió. Estoy hablando de los detalles de sus vida que parecen estarle robando lo que realmente quiere hacer. Ella debería cuestionarse cada uno. ¿La manera en que estoy llevando esto es la mejor? ¿Esto es más importante que pasar tiempo con Dios en su Palabra? ¿Existe alguna forma de reajustar el tiempo que paso en estas cosas para hacer tiempo para la Palabra? Muy específicamente —yo sugeriría—, pon tu alarma 45 minutos antes en la mañana. Dúchate como siempre, vístete y pon la Palabra de Dios antes de cualquier ajetreo. No dejes de lado la Palabra para resolver las dificultades. Permite que las otras cosas sean solucionadas por ella. No quedarán sin hacer. Pagarás tus cuentas si lees tu Biblia; lo harás. Lo prometo.

Mantente despierta

Sugiero despertar 45 minutos antes. Probablemente, ella está moviendo su cabeza ahora mismo diciendo: «¿es una broma? Estoy extremadamente cansada». Ella dijo que se quedaba dormida cuando leía la Biblia. ¿A quién no le ha pasado? Estas son tres sugerencias prácticas:
  1. Acuéstate más temprano en la noche de lo que usualmente lo haces para sentirte más descansada, especialmente para la Palabra. Puedes obligarte a ir de compras cuando estés cansada.
  2. En la mañana, si tienes que hacerlo, anda y hazte un café. Deja que la cafeína haga su magia. Yo no bebo café, pero entiendo lo que hace la cafeína. Yo tomo Coca-Cola light y té.
  3. Si tu cuerpo insiste en estar somnoliento, toma la Biblia en tu mano, levántate de tu cómoda silla y camina por la habitación en círculos con tu Biblia. No existe nada sagrado en sentarse, es mucho más difícil quedarse dormido si caminas. Yo lo hice el otro día.

Precioso tesoro

Tal vez más importante que estas esenciales sugerencias prácticas es la experiencia fundamental de que la Palabra de Dios es más preciosa que cualquier otra cosa. Recuérdate esto al predicarte a ti misma el Salmo 19:9-10. Predícate: «[...] Los juicios del Señor son verdaderos, todos ellos justos; deseables más que el oro; sí, más que mucho oro fino, más dulces que la miel y que el destilar del panal». No permitas que el oro, no permitas que la comida, se sientan más valiosas o más dulces que la Palabra de Dios, pues no lo son.
John Piper © 2019 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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Los bikinis y la modestia

Ha llegado el verano, y con él, nuevas preguntas sobre la modestia en nuestra bandeja de entrada. Por lo tanto, pastor John, ¿podrías hablarnos sobre la modestia en relación a la vestimenta que se ocupa en la piscina, en especial sobre los bikinis? Háblale a los pastores y líderes. ¿Deben ellos darse el tiempo de abordar directamente el tema? Si es así, ¿cómo aconsejarías a ese valiente pastor para que atraviese ese campo minado lo mejor que pueda? Lo más importante que hay que decir es esto: es imposible entrar a una iglesia, a un ministerio de jóvenes o escuela (digamos, una escuela cristiana) que estén impregnados de una falta de modestia y querer arreglarlos con reglas sobre la modestia. Hay un lugar para las reglas, para las directrices en las familias, en las escuelas, en los ministerios de jóvenes y en las iglesias. Sin embargo, si intentas cambiar la dirección de esa institución comenzando con las reglas, no obtendrás una cultura de modestia libre, alegre, formada por la Biblia, sustentada por la fe, empoderada por el Espíritu, enraizada en el Evangelio y que exalte a Cristo. No lo harás. Sin embargo, esa es la meta.

La meta es el alma

Nunca comencé con reglas o directrices, sino que con Dios, el Evangelio, la Biblia, el Espíritu, la fe y el gozo. Deben ocurrir cosas profundas en el alma de una mujer o de un hombre antes de que ellos tengan cualquier oportunidad de pensar o sentir sobre estas cosas de una manera que honre a Dios. Le digo esto a cualquier mujer u hombre que se vista inapropiadamente: hasta que Dios no se convierta en tu tesoro; hasta que tu propio pecado no se convierta en aquello que más odias; hasta que la Palabra de Dios no sea tu autoridad suprema que sientas y consideres más preciosa que el oro y más dulce que la miel; hasta que el Evangelio de la muerte de Cristo en tu lugar no sea la noticia más preciada del mundo para ti; hasta que no hayas aprendido a negarte a tus placeres de corto plazo por el bien de un gozo y santidad a largo plazo; hasta que no hayas crecido para amar al Espíritu Santo ni anheles sus frutos más que la adulación del hombre; hasta que no cuentes todo como pérdida en comparación al valor supremo de conocer a Cristo, tu actitud hacia tu vestimenta y tu apariencia será controlada por fuerzas que no honran a Cristo. Todo pastor puede ver que tenemos trabajo por hacer; un profundo trabajo del alma. Un pastor invertirá 99 % de su esfuerzo estableciendo estas gloriosas y sobrenaturales obras de Dios en el corazón de las personas. Él predicará, enseñará, adorará y modelará en sí mismo y en su familia la manera en que el Evangelio lo cambia todo. Él se dará cuenta de que, aparte de la obra del Espíritu Santo por medio de la Palabra y la fe, su iglesia estará dividida entre dos tipos de personas carnales. Un grupo se erizará ante cualquier mención de modestia y dirán: «¡cómo te atreves a decirme a mí o a mis hijos cómo vestirnos!». Esa es una mala actitud; es carnal. Sin embargo, el otro grupo pondrá todos sus énfasis en la apariencia externa con poco sentido del corazón. Convertirán la apariencia externa en algo sumamente importante. Estos dos grupos nunca conocerán la paz. Ambos han fallado. Ninguno de ellos ha sido profundamente transformado por el Evangelio.

Enseña, expone y ora

Mi consejo es este: enséñale a tu congregación estas cosas año tras año. Expone el orgullo de la lujuria y la terquedad. Expone el orgullo del externalismo y del formalismo que no tiene un corazón por el Evangelio ni ve lo precioso que es. Predica y ora por una cultura del Evangelio donde hombres y mujeres tienen una sumisión dulce a Cristo, una saturación de la Palabra de Dios, una atención humilde a la sabiduría de otros, un deseo de crecer y aprender, una profunda desconfianza del poder de la mundanalidad para controlar nuestros hábitos y una consideración amorosa por los demás al elegir qué vestir. Cuando sea el momento correcto (aquí estoy intentando ser más específico), sí, toma los textos como 1 Timoteo 2:8-9: «Por tanto, quiero que en todo lugar los hombres oren levantando manos santas, sin ira ni discusiones. Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia [...]». Aborda el tema, asegurándote de que todos sientan que a la Biblia realmente le importa cómo nos vestimos; que realmente quiere que nos vistamos de una manera enraizada en la fe del Evangelio que es humilde, que es gozosa, que exalta a Cristo y que sirve a otros. Comparto tres consejos prácticos desde mi experiencia para cerrar.
1. Comienza desde arriba
Cuando se trata de las directrices que surgen del Evangelio, comienza con tu equipo y líderes de los ministerios visibles. No comiences con todos. Comienza trabajando desde adentro hacia afuera, para que así tus líderes de adoración, tu equipo que está al frente, tus líderes del ministerio de jóvenes, etc. emerjan como una cultura y un modelo. Trabaja con tus líderes.
2. Trabaja con los padres
Lidia con los padres silenciosamente y trabaja para lograr expectativas comunes para los jóvenes. Esto no es fácil, pero es sabio priorizarlo en lugar de atacar las cosas en el punto más doloroso, concretamente, la manera en que las niñas y los niños se visten. Que los padres se suban al bote aquí.
3. Cultiva el gozo
Cultiva el gozoso signficado de que la modestia es hermosa. Renuncia a cualquier modo de pensar de que la modestia significa desaliñado. Desde mi propia experiencia (testifico como un hombre ahora que fue un adolescente, un chico de 20 años, un hombre de 30 años, de 40 años, de 50 años y de 60 años), puedo dar testimonio sin ninguna duda de que, en cada edad de mi vida, mi vida masculina, la vestimenta sexy de una mujer es menos atractiva que una belleza modesta. Por supuesto, hace que los ojos se desvíen. Provoca que se desvíen los ojos, pero existe un mundo de diferencia entre provocar que los ojos de un hombre se desvíen por una vestimenta sexy y ser atractiva por ser una persona hermosa o bella.
John Piper © 2016  Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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Juan Calvino
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Juan Calvino

En el otoño europeo de 1539, Juan Calvino le escribió a Sadoleto, un cardenal italiano que buscaba recuperar Ginebra para la Iglesia católica romana: «[tu] celo por la vida celestial [es] un celo que mantiene al hombre completamente devoto de sí mismo, y, ni siquiera en algo, lo estimula a santificar el nombre de Dios». Él continúa diciendo que Sadoleto debe «poner frente [al hombre], como el primer motivo de su existencia, un fervor por reflejar la gloria de Dios» (Juan Calvino: Selections from his writings [Juan Calvino: selección de sus escritos], 89). Esta sería la bandera adecuada para toda la vida y obra de Calvino: un fervor por reflejar la gloria de Dios. El significado esencial de la vida y de la predicación de Calvino es que él recuperó y encarnó una pasión por la verdad absoluta y la majestad de Dios.

Dominado por la majestad

Calvino nació el 10 de julio de 1509, en Noyon, Francia, cuando Martín Lutero tenía 25 años y acababa de comenzar a enseñar la Biblia en Wittenberg. El mensaje y el espíritu de la Reforma no llegarían a Calvino por veinte años y, mientras, él dedicó sus primeros años de adultez al estudio de la teología, la ley y los clásicos medievales. Sin embargo, para 1533, algo dramático había ocurrido en su vida por medio de la influencia de la enseñanza de la Reforma. Calvino relata cómo él había estado luchando para vivir la fe católica con fervor cuando «Dios, por medio de una repentina conversión, sometió y llevó mi mente a un marco enseñable… así habiendo recibido una muestra y un conocimiento de la verdadera piedad, inmediatamente fui avivado con [un] intenso deseo de progresar» (John Calvin: Selections from his writings [Juan Calvino: selección de sus escritos], 26). De pronto, Calvino vio y probó en la Escritura la majestad de Dios. Y, en ese momento, tanto Dios como la Palabra de Dios fueron tan poderosamente reales en su alma que se convirtió en el siervo amoroso de Dios y de su Palabra por el resto de su vida.

El pastor ginebrino

Calvino sabía qué tipo de ministerio quería: el disfrute de la facilidad literaria, para que él pudiera promover la fe reformada como académico. Pero Dios tenía planes radicalmente diferentes. Después de escapar de París y finalmente dejar completamente Francia, Calvino tenía la intención de ir a Estrasburgo para tener una vida de pacífica producción literaria. No obstante, mientras Calvino pasaba la noche en Ginebra, Guillaume Farel, el acalorado líder de la Reforma en esa ciudad, supo que él estaba ahí y lo buscó. Fue una reunión que cambió el curso de la historia, no solo para Ginebra, sino que para el mundo. Calvino recordó:
Farel, quien ardió con un fervor extraordinario por el avance del Evangelio, inmediatamente descubrió que mi corazón estaba dispuesto a dedicarme al estudio personal, ...y al encontrar que no ganaba nada por medio de súplicas, él continuó pronunciando una imprecación de que Dios maldeciría mi retiro y la tranquilidad de los estudios que yo buscaba, si me retiraba y me rehusaba a prestarle ayuda, cuando la necesidad era tan urgente. Por esta imprecación, fui tan afligido con terror que desistí del viaje que había emprendido.
El curso de su vida había cambiado irrevocablemente. Nunca más Calvino trabajó en lo que él denominaba la «tranquilidad de los estudios». Desde ese momento en adelante, cada página de los 48 volúmenes de libros, tratados, sermones, comentarios y cartas que escribió serían aplastadas en el yunque de la responsabilidad pastoral. Por los próximos 28 años (aparte de una interrupción de dos años), Calvino se dio a sí mismo a exponer la Palabra, para exponer la majestad de Dios en la Escritura a su rebaño ginebrino.

La gloria recuperada

La necesidad de la Reforma era fundamentalmente esta: Roma había «destruido la gloria de Cristo en muchas maneras» (Portrait of Calvin [El retrato de Calvino], 113). Según Calvino, la razón por la que la iglesia fue «llevada por muchas doctrinas extrañas» era «porque nosotros no percibimos la excelencia de Cristo» (Portrait of Calvin [El retrato de Calvino], 66). En otras palabras, el gran guardián de la ortodoxia bíblica a lo largo de los siglos es una pasión por la gloria y la excelencia de Dios en Cristo. El asunto no es, primero, los puntos conocidos de fricción de la Reforma: la justificación, los abusos sacerdotales, la transubstanciación, las oraciones a los santos y la autoridad papal. Debajo de todos ellos —todas en riesgo para Calvino—, se encuentra el asunto fundamental de si la gloria de Dios estaba brillando en su plenitud o si de alguna manera estaba siendo apagada. Desde el comienzo de su ministerio hasta el final de su vida, la estrella que guió su visión era la centralidad, la supremacía y la majestad de la gloria de Dios.

Descubriendo los tesoros de la Escritura

Geerhardus Vos argumentó que este enfoque en la gloria de Dios era la razón por la que la tradición reformada tuvo éxito más completamente que la tradición luterana en «dominar el rico contenido de la Escritura». Ambas habían sido «moldeadas por la Escritura», pero había un diferencia:
Debido a que la teología reformada se aferró a la Escritura en la raíz de su idea más profunda, se encontró en una posición para trabajarla más profundamente desde su punto central y permitió que cada parte de su contenido fuera valorada. Esta raíz de idea que sirvió como la llave para abrir los ricos tesoros de la Escritura era la preeminencia de la gloria de Dios en la consideración de todo lo que ha sido creado (Shorter Writings [Escritos más breves], 243).
El verdadero genio de Ginebra no era la mente de Juan Calvino, sino su pasión por la gloria de Dios. Cada generación necesita descubrir los tesoros de la Escritura para los peligros peculiares y las posibilidades de su propio tiempo. Nuestra generación lo necesita tanto como cualquiera. Creo que solo haremos esto bien si somos profunda y alegremente dominados por la mayor realidad que revela la Escritura: la majestad de la gloria de Dios.
John Piper © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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¿Cómo debo criar a mi adolescente no cristiano?
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¿Cómo debo criar a mi adolescente no cristiano?


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
El Pastor John y yo grabamos un par de episodios en vivo y en persona en Nashville en nuestro verano de 2019. Terminamos nuestra sesión de grabación en vivo con una pregunta de la audiencia sobre la crianza de adolescentes no cristianos. Esta es la pregunta y la respuesta del pastor John. «Hemos recibido algunos correos electrónicos realmente importantes y valiosos de parte de personas de este lugar que están criando adolescentes no cristianos, adolescentes que no han profesado su fe. Varias de las preguntas tienen que ver con obligar a sus hijos a ir a la iglesia. Recibimos una pregunta de una mujer llamada Angela que creció yendo a una misa católica romana cada domingo. Su papá la obligaba a ir y ella comenzó a resentir el cristianismo. Con el tiempo, llegó a la fe, se casó con un hombre piadoso y ahora está involucrada en una maravillosa iglesia. Sin embargo, ella mira hacia atrás y se pregunta: mientras crías adolescentes (especialmente en los años intermedios y finales de la adolescencia) y ellos no tienen ningún interés en el Evangelio o en la iglesia, ¿cuánto deberíamos exigirles ir a la iglesia? ¿Dónde está el límite entre esperar que vayan a una reunión de la iglesia el domingo y ser pacientes con ellos y no dar la impresión de que el cristianismo es algo que se les impone?».

Cría desde el vientre

No puedo simplemente intervenir en el comportamiento de un chico o chica de 16 o 17 años sin retroceder un poquito. Sé que esta no es la pregunta que se hizo, pero permítanme solo decir: no somos Dios y no creamos a nuestros adolescentes completamente, pero sí lo hacemos en parte. Comenzamos a criar adolescentes cuando están en el vientre, por cómo oramos por ellos cuando están en el vientre. Afectamos el comportamiento de un adolescente cuando tiene 2 años. Observo a muchos padres jóvenes hoy. Ellos parecen creer que no pueden controlar el comportamiento de un niño o piensan que es un error hacerlo. El niño arruina o transforma en completo caos cada relación, cada cena, cada almacén, y el papá o mamá parece no tener poder. Eso no ayuda al adolescente. Se avecina, tú sabes, 12 o 13 años después. Un niño pequeño necesita sentirse profundamente seguro; profundamente amado, apreciado, disfrutado; y profundamente bajo autoridad. Estas cosas no son contradictorias, y todo niño lo sabe. Los niños quieren límites y muchísimo amor dentro de los límites. Por lo tanto, hay un sistema que me encantaría ver implementado, para que incluso cuando un chico (de 14, 15 o 16 años) comience a cuestionar y finalmente diga, en una noche aterradora y terrible: «papi, ya no creo más en esto; creo que nunca lo hice», la estructura de crianza en ese momento sea tal que el chico no sea un rebelde enloquecido contra la familia, sino que casi un rebelde con el corazón roto contra la familia. Quizás. Es decir, todo es un continuo, ¿cierto? Tenemos hijos que simplemente se oponen brutalmente a mamá y papá por cualquier razón, y otros que son sumisos, pero no creyentes. Y lo que tú haces en medio de ese continuo es realmente difícil.

Ama sin cesar

Aquí tienen que evitar la ira, porque, les digo, todo en ti simplemente colapsará ante la noticia. Mi hijo en el cual he invertido por 15 años acaba de decirme que lo más preciado en mi vida no es preciado para él. Simplemente es lo peor que puede pasar, peor que la muerte. Es peor que la muerte. Te lo dicen y tú tienes que evitar la ira y profundizar para intentar sacar información y escuchar con todas tus fuerzas, porque hay cosas ocurriendo que tú desconoces. No sabes lo que está pasando dentro de este chico. No sabes qué escuchó en la iglesia. No sabes qué escuchó en la escuela. No sabes cómo lo tratan sus amigos. No sabes nada porque él no se ha acercado y tú tienes que excavar pacientemente, y resolver firmemente: «te voy a amar sin importar qué. Eres mi hijo, eres mi hija, y te voy a amar sin importar qué».

Establece estándares cristianos

Entonces, dices: «este es un hogar cristiano. Mamá y papá ponen el tono aquí. Mamá y papá son la autoridad aquí y este es un hogar cristiano. Nuestros estándares son cristianos; tenemos prácticas cristianas. Mientras seas parte de esta casa, no esperamos que seas una persona falsa. No estamos diciendo que el comportamiento que esperamos de ti sea una careta, una careta hipócrita de fe, para que así te veas bien para el mundo y nos hagas ver mejor a nosotros. No queremos tener nada que ver con ese tipo de hipocresía. Solo queremos que acates esos estándares mientras vives aquí. Si en el momento en el que estés listo para irte estos estándares no son tuyos, seguiremos amándote. Te irás y establecerás tus propios patrones». Y ve qué obtienes. Es decir, un chico que es grande y fuerte (estoy pensando en chicos ahora, porque yo tuve cuatro hijos y una hija) no se irá si no quiere irse. Tomará el automóvil y se alejará o se irá de alguna otra manera. Si son así de rebeldes, no puedes obligarlos, pero creo que debes intentarlo. Y lo haces pidiéndoselo a la cara, real y honestamente. Dale sentido:
Esto es lo que va a significar ir a la iglesia con nosotros para ti como un no creyente el domingo en la mañana a los 15 años. Esto es lo que implica: «respeto a mi mamá y papá. Ellos me trajeron a este mundo. Invirtieron en mí por 15 años. Pagan por mi comida y alojamiento. Probablemente, me ayudarán a ir a la universidad. Les debo respeto. Ellos quieren que vaya a la iglesia, entonces iré y me sentaré ahí. Ellos saben que no significa nada para mí; yo sé que no significa nada, y también lo sabe el pastor. Estoy ahí. La esperanza de mis padres es que yo escuche algo que me lleve a Cristo. Mi esperanza es que yo pueda sobrevivir y poder salir de ahí lo antes posible».
Ese es el tipo de negociación que harías. Sin embargo, quiero admitir que habrá situaciones en las que le dirás a tu hijo o hija de 16, 17 o 18 años: «los novios o las novias no se quedan a dormir en esta casa. No hacemos eso. Si insistes en eso, no puedes vivir aquí». Con el tiempo, marcarás el límite.

