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Jared C. Wilson es autor y director de contenido estratégico del Midwestern Seminary y el editor jefe de su página web For The Church.

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Por qué todos deberíamos estudiar teología
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Por qué todos deberíamos estudiar teología

Todo cristiano debería ser un teólogo. Es algo que, de diversas maneras, le digo a mi iglesia con frecuencia. Y la forma en que algunos me miran sorprendidos es evidencia de que aún no he comunicado adecuadamente la importancia de que los laicos lleven resueltamente a cabo un estudio teológico de Dios. Muchas veces, las reacciones de confusión se originan en una incomprensión de lo que significa teología en este contexto. Por eso, le digo a mi iglesia qué es lo que NO estoy queriendo decir. Cuando digo que todo cristiano debería ser un teólogo, no quiero decir que todos deberían ser académicos o eruditos o que deberían esforzarse por dar la impresión de que lo saben todo. Todos sabemos, básicamente, a qué se refiere la Biblia cuando advierte que «el conocimiento envanece» (1 Co 8:1). A nadie le caen bien los genios. Sin embargo, la respuesta al escolasticismo formal o el intelectualismo árido no es un abandono del estudio teológico. Los laicos no tienen una justificación bíblica para dejar el deber de la doctrina únicamente en mano de los pastores y catedráticos. Por lo tanto, yo le recuerdo a mi iglesia que la teología —que viene de las palabras griegas theos (Dios) y logos (palabra)— significa, sencillamente, «el conocimiento (o estudio) de Dios». Si eres cristiano, por definición debes conocer a Dios. Los cristianos son discípulos de Jesús; son estudiantes-seguidores de Jesús. Mientras más lo seguimos, más aprendemos de Él, y en consecuencia, más profundamente llegamos a conocerlo. Hay al menos tres razones principales por las cuales todo cristiano debería ser un teólogo. Primero, el estudio teológico de Dios es un mandato. El gran mandamiento es donde más claramente se nota la exigencia de centrar amorosamente nuestra mente en Dios: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente» (Mt 22:37). Ciertamente, amar a Dios con toda nuestra mente implica más que el estudio teológico, pero indudablemente tampoco implica menos. Segundo, el estudio teológico de Dios es vital para la salvación. Ahora bien, es evidente que no quiero decir que la búsqueda intelectual merezca la salvación. Somos salvos únicamente por gracia, exclusivamente por fe (Ef 2:8) y sin obra alguna de nuestra parte (Ro 3:28), incluidos los esfuerzos intelectuales. Pero al mismo tiempo, la fe por la cual somos justificados, esa que recibe completamente la obra terminada de Cristo y, así, su perfecta rectitud, es una fe razonable. La fe puede no ser lo mismo que la racionalidad, pero eso no significa que la fe en Dios sea irracional. La fe que salva es un regalo de Dios (Ef 2:8; Ro 12:3), pero no es una especie de vacío espiritual amorfo y carente de información. El ejercicio de la fe se basa en información —inicialmente, el anuncio histórico de las buenas noticias de lo que Jesús ha hecho— y el fortalecimiento de la fe también. Nuestro crecimiento continuo en la gracia de Dios —nuestra perseverancia como creyentes— está vitalmente conectado con nuestro estudio de lo que su Palabra revela sobre su carácter y sus obras. Al contrario de lo que algunos idólatras de la duda quisieran que creyeras, la fe cristiana está basada en hechos. Hebreos 11:1 nos recuerda que, para el cristiano, la fe no es un salto al vacío sino que está inextricablemente conectada con la seguridad y la convicción. No cabe duda de que, mientras más nos deleitemos con los hechos teológicos de la Palabra, más seguridad y convicción cultivaremos —y, por lo tanto, más fe—. Pablo le dice a su joven protegido Timoteo: «Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan» (1 Ti 4:16). Pablo le recuerda que, para que la santificación produzca discípulos permanentes de Cristo, necesariamente debe incluir un estudio intenso de la Palabra de Dios. Tercero, el estudio de Dios autentifica y estimula la adoración. Los verdaderos cristianos no son aquellos que creen en un Dios indefinido o confían en clichés espirituales vagos. Los verdaderos cristianos son aquellos que creen en el Dios trino de las Sagradas Escrituras, y han puesto su confianza, gracias al Espíritu verdadero, en el verdadero Salvador —Jesús— que se proclama