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John D. Woodbridge (PhD, University of Toulouse, France) es profesor de investigación de historia de la iglesia y de la historia del pensamiento cristiano en Trinity Evangelical Divinity School. Woodbridge ha enseñado historia en la Universidad de Toulouse, Universidad de Northwestern, y en École Pratique des Hautes Études, en la Sorbona. Él y su esposa, Susan, viven en Lake Forest, Illinois, y tienen tres hijos.

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Querido pastor: puedes contar con tu congregación en el ministerio
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Querido pastor: puedes contar con tu congregación en el ministerio


Este artículo es parte de la serie Querido pastor publicada originalmente en Crossway
Querido hermano: ¡Cuán bondadoso es el Señor al haberte dado ancianos sabios! ¿Puedo sugerir que los conozcas bien? Ellos pueden servirte como amigos notables en el futuro cuando necesites abrir tu corazón sobre la vida de la iglesia o sobre cualquier otro asunto. Desafortunadamente, muchos pastores no tienen personas de referencia. Estos pastores a veces reprimen internamente sus ansiedades y frustraciones, nadie revisa sus errores, se entregan a grandes temporadas de autocompasión y se sienten muy solos. Esto es perjudicial para ellos mismos, para sus familias y para sus iglesias. Hermano, nos necesitamos mutuamente en el ministerio. No deberías intentar ser un superhombre evangélico y dirigir todas las tareas principales de la iglesia. Esta postura te llevará al desencanto tanto a ti como a tu congregación. El hecho es que necesitas laicos en el ministerio y ellos te necesitan a ti. ¿Por casualidad has leído Pia Desideria [Deseos piadosos] («Pious Longings»—1675) de Jacob Spener? En mi opinión, esta obra sigue siendo uno de los grandes clásicos sobre la vida de la iglesia. Puedes recordar que Spener advierte que los pastores a veces olvidan que los laicos son sacerdotes espirituales, tal como lo son los pastores (en línea con la enseñanza bíblica sobre «el sacerdocio de los creyentes», una doctrina que Martín Lutero enfatizó mucho). Cuando los pastores olvidan esta doctrina, tienden a asumir toda la responsabilidad de dirigir la iglesia y, por lo tanto, pierden el compañerismo, el apoyo, la visión compartida y la cooperación de los demás. La fatiga se establece rápidamente. Curiosamente, esto puede suceder fácilmente con pastores talentosos que pueden hacer todo (¡al menos por un tiempo!), pero no deberían. En Pia Desideria (Fortress, 1980, pp. 92-93), Spener destaca la sabiduría del consejo de Lutero:
Nadie puede leer con detenimiento los escritos de Lutero sin observar con cuánto ardor el hombre santo predicaba este sacerdocio espiritual, según el cual no solo los ministros, sino todos los cristianos son hechos sacerdotes por su Salvador, son ungidos por el Espíritu Santo y dedicados a realizar actos espirituales y sacerdotales. Pedro no se dirigía solo a los predicadores cuando escribió: «Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable».
Luego, Spener ofrece su propia solución a lo que nosotros hoy llamamos síndrome de desgaste pastoral: contar con el apoyo de los laicos en el ministerio. Él escribe:
Ningún daño se le hará al ministerio por un uso apropiado del sacerdocio. De hecho, una de las principales razones por las cuales el ministerio no puede cumplir todo lo que debería es que es demasiado débil sin la ayuda del sacerdocio universal. Un hombre es incapaz de hacer todo lo que es necesario para la edificación de muchas personas que están generalmente confiadas a tu cuidado pastoral. Sin embargo, si los sacerdotes cumplen su deber, el ministro, como director y hermano mayor, tiene una asistencia espléndida en el desempeño de sus deberes y de sus actos públicos y privados, y así su carga no será demasiado pesada (pp. 94 y 95).
Cuando a los laicos se les enseña que son sacerdotes espirituales y entienden sus deberes y oportunidades, entonces las cargas y las alegrías de la iglesia local son compartidas más equitativamente y la iglesia prospera. Cuando a los laicos se les enseña que tienen dones espirituales que deben ejercer en la iglesia, entonces comienzan a darse cuenta de cuán importantes son sus propias contribuciones a la continua obra de Cristo. Hermano, tus laicos pueden hacer cosas que tú nunca podrás hacer. Muchos de ellos tienen dones espirituales diferentes a los tuyos. La salud espiritual de la iglesia depende de que los laicos trabajen contigo en un ministerio común. ¿Por qué los laicos con frecuencia no asumen los roles que Dios les ha dado? A menudo los clérigos somos los culpables de este fracaso. A veces nos hemos apoderado de todo nosotros mismos; más comúnmente, nosotros simplemente hemos descuidado enseñarles acerca de su posición y funciones en la iglesia como sacerdotes espirituales. No hemos sabido conducirlos al gozo de