Dios tiene una respuesta

Sin embargo, una de mis estrategias pastorales (y he descubierto que es muy útil) es que cuando las personas se acercan a mí al final del servicio con las situaciones más increíbles de la vida de lo que alguna vez pensé, generalmente veo que las imaginan en dualidades: «ocurrirá algo horrible o algo glorioso. Ayúdame a decidir cómo navegar esto». Yo les digo: «Dios es Dios, Él nunca está atrapado entre esas dos cosas. Siempre hay una tercera opción». Y digo: «oremos para ver si algo que incluso nunca imaginaron podría pasar aquí». Y oramos juntos, yo no tenía una respuesta para ellos, pero Dios sí la tiene.
John Piper © 2020  Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso
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¿Cómo bendecir a mis hijos antes de que vayan a dormir?
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¿Cómo bendecir a mis hijos antes de que vayan a dormir?


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
¿Cómo puedo bendecir a mis hijos de manera significativa antes de dormir? Me encanta esta pregunta. La hizo un papá llamado Wes: «Hola, pastor John. Mi pregunta tiene que ver con bendecir a mis hijos. Tengo tres niños, desde los seis años hacia abajo. Entre las responsabilidades de la familia que regularmente asumo está acostar a los niños. Desde que cada uno nació, les he cantado la canción «Sí, Cristo me ama» cada noche, miles de veces, agregando sus nombres a la letra. Me asombra el impacto que esta canción tiene en ellos. Incluso cuando uno de ellos se funde o se rebela a la hora de dormir, no me permiten saltarme la canción. Además de eso, oro por cada hijo». «Ahora, he decidido darle a cada uno de mis hijos una bendición. Se las daré cada noche y debe ser rica teológicamente, puesto que la memorizarán a lo largo de los años. Hay tantas verdades bíblicas que quiero que entiendan y lleven a la adultez. Pareciera que no puedo encontrar las palabras correctas o la sección de la Escritura para incorporarlas todas. Si escribieras (o seleccionaras) una bendición para que tu hijo la lleve a lo largo de su vida, ¿cómo lo harías, y quizás más específicamente, qué verdades querrás que ellos escuchen cada noche?». Bien, puesto que me parece que Wes va mucho más adelante que la mayoría de los padres, permítanme desviar un poco la respuesta a su pregunta. Espero, antes de que diga algo breve en respuesta a su particular pregunta sobre un contenido para la bendición de sus hijos, dar un paso atrás y ofrecer una explicación, fundamento y ánimo. Lo que quiero decir cuando digo que él va más adelante que la mayoría de los padres es que supongo que muy pocos padres realmente han pensado mucho sobre cómo se vería bendecir a sus hijos; si deberían intentarlo en lo más mínimo; por qué deberían hacerlo; o qué debería incluir como él mismo está preguntando.

De mí para ti: por medio de Dios

Al responderle a Wes, quiero animar a los padres que quizás nunca han pensado que esta es una buena idea para considerar seriamente; en concreto, bendecir: pronunciar una bendición sobre la vida de sus hijos regularmente, quizás cada noche, mientras los acuestan. Por tanto, un poco de trasfondo y explicación: la bendición más famosa en la Biblia probablemente es Números 6:24-26:
El Señor te bendiga y te guarde; El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, Y tenga de ti misericordia; El Señor alce sobre ti su rostro, Y te dé paz.
Ahora, lo que es único respecto a una bendición como esta en oposición a una simple oración es que en la oración le estamos hablando directamente a Dios y cuando usamos la palabra en la oración, queremos decir: Tú, Dios. No le estamos hablando directamente a las personas cuando oramos, aun cuando la oración comunitaria es buena y tiene el propósito de que las personas nos escuchen y digan «amén» cuando oramos. Sin embargo, en una bendición, le hablamos directamente a las personas o a una persona. Cuando usamos la palabra , no nos referimos a Dios; nos referimos a ti: la persona a la que le estamos hablando. Y sin embargo, nuestro propósito es que Dios sea quien actúe en respuesta a nuestra bendición. En otras palabras, una bendición avanza en dos direcciones. En realidad, tenemos la intención de que dos personas escuchen lo que estamos diciendo: a quién nos dirigimos directamente y Dios, quien esperamos que nos escuche y bendiga a la persona a quien le estamos hablando. Entonces, cuando decimos: «El Señor te bendiga y te guarde», estamos hablándole directamente a otra persona o grupo de personas, pero le estamos pidiendo al Señor que haga la bendición. Cuando bendecimos a alguien, dejamos en claro que creemos que Dios es el actor decisivo, pero que Él usa medios humanos para llevar a cabo su acto de bendición. Si no creyéramos eso, no verbalizaríamos la bendición. Nuestra verbalización, creemos (por eso lo hacemos), es parte de la forma en que Dios bendice. Eso es único, poderoso y precioso respecto a la bendición. En cada acto de bendición, nos hacemos parte de los medios por los cuales Dios bendice a la persona a la que le estamos hablando. Así que la relación que esa bendición forja es parte de la bendición que Dios imparte. Es por eso que puede ser tan poderosa con nuestros hijos. La bendición viene de Dios por medio de papi; viene de Dios por medio de papi. Ese es un momento muy poderoso a medida que los niños llegan a comprender lo que está sucediendo ahí.

Bendice como Jesús

Por tanto, estos son un par de puentes a la práctica del Antiguo Testamento. Podrías estarte preguntando: «bueno, sí, hacían eso en el Antiguo Testamento, ¿dónde vemos esto en el Nuevo Testamento?». Estos son algunos puentes a la bendición en el Antiguo Testamento como Números 6. Por ejemplo, tenemos la bendición de Isaac a sus hijos por fe en Hebreos 11:20-21, que se remonta al Antiguo Testamento. O por ejemplo, Jesús dice en Marcos 10:15-16: «“En verdad les digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Y tomándolos en los brazos, los bendecía, poniendo las manos sobre ellos». Es algo muy de Cristo que podemos hacer: bendecir a los niños, poner nuestras manos sobre nuestros hijos mientras pronunciamos una bendición sobre ellos.

Gracia al principio; gracia al final

Ahora, ¿qué guía obtenemos de los apóstoles para lo que un cristiano podría decir en una bendición sobre la vida de otro cristiano, de un hijo o de una familia? Estos son un par de consejos: Es maravilloso para mí que al comienzo de cada una de las cartas que Pablo escribió, él dijera algo como: «Gracia y paz a ustedes de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo» (Ro 1:7). Está al principio de cada carta. Y al final de cada una de sus cartas (sin excepción) escribe algo como: «La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con ustedes» (Ro 16:20). Estos son el tipo de bendiciones que Pablo pronuncia sobre los receptores de sus cartas. Van dirigidas a los lectores, a ti. Él está diciendo: «ustedes, lectores». Sin embargo, tienen el propósito de pedir gracia y paz de Dios, el Padre, y del Señor Jesús. Por lo tanto, Pablo espera que sus palabras sean parte de la bendición que Dios imparte con gracia y paz a los lectores. Piensa en la razón por la que dice: «gracia a ustedes» o «les concedan gracia» al principio de las cartas y «la gracia sea con ustedes» al final de ellas (sin excepción). La verdad divina de la carta misma es parte de la gracia poderosa que viene a ellos a medida que la leen. Y luego los efectos perdurables de la bendición mediada por la verdad que viene a ellos en la carta va con ellos a medida que se levantan y dejan la lectura y vuelven a sus vidas diarias.

Sigue a Aquel de quien fluyen todas las bendiciones

Por lo tanto, el contenido bíblico, podrías decir, de las bendiciones que verbalizamos sobre nuestros hijos ahora se encuentra entre el principio y el final de las epístolas de Pablo. Si quieres saber con qué bendecir a tus hijos, necesitas leer las epístolas de Pablo. Y si queremos ir al corazón del asunto, creo que podrías dejar que Romanos 8:32 guíe el contenido de tu bendición. Aquí va:
El que no negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas?
En otras palabras, asegúrate de que el regalo insondable de Dios de que su Hijo muriera por nosotros sea el fundamento de toda gracia y toda paz y todas las bendiciones que tus hijos reciben. Y luego resume esa gracia y paz con las palabras que rodean a Romanos 8:32 en el resto de Romanos 8: llamados, justificados, inseparablemente guardados a través de dificultades, a través del sufrimiento, para el disfrute de la presencia de Dios por siempre. Un pequeño anuncio: creo que una de las mejores guías es el folleto escrito por David Michael titulado La guía de un padre para bendecir a sus hijos. Entonces, en resumen, mira a tus hijos a los ojos y pronuncia gracia y paz a sus vidas basándote en el regalo de Dios en la muerte de Jesús. Deja en claro las bendiciones centrales que Cristo compró para sus hijos: libertad del pecado, vida eterna, gozo eterno y la presencia personal de Dios (de Jesús) guardándolos a través de todas las dificultades de la vida y del sufrimiento.
John Piper © 2020  Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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Qué pasa cuando cumplimos 65
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Qué pasa cuando cumplimos 65


Nota del editor: este artículo fue publicado originalmente el 2011, año en el cual John Piper cumplió 65 años.
Cuando cumplí 65 años en enero, me llené de entusiasmo por seguir ocupado. Estoy lo suficientemente cerca de la meta para ver que el rostro de Jesús se vuelve cada vez más nítido. Es tan emocionante que me dan muchas ganas de apurar el paso. Por supuesto que a Él no le impresiona tanta pasión en lo absoluto. Tampoco se complace con la indolencia de la generación del 50. Lo que su rostro me dice es: «Yo soy tu diario descanso y hay trabajo por hacer hasta el día en que llegues a casa».

Algo grandioso

Dios me ha llamado a hacer algo grandioso, y su rostro lo confirma cada día: «Con toda confianza, aun ahora [después de los 65] como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte» (Fil 1:20). Vive ahora para honrar con todo a Cristo. Debemos examinarlo todo de acuerdo con la siguiente pregunta: ¿ayudará a que más personas admiren a Jesús más intensamente y lo atesoren más profundamente? La Biblia dice: «Los días de nuestra vida llegan a setenta años; Y en caso de mayor vigor, a ochenta años» (Sal 90:10). Aunque por supuesto que «en Tu mano están mis años» (Sal 31:15). El Señor da y el Señor quita. No vivimos ni un día más ni un día menos del que Dios nos ha designado. De modo que a los 65 aún me repugnan las imágenes de curtidos ancianos tomando el sol en playas blancas y verdes prados. Durante quince años he arrojado cientos de mensajes publicitarios para personas mayores a la bolsa de reciclaje sin abrir. No es que me oponga a ahorrar $0.79 en almorzar en Perkins[1]. Solo no quiero que me traten de vender el cielo antes de que yo llegue allí. Queda demasiado infierno por combatir.

Anciano versus jubilado

Cumplir 65 años me ha hecho reflexionar sobre lo que las personas han hecho en sus últimos años. Por ejemplo, acabo de recibir una copia de la primera biografía importante de Charles Hodge en más de un siglo. Se titula Charles Hodge: Guardian of American Orthodoxy [Charles Hodge: Guardián de la ortodoxia americana], Paul C. Gutjahr, (Oxford, 2011). En la primera página leo: Cuando la gente llega a los setenta años a menudo piensa que ya ha terminado todo su trabajo. No fue el caso de Hodge. Sus últimos años fueron su período más productivo. Sentado en su estudio y usando su lapicero favorito produjo literalmente miles de páginas manuscritas que finalmente constituirían su gran Teología Sistemática y su incisivo ¿Qué es el darwinismo? (vii)[2]. Así que comencé a averiguar en el internet. A continuación detallo algo de lo que encontré (por ejemplo en www.museumofconceptualart.com/accomplished):
  • A los 65, Winston Churchill se convirtió en Primer Ministro del Reino Unido y durante los próximos cinco años condujo al mundo occidental a su liberación.
  • A los 69, el escritor y lexicógrafo inglés, Samuel Johnson, comenzó su última obra importante: Vida de Los Poetas Ingleses.
  • A los 69, Ronald Reagan se convirtió en el hombre de mayor edad que alguna vez haya sido presidente de los Estados Unidos. Fue reelegido a los 73 años.
  • A los 70, Benjamin Franklin ayudó a redactar la Declaración de Independencia.
  • A los 77, John Glenn se convirtió en la persona de mayor edad en viajar al espacio.
  • A los 77, Grandma Moses comenzó a pintar.
  • A los 82, Johann Wolfgang von Goethe terminó de escribir su famoso Fausto.
  • A los 82, Winston Churchill escribió Historia de los pueblos de habla inglesa.
  • A los 88, Miguel Ángel creó los planos arquitectónicos de la Basílica de Santa María de los Ángeles y los Mártires.
  • A los 89, Alberto Schweitzer dirigió un hospital en África.
  • A los 89, Arturo Rubinstein ejecutó uno de sus más grandes recitales en Carnegie Hall.
  • A los 93, Strom Thurmond, el senador de mayor antigüedad en la historia de los Estados Unidos, fue reelegido luego de prometer que no postularía de nuevo a los 99.
  • A los 93, P. G. Wodehouse trabajó en su novela número noventa y siete, fue nombrado caballero y murió.

Dependientes hasta el final

No debemos olvidar que si estamos corriendo esta maratón con Jesús, tenemos una gran ventaja. Dios nos ha prometido que «hasta sus años avanzados, Yo los sostendré. Yo lo he hecho, y Yo los cargaré; Yo los sostendré, y Yo los libraré» (Isaías 46:4). No hay nada de qué avergonzarse. Hemos estado asidos al yugo de Jesús desde que Él nos llamó. En nuestra plenitud, fuimos totalmente dependientes de Él y así será hasta el final. De modo que todos ustedes de la generación del 50, que recién comienzan a usar Medicare[3], ciñan sus lomos, tomen sus bastones, diríjanse al gimnasio y ejercítense para correr la última vuelta. Fijen sus miradas en el Rostro que está en la meta. Habrá mucho tiempo para descansar y relajarse en la Resurrección. Por ahora, hay una hermosa obra que realizar. [Publicado originalmente en la revista WORLD, 7 de mayo 2011.]
John Piper © 2011 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto

[1] N. del T.: Perkins es una cadena americana de restaurantes y pastelerías donde se sirve desayuno durante todo el día.

[2] N. del T.: traducción propia.

[3] N. del T.: Medicare es el programa de seguro de salud del gobierno de los Estados Unidos para personas mayores de 65 años.

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«Siento que mi vida no tiene sentido»
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«Siento que mi vida no tiene sentido»


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
¿Cómo seguir adelante cuando sentimos que esta vida no tiene sentido, como cuando tratamos de mantenernos a flote y sentimos que solo estamos pasando el tiempo hasta que esta vida llegue a su fin? Es una pregunta dura y honesta de Fred, un caballero anciano, que no nos ha contado su edad exacta. Fred nos escribió para decirnos lo siguiente: «Pastor John, evito este pensamiento porque no deseo ir por ese camino, pero en lo más profundo de mi ser anhelo la muerte porque me liberará de, lo que considero, hasta el momento, una vida bastante triste. Los momentos gozosos de mi relación con Dios parecen ser muy poco frecuentes ahora y parece que mi vida es realmente una cuestión de pasar el tiempo hasta que Jesús regrese o me lleve a casa. ¿Qué me aconseja? Me siento realmente cansado».  Lo primero que me gustaría decirle a Fred es que sentirse cansado de este mundo en la vejez es normal y bueno. Es normal porque nuestra energía se está agotando con la edad. Es bueno, porque en este mundo quebrantado, los cristianos no están realmente en casa. Nuestra ciudadanía está en el cielo y hemos sido diseñados para ser nuevas criaturas en Cristo para un cielo nuevo y una tierra nueva con cuerpos glorificados. Así que no seas tan duro contigo porque te sientes cansado de este mundo viejo, corrupto, moribundo y desgastado. Tú fuiste hecho para algo mejor que ya viene.  Sin embargo, lo que sí es pecaminoso es dejar que nuestro cansancio y desánimo se vuelvan negativos, sin esperanza, sin alegría o sin sentido. Permítanme que intente ayudar a Fred mencionando cinco o seis cosas que podrían servir de aliento y de orientación. 

Recuerda sus promesas

Mantén las promesas de Dios en tu mente día y noche. Algunas han sido maravillosamente diseñadas para gente mayor como nosotros. Isaías 46:3-4 dice: 
Escúchenme, casa de Jacob,  Y todo el remanente de la casa de Israel,  Los que han sido llevados por mí desde el vientre,  Cargados desde la matriz.  Aun hasta su vejez, Yo seré el mismo,  Y hasta sus años avanzados, Yo los sostendré.  Yo lo he hecho, y Yo los cargaré;  Yo los sostendré, y Yo los libraré. 
En otras palabras, no es que la grandeza de nuestro Dios nos exija cargarlo en carretas como los dioses babilónicos, sino que Él muestra su fortaleza en cargarnos a nosotros.  Mientras más nos debilitamos, más preciosa es esta promesa. Guarda las promesas de Dios en tu mente, especialmente aquellas diseñadas para nosotros.  Nunca olvides que no estás aquí por accidente. Dios te dio la vida y Dios te la quitará. Job 1:21 dice: «El SEÑOR dio y el SEÑOR quitó; bendito sea el nombre del SEÑOR». Dios no hace nada al azar ni por capricho. Él tiene razones sabias y gloriosas para hacer todo lo que hace, aun cuando nosotros no podamos entenderlas.  Todavía estás en esta tierra por una razón divina. Tu vida no carece de sentido. No es un accidente que estés aquí. Dios es soberano. Si aún estás aquí, es porque Él tiene buenas razones para hacerlo. Cuenta con esto, confía en Él. 

Apaga el televisor

No mediques tu tristeza y abatimiento con televisión. No dudo que algunas cosas le den recreación sana e inocente a tu mente. Pero son muy escasas. En su mayoría la televisión y los avisos comerciales apartan tu alma de Cristo. No promueven santidad ni pureza ni mentalidad celestial ni nobleza de alma. Te hacen sentir insignificante, tonto, ridículo e infantil. No te unas a los millones de ancianos que simplemente vegetan frente a la mundanalidad animada.  Si puedes leer, lee la Biblia y buenos libros sobre Dios y su mundo. Si no puedes leer, pídele a alguien que te ayude a suscribirte a audiolibros y escucha la Biblia, y libros importantes, destacados, interesantes y profundos.  Dios tiene mucho que enseñarnos en nuestra vejez; nunca dejamos de necesitar que se nos recuerden las grandes cosas que una vez supimos y que ahora hemos olvidado.  Dios nos ha dado un mundo absolutamente fascinante para entender y disfrutar. Busca la manera de seguir creciendo en su conocimiento y en su gracia. 

Busca un lugar donde servir

Reúnete con el pueblo de Dios en la iglesia y pregúntales a los líderes cómo puedes servir considerando tus limitaciones. Dios nos creó a todos para ser útiles. Una de las mayores frustraciones de envejecer es la sensación de inutilidad. Si no te faltan las fuerzas y puedes desplazarte bien, busca alguna manera de servir. Eso es lo último por ahora.  Un punto secundario: encuentra a alguien a quien puedas ayudar, alguien a quien puedas dedicar toda tu atención. Esa atención puede ser simplemente leerles, salir a caminar con ellos, darles un masaje en sus hombros o demostrar interés por sus vidas. Siempre hay quien tiene alguna necesidad. Hasta el día en que estemos paralizados, en cama e incapaces de movernos, es probable que podamos contribuir en algo a la vida de otra persona.  Fuiste hecho para eso, Fred. Fuiste hecho para amar y servir, así que busca a quién y dónde hacerlo. Este es el camino del gozo porque Jesús dijo: «Más bienaventurado es dar que recibir» (Hch 20:35). 