en las palabras específicas del evangelio histórico. Manejar información correcta sobre Dios es sólo una de las maneras en que probamos la autenticidad de nuestro cristianismo. Si yerras intencional o sistemáticamente en los hechos vitales acerca de Dios, tu declaración de que en verdad lo conoces corre el peligro de ser falsa. Es por esto que debemos esperar solidez teológica no sólo en la predicación de nuestro pastor sino también en la música de nuestra iglesia y asimismo en sus oraciones —tanto congregacionales como particulares—. Sin embargo, el estudio teológico va más allá de simplemente validar nuestra adoración como verdadera y piadosa: también estimula esta adoración. Debemos recordar lo que Jesús le explicó a la mujer samaritana junto al pozo: Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren. Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad. (Juan 4:23-24) Cuando usamos nuestras mentes para penetrar en las cosas de Dios, nuestro corazón cambia profundamente, y por ende, lo hace también nuestra conducta. En la Biblia, Pablo escribe: «No os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Ro 12:2). La transformación empieza con una renovación de nuestras mentes. Como ha dicho John Piper: «La mente teológica existe para arrojar leña en el horno de nuestros afectos por Cristo». Entendido como una expresión de amor a Dios, el estudio teológico intencional sólo puede hacer que nuestro amor por Él se intensifique. Mientras más leamos, estudiemos, meditemos, y apliquemos su Palabra con oración, más temor reverente sentiremos por Él. Es como un enorme barco en el horizonte que, mientras más nos acercamos, más grande nos parece.
Este artículo fue originalmente publicado por Ligonier Ministries en esta dirección. | Traducción: Cristian Morán
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¿Por qué conocer a tu rebaño es fundamental para una predicación significativa?
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¿Por qué conocer a tu rebaño es fundamental para una predicación significativa?

El predicador se paseó por el escenario, mirando seriamente a la congregación. Llegó el momento para hacer su invitación semanal; pidió que los apelados levantaran sus manos; ni una sola mano fue alzada. Sin embargo, no había forma en que él supiera esto porque él estaba predicando desde una pantalla. Me encontré a mí mismo en el campus más cercano de esta iglesia «multi-sitio» por encargo del propio pastor, un hombre que recientemente me había contratado para hacer un poco de investigación freelance para él. Se suponía que ver uno de sus muchos servicios a distancia me ayudaría a «captar» su ministerio. Y sí, ciertamente lo hizo. Sin embargo, no pude evitar quedarme atascado en la sensación de que esta manera de hacer ministerio no podría ayudar realmente al predicador a «captar» a las personas de su congregación. No sé qué piensas tú sobre el crecimiento de las reuniones por video o del modelo de iglesia «multi-sitio» en general, pero esta experiencia y otras solo han ratificado algunas de las preocupaciones que tengo sobre la desconexión que existe entre el predicador y el rebaño, un dilema cada vez mayor en todos los tipos de iglesias, grandes y pequeñas. Sin duda, este dilema no está meramente limitado a las iglesias «multi-sitios», «que se reúnen por video». Los pastores de las iglesias en crecimiento de todos los tamaños continuamente lucharán por mantenerse familiarizados con sus congregaciones. Y la tentación de aislarse cada vez más se hace mayor a medida que se agrega más complejidad a la iglesia en crecimiento. Y por supuesto, es imposible para un predicador, de incluso una pequeña iglesia, ser el mejor amigo de todas las personas en ella y es imposible para los predicadores de iglesias grandes conocer bien a todos. Sin embargo, el predicador cuyo ministerio se trata cada vez más de la predicación y cada vez menos del pastoreo, el predicador que se involucra cada vez menos con su congregación, en realidad ¡está socavando el deber al cual está tratando de dedicar más tiempo! Una buena predicación requiere un pastoreo cercano. El ministerio de la predicación no puede divorciarse del ministerio del cuidado del alma; es más, la predicación en realidad es una extensión del cuidado del alma. Existe un montón de razones por la que es importante que los pastores que quieren predicar de manera significativa conozcan a sus rebaños lo mejor que puedan, pero a continuación les comparto las tres más importantes.