descubrir cuáles son sus dones espirituales y cómo ejercitarlos. Sin esta instrucción, los laicos, a menudo, asumirán que su principal tarea es pagarle al predicador y al personal que han contratado como «profesionales» para hacer el trabajo de la iglesia. Es el trabajo del predicador poner en marcha un programa para la iglesia. Si no lo hacen, entonces lo forzarán a que salga o puede que dejen la iglesia enrabiados para encontrar otra con un mejor programa. Con miedo de que los laicos decidan con sus pies y sus chequeras si no les gusta el programa, los pastores con frecuencia se sienten acosados y apresurados. Aceptarán estas «reglas del juego» espiritualmente enervantes. Y así se establece un ciclo en el cual los clérigos y los laicos se corrompen mutuamente. Para decirlo de otra manera, muchas veces en nuestras iglesias suburbanas, los «profesionales» en el ministerio (es decir, los pastores) se encuentran con profesionales del lugar de trabajo, y ninguno de los grupos tiene un compromiso genuino con la premisa de que todas las partes son sacerdotes espirituales. Los profesionales laicos aplican estándares empresariales para evaluar el «éxito» de la iglesia; el pastor y el personal aceptan en gran medida estos mismos estándares para mantener la buena voluntad de los laicos. En este contexto, la vida de la iglesia frecuentemente se evalúa como «muy exitosa» porque el programa funciona bien y la asistencia es buena, aunque puede faltar poder espiritual, la oración no se considera una prioridad y muy pocas personas encuentran a Cristo como Salvador y Señor. La iglesia se convierte en un lugar cómodo donde se imponen pocas demandas a nadie más que no sea parte del personal pastoral y que debe producir un programa excelente. Me pregunto qué pensaría el apóstol Pablo de las iglesias evangélicas contemporáneas que han caído en este patrón. ¿Recuerdas las características de la iglesia de Tesalónica que Pablo recomendó como modelo para otros? 
Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes, mencionándolos en nuestras oraciones, teniendo presente sin cesar delante de nuestro Dios y Padre su obra de fe, su trabajo de amor y la firmeza de su esperanza en nuestro Señor Jesucristo.  Sabemos, hermanos amados de Dios, de la elección de ustedes, porque nuestro evangelio no vino a ustedes solamente en palabras, sino también en poder y en el Espíritu Santo y con plena convicción; como saben qué clase de personas demostramos ser entre ustedes por el amor que les tenemos.  Y ustedes llegaron a ser imitadores de nosotros y del Señor, habiendo recibido la palabra, en medio de mucha tribulación, con el gozo del Espíritu Santo, de tal manera que llegaron a ser un ejemplo para todos los creyentes en Macedonia y en Acaya. Porque saliendo de ustedes, la palabra del Señor se ha escuchado, no solo en Macedonia y Acaya, sino que también por todas partes la fe de ustedes en Dios se ha divulgado [...] (1 Tesalonicenses 1:2–8a).
Hermano, anhelo para ti y tu congregación que tu iglesia se convierta en una iglesia «tesalonicense», una en la que todos los miembros comparten «la obra de fe», «trabajo de amor» y «la firmeza de su esperanza». Qué gozo sería que alguien escribiera acerca de tu iglesia de la manera en que Pablo escribió sobre los tesalonicenses. No obstante, una iglesia así involucra a todos, a todos los sacerdotes espirituales con sus diversos dones trabajando juntos como el cuerpo de Cristo. Incluso un anciano, con quien no estás de acuerdo en un tema en particular puede, usar sus dones para la iglesia. ¿Puedo sugerirte que lo invites a desayunar nuevamente para conocerlo como persona? Si menciona su «particular» interpretación de Apocalipsis 20, simplemente escúchalo. Luego, pasa a otro tema. Tal vez después de que hayas ganado su amistad, podrías sugerirle que en la historia de la doctrina cristiana y de la interpretación bíblica es muy raro que una persona emerja con un punto de vista sano que nadie haya propuesto antes. Entonces, podrías proporcionarle un mini curso de hermenéutica. Él escuchará con más atención si él te ve como un amigo en vez de una figura de autoridad que está haciendo valer esa autoridad usando experiencia en idiomas bíblicos y teología. Y si en cambio resulta ser una de esas personas escandalosas a las que simplemente no se les puede enseñar nada, entonces, al menos, tendrás la seguridad de que hiciste todo lo posible por ganar a tu hermano. Te enviamos nuestros más cordiales saludos. Por favor, recuerda, hermano, Dios es fiel. Él cuidará de ti, de tu familia y de tu iglesia. Él ciertamente nos ha demostrado su fidelidad durante estas muchas décadas. En amor y con oraciones, Don y John

Este artículo es una adaptación de Letters Along the Way: From a Senior Saint to a Junior Saint [Cartas a lo largo del camino: de un santo mayor a un santo menor] por D. A. Carson y John D. Woodbridge.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.