Sobre sentirse inútil

Fred, no sé si te gusta la poesía, pero quisiera terminar con uno de mis poemas favoritos. Fue escrito por John Milton, autor del Paraíso perdido. Se titula «Soneto XIX: Cuando pienso cómo mi luz se agota».  Milton perdió la vista a los 46 años. Al menos, fue en ese tiempo cuando dejó de ver completamente. No podía ver nada después de los 46. Vivió otros 20 años, hasta 1674, totalmente ciego. Este poema se trata sobre su lucha de sentirse inútil y, sin embargo, llega a un entendimiento muy crucial.   
Cuando pienso cómo mi luz se agota Tan pronto en este oscuro y ancho mundo Y ese talento que es la muerte esconder Alojado en mí, inútil; aunque mi alma se ha inclinado Para servir así a mi Creador, y presentarle Mis culpas y ganar su aprecio ¿Qué trabajo él mandaría ya que me negó la luz? Pregunto afectuosamente. Pero la paciencia, para prevenir Ese murmullo, pronto responde: «Dios no necesita Ni la obra del hombre ni sus dones: quienes mejor Soporten su leve yugo mejor le sirven. Su mandato Es noble; miles se apresuran a su llamada Y recorren tierra y mar sin descanso. Pero también le sirven quienes solo están de pie y esperan».
John Piper © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto
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Cómo tomamos el nombre de Dios en vano
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Cómo tomamos el nombre de Dios en vano

El lenguaje de los Diez Mandamientos es contracultural, contraintuitivo, ofensivo e impactante para cualquiera que no haya abrazado la centralidad que Dios tiene de sí mismo. Podríamos resumir los primeros dos mandamientos así:
No tengas nada por sobre mí en tus pensamientos, afectos, palabras y acciones. No tengas sustitutos tallados que te roben tus pensamientos, afectos, palabras y acciones. Puesto que tengo celo por tener todo tu corazón, toda tu mente, toda tu alma y toda tus fuerzas.
Luego viene el tercer mandamiento: «No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano, porque el Señor no tendrá por inocente al que tome su nombre en vano» (Ex 20:7). Este mandamiento no es menos contracultural, contraintuitivo, ofensivo ni impactante. Sin embargo, si Dios no fuera así de celoso por su propio nombre, no tendríamos salvación ni gozo. El llamado del tercer mandamiento, entonces, es este: rechaza tomar el nombre del Señor en vano. Arrepiéntete, recibe el perdón, y, luego, por el poder del Espíritu de Dios, deja de hacerlo. No tomes el nombre del Señor tu Dios en vano.

El nombre más grande

Continuemos con el significado de nombre y el significado de en vano, y luego dejemos que el flujo de pensamiento de los mandamientos del uno al dos y al tres nos ayuden a definir qué significa tomar el nombre del Señor en vano. El nombre: ¿qué es eso? ¿Qué es aquello que no debemos tomar en vano?

Yo soy el que soy

El primer enfoque del significado de Dios es sin duda el nombre propio de Dios que Él reveló cuando Moisés liberó al pueblo del gobierno de Egipto: Yahweh, que se basa en el verbo «soy» (Ex 3:14) y significa el ser absoluto de Dios: «YO SOY EL QUE SOY»; sin principio, sin fin, que siempre ha sido, sin depender de nada fuera de sí mismo. Ese es mi nombre. Dondequiera que veas Señor en versalitas, eso es lo que debes pensar (más de seis mil veces en el Antiguo Testamento). Sabemos que esto es primordial en la mente de Dios porque Él lo hizo tan prominente dentro de los Diez Mandamientos:
  • Éxodo 20:2: «Yo soy el Yahweh tu Dios».
  • Éxodo 20:5: «Yo, el Yahweh tu Dios, soy Dios celoso».
  • Éxodo 20:7: «No tomarás el nombre de Yahweh tu Dios en vano».
Por tanto, el primer y más obvio enfoque de lo que significa nombre en el versículo 7 es Yahweh. «YO SOY EL QUE SOY», no tomes ese nombre en vano.

Nombrar la realidad

No obstante, el mismo hecho de que el nombre Yahweh tenga un significado nos recuerda que, en la Biblia, el nombre de alguien dice cosas decisivas sobre la persona. No son meras etiquetas que te ayudan a distinguir a una persona de otra. Son expresiones de la realidad de la persona. Por ejemplo, aquí en el versículo 5, dice: «Porque Yo, el Yahweh tu Dios, soy Dios celoso». Por lo que «celoso» es parte de su realidad. Cuando llegamos a Éxodo 34:14, esto es lo que leemos: «No adorarás a ningún otro dios, ya que el Yahweh, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso» [énfasis del autor]. Fue una descripción de la realidad en Éxodo 20:5; ahora, en Éxodo 34:14, es su nombre. Y así lo es a lo largo de la Biblia.
  • Isaías 57:15: «[...] así dice el [...] que vive para siempre, cuyo nombre es Santo». Esa es su realidad, así que ese es su nombre.
  • Isaías 9:6: «[...] porque nos ha nacido un Niño, un Hijo nos ha sido dado [...] se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz». Esa es su realidad, así que esos son sus nombres.
  • Mateo 1:21: «[...] le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Su realidad es ser el Salvador, por lo que su nombre es Yeshua: Jesús, uno que salva.
  • Apocalipsis 19:13, 16: «[...] Su nombre es: El Verbo de Dios. [...] En su manto y en su muslo tiene un nombre escrito: “REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”». Esto es quien es Él, su realidad: el Verbo de Dios, el Rey de reyes, Señor de señores, así que esos son sus nombres.
Por tanto, «no tomes el nombre de Yahweh tu Dios en vano», significa «no tomes a Dios o cualquier cosa que su nombre exprese sobre su realidad, en vano». Dios es el YO SOY, el ser absoluto, Celoso, Santo, Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz, Jesús, Verbo de Dios, Rey de reyes, Señor de señores, «el Alfa y la Omega» (Ap 21:6). Esto es quien es Él, su nombre, su realidad, su divinidad. No lo tomes a Él ni ningún aspecto de su ser, de su nombre, en vano.

Tomar en vano

Tomar en vano: ¿qué significa? ¿Qué significa tomar alguna revelación de la realidad de Dios en nuestras mentes y pensar en Él en vano? ¿Tomar en nuestros corazones alguna revelación de la realidad de la manera en que Dios es y tener sentimientos acerca de Él en vano? ¿Tomar expresiones de la realidad de Dios en nuestras bocas y pronunciar palabras acerca de Él en vano? ¿Tomar alguna revelación de Dios en nuestras resoluciones para realizar acciones en este nombre en vano? ¿Qué significa eso? ¿Tratar a Dios, su nombre, en nuestros pensamientos, en nuestros sentimientos, nuestras palabras o nuestras acciones en vano?

Inútil, sin sentido, vacío, desperdiciado

El significado de la frase en vano que se encuentra en Éxodo 20:7 es en realidad bastante evidente al buscar sus usos en el Antiguo Testamento y luego rematarlo con una palabra de Jesús. Escucha estos usos:
  • Jeremías 2:30: «En vano he herido a sus hijos, no han aceptado corrección».
  • Jeremías 4:30: «En vano te embelleces; te desprecian tus amantes».
  • Jeremías 6:29: «En vano se sigue refinando, pues los malvados no son separados».
  • Jeremías 46:11: «En vano has multiplicado los remedios; no hay curación para ti».
  • Malaquías 3:14: «Ustedes han dicho: “En vano es servir a Dios. ¿Qué provecho hay en que guardemos sus ordenanzas [...]?”».
Por lo tanto, en vano significa inútil, vacío, sin sentido, un desperdicio: le das una nalgada a tus hijos, pero no hay corrección; te maquillas, pero no hay amantes; pones a los malvados en el fuego refinador, pero no hay arrepentimiento; tomas la medicina, pero no te sanas; sirves a Dios, pero no hay ganancias. Todo ocurre en vano.

Corazones lejos de Dios

La pregunta es: ¿cómo tomas el nombre de Dios (expresiones de su realidad) en tus pensamientos, tus emociones, tus palabras y tus acciones de tal manera que tus pensamientos, emociones, palabras y acciones son inútiles, vacíos, sin sentido y un desperdicio?
Jesús nos da una doble respuesta en Mateo 15:8-9. Él cita a Isaías 29:13: «Este pueblo con los labios me honra, Pero su corazón está muy lejos de mí. Pues en vano me rinden culto, Enseñando como doctrinas preceptos de hombres» [énfasis del autor ].
Se trata de adoración. Sin embargo, lo que se enseña se aplica a toda la vida, porque, para el cristiano, toda la vida es adoración (Ro 12:1-2). «Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios» (1Co 10:31, [énfasis del autor]). «Y todo lo que hagan, de palabra o de hecho, háganlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de Él a Dios el Padre» (Col 3:17, [énfasis del autor]).

Vacíos de afectos y verdad

Jesús dice que dos cosas provocan que la adoración a Dios (al nombre de Dios) sea vacía, inútil, sin sentido y un desperdicio.
  1. «Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está lejos de mí». El corazón está vacío de afectos por Dios, por su nombre; no hay amor, admiración, reverencia, aprecio, valoración.
  2. Lo segundo que provoca que la adoración sea «en vano» (Mt 15:9) es que «rinden culto, enseñando como doctrinas preceptos de hombres». Las palabras, las afirmaciones acerca de Dios han sido vaciadas de la verdad de Dios y reemplazadas por opiniones humanas.
Cuando el corazón está vacío de afectos por Dios y las palabras están vacías de la verdad de Dios, todos los pensamientos, todas las palabras, todas las emociones y todas las acciones son vacías, sin sentido, inútiles y en vano. Por consiguiente, tomar el nombre de Dios en vano es aceptar alguna expresión de la realidad de Dios en nuestros pensamientos, emociones, palabras o acciones cuando la verdad de Dios ha salido de ellas, pero los verdaderos afectos por Dios no están. Si pensaste que iba a abordar las palabrotas en este artículo, como «¡maldita sea!», «¡Jesucristo!» y «¡Dios mío!», bueno, lo hice (si es que tienes oídos para oír). La eliminación de ese tipo de uso del nombre de Dios es el kindergarten en la escuela de Cristo. Si aún tienen comportamientos tipo kindergarten, este es el remedio: llenen sus palabras con el peso de la verdad de Dios y llenen sus corazones de afectos por su nombre.

Nuestra vida en su nombre

Ahora, volvamos a los dos primeros mandamientos de los Diez Mandamientos. Recuerda el lenguaje contracultural, contraintuitivo, ofensivo e impactante de Dios: «No tengas nada por sobre mí en tus pensamientos, afectos, palabras y acciones. No tengas sustitutos tallados que te roben tus pensamientos, afectos, palabras y acciones. Puesto que tengo celo por tener todo tu corazón, toda tu mente, toda tu alma y toda tus fuerzas». Entonces, por tanto:
No me traten a mí, a mi nombre, como si fuera vacío, inútil, sin sentido, trivial, sin trascendencia e insignificante. No dejen que sus palabras estén vacías de mi verdad. No permitan que sus corazones estén vacíos de sus afectos. Reveréncienme. Ámenme. Confíen en mí. Atesórenme. Satisfagan su corazón conmigo.
Lo que muchos no pueden ver es que el celo de Dios por su nombre (su celo por ser supremo en nuestros afectos) es nuestra salvación y nuestro gozo.
Oh Señor, por amor de tu nombre, Perdona mi iniquidad, porque es grande (Sal 25:11). Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, Por la gloria de tu nombre (Sal 79:9). No obstante, los salvó por amor de Su nombre (Sal 106:8) El nombre del Señor es torre fuerte, A ella corre el justo y está a salvo (Pr 18:10).
No trates a esta torre como una choza que se está desmoronando, porque no lo es; es tu vida.
John Piper © 2021 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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Estudiar matemáticas para la gloria de Dios
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Estudiar matemáticas para la gloria de Dios


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
La pregunta de hoy viene de un niño de 8 años, Joshua. Llegó a nosotros por medio de su mamá, una ávida oyente de nuestro pódcast. Esta es la pregunta de Joshua: «Querido pastor John, a mi mamá le gusta escuchar su pódcast cuando dobla la ropa limpia. Gracias por llenar su estanque mental. Tengo una pregunta: ¿a usted le gustaba estudiar cuando tenía 8 años? A mí no me gustan las matemáticas y me enojo cuando tengo que estudiarlas. No sé cómo no enojarme y no sé cómo confiar en Dios. ¿Por qué debo confiar en Dios para estudiar matemáticas? Mi mamá me dice que lo haga para Él, pero no me gustan y no quiero. Mientras más lo intento, más difícil es. Sin embargo, sé que hacerlo hace feliz a mi mamá».  Quisiera hablarle a Joshua directamente. Así que, mamá, anda a buscarlo. Hola, Joshua. Soy el pastor John. Muchísimas gracias por enviar tu pregunta sobre las matemáticas y contarnos sobre cuánto no te gustan. Te prometo que cuando tenía 8 años, tampoco me gustaban. Es más, cuando estaba en tercer grado, reprobé matemáticas el primer semestre. En esos tiempos, los profesores calificaban de esta manera: insatisfactorio, satisfactorio, muy bien, excelente (en lugar de usar A, B, C, D). Obtuve la nota más baja posible, insatisfactorio, en mi libreta de notas. Así que, no solo no me gustaban las matemáticas, sino que también no era bueno para ellas en absoluto. Y como tú, me parecían muy difíciles.  También, Joshua, como tú, tuve una mamá y era una buena mamá. Ella me ayudó a seguir intentándolo hasta que en tercer grado, apenas pude aprobar la asignatura de matemáticas. Por lo tanto, intentaré animarte, Joshua, a que no te des por vencido, sino a que hagas lo mejor que puedas, sin importar lo difícil que sea. Quiero animarte de cuatro maneras para que sigas perseverando.
1. Dios hizo un mundo matemático
Dios hizo que el mundo estuviera lleno de matemáticas. ¿Sabes, Joshua? Los números son como las palabras. Puede que no lo hayas pensado. La palabra perro nombra un animal real y nosotros nombramos a ese animal con el nombre perro. Sin embargo, un perro real no es una palabra, ¿no es así? Las palabras nos ayudan a comunicarnos mutuamente sobre lo que es real. Sin palabras, todo lo que podríamos hacer es apuntar a las cosas. Por lo tanto, las palabras son muy útiles aunque solo sean palabras. No son cosas reales, pero nombran cosas reales. Ahora, así es con los números también. Representan cosas reales o cantidades reales de cosas reales. Por ejemplo, si tuvieras 2 árboles de plátanos en tu patio, como mi familia cuando crecí, y en uno de ellos hay 4 plátanos y en el otro hay 4 más, y al día siguiente alguien de la escuela te pregunta: «Joshua, ¿cuántos plátanos hay en los árboles de tu patio?», tú podrías decir: «4 en un árbol y 4 en el otro». O podrías decir: «8 plátanos», porque 4 + 4 = 8 plátanos. Esto es matemáticas, pero esos números representan plátanos reales. No son solo números; representan cosas reales que puedes comer y de las que puedes hablar.  Dios hizo un mundo de plátanos, perros y miles y miles de otras cosas reales que puedes contar. Puedes designarlos con números y nombres. Ese es el tipo de mundo que Dios hizo. Por lo tanto, cuando estudiamos matemáticas, intentamos entender la manera en que Dios hizo al mundo. Este es el mundo de Dios y a Él le encanta cuando su pueblo, que incluye a los niños de 8 años, estudia su mundo, lo entiende y lo usa para su gloria.
2. Dios hizo las matemáticas para que fueran útiles
Lo anterior nos lleva a la segunda manera de animarte. Dios hizo que las matemáticas fueran muy útiles en este mundo. Él las hizo para ayudarnos. Joshua, déjame contarte dos historias, dos ilustraciones: Supón que en una bencinera, donde tus papás cargan el estanque del auto con bencina, notas que ahí tienen una oferta de 3 barras de chocolate por $1 dólar y le preguntas a tu mamá: «¿me das $1 dólar, por favor, para comprarme esas barras de chocolate?». Y ella te dice: «claro, aquí tienes $2 dólares. Cómprale a tu amigo también». Le pasas al vendedor tus $2 dólares y le pides las barras de chocolate. Supón que él te entrega 5 barras de chocolate y toma tus $2 dólares, ¿qué le vas a decir? Si has estudiado matemáticas lo suficiente en tercer grado, como yo intenté hacerlo, y ya te aprendiste las tablas de multiplicación, sabrás que si puedes comprar 3 barras de chocolate por $1 dólar, puedes comprar 6 con $2 dólares, porque aprendiste en tercer grado que 2 × 3 = 6, no 5. Y si no lo aprendiste, te irás con 5 barras en lugar de 6, porque no sabías usar las matemáticas. En otras palabras, las matemáticas son muy útiles para ser felices en este mundo, porque 6 barras de chocolate me hacen más feliz que 5. Mientras más creces, Joshua, más importantes llegan a ser estos números. Esta es otra historia seria: estás cazando ardillas en el bosque con tu rifle y, de pronto, 4 lobos feroces aparecen frente a ti. Muestran sus colmillos y pareciera que van a atacarte. Sabes que no puedes combatir 4 lobos feroces y salvar tu vida. Es posible que puedas luchar contra 1 lobo, pero no contra 4. En silencio, revisas tu arma y notas que solo te quedan 3 balas. Entonces, haces el cálculo matemático que aprendiste en tercer grado: «si mato a un lobo con cada una de mis 3 balas, entonces solo quedará 1 lobo que combatir, porque 4  3 = 1. Mi vida depende de este cálculo matemático». Apuntas con cuidado y matas 3 lobos. Cuando el cuarto ataca, puedes usar tu rifle y romperle la cabeza. ¡Hay camino que recorrer! Joshua, te prometo, las matemáticas no solo obtendrán las barras de chocolate que debes tener, sino que pueden salvarte la vida. Realmente pueden hacerlo.
3. Dios hizo sabios a los padres
Este es el tercer ánimo para ti. Dios hizo a tu mamá y a tu papá con mucha sabiduría sobre lo que necesitas para tu vida en el futuro (sabiduría que tú aún no tienes, porque solo tienes 8 años). Una de las razones por las que Dios les da papás a los niños es para que ellos puedan aprender de sus padres a vivir la vida y evitar cientos de errores. Me parece que tú tienes buenos papás, Joshua. Yo también los tuve. Ellos no me dejaron rendirme cuando sentía que debía hacerlo, porque ellos sabían lo que sería bueno para mí. Y yo todavía no sabía lo que sería bueno para mí cuando fuera mayor.  Yo quería jugar afuera en la tierra con mis camiones junto a mi amigo Sonny. Eso era todo lo que quería hacer. No quería estudiar ni siquiera quería ir a la escuela. No me gustaba la escuela en tercer grado. Sin embargo, estoy tan agradecido de Dios por darme una mamá y un papá que sabían lo que era mejor para mí, porque yo no lo sabía. La Biblia dice, y tú lo sabes, «Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor […]» (Ef 6:1). Y me encanta que lo diga. Me alegra haberlo hecho.
4. Dios te hizo para que confiaras en Él
Esto me lleva ahora, Joshua, a la última forma de animarte. Dios te hizo para que muestres cuán bueno y grande es Él al confiar en que Él te ayudará. Dios también me hizo a mí para eso. ¿Y adivina qué? Él me cambió. Él me cambió para que en décimo grado amara la geometría (un tipo de matemáticas). Finalmente, había un tipo de matemáticas que realmente me gustaba. Era como una historia de detectives. Encuentras las pistas, las juntas y descubres la solución al problema. Era como encontrar al malo de la película y ponerlo en la cárcel.  Sin embargo, Joshua, para ser honesto, aparte de la geometría, generalmente le tenía miedo a las matemáticas. Cuando terminé la última clase de matemáticas básicas que se requería en la universidad, sentí que había salido de un oscuro túnel hacia la despejada luz del día por el resto de mi vida. Nunca, nunca, nunca tendré que tomar otro curso de matemáticas. ¡Hurra! Se sintió como una liberación, como salir de prisión. Este es el asunto, Joshua: aun cuando hoy no te gusten las matemáticas, algún día te gustarán, porque creces y cambias. Tu cerebro cambia. O quizás, cuando crezcas no te gustarán las matemáticas y estarás muy contento cuando ya no tengas que estudiarlas más. Y está bien. Dios te hizo de la manera en que eres. No tienes que crecer para convertirte en un matemático. Sin embargo, un poco de matemáticas es bueno para todos, te lo prometo. Mi última palabra de ánimo es esta: cuando tu mamá y tu papá digan que necesitas terminar tu tarea de matemáticas, debes decir: «sí, señora» o «sí, señor». Y luego susurra una oración a Jesús: «Jesús, por favor, ayúdame. No quiero hacer esto. No me gusta hacerlo. Pero lo haré porque mamá me lo dice y el pastor John dice que es bueno para mí. Así que confío en que me ayudarás». Y Joshua, Él lo hará. Y tu confianza en Él mostrará cuán grande es Él.
John Piper © 2021 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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El rol de los padres en el desarrollo de género de un hijo
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El rol de los padres en el desarrollo de género de un hijo


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
En nuestra cultura, parece que a los niños se les da cada vez más libertad de elegir desarrollarse como hombres o como mujeres. Existe la suposición de que la masculinidad o la femineidad personal surgirá inevitablemente en el niño y en sus decisiones personales. Pastor John, en una jovencita que se desarrolla hacia la femineidad bíblica o en un jovencito que se desarrolla hacia la masculinidad bíblica, ¿cuánto de este desarrollo debería estar influenciado por padres piadosos?  Los padres deben involucrarse en todo el desarrollo de género de sus hijos. «Hijos, sean obedientes a sus padres en todo, porque esto es agradable al Señor» (Col 3:20). Den esto vuelta y pregunten: ¿qué implica esto ahora para los padres? Si la Biblia les dice a sus hijos: «sean obedientes a sus padres en todo», entonces, padres, ¿qué implica esto para ustedes? Implica que más vale que ustedes conozcan su Biblia; más vale que conozcan la cultura lo suficiente como para poder aconsejar y guiar en todo a estos hijos. De esta manera, ellos podrán cumplir, sin pecar, el mandato bíblico de obedecerlos a ustedes en todo. 