1. Una predicación significativa tiene en mente los ídolos de las personas
Cuando viajo para predicar en servicios de otras iglesias y en conferencias, una de las preguntas que generalmente le hago al pastor que me invitó es, «¿cuáles son los ídolos de las personas de tu iglesia?». Quiero ser capaz de no solo llegar y «hacer lo que sé hacer», sino que también servir a este pastor y a su congregación al hablar lo mejor que pueda a las esperanzas y a los sueños que este pastor puede identificar dentro de su iglesia que no están arraigados con devoción a Cristo como su única satisfacción. Tristemente, algunos pastores no saben cómo responder esta pregunta. Cuando Pablo entró en Atenas, él vio que la ciudad estaba llena de ídolos (Hch 17:16). Dicho esto, él no consideró esto simplemente un problema filosófico, sino que uno espiritual que lo entristeció personalmente. Y cuando lo abordó, lo hizo específicamente, haciendo referencia a su devoción al «dios desconocido» (17:23). Y en cualquier oportunidad en la que Pablo se dirigió a iglesias específicas en sus cartas, los tipos de pecados y falsedades que abordaba eran muy específicos. Él no hablaba en general; él sabía lo que estaba pasando en esas iglesias. Esto no quiere decir, por supuesto, que debes comenzar a avergonzar o a exponer a las personas desde el púlpito. Sin embargo, sí quiere decir que debes involucrarte lo suficiente en la vida congregacional como para hablarles en términos familiares. Si un pastor no ha pasado tiempo de calidad con las personas de su congregación, los ídolos que su predicación debe combatir con el Evangelio serán meramente teóricos. Todos los seres humanos tienen algunos ídolos universales en común. No obstante, las comunidades donde se ubican las iglesias, la subcultura de la propia congregación, los grupos específicos y demográficos dentro de ellas tienden a traficar más ídolos y patrones de pecado específicos. Conocer directamente las desviadas esperanzas económicas, profesionales y familiares de tu rebaño te ayudará a saber cómo predicar. Te ayudará a escoger los textos correctos y los énfasis adecuados al explicarlos. Esto es lo que hace de la predicación un ministerio y no simplemente un ejercicio.