Críenlos en la Palabra

Deuteronomio 6:7 dice: «Las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes». Deuteronomio 6:9 continúa: «Las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas». Esa es la descripción de la guía, de la inspiración y del ánimo dominantes y saturados de la Palabra para nuestros hijos. No hay espacio para ningún pensamiento liberal ni actitud de dejarlos crecer y descubrir por sí mismos lo que es correcto o incorrecto. Alguien va a influenciarlos y Dios llama a los padres a amar a sus hijos lo suficiente como para moldearlos.  No sé cuántos padres consideran la última parte de la Gran Comisión en relación a sus hijos. Jesús dijo: «Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Y luego agrega: «enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes» (Mt 28:19-20, NVI). Él no dice que les enseñen a conocer todas las cosas; eso está implícito. Dice obedecer. Eso significa hacer

Enséñenles a obedecer

Si esto es verdad para las naciones, ¿qué implica para la crianza de nuestros hijos? Se supone que debemos enseñarle a todo no creyente de cualquier nación que llevemos a Cristo a hacer todo lo que Jesús ordenó. Mamá y papá, ¿están haciendo eso? Todo lo que Jesús ordenó, ¿están construyendo esto en sus hijos e hijas? Jesús dijo cosas como estas. Cuando llegaron los fariseos, le preguntaron: «[…] ¿Le está permitido a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo? […]». Él dijo: 
[…] ¿No han leído —replicó Jesús— que en el principio el Creador «los hizo hombre y mujer», y dijo: «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo»? Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre (Mt 19:3-6, NVI).
¿Cómo estás, papá? ¿Cómo estás, mamá? ¿Están explicándoles a sus hijos lo que es ser hombre y mujer como Jesús lo definió? ¿Están explicándoles lo que es ser una sola carne en términos de marido y mujer? ¿Les están explicando lo que es dejar y lo que es unirse? ¿Les están explicando qué significa «que no lo separe»? ¿Están sembrando todas estas cosas en sus corazones? Mi respuesta, Tony, es sí, absolutamente. Los padres deben involucrarse en la formación de la sexualidad de sus hijos. Quizás lo último que debo decir es que todos sabemos que esto se hace mejor al modelar. Lo que esos niños ven en una mamá y un papá es —digamos— un 90 % de lo que ellos aprenden para transformarse en hombres y mujeres saludables, al aprender cómo ser un hombre en relación a una mujer o cómo ser una mujer en relación a un hombre.  Ellos están observando. No escuchan todos tus devocionales ni todas tus enseñanzas, pero están observando todo el tiempo. El mayor desafío para una mamá y un papá es representar la obra de Cristo y la iglesia en Efesios 5:24-25: mujeres, estén sujetas siguiendo el ejemplo de la iglesia. Esposos, amen siguiendo el ejemplo de Cristo para que los hijos que están observando puedan ver cómo Cristo amó a la iglesia y cómo la iglesia amó a Cristo, al ver esa hermosa obra. Eso es lo que hará hijos saludables, sexualmente saludables. 
John Piper © 2013 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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¿Qué debo decirles a mis hijos sobre Santa Claus?
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¿Qué debo decirles a mis hijos sobre Santa Claus?


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
Santa Claus llegó a la ciudad, probablemente a un centro comercial cerca de ti. Santa Claus aparece mucho en esta época del año, así como en muchos de los correos electrónicos que recibimos de nuestra audiencia (doscientas menciones de él en nuestra bandeja de entrada hasta la fecha). Aún así, han pasado un par de años desde que abordamos este tema aquí en el pódcast Ask Pastor John. Hablaremos de esto y, para ello, el pastor John se une vía telefónica. Ahora, por supuesto, existe un personaje histórico griego del siglo iv llamado San Nicolás. Sin embargo, todas esas doscientas referencias a Santa hablan del mítico Santa Claus que tiene una barba blanca, que usa un traje rojo y que viaja con sus renos voladores. Uno de los correos más recientes viene de una auditora del pódcast que se llama Jill.
Querido pastor John, soy mamá en casa de tres niños pequeños (de cinco, cuatro y dos años). Mi esposo y yo crecimos como niños que creían que Santa Claus era real y aunque fue efectivamente mágico por esos nueve años, cuando descubrí que no era verdad, recuerdo haberme avergonzado y haber sollozado. No estaba enojada con mis padres; sabía que querían sorprenderme y hacer especial la Navidad. Sin embargo, estaba realmente decepcionada. Ahora, como madre, me siento conflictuada con la Escritura —con «dejen de mentirse los unos a los otros […]» (Col 3:9), por ejemplo— y, sin embargo, aún deseo crear algo mítico, especial y mágico para mis hijos respecto a Navidad. Temo poner más énfasis sobre el hombre barbudo con su traje que en Jesús, ¡nuestro Salvador! Mi pregunta es esta: ¿qué pasa si mi esposo piensa de manera diferente y realmente quiere mantener vivo el mito de Santa en nuestros hijos? Pastor John, ¿qué debo hacer?
Bueno, veo tres temas diferentes en lo que Jill está preguntando, al menos si es que la escuché correctamente. Permítanme dar una palabra sobre cada uno de ellos y terminar con la pregunta sobre cómo lidiar con su esposo. Pero creo que hay dos temas aparte de ese que probablemente necesitan abordarse.

No se mientan

En primer lugar, la principal crisis en su mente parece ser si es que se puede preservar el mito y la magia de Santa Claus sin desobedecer mandamientos bíblicos como «Dejen de mentirse los unos a los otros […]» (Col 3:9). Creo que la respuesta a ello es realmente bastante simple y directa: no, no se puede. Eso es, no puedes enseñarles a tus hijos que Santa Claus es real si tu intención es enseñarles la verdad. Por real me refiero a la manera en que los niños piensan sobre lo que es real, no a la manera en que intelectuales sofisticados llamarían real a un mito ni tampoco la manera en la que la imaginación es real. Entiendo eso; simplemente no es el punto aquí. El punto es: ¿estamos engañando a los niños al contarles esta historia como una simple declaración de hechos?
  • Santa Claus vive en el Polo Norte.
  • Santa Claus vuela con renos.
  • Santa Claus deja los regalos bajo el árbol.
  • Santa Claus es servido por elfos.
Presentar este mito como un hecho no es veraz para nuestros hijos.

¿Qué pasa con Narnia?

Estoy tratando de meterme a la mente de otras personas cuando escuchan esto y hacen preguntas. Entonces, responderé ahora preguntas imaginarias que quiero hacerme a mí mismo. ¿Qué tan diferente es esto, por ejemplo, de leer ficción a nuestros hijos? Alguien podría decir: «bueno, no está mal la ficción en la vida de tus hijos, como las Crónicas de Narnia o Los cuentos de los hermanos Grimm». Estas no se presentan como algo real así como el desayuno es real y el jardín trasero es real. Son invenciones, así como Jesús inventó parábolas. Los niños deben saber que son historias inventadas y deben saber por qué los papás se las cuentan. Creo que es bueno hacerlo. Hay una razón por la que Jesús contó parábolas. Tienes ese tipo de cosas en la Biblia.

Esconder la verdad completa

Esta es otra respuesta a otra posible objeción: no ser veraz respecto a Santa Claus o ser falso respecto a Santa Claus es diferente a ocultar a los hijos pequeños asuntos difíciles de la vida marital. Puedo imaginar a alguien decir: «bien, no les contamos a nuestros hijos toda la verdad sobre lo que está pasando». No es mentir cuando no cargamos a nuestros hijos más pequeños con las dificultades económicas, con las peleas maritales insignificantes o con las dificultades que podríamos tener con los suegros. Mientras más grandes sean, más deben saber, pero cuando son muy pequeños e incapaces de lidiar con cualquiera de estas cosas, simplemente lo ocultamos. Sin embargo, cuando les traspasamos a nuestros hijos un completo marco inventado para entender la Navidad, que no es verdadero, pero que ellos toman como verdad, es totalmente diferente de ayudarlos a lidiar con tanta verdad como puedan de una manera acorde a su edad. Santa Claus no oculta una verdad dolorosa hasta que los niños sean lo suficientemente mayores para poder lidiar con ella. Santa Claus oculta una emocionante verdad porque pensamos que la verdad real no puede competir con Santa Claus en el corazón de nuestros hijos, lo que nos lleva ahora al segundo tema.

Aburridos de la más grandiosa historia

El primer tema fue: ¿se puede presentar y preservar el mito y la magia de Santa Claus a nuestros hijos sin mentir? Ese no es el punto; simplemente no es el punto real. El punto principal es: ¿por qué un cristiano que ha encontrado en Jesucristo el mayor tesoro en el mundo lo cambiaría por cualquier otra cosa? ¿Por qué ellos —que ven en la encarnación, la vida, la muerte, la resurrección y el reino de Jesús la historia más maravillosa del mundo— contarían otra historia? Para quienes saben que en este evento real e histórico toda la verdad del mito y de la magia se hizo realidad: ¿por qué un cristiano soñaría alguna vez con reemplazar, tapar o complementar esta verdadera historia? ¿Por qué lo reemplazarían con algo tan antievangelio, como lo es el mito tan patético de Santa Claus, cuyo mensaje es: «pórtate bien, no debes llorar»? Simplemente, no puedo imaginarlo. Considero que el esfuerzo que los padres cristianos están haciendo al poner la historia de Santa Claus por sobre la historia de Jesús es una interrupción para emocionarse con la historia más grande del mundo y una falta de imaginación sobre cómo hablar de la verdadera historia para mostrarla de una manera que ayude a los niños a compartir nuestro asombro. Es un fracaso. Es una transigencia sincretista con la cultura: «pobre Jesús. Él es invisible. Santa Claus no lo es. Puedes verlo en el centro comercial. Pobre Jesús no da ninguna vuelta en trineo en el cielo ni deja juguetes bajo el árbol». En cambio, podrían buscar en la Escritura la razón por la que es grandioso que Jesús sea invisible y que no esté aquí. Como lo dice en Juan 16:7, es grandioso que Él no esté aquí. ¿Por qué es grandioso que Él haya dejado la tierra y haya enviado a su Espíritu en lugar de permanecer aquí o andar en trineo? ¿Por qué su lentitud en regresar al final de los tiempos y su gran segunda venida son una gran misericordia que los niños deben entender (1P 3:9)? Al lidiar con la invisibilidad de Jesús, ¿por qué no es asombroso para los padres que seamos sus representantes en la tierra? Esa es una visión gloriosa de la vida humana (2Co 5:20). En lugar de buscar estupendas respuestas a preguntas que los niños podrían tener (buscarlas en la Biblia), reemplazamos las preguntas más importantes del mundo con una distracción fácil. Ese es el verdadero asunto. ¿Por qué hacemos eso?

Más extraño que un mito

El último asunto que Jill quiere saber es: ¿qué pasa si es que ella quiere enfocarse en las glorias de la verdad de Cristo, pero su esposo aún está atascado en la superioridad del sustituto Santa Claus? Estas son mis tres sugerencias para ella. En primer lugar, conversa esto con él en agosto, no en diciembre. Digo esto ahora sabiendo que es demasiado tarde. Este es un principio de conflicto que Noël y yo hemos encontrado muy útil a lo largo de los años: separa las discusiones sobre temas de principios de las crisis emocionales llenas de presiones en el momento aplicarlas. En segundo lugar, explica las ganancias, no las pérdidas. Soltar a Santa Claus es ganancia, de otra manera el cristianismo es una mentira. Si Cristo no puede competir con Santa Claus en el corazón de nuestros hijos, no conocemos al Cristo real o no existe el Cristo real. En tercer lugar, dale a tu esposo ideas concretas para celebrar la venida de Cristo que sean tan emocionantes como la farsa de Santa Claus. Si necesitas ayuda, mi esposa escribió un libro llamado Treasuring God in Our Traditions [Atesorando a Dios en nuestras tradiciones] que describe alguna de las cosas que hicimos a lo largo de los años por nuestros pequeños hijos cuando no teníamos a Santa Claus, medias ni un árbol. Probablemente estás diciendo: «¿cómo no puedes tener un árbol?». Bueno, hay alternativas emocionantes que se pueden hacer. En pocas palabras, la verdad es más extraña que la ficción: más extraña, más asombrosa, más emocionante, más durable, más transformadora del corazón, más honradora de Cristo y más satisfactoria para el alma. Tus hijos tienen vacíos con forma de Cristo en sus corazones. Ellos no saben eso. Tú debes mostrárselo, pero no puedes hacerlo con Santa Claus, solo con Cristo.
John Piper © 2018 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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¿Cómo discernimos los falsos maestros?
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¿Cómo discernimos los falsos maestros?


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
¿Cómo podemos discernir los falsos maestros? Este es un tema candente en nuestra bandeja de entrada. Siempre lo ha sido. A continuación, compartimos un correo representativo enviado por Krikor, oyente del pódcast. «¡Hola, pastor John! Soy un gran admirador de estos pódcasts y me encanta escucharlos. APJ [Ask Pastor John] me ha ayudado mucho a crecer en mi fe y mis convicciones, así como también me ha preparado mejor para ayudar a otros en sus pruebas». ¡Amén! Permítanme detenerme aquí un momento. Esa es una de las razones por la cual este pódcast existe: asegurarnos de que estés siendo equipado para ayudar a quienes son parte de tu vida en sus momentos de necesidad. Es muy alentador lo que dice Krikor. Ok, ahora de vuelta a la pregunta. «Mi pregunta es la siguiente: la Biblia nos da numerosas advertencias sobre falsos maestros, pero ¿cómo puedo establecer si alguien al que estoy escuchando en Internet es un falso maestro? Muchas personas han sido acusadas de serlo. ¿Cómo puedo discernirlos? ¿A qué debo estar atento?». Bien, me gustaría comenzar diciendo que no debes poner la vara muy baja y que solo dejes de escuchar a las personas cuando realmente puedas decir que son falsos maestros. Muchas personas son maestros que simplemente están equivocados y, de diversas maneras, son de poca ayuda pero no necesariamente caen bajo la categoría de ser llamados falsos maestros. Establece estándares altos. Escucha a aquellos que realmente están centrados en Dios, exaltan a Cristo, están saturados de la Biblia, dependen del Espíritu; aquellos que llevan las marcas de autenticidad en sus vidas. No obstante, puesto que me has preguntado cómo identificar falsas enseñanzas y falsos maestros, permíteme exponer cuatro maneras bíblicas de evaluar si alguien es un falso maestro. Lo hago solo porque la Biblia está de acuerdo contigo en que debemos estar alerta a la realidad de que hay falsos maestros y también nos ofrece pruebas que podemos aplicar.
1. La prueba del fruto
En primer lugar, tenemos la prueba del fruto de sus vidas. En Mateo 7:15-20, Jesús dice:

Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Así que, por sus frutos los conocerán.

Pablo le dio gran valor a este principio de santidad y rectitud en la credibilidad vivificante de su Evangelio. Me tocó verlo recientemente solo porque hemos estado estudiando 1 Tesalonicenses en Look at the Book [Mira al Libro]. A lo que me refiero es que Pablo les da una tremenda importancia por dos capítulos enteros. En 1 Tesalonicenses 1:5 dice: «[…] nuestro evangelio no vino a ustedes solamente en palabras, sino también en poder y en el Espíritu Santo y con plena convicción; como saben qué clase de personas demostramos ser entre ustedes por el amor que les tenemos». Eso es increíble. Y luego procede a explicarlo en dos capítulos: «saben qué clase de personas demostramos ser, así que júzguennos de acuerdo con nuestras vidas». Ahora, por supuesto, no siempre es fácil observar el fruto de la conducta de un maestro, especialmente a través del Internet, ¿verdad? Por eso necesitamos buscar cuidadosamente, tomar tiempo y pertenecer a una iglesia —una iglesia real, presencial, de carne y hueso, humana y viva con un predicador real y vivo, cuya vida conoces—. Ya sea difícil o no, Jesús dijo: «por sus frutos los conocerán».
2. La prueba de la doctrina
En segundo lugar, está la prueba de las principales sanas doctrinas. Por ejemplo, la doctrina de la encarnación en 1 Juan 4:1-3:

Amados, no crean a todo espíritu, sino prueben los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo. En esto ustedes conocen el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios. Y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios.

En otras palabras, si alguien niega que Jesucristo es Dios-Hombre, Dios hecho carne, es un falso maestro o profeta. Juan no dice que si entiendes bien la encarnación no puedas cometer otros graves errores. Ese no es el punto. Él simplemente está discutiendo este problema en particular de esa iglesia y, en cuanto a ese tema, confesar que Cristo vino en carne significa que hablas la verdad de Dios. Entendiste esto correctamente, y ese era el problema de esa iglesia. Pablo enfatizó la misma importancia doctrinal, la prueba doctrinal, en 1 Timoteo 6:3-4 al decir: «Si alguien enseña una doctrina diferente y no se conforma a las sanas palabras, las de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido y nada entiende [...]». Dicho de otra manera, necesitamos evaluar las doctrinas que se enseñan con las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo y con sus implicaciones para la piedad. Esa es la prueba número dos: doctrina, sana doctrina.
3. La prueba de la Escritura
En tercer lugar, tenemos la prueba de la sumisión a la Escritura. Pablo dice en 1 Corintios 14:37-38: «Si alguien piensa que es profeta o espiritual, reconozca que lo que les escribo es mandamiento del Señor. Pero si alguien no reconoce esto, él no es reconocido». Es asombroso. La autoridad de los apóstoles debe ser acatada, de lo contrario, eres un falso maestro; no eres reconocido. Juan lo expone de la siguiente manera en 1 Juan 4:6: «Nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error». En otras palabras, los apóstoles ponen su enseñanza al nivel de una prueba de la verdad. Si una persona no somete su pensamiento y su enseñanza a la autoridad de los apóstoles, a los maestros autorizados de Cristo que escribieron el Nuevo Testamento, entonces no es un maestro confiable. No significa que no hablen cosas verdaderas. Todos dicen cosas verdaderas de vez en cuando, incluso el diablo. Pero eso no los convierte en maestros confiables.
4. La prueba del Evangelio
Finalmente, está la prueba del Evangelio mismo, por el cual Pablo es igual de apasionado. En Gálatas 1:8-9 nos dijo: «Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, les anunciara otro evangelio contrario al que les hemos anunciado, sea anatema. Como hemos dicho antes, también repito ahora: Si alguien les anuncia un evangelio contrario al que recibieron, sea anatema». El Evangelio que tenía en mente cuando dijo eso es el Evangelio expuesto en el libro de Gálatas, el Evangelio de la justificación, solo por la fe, sin las obras de la ley. Lo resume en Gálatas 5:2-3 así:

Miren, yo, Pablo, les digo que si se dejan circuncidar [es decir, como un paso hacia la reconciliación con Dios en la justificación], Cristo de nada les aprovechará. Otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a cumplir toda la ley.

En otras palabras, si insistes en guardar la ley como una manera de ser justificado ante Dios, tienes que guardarla en su totalidad y perfectamente. Luego, Pablo concluye con esta terrible advertencia: «De Cristo se han separado, ustedes que procuran ser justificados por la ley; de la gracia han caído» (Gá 5:4).

Nuestra mejor protección

Por tanto, hay al menos cuatro pruebas bíblicas que nos permiten distinguir la falsa enseñanza:
  1. La prueba del fruto de la conducta.
  2. La prueba de la sana doctrina.
  3. La prueba de la sumisión a la Escritura.
  4. La prueba de la enseñanza del Evangelio puro de la justificación por la fe.
Me gustaría terminar recordando simplemente que la mejor manera de protegernos de los falsos maestros es siendo parte de una iglesia sana que predique la Biblia y estando saturados de oración bíblica día a día.
John Piper © 2021 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto
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¿Cuál es la diferencia entre la pereza y el descanso?
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¿Cuál es la diferencia entre la pereza y el descanso?


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
Bienvenidos a una nueva semana en nuestro pódcast. Algunos de ustedes recordarán que el verano pasado, en el episodio 1 500, hablamos de productividad personal. En esa oportunidad, pastor John, dijiste que era esencial que aprendiéramos la diferencia entre pereza y descanso. Nos compartiste tu poema titulado Pilgrim’s Conflict with Sloth [El conflicto del peregrino con la pereza]. Me gustaría elogiar ese poema y la manera en que lo recitaste. Sin embargo, en el APJ [Ask Pastor John] 1 500, dijiste que todos deberíamos saber que «hay un lugar, un lugar absolutamente crucial» para el descanso y el esparcimiento, porque «el principio del sabbat [aún] prevalece». Pero luego nos advertiste diciéndonos que «debemos saber la diferencia entre la pereza y el descanso». Realmente, no explicaste esa diferencia; solo nos señalaste el poema. Odio decirlo, pero creo que muchos oyentes querrían que expusieras estos principios en forma sencilla. Entonces, en principio, ¿puedes darnos la distinción entre la complacencia de la pereza pecadora y la virtud del verdadero descanso?  Sí, creo que puedo, porque la Biblia lo hace de manera bastante clara. Entonces, déjame usar algunas palabras bíblicas. 

¿Relajado u holgazán?

Usemos las palabras perezoso y diligente, porque ambos términos se usan en Proverbios. Por ejemplo, «El alma del perezoso desea mucho, pero nada consigue, sin embargo, el alma de los diligentes queda satisfecha» (Pr‬ 13:4 [énfasis del autor]). Entonces, la pregunta que debemos hacernos es la siguiente: ¿cuál es la diferencia entre el descanso de los diligentes y la holgazanería de los perezosos? Esto es importante porque en cualquier momento dado, el descanso y la pereza podrían verse iguales si solo estás mirando a alguien sentado en una silla, acostado en una cama o durmiendo, pero no son lo mismo. Entonces, ¿cuál es la diferencia? Otra aclaración antes de establecer la diferencia: en este momento no estoy interesado en discutir la diligencia del incrédulo. La clase de diligencia que a mí me importa es la que ve la cruz de Cristo como la base de toda gracia, el Espíritu Santo como la clave de toda santidad y la gloria de Dios como la meta de toda realidad, que incluiría la meta de toda diligencia. No estoy hablando de cualquier diligencia, sino de la que tiene su raíz en la gloria de Dios, la cruz de Cristo y el poder del Espíritu Santo.  Por lo tanto, permítanme ahora darles mi resumen de la diferencia entre la holgazanería del perezoso y el descanso del diligente, y luego investigaremos sus raíces más profundamente. La holgazanería del perezoso se debe a su abrumadora aversión al trabajo. En cambio, el descanso del diligente se recibe como una recompensa misericordiosa por el regalo del trabajo que glorifica a Dios y como una preparación agradable para una nueva productividad renovada. Déjenme decirlo de otra manera: la holgazanería del perezoso es la rendición a su falta de disposición para esforzarse. Mientras que el descanso del diligente es una dulce compensación por el esfuerzo que honra a Dios y una agradecida renovación para seguir siendo útil. Estas son mis declaraciones resumen.

Esclavos de la pereza

Vayamos ahora a las raíces y tomemos solo un momento para enfocarnos en el problema del perezoso, luego, pasaremos la mayor parte de nuestro tiempo examinando la visión bíblica del trabajo que hace que el descanso del diligente sea tan dulce.  Pablo señala en 1 Corintios 6:12: «Todas las cosas me son lícitas, pero no todas son de provecho»; es decir, útiles o beneficiosas para cumplir un buen propósito. Él continúa diciendo que «“todas las cosas me son lícitas”, pero no me dejaré dominar [regir, controlar, gobernar] por ninguna». Esa es la prueba en la que el perezoso fracasa: puedes dedicar tu vida a hacer cosas que son provechosas, útiles, beneficiosas y que logran algún bien para la gloria de Dios o puedes dejarte dominar por una aversión corporal al trabajo. Eso se llama pereza u holgazanería.  Pablo dice: «No seré regido, esclavizado, dominado o gobernado por nada. Yo pertenezco a Cristo. Solo Él es mi dueño; por tanto, daré muerte a esos impulsos corporales que tienden a esclavizarme y caminaré como un hombre libre, dedicándome a hacer cosas provechosas, útiles y beneficiosas». Pero el perezoso no es así. El perezoso es regido por su aversión corporal a esforzarse. Es un esclavo. Por eso su descanso no es la dulce recompensa por hacer el bien, sino la egoísta resistencia a hacer lo bueno. 

La recompensa de poder recuperarse del trabajo

Miremos por un momento a las increíbles raíces del diligente y al descanso del que goza. En esencia, la diferencia básica entre el perezoso y el diligente es que el primero considera que el trabajo es una desdicha que debe evitarse, en cambio el diligente ve el trabajo como un privilegio vivificante dado por Dios.  Ahora, por supuesto, es cierto que cuando el pecado entró al mundo a través de Adán y Eva, uno de sus efectos fue contaminar el trabajo con futilidad y carga. Dios le dijo a Adán: «Maldita será la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida [...]. Con el sudor de tu rostro comerás el pan» (Gn 3:17, 19‬). Esa no es una perspectiva muy positiva del trabajo. Siempre habrá algo de esa carga, algo de esa futilidad en todo nuestro trabajo. Mientras esta era pecaminosa perdure, siempre habrá algo de eso, no importa cuál sea tu trabajo. Es por eso que el descanso final que Dios nos ofrece en su Reino es deseable y añorado, aun por aquellos que encuentran su trabajo gratificante aquí en la tierra.  Mas la gracia de Dios ha penetrado este orden mundial caído y le permite a los hijos de Dios recobrar, en parte, el significado gratificante del trabajo que Dios quiso que tuviera desde el principio de la creación. Y eso es lo que el diligente percibe. Aun cuando no lo expresa, lo siente. Antes de la caída, Dios le dijo a Adán y Eva: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio [...] sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra» (Gn 1:28‬). Ese sometimiento de la tierra y dominio sobre la creación no pasa mientras estás sentado en tu silla plegable con los pies en alto.  De hecho, en Génesis 2:15, antes de la caída, leemos: «El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén para que lo cultivara y lo cuidara». Dicho de otra manera, el plan original no fue la pereza, la holgazanería, la inactividad o la falta de productividad. Los seres humanos son creados a imagen de Dios. Somos hacedores, como Dios. Ya sea que preparemos una comida, hagamos una cama, diseñemos un programa de computador, enderecemos un pedazo de madera, cavemos una zanja, edifiquemos una pared de ladrillos, preparemos una lección escolar o un sermón; todos somos hacedores por naturaleza. El diligente así lo ha descubierto y, por gracia, en Cristo, la caída no impide que recuperemos en gran medida el sentido glorificado por Dios del trabajo, de modo que el descanso se puede experimentar como una dulce recompensa por un día de trabajo y una renovación agradable para un nuevo día con propósito. 

Dulce diligencia

Eclesiastés 5:12 dice: «Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho o coma poco; pero la hartura del rico no le permite dormir». Lo que hace que el descanso del diligente sea dulce es saber y tener la paz de que el éxito de su trabajo finalmente depende de Dios, no de él. 
Si el Señor no edifica la casa,                 En vano trabajan los que la edifican; […]  Es en vano que se levanten de madrugada,                 Que se acuesten tarde,  Que coman el pan de afanosa labor,                 Pues Él da a su amado aun mientras duerme (Salmo‬ 127:1-2). 
La gracia de Dios es la que hace retroceder los efectos de la caída, la que elimina la ansiedad, la que da al trabajo significado y dulzura, y la que nos brinda un verdadero descanso. El Nuevo Testamento añade a las motivaciones del diligente que, cuando trabajamos:
  • tendremos algo no solo para nosotros, sino también para darle a otros (Ef 4:28);
  • no seremos una carga para los demás (2Ts 3:8);
  • seremos un buen ejemplo para los no creyentes (1Ts 4:12); y 
  • nuestra luz brillará delante de los demás, para que vean nuestras buenas acciones y nuestros esfuerzos para la gloria de Dios (Mt 5:16). 
Ninguna de estas motivaciones es atractiva para el perezoso.  Permítanme, entonces, darles mi resumen nuevamente: la holgazanería del perezoso se debe a su abrumadora aversión al trabajo. El descanso del diligente se recibe como una recompensa misericordiosa por el regalo del trabajo que glorifica a Dios y como una preparación agradable para luego reiniciar una productividad renovada.
John Piper © 2021 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto
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Residencias de adultos mayores y el cuidado de padres ancianos
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Residencias de adultos mayores y el cuidado de padres ancianos


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
Las residencias para adultos mayores y los centros de vida asistida se han vuelto un tema importante que las familias enfrentan. La pregunta de hoy nos llega en forma anónima, como muchas de ellas. «Querido pastor John, ¿qué dice la Biblia sobre las residencias para el adulto mayor? ¿Acaso los hijos no tenemos la responsabilidad de cuidar y de proveer directamente a nuestros padres en su vejez? ¿Dónde encajan (o no) las residencias de adultos mayores en este llamado?» Aunque el tema de cómo cuidamos a nuestros padres ancianos no se aborda específicamente en la Biblia (me refiero a los detalles de cómo hacerlo), creo que la Palabra de Dios nos da suficientes indicadores para que cualquier hijo cristiano con padres ancianos, que ha sido criado en la Escritura y que anhela magnificar a Cristo con su comportamiento (y esas son dos suposiciones enormes), encuentre ayuda.  No hay mucha gente así en el mundo. No son muchos los que optan decididamente por una relación cercana y cariñosa con sus padres. 

Vivir para otros

A continuación, encontrarás algunos textos que nos dan un par de puntos prácticos. Filipenses 2:3-8 es uno de los pasajes más transformadores de la Biblia si lo arraigamos a nuestras vidas. Pablo pone énfasis en ser esa clase de persona que se interesa en las necesidades de los demás, no solo en sus deseos privados.  Este es un aspecto importante de la vida. ¿Seremos egoístas o seremos siervos? Una vida hermosa, una vida que honra a Cristo y que se asemeja a la vida de Cristo es una vida de servicio a los demás, sin ignorarlos o usarlos para la autosatisfacción. El texto dice así: «No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo» —eso incluiría a los padres—, «no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás» (Fil 2:3-4‬). Eso incluye a los padres cuando envejecen. ‬ «Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo» (Fil 2:5-7‬). Él se rebajó, siendo el Rey del universo, para hacerse siervo, naciendo semejante a los hombres y «hallándose en forma de hombre». Él se humilló haciéndose obediente «hasta la muerte, y muerte de cruz». ‬‬ Ese es uno de los textos más convincentes, más hermosos y más transformadores en la Biblia. La gran marca del cristiano —le dice Pablo al hijo adulto creyente— es que no solo busca sus propios intereses al llegar a la mediana edad cuando sus carreras profesionales han alcanzado su punto culminante. Busca los intereses de los demás, incluidos los de sus padres en su vejez. Consideran a otros, como sus padres, más importantes que ellos mismos.  No se sientan sobre un pináculo de privilegio, sino que como Jesús, descienden donde hay necesidad y sirven, incluso hasta la muerte. Este es un principio básico y un llamado. 

Ama a tus padres

Jesús asoció el mandamiento de amar al prójimo con amar a los padres, poniéndolos lado a lado en Mateo 19:19. Él dijo: «Honra a tu padre y a tu madre; y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Una manera de honrar a tus padres es amándolos como a ti mismo. Si esperas que a ti te ayuden en tu necesidad cuando envejezcas, entonces ayuda a tus padres.  Uno de los ejemplos más hermosos de esto —y es muy inspirador, por eso lo mencionaré— se encuentra en Juan 19:26. A pesar del indescriptible sufrimiento de Jesús en la cruz, Él hizo exactamente lo que Pablo dice, o sea, no buscó sus propios intereses o miró su propio dolor. Buscó los de su madre. Jesús fue el hijo mayor de María. ‬Evidentemente, José ya no estaba. No se menciona nunca más después de su aparición inicial en los evangelios.  La costumbre dictaba que el hijo mayor asumiera la responsabilidad especial por su madre en su vejez. Mirándolos desde la cruz, Jesús le dice a su madre: «Mujer, ahí está tu hijo», y luego le dice al discípulo: «Ahí está tu madre». Y «desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa» (Jn‬ 19:26-27). ‬

El llamado a cuidar

A veces, el ministerio, como dar la vida por Dios en este caso, no nos permitirá tener una relación tan estrecha con nuestros padres como quisiéramos. Seremos muy diligentes en no abandonarlos, pero debemos asegurarnos de que estén bien cuidados.  Probablemente, 1 Timoteo 5:4, es el texto que más luz nos ofrece en la Biblia. Dice: «Si alguna viuda tiene hijos o nietos, que aprendan estos primero a mostrar piedad para con su propia familia y a recompensar a sus padres, porque esto es agradable delante de Dios». Ahora, el contexto es si la iglesia o la familia debería cuidar a las viudas, y Pablo dice que la iglesia debería cuidar a las viudas que en verdad son viudas; es decir, aquellas que no tienen familia, insinuando así que primordialmente es la responsabilidad de las familias. Luego nos da tres razones que menciono a continuación.  1. Pablo dice que debemos «mostrar piedad». En otras palabras, cuidar de los padres es un acto dirigido hacia Dios. No es solo bienestar social. Es parte de lo que Dios está obrando en su pueblo. 2. «Recompensar a sus padres». En otras palabras, es bueno y correcto que los hijos recuerden todos esos años en que sus padres les proveyeron. Los padres cubrieron diez mil necesidades en sus primeros años de infancia. Deberían mirar hacia atrás y sentirse en deuda con ellos. 3. «Porque esto es agradable delante de Dios». Se nos dice claramente que Dios se deleita en esto. A Él le agrada cuando los hijos cuidan de sus padres en su vejez. El punto principal es si el corazón de los hijos es un corazón egoísta o un corazón de siervo. ¿Estamos dispuestos a hacer sacrificios por nuestros padres? ¿O resentimos el hecho de que se estén volviendo una carga? Esa es la verdadera prueba. Todo esto podría, o no, significar que los padres tengan que vivir con nosotros o cerca de nosotros. Existen innumerables variables que hacen que una situación sea adecuada para una familia y otra situación adecuada para otra. Les doy la siguiente pequeña ilustración. 

El papá de los Piper

Llegó el día cuando mi padre necesitó mayor cuidado, porque ya no podía vivir por sí solo. Había estado casado con mi madre, pero ella murió. Luego se volvió a casar, y después de 25 años de matrimonio, ella murió. Él quedó viudo y ya no podía vivir solo.  Se olvidaba de todo. Ya no podía conducir de vuelta a casa porque olvidaba el camino de regreso. Ahora, yo vivo a más de mil kilómetros de distancia. Él vivía en Greenville, Carolina del Sur; yo vivo en Minneapolis. Tengo una hermana que vive cerca de él, pero ninguno de nosotros vivía en Greenville mismo. Noël y yo conversamos sobre lo que significaría que él viniera a vivir con nosotros.  En el primer piso de nuestra casa tenemos un baño y una habitación que yo uso como estudio, pensamos que se podría convertir en un dormitorio. Era ideal porque tendría acceso inmediato al baño sin tener que subir ninguna escalera. ¿Estábamos dispuestos a hacerlo? Sí, lo estábamos. Así que llamé a mi padre y le dije: «Papito, nos encantaría que pasaras tus últimos días con nosotros». Pero no quiso. No quería dejar de vivir en el sur.  No le gustaba el clima de Minneapolis. Tampoco quería dejar a sus amigos. Decidió que Beverly, mi hermana, estaba lo suficientemente cerca. Había un hogar de ancianos administrado por la universidad de la que se graduó. Tenía todas estas razones por las cuales pensaba que no era buena idea venir a vivir con su hijo.  Pensé que estaba bien, si él así lo quería. No teníamos una relación tan estrecha tampoco, así que pasó sus últimos años en un hogar de ancianos. Beverly lo visitaba regularmente y yo viajaba tan a menudo como podía. A medida que perdía su memoria, parecía estar contento en ese lugar.  Lo vuelvo a repetir, el problema principal para el hijo cristiano de padres ancianos no son las circunstancias en sí. El problema es: ¿seremos siervos o egoístas? ¿Estamos dispuestos a sacrificarnos a nosotros mismos para satisfacer cada necesidad de nuestros padres y confiar en Dios con gozo?
John Piper © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto
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La dignidad de aquellos que sufren demencia
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La dignidad de aquellos que sufren demencia


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
Gracias por escuchar el pódcast Ask Pastor John, con John Piper, pastor y escritor desde hace muchos años. La pregunta de hoy la hace un hombre anónimo. «Pastor John, escuché el episodio sobre el cuidado de los padres que están envejeciendo». (Ese fue el episodio número 1 078 publicado el 9 de agosto [de 2017] y titulado Residencias de adultos mayores y el cuidado de los padres ancianos). «Ese episodio me hizo pensar en mi empleo. Yo trabajo en un hogar de ancianos y me toca ver a nuestros mayores deteriorándose de una manera que creo que muchos de nosotros temeríamos que nos pase. ¿Podrías hablar sobre la dignidad de la gente en hogares de ancianos con enfermedades como la demencia? Quizás esto es aún más fundamental en las respuestas sobre el cuidado de padres ancianos. ¿Le parece correcto?». Correcto, absolutamente correcto. La dignidad que Dios le da a cada ser humano, como personas creadas a su imagen y destinadas a rendir cuentas ante el Dios vivo, como ninguna otra criatura, es fundamental en nuestros pensamientos sobre cómo las familias o cuidadores deben de cuidar a los padres en su vejez o a cualquier persona cuyas capacidades mentales estén disminuidas por cualquier razón. Permítanme compartir algunos pensamientos fundamentales y también prácticos sobre la dignidad de aquellos con facultades de razonamiento y autoconciencia disminuidas.

A la imagen de Dios

En primer lugar, difícilmente podemos olvidar o ahondar lo suficiente en la impactante verdad de Génesis 1:27: «Dios creó al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó». Luego, podemos agregar la verdad complementaria de que aún después de la caída esta gran realidad de ser portadores de la imagen de Dios sigue siendo cierta para todas las personas con las que tratamos y, por ende, debería afectar nuestro comportamiento. Santiago 3:9 dice: «Con ella [la lengua] bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a la imagen de Dios». Santiago cree que ese hecho debería cambiar la forma en que usamos nuestras lenguas para hablar de otros. Cada ser humano, en cualquier parte del mundo, de cualquier raza, de cualquier origen étnico, de cualquier clase, hombre y mujer, rico y pobre, enfermo y sano es completamente diferente de todas las demás criaturas en la tierra. Luego encontramos en 1 Pedro 2:17 (en forma increíble) lo siguiente: «honren a todos», es decir, honren a todos los seres humanos. Y claramente la honra no mana de la honorabilidad moral. Algunos seres humanos no tienen ninguna integridad. Muchos son malvados como Nerón. Pedro dice: «Honren al Emperador». Son malvados. La honra no proviene de su condición moral única, sino de su posición única a la imagen de Dios, diferente a todas las demás criaturas. Eso se aplica a un ser humano que pese un poco más de 36 kilos, sufra de artritis, necesite pañales, babee, tenga sus ojos vidriosos, que amamos y que yace en su cama rogando morir en un hogar de ancianos o en una choza en la selva.