2. Una predicación significativa tiene el sufrimiento de las personas en el corazón
Puedo decirte de primera fuente que mi predicación cambió después de haber comenzado a sostener las manos de las personas mientras morían y de escuchar el corazón de las personas mientras lloraban. Hasta que no hayas escuchado a las personas compartir lo suficiente sus pecados, miedos, preocupaciones y heridas, tu predicación puede ser excelente y apasionada, pero no será todo lo que puede ser: resonante. Muchos predicadores llevan el peso de la Palabra de Dios al púlpito y esto es algo bueno. Recibir el pesado manto de la predicación ardiente con la gloria de Dios, recibir la carga de proclamar el favor de Dios en el Evangelio, es una tarea noble, valiosa y maravillosa. Sin embargo, el predicador también debe sentir el peso de su congregación en el púlpito. Debe subir para predicar luego de haber estado en el valle con ellos. Sus manuscritos deben estar manchados con las lágrimas de su gente. Saber qué sufrimientos afligen de forma regular a su congregación impedirá que un predicador se vuelva sordo a ella. No estará alegre en los lugares incorrectos. Afectará los tipos de ilustraciones que utilizará, los tipos de historias que contará y (más importante aún) la disposición con la que manejará la Palabra. He visto predicadores haciendo bromas sobre cosas con las que las personas de su congregación están luchando. Y yo he sido ese predicador. Venimos a levantar cargas, pero con nuestras descuidadas palabras terminados agregando más. Predicador, ¿tienes un corazón genuino por tu congregación? Con esto no quiero decir, «¿eres una persona sociable?». Lo que quiero decir es, ¿sabes lo que está sucediendo en las vidas de las personas de tu congregación? ¿Te conmueve, te apena? ¿Has llorado con quienes lloran? Si no es así, tu predicación lo mostrará en el tiempo. Piensa en la pena que Moisés tuvo por los pecados de su pueblo (Ex 32:32) o las abundantes lágrimas de Pablo (Hch 20:31; 2Co 2:4; Fil 3:18; 2Ti 1:4). Piensa, también, en la compasión de Cristo al examinar los corazones de las personas (Mt 9:36). Podrías pensar que puedes aumentar estos sentimientos sin conocer realmente a tu congregación, pero no es lo mismo, especialmente para ellos. No es lo mismo para ellos de la misma manera que no lo es escuchar una palabra conmovedora de un modelo a seguir que escuchar una palabra conmovedora de tu papá. Predicador, no tomes tu texto sin llevar las cargas reales de tu congregación a tu corazón. 
3. Una predicación significativa tiene nombres de personas en oración
Cada predicador fiel ora durante la preparación de su sermón. Ora para que la Palabra de Dios no vuelva vacía (Is 55:11). Ora para que las personas sean receptivas. Ora para que las almas sean salvadas y las vidas sean cambiadas. Estas son buenas oraciones. Aún mejor es el sermón que se estudió y se compuso con oraciones que tenían los nombres de Pedro Gutierrez, Julia Pérez y la familia González en los labios del predicador. Aún mejor es el sermón en el que el predicador suplica en oración por la salvación de Tomás Jara, por el arrepentimiento de Benjamín López y la sanidad de María Alicia. Pablo repetidamente le dice a las personas que están bajo su cuidado que él los está recordando en sus oraciones (Ef 1:6; 2Ti 1:3; Flm 1:4). Y puesto que frecuentemente menciona nombres, sabemos que no solo ora en general. Y aunque Pablo no tenía una congregación a la cual pastorear de cerca y sirvió en gran parte como un misionero plantador de iglesias, él trabajó duro para conocer a las personas que él ministró desde la distancia y buscó visitarlos tan frecuentemente como podía. ¡Cuánto más el pastor de una iglesia local debe desarrollar relaciones con las personas de su congregación! Él debe conocer sus nombres y debe llevar sus nombres en oración al cielo. Es importante conocer a quienes les estás predicando. Es importante saber que a la hermana tanto-tanto no le gusta tu predicación. Es importante saber que a ese hermano que te elogia le gusta mucho cómo predicas. Es importante saber que el hombre que se sienta atrás con los brazos cruzados y su ceño fruncido en realidad no está enojado contigo (esa es solo la forma en la que él escucha). Es importante saber que la señora que sonríe y asiente cerca de la primera fila tiene una tendencia a no recordar nada de lo que has dicho. Cuando sabes esas cosas, puedes orar por ellos de formas más profundas, más personales y más pastorales. Y tu predicación mejorará. Será más real. No vendrá solo de tu mente y de tu boca, sino que de tu corazón, de tu alma y de tu ser. Todo esto asume, por supuesto, que tú estás interesado en este tipo de predicación. Si ves la predicación simplemente como la provisión de un «recurso espiritual» para las mentes interesadas o una palabra de ánimo para quienes se inclinan a la religiosidad y no como una testificación llena de profecía de la Palabra revelada de Dios para los corazones de las personas, entonces, puedes ignorar sin ningún problema todos los puntos mencionados anteriormente.
Este recurso fue publicado originalmente en 9Marks.