Gloria venidera

También necesitamos hacer una segunda observación, a saber, que la manera en que Dios trata con el mundo, ha elevado la debilidad a un lugar de extraordinaria importancia. «La debilidad de Dios es más fuerte que los hombres», dice Pablo en 1 Corintios 1:25. Vale decir que Cristo, al morir en debilidad y deshonra, logró lo más grande en el mundo. Pablo mismo se refiere a su propia debilidad en 2 Corintios 12 como la mejor senda para honrar en su vida al Cristo todo suficiente. Luego asocia su debilidad con el proceso de la muerte y la relaciona con la resurrección en 1 Corintios 15:43: «Se siembra [el cuerpo humano] en deshonra, se resucita en gloria; se siembra en debilidad, se resucita en poder». En otras palabras, Pablo nos dice que la sombra débil, ignominiosa y demente del que fuera un cristiano sólido alguna vez, frente a nosotros, está al borde de la gloria y poder. Necesitamos ir a los hogares de ancianos pensando así. Estas personas están por entrar a la gloria y poder. Es muy importante que mantengamos en mente esta continuidad entre los poderes disminuidos de estos seres humanos y los poderes espectaculares que tendrán en la resurrección. Si perdemos ese sentido de continuidad, asumiremos que nos estamos volviendo menos humanos en lugar de estar al borde de ser gloriosamente sobrehumanos. Si surge la pregunta (puesto que mencioné la palabra cristiano), ¿qué pasa con el no creyente en un hogar de ancianos? La respuesta es que nunca debemos dejar de orar para que ellos también formen parte de ese destino glorioso. Eso es lo que podrían llegar a ser. Nosotros no somos Dios; no determinamos el destino de nadie. Consideramos a la gente en la tierra en oración, les hablamos, les damos testimonio con la esperanza de que reciban redención y gloria.

El misterio

Lo que nos lleva a una cosa más: el misterio de la individualidad ante la presencia de la demencia. La ciencia no puede responder la pregunta que se relaciona con el alma que Dios mismo creó en conexión con el cuerpo. La relación va más allá de la comprensión humana. Nadie conoce la conexión precisa entre la mente con demencia y la persona humana real dentro de ella. Justo antes de morir, mi abuelo estaba acurrucado como un feto, usaba pañales y parecía un cadáver. Estuvo casi sin comunicarse por semanas respirando con dificultad y muy lentamente. Pero cuando mi padre se inclinó a su lado y oró (casi a voz en cuello), mi abuelo, casi usando todo su cuerpo, exclamó un profundo, inconfundible y gutural amén cuando mi padre terminó. Eso fue lo último que le escuchamos decir después de no haberlo escuchado por muchas semanas. Nunca voy a asumir que un ser humano que aún respira no pueda ser alcanzado en lo más profundo de su ser. No lo sé, así que no lo asumiré.

No son accidentes

Lo último que tendría que decir es que la invasión de la demencia en la vida de aquellos que amamos es un regalo para nosotros, porque pone a prueba nuestro amor como nunca antes. Una de las manifestaciones de la demencia es que cada momento es real para la persona afectada, pero pierde la conexión con el momento. Cuando llevaba a mi padre, que ya estaba en sus últimos días, al funeral de su hermano (un hermano al que quería mucho) me preguntó dónde íbamos cada dos minutos en un trayecto de veinte minutos . Cada vez que me lo preguntaba, él realmente quería saber. Si él realmente estaba ahí conmigo, en ese momento tenía mucha curiosidad por saber adónde íbamos. La verdadera prueba y pregunta para mí fue: ¿podría yo, con paciencia y amabilidad, contestarle por décima vez la misma pregunta con la gracia y el interés con la que le contesté la primera vez, e interactuar con la persona que estaba allí conmigo en ese momento? Tales desafíos de amor no son un accidente. No son un accidente. Dios no me dio este desafío sin motivo alguno. Ese fue un regalo y una prueba dolorosa. Todos tendremos estas pruebas, así que llenémonos de gracia para cuidar de aquellos que están física y mentalmente demasiado débiles para cuidar de sí mismos. Las prioridades de Dios para ser eficientes en este mundo no son nuestras.
John Piper © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto
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Seis peligros de los pódcast
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Seis peligros de los pódcast


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
Ocasionalmente, en este pódcast hablamos sobre pódcast. En particular, hemos hablado sobre cuán peligroso puede ser este pódcast para ti si lo usas sin sabiduría. Un par de episodios se me vienen a la mente en este punto: «Seven Ways This Pódcast Will Kill Your Joy [Siete formas en que este pódcast matará tu gozo]»; después de él seguimos con uno llamado «When to Stop Listening to This Pódcast [Cuándo dejar de escuchar este pódcast]». Sin embargo, hoy hablaremos sobre los pódcast de manera más general al responder una pregunta que nos llega de un auditor llamado Joel. «Pastor John, gracias por este pódcast. Parece que los pódcast son más y más dominantes estos días. Específicamente, como cristiano, escucho los pódcast presentados por otros cristianos. A menudo, se repite y se recicla la misma información una y otra vez. Y mucha de esa información se enfoca en la desaparición de otra personalidad cristiana, denominación o escuela. Esto me apena y estoy preocupado. ¿Qué peligros ves tú en los cristianos que buscan pódcast cristianos para encontrar información, para aprender, para obtener “discernimiento” o simplemente para “entretenerse”?». Veo peligros en todas partes, pero eso no es algo único de los pódcast. Veo peligros en todas partes, porque el pecado está en todas partes; el diablo está en todas partes; el espíritu de este mundo está en todas partes. Por lo tanto, cuando apunto a los peligros de los pódcast, no es porque esté ciego a los peligros que hay en otras partes o al buen potencial que hay en los pódcast; después de todo, Ask Pastor John [Pregúntale al pastor John] es un pódcast, así que, ¡ay de mí si pretendo ser hipócrita al lanzar piedras! Creo que la lista de peligros puede extenderse por muchas páginas, porque, realmente, todo lo que tienes que hacer es leer el Nuevo Testamento y darte cuenta de que dondequiera que hablen los seres humanos, hay un gran potencial para el bien y el mal. Y hacemos bien de vez en cuando en reflexionar sobre cuáles son algunos de esos potenciales nocivos. Por tanto, de mis muchas páginas de peligros que podemos poner en la lista, permíteme solo mencionar seis en respuesta a la pregunta de Joel.
1. Faccionalizar
En 1 Corintios 1:12 dice: «[…] “Yo soy de Pablo”, otro: “yo de Apolos”, otro: “yo de Cefas”, y otro: “yo de Cristo”». A lo que Pablo dice: «¿Está dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por ustedes? […] (1Co 1:13). Qué pregunta tan asombrosa: «¿Acaso fue Pablo crucificado por ustedes?». ¿De dónde vino eso? En otras palabras, es posible pensar y hablar de los maestros humanos, o presentadores de pódcast, de tal manera que en realidad das la impresión de que son importantes para ti, que ocupan un lugar en tu corazón, mente o boca, comparable con Aquel que fue crucificado por ti; crucificado. Los pódcast ofrecen una voz, un maestro, un comentarista, un crítico, un analista, un académico, un escritor, un cómico, un cascarrabias. Por lo tanto, existe el peligro de que estemos tan fascinados con lo que dicen o con cómo lo dicen, que elevemos sus voces en nuestras consciencias, nuestros afectos, nuestro enfoque y nuestra conversación al nivel donde de pronto releguemos a Jesucristo mismo a un segundo plano. Y despertamos dándonos cuenta de que Jesús ha sido desplazado como el supremo maestro, como el que marca el paso, como el que forma la opinión, como el que controla el pensamiento, como el creador de valor y como el dador de gozo en mi vida. Y cuando Jesús pasa a segundo plano en nuestras conversaciones, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, y los presentadores de pódcast forman el primer plano, casi sin duda damos pie al faccionalismo al afirmar cuál es nuestro favorito por sobre el favorito de otro, mientras marginamos a Jesús.
2. Despriorizar la Biblia
No solo tengo en mente los pódcast que no hacen ninguna afirmación de hablar bajo la autoridad de la Escritura. También tengo en mente los pódcast cristianos que (increíblemente) ponen escasa atención a textos bíblicos específicos. He escuchado un pódcast completo de media hora sobre doctrina bíblica que nunca citó un solo versículo de la Biblia, lo que significa que puedes saturar tu mente con discusiones éticas, teológicas, culturales o políticas que nunca hacen referencia a la Biblia mientras afirman ser bíblicos y, por tanto, forman el hábito de despriorizar la Biblia en tu vida. Esta es una de mis mayores preocupaciones con el cristianismo contemporáneo, tanto en el púlpito como en los pódcast: que se defienda la autoridad bíblica con palabras vacías mientras rara vez citan textos concretos y específicos, y que se muestre que lo que tú crees está realmente enraizado en esos textos específicos. Mientras más dure esto, menos autoridad práctica tendrá la Biblia, y le será más fácil a la próxima generación ignorarla. Así que, pregúntate cómo tus hábitos de escuchar pódcast están afectando la seriedad y el cuidado con el cual lidias con pasajes bíblicos.
3. Sucumbir ante la tiranía de lo urgente
Una encuesta que leí decía que tres cuartos de las personas que escuchan pódcast regularmente lo hacen con el fin de aprender cosas nuevas. Ahora, eso podría no ser algo malo si significa ganar nuevo conocimiento para una antigua verdad. No obstante, si significa un sentido de deseo inquieto por no perderse las últimas noticias, la última moda o el último chisme, entonces significa que estamos sucumbiendo ante la tiranía de lo urgente. Por supuesto, hay pódcast devotos al tratamiento cuidadoso, reflexivo y paciente de la verdad históricamente arraigada, probada en el tiempo y perennemente relevante, pero son contados. El peligro en el que estoy pensando es un tipo de inquietud mental que implora algo nuevo, algún nuevo estímulo, algún nuevo conocimiento de lo que está ocurriendo ahora, algún nuevo chisme, opinión o controversia jugoso y dulce o alguna nueva ola de discusión que está pasando y que no quieres perderte. Toda esta necesidad mental inquieta por algo nuevo es una señal de que el alma está perdiendo su centro y se está fragmentando; por lo tanto, es aún más vulnerable a la tiranía de lo nuevo y lo urgente.
4. Ser infectado con un tono de vida torcido
Por «tono de vida» quiero decir que tu mente, tu actitud y tu boca pueden tomar cierto ímpetu, modo, estilo o calidad emocional que podría tener un punto de apoyo en la Biblia, pero que está fuera de proporción cuando la comparamos con otras actitudes, modos y tonos en la Biblia. Esto ocurre más a menudo cuando tenemos una voz, una autoridad o entretenimientos favoritos que están torcidos en su comportamiento y por lo tanto representan, por ejemplo, un tono dominantemente cínico, maleducado, satírico, sarcástico, presumido o frívolo. O quizás podría estar torcido en la otra dirección de ternura, delicadeza y precaución; de ambigüedad y matiz evasivo; de indeterminación aplastada a medio camino. El punto es que podemos encerrarnos en un cierto tipo de tono o estado de ánimo desproporcionado o tratar de lidiar con el mundo y fallar en darnos cuenta de que la enorme serie de profundidad y diversidad emocional representada en la madurez y en la sabiduría bíblica se ha perdido; se perdió. Por lo tanto, evalúa las voces de tus pódcast: ¿tus favoritos son evidentemente limitados? ¿Han perdido los estados de ánimo, tonos, sentimientos y emociones bíblicas que dan lugar a un alma madura y saludable?
5. Elevar asuntos públicos por sobre la santidad personal
Por supuesto, no hay duda de que las implicaciones de la enseñanza bíblica tienen una influencia en la vida pública y en los asuntos políticos. Sin embargo, cuando lees el Nuevo Testamento, lo que encuentras es un énfasis abrumador en la santidad personal. «Porque escrito está: Sean santos, porque yo soy santo» (1P 1:16, citando a Lv 11:44-45; 19:2; 20:7). De esta manera es cómo usamos nuestras lenguas respecto a otros; cómo lidiamos con las relaciones personales en amor; cómo soportamos el dolor; cómo hacemos la guerra a la tentación sexual; cómo permanecemos fieles y amorosos en nuestros matrimonios y en otros compromisos; cómo damos en integridad y cumplimos nuestra palabra, y cómo hacemos todo en el nombre de Jesús y para la gloria de Jesús en los niveles más prácticos de la vida. Ese es el enfoque abrumador del Nuevo Testamento. He visto, en mis cincuenta años de vida adulta, cómo la supuesta virtud pública y el establecer una postura pública puede ocultar mucha corrupción y falta de santidad privada. A las personas les gusta pensar que han conquistado el alto terreno moral en público, pero, de hecho, sus fundamentos se están derrumbando. Por lo tanto, mantente atento a que, en tu uso de los pódcast, no te encuentres reflexionando interminablemente sobre asuntos públicos mientras pierdes batalla tras batalla en el nivel de la santidad e integridad personal.
6. Reemplazar el cara a cara con lo digital
Para concluir, solo mencionaré brevemente el peligro de reemplazar la discusión cara a cara con información digital. Es fácil caer en un mundo de información y fascinación digitales que es tan convincente. Despertamos y nos damos cuenta de que no hacemos ningún esfuerzo para juntarnos con cualquier persona real para tener discusiones cara a cara y concesiones mutuas intelectuales y emocionales. Eso ya no está. Es una gran pérdida. Así que, gracias, Joel, por la pregunta. Estas son mis principales preocupaciones. Hay muchas más. Que el Señor te dé discernimiento. Podría ser que incluso debas reemplazar en tu vida este pódcast, Ask Pastor John, con algunas juntas presenciales con personas de carne y hueso en torno a la Biblia.
John Piper © 2021 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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¿El estrés me hace más santa o más pecadora?
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¿El estrés me hace más santa o más pecadora?


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
¿Las presiones en mi vida me hacen más santo o más impío? ¿Cómo puedo saberlo? Esta es una excelente pregunta. Muchos de nuestros correos electrónicos nos llegan de cristianos que están sintiendo mayor presión en sus vidas. Este es el caso en el correo de hoy que envió una joven mamá llamada Victoria, quien está enfrentando los desafíos de criar a sus hijos pequeños. «Hola, pastor John» —nos escribe—, «desde que soy mamá, me he encontrado batallando con el pecado como nunca antes. Pareciera como si de la nada surgieran en mí nuevos pecados con los que no recuerdo haber luchado antes, especialmente en esta época en que estoy criando a un niño de dos años y otro recién nacido. Mi deseo es ser una esposa y una mamá para la gloria de Dios, pero siento que nunca he estado más lejos de esa meta. ¿Estas nuevas presiones de la maternidad me santifican o me hacen más impía? ¿Cómo puedo saber la diferencia? A menudo siento que me hacen más impía». Esta es una pregunta tremendamente importante, porque apunta a una realidad de la santificación que con frecuencia se pasa por alto; específicamente, el orgullo y las variadas formas de ese pecado que pueden estar latentes sin ser vistas en el cristiano que ha sido perdonado, en quien mora el Espíritu, y que a menudo le dan la impresión a él y a los demás que son más santos de lo que realmente son.  La imagen que tengo de los cristianos en esta condición es la de un vaso con agua. Mientras el vaso está quieto, posado en una mesa, el sedimento del orgullo y de otros pecados pueden pasar inadvertidos en el fondo del vaso. Por consiguiente, el agua se ve clara y más limpia de lo que realmente está. Sin embargo, si golpeas el vaso —ese golpe puede corresponder, por ejemplo, a las presiones de la maternidad— el sedimento del orgullo y del pecado se levanta, y se manifiesta en actitudes, palabras y acciones que dejan en evidencia que el vaso con agua no estaba tan limpio como pensábamos. Hay más pecado de lo que creíamos. Esa es una realidad muy importante que todo cristiano debe aceptar. Y esta pregunta nos obliga a hacerlo, a todos, no solo a las mamás. Por eso me alegra tanto esta pregunta, aunque sea doloroso para nosotros hablar de esto, porque, al menos a mí, no me gusta cuando las circunstancias golpean mi vaso y hacen que salga lo peor de mí.  Permíteme exponer brevemente siete observaciones bíblicas que son la base para entender la santificación y cómo deberíamos responder a ella.
1. Dios purifica a su pueblo a través de las pruebas
En primer lugar, Dios nos enseña en su Palabra que las presiones de la maternidad, del pastoreo o de cualquier otra clase de problema o presión, pequeña o grande, están diseñadas por Dios para purificar a su pueblo. 

[...] a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo. El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele (1 Pedro‬ 1:6-7, [NVI]).

Las presiones de la maternidad son como un fuego diseñado para refinar el oro de la fe de la mamá, no para consumirla. 

[...] [Dios] nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad.

Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia (Hebreos 12:10-11).  Ese es el objetivo de todas las circunstancias de dolor o presión en la vida cristiana: el fruto apacible de la justicia, el oro de la piedad refinada.
2. Las pruebas hacen que algunos se aparten
Las tribulaciones y las presiones hacen que algunos cristianos se alejen de la fe para siempre. Jesús dijo en la parábola del sembrador:

Y aquel en quien se sembró la semilla en pedregales, este es el que oye la palabra y enseguida la recibe con gozo; pero no tiene raíz profunda en sí mismo, sino que solo es temporal, y cuando por causa de la palabra viene la aflicción o la persecución [el vaso es golpeado], enseguida se aparta de ella (Mateo‬ 13:20-21‬). ‬‬

3. Dios guarda a todo cristiano
Dios no permitirá que sus hijos, sus elegidos, se aparten. Él no permitirá que seamos tentados más allá de la gracia que nos da para resistir (1Co 10:13). O como dice en 1 Corintios 1:8-9: «Él también los confirmará hasta el fin, para que sean irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por medio de quien fueron llamados a la comunión de Su Hijo».  O en Romanos 8:30: «A los que predestinó, a esos también llamó. A los que llamó, a esos también justificó. A los que justificó, a esos también glorificó». Si Él te llamó, Él te guardará.
4. Puede que no seamos tan piadosos como pensamos
La historia de Job muestra que algunas de las personas más piadosas tienen orgullo latente en sus corazones, que será revelado por algunas presiones y problemas. El libro de Job comienza así: «Hubo un hombre en la tierra de Uz llamado Job. Aquel hombre era intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal» (Job‬ 1:1‬).  Por tanto, Job era realmente un hombre bueno, piadoso y fiel. Él no vivió de una manera que trajera alguna acusación sobre sus acciones. Sin embargo, luego llegaron las pruebas. Al comienzo, la respuesta de Job fue tan buena como esperaríamos. Con sumisión, humildad y confianza declaró: «El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor» (Job‬ 1:21‬). Pero posteriormente las pruebas fueron más difíciles de soportar y, entonces, se enojó con Dios. Dijo cosas como: «¿Por qué [...] me consideras tu enemigo?» (Job 13:24). Dios no era enemigo de Job. No lo era. Este hermoso vaso con agua ahora se volvió turbio. Job no era perfecto.  Y el resultado de que el vaso con agua de Job se volviera turbio con orgullo e ira hacia Dios fue este: «He sabido de ti solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven. Por eso me retracto, Y me arrepiento en polvo y ceniza» (Job‬ 42:5-6‬). Este es el arrepentimiento que se produce cuando el vaso es golpeado y el sedimento que nadie había visto se levanta.
5. Dios expone el orgullo para conducirnos al arrepentimiento
Eso nos lleva a la quinta observación: Dios expone el remanente del orgullo y del pecado en nuestras vidas para que hagamos lo que Job hizo: mirarnos a nosotros mismos con mayor claridad y arrepentirnos más profundamente. 
6. Nuestra santificación puede parecer lenta
Esto significa que el proceso de santificación a menudo se siente como si estuviéramos retrocediendo. A esto es lo que apunta la pregunta. Job empezó muy bien en los dos primeros capítulos, pero posteriormente no le fue tan bien. Realmente retrocedió, al menos temporalmente. Parecía que Job se estaba volviendo más impío. Entonces, ¿cuál es la respuesta a la pregunta de Victoria? Hasta donde ella puede ver, Victoria dice que las presiones de la maternidad hacen que más pecado salga de ella.  Entonces, ¿se está volviendo más santa con estas presiones o más impía? Lo que hemos visto es que ella está de pie en una bifurcación del camino. ¿Las presiones y los problemas la convertirán en esa tercera semilla que se aparta de Cristo y probará que nunca fue cristiana en primer lugar? ¿O será igual que Job al final y se arrepentirá?
7. Lucha como una hija perdonada de Dios
Mi último punto, mi séptima observación, es una exhortación: deja que tus presiones y problemas, y el aparente aumento del pecado que realmente estaba en ti todo el tiempo, hagan más dulce la gracia de Dios; hagan tu corazón más humilde y tu arrepentimiento más profundo; hagan que tu lucha contra el pecado sea mayor al combatir como una hija perdonada de Dios.
John Piper © 2021 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto.
 
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La oración más grande del mundo
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La oración más grande del mundo

Es jueves, la noche anterior a la crucifixión de Jesús. Esta noche está llena de enseñanza (Jn 13-17): impactante por el lavado de pies realizado por el más grandioso para los de menos importancia (Jn 13:3-20); trascendental con la institución de la Cena del Señor (Mt 26:20-30; Mr 14:17-26; Lc 22:14-20), y crucial con la partida de Judas (Jn 13:30). Jesús y los once se han ido al jardín de Getsemaní (Jn 18:1; Mr 14:32). Es aquí donde Jesús ora la oración más grande del mundo. Lo que pendía de un hilo era la gloria de la gracia de Dios y la salvación del mundo. El éxito de la misión de Jesús en la tierra dependía de su oración y de la respuesta que recibiría. Oró con reverencia y su ruego fue concedido. La pregunta que me gustaría responder es la siguiente: ¿cómo se relaciona Hebreos 5:7 con la oración en Getsemaní? Hebreos 5:7 dice: «Cristo, en los días de su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que lo podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente». Fue oído. Obtuvo su petición. ¿A qué se refiere esto en la vida de Jesús?

Gran clamor en el jardín

Nada en la experiencia de Jesús se acerca más a esta descripción que sus oraciones en Getsemaní. «Cristo [...] habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas» corresponde emocionalmente a Lucas 22:44: «Y estando en agonía, [Jesús] oraba con mucho fervor; y su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra». «Gran clamor y lágrimas» es la descripción de la «agonía» de Jesús. ¿Cuál fue el contenido de las «oraciones y súplicas» de Jesús en Hebreos 5:7? Si suponemos que el contenido fue «aparta de mí esta copa» (Mr 14:36); entonces, ¿qué significa que «fue oído a causa de su temor reverente» (Heb 5:7)? Hebreos enseña que, precisamente debido a su «temor reverente», Jesús «fue oído», es decir, recibió su petición. Pero la copa no fue apartada. Jesús sufrió el dolor físico y la ira divina en su totalidad. Entonces, ¿en qué sentido Jesús «fue oído a causa de su temor reverente»?

Su primera oración y la ayuda del ángel

Tanto Mateo como Marcos describen a Jesús orando tres veces separadas, y volviendo cada vez donde Pedro, Santiago y Juan a quienes encuentra dormidos. Por otro lado, Lucas nos da una sola descripción resumida de las oraciones de Jesús, pero incluye un detalle que sugiere una respuesta a nuestra pregunta, concretamente, la visita del ángel.

Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y poniéndose de rodillas, oraba, diciendo: «Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Entonces se apareció un ángel del cielo, que lo fortalecía. Y estando en agonía, oraba con mucho fervor; y su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra (Lucas 22:41-44).

Antes de que el ángel viniera a fortalecerlo, Jesús oró para que la copa fuera apartada (Lc 22:42). Luego vino el ángel «que lo fortalecía». ¿Lo fortalecía para qué? Probablemente, para que pudiera llevar a cabo lo que había venido hacer. Dicho de otra manera, el ángel fue la respuesta de Dios a la primera oración de Jesús. El ángel le lleva el mensaje de Dios diciendo que no hay otra manera, pero yo te ayudaré. No abandones tu misión ahora, a pesar de su temible perspectiva. Yo te ayudaré. Este es mi ángel que te fortalecerá. Entonces, la pregunta es la siguiente: ¿cuál fue el contenido de las oraciones que siguieron? Lucas 22:44 dice: «Y estando en agonía, oraba con mucho fervor». ¿Significa esto que continuó diciendo «aparta de mí esta copa» aún con más fervor? Esa suposición no sería digna de Jesús. Entonces, ¿qué oraba? Y ¿es esta oración diferente a la que Hebreos dice que «fue oíd[a] a causa de su temor reverente»?

Jesús ora por segunda vez

Según Mateo, cuando Jesús se apartó de nuevo una segunda vez para orar, no pronunció las mismas palabras que la primera vez. En el primer momento, dijo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa» (Mt 26:39). La segunda vez, dijo: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad» (Mt 26:42). ¿No deberíamos suponer que el ángel vino a Jesús la primera vez que oró, y le hizo evidente que, de hecho, no era posible que la copa se apartara de Él, pero que Dios lo ayudaría a beberla? Por eso es que, en su segunda oración, Jesús no pide que pase de Él la copa, sino que pide que se haga la voluntad de Dios dada la revelación de que la copa no será apartada: «Si esta copa no puede pasar sin que Yo la beba [lo que la venida del ángel me ha dejado en claro], hágase tu voluntad» [énfasis del autor]. Cuando Marcos dice en la segunda oración de Jesús que: «Él se fue otra vez y oró, diciendo las mismas palabras» (Mr 14:39 [énfasis del autor]), no contradice lo señalado, como si solo las mismas palabras hubieran sido pronunciadas las tres veces. «Las mismas palabras» pueden referirse simplemente a «hágase tu voluntad», lo que Jesús verdaderamente oró cada vez. Si vamos por buen camino, entonces el contenido de las súplicas de Jesús después de que viniera el ángel no fue igual al anterior. No continúo orando «deja que pase de mí esta copa». Lo que dice es que «estando en agonía, oraba con mucho fervor» (Lc 22:44). Si no oraba fervientemente que la copa fuera apartada, entonces ¿por qué cosa estaba orando?

Su mayor acto de obediencia

Hebreos 5:7 dice: «Cristo, en los días de su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que lo podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente» [énfasis del autor]. Si «librar de la muerte» no significa «aparta de mí esta copa», entonces ¿qué significa? Porque su petición fue ciertamente oída y recibida. Jonathan Edwards responde:

Este era el más grande acto de obediencia que Cristo debía completar. Él ora por fortaleza y ayuda, que su pobre y frágil naturaleza humana fuera apoyada, que no fallara en esta gran prueba, que no fuera hundido y tragado, y su fuerza fuera sobrepasada que no pudiera soportar, y terminara su tarea.

[...] Temía que su pobre y frágil fuerza fuera sobrepasada, y de que fallara en esa gran prueba, que fuera tragado por esa muerte por la que tenía que morir, y así no ser salvado de la muerte; y por eso ofreció gran clamor y lágrimas a Aquel que podía fortalecerlo, y apoyarlo, y salvarlo de la muerte, que la muerte que iba a sufrir no sobrepasara su amor y obediencia, pero que Él pudiera sobrepasar esa muerte, y ser salvado de ella (La agonía de Cristo).

Jesús no siguió orando para que la copa fuera apartada. Continuó pidiendo que triunfara en beberla. Cuando Pablo habla sobre la resurrección de Jesús: «Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo» (Fil 2:9, [énfasis del autor]), el «por lo cual» se refiere a su obediencia inquebrantable hasta la muerte: «Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual […]» (Fil 2:8). Dios salvó a Jesús de la muerte porque fue obediente. Sus oraciones fueron contestadas.

La respuesta del Padre

Si Jesús no hubiera sido obediente hasta la muerte, Él hubiera sido tragado por ella para siempre y no habría resurrección ni salvación ni un mundo venidero lleno de la gloria de la gracia y de hijos de Dios. Jesús oró «al que podía librar de la muerte» para que lo librara de una muerte que no triunfara en su misión salvífica. «Fue oído a causa de su temor reverente». Dios sí lo salvó de la amenaza que esa muerte representaba a su obediencia. Jesús sí triunfó. Hay salvación para todo aquel que cree, y habrá un mundo nuevo lleno de la gloria de la gracia y de hijos de Dios. Todo eso se debe a la oración más grande del mundo. Toda esperanza del Evangelio triunfa gracias al fervor reverente en oración de Jesús y a la respuesta del Padre. «Y estando en agonía, oraba con mucho fervor […] y fue oído a causa de su temor reverente» (Lc 22:44; Heb 5:7). Es evidente que, para cuando Jesús terminó de orar en Getsemaní, el Padre ya había dejado en claro que no había otro camino que no fuera la cruz, pero también que triunfaría. El Cordero recibiría su recompensa por su sufrimiento. «Él verá a su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor en su mano prosperará. Debido a la angustia de su alma, Él lo verá y quedará satisfecho» (Is 53:10-11). Sin dudas es por eso que Hebreos 12:2 dice: «Por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz». Detrás del horror de la agonía presente estaba el sabor del gozo futuro. El ángel había venido a fortalecerlo aclarando, confirmando y conectando el gozo venidero.
John Piper © 2014 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto
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Cinco maneras en que los pastores fallan
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Cinco maneras en que los pastores fallan


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
Hoy en día, Dios nos ha bendecido con un sinnúmero de hombres fieles que lideran bien a sus iglesias. Alabamos a Dios por cada hombre que guarda cuidadosamente su vida y su doctrina por el bien de su propia alma y las de aquellos que le han sido confiadas (1Ti 4:16). Puede que estos hombres fieles pasen desapercibidos para el mundo, e incluso, puede que aquellos a quienes sirven no les agradezcan su trabajo lo suficiente. No obstante, nosotros damos gracias a Dios por ustedes. Muchos de ustedes escuchan este pódcast.  Sin embargo, uno de los temas más dolorosos que aparece en nuestro buzón de entrada son las consecuencias que tienen los pecados de pastores infieles. Los pastores les pueden fallar a sus congregaciones cuando descuidan sus vidas y su doctrina. Estas situaciones son trágicas, muy dolorosas y, a menudo, devastadoras. Las desgarradoras historias que nos llegan así lo confirman. Ninguna iglesia es inmune. Las transgresiones ocurren en las megaiglesias y en las pequeñas iglesias rurales. Fueron un problema lo suficientemente grande entre los sacerdotes del Antiguo Testamento como para producir las severas advertencias que leemos en los profetas. De hecho, Dios reservó parte del lenguaje más duro en la Biblia para los sacerdotes que fallaron moralmente como lo veremos hoy en Malaquías 2:1-9. Este texto aún sigue siendo relevante para los pastores de hoy, tal como lo explicó el pastor John en un sermón, aproximadamente 34 años atrás[1], en 1987. Los dejo ahora con el pastor John.  Ya observamos anteriormente en Malaquías 2:7 que realizar sacrificios no era la única tarea de los sacerdotes: «Los labios del sacerdote deben guardar la sabiduría, y los hombres deben buscar la instrucción de su boca, porque él es el mensajero del Señor de los ejércitos». En otras palabras, los sacerdotes eran maestros y no solo los encargados de llevar a cabo los sacrificios, y por eso es que el texto es relevante hoy en día; está dirigido a los ministros de la Palabra, y muestra que pueden fallar triste y dolorosamente, pero también pueden tener un éxito glorioso. De eso habla este texto aún tan relevante hoy porque encontramos esta realidad de fracasos y éxitos  ministeriales en todo nuestro alrededor.

Mayor severidad

La última vez concluí con un resumen general y me referí brevemente al tema con el que esta mañana quiero empezar, concretamente, una lista de dichas fallas; y posteriormente examinaré el éxito en el ministerio. Déjenme darles un resumen nuevamente. Los versículos 2, 8 y 9 señalan cinco fallas en el ministerio sacerdotal, cinco fallas pastorales. Los versículos 5, 6 y 7 describen el éxito en el ministerio de la Palabra, tal como se supone que debería ser. Pero lo que no mencioné la semana pasada fueron las advertencias contra los sacerdotes, los pastores, para hacer cumplir las instrucciones dadas en los versículos 5-7 y para redimirlos y mejorar su conducta con respecto a sus fallas. Encontramos esas advertencias en los versículos 2, 3 y 9. Creo que este sería un buen lugar para empezar. Comencemos, entonces, con las advertencias que principalmente se dan aquí, no por las advertencias en sí, sino para despertar a estos sacerdotes que estaban fallando, rescatarlos de la destrucción y conducirlos al éxito. Antes de examinarlas en detalle, me gustaría referirme a la lección que aprendo de estas advertencias: los pastores, los ministros de la Palabra, no estarán exentos de ser juzgados en el juicio final. Se me ocurrió esta semana, mientras reflexionaba en esto, que cuando yo esté de pie ante Cristo en el último día, cada uno de estos sermones será puesto sobre la mesa delante del juez, y luego Romanos 2:21 será leído en la corte: «Tú, pues, que enseñas a otros, ¿no te enseñas a ti mismo?». Piensen muy bien antes de envidiar a sus pastores en el último día. Santiago dice: «Hermanos míos, que no se hagan maestros muchos de ustedes, sabiendo que recibiremos un juicio más severo» (Stgo 3:1).

Cuatro advertencias sacerdotales

Leamos ahora estas advertencias en los versículos 2-3 y luego continuaré en el versículo 9.

«Si no escuchan, y si no deciden de corazón dar honor a mi nombre», dice el Señor de los ejércitos, «enviaré sobre ustedes maldición, y maldeciré sus bendiciones; y en verdad, ya las he maldecido, porque no lo han decidido de corazón. Yo reprenderé a su descendencia, y les echaré estiércol a la cara, el estiércol de sus fiestas, y serán llevados con él […] “Por eso Yo también los he hecho despreciables y viles ante todo el pueblo, así como ustedes no han guardado mis caminos y hacen acepción de personas al aplicar la ley”»

Hay cuatro advertencias en esos tres versículos. 1. «Enviaré sobre ustedes maldición» (v. 2). 2. «Maldeciré sus bendiciones», creo que esto se refiere a las palabras que hablan, destinadas a ser la bendición del pueblo, las transformaré en plaga sobre él (v. 2). 3. «Reprenderé a su descendencia», o quizás «sus cultivos» porque en hebreo la palabra para «descendencia» también podría ser usada para «semilla». En otras palabras, la maldición se extenderá mucho más allá de ustedes, ya sea a sus hijos o a su tierra. 4. Les echaré el estiércol de estas ovejas maltrechas, con patas quebradas y ciegas a la cara. O como el versículo 9 explica: «Los he hecho despreciables y viles ante todo el pueblo». ¿Por qué está Dios tan enojado? ¿Se dan cuenta de que está enojado, no es cierto? Porque cuando hablamos de echar estiércol a la cara de alguien, no estamos tratando desapasionadamente con una desobediencia menor; estamos al borde de la ira. Nada es más horrible que imaginar la belleza de la santidad volviéndose ira omnipotente en nuestra contra, y eso es exactamente lo que les está pasando a los pastores de Israel en estos versículos.

Cinco fallas sacerdotales

Dios está enojado por estas cinco fallas. Examinémoslas. 1. No escuchar a Dios o dejar de escucharlo: «Si no escuchan […]» (v. 2). Es una falta porque no se puede proclamar lo que no puedes oír. 2. No tener un corazón para la gloria de Dios: «“Si no deciden de corazón dar honor a mi nombre”, dice el Señor de los ejércitos […]» (v. 2). Y esa es la raíz del problema, hermanos y hermanas. A medida que avancemos esta mañana hacia los éxitos pastorales, veremos claramente que esa es la raíz del problema. Un pastor que no da de corazón honor a la gloria de Dios es un fracaso, no importa cuán llena esté su iglesia o cuán extenso sea su ministerio. 3. Se han desviado de los caminos de Dios y sus vidas no están en armonía con sus enseñanzas. Miremos la primera línea del versículo 8: «Ustedes se han desviado del camino». Ahora volvamos a mirar el versículo 9: «Yo también los he hecho despreciables y viles ante todo el pueblo, así como ustedes no han guardado mis caminos». La tercera falla, entonces, es no practicar lo que predican. Sus vidas están enfocadas en el mundo. No están caminando con Dios. Dicen una cosa, pero hacen otra. 4. Muestran parcialidad en su enseñanza. El versículo 9 dice: «Ustedes no han guardado mis caminos y hacen acepción de personas al aplicar la ley». ¿Qué significa eso? Significa que estaban haciendo con la Palabra de Dios lo mismo que hicieron con los sacrificios de Dios. ¿Recuerdan qué era eso? Le ofrecieron a Dios ovejas maltrechas, con patas quebradas o ciegas para quedarse ellos con el máximo de dinero en sus bolsillos. Si no las puedes vender, dáselas a Dios y llena tus bolsillos. Y eso es exactamente lo que estaban haciendo con la enseñanza. Era precisamente lo que les enseñaban a sus congregaciones para que sus bolsillos estuvieran llenos. Actúan para su audiencia. Le decían a Daddy Warbucks lo que quería escuchar[2]. Dicen: «“Paz, paz”, pero no hay paz» (Jer 6:14; 8:11). Hacen lo que Miqueas 3:11 describe: «Sus jefes [los de Jerusalén] juzgan por soborno, sus sacerdotes enseñan por precio, sus profetas adivinan por dinero». Cuando la gloria de Dios ya no satisface el corazón de un predicador, él puede hacer dos cosas: retirarse del ministerio o quedarse a predicar por dinero. Sería mejor que se retirara. 5. El resultado de todo esto lo tenemos en la mitad del versículo 8: «Han hecho tropezar a muchos». Déjenme hacerles una pregunta: ¿creen ustedes que los pecados de los pastores, de los líderes cristianos, son más graves que el de los demás? Yo sí. Pero no porque un pecado sea de una naturaleza o calidad diferentes en sí, sino porque el pecado de los líderes cristianos se agrava por el hecho de que el peso de la responsabilidad pública debería impedirlo, pero no fue así. No sé si ya han revisado la edición de Christianity Today[3] de esta semana. Está disponible en nuestra biblioteca; se las recomiendo. Encontrarán dos o tres artículos sobre los pecados de los líderes cristianos y cómo ellos pueden (o no) ser restaurados. También hay un artículo corto de David Neff, editor asociado. Esto es lo que él dice:

El líder que coquetea con mujeres rompe la confianza que una extensa comunidad ha puesto en él: confianza en su visión, su integridad, su sabiduría y veracidad. Y la esencia del liderazgo descansa en esa confianza. Por eso, un líder que rompa la confianza de manera fundamental y pública, deja de serlo inmediatamente («Are All Sins Created Equal?»  [«¿Son todos los pecados creados iguales?»])[4].

Y yo creo que Neff tiene razón.

Dios aborrece la hipocresía ministerial

Tengo muchos deseos de referirme al éxito del ministerio pastoral, pero antes quisiera aplicar lo que he dicho hasta ahora a aquellos de ustedes que están aquí hoy día y que han sido víctimas de las fallas sacerdotales. Tengo en mente a esas personas que han visto en ministros de la Palabra la suficiente hipocresía, oportunismo, inconsistencia, mundanalidad, debilidad, codicia, cobardía, mezquindad, dureza e insensibilidad como para poner un gran signo de interrogación a toda la misión cristiana. Quizás han construido un muro en sus almas, en sus corazones, que no deja pasar nada que proceda del mundo cristiano porque simplemente no están seguros de querer seguir teniendo que ver con toda esa confusión. Hay un mensaje de aliento en este texto para este tipo de personas aquí presentes esta mañana, y me gustaría parafrasearlo lo mejor que pueda. Déjenme hacerlo porque es lo que creo que Dios les está diciendo a aquellos que han sido víctimas de fallas sacerdotales. Esto es lo que Él dice:

Aborrezco la hipocresía ministerial diez mil veces más que ustedes, y voy a echar estiércol en el rostro de estos hipócritas ministeriales; a esos que han abandonado mi gloria, que se han desviado de mis caminos, que enseñan por remuneración  y hacen tropezar a muchos. «Mía es la venganza, yo pagaré» (Heb 10:30). No la lleven más; es mía y yo ejerceré una venganza infinitamente más grande de lo que ustedes se pueden imaginar en sus pequeños momentos de venganza.

Sería una enorme tragedia si esta mañana alguien se desviara de la gloria —la gloria intachable— de Jesucristo, Rey de reyes, debido a la conducta o falla hipócrita de uno de sus mensajeros cuando Dios mismo le echará estiércol a su cara, porque Él los ama y aborrece cuando su gloria es profanada. ¿No sería una trágica ironía si dejaran que ese hipócrita los arrastrara junto con él al infierno? No dejen que eso pase. No dejen que Satanás use sus ministros del mundo de capas luminosas para arrastrarlos al infierno junto a ellos. Eso es lo que Dios les dice en este texto a las víctimas de las fallas sacerdotales.
John Piper © 2021 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto

[1] N. del T.: este artículo fue publicado el 2021.

[2] N. del T.: Personaje ficticio de la tira cómica Little Orphan Annie.

[3] N. del T.: Christianity Today es una revista cristiana evangélica fundada en 1956 por Billy Graham y publicada mensualmente.

[4] N. de. T.: traducción propia.

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No necesitas más amor propio


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
Después de un cuarto de siglo de servir en la Iglesia Bautista Bethlehem, el pastor John miró hacia atrás y reflexionó sobre una tendencia muy preocupante en el cristianismo que él mismo siguió. Era la tendencia de la autoestima y del amor propio, y que fue tan importante en las décadas de los setenta y ochenta. Se decía que la autoestima era la clave para el amor cristiano: ámate más a ti mismo para ser capaz de amar a los demás con mayor eficacia. Sin embargo, ese modelo fue una distorsión. Lo que la Biblia les exige a los cristianos es, en realidad, mucho más radical que la autoestima. Es más radical porque la Biblia no nos llama a amarnos más a nosotros mismos, sino a amar a los demás con el mismo fervor y celo con el que ya nos amamos a nosotros mismos. Este llamado más radical a amar es tan grande y exigente que el pastor John será muy franco en decir que esta revelación es totalmente «devastadora», porque hace que el cristianismo sea realmente «una religión imposible». Los dejo ahora con el pastor John, quien explicará uno de sus sermones del 2005 ¿Cómo se relaciona la deuda de amor que tenemos hacia los demás con el amor propio? Romanos 13:9 es una cita de Levítico 19:18. Jesús la citó; Santiago la citó; Pablo la citó. Esta es la ley real del amor: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Mi pregunta es: ¿qué significa «amarás como te amas a ti mismo»; «como a ti mismo»? He estado aquí por 25 años. Acabamos de celebrar eso el miércoles por la noche. Recuerdo que en los seis años que estuve en Bethel antes de llegar aquí, este tema se encontraba entre las preocupaciones más dominantes de mi vida desde 1974 hasta 1989. ¿Qué significa «como a ti mismo»? Destaco este pequeño hecho histórico solo porque o estoy escondiendo mi cabeza bajo el ala o las cosas han cambiado un poco. Hoy no escucho hablar tanto sobre el tan errado esquema psicológico que se desarrolló alrededor de este versículo hace veinte o treinta años. No obstante, les voy a contar lo que es en caso de que tenga mi cabeza esté bajo el ala, y por si tú has mordido el anzuelo. Intentaré librarte del anzuelo ahora mismo.

El evangelio de la autoestima

Durante muchos años, los cristianos escribieron artículos y libros en los que afirmaban que este mandamiento significa que la razón por la cual no amamos a nuestro prójimo es porque no hemos aprendido a amarnos a nosotros mismos lo suficiente y, por lo tanto, la tarea de la consejería, la educación, la crianza de los padres y la predicación es ayudar a la gente a amarse más a sí misma para que tenga los recursos para amar a los demás. Y en ese pequeño esquema, el amor propio siempre significó autoestima. En consecuencia, el evangelio universal que soluciona todos los problemas de los hijos y de los matrimonios, así como los conflictos de negocios, es la falta de autoestima y, por tanto, la tarea de todos los consejeros, los predicadores, los padres y los educadores es desarrollar una mayor autoestima en la vida de estos pequeños y en la de los trabajadores; entonces, las cosas irán mejor, porque a medida que se amen a sí mismos, derramarán amor a otros. Ese era el esquema, pero malinterpretaba desmedidamente el punto principal de varias maneras. En primer lugar, este mandamiento bíblico supone que todos nos amamos a nosotros mismos y no necesitamos en lo absoluto que se nos enseñe cómo hacerlo. Es una presuposición. Cada persona en este salón, sin excepción, tiene un tremendo amorío con sí misma. No necesita que se le enseñe. En segundo lugar, no tiene nada que ver con la autoestima. El amor que sientes por ti mismo es simplemente tu deseo de ser feliz y de hacer lo que sea necesario para que tu vida sea como la quieres. Él no dice que primero debes aprender a estimarte a ti mismo, y luego, debido a esa rica apreciación de tus cualidades, ahora eres libre para amar a otros —lo que, entonces, te ayudaría supuestamente a apreciar cuán maravillosos son los demás—.

Todos quieren ser felices

No era así como Pablo pensaba. Las palabras no son un mandamiento para amarte a ti mismo; son una suposición: ama a tu prójimo como ya te amas a ti mismo, y eso es todo. Miremos este ejemplo en Efesios 5 donde Pablo habla de los maridos y sus esposas. Él toma el mandamiento de amar a tu prójimo y lo aplica a los esposos y a las esposas. ¿Cómo ama un marido a su esposa bajo este mandato? Así: «Los maridos deben amar a sus esposas como aman a sus cuerpos. Aquel que ama a su esposa, se ama a sí mismo». Luego agrega esta afirmación increíblemente crucial en el versículo 29: «Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia» (Ef 5:28-29). Nunca nadie se ha aborrecido a sí mismo; por el contrario, nos sustentamos y cuidamos. Todos, sin excepción, se aman a sí mismos, ya sea que su autoestima sea alta o baja.
  • Todos queremos tener alimentos para comer y haremos lo que sea necesario para conseguirlos cuando tengamos hambre.
  • Todos queremos beber para no morir de sed y haremos casi cualquier cosa para encontrar algo que beber cuando tengamos sed.
  • Todos queremos evitar las heridas y la muerte, y haremos lo que sea necesario para no cruzarnos delante de un tren ni de un camión ni ingerir veneno ni acabar muerto de alguna otra manera.
Amamos mucho nuestra vida y salud. Y si alguien pone alguna objeción como, por ejemplo: «¿pero qué hay de los masoquistas y de las víctimas de suicidios? ¿Se considera la excepción? Porque ellos no se tratan muy bien a sí mismos, ¿no?» La respuesta es que los masoquistas y las víctimas de suicidios no son la excepción a esta regla. Un masoquista es una persona que, por razones muy tristes y enfermizas, encuentra placer en hacerse daño a sí misma o en buscar el cuidado de los médicos. He conversado con gente que se autolesiona. Le pregunté a una joven con la que trabajábamos: «¿por qué te cortas?» (tenía grandes laceraciones en su estómago) y respondió: «Es la única vez que alguien me toca». Ella quería que la tocaran. Se amaba a sí misma enormemente . «Tóquenme. Tóquenme, doctores». Lo mismo sucede con el suicidio. La única razón por la cual la gente comete suicidio es porque su vida se ha vuelto tan dolorosa que ya no pueden soportarlo más y quieren escapar. Ya no quieren más dolor, y eso es amor propio. «Ya no quiero más este dolor». A todos nos gusta ser elogiados y, aparte de la gracia, todos decimos y hacemos sutilmente cosas para ser apreciados, para ser elogiados. Se necesita una enorme obra de la gracia divina para liberarnos de ese ídolo. Amamos el elogio de los hombres. Todos tenemos amor propio. Jesús no lo manda, lo asume.

Busca el bien de los demás

Ahora, muchas personas piensan que sería muy radical si Jesús dijera: «dejen de amarse a sí mismos de esta forma y cumplan con el deber de amar al prójimo. Dejen de tener esos anhelos tan intensos por su propia felicidad y bienestar. Deténganlos, mátenlos, crucifíquenlos, mueran a eso y comiencen a hacer aquello que no fluye del deseo de su propia felicidad y sean obedientes en amar». Algunos dirían que eso es realmente radical, y supongo que lo sería. Sin embargo, no es tan radical como lo que Jesús, Pablo, Santiago y Levítico dicen: «Amen a su prójimo de manera tan desmedida como se aman a sí mismos. Hagan que su deseo de estar vivo y de ser feliz sea la medida con que deseen la felicidad de los demás». Hablas de exigencias radicales, imposibles, transformadoras de vida y que hacen estallar el corazón. Ama a tu prójimo como a ti mismo.
  • Si pones toda tu energía en buscar tu propia felicidad, sé enérgico en la búsqueda de la felicidad de tu prójimo.
  • Si eres creativo en buscar tu propia felicidad, sé creativo en la búsqueda de la felicidad de tu prójimo.
  • Si eres perseverante y persistente en buscar tu propia felicidad, sé perseverante y persistente en la búsqueda de la felicidad de tu prójimo.
Pablo no dice que busques para tu prójimo las mismas cosas que tú deseas; él dice: «Busca su bien de la misma manera en que buscas el tuyo. Haz del grado de la búsqueda de tu propio bien, y que es muy alto, la medida de tu búsqueda del bien de los demás».

Un mandamiento radical e imposible

Esto es devastador. Estás sentado en casa tranquilamente disfrutando de una velada. Se siente bien: ver televisión, mirar un video, comer una rica cena, hablar. Y en ese momento escuchas a Jesús decir: «ama a tu prójimo tanto como amas esta tarde». Eso es devastador. Mide tu búsqueda de la felicidad de los demás con la misma medida que usas para buscar la tuya.
  • ¿Cómo buscas tu bienestar? Busca el de tu prójimo de esa misma manera.
  • ¿Tienes hambre? Encuentra a alguien que tenga hambre y dale de comer.
  • ¿Tienes sed? Dale de beber al que tenga sed.
  • ¿Te sientes solo? Busca a alguien que esté solo y ofrécele tu amistad.
  • ¿Sientes temor? Encuentra a alguien a quien consolar.
  • Quieres obtener una buena calificación en tu próximo examen. Los demás también. Ayúdalos.
Eso es radical. Mucho más radical que decir: «Deja de desear y comienza a cumplir con tu deber». Es mucho más radical porque dice: «todos esos enormes deseos que tengo por encontrar mi felicidad no desaparecen, sino que son transferidos a algo totalmente diferente. La misma energía, los mismos anhelos, los mismos deseos ahora son los mismos que tienes para tu salvación, tu felicidad y tu bienestar; tu estómago satisfecho, tu mente educada y tu vida con sentido. Todo lo que yo deseo, ahora lo deseo con la misma fuerza para ti». El cristianismo es una religión imposible. Su estándar es abrumador y me hace anhelar que se haga un milagro en mí.
John Piper © 2021 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto
 
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Si leemos nuestras Biblias, ¿por qué necesitamos escuchar sermones?
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Si leemos nuestras Biblias, ¿por qué necesitamos escuchar sermones?


Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
Si leemos nuestras Biblias, ¿por qué necesitamos escuchar sermones? Esta es la pregunta de una oyente del pódcast llamada Lucia. «Hola, pastor John y Tony, soy alumna de secundaria y he sido bendecida por muchos de sus sermones y pódcast. Tengo una pregunta. Sé que hubo un episodio antiguo titulado «Si escuchamos sermones, ¿por qué necesitamos leer la Biblia?». Quisiera invertir la pregunta: si leemos nuestras Biblias, ¿por qué necesitamos escuchar sermones? Siento que mucha gente pone un gran énfasis en la lectura de la Biblia al decir que es nuestra forma directa de relacionarnos con Dios, mientras que, cuando escuchas sermones, estás escuchando la relación de otra persona con Dios.   También sé que los sermones potentes pueden emocionarnos, pero tengo entendido que nuestra fe no debería estar basada en emociones. Es difícil explicar a qué me refiero cuando digo que nos sentimos emocionados: es ese sentimiento inspirador en el que siento el amor de Dios, que me muestra cuán grande Él es y que me motiva a cambiar. Sin embargo, una vez que esas emociones dentro de mí se apagan, no estoy segura de qué es lo que debo hacer después. ¿Leo más la Biblia? ¿Escucho más sermones para sentir algo de nuevo? Pero me estoy desviando del tema. Mi pregunta principal es: ¿para qué escuchar sermones si ahora todos tenemos la Biblia para leerla por nuestra cuenta?». Déjenme intentar responder esta pregunta en dos partes. Primero, procuraré demostrar desde el Nuevo Testamento que es el plan y el diseño de Dios que, además de su palabra infalible en la Biblia, la iglesia debe ser conducida bajo esa palabra infalible por ancianos falibles (a veces llamados pastores, ancianos o maestros) que tengan el don de liderar y de enseñar al rebaño. Y luego en la segunda parte, examinaremos el porqué: ¿por qué Dios dispuso que los miembros comunes y corrientes de la iglesia, que tienen en sus manos una Biblia infalible, deberían escuchar, respetar, estimar, seguir y regocijarse en el ministerio de la Palabra por medio de la predicación falible?

Pastores para el rebaño

Primeramente, entonces, reflexionemos en el plan de Dios. Justo esta semana, mientras preparaba la sesión de Look at the Book [Miremos el Libro] en 1 Tesalonicenses 5:12-14, me sentí impulsado a abordar esta mismísima pregunta antes de saber que sería hecha aquí. Esto es lo que dice ese texto: «Pero les rogamos hermanos, que reconozcan a los que con diligencia trabajan entre ustedes, y los dirigen en el Señor y los instruyen, y que los tengan en muy alta estima con amor, por causa de su trabajo». Este es un grupo de la iglesia que lidera y enseña. Y, luego, en el versículo 14, se dirige a esos mismos maestros así: «Les exhortamos, hermanos, a que amonesten a los indisciplinados, animen a los desalentados, sostengan a los débiles y sean pacientes con todos». De este texto, resalté el punto obvio, concretamente, que el apóstol infalible les escribe a los tesalonicenses y les da una gran responsabilidad en el ministerio de la Palabra en la iglesia. Se las da a personas falibles. Les dice a los maestros cómo ministrar la Palabra, y a los miembros de la congregación cómo recibirla y cómo respetar a los maestros. Ahora, consideremos 2 Timoteo 4:1-2. Me gustaría destacar lo importante que este texto ha sido en mi vida como pastor y predicador. Pablo le dice al joven Timoteo, a quien había nombrado pastor de Éfeso: «En la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por su manifestación y por su reino te encargo solemnemente: Predica la palabra». Esa es una orden muy clara para Timoteo: «Predica. Proclama la palabra». Dicho de otra manera, el punto no es si los creyentes de Éfeso piensan que necesitan escuchar a Timoteo predicar, puesto que tienen acceso a la carta infalible a los Efesios. El punto es si Dios, en su perfecta voluntad, les está diciendo que deben escuchar a Timoteo predicar la Palabra. Está diciendo: «Timoteo, predica la Palabra». Y Dios quiere que su pueblo escuche la Palabra predicada al ordenarles a sus pastores que la prediquen. Aquí hay un pasaje más en Efesios 4:11-12: «Y Él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo». Entonces, lo que está claro en este pasaje es que el Cristo resucitado quiere que las iglesias tengan pastores y maestros que equipen a los santos, por medio de su predicación y enseñanza, para hacer el trabajo del ministerio, y se edifiquen en amor y en fe. Ese es el plan divino.

Cinco razones por las que debes predicar

La segunda parte de mi respuesta es: ¿por qué? ¿Por qué Dios lo ha establecido así? ¿Por qué habrá planificado que haya maestros y predicadores humanos y falibles (y estoy hablando de mí mismo, John Piper) que enseñen y prediquen a la gente en base a la Palabra infalible de Dios, cuando tienen esa Palabra infalible en sus manos? A continuación, les doy cinco razones bíblicas.
1. A los pastores se les da el don único de enseñar
De acuerdo a 1 Timoteo 3:2, a los predicadores y maestros se les da el don —o la aptitud o capacidad— de enseñar, lo que significa que deberían tener el tiempo, la predisposición, la habilidad y el discernimiento espiritual para ver en la palabra infalible de Dios cosas que el común de las personas no ve.
2. Los sermones nos ayudan a leer mejor la Biblia
Al enseñar y predicar, los pastores le demuestran y modelan a la gente cómo ver aquellas cosas que normalmente no perciben por ellos mismos cuando leen la Biblia. La predicación está basada en la Palabra de Dios, y una buena predicación muestra desde el texto mismo de la Palabra de dónde viene la enseñanza para que los que están escuchando puedan verlo por sí mismos. Y al hacerlo, a través de la predicación del pastor, aprenden a verlo por sí mismos. Entonces, la lectura de la Biblia se hace cada vez más fructífera por medio de una buena predicación.
3. La predicación despierta nuevos afectos por Dios
La predicación bíblica fiel es lo que yo llamo exultación expositiva. La palabra expositiva implica enseñar y explicar lo que la Biblia realmente dice. Y la palabra exultación implica que el predicador mismo siente y comunica el valor de lo que está viendo. Por lo tanto, la predicación es la transmisión tanto de lo que se vio como de lo que se saboreó de la realidad que está en el texto. Eso significa que los que escuchan este tipo de predicación, con el correr del tiempo, no solo acumularán nuevos pensamientos en sus mentes, sino que además sus corazones se llenarán de nuevos afectos por Dios, su Palabra, sus caminos y su pueblo. Podríamos pensar que la Biblia misma debería ser suficiente para despertar todos los afectos y emociones que los cristianos deberíamos sentir. El hecho es que, simple y llanamente, eso no pasa. Dios ha planeado que seamos inspirados, alentados, humillados y maravillados por las cosas de Dios, las que vemos en forma más conmovedora a través de la predicación fiel y llena del Espíritu Santo. Por eso, Pablo les dice a los maestros en Tesalónica: «Animen a los desalentados» (1Ts 5:14). Ese ánimo viene de la predicación. Es un cambio de emociones y afectos. Los afectos son cambiados, no solo las mentes, a través de la predicación ordenada por Dios.
4. Dios salva por medio de la locura de la predicación
Dios ha ordenado que los ojos de los que están ciegos espiritualmente sean abiertos y que la salvación venga por la locura de la predicación humana y falible. En 1 Corintios 1:21 dice: «Ya que Dios, en su sabio designio, dispuso que el mundo no lo conociera mediante la sabiduría humana, tuvo a bien salvar, mediante la locura de la predicación, a los que creen» [NVI]. Podríamos pensar que todo lo que el mundo necesita son Biblias lanzadas desde aviones y así la Palabra entre en la vida de las personas. Podemos imaginar todo lo que queramos. Sin embargo, el plan de Dios es que las personas sean salvadas a través de la predicación de la Biblia, a través de la predicación de la verdad bíblica, no solo a través de la lectura de la Biblia. La locura de la predicación ha sido designada como uno de los medios más importantes para salvar a los pecadores.
5. Necesitamos escuchar la Palabra proclamada por otros creyentes
Bajo los cuatro puntos anteriores yace la verdad de que Dios quiere que la iglesia sea un cuerpo de creyentes mutuamente interdependiente. El ojo no le puede decir a la mano: «No tengo necesidad de ti. Tengo mi Biblia. No te necesito». Eso viene de 1 Corintios 12:21: «Y el ojo no puede decirle a la mano: “No te necesito”». En otras palabras, Dios ha determinado que Jesucristo, a través del ministerio del Espíritu Santo, reciba más gloria a través del ministerio mutuo, saturado de la Palabra, que depende del Espíritu y que exalta a Cristo en la iglesia, de lo que recibiría si su pueblo solo leyera sus Biblias, en lugar de necesitar escuchar a otros creyentes proclamar la Palabra en sus vidas. En resumidas cuentas: Cristo es más glorificado cuando lo hacemos a la manera de Dios en lugar de abandonar su manera mientras suponemos amar la Biblia.
John Piper © 2021 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto