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Fabienne Harford es escritora, conferencista y consejera que sirve en el equipo del Centro de Consejería de Austin Stone en Austin, Texas.

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Mujeres: redimamos nuestros deseos

Mis reflexiones sobre las tendencias de pecado de las mujeres continúa... 

El pecado de la codicia

De todas las cosas que veo en los malvados rincones de mi corazón, la raíz de la codicia a menudo parece ser la más profunda. Esta es la parte de una mujer que siente una profunda inseguridad y la oculta en vano con chisme o comparación o la consiente con autocompasión y amargura. Es la parte de una mujer que no puede encontrar contentamiento hasta que cambie algo en sus circunstancias. Les cuesta celebrar con aquellos que están viviendo una alegría que ellas no tienen y no pueden disfrutar lo que tienen porque están demasiado ocupadas mirando las bendiciones que otros reciben. En el libro Undefiled [No corrompido], el escritor habla sobre la inseguridad como una de las cosas más dañinas para la intimidad entre un esposo y una esposa. Su teoría, como un consejero que ha visto el interior de un millón de matrimonios, es que existen dos cosas que pueden destruir la intimidad marital: una es la pornografía (que distorsiona e incapacita la capacidad del espectador de saborear las cosas buenas que Dios le ha dado); la otra (y una que hemos hecho mucho más aceptable que la primera), es el pecado de la inseguridad y de la comparación. El escritor básicamente propone que cada vez que una mujer compara su cuerpo con el de otra mujer, ella alimenta el monstruo de la inseguridad (de la misma manera que ver porno alimenta el monstruo de la lujuria). Ese monstruo de la inseguridad le roba su capacidad de creer que su cuerpo es el cuerpo perfecto diseñado para su esposo, y eso sucesivamente, le roba al matrimonio una intimidad saludable. ¡Plaf! Imagina si batalláramos contra la inseguridad de la misma manera que esperamos que otros luchen contra la pornografía. Todas nuestras debilidades son distorsiones; son cosas buenas que fracasan horriblemente. Existe algo hermoso en el diseño de la mujer que Dios es capaz de redimir completamente. Por medio de Cristo, podemos tener un corazón que acepta completamente el mandamiento de la Escritura a estar contentas en todo porque Dios ha dicho «no te dejaré ni te desampararé». Al menos esto es lo que me dice la señora Elliot: yo aún no lo he logrado. Este es el asunto: Dios ha asegurado nuestra justicia y aceptación en Cristo. Tenemos un defensor garantizado. Tenemos la aprobación de Dios. El único ser que necesitamos nos promete que nunca nos dejará. Es un ancla para el alma. Debe liberarnos para confiar que todas las circunstancias del día obran para nuestro bien y para su gloria. Si creemos esto, nos quita la necesidad de rebajar o menospreciar a otras mujeres con el fin de elevarnos a nosotras. Ya no tendremos que permanecer más en aquello que no obtuvimos o intentar asegurar atención o aprobación por nosotras mismas. Nuestra inseguridad resulta en miedo, vanidad, orgullo, arrogancia, celos, mezquindad y rencor. El contentamiento nos llevará a ser mujeres que son espirituales, confiables, alentadoras, hospitalarias y llenas de gracia. Quiero esto con desesperación. Veo cuán dañina es mi inseguridad y mi comparación. Quiero el corazón manso y tranquilo que es capaz de confiar en todo liderazgo porque esta verdad es tan segura: si Dios está por mí, ¿quién estará contra mí? Si Dios está por mí, no necesito entrar en pánico por lo que me estoy perdiendo o por la manera en que soy rechazada. Seré libre para confiar. Seré libre para considerar a otros como personas más importantes que yo. Seré capaz de celebrar con otras mujeres, animarlas sin verme amenazada o dejarme llevar por el pánico por cuán lindas, inteligentes, talentosas, gentiles y sumisas son. No tendré que hacer un inventario de cada esposa que conozco para medirme con ellas con el fin de descubrir qué es lo que yo estoy haciendo mal. Suspiro. ¿Cómo sabes si esto es algo con lo que estás luchando? Bueno, aún no he conocido a una mujer que no luche con esto. No obstante, buenas noticias chicas: no somos más esclavas al miedo; somos hijas de Dios. Por tanto, busca a Dios. Cree que él puede satisfacer tus necesidades. Cree que su aprobación es la aprobación que necesitas. Rodéate de personas con las que puedas ser honesta sobre esta lucha y que te animarán, no al decirte cuán genial eres, sino que al decirte cuán grande DIOS es. Anhelo a Jesús; anhelo estar viva como hija: libre de este miedo. Oro por eso. Creo que Dios responderá esas oraciones, porque simplemente él es ese tipo de Dios: lleno de gracia y misericordioso.
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs. | Traducción: María José Ojeda
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Mujeres: Redimamos las emociones
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Mujeres: Redimamos las emociones

Esta es una cuarta tendencia a pecar de las mujeres y la última que voy a abordar… a menos que… ¡ustedes me digan algunas más que debemos procesar!

El pecado de la sobre emocionalidad

Mientras escribo esto ahora estoy llorando. Solo bromeo. No es que eso sea incorrecto. Llorar no es incorrecto. Bueno, debo comenzar nuevamente. Proverbios dice que, sobre todo lo demás, el corazón es engañoso y que el Señor escudriña[rá] las riendas de nuestros corazones. Por lo tanto, definiré la emocionalidad como un corazón sin riendas. La suposición de este verso es que con el conocimiento de que nuestros corazones pueden ser astutos, tú y yo no debemos funcionar para nuestros corazones, nuestros corazones deben ser guiados por cierto tipo de sabiduría y razón en nosotras. Las mujeres parecen tener el don y la capacidad de sentir las cosas profundamente. Parecen poder conectar una verdad con sus corazones casi instantáneamente y, en un minuto, argumentaré que esto es una de las cosas más preciosas de las mujeres. Sin embargo, cuando estos corazones dirigen nuestras vidas sin ningún gobierno sostenido por la verdad; estamos en problemas. Compartiré dos cosas que he visto que suceden cuando nuestros corazones mandan:
1. Apatía o desinterés por la verdad
Es la tendencia que tenemos a evitar las cosas que le hablan a nuestras mentes y no a nuestros corazones. Encontramos nuestro interés en Dios basado en cómo él nos hace sentir, por tanto, la adoración el domingo es genial  (cuando es buena), pero si es dirigida por el líder incorrecto, nos vamos porque simplemente no la sentimos cuando él canta. Nuestra adoración a Dios se transforma en algo que depende de cómo nos sentimos. O bien, escucharemos a alguien más abrir la Biblia (en mi caso, a mi pastor), pero no la leeremos nosotras mismas porque «nunca sacamos nada de ella». Nos decimos a nosotras mismas que podemos amar a Dios y no preocuparnos por todas esas cosas extrañas de «teología» que a algunas personas le interesa. Esto produce una cosecha de mujeres que tiene cero amor por las profundidades de Dios, no están basadas en la verdad y, por lo tanto, no son capaces de hablar sabiduría o verdad, de batallar contra el pecado efectivamente, y más importante, produce una cosecha de mujeres que no son capaces de conocer (y por tanto, realmente amar) a Dios. Jesús murió para que podamos conocer a Dios, para que podamos tener una relación con él. No es tierno ni dulce no preocuparse por las doctrinas que nuestro Dios ama. Si me sentara con mi esposo una noche y compartiera con él que quiero contarle algo sobre mí que podría ser difícil para él escuchar, y él respondiera, «cariño, te amo, solo que no necesito saber sobre ti», la mayoría de ustedes lo encontraría inconsecuente. Sin embargo, eso es lo que hacemos con Dios. Él ha muerto para que podamos conocer quién realmente es él, pero la mayoría de nosotras solo lo mira y dice: «te amo, aunque no quiero escuchar sobre eso». Dios está listo y disponible para enseñarte sobre sí mismo. Abre la Palabra y confía que incluso cuando no «sientas» una asombrosa respuesta, Dios está obrando. Si no estás segura por dónde empezar, pregúntale a alguien. Si eso suena aterrador, entonces recuerda que tu inseguridad y tus sentimientos no deben controlar tu relación con Dios. Conocer a Dios es lo único de todas las cosas que llenará tus días, meses y vida de lo que realmente importa.
2. Guiada por los sentimientos
Esto es cuando somos guiadas por los sentimientos en lugar de la verdad en las decisiones que tomamos y los caminos que escogemos: con quién salimos, a qué escuela vamos, cómo pasamos nuestro tiempo a solas, qué películas miramos… Poco después de haberme convertido al cristianismo, me involucré con un tipo que no era cristiano. Un tipo genial, pero no amaba a mi Jesús. No obstante, cuando estaba con él, teníamos conversaciones maravillosas sobre Dios y sobre la fe y estaba segura que podía sentir la presencia de Dios. Él me importaba y no creía que esos sentimientos vinieran de algún otro lado que no fuera de Dios. En retrospectiva, puedo ver que yo quería algo y usé mis sentimientos como una justificación de por qué debía buscar tal cosa, pero en ese momento, era muy difícil ver lo verdadero. Mis sentimientos hicieron imposible saber lo que era correcto. Existe una razón por la que Dios quiere sondear las riendas de nuestros corazones. Porque debemos tener algunas riendas. Debemos saber que nuestros corazones son engañosos. Dios habla por medio de su Palabra. Él hace esto porque nuestros corazones deben saber que son astutos y susceptibles. Existen otras fuerzas en este mundo que influyen con poder nuestros corazones y no se puede confiar en ellos. He tenido la «sensación», quizás unas cinco veces, de que el tipo con el que estaba saliendo era el hombre con quien me casaría. Hay dos opciones: la primera, Dios me dio ese sentimiento y me mintió; la segunda, yo estaba equivocada. En base a lo que la Biblia enseña sobre la fidelidad de Dios y mi corazón pecaminoso, iré por la segunda opción. Tienes que saber que tu corazón puede estar equivocado. Tienes que guiarlo con la verdad o él te llevará a lugares que no quieres ir. Ahora, esto es importante: todas nuestras debilidades generalmente son nuestras fortalezas usadas en nuestra contra. Por tanto, cuando supe por primera vez que mi corazón era malvado, mi respuesta fue despreciar los sentimientos. No quería tener nada que ver con las emociones. «Obedecería sin importar cómo me sintiera». Pero, escuchen: esto es imposible. La obediencia sin sentimientos es desobediencia. Dios se preocupa por nuestros corazones y anhela redimir nuestras emociones. Existen mil millones de lugares en la Escritura donde se nos ordena «sentir» de cierta manera. Por lo tanto, si rechazamos los sentimientos, obedecer será imposible. Los sentimientos importan. Dios no quiere hijos que sepan la verdad, pero que no lo amen ni lo sientan. Él quiere que te deleites en él, que lo disfrutes. Quiere que no solo busques la santidad, ¡sino que prefieras la santidad! Nos llama a disfrutar la pureza porque es muestra de su bondad hacia nosotros. Quiere que odiemos nuestros fríos corazones que no sienten con la misma fuerza un odio hacia las emociones que nos esclavizan.
  • ¿En qué extremo del espectro recaes? ¿Has renunciado a los sentimientos o eres esclava a ellos? Toma un tiempo para arrepentirte por cualquiera de ellas.

  • ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una explosión de emociones? ¿Te sentiste con el derecho a explotar o te has arrepentido?
  • ¿Te metes en las profundidades de Dios?  Si no es así, ¿por qué? ¿Qué cosas puedes hacer esta semana para ser más intencional?
  • ¿Estás tomando decisiones basadas puramente en tus sentimientos? A continuación encontrarás una buena manera de evaluar tu decisión:

  1. ¿La Biblia dice algo que prohíba o desafíe tu comportamiento?
  2. Siéntate con 3 o 4 personas de tu comunidad espiritual cercana. ¿Alguno de ellos vacila respecto a lo que estás haciendo?
  3. Ora para que Dios cambie tu corazón y te guíe en verdad. ¿Tienes paz? ¿Es esto no solo aceptable, sino la MEJOR manera en que puedes pensar para glorificar a Dios?
Si cualquiera de estas tres preguntas no tienen respuestas favorables, yo me detendría. Si la primera es un sí, estás en pecado. Si la segunda es un sí, no lo ignores, no lo pases por alto o no racionalices tu comunidad bíblica. Fueron puestos en tu vida para un tiempo como este. Si no estás enfrentando una situación aún, reúnete con tres o cuatro personas y desarrolla una profunda confianza relacional que cuando hablen, tú escuches. Nuestros sentimientos sí importan, es solo que no son los que conducen nuestra vida. Nuestro Dios tiene emociones y siente cosas profundamente. Las mujeres son un maravilloso reflejo de ello. Nos preocupamos, somos compasivas, nuestros corazones se rompen. Y Dios se deleita en eso. Nos da corazones nuevos que son capaces de verlo en medio de lo que sienten y esculpir esas emociones para honrar los reflejos de su propio corazón.
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs. | Traducción: María José Ojeda
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Mujeres: redimamos la pasividad
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Mujeres: redimamos la pasividad

En caso de que te hayas perdido el artículo anterior, en las próximas semanas reflexionaré sobre un par de tendencias de pecado con las que creo que luchamos las mujeres. Comencemos…

El pecado de la interacción pasiva

Recientemente, junto a una querida amiga mía, he estado procesando el valor de la confianza relacional. Una persona confiable relacionalmente es alguien que puede comunicar claramente, verbalizar ánimo y verdad en amor. Una persona confiable relacionalmente es una persona que lidia con el conflicto en una manera directa, llena de gracia y sincera. Establecen sus expectativas claramente y reciben corrección humildemente. Por alguna razón, las mujeres tienen una tendencia hacia una comunicación pasiva (u ocasionalmente pasivo agresiva). Cuando hieren sus sentimientos hacen pucheros, o se victimizan, esperando que alguien las persiga y las busque para ver qué estuvo mal, en lugar de buscar sanidad en el Señor y luego buscar perdón en sus propios corazones. Tendemos a alimentar nuestro propio sentido de derecho y amargura con autocompasión. Algunas personas montan la feminidad bíblica como algo pasivo. Sin embargo, la Biblia habla un poco diferente al respecto. En Proverbios 31, vemos a una mujer que:
  • Trabaja activamente
  • Sirve activamente
  • Habla activamente
Sin embargo, en algún momento, las mujeres comenzaron a pensar que ser «amable» significaba evitar la comunicación directa y chismear en lugar de lidiar sincera y misericordiosamente con su propio pecado y conflicto con otros. Anhelo mucho ser una mujer que «afirma» en lugar de ser pasiva. Amo esa palabra. Ser una mujer bíblica no significa que tienes un rol «inútil». No significa retenerte o no actuar; al contrario, es la acción de afirmar. Es la parte de una mujer que valora a la amiga o al esposo más de lo que valoran la aprobación de las personas, y a partir de eso, son capaces de abordar, confesar, compartir y exhortar sinceramente.
En el corazón de cada hombre caído se encuentra la desconfianza de sí mismo que se pregunta: «¿soy lo suficientemente hombre como para escalar la montaña que Dios me llamó a escalar? ¿Puedo cumplir mi destino?». Una esposa sabia entenderá la pregunta en el centro del corazón de su esposo. Ella pasará su vida respondiéndola, comunicándose con él de varias maneras: «amor, creo en tu llamado. Sé que puedes hacer esto, por el poder de Dios. Confía». De esta manera, dará aliento a la vida de su hombre.
Eso es lo que significa afirmar. Significa ser capaz de ver en alguien lo que Dios ha preparado y diseñado que hagan y buscar activamente permitir que eso sea una realidad. Esposas, este es su rol con sus maridos; madres, este es su rol con sus hijos, pero no termina ahí. En algún grado, las mujeres son llamadas a «afirmar» a sus colegas, a sus líderes, amigas y compañeros de ministerio (en maneras apropiadas a su relación). Afirmar significa dar un paso activo y desarrollar un estímulo sano y piadoso del llamado que Dios ha puesto en las vidas de quienes te rodean. Un par de cosas que debes evaluar para saber si estás afirmando o siendo pasiva:
  • Cuando hieren tus sentimientos o te frustras, ¿lo comunicas directamente o tiendes a «descargarte» con alguien más?
  • ¿Cuándo fue la última vez que tus amigas o familiares cercanos te dieron una retroalimentación espiritual? Si no puedes recordar la última vez que alguien habló a tu vida, o que tú hablaste a la de ellas, quizás necesitas cultivar una atmósfera abierta para recibir exhortación humildemente.
  • ¿Las personas están constantemente fallando en cumplir tus expectativas?  ¿Son esas expectativas comunicadas directa y claramente?
  • Cuando una amiga tuya está pecando, ¿la amas lo suficiente para corregirla con delicadeza o evitas y esperas que otra persona lo haga?
  • ¿Hay ocasiones donde permites el chisme al escuchar a alguien «descargarse» sobre una situación sin animarla a entablar una conversación directamente con las partes involucradas?
  • ¿Dices que «sí» a algo a lo que no puedes comprometerte o respondes «quizás» cuando ya sabes que la respuesta es «no» simplemente porque es difícil para ti ser directa?
Por tanto, ¿próximos pasos? ¡Emociónate! Como mujeres somos diseñadas para afirmar. Eso significa que Dios está trabajando en ti para producir eso. Hace poco conocí una chica que es tan grandiosa en esto y su amistad ha sido una de las bendiciones y de los desafíos más grandes en mi vida. Ella es maravillosa en ver el potencial piadoso en cada persona que conoce. Ella cree que Dios puede cambiar los corazones y cree que lo más amoroso que puede hacer es decir la verdad en amor. La he visto tener conversaciones con mujeres que deberían ser terribles, incómodas e imposibles, pero no lo son. Afirman. Las mujeres se van animadas, porque pueden ver la verdad. Pueden ver que si ella las amara un poco menos, se quedaría callada. Si su necesidad de sentir aprobación, si su amor propio fuera mayor que su amor por ellas, se iría sin decir una palabra. Pero ella habla con honestidad, sinceridad y directamente porque ama. Después de todo, esto es lo que Dios hace con nosotros. Él se comunica directamente. Él nos da su Palabra, que atraviesa el corazón, pero todo el que ha sido condenado sabe cuán diferente se siente la convicción de la condenación. Es evidencia del amor de Dios. La convicción es la manera en que sé que soy su hija.
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs. | Traducción: María José Ojeda
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Mujeres: redimamos la persuasión
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Mujeres: redimamos la persuasión

Hasta ahora, hemos visto la interacción pasiva y la inseguridad y la codicia. Ahora veremos...

El pecado de la manipulación

¡Ah! Este pecado debe comenzar solo con un gran suspiro. La manipulación es cuando quieres algo y hay circunstancias o personas entre lo que quieres y tú. No quieres desobedecer a Dios directamente o a las personas que te han dicho que no, entonces, «manipulas». En lugar de esperar en Dios, encuentras una manera de sortear los caminos a través de los obstáculos para obtener lo que quieres. Existen partes de nosotras que anhelan ser rebeldes y solo desobedecer directamente, pero para muchas de nosotras esto trae con ello demasiada culpa y vergüenza. No queremos romper las reglas o ir contra las personas que nos lideran, por lo que encontramos una nueva alternativa. La manipulación es nuestra forma de obtener lo que queremos sin desobedecer abiertamente. Existen tres tipos de manipulación con las que las mujeres luchan (y probablemente hay muchas más, pero usaré mi corazón como un estudio de caso aquí…):
  1. Manipulación emocional
  2. Manipulación convincente
  3. Manipulación «femenina» (¡no pude pensar en un mejor nombre para esto, pero estoy abierta a sugerencias!)
Comencemos con la manipulación emocional: hay algo que quieres, pero las circunstancias o las personas se interponen en tu camino. No quieres simplemente ir y obtenerlo si claramente significa desobedecer a Dios o al hombre. Entonces, encuentras una forma para manipular emocionalmente a las personas y a las circunstancias que te rodean. Chantaje emocional, pucheros, llanto y creación de situaciones en donde intentas hacer que las personas (o incluso Dios) sientan que «han sido injustos» contigo. Esto está escondido tan profundamente en mi corazón que puedo hacerlo sin incluso darme cuenta. Si un colega hiere mis sentimientos sin intención y quiero una disculpa, en lugar de arrepentirme y buscar desarrollar nuestras habilidades de comunicación o rendirme a Dios en oración, me quedo completamente callada hasta que me pregunten qué está mal. Luego digo: «nada» en un tono que comunica: «todo». Y continuaré este ciclo hasta obtener lo que quiero. La mayoría de las veces esto no es intencional. No creo que las mujeres se sienten pensando: «si lloro en este punto de la pelea mi esposo vendrá y me consolará». Creo que es más sutil. Creo que tenemos un arsenal de emociones a nuestra disposición que trabajan para nosotras. Cuando estamos en situaciones en las que no podemos tener lo que queremos, nos convencemos de que realmente «han sido injustos» con nosotras, de modo que cuando estamos transmitiendo esto, no estamos siendo engañadas. ¿Alguna vez (incluso en tono de broma) intentas hacer que alguien se sienta mal por no poder juntarse contigo, por no aceptar cierta obligación del ministerio a la que no se sienten llamados o por no hacerte un favor? ¿Por qué intentas cambiar sus mentes? ¿Es la manipulación emocional la táctica adecuada? Luego, tenemos la manipulación convincente: aquí es donde no quieres desobedecer, así que piensas que puedes convencer al obstáculo de que se mueva por la fuerza, así puedes tener libre acceso a lo que sea que quieras. Por ejemplo, si estás casada y quieres algo que tu esposo piensa que no es sabio, la manipulación convincente es la manera en que nosotras las mujeres nos convencemos a nosotras mismas de que nos estamos sometiendo mientras lanzamos una campaña contra él. Después de suficiente regaño, queja, presión y argumentos él cambiará de parecer y somos libres de obtener lo que queremos sin un solo sentimiento de haber desobedecido. Podemos convencernos de que somos sumisas y de que confiamos en su liderazgo… después de todo… él no fue contra su voluntad, ¿cierto? La verdad es que, si fuerzas el asunto lo suficiente, la mayoría de los hombres ceden porque el argumento es más drama o estrés de lo que pueden soportar. No estoy diciendo que eso sea correcto, solo digo que incluso como una mujer soltera he visto cuán efectivamente puedo hacer que empleados, profesores o colegas cambien de opinión después de suficiente manipulación convincente de mi parte. No obstante, esto no es respetuoso, ni obediente y ni confiable. Finalmente, manipulación «femenina»: extraño título, lo sé. Esto no significa usar nuestros «problemas de mujeres» como terreno para manipular (porque eso probablemente esté dentro de la manipulación emocional). Lo que quiero decir con esto es que existen cosas que son únicas y preciosas sobre las mujeres. Estas cosas están en nosotras para bendecir, animar y afirmar a los hombres. Esta manipulación se da cuando usamos estas cosas para salirnos con la nuestra y buscar nuestro propio interés. Por tanto, solteras, esta puede ser la forma en que te vistes un domingo: buscando llamar la atención. Lo que quieres es que le gustes a un chico, pero no quieres «romper las reglas» al ser honesta frente a él, entonces, en lugar de eso te pones una polera que sabes que acentúa ciertas partes de tu cuerpo, básicamente intentando seducirlo a pecar para que puedas sentirte deseada. Quizás estás casada y usas el sexo como una herramienta para obtener lo que quieres o tal vez te pones extra coqueta con tu marido con el fin de ser más «persuasiva». Estas son un par de preguntas para reflexionar:
  • ¿Qué cosas quieres en tu vida? Haz una lista (grande o pequeña)
  • ¿Cuáles son los obstáculos o las personas en tu vida que te han dicho, «no»? Piensa con detención en tu liderazgo (iglesia, trabajo, gobierno, familia, Dios). ¿A algunas de estas cosas te han dicho que no?
  • ¿De qué maneras intentas manipularlos? ¿De qué maneras intentas manipular a Dios?
Este es el asunto. Soy específicamente una mujer, entonces puedo reflejar aspectos específicos del carácter de Dios. Hay aspectos de Cristo que solo yo puedo reflejar porque soy mujer. Cada «no» y cada «obstáculo» existen precisamente para que pueda reflejar eso al mundo. Sin obstáculos entre tú y lo que quieres nunca habrá una necesidad de una confianza que trasciende a la acción y sin eso nunca serás capaz de reflejar la obediencia perfecta de Cristo. Cristo confió en su Padre. Incluso cuando estaba siendo entregado a la muerte por el «liderazgo» que estaba lleno de pecado y odio contra Dios. Él no intentó manipular las cosas para salirse con la suya, porque él creyó la verdad de que Dios era soberano sobre su corazón. Dios sostiene los corazones de los reyes en sus manos y los da vuelta como quiere. No existe ningún obstáculo arbitrario en tu vida entre las cosas que quieres y tú. Existen solo oportunidades dadas por Dios para confiar y soltar.
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs. | Traducción: María José Ojeda
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Las bendiciones de la soltería: el dolor de la libertad
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Las bendiciones de la soltería: el dolor de la libertad

De acuerdo, esto podría ser difícil de vender, pero existe un dolor único en la soltería a lo cual el mundo llama con mucho afecto «libertad». Como mujer soltera tengo la «libertad» de tomar mis propias decisiones sobre adónde ir y qué hacer. No hay muchas personas implicadas o afectadas por la toma de esas decisiones. Creo que esto es algo que puede provocar envidia sobre la soltería: la libertad que tengo de irme de un lugar sin tener ninguna obligación; la libertad de tener mis propios sueños y realizarlos sin que nadie me pida tener consideraciones mientras hago planes. En mi corazón, creo que es correcto vincular nuestras vidas unos con otros de tal manera que avancemos en esta vida al unísono. Por eso existe un considerable dolor al enfrentar la realidad de que mañana podría ir a cualquier lado o podría hacer cualquier cosa sin que a nadie le afecte profundamente. Tengo un fuerte deseo de que mis decisiones le importen a alguien. Tengo un extraño deseo por pasar mi vida haciendo que la decisión de otra persona se convierta en realidad. Tengo estos deseos piadosos; sin embargo, aparentemente tomo mis decisiones sola. Y el conflicto entre lo que quiero y la percepción de lo que tengo genera dolor. Es fácil convencerme a mí misma de que tengo este dolor porque mi corazón quiere algo muy bíblico. Y este dolor es una bendición tan grande porque revela que soy una completa idiota. En primer lugar, déjame decir que si la soltería nos da la oportunidad de vivir nuestros sueños sin someterlos a nadie y tomar decisiones sin jamás encontrar intromisión, entonces no estamos caminando en el cristianismo que vemos en la Escritura. Cuando Pablo habla sobre la libertad de la soltería como una bendición, él no está hablando sobre poder hacer lo que queremos cuando queramos sin que nadie diga nada. Él se refiere a la libertad de someter cada momento al liderazgo de Cristo sin intermediarios; a la oportunidad de ir a los confines de la tierra, dedicar tu vida al Evangelio y morir al yo sin distracción para honrar al Padre. Desperdiciaremos este dolor en la soltería si no nos lleva a evaluar si realmente estamos viviendo bajo el reinado absoluto de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Debemos preguntarnos si es que el dolor que sentimos a causa de que a nadie le importa lo que hacemos se debe a que no estamos viviendo como si a Alguien le importara lo que hacemos. Puede ser que experimentemos la pena de vivir nuestros sueños sin la aprobación de nadie porque no estamos siendo obedientes al llamado de ir, morir y obtener los nuevos deseos y los nuevos sueños que le pertenecen a nuestro Padre. El dolor que experimentamos en esta área revela nuestros verdaderos deseos. Si lo que queremos es que a alguien le importe lo que hacemos, puedes estar segura, ya seas soltera o casada, que ya tienes eso. Sin embargo, el dolor revela que, en realidad, queremos algo más: no es que queramos ser lideradas; queremos ser lideradas de la misma manera tangible en que nuestras amigas son lideradas. En 1 Samuel, los israelitas van a Samuel para pedirle que acuda a Dios y le pida un rey. Ellos le explicaron que todas las otras naciones tenían reyes físicos (hombres que van con ellos a la batalla, que los lideran, que los dirigen y que les dicen qué hacer, pero ellos no tenían eso), y que ellos estaban «atrapados» con Dios; no tenían un representante tangible que los gobernara. Israelitas locos. Estoy TAN agradecida de que no me parezco en nada a ellos (estoy siendo sarcástica). Los israelitas no son más necios por querer que alguien los lidere que nosotras por querer anhelar someter nuestro destino a una persona. Los israelitas son necios por mirar a su alrededor, ver a sus vecinos y pensar que lo que sus vecinos tienen es mejor solo porque es más tangible. Noticia de última hora: lo que es tangible aquí y ahora no siempre es lo mejor. El dolor que experimento porque a nadie le importa donde voy un viernes por la noche no existe porque a nadie le importe adónde voy un viernes por la noche. El dolor existe porque la Persona a la que le importa dónde estoy un viernes por la noche no es tan tangible como la persona a la que le importa dónde está mi amiga casada el viernes por la noche. Experimento dolor porque codicio en lugar de confiar que mi Dios me ha dado lo que es mejor. Cualquiera sea la circunstancia o la etapa en la vida en la que nos encontremos, tendemos a esta comparación codiciosa que afligió a los israelitas. Mis amigas casadas tienden a codiciar la «libertad» de la soltería de la misma manera en que los solteras tienden a codiciar las limitaciones del matrimonio. Es extraño porque el señorío de nuestro Rey no cambia de acuerdo a la etapa en la que nos encontremos en la vida. En ambos casos, somos llamadas a sacrificar nuestras vidas con gozo por la recompensa de conocer a Jesús. Esto se lleva a cabo de manera diferente, pero no te dejes engañar: no existe tal cosa del cristiano cuya vida le pertenezca. Si mi verdadero deseo es tener mi libertad restringida en amor, sin miedo, ese deseo ha sido satisfecho una y otra vez con abundancia. No obstante, si mi deseo es tener lo que otros tienen, nunca seré libre de este dolor. Y yo, como los israelitas, viviré cada día rechazando a Dios como mi Rey. Eso provoca un nuevo dolor; un mejor dolor. No quiero que mi vida testifique que mi Rey no es lo suficientemente bueno. Quiero que mi vida testifique que confío en él. Y si él me da un esposo, por su gracia, ese testimonio no cambiará. Quiero someterme a un esposo, no porque crea que él tiene idea de lo que está haciendo, sino porque he aprendido a confiar, a través de este dolor en mi soltería, en que mi Dios me liderará incluso cuando estoy confundida acerca de lo que está sucediendo. Quiero confiar tanto en el liderazgo de Dios que si él me guía por medio de un burro o un esposo, lo seguiré. Desperdiciaremos este dolor si no nos lleva al arrepentimiento. El arrepentimiento se trata de volver y confiar. Así que vuélvete y confía. Quita tu mirada de tus vecinos y otras naciones que puedan tener un líder tangible y fija tus ojos en el autor y perfeccionador de tu fe. Confiesa que tú (como los israelitas) has rechazado a Dios cuando has cuestionado la manera en que él ha diseñado liderarte. Regresa en fe, confía en que él es un mejor Rey. En la quietud y en la confianza se encuentra su poder. En arrepentimiento y en reposo serán salvos (así dice el loco de Isaías).
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs. | Traducción: María José Ojeda
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Las bendiciones de la soltería: el dolor que provoca el rechazo

Cuando era pequeñita, nunca asocié estar sola con ser rechazada. Amaba mi tiempo sola porque dedicaba horas a «hacer realidad» mi imaginación fantástica de princesas y palacios sin interrupción. Ahora no soy muy diferente de lo que era en ese tiempo. Aún me encanta tener tiempos lejos del mundo. Me encantan las cafeterías y amo hablar con Dios en voz alta; disfruto la libertad que ofrece estar sola. Sin embargo, si no soy cuidadosa, mi corazón distorsionará y torcerá la realidad para que crea que estar sola es lo mismo que ser rechazada. Muchas veces, mi alegría de estar sola es saboteada por la comprensión de que estoy sola porque no soy la favorita de nadie. Aunque me avergüenza admitirlo, hay días en los que la soltería se siente como el patio del recreo de la escuela. Como cuando ves a tus amigos y eligen personas para ser parte de un grupo y comienzas a esperar y a preguntarte: ¿cuándo me van a escoger? En mi mundo ideal, todos pueden llegar a ser el favorito de alguien. El dolor que provoca el rechazo en la soltería viene de la naturaleza desequilibrada de las relaciones. Tengo personas favoritas: mis amigas más queridas y más cercanas (mis primeras prioridades después de Jesús). El caso es que ellas tienen esposos e hijos y, por lo tanto, yo no soy la favorita de ellas. Ellas son mi familia, pero yo no soy la de ellas y eso es doloroso. El problema es que tú y yo estamos quebradas: somos inseguras y temerosas; fuimos creadas para que alguien aparte de nosotras nos diga cuán valiosas somos. Sin embargo, ese Alguien no es humano. No existe persona en la tierra que tenga el poder de decirnos cuán valiosas somos o que valga tanto de modo que asegure nuestra identidad. Jesús habla sobre el peligro de recibir aceptación de personas con el fin de darte algo nuevo. El instinto de las personas es asegurarte que es válido querer o incluso necesitar aceptación de otros, pero Jesús dice algo diferente. Él dice que la aceptación y el amor de otro ser humano no debe desearse y ni siquiera recibirse con el fin de llenar el vacío que hay dentro de nosotras. Él dice que cuando la aceptación que otros nos dan aumenta nuestro sentido del yo y nuestra seguridad, nos priva de la capacidad de estar satisfechas en él. Y esto no es algo que inventé; es lo que él dijo. Si queremos saber por qué no estamos satisfechas en Jesús, esta es la respuesta: recibimos aceptación de los hombres y no la buscamos en Dios. Jesús se acerca a los fariseos y básicamente les dice que ellos no lo quieren porque él no recibe adoración de los hombres con el fin de obtener valor e identidad. Luego les hace la siguiente pregunta: «“¿Cómo pueden creer [o estar satisfechos], cuando reciben gloria los unos de los otros, y no buscan la gloria que proviene del único Dios?”». Esta es la pregunta de Jesús: ¿de qué manera podrías ser satisfecha por Dios cuando la atención del hombre te da valor? ¿De qué manera puedes ser satisfecha por Dios cuando no buscas aceptación e identidad en el único Dios? ¿Por qué tratas al hombre como si tuviera el poder para darte valor por medio de débiles palabras cuando ese poder le pertenece solo a Dios? Existe solo una Persona que puede darte valor por medio de palabras para que finalmente comience a quitar ese doloroso miedo e inseguridad. Es por esa razón que no dudo en afirmar que el dolor que provoca el rechazo que enfrentamos en la soltería es uno de los dones más dulces que Dios nos ha dado. Nos da la ventaja de estar satisfechas en Dios. La clave para la satisfacción en él tiene dos partes: no recibir tu valor de palabras de los hombres y buscarla en Dios. El dolor que experimentamos en la soltería ocurre porque la primera condición ha sido cumplida. Me duele porque mi soltería en sí misma parece haberme robado la oportunidad de obtener aceptación de los hombres. Ahora, el desafío es dejar ir mi deseo de buscar y de asegurar esa aceptación, o de aferrarme a los restos que pude haber recogido de la aceptación humana para tratar de hacerme sentir menos insegura o no rechazada. El desafío es buscar mi aceptación en Dios. La recompensa es grande: tendrás una fe y una satisfacción más profundas en nuestro Señor y Salvador. ¡Caramba! Eso suena maravilloso. Si no eres la favorita de un hombre mortal, estás en buena compañía. Además de mí, tú también estás en compañía de Alguien que fue el «despreciado y desechado de los hombres». Él se negó a recibir la gloria de los hombres y en su lugar buscó la gloria, la paz y la alegría perfectas que vienen del Padre. Desperdiciarás el rechazo en la soltería si permites que otros te acepten para darte identidad, en lugar de buscar la aceptación que solo viene de Dios. Dios ha diseñado esta hermosa etapa en tu vida para que puedas decir: «¿a quién iré?». Cuando necesites aceptación, y no tengas un esposo al cual acudir y las etapas de la vida de tus amigas cambien con el tiempo, cada vez tendrás menos «opciones» de donde obtener aceptación. Nuevamente dirás: «no, realmente, ¿a quién iré ahora para encontrar aceptación?». Te darás cuenta de que no tienes otras opciones. Si quieres aceptación tendrás que confiar en que Dios la proveerá. No te avergüences por tu inseguridad. No intentes cubrir, disimular o satisfacerla con pensamientos o ánimos positivos de los hombres mortales. Deja que este deseo te lleve a aferrarte a Dios como tu única esperanza. Permite que nadie más que Dios (ni tus amigos ni tú) te convenza de que eres valiosa y amada. Deja que su Palabra sea el único bálsamo para tu alma quebrantada. Malgastarás tu dolor del rechazo si no permites que la aceptación de Dios avive tu rol en la comunidad y en la iglesia. Mientras más busques la gloria que viene del único Dios, más valiosa serás para quienes sufren y están quebrantados a tu alrededor, en tu iglesia y en tu ciudad. El domingo, en lugar de mirar a tu alrededor y preguntarte por qué no le importas a nadie, tendrás toda la aceptación que necesitas para mirar a tu alrededor y buscar personas a quienes puedas amar; no personas para que te amen. Podrás ser una verdadera amiga cuando ames desde la abundancia no desde la escasez. Ahora que no estás buscando que tu identidad sea satisfecha por las palabras y por la aceptación de otros, finalmente eres libre para decir la verdad sin miedo. Eres libre para llevar las cargas sin tomar en cuenta el costo. Eres libre para celebrar con aquellos que celebran y llorar con aquellos que lloran sin la distracción de la codicia. Artículos relacionados: Las bendiciones de la soltería: la soledad Las bendiciones de la soltería: el dolor de la libertad Las bendiciones de la soltería: perder el control
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Las bendiciones de la soltería: perder el control

En mis ingenuos días de juventud (unos tres meses atrás), logré convencerme a mí misma de que mi deseo por tener el control no era tan importante para mi corazón. Ahora que tengo tres meses más de edad puedo ver con un poco más de claridad. La trágica verdad es que muchas áreas de mi vida están diseñadas para maximizar mi sensación de control. Alabado sea Dios por la bondad de la soltería, la cual me cuesta el control en un área enorme de mi vida. La mayoría de las etapas de la vida son elegidas. Sin embargo, para muchas amigas solteras, este no es el caso. La soltería es la opción por defecto. Es la etapa de la vida por la cual todas pasamos hasta que salimos de ahí por las decisiones que tomamos. Yo no elegí ser soltera. Y por lo tanto, saber que no hay nada que pueda hacer para cambiar el lugar donde estoy provoca dolor y ansiedad. El mundo podría decir otra cosa, pero el tipo de matrimonio que me gustaría tener solo es posible por medio de un acto de Dios. Me han enseñado (desde pequeña) que estoy en control de mi propio destino. Que si quiero algo, puedo salir por esas puertas y obtenerlo. Que puedo buscar y lograr cualquier cosa que me proponga. Que mi vida está en mis manos. Esto es, después de todo, el sueño americano. Cuando me convertí en cristiana, renuncié a todas esas creencias. Sin embargo, en mi corazón, aún me aferro a la mentira de que tengo el control de ciertas cosas en mi vida. Creo que tengo el control de mi agenda, de mi día y de mi vida. El dolor que provoca perder el control en la soltería constantemente me saca de golpe de mi mundo imaginario en el que puedo hacer que ocurra cualquier cosa que yo quiera. No puedo cambiar mi estado de Facebook a «casada» con un poco de esfuerzo y fuerza de voluntad. Cada vez que recuerdo esto viene un dolor aleccionador que me enseña la verdad. En algún lugar, en lo profundo de nuestro ser, creemos que el control es la clave para nuestro gozo y nuestra paz. La vida sería mucho mejor si la controláramos. Logramos estructurar el 90 % de nuestro día viviendo en la fantasía de que vamos a determinar lo que sucede y pasamos horas reflexionando sobre días y años que aún no ocurren y anticipando las decisiones que podemos tomar para conducir y dirigir al mundo hacia el camino que queremos. Mi amiguito Malachi (que tiene 3 años) entiende la verdad muchísimo mejor que yo. Cuando quiere comer, él no puede ir a buscar comida para él. Cualquier cosa que quiera tiene que pedirla y la única manera de obtenerla es si su mamá o su papá la consigue por él. Lo extraño es que en realidad yo soy más dependiente de Dios de lo que Malachi es de sus padres, pero lo que pasa es que vivo en un tiempo y en un lugar que me convence de lo contrario. No puedo respirar ni exhalar sin su poder y gracia. Creo que puedo conseguir comida por mí misma, pero en realidad no puedo. No puedo hacer nada lejos de él. Mi parte favorita del dolor que provoca perder el control en la soltería es ese momento en el auto, o en mi departamento, un día especialmente deprimente cuando le atribuyo a la soltería mi frustración por ser «la única cosa que no puedo controlar». Es mi parte favorita porque toma alrededor de 10 segundos quedarse en esa angustia antes de que escuche el desafío del Espíritu: ¿realmente lo es? ¿Realmente esta es la «única» parte que no controlas? Espíritu loco; necia Fabienne. La Biblia dice que la dirección de mi departamento ha sido asignada por Dios, que cada día de mi vida está escrito por él. Él está manteniendo unidas todas las cosas por el poder de su palabra siempre y de todas las maneras. Solo hay uno que tiene el control, y no soy yo. Él sostiene los corazones de los reyes en sus manos. ¿Me gustaría que fuera diferente? En estos momentos, las caras de todas las personas con las que me podría haber casado si es que hubiese estado en «control» aparecen fugazmente ante mis ojos. Me avergüenzo un poco y adoro un poco. Me da miedo no tener el control. Me preocupa que por no poder tener el control en esta área de mi vida, me la voy a perder. De la misma manera, el mañana me pone ansiosa porque me preocupa que si no resulta como lo necesito, perderé algo o me perderé de algo o no obtendré lo que necesito. Me preocupa que si no tengo el control, nadie lo va a tener. Sin embargo, eso no es verdad. Alguien está en control; Alguien que es completamente sabio, completamente capaz y competente; Alguien que nunca duerme. Y adivina: él es Alguien que está trabajando constantemente en cada detalle de cada día en los corazones de cada hombre por mi bien. No hay nada más misericordioso que existan áreas de nuestras vidas que nos recuerden que no tenemos el control. Alabado sea Dios porque nosotras no tenemos el control de nuestro estado civil. El dolor que provoca perder el control me recuerda que en realidad nunca lo tuve (en ningún aspecto de mi vida). Algunas de ustedes que están leyendo esto podrían encontrarlo ofensivo; sin embargo, es tan gloriosamente liberador. ¿Sabes por qué las personas aman tanto la universidad? ¿O la secundaria? ¿O su infancia? Porque fueron los días en los que no tenías que cargar con el peso de tu propia vida sobre tus hombros. Las personas podrían dirigirte y guiarte y tan solo tenías que ser fiel con lo que se te entregó. Buenas noticias. Esa es la vida de una cristiana. Mi Padre está resolviendo todo. Él proveerá para mí. Hoy, tengo todo lo que necesito para la vida y la piedad; hoy, no se me ha privado de nada bueno; hoy, él está ordenando cada detalle de mi vida por mi bien; hoy, no necesito estar ansiosa por nada porque él me cuida. La respuesta a la pregunta «¿por qué estoy soltera?» siempre es: porque Jesús te ama; porque él te ha dado lo que necesitas; porque es la única manera en la que vas a terminar esta carrera; porque él prometió darte lo que es bueno y lo mejor; y él es clave para tu gozo supremo (y él va a hacer eso, a pesar de tus intentos por sabotear tu vida). Desperdiciaremos este sufrimiento si seguimos mirando nuestras «posibilidades» de esperanza en lugar de confiar en Jesús. Desperdiciaremos este sufrimiento si pensamos que la clave para nuestro gozo es tener el control en lugar de confiar. Conozco esta tendencia. Produce todo tipo de males al codiciar y cuestionar: ¿por qué esa chica está casada y yo no? ¿Qué pasa si no voy a esa fiesta esta noche y por eso quedo soltera? ¿Acaso no tengo que buscar más situaciones en las que pueda conocer más personas? Si voy a misionar a las naciones, ¿cómo voy a conocer a mi marido? Escucha a Dios hoy: Busca primero el Reino de Dios y todo lo que necesites será tuyo.  Deja que aquellos que sufren según la voluntad de Dios, se encomienden a un Creador fiel y sigan haciendo el bien. La misión de Dios llama. Es el propósito para nuestras vidas. Perseveremos por el objetivo de la recompensa del llamado supremo de Dios en Cristo Jesús. No te distraigas por los detalles de tu estado civil. No te abstraigas de la lucha por miedo a perder una cita. Busca la gran gloria de Dios.  Artículos relacionados: Las bendiciones de la soltería: la soledad Las bendiciones de la soltería: el dolor de la libertad
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Las bendiciones de la soltería: la soledad

La soledad no es exclusiva para la soltería. No puedo ni imaginarme lo dolorosa que debe ser la soledad al vivir con un esposo ausente emocionalmente o de irse a dormir sola después de haber perdido a un cónyuge. La soledad es la sensación más extraña que existe. Es física y emocional; no sé muy bien qué hacer con ella. Sé que no me va a matar, pero cuando la experimento, pareciera ser extrañamente insoportable. Siento que si no puedo arreglarla, si no puedo hacer que desaparezca, voy a morir. Para mí, la soledad está arraigada al dolor que nace de sentir que nunca nadie me va conocer verdaderamente; de no tener a alguien con quien compartir mis miedos, mis sueños o mis anhelos más profundos. Y los solteros a veces creemos la fraudulenta realidad de que nadie ha intentado siquiera conocernos. Nos sentimos solos para tomar decisiones. Nos sentimos solos en nuestros miedos. Nos sentimos solos en nuestros sueños. Lo extraño sobre la soltería es que se supone que nadie nos conoce profundamente. Estoy en una etapa de mi vida en la que Dios me ha dicho que ningún ser mortal me conocerá íntimamente. Y eso me hace sentir muy sola. El dolor de la soledad es un gran regalo. Como todo dolor, nos hace saber que algo en algún lugar no está del todo bien. Mi soledad me recuerda que este mundo es insatisfactorio e insuficiente. Es una señal que me impulsa a buscar ayuda fuera de mí misma. Cada golpe de soledad pone a prueba mi corazón: ¿creo en la suficiencia de Dios? ¿Voy a creer lo que él dice aun cuando la vida pareciera testificar lo contrario? Él dice que tengo todo lo que necesito. Él dice que satisfará los deseos de mi corazón. Y cada punzada de dolor me recuerda que debo volver mi mirada hacia el cielo y rehusarme a ser consolada por cualquier cosa que no sea él. Sin la soledad, nunca perseveraría. Me satisfago muy rápido. Si tuviera la opción, me conformaría con cualquier compañía que me ofreciera un sedante temporal para la soledad. Y en su gran bondad, el Señor no me ha dado eso. Un viernes por la noche, sola en mi departamento, cuando siento que nadie sabe que estoy viva, no hay otra esperanza de ser libre de la soledad aparte de la bondad de Dios y de la verdad del Evangelio. No tengo adónde más acudir. Estoy obligada a lidiar con Dios. Sus promesas son mi única esperanza. Existen maneras en las que puedes desperdiciar tu soledad. Lo harás si permites que ella alimente un deseo por meros mortales en vez de tener un hambre por el Todopoderoso. Nuestra soledad no está diseñada para enseñarnos a anhelar un cónyuge. Matrimonio o soltería; compañía o soledad: todos fueron diseñados para enseñarnos a anhelar a Dios. Desperdiciarás tu soledad si permites que te lleve a dudar de las promesas y de las bondades de Dios. La principal bendición de la soledad es que te enseña a anhelar a Dios profundamente y el Espíritu puede usar eso para aumentar y avivar tu fe con el fin de que puedas creer que él es tu única alegría. Desperdiciarás tu soledad si intentas forzar a que entren cosas en el lugar dentro de ti que tiene forma de Dios y te amargarás cuando fallen en satisfacer una necesidad que jamás tuvieron el propósito de suplir. Es como si te frustraras con Dios porque no te entregó los ídolos para volver a ellos en vez de a él. Existe alguien que nos ama profundamente. Hay alguien que nos busca siempre y lo hace íntimamente. La soledad no viene porque Jesús no sea suficiente; la soledad viene porque no tenemos a Cristo como el todo suficiente. La encrucijada a la que llegamos, cuando el dolor viene, nos obliga a ver lo que realmente creemos. ¿Confiaremos en que él es nuestro tesoro y nos acercaremos y suplicaremos más de él? ¿O lo cambiaremos por un tesoro más tangible, pero más patético? Oblígate a ver tu soledad y permítele que te recuerde que este no es tu hogar. Dios promete satisfacer los anhelos de tu corazón y colmar de cosas buenas a los hambrientos. No permitas jamás que tu soledad sea satisfecha con algo a este lado del cielo. Aprende a anhelar con un descontento santo. Nuestro Dios es el Dios de los hambrientos y de los sedientos. Por su gracia seguiré en esta condición. Dios no quiera que quede satisfecha alguna vez o engorde con los regalos que él da. Cualquiera sea la etapa en la que te encuentres en tu vida, anímate cuando experimentes la soledad. No escapes de ella. Aprende a no buscar un cónyuge o amigos para hacer que este sentimiento se vaya; sino más bien, permite que el dolor te enseñe a anhelar aquello que aún no has visto. Anhela al único que te conocerá y te amará completa, inquebrantable y fielmente. Existe solo uno. Su nombre es Jesús. Solo él puede satisfacer los anhelos del corazón. Permite que tu soledad te lleve a anhelarlo a él.

ARTÍCULOS DE LA SERIE:

Las bendiciones de la soltería: el dolor de la libertad Las bendiciones de la soltería: perder el control Las bendiciones de la soltería: la falta de intimidad física Las bendiciones de la soltería: el dolor que provoca el rechazo Las bendiciones de la soltería: el dolor por los sueños perdidos Las bendiciones de la soltería: el dolor que provoca la vergüenza injustificada
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Las bendiciones de la soltería: la falta de la intimidad física

En nuestra cultura, parece ser «sano» o «normal» que las mujeres deseen tener sexo como un medio para obtener intimidad emocional. Sin embargo, nadie cree que una mujer pueda luchar meramente con lo físico, así que seguiré y publicaré este artículo en caso de que pueda ser de ánimo para alguien. Esta lucha me ha entregado el desafío más grande y el «sufrimiento» más profundo en la soltería. Creo que un día, miraré mi vida y diré con confianza que la única más grande bendición que he experimentado en la soltería ha sido el dolor de aprender a vivir sin intimidad física. Parte de la razón por la que ha sido tan doloroso es probablemente porque ha sido la lucha que más me ha confundido. Ha sido (y es) bastante difícil hacer que mi cuerpo se comprometa con la idea de que no me estoy perdiendo de algo para lo que fui creada. Es un desafío no sentirme con el derecho a tenerla. Y en un momento de absoluta vulnerabilidad, es una de las cosas que ha hecho que confiar en mi dulce y fiel Dios sea lo más difícil. Y en cierta forma (en lugares oscuros y aterradores) me siento olvidada, traicionada y confundida. Puesto que sé que Dios me conoce, sé que conoce mi cuerpo y mi corazón y sé que él diseñó y dispuso este deseo dentro de mí de la misma manera en la que él dispuso que mi estómago hiciera un poco de ruido a eso de las 11:02 a.m. Mi hambre fue diseñada para provocar que coma, y lo hago. Sin embargo, mi Padre me ha dicho que cuando tenga hambre en este sentido debo confiar en él y no buscar comida por mis propios medios. Y él ha considerado adecuado no darme ninguna garantía de que esa hambre será satisfecha algún día. Duele. Duele ver que, una tras otra, mis amigas son alimentadas con aquello que siento que necesito más. Duele enfrentar cada mañana sabiendo que hoy no habrá pan diario para saciar esta hambre. Duele mientras estoy sentada, sintiéndome como si muriera de hambre y escucho a mis amigas casadas intentar explicarme que comer está sobrevalorado. Esta es la verdad: es la mayor bendición de mi vida. ¿Sabes en qué me hace pensar? En el ayuno. El ayuno es extraño. Me parece raro que Dios se trate del ayuno físico. Involucra una necesidad que aparentemente es meramente física. Cuando estoy sola, en el fondo quiero a Dios. Cuando estoy triste, solo Dios puede darme verdadero gozo. Cuando tengo miedo, ese miedo me señala las promesas de Dios. Cuando me siento rechazada, no deseada, no amada, sola, en todas esas necesidades, solo Dios puede darme paz verdadera y perdurable. No obstante, cuando tengo hambre, quiero una hamburguesa con queso y papas fritas. Los deseos físicos aparentemente terminan en cosas físicas. Y esa es la belleza del ayuno. Dios nos ordena que ayunemos no para que él pueda demostrar que él es tan bueno como una hamburguesa con queso al hacer que tu hambre se vaya. Dios nos ordena que ayunemos para que podamos aprender a sentir hambre y para confiar en él en medio de esa sensación persistente de necesidad. El objetivo del ayuno no es que Dios te quite el hambre, sino que aprendamos que en medio del hambre él es digno de confianza. La sensación de hambre es el punto del ayuno. Dios quiere que sintamos hambre para que recordemos que nuestra insatisfacción existe para anhelarlo a él. Ayunamos para reflejar que confiamos en Dios independientemente de lo que nuestros cuerpos nos digan. Él es nuestra autoridad, no nuestros cuerpos. Hoy, mi cuerpo quiere algo tangible y físico. Mi cuerpo no sabe que Dios satisfará todas mis necesidades. Solo quiere obtener aquello para lo que fue hecho. Y hoy, no puedo tenerlo. De esa manera se establecen los límites y se hace el desafío. Hoy, ¿cuál será mi fuente de verdad? ¿Quién determinará lo que necesito? ¿Mi cuerpo? ¿O mi Dios? ¿Quién conoce mejor mis necesidades? ¿Yo o Jesús? Cuando sienta con tanta claridad lo que «necesito», ¿confiaré en él cuando me diga que existe una mayor necesidad? ¿Aprenderé a tener hambre para confiar en él cuando tenga hambre y no solo cuando esté satisfecha? No existe área en mi vida que me haga dudar más de las promesas de Dios que esta área. Le he contado a mis amigas con lágrimas en los ojos que muchos días no siento que tengo todo lo que necesito para la vida y la piedad debido a esto. No sé cómo perseveraré a la luz de mi hambre y a la luz del misericordioso llamado de mi Padre a la pureza. Por lo tanto, este dolor, más que cualquier cosa, me enseñará a confiar. Cada día, mientras el sol se pone y aún esté segura sostenida en los brazos del Padre, mi fe crecerá. Él no me promete entregarme todo lo que necesito para nunca más tener hambre. Él promete darme todo lo que necesito para no morir de hambre en el camino a casa junto a él. Hoy estoy viva; él ha demostrado que es fiel. Él no promete darme todo lo que necesito para nunca titubear. Él promete entregarme todo lo que necesito para terminar esta carrera. Hoy lo amo; él ha demostrado ser fiel. Él terminará la buena obra que comenzó en mí. Existe solo una cosa que realmente necesito y es segura. He fallado, que no te quepa la menor duda. Me avergüenza decir que en más veces de las que quisiera me he comportado como una huérfana. Aunque he sido adoptada, y me han prometido provisión, pero me he rehusado a confiar y, en lugar de eso, he tomado lo que no se me ha dado. Cuando Dios no me ha entregado lo que quiero, lo he robado y he engañado para obtenerlo. Sin embargo, él nunca me ha abandonado. El precio que él pagó para comprar mi libertad es más que suficiente para darme seguridad a pesar de la debilidad humana. Me ha liberado una y otra vez. Estoy escribiendo esto hoy; y hoy amo a Jesús. Eso es solo por gracia. Lo he cambiado por los placeres momentáneos de este mundo demasiadas veces como para contarlas, pero él nunca me cambiará. Él me encontró en el chiquero y me ha llevado a casa. Así que hoy confío más en él de lo que lo hacía ayer. Así que hoy, por su gracia, diré: tus mandamientos no son gravosos. Hoy diré:  confío en que tú sabes lo que es mejor para mí. Confío en que no te negarás. Confío en que tú, el Creador de mi cuerpo, sabes exactamente lo que necesita hoy para adorarte. Hoy, para poder adorar a Dios, mi cuerpo necesita tener hambre. Hoy, él me está dando el bendito dolor del hambre porque es la única manera en la que llegaré a casa y él no es nada más que fiel a la promesa al darme lo que necesito para llegar a él. Desperdiciarás este sufrimiento si no provoca que anheles la muerte. Suena morboso. Sin embargo, quiero pararme junto a Pablo y decir que tengo el «deseo de partir y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor». Es posible que el dolor de una vida sin intimidad física haya sido parte de lo que equipó a Pablo a proclamar por medio del Espíritu que morir es ganancia. Morir es ganar un cuerpo glorificado que siente y experimenta la verdad de que todas nuestras necesidades son satisfechas en Jesús. Morir es ganar la realidad celestial de que la intimidad terrenal solo puede reflejarse en las sombras. Morir es ganar completa unidad con Dios; plenitud de gozo y de placeres por siempre jamás. Morir es ganar a Jesús. Malgastarás este sufrimiento si fallas en usarlo para ser testigo de la grandeza de Dios. Nuestro Dios es un Dios de placer. Él no nos está llamando a pasar hambre porque quiere que seamos miserables. Él nos está llamando a pasar hambre porque quiere que experimentemos el mayor placer disponible para el hombre. No existe nada que suene tan tonto para el mundo que una persona que busque la pureza, no desde un sentido de obligación religiosa, sino que desde una fe en que existe un placer mayor reservado para aquellos que confían en el Creador. No existe nada que haga que Dios sea tan hermoso como cuando nosotras, que hemos probado su bondad, usamos nuestras vidas para dar testimonio de que renunciaremos a un gozo momentáneo para probar más de él. Existen partes de mi testimonio que odio, que desearía volver a escribir. No obstante, incluso en mis fracasos, Dios ha escrito mi vida con su gracia divina. Quizás esta lucha más que cualquier otra me ha hecho más como Cristo. Quizás esta lucha más que otra ha demostrado la verdad de Hebreos 4:14-16 en mi vida. Si estás avergonzada, si has fallado, descansa tu corazón en el hecho de que el Evangelio fue hecho para un tiempo como este. No tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de simpatizar con nuestras debilidades. Alabado sea Dios porque tenemos a Jesús, quien anduvo en soltería; tentado en todo aspecto y aún así no cayó. Por lo tanto, acércate a él, recibe misericordia, acércate a él y encuentra gracia para recibir ayuda en tiempos de dificultad. Gracias a Dios. Artículos relacionados: Las bendiciones de la soltería: la soledad Las bendiciones de la soltería: el dolor de la libertad Las bendiciones de la soltería: perder el control Las bendiciones de la soltería: el dolor que provoca el rechazo
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Las bendiciones de la soltería: el dolor que provoca la vergüenza injustificada

Hay un dolor del que me he estado dando cuenta en mi soltería: el dolor que provoca la vergüenza injustificada. Existen dos tipos de vergüenza. Una es buena: es la vergüenza que viene por haber hecho algo que deshonra a Dios. Esta vergüenza es la gracia de Dios en nuestras vidas que nos lleva al arrepentimiento. Sin embargo, existe otra vergüenza que no tiene justificación. Es una vergüenza que viene de algo que sentimos que nos deshonra. La vergüenza que sentimos por cosas como narices que son muy grandes o dientes que no están perfectamente derechos o la soltería. Cada soltero y soltera en este mundo sabe de lo que estoy hablando. Es la vergüenza que sientes cuando alguien exclama en voz alta «¿¿¿por qué estás soltera???» y la vergüenza viene a tu mente: las personas solo están solteras porque tienen algún defecto. ¿Cuál es el mío? Es la vergüenza que sientes cuando escuchas otra conversación en la que se especula cómo esa hermosa chica puede estar soltera y la vergüenza viene a tu mente: no es un misterio para nadie la razón por la que TÚ estás soltera. Es la vergüenza que sientes cuando tu confesión de pecado recibe el consejo, «me imagino que no quieres casarte hasta que hayas vencido ese pecado» y la vergüenza viene a tu mente: soy demasiado pecadora para ser una buena esposa. ¿El matrimonio es solo para las piadosas? Por supuesto, esta vergüenza es dolorosa. Cada comentario imprevisto sobre la soltería se convierte en una puñalada. Esta vergüenza provoca que cada sermón sobre el matrimonio te deje con la sensación de un fracaso inseguro. Toda mujer en el mundo lucha con la inseguridad. Las mujeres casadas no sienten menos vergüenza injustificada que las solteras. Pregúntale a cada mujer que tiene problemas con la infertilidad; pregúntale a cada madre que no está segura a qué escuela enviar a sus hijos. La vergüenza injustificada está en la raíz de cada respuesta defensiva, está en cada murmullo de chisme, en cada clamor de aprobación y en cada endurecido corazón indiferente. Si bien la dolorosa vergüenza injustificada es una bendición porque nos obliga a confiar en el Evangelio, no solo para nuestra futura salvación, sino que también para nuestra identidad aquí y ahora. Si no reconocemos las bendiciones de este dolor, le damos a la vergüenza injustificada un poder espantoso sobre nuestras vidas. Cometeremos el trágico error de permitirle que nos lleve a creer que somos víctimas en lugar de pecadoras. Si no somos cuidadosas nos llevará a buscar aceptación en los demás en lugar de llevarnos al arrepentimiento. Cada gramo de vergüenza injustificada es una ofensa contra Dios. Es una declaración que dice que él se equivocó con nosotras. Cada pizca de vergüenza sobre nuestra apariencia es un dictamen que dice que Dios es un creador deficiente. Cada rodaja de temor por pensar que no somos lo suficientemente buenas es un grito de incredulidad sobre la suficiencia de la expiación. Desperdiciaremos nuestra vergüenza injustificada si intentamos callarla al justificarnos a nosotras mismas o al buscar justificación en otros. Si buscamos justificación en nosotras mismas, estaremos constantemente intentando probarnos ante el mundo. Temeremos trágicamente al fracaso. Nos encontraremos proclamando a la defensiva que la soltería es «lo mejor» a cualquiera que nos escuche porque pensamos que si tan solo hablamos un poco más fuerte silenciaremos la vergüenza que hay dentro de nosotras. Si buscamos justificación en otros, nos encontraremos buscando amistades y relaciones donde las personas nos consolarán al decirnos cuán maravillosas somos. Trataremos de conquistar nuestra vergüenza al hablar mal de otros o al resaltar sus fracasos. Buscaremos la lástima de aquellos que nos rodean y haremos cualquier cosa para asegurar su aprobación. Existe solo uno que justifica. La gloriosa gracia de la vergüenza injustificada que experimentamos en la soltería es que no nos dejará hasta que nos lleve a él. Desperdiciaremos nuestra vergüenza injustificada si intentamos callarla al negar nuestras debilidades en lugar de recordar las profundas verdades de Dios. Esta es la situación: soy lo suficientemente loca como para complicar a alguien. Soy emocionalmente más esquizofrénica que David; soy más terca que Pedro. Puedo decir, con toda certeza, que tengo una alta probabilidad de ganar la categoría de «el peor de los pecadores» contra Pablo. No he visto nada en la Escritura que me asegure que alguna de estas cosas ayudan a que esté soltera. Dios, por la razón que sea, no considera necesario decirme que mi soltería no tiene nada que ver con alguno de mis defectos personales. Por lo tanto, esto es lo que no necesito: no necesito que los que me rodean me afirmen que seré la mejor esposa en la existencia del universo ni que mi soltería no tiene nada que ver con mis propios defectos. Porque si esas fueran las palabras que necesito para callar mi vergüenza, habrían estado registradas para mí en su Palabra completa y suficiente. Lo que necesito es que alguien me señale que cada cosa (incluso mis problemas y definitivamente mi soltería) es ordenada por mi amoroso y misericordioso Padre para mi bien. Lo que sí necesito es escuchar que cuando confieso mi pecado, él es justo y fiel para perdonarme y limpiarme de toda impiedad y que toda vergüenza persistente es mi declaración de que su sacrificio simplemente no fue suficiente para cubrir ese pecado. Lo que sí necesito escuchar es que soy una creación admirable y maravillosa y cualquiera que no esté de acuerdo con eso (incluída yo) no me deshonra a mí, deshonra al Creador que sostiene las galaxias en sus manos. El Evangelio en el cual estamos son buenas noticias. Nos ofrece una verdad que da valor, paz y valía a nuestras inseguridades más profundas. Nos ofrece una mejor esperanza que la que un buen cuerpo o una dulce disposición o un día con un cabello reluciente ofrece. Que tu vergüenza injustificada provoque que tu corazón calle y escuche. Que las palabras de tu esposo, de tus pares, de tus empleados, de tus amigos no te apaciguen; que solo las Palabras de Dios lo hagan. Escucha el Evangelio: No somos valiosas porque seamos hermosas o porque estemos casadas o porque estemos solteras. No somos amadas por ser inteligentes, dulces, amables o tiernas. No somos valiosas por lo que sea que podamos entregar. Le pertenecemos a él. «Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica». «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?» ¿Nuestra inseguridad? ¿Nuestra soltería? No, «en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro».  Artículos relacionados: Las bendiciones de la soltería: la soledad Las bendiciones de la soltería: el dolor de la libertad Las bendiciones de la soltería: perder el control Las bendiciones de la soltería: el dolor que provoca el rechazo Las bendiciones de la soltería: la falta de intimidad física
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Las bendiciones de la soltería: el dolor por los sueños perdidos

Hace poco tuve que pasar por un momento de preparación emocional, física y espiritual, puesto que tuve que ir a una reunión de exalumnos de secundaria para recordar 10 años de egreso. No tengan miedo: todos tuvimos un buen tiempo. Fue la noche más extraña que he tenido en mucho tiempo: en primera instancia, porque estoy bastante segura de que nunca en mi vida he visto al 79% de esas personas. De verdad, ¿quiénes eran esas personas? ¿Y cómo llegaron a verse tan viejos? En realidad, fue un tiempo maravilloso para mí. Sorpresivamente, fue un recordatorio animante de cuán diferente estoy ahora de lo que una vez fui. Además, dio lugar a esta publicación porque me mostró otra de las dolorosas bendiciones de la soltería: el dolor de ver cómo el tiempo fusila los planes que una hace para su vida. Había tanta inseguridad en la reunión que hasta podía olerla. Había muchísimas personas muy avergonzadas de que sus vidas no hubieran resultado según el plan que habían trazado en la secundaria. Intentaron acallar esa vergüenza al hacer alarde de todas las cosas que habían hecho bien o al recordar aquellos sueños que alguna vez los definieron, pero a pesar del volumen de sus afirmaciones, su inseguridad hablaba más fuerte. Y lo entiendo; de verdad. Tengo amigas solteras que quieren desesperadamente tener hijos y cada cumpleaños parece traer consigo un ola aplastante de desesperanza. Veo sus rostros cuando otras amigas hablan sobre cómo su tercer hijo simplemente fue un golpe porque eran demasiado viejos para ser padres después de los 30. Cada comentario improvisado acerca de los desafíos de tener hijos sobre cierta edad es una puñalada más en el corazón de una soltera que anhela una familia. He sentido el mismo dolor en mi propio corazón cuando una amiga casada me recuerda que no debo ser demasiado exigente a mi edad. Siento la puñalada de inseguridad cuando escucho comentarios sobre cuerpos que envejecen; veo el mío y me pregunto si llegaré a compartir esta vida con alguien antes de que me convierta en una anciana de 90 años llena de gatos. Es difícil; es difícil soltar nuestros sueños. Es doloroso ver que los detalles de la vida entran y te roban las cosas que tú creías tener garantizadas. Esto me recuerda a Rut. Ella fue una buena hija. No puedo dejar de pensar en cómo se alejó de todo lo que podía darle seguridad, comodidad, valía o aprecio y se dirigió hacia un futuro incierto o un futuro que no prometía un tesoro terrenal. También me recuerda el llamado a seguir a Cristo: la muerte que tenemos que morir con el fin de tener vida. Pensar en Rut y pensar en reuniones de exalumnos me recuerda algo que realmente detesto de mi trabajo. Quizás es lo que más detesto de él. Veo mujeres seguir a Jesús radicalmente como Rut lo hizo; las veo abandonar estilos de vida que son imposibles de dejar; las veo sumergirse en el servicio a Dios con todo; las veo como si estuvieran corriendo de vuelta a Belén y dándole la espalda a Moab. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, las veo frustradas con Dios: decepcionadas. Les dieron sus vidas, al igual que Rut, pero aún no han visto a su Booz. Dejaron Moab, fueron a Belén, pero ahora están confundidas respecto a si sus sueños serán realidad o no. Entonces, increíble y dolorosamente, veo cómo la transigencia entra sigilosamente. Dios no está satisfaciendo sus sueños en el tiempo esperado, así que, por sí mismas, encuentran formas para hacerlos realidad. Comienzan a salir con chicos que pueden no ser unos locos «fanáticos religiosos», pero van a la iglesia; y además, ellas no quieren juzgar a nadie, ¿verdad? Me explican que no fueron hechas para el estilo de vida «radical». Justifican su decisión de ceder en su pureza, en el trabajo o en la ciudad porque simplemente sienten que Dios las llama a esa persona, a ese trabajo o a ese lugar. No solo compran la mentira de que pueden amar al mundo y a Dios al mismo tiempo, sino que también se la predican a ellas mismas y a otras en un intento de amordazar el estruendo de condena dentro de ellas. Creo que la razón por la que detesto esta parte de mi trabajo es porque es increíblemente aterrador para mí. No estoy enojada con estas mujeres; no me burlo de sus decisiones; estoy aterrada. Me aterra porque lo entiendo. Me aterra que yo haga lo mismo. Y más que cualquier otra cosa, no quiero ser eso. No quiero parecer Rut por un momento solo para darme cuenta de que estaba siguiendo a Jesús como un medio para obtener algo. No quiero parecer como si estuviera yendo hacia Belén, habiendo dejado atrás todo lo que una vez me definió, solo para mirarme y darme cuenta de que estoy yendo por ese camino solo porque viejos dioses a los que solía adorar me llevaron ahí. Puedo sentirlo dentro de mí; puedo sentir el dolor por los sueños perdidos moviéndose, atrayéndome y tentándome. Puedo sentir el dolor de no tener lo que quiero convenciéndome de que puedo tomar mis sueños del mundo en una mano mientras solo siga aferrándome a Jesús con la otra. Escucho en mis oídos la misma mentira poco original que embrujó a Eva; la mentira de que de alguna manera me estoy perdiendo algo al dar cada parte de mi corazón y de mi vida a Jesús; la mentira de que Jesús no me está dando nada. Desperdiciarás el dolor que viene al perder tus sueños si no dejas que la decepción te lleve, como a Rut, a soltar todas las esperanzas y a poner todo tu corazón en el plan de Dios para tu vida, confiando en que él te dará lo mejor. Si te niegas a hacer esto, finalmente, encontrarás una forma de hacer que tu sueños se hagan realidad por ti misma y perderás lo único que realmente te ofrece la paz, el gozo y la seguridad en el primer lugar. Quiero exhortarte a que no hagas eso; quiero exhortarte a volver a Jesús, porque aprendí mucho en mi reunión. Existen personas que han cumplido cronológicamente sus planes en sus vidas. Se casaron y tuvieron bebés cuando quisieron. La mayoría de ellos no pudo ocultar el hecho de que todavía tienen miedo e inseguridad. No pudieron ocultar que aún están lidiando con el dolor del vacío y la soledad por las noches a pesar de haber logrado sus planes. Y esa es la razón por la que mi reunión de exalumnos de secundaria fue tan maravillosa. Me recordó que no quiero mis sueños. De verdad que no. Es decir, sí, los quiero. Quiero un esposo; quiero enseñar la Palabra de Dios; quiero escribir; quiero todos esos sueños; pero en realidad no los quiero. En el fondo de mi corazón, solo quiero ser feliz. No quiero tener miedo; quiero ser querida; quiero ser conocida. Todo esto es tan doloroso porque en algún punto del camino comencé a creer que mis sueños me salvarían. Todas lo creímos. Comenzamos a creer que si tan solo pudiéramos obtener eso que queremos, seríamos rescatadas de este sentido lacerante de insuficiencia dentro de nosotras. Queremos nuestros sueños porque pensamos que deben tener la respuesta a la persistente inseguridad que hace que la mayoría de nosotras no vaya a las reuniones de exalumnos. No obstante, los sueños temporales son demasiado pequeños para llenar ese enorme vacío. Simplemente, son demasiado pequeños. Y esos profundos anhelos en nuestros corazones son demasiado grandes. Mi corazón no será satisfecho por recibir placer por 30 años. Quiere placer para siempre. Mi corazón no estará satisfecho por un amor que falla seis de siete días. Mi corazón ni siquiera estará satisfecho con un amor que solo falla uno de 365 días. Mi corazón necesita un amor que nunca falla. Mi corazón necesita un amor que siempre busque, que siempre perdone, que nunca abandone, que siempre luche. Ese amor es la única esperanza que tengo para no cambiar a mi Jesús solo para tener una mejor historia en la reunión de exalumnos que egresaron hace 20 años. Mientras todo lo que hay en mí está dispuesto a cambiar todo por nada, tengo a Alguien que se rehusa a dejarme transar. Tengo a Alguien que ha prometido satisfacer mis sueños más profundos en cada momento.
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Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs.
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Siete síntomas sutiles de orgullo
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Siete síntomas sutiles de orgullo

El orgullo te matará; para siempre. El orgullo es el pecado que probablemente más evitará que clames por un Salvador. Aquellos que piensan que están bien no van a buscar un doctor. Así como el orgullo es seriamente peligroso, es igualmente difícil de detectar. Cuando se trata de diagnosticar nuestros corazones, para los que padecemos la enfermedad del orgullo, es un desafío identificar nuestra enfermedad. El orgullo infecta nuestra visión, provocando que nos veamos a nosotros mismos a través de lentes que colorean y distorsionan la realidad. El orgullo puede pintar incluso nuestra fealdad en el pecado como algo hermoso y digno de alabanza. No podemos concluir que no luchamos con el orgullo porque no vemos orgullo en nuestros corazones. Los momentos cómodos cuando me felicito a mí misma por mi buen desempeño son los momentos en los que más debería alarmarme. Necesito alcanzar los lentes de la humildad de Cristo, recordando que nada bueno habita en mi carne y buscando en mi corazón el orgullo secreto y sus síntomas. En su ensayo sobre el orgullo inadvertido, Jonathan Edwards señala siete síntomas sutiles de la infección del orgullo.
1. Búsqueda de fallas
Si bien el orgullo hace que filtremos el mal que vemos en nosotros mismos, también provoca que filtremos la bondad de Dios en los demás. Los pasamos por un tamiz, dejando que solo sus fallas sean perceptibles. Cuando me siento a escuchar un sermón o a estudiar un pasaje, es el orgullo lo que da lugar a la terrible tentación de evitar la cirugía del Espíritu en mi corazón y, en vez de eso, redactar un borrador mental de una publicación para el blog o planificar una potencial conversación para las personas que «realmente necesitan escuchar esto». Edwards escribe:
La persona que es espiritualmente orgullosa lo demuestra encontrando fallas en otros santos [...]. El cristiano que es sumamente humilde tiene tanto que hacer en casa y ve tanta maldad en su propio corazón que no es capaz de estar muy ocupado de los corazones de otras personas.
2. Espíritu duro
Quienes sufren de la enfermedad del orgullo en sus corazones hablan del pecado de otros con desprecio, irritación, frustración o juicio. El orgullo se esconde dentro de la denigración que hacemos de las luchas de otros; se oculta en las bromas que hacemos de la «locura» de nuestro cónyuge; podría incluso estar encubierto en las oraciones que elevamos por nuestros amigos que están (sutilmente o no) manchadas con una irritabilidad exasperada. Nuevamente, Edwards, escribe, «los cristianos, que no son más que los gusanos, deben al menos tratarse el uno al otro con tanta humildad y gentileza como con la que Cristo los trata».
3. Superficialidad
Cuando el orgullo mora en nuestros corazones, nos preocupa mucho más las percepciones que otros tienen de nosotros que la realidad de nuestros corazones. Luchamos con los pecados que tienen un impacto en la visión que otros tienen de nosotros y quedamos en paz con aquello que nadie ve. Tenemos mayor éxito en las áreas de santidad que tienen una responsabilidad visible, pero nos preocupamos poco de las disciplinas que se realizan en secreto.
4. Actitud defensiva
Quienes ponen su cimiento solo en la fuerza de la justicia de Cristo encuentran un refugio seguro tanto de los ataques del hombre como de los de Satanás. La verdadera humildad no pierde el equilibrio ni se arroja a una postura defensiva ante el desafío o la reprensión, sino que continúa haciendo el bien, confiando el alma a nuestro Creador fiel. Edwards dice, «para el cristiano humilde, cuanto más esté el mundo en su contra, más callado y tranquilo estará, a menos de que esté en su lugar de oración, ya que allí él no estará quieto».
5. Presunción ante Dios
La humildad se acerca a Dios con una seguridad humilde en Cristo Jesús. Si la humildad o la seguridad no están en la ecuación, nuestros corazones muy bien podrían estar infectados con orgullo. Algunos de nosotros no somos presuntuosos ante Dios, pero si no somos cuidadosos, podemos olvidar que Él es Dios. Edwards escribe, «Algunos, en su gran regocijo ante Dios, no han tenido en consideración lo suficiente la regla del Salmo 2:11: “Adoren al Señor con reverencia, y alégrense con temblor”». Otros no sentimos confianza ante Dios. Esto suena como humildad, pero en realidad es otro síntoma del orgullo. En esos momentos, estamos testificando que creemos que nuestros pecados son más grandes que su gracia. Dudamos del poder de la sangre de Cristo y nos atascamos mirándonos a nosotros mismos en lugar de mirar a Cristo.
6. Desesperación por atención
El orgullo tiene hambre de atención, de respeto y de adoración en todas sus formas. Quizás suene como un alarde desvergonzado de nosotros mismos. Tal vez se vea como la incapacidad de decir no a cualquiera porque necesitamos ser necesitados. Probablemente, se ve como una sed obsesiva por el matrimonio (o la fantasía de tener un mejor matrimonio) porque tienes hambre de ser adorado. Quizás se vea como una angustia debido a tu deseo de tener el automóvil correcto o la casa correcta o el cargo correcto en el trabajo: todo porque buscas la gloria que viene de los hombres, no de Dios.
7. Desinterés en otros
El orgullo prefiere a algunas personas por sobre otras. Honra a aquellos a los que el mundo considera dignos de honor, dándoles más peso a sus palabras, a sus deseos y a sus necesidades. Hay una emoción que nace en mí cuando personas con «poder» me reconocen. Consciente o inconscientemente, pasamos por alto a los débiles, a los inoportunos y a los poco atractivos, porque pareciera que no pueden ofrecernos mucho. Tal vez somos más los que luchamos con el orgullo de lo que pensábamos. Hay buenas noticias para los orgullosos. La confesión del orgullo indica el comienzo del fin para el orgullo. Indica que ya se está combatiendo la guerra. Es solo cuando el Espíritu de Dios se mueve, ya humillándonos, que podemos quitarnos los lentes del orgullo de nuestros ojos para vernos a nosotros mismos con más claridad, identificando la enfermedad y buscando la cura. Por la gracia de Dios, podemos volver una vez más al glorioso Evangelio donde podemos estar de pie y podemos aprovecharlo más incluso cuando estamos identificando nuestro orgullo en todos los lugares donde se esconde dentro de nosotros. Así como mi orgullo oculto una vez me llevó hacia la muerte, el reconocimiento de mi propio orgullo me lleva hacia la vida al llevarme a que me aferre con más firmeza a la justicia de Cristo.
Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino malo, y guíame en el camino eterno (Salmos 139:23-24).
Fabienne Harford © 2015 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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¿Qué tienen que ver las mujeres con la masculinidad bíblica?
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¿Qué tienen que ver las mujeres con la masculinidad bíblica?

Hace un tiempo, al terminar de escuchar un sermón sobre masculinidad bíblica, extrañamente tenía en mente a las mujeres. Tenemos tantas mujeres grandiosas y maravillosas en nuestro cuerpo de la iglesia, pero en cualquier oportunidad que escucho un sermón que presiona a los hombres, es muy loco encontrarme a mí misma y a otras mujeres respondiendo a eso. Siento decir con superioridad en mi corazón «sí, predicador, regáñalos», y escucho lo mismo en el sonido envolvente de las mujeres que me rodean. Escucho quejas sobre cuán «inmaduros» son los hombres que están a nuestro alrededor y oigo afirmaciones que dicen que nuestros pecados y nuestros problemas se arreglarían si los hombres solo fueran hombres. Odio eso porque estoy bastante segura de que la raíz de mi pecado está en mi corazón y no en las circunstancias.Creo que la mejor forma para que las mujeres animen a los hombres a ser hombres bíblicos podría ser tan solo abrazando lo que significa ser una mujer bíblica. Digo esto con todo el amor de mi corazón:mujeres, nosotras aún no lo hemos logrado. No tenemos una plataforma para pararnos sobre ella y regañar a los hombres por cómo están fallando. Nosotras tenemos suficiente trabajo que hacer en nuestros propios corazones. De hecho, la misma forma en que escucho responder a las mujeres (yo incluida) confirma que nosotras las mujeres tenemos un par de peligrosas tendencias de pecado en nosotras mismas. En lugar de pensar en la lista de hombres que conozco y delatar sus debilidades, pensé que sería más productivo pensar detenidamente en cómo se ve eso en mi propio corazón. He estado luchando por algún tiempo en cómo se vería para mí obligarme a ver más cómo Dios me ha diseñado como mujer. Por lo tanto, (con la ayuda de John Piper, Wayne Grudem y Ronda Chervin), intenté pensar cuidadosamente en algunas de nuestras tendencias como mujeres y cómo se verían esas tendencias al ser redimidas. En las próximas semanas, voy a desarrollar artículos sobre nuestras CUATRO diferentes tendencias a pecar que he visto en mí misma y en otras mujeres. ¡Mira el anticipo a continuación y mantente atenta! 1. El pecado de la pasividad 2. El pecado de la codicia 3. El pecado de la manipulación 4. El pecado de la emocionalidad
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs. | Traducción: María José Ojeda
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Tres maneras de responder a la inseguridad
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Tres maneras de responder a la inseguridad

Sé cosas. Sé que Jesús murió por mi pecado y sé que su justicia es toda la identidad que necesito. Sé que toda mi esperanza y toda mi vida se encuentran en él.
Conozco todas las aptitudes conscientes que tengo. Sin embargo, si ahondas más, mi alma instintivamente aún responde como si existiera otra verdad. Existen mentiras dentro de mí que ni siquiera creo, pero las creo tan profundamente que me siento esclava a ellas.
Sé que mi capacidad para razonar no agrega valor a mi condición como persona; lo sé. Sé que la manera en cómo alguien se ve no aumenta ni disminuye su valor. Sé que la competencia, el talento, la expresión, la capacidad o incluso la piedad no hacen a una persona más digna deamor.
No obstante, encuéntrame en un momento inconsciente y mis instintos testificarán que, en realidad, no sé nada de eso. Puedo ser defensiva por mis inseguridades, arrogante por mis fortalezas. Puedo encontrar a mi mente comparándome con otros; construir o derribar mi confianza basada en cómo nos alineamos.
—Suspiro—.
1. Aprende las cosas que sabes
A menudo confundimos el crecimiento con aprender algo nuevo. El conocimiento no es creencia. Mi problema no es que no tenga la suficiente información en mi cabeza, sino que en los lugares profundos e inconscientes de mi corazón aún no confío ni atesoro las verdades básicas del Evangelio.
Podría escuchar el Evangelio todos los días por el resto de mi vida y aún tener espacio para crecer en conocer el Evangelio.
2. Teme las cosas correctas
Probablemente es bastante irritante para mis colegas que a veces yo encuentre mi identidad en mi trabajo. Probablemente me convierte en alguien con quien es más desafiante trabajar. Mi inseguridad y mi arrogancia podrían ser el medio por el cual estoy soltera o pueden ser obstáculos en mi comunidad.
No obstante, una cosa sé con seguridad: ni la irritación de mis colegas ni una vida solitaria son las cosas a las que debo temer.
La verdadera cosa a la que debo temer es esta: no existe manera en que podamos creer las mentiras de nuestras relaciones a nivel horizontal sin creerlas profundamente de alguna manera en la vertical.
 
Si existe alguna parte de mí que piensa que tengo más valía o valor debido a mis fortalezas, y por eso descanso segura, es algo que creo sobre mí y sobre Dios también. No importa cuánto cada rincón de mi corazón consciente pueda negarlo, está ahí: enterrado debajo de la superficie.
No puedes vivir bajo una cosmovisión con tus amigos, familiares y colegas, y asumir que tienes una cosmovisión completamente diferente con Dios.
No funcionamos de esa manera.
Si encuentro mi identidad en el trabajo, entonces también encuentro mi identidad en lo que puedo ofrecerle a Dios: eso es un rechazo al Evangelio.
Si creo que alguien merece más una relación porque es «más bonita, más inteligente, más graciosa», entonces, en algún lugar profundo de mi ser, creo que Dios me escogió por algo que yo tenía. Otro rechazo al Evangelio.
3. Arrepentimiento y descanso
Las inseguridades en mis relaciones horizontales dan testimonio de que pienso que existe algo insuficiente en el valor de la sangre de Jesús. Mi valor está determinado por el precio que fue pagado por mí. Cuando miro las fortalezas, las capacidades, el respeto o la aprobación para agregarme valor, testifico que mi valor (el precio de Jesús) no es suficiente. Necesito a Jesús más inteligencia, a Jesús más el cabello de princesa Disney, a Jesús más un esposo, a Jesús más una carrera.
En arrepentimiento y descanso se encuentra mi salvación.
 
Suplicaré perdón por el pecado inconsciente de mi corazón. Como David, le rogaré a Dios: «Absuélveme de los que son ocultos». Le pediré que santifique su nombre por medio de mi vida. Padre, úsame para dar testimonio de que nada puede aumentar mi valor; mi valor está seguro en Cristo.
 
En los lugares conscientes, Jesús, proclamo la verdad: eres más que suficiente para mí. Que los lugares inconscientes de mi ser escuchen y crean.
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs. | Traducción: María José Ojeda
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Ocho maneras de robarle la gloria a Dios
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Ocho maneras de robarle la gloria a Dios

Estaba leyendo inocentemente mi nuevo libro la semana pasada, cuando de pronto fui un poco abofeteada por el Espíritu Santo. Todos somos buscadores de gloria. Todos construimos en pos de buscar la grandeza. La pregunta que cada uno de nosotros debe responder es: ¿pasamos nuestras vidas buscando la gloria de Dios o nuestra propia gloria? ¿Aprovechamos nuestro tiempo, energía y recursos para buscar la grandeza del Reino de Dios o la de nuestro propio reino? Es tan borroso: muchos de nosotros buscamos el Reino de Dios como un medio para buscar nuestro propio reino. Estados Unidos podría ser el único país en el mundo donde realmente usamos la gloria de Dios para obtener gloria para uno mismo con nuestra extraña subcultura de celebridad cristiana. Esto significa que no podemos simplemente asumir que estamos buscando la gloria de Dios. Debemos examinar nuestros corazones y pensar si la ambición egoísta se está escondiendo en algún rincón, acechándonos y esperando consumirnos. No se manifiesta de la misma manera en todos nosotros. Mira si puedes identificarte con alguna de estas ocho maneras de robar gloria:
1. «Grandioso en tu propia mente»
Quizás ya eres bueno tratando a otras personas como más importantes. Probablemente, de verdad tratas a quienes te rodean con humildad. Sin embargo, tal vez miras a otros y, aunque no lo dirías, piensas que ellos tienen mucho que aprender de ti. ¿Te cuesta mucho permanecer en silencio mientras otros hablan porque tú estás bastante seguro de que tienes la respuesta correcta? Cuando escuchas los pensamientos de otros que son diferentes a los tuyos, regularmente piensas: ¿me pregunto si es que yo estoy equivocado? O tu primera respuesta es: bueno, oraré por ellos para que lleguen a pensar de la forma en que yo lo hago... Tu entendimiento de grandeza está distorsionada. Piensas que buscar la grandeza significa creer que eres realmente «grandioso» en tu propia mente.
2. «Potencialmente grandioso»
Quizás eres alguien que no busca muy visiblemente la grandeza. Ves a otros hacer «grandes» cosas. Difícilmente, podrías ser acusado de «ambición egoísta». Más bien al contrario, te dices a ti mismo: «tienes una visión muy pequeña de ti mismo; necesitas más ambición y creer más en ti mismo». Esta es la pregunta: ¿tu temor a fracasar es tan profundo que en realidad prefieres permanecer como «la persona que tiene potencial» que en realidad intentar y fallar? Tu grandeza es tan preciada para ti, es un tipo de ídolo, que ni siquiera arriesgas intentar algo porque el fracaso te destruiría absolutamente.
3. «Previamente grandioso»
Quizás hoy no pienses que eres grandioso en lo absoluto, pero a menudo piensas en cosas grandiosas que has logrado en el pasado. Quizás recuerdes con cariño tu tiempo en la secundaria o en la universidad cuando estabas involucrado en algo que parecía ser importante. Quizás pasas tiempo contando la grandeza de tu pasado, recordándote cuán avanzado estabas en el pasado, cuán adelantado estabas. Prefieres pensar en tu grandeza de ayer y apoyarte en el peligro de la nostalgia en lugar de dedicarte al Reino hoy.
4. «Comparativamente grandioso»
Quizás sabes que no eres el mejor. Quizás sabes que nunca serás el John Piper de la teología o el Chris Tomlin de la adoración o el Steve Jobs de la empresa. Sin embargo, ellos no son tu estándar de grandeza. Todo lo que se necesita para hacerte sentir «grandioso» es estar un poco más adelantado que la persona que está a tu lado. Encuentras tu identidad en estar un poco más allá que las personas que te rodean.
5. «Mañana seré grandioso»
Quizás eres alguien que puede sentir que su grandeza está a la vuelta de la esquina. Tal vez no busques la grandeza hoy porque sabes que tienes la sensación de que serás parte de algo realmente importante en el futuro. ¿Pasas tiempo pensando o soñando en esos días que vendrán cuando finalmente seas libre para mostrarle a todos la verdadera grandeza que tienes dentro? Vives en el mañana. Desatiendes o a veces te molestan las oportunidades para servir y rendirte hoy porque estás demasiado ocupado contemplando la grandeza en el futuro.
6. «Si tan solo»
Quizás eres una persona que cree que serás grandiosa si la circunstancia y la situación no estuviera conspirando en tu contra. Si otros no estuvieran permitiendo que su pecado y su debilidad saboteen tu potencial, sabes que serías verdaderamente grandioso. Si tan solo tu jefe no fuera tan frustrante o tus amigos no fueran tan cortos de vista… entonces, serías grandioso. Tu ambición egoísta te lleva a dudar de la promesa de Dios de que todas las cosas son para la gloria de Dios y tu bien.
7. «Sería grandioso si es que otros tan solo lo notaran»
Esta va de la mano con la anterior. Quizás pasas tiempo sirviendo como loco y viviendo en misión, y piensas que lo estás haciendo por los motivos correctos. Sin embargo, si sirves por semanas o meses sin recibir el agradecimiento que «mereces», entonces sientes una ligera herida que se convierte en enojo y finalmente se transforma en una amargura profunda. A pesar de lo que digas, estás trabajando para obtener la alabanza del hombre, no de Dios. Tu placer en servir aumenta cuando las personas ponen atención y cuando ellas aplauden; la aprobación de Dios simplemente no es suficiente.
8. «Seré grandioso si me mata»
¿Estás tan motivado por la grandeza que estás dispuesto a sacrificar la salud espiritual, la salud física, el tiempo y la energía o cualquier otra cosa para lograr tus objetivos? Dios nos ha llamado a darnos a nosotros mismos, todas nuestras energías y esfuerzos, para su gloria. Sin embargo, existe una manera fácil de revisar si lo estás haciendo con las motivaciones correctas. ¿Tu búsqueda por «construir el Reino de Dios» ha canibalizado tu fidelidad en los detalles? ¿Has comenzado quebrantar los mandamientos a descansar o a vivir alegremente sin ansiedad o a servir a tu cónyuge debido a tu deseo por alcanzar la grandeza? Si es así, ese un buen indicador de que podrías estar buscando en realidad tu propia gloria por sobre la de Dios Dios nunca ha estado interesado en que busquemos su Reino a costa de la obediencia. A título personal: ¡auch! ¿Con cuál de las ocho te identificas más?  
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs. | Traducción: María José Ojeda
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Cuatro maneras de saber si eres una mujer que teme al Señor
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Cuatro maneras de saber si eres una mujer que teme al Señor

Siempre quise ser una mujer como la de Proverbios 31. El único problema es que en realidad no tengo idea de lo que eso significa. ¿Ser una mujer como la de Proverbios 31 significa ser una de esas esposas súper hospitalarias y esas mamás súper comprometidas? ¿Cómo funciona eso para mí, pues no soy ni esposa ni madre (estoy sola para ser hospitalaria y comprometida)? ¿Significa estar súper involucrada en la iglesia? ¡Trabajo en una iglesia! ¡Puntos para mí! ¿Significa ir característica por característica de la mujer en el pasaje como si fuera una lista de tareas que hay que cumplir? ¡Estas son las cosas que debo hacer hoy si quiero ser una mujer que teme al Señor!  Lo sutil de Proverbios 31 es que no te dice qué hacer para convertirte en una mujer que teme al Señor. Te entrega una descripción de lo que fluye de una mujer que ya teme al Señor. Más abajo encontrarás cuatro características de «una mujer que teme al Señor» que saqué de un sermón de los archivos de Desiring God. Estas no son cosas para que las agregues a tu lista de cosas por hacer. Son una oportunidad para evaluar tu corazón. Si tenemos el «temor» o el entendimiento correcto de Dios, entonces estas cuatro características rebosarán desde nuestros corazones:

Una mujer que teme al Señor no está ansiosa por lo que pasará en su vida

En primer lugar, una mujer que teme al Señor no está ansiosa por el futuro: «fuerza y dignidad son su vestidura, y sonríe al futuro». Nuestra ansiedad revela lo que pensamos de Dios. ¿Honestamente pensamos que Él es un Padre soberano y bueno? ¿Sinceramente pensamos que Él se preocupa por los detalles comunes y corrientes y está obrando todo para nuestro bien? Si es así, afectará nuestra ansiedad respecto a cómo les irá a nuestros hijos en la escuela este otoño, o nuestros temores por ser solteras en este momento del año, o nuestra obsesión por cómo vamos a pagar las cuentas el próximo mes, o nuestra preocupación por cómo nos va a ir en la próxima reunión de trabajo mañana.

Una mujer que teme al Señor habla con sabiduría y bondad

En segundo lugar, la mujer que teme al Señor tiene sabiduría práctica. El verso 26 dice: «abre su boca con sabiduría y hay enseñanza de bondad en su lengua». Me encanta esto porque soy una gran fanática de la comunicación pasiva redentora de las mujeres. Este versículo nos cuenta que si vamos a ser buenas administradoras de nuestras palabras tenemos que conocer y amar a Dios. Una visión correcta de Él afectará la manera en que escogemos usar el don del lenguaje que Él nos ha dado.

Una mujer que teme al Señor es fuerte

En tercer lugar, la mujer que teme al Señor es fuerte. El verso 25 dice: «Fuerza y dignidad son su vestidura». El versículo 17: «Ella se ciñe de fuerza y fortalece sus brazos». Piensa por un segundo en cómo definir «fuerza». Esto es lo que Piper dice:
Proverbios 23:17 dice: «no dejes que tu corazón envidie a los pecadores, sino que continúe en el temor del Señor todo el día». La mujer que continúa en el temor del Señor tendrá el poder para resistir todas las seducciones a la envidia, al deseo de lo que ella no debiera tener.
La verdadera fuerza se ve como contentamiento. ¿Quieres saber si tu temor al Señor rebosa en fuerza? ¿Envidias a otros? Las amenazas del descontento revelan un corazón que no comprende completamente la grandeza y la bondad de nuestro Hacedor.

Una mujer que teme al Señor apoya a otros y no está contra ellos

En cuarto lugar, una mujer que teme al Señor no vivirá para ella misma, sino que para otros… versículos 11 y 12: «En ella confía el corazón de su marido, y no carecerá de ganancias. Ella le trae bien y no mal todos los días de su vida». Nuestra visión de Dios se representará en nuestra interacción con otros. Si confiamos que Dios es por nosotras, nos libera para apoyar a otras personas. Podemos buscar sus intereses porque sabemos que Dios busca los nuestros. Estas cuatro características rebosan de una comprensión y una relación correcta con Dios. No puedes solo levantarte de la silla e ir a hacer estas cuatro cosas para ganar la insignia de mérito de «Proverbios 31». Si quieres ser libre de la ansiedad, si quieres hablar con bondad y sabiduría, si quieres ser fuerte y apoyar a otros, la solución es gloriosamente compleja: teme al Señor. Mi esperanza es que, como yo, veas esta lista como un recordatorio de cuán lejos debes ir en tu santificación. Deja que esta lista te recuerde la oportunidad que tienes para crecer en tu «temor» del Señor. Permite que esa oportunidad te emocione. Hay más de Él de lo que conoces; hay más de Él para confiar. Mientras crecemos en nuestro temor a Él, seremos transformadas, no a la imagen de una genial mujer de Proverbios, sino que seremos transformadas a la misma imagen de su Hijo. Genial.
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs.
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La soltería en tiempos de coronavirus
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La soltería en tiempos de coronavirus

Las noticias de mi Facebook estaban llenas hoy: llenas de exhortaciones para aferrarse con fuerza a la familia; para reunirse con seres queridos y adorar juntos; para pasar tiempo con personas de las que te has distanciado por la vida y el trabajo. Esto podría ser una gloriosa oportunidad para recordar las cosas más importantes mientras abrazas a tus hijos y a tu cónyuge con más fuerza. El distanciamiento social tiene sus límites después de todo. Todos lo sabemos. Nadie permitiría que esto los obligue a tomar distancia entre tus hijos y tú, tu cónyuge y tú. Al contrario, parece que muchos reflexionan en la manera en que el aislamiento social nos empuja a estar cerca de las personas que priorizamos. Las personas que consideramos más esenciales para nuestras vidas. No obstante, parece ser que la suposición es que todos están atrapados en una casa con personas que son familia para ellos. Y a raíz de la separación, ¿qué terminará comunicando esta etapa a aquellos que no tienen familias? ¿A quienes viven solos o con familiares extraños? ¿Qué les comunicará esto cuando se den cuenta de que no son esenciales para quienes los rodean?
La sangre es más espesa que el agua.
¿Sabías que esta frase significa exactamente lo contrario a lo que pensaríamos? Normalmente, la relacionaríamos con la idea de que la familia está primero, pero la frase completa es «la sangre del pacto es más espesa que el agua de la matriz». Algunas personas creen que tiene su origen en David y Jonatán: uno de los más claros ejemplos del pacto humano en la Biblia, y no entre marido y mujer, sino que entre dos amigos. Jonatán priorizaría esa amistad por sobre su relación con su padre. Otra posibilidad es que esta frase tenga sus orígenes en la sangre del Nuevo Pacto, hecho por Jesús; la sangre del Nuevo Pacto que sustituye todos los otros pactos. Eso me une tanto a ti como tú a tu cónyuge y (lo que voy a decir te va a ofender) me une tanto a tu cónyuge como a ti con él o ella. Iglesia: le hemos pedido a los solteros que llamen bueno a algo que Dios nunca lo llamó así. Dios nunca llamó bueno ser abandonado, sentirse menos querido, percibir que eres el menos priorizado de la lista de las relaciones que importan. Cuando Él dice que la soltería es buena, no es eso a lo que se refiere. Hemos (involuntariamente) transformado a la soltería en un sinónimo de tales cosas. Lo hemos hecho con hashtags como #foreverdate [#MiEternaCita], como si fueras a estar casada en el cielo y como si los solteros fueran los chaperones de tu matrimonio incluso en la eternidad. Lo hemos hecho con nuestros llamados a resguardarse con «las personas que realmente importan», aludiendo a sus familias. Accidentalmente, creamos guiones culturales, donde los solteros tienen que luchar contra un nuevo tipo de aguijón; un aguijón que dice que son menos importantes. Y luego les pedimos que no solo acepten esta etapa de la vida, sino que les decimos que si confían en Dios, lo llamarán bueno. La metáfora de Cristo y la Iglesia que es reflejada en el matrimonio es hermosa; una imagen de una realidad invisible hecha carne y hueso. No obstante, si priorizamos la metáfora a costa de la realidad del cuerpo de Cristo real: nacido de su sangre y presente aquí y ahora, ¿qué significa? ¿Acaso es posible que esta jerarquía de priorización sea cultural y no bíblica? No soy buena con lo práctico, pero asumo que puedo hacer un par de preguntas en este tiempo de coronavirus:
  • ¿Hay trabajo por hacer (al poner tu mente en las cosas de arriba) donde no te casarás ni serás dado en matrimonio? ¿Cómo esa mentalidad cambia la manera en que consideras a los solteros que te rodean en estos días venideros?
  • ¿Cómo se verá en la práctica comunicarle a tus seres amados que la relación con ellos es una prioridad para ti?
No tengo respuestas. Sin embargo, creo que vale la pena considerar las preguntas. Puedo decirte que, para mí, las personas que han amortiguado esto, tienen un par de cosas en común:
  1. Valoran la amistad: ellos no se acercan desde una sensación de privilegio: «tenemos tanto, ¿no deberíamos darle algo a la pobre chica soltera que está sola?». Al contrario, las personas que me hacen sentir cuidada en esta área, han comprendido la limitada esfera del matrimonio y de la familia. Creen que las relaciones tienen algo diferente que ofrecer, y un amigo terrenal puede entregar lo que ni un cónyuge ni un hijo pueden. Sus vidas sienten como si perdieran algo tanto como mi vida lo siente en este tiempo de separación.
  2. Me extrañan: se acercan no para ayudarme a sentirme priorizada, sino porque soy una prioridad. Se acercan porque me extrañan, no porque quieren ministrarme. No se acercan porque no quieren que me sienta sola, sino porque no estoy sola. Nuestra separación nos está costando algo a las dos partes.
Y, amigos familia, déjenme decirles, si no tienen a una persona que cumpla con esos criterios, podría ser que hayan priorizado la metáfora temporal por sobre la familia de Dios. No podemos cuidar de los solteros al valorar que se sientan valorados. Solo podemos cuidar de ellos al valorarlos realmente. Al final del día, permíteme decir esto fuerte y claro, en este tiempo muchos de nosotros, tanto solteros como casados, estaremos separados de las personas con las que nos sentimos más cercanos. Tener un cónyuge o estar con la familia no es una garantía de que no estarás atrapado en una casa con personas a las que sientes como desconocidos. Quizás será doloroso, confuso y raro. Espero que nos atesoremos unos a otros más profundamente en estos extraños días, no solo a quienes aún vemos, sino también de quienes hemos sido separados. Espero que este tiempo de aislamiento nos haga llegar a atesorar el regalo único que la amistad puede darnos.
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs.
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Las emociones en tiempos de coronavirus
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Las emociones en tiempos de coronavirus

Oh, rayos, parece que es real lo que está pasando allá afuera. No hay nada como reducir la velocidad para hacerte consciente de todos los sentimientos. Muchas de nosotras podemos sentirlos aumentar sigilosamente: un sentido de dolor por las pérdidas pasadas, ansiedad, soledad, desilusión por ciertas áreas de tu vida. Quizás estás sintiendo cosas que provienen de esta situación o quizás esta situación está revelando sentimientos que ya tenías; todos los sentimientos que has estado intentando dejar atrás. A continuación, comparto un par de cosas para tener en mente mientras lidias con las emociones en este tiempo de coronavirus: 

Reconoce los síntomas

La regulación emocional saludable comienza con ser capaz de identificar y verbalizar tus emociones, así que ten una lista de sentimientos a la mano y quizás solo establece un par de momentos para chequearte a ti o a los tuyos cada día. Mantén en mente que a veces nuestros sentimientos pueden camuflarse. El miedo puede manifestarse como enojo; el enojo, como vergüenza. A veces, se esconden en la profundidad y se manifiestan en síntomas físicos. Quizás no estás durmiendo o tal vez estás notando síntomas extraños en tu cuerpo.

Tente compasión

Aquí es donde tenemos que crear espacio para nuestros sentimientos sin rechazarlos, suprimirlos, minimizarlos ni… intentar pegarles un bibliazo. «Permanece fuerte»; «todo va a estar bien»; «no pienses en eso». Todas hemos escuchado estos mantras. Los cristianos no son los únicos que usan relatos para reprimir las emociones. No obstante, cuando crees que Dios te está diciendo que no sientas, esto sí puede agregar un sutil nivel de vergüenza a las emociones que estás experimentando, lo que las hace casi imposibles de manejar de una manera saludable. (Como una amiga reflexionó conmigo la semana pasada: ¿por qué enmarcamos «no temas» como si fuera una orden y no un consuelo?). Darle espacio a las emociones significa aceptar que están ahí y así recibirlas como una fuente válida de información respecto a cómo te sientes sobre las cosas que están ocurriendo.

Tranquilízate a ti misma

Cuando tus emociones aparezcan, sé suave; sé delicada. Intenta algunas de estas cosas:
  1. Obsérvalas:  toma nota de cómo sientes tus emociones en tu cuerpo; qué pensamientos acompañan a tus emociones. Esto contribuye a crear un poco de distancia momentánea entre tus emociones y tú que puede ayudarte a captar que así es como te sientes, no cómo eres. 
  2. Verbalízalas: intenta identificar la emoción bajo las emociones. Si no puedes encontrar las palabras correctas para ese sentimiento, piensa en una descripción (por ejemplo, «siento como si tuviera una roca sobre mis hombros»).
  3. Ejercicios de respiración.
  4. Meditación bíblica u oración para tranquilizarte.
  5. Actividades repetitivas o relajantes: haz un rompecabezas, dibuja o toma un baño.
Sobre todo, siente tu cuerpo. Intenta tener presente las sensaciones físicas. Nota lo que puedes ver, saborear; cómo se siente la tela de tu camisa contra tu piel.

Reevalúa

Tuve un mini momento de pánico la otra noche ya que mi cumpleaños se llevará a cabo a través de Google Hangouts gracias a este virus. Sonaba tan depresivo estar sola para mi cumpleaños. Pero, ¿sabes qué? Estuve sola EL AÑO PASADO para mi cumpleaños. ¿Sabes por qué? Porque decidí viajar a Montana y quedarme sola en una cabaña. ¿No es extraño cómo la misma experiencia puede estar llena de alegría o de dolor en base a su contexto? Reevaluar no tiene que ver con cambiar, controlar o reprimir un sentimiento que no nos gusta. Se trata de pastorear amorosamente una experiencia hacia un contexto más amplio. En lugar de escapar de los sentimientos y ser consumida por ellos, somos capaces de soportarlos con esperanza. Aquí es donde entra nuestra verbalización de la verdad, no como un medio para reprimir emociones, sino como un medio para pastorearlas. Reprimir y reevaluar son cosas muy diferentes. La represión puede sonar así: «estoy ansiosa por la salud de mi mamá… pero estoy confiando en Dios». Cristianas —con un cierto temor de empeorar las cosas quiero preguntarte—, ¿puedo preguntar qué significa eso? Me pone nerviosa pensar que quieras decir: «no voy a pensar en eso y solo voy a confiar en que Dios la mantendrá a salvo». Aparte de los asuntos obvios que eso conlleva (que Dios nunca prometió mantenerla a salvo y que muchas mamás se van a enfermar), existe una realidad respaldada por la ciencia de que esto en realidad no ayuda a tus emociones de todos modos. Tu cerebro sabe lo que tus amigos no cristianos también saben: eso no tiene sentido necesariamente. Aunque tus sentimientos puedan esconderse, no estás avanzando hacia lo saludable. La reevaluación no tiene que ver con intentar poner tus miedos en una balanza contra la verdad (como si se opusieran) ni con cubrir tus sentimientos con el parche de Jesús. Se trata de rodear tu dolor con un contexto de verdad consoladora. En términos prácticos: 
  1. Valida que las emociones tengan sentido (ya sea por experiencias pasadas o presentes). 
  2. Intenta algunas opciones alternativas para enmarcarlas.
  3. Pon atención a la evidencia que apoya esas opciones alternativas.
  4. Entrega consuelo que valide tu experiencia y te dé esperanza.

Ejemplos

«Estoy ansiosa por la salud de mi mamá y no creo que pueda hacerle frente a esto». (1) Y tiene sentido que me sienta así porque esto es muy difícil y es real (sin mencionar que siempre he tenido ese profundo temor de que no podré sobrevivir a las cosas difíciles). (2) Pero quizás no es que no pueda soportarlo. Tal vez se trata de que nadie podría ser capaz de hacer frente al dolor futuro o potencial que aún no llega. Quizás tiene que ver con que la gracia que tengo hoy me capacita para soportar las dificultades de hoy. (3) dando espacio a poner atención a los momentos en los que has podido hacerle frente al presente. ¡Como este! Las dificultades de hoy incluyen esta ansiedad y la estoy enfrentando. ¡Aún estoy respirando! (4) Dios me ha dado la gracia para soportar (y no escapar) este temor a lo desconocido y si Él me da esto hoy, quizás puedo contar con Él mañana. Cualquier cosa que venga podría no ser fácil, pero Él estará conmigo.  «Estoy sola y siento como si nadie se preocupara de mí». (1) Y tiene sentido que me sienta así porque no fui hecha para estar sola y este aislamiento llega en un momento en el que no me he conectado con amigos por un tiempo (sin mencionar la experiencia que tuve hace años en la escuela que me hizo sentir como si nadie me amara). (2) Aunque quizás no tiene que ver con que nadie me ame. Tal vez me siento así porque estoy en este momento realmente extraño de la historia que se sumó a una etapa realmente ajetreada para mis amigos en el trabajo. (3) dando espacio a ponerle atención a los momentos en los que tus amigos te han mostrado amor; dando espacio a las maneras en que te han expresado que están ocupados. (4) Y aunque Dios no llama bueno a este aislamiento (y de hecho, mi desagrado ante esto es una señal de mi alineamiento con lo que Él dice de la situación), quizás Él puede usarlo para darme algo muy especial en nuestra relación.

Actúa

  1. Pide ayuda: ahora es tiempo de buscar a tu terapeuta o consejero. Te veremos de forma remota. Lo prometo. O solo acércate a un amigo(a). Pide juntarte con ellos por Google Hangouts para conversar sobre los sentimientos que ambos experimentan.  
  2. Toma descansos de las redes sociales y de los noticieros: mira algo que se sienta como parte de «la vida normal»: un tutorial de maquillaje o leer ese blog que agregaste a tus favoritos hace un mes. Sé que la ansiedad canta la canción sobre ti que dice que si tan solo obtienes más información, estarás a salvo. No obstante, no funciona así. Porque no quieres más información, sino más control. Lo que lleva a: 
  3. Toma control: eres una criatura a la que se le ha dado dominio. Dios te confió el control sobre algunas cosas. Así que descubre los lugares donde sí tienes el control y ejercítalo: 
    1. Escoge revisar los noticieros, en lugar de solo llegar accidental o habitualmente ahí mientras revisas tus redes sociales. Dilo en voz alta si es necesario: «¿quiero revisar los noticieros? Soy libre de hacerlo o no. ¿Qué escojo?».
    2. Escoge no revisar los noticieros. Asegúrate de establecer límites. Demuéstrale a tu cerebro que estás en control de lo que entra y que vas a administrarlo bien al darle el descanso cuando sea el momento correcto. 
    3. Toma acciones físicas. cuando te sientas fuera de control, sal a correr u ora con una acción física: caminando o arrodillándote. 
    4. Haz un plan para tu día. Envíale correos a un montón de amigos y establece juntas en Google Hangouts. Una amiga mía está haciendo happy hours virtuales. Aparta tiempo de tu tarde para jugar un juego si estás con tu familia o escribe algo específico en tu diario. Llama a alguien. Ayuda a tu cerebro a sentir que tiene opciones.
Espero que esto te ayude. Mientras tomas un millón de enormes decisiones las próximas semanas para tu salud física y la de quienes amas, considera luchar contra la inconveniencia o la incomodidad de preocuparte de la salud emocional de otros también.
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs.
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Una carta para un corazón ansioso
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Una carta para un corazón ansioso

Querida Fabs: Sé que la odias. Sé que odias esa nerviosa sensación que aparece cuando ves que personas dejan la conversación y sabes que no podrás controlar lo que van a hacer después. Sé que odias ese temible destello de enojo que inunda tu alma y que ofrece protegerte del miedo que realmente sientes cuando escuchas lo que otra persona está diciendo de ti; cómo están contando tu historia con palabras que parecen incorrectas e inadecuadas. Sé que odias las vueltas que da tu mente mientras estás acostada en tu cama e intentas dormir —sabiendo que el mundo seguirá dando vueltas si cierras esos ojos y que por eso pierdes el control de estar al tanto de lo que sucede— y el pánico es tan real. Sé que odias la ilusión de controlarlo todo. Sé que odias la manera en que tu mente te tienta con los «si tan solo». Si tan solo pudieras tomar mejores decisiones. Si tan solo pudieras tener más información. Si tan solo hubieses elegido mejor. Si tan solo pudieras usar las palabras correctas… Entonces serías capaz de controlar su dolor, proteger a quienes amas y ser comprendida. La realidad es que sí existen algunas cosas que Dios nos ha confiado a nosotras. Mientras aún gobierna soberanamente sobre nosotras, con sus manos envolviendo las nuestras incluso mientras nosotras dirigimos, Él también nos ha dado la capacidad de tomar decisiones reales dentro del tiempo real. Y así esta rendición de control tiene dos caras: (1) aceptar las cosas de las cuales nunca tuviste control en ninguna forma y (2) también rendir el control de las cosas que puedes ser capaz de controlar, no porque tengas que hacerlo, sino porque quieres hacerlo. En lugar de apretar más fuerte, puedes relajarte y sentir cómo sus manos te envuelven con más fuerza. Puedes acercarte más a Él, su pecho contra tu espalda para que puedas sentir hacia dónde Él se dirige. En algún momento, tú simplemente sacarás tus manos, te rendirás y te entregarás. Porque esta es la verdad: Él podría haber llamado a ángeles para que bajaran. Jesús podría haber detenido esa marcha hacia la cruz. Él también tuvo opciones. En lugar de decirle a ese leproso que no le contara a nadie, Él podría haber cosido su boca para mantenerla cerrada o podría haber conducido sutilmente el espíritu de ese chico para que no hablara. Sin embargo, al contrario, Él que controla todas las cosas por el poder de su Palabra, resistió el impulso del control. Él dejó que su Padre lo defendiera, peleara, decidiera, dirigiera y gobernara. Él no tenía que hacer eso. Él es el único hombre que en realidad podía controlar lo que pasaba cuando las personas se iban de la habitación donde estaban, pero, en lugar de ello, Él se hizo como nosotros en todo aspecto. Él se transformó en alguien que sabe cómo se siente ceder el control. Búscalo ahora. No dejes que esto sea una comprensión intelectual de una doctrina gloriosa. Permite que este sea un Hombre que se sienta contigo en esta mesa y te cuenta su historia, que te cuenta cómo se sintió cuando Él ya no podía ministrar tan públicamente como a Él le habría gustado porque las personas que Él sanó ni siquiera pudieron agradecerle al hacer lo que Él les pidió. Escúchalo decirte cómo se sintió dejar que los soldados pensaran que tenían todo el triunfo en sus manos. Escúchalo contarte cómo se sintió en el momento en que Satanás mismo se burló del Hijo de Dios. Él sabía que podía hacer todas las cosas; sabía que podía hacer cualquier cosa, pero Él resistió el impulso de demostrarlo. En lugar de ello, se confió a sí mismo a su fiel Padre. Fabs: este hombre es tu Dios y también es tu amigo. Encuéntralo y escúchalo. Él sabe cómo es. Este hombre es tu asombroso consejero que, si lo escuchas, te dirá que aunque es tremendamente aterrador y doloroso, se puede encontrar libertad al confiarte a ti misma al fiel Creador y al continuar haciendo el bien. Se puede encontrar libertad, no solo al aceptar lo que no puedes cambiar, sino que a veces, al dejar ir aquello que en realidad sí podrías cambiar. Así es cómo aprendes a obedecer, Fabs; y cuándo aprendes a obedecer, Fabs. Cuando tu enemigo te ofrezca tener el control, te ofrezca la ilusión de tomar tu vida en tus propias manos y te diga que te llevará al mismo lugar, o quizás incluso a un mejor lugar, en esos momentos, aprendemos la obediencia. Oh, Fabs, respira profundo y recuerda que, de todas formas, no tienes idea cómo obtener lo que realmente quieres. Dale el control a Aquel cuyo constante amor lo une a tu bien, cuyas promesas de bondad te llevan por los caminos difíciles solo si es necesario y cuya sabiduría lo capacita para ver cómo los detalles del hoy se alinean con el destino que finalmente deseas.
Este recurso fue publicado originalmente en Thoughts from Fabs.
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El largo recorrido con la COVID-19 y una dolorosa gratitud
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El largo recorrido con la COVID-19 y una dolorosa gratitud

Quizás este año, más que cualquier otro, tengo un peso de gratitud en mi alma que es tan pesado, que siento que podría arrastrarme a la parte más profunda del amor de Dios. ¡Qué año ha sido este! De cierta manera, siento como si hubiera perdido un año entero de vida. El primer día de síntomas evidentes de una supuesta COVID-19 fue el 23 de marzo. En los meses que siguieron, a mi alrededor, vi a muchos caer enfermos y curarse, dar positivo sin tener síntomas, soportar y sanar de este extraño virus, pero ese no ha sido mi caso. Mis doctores suponen que soy una de mil que tiene una «COVID de larga duración». Es una versión de este virus que no se va después de dos semanas, ni siquiera después de dos meses. Al contrario, nos deja a quienes corríamos entre 8 y 9 kilómetros diarios, incapaces de caminar e ir a buscar la correspondencia a nuestro casillero sin tener que recostarnos después. Provoca una fatiga intensa, complicaciones en el corazón, problemas neurológicos y problemas a la visión, por nombrar algunos síntomas. A esta altura del año pasado, ni siquiera tenía un médico general con quién atenderme. Ahora veo a un hematólogo, a dos cardiólogos, a un médico general, a un equipo de medicina holística y un especialista en «COVID de larga duración» en San Antonio. Cinco meses después de la infección, me realicé un test de esfuerzo, y dada mi enfermedad, esperaban que solo pudiera durar cerca de 10 a 12 minutos en la trotadora. No obstante, después de 30 segundos mi presión arterial estaba en la zona de peligro y después de 2 minutos tuve que detener todo el test. Estoy con medicamentos para la fibromialgia (para lidiar con la neuralgia), con betabloqueadores; tengo un electrocardiógrafo en casa; y estoy con un tratamiento para la insuficiencia respiratoria con muchos inhaladores y, por supuesto, mi oxímetro de pulso. Paso la mayor parte de mis días en cama. Me tomó un par de meses aceptar esta nueva realidad; llegar a acuerdo con el hecho de que ya no era capaz de hacer las cosas que normalmente hacía. Tenía que alejarme de los lugares que tan a menudo me daban un propósito: amigos, trabajo, ministerio, escribir. Iba a tener que crecer en la teoría de que mi valor no depende de lo que sea que produzca, puesto que la Fabs con «COVID de larga duración» literalmente no puede producir. Y antes de contarles el final feliz de esta historia, déjenme ser clara: Dios no llama bueno a nada de esto. No se dejen engañar. Existen fuerzas obrando en este mundo roto además de Él. Y la soberanía de Dios, su autoridad, es tan, tan diferente de su aprobación. Él no aprueba la porquería que cae a nuestro alrededor. Él detesta que tengamos este dolor; Él se entristece; Él se aira y se lamenta. Y (no pero), Él obra todo para bien. Nuestras vidas están destrozadas y hechas pedazos. Nuestro Padre, con su corazón roto por nuestro dolor, nos alcanza, recoge esos pedazos y los siembra en gloria. Él arrebata esos hilos desechados por nuestro enemigo y los teje haciendo un magnífico diseño. Lo que nuestro enemigo usó para maldad, nuestro Dios lo toma y lo transforma. Cada caverna vacía que queda libre por la pérdida, Él la inunda con bien. En la suciedad recién cavada de cada tumba, Él planta nueva vida. Perdí un año saludable; es verdad y trágico. Y quedó algo glorioso tras la pérdida, como ocurre con este Evangelio nuestro: la muerte inevitablemente abre paso a la vida. Este año, más que cualquier otro, siento esa verdad. Dios ha obrado en maneras que realmente exceden lo que pude haber soñado o imaginado. Él me ha mostrado un propósito en mi diseño que va más allá de la productividad. Él me ha recordado mi valor: no formada ni determinada por cómo paso mi tiempo; un valor al que no se le puede agregar nada ni puede ser reducido. Él me ha mostrado el rostro de la restauración, y todo lo que puedo decirles, mis queridos amigos, es que esto es mejor que la versión anémica con la cual nos han hecho conformarnos. Para quienes están en quebranto, desesperanza, fracaso y temor, sepan esto: Él no ha terminado. Hay una historia de este año, una historia de pérdida y de límites. Es la misma historia que la de la gratitud y de la alabanza. La pérdida y los límites NUNCA fueron los enemigos de la gratitud. Es solo en Estados Unidos, solo la Iglesia occidental la que te ha dicho que el dolor y la gratitud están en lados opuestos de la balanza. Pero no, son compañeros constantes. Se turnan para declarar el valor de los regalos que se nos han dado en esta corta vida y ambos cantan la misma canción de gratitud. El dolor honra lo que hemos perdido; su lamento declara que era algo valioso para nosotros; ES la gratitud por lo que hemos perdido. La gratitud, por otro lado, es la honra de lo que actualmente tenemos; cada regalo hecho más valioso porque nuestra pena nos ha enseñado que cada regalo es frágil y fugaz. Duélanse bien, queridos corazones, y encontrarán su gratitud.
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs.
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Oremos los Salmos
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Oremos los Salmos

Estoy meditando en los Salmos estos días. Me están enseñando cómo orar en este mundo roto. En realidad, detesto escribir eso, pues los Salmos no tienen el propósito de ser una lección sobre la oración. No se escribieron como un plan de estudios para enseñarnos a sobrevivir a la tensión. Solo somos nosotros escuchando a personas reales que derramaron sus corazones por medio de la poesía. Las canciones no siempre tienen el propósito de ser sermones. Sin embargo, por un tiempo, he estado observando cómo el salmista canta sus canciones y he notado que este ritmo llena muchas de sus oraciones:
  1. Dios, este es quien Tú eres (p. ej. tu misericordia nunca falla).
  2. Dios, ¿por qué no estás actuando de acuerdo a quien eres? (p. ej. ¿por qué me has abandonado?). [NOTA: no dicen cosas como: «sé que no me has abandonado, pero siento que lo has hecho». Dicen cosas como: «nos has abandonado»].
  3. Dios, sé quien eres (p. ej. ven y sálvame de acuerdo a tu misericordia).
Tú y yo fuimos hechos para poder entender quién es Dios a partir del mundo que nos rodea, por medio de nuestras experiencias. Toda la creación fue creada para dar testimonio de la verdad sobre Dios. Así fue como funcionaba en el Edén, pero ahora el mundo está fracturado. Como un espejo que alguna vez mostró un reflejo claro, se ha hecho añicos y cuando ahora miramos en él, las cosas se ven distorsionadas. Los padres no siempre dan testimonio de lo que significa que Dios sea un padre. Los cónyuges rara vez reflejan cómo es Dios como amante y compañero. La iglesia falla en modelarnos consistentemente cómo es Dios como líder o pastor; la comunidad que se ofrece dentro sus paredes no siempre declara cómo es la comunidad de la Trinidad. Quizás en el Edén, nuestras oraciones habrían sido canciones más parecidas a estas: «Dios tu misericordia nunca falla. Todo lo que nos rodea nos muestra constantemente que tu misericordia nunca falla. Gracias porque tu misericordia nunca falla». Incluso ahora, aún tenemos momentos —fragmentos— donde su Reino viene a la tierra así como en el cielo. Tenemos momentos en los que cantamos canciones como las que declararíamos en el Edén. Los salmistas también tuvieron esos momentos. No obstante, las cosas han cambiado en este extraño nuevo mundo y esos momentos ya no son realidades constantes. Los salmistas reconocen la verdad que a nosotros nos es difícil admitir: este mundo no siempre muestra quien Dios dice ser. Es más, este mundo a menudo no muestra quien Dios dice ser. «Dios, sabemos que estás en tu trono, entonces, ¿por qué esta tierra no está llena de justicia y misericordia? ¿Por qué los malhechores no reciben castigo y por qué hay personas oprimidas?». «Dios, conocemos el bien y el amor que tienes por nosotros, entonces ¿por qué el dolor llega a nuestra vida? ¿Por qué quienes nos rodean nos dañan y nos tratan mal? ¿Por qué enfrentamos pérdida y soledad?». ¿Qué hacemos con esta brecha? ¿Qué hacen los creyentes, que conocen a Dios, con la desconexión entre quién es Dios y cómo se ve el mundo que nos rodea? Si Dios es quien dice ser, ¿por qué no siempre se ve así? Los Salmos no responden estas preguntas; te dan permiso para hacerlas. Te permiten saber que no estás loco por notar esta disonancia. Te hacen saber que la fe en Dios no significa que tienes que fingir que este mundo es como debe ser. Es más, la fe en Dios significa que tenemos un descontento santo con esta tierra. A veces, la fe es negarse a aceptar que este mundo es aceptable. La fe ve la distancia entre quien es Dios y lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. La fe nos llama a llenarla con nuestros llantos. A aferrarnos a Dios como Jacob y pedir más. A derramar nuestra queja sobre Él, a protestar ante Él que las cosas no son como deben ser, sabiendo que a nadie más le importa tanto esto como Él. Únete a la creación mientras gime. Espera a Dios, lo que por definición significa que reconoces que Él aún no se ha manifestado de la manera en que un día lo hará. Espéralo como el centinela espera la mañana.
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs.
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Negarse a uno mismo vs. autocuidarse
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Negarse a uno mismo vs. autocuidarse

Terminé el 2020 con COVID de larga duración, con una infección de estafilococo en mi rostro —así es señoras y señores— y con una conmoción cerebral —me cayó una ventana en la cabeza. Y esa no es una metáfora, es lo clásico del 2020—. Todo eso significó que comencé el 2021 con fatiga extrema, dolor de cabeza constante, fiebres intermitentes y una actitud que sería benevolente calificar como «irritable». Comencé el año viviendo en un estudio detrás de la casa de mi hermana. Parecía ser la manera perfecta de estar bien cuidada: me cocinaban, lavaban mi ropa y me daban mi espacio. La única complicación imprevista es que soy un tanto obsesiva con respecto a mis sobrinas (de 4 y 1 año). Es muy difícil priorizar quedarse en cama cuando una pequeña y hermosa pelirroja te pregunta si vas a ir a jugar a las tacitas con ella, y otra pequeña y hermosa pelirroja grita de alegría cuando aceptas la invitación. Ahora avancemos rápidamente una o dos semanas desde ese momento, estaba conversando con unos amigos (guardando distancia) sobre las lecciones que hemos aprendido en estos tiempos de COVID. «¿Qué es lo que más extrañarás de este periodo?» era la pregunta que estábamos respondiendo. Una amiga expresó lo mucho que había gozado del tiempo y del espacio a solas y cuánto más saludable esto la había hecho sentir. Dijo que lo extrañaría cuando todo volviera a la «normalidad» (Dios quiera que esto suceda en el futuro). Le pregunté por qué no le sería posible mantener su tiempo y espacio a solas, por qué no podía aprender de este periodo en el que prefería quedarse en casa en lugar de ir a una fiesta. Entonces, me explicó que le encantaba estar con otras personas y que le sería difícil imaginar poder escoger tiempo y espacio en casa cuando hubiera gente con quien interactuar. Después de haber estado en el té de mis sobrinas, lo que mi amiga decía tenía mucho más sentido de lo que normalmente lo hubiera tenido para esta introvertida persona. Quizás, a veces, hay algo que amamos más que aquello que nos ayuda a estar saludables. Eso me hizo pensar esta mañana en la negación a uno mismo. Me hizo pensar en cómo lo hemos convertido en un enemigo del autocuidado cuando tal vez sea la clave para este. Tal vez la negación a uno mismo sea el autocuidado. Quizás se trata de priorizar lo que es más benigno para nuestra alma encarnada en lugar de lo que más deseamos en el momento. Qué daño hemos causado al convertir estas cosas en enemigos, al desestimar el autocuidado por considerarlo como autocomplacencia. ¿Acaso Dios no quiere que nos cuidemos a nosotros mismos? Por el contrario, Él nos pide que nos cuidemos a nosotros más de lo que lo hacemos. ¿Acaso no es Él quien ordena el autocuidado? Nos encomienda guardar el sabbat porque nuestras almas encarnadas lo necesitan. Por un día a la semana, negar nuestro impulso de lograr algo para que podamos descansar. ¿Acaso no están la negación y el autocuidado trabajando codo a codo? Honestamente, parece que nuestro viejo enemigo ha estado trabajando para convencernos —como siempre lo ha intentado— de que los mandamientos de Dios se tratan más de negar en lugar de dar. Él hace esto diciéndonos que Dios quiere que nos neguemos a nosotros mismos sin decirnos la segunda mitad de esa verdad: para que Él pueda cuidarnos. Y qué victoria ha tenido nuestro enemigo: miles de nosotros corriendo de aquí para allá pensando que la negación a uno mismo se trata de sacrificar lo que necesitamos para estar sanos y, como resultado, no estamos saludables. Y nuestro enemigo consiguió un «dos por el precio de uno». No solo no estamos saludables porque no practicamos el autocuidado, sino que además fracasamos en negarnos a nosotros mismos. Nos damos una palmada en la espalda por lo que llamamos «negación a uno mismo» cuando en realidad solo es autocomplacencia. Escuchamos a la gente hablar de pasar tiempo a solas, de espacio o de conexión y nos decimos que no tenemos tiempo para esas cosas. Fracasamos en izar esa bandera roja que señala que no es saludable y damos un paso más allá al llamarlo «piedad». Nos decimos que no tenemos tiempo para el autocuidado porque estamos muy ocupados negándonos a nosotros mismos. Sin embargo, ¿no es más bien la dolorosa verdad de que nos negamos a negarnos a nosotros mismos? Nos rehusamos a negar nuestras ansias de ser respetados, apreciados y amados incluso cuando nos cuesten nuestra salud. Tenemos esta ansia de controlar a nuestros hijos, de mantener nuestra casa limpia, de ser respetados en el trabajo, de terminar nuestra lista de cosas por hacer y nos rehusamos a negar esas ansias. Por el contrario, cuando estamos agotados, exhaustos y somos esclavos de quienes nos rodean, lo llamamos «morir a nosotros mismos». Culpamos a Dios. Nos sentimos mártires; héroes piadosos por permitir que nuestro espíritu creativo, nuestros cuerpos físicos o nuestra salud emocional y relacional se resientan. La realidad es que el verdadero autocuidado es difícil. ¿Has tratado de guardar el sabbat? ¿Has tratado de priorizar lo que te da salud espiritual, emocional y relacional por encima de tus deseos? Implica muerte. Implica dar muerte al yo que está cautivo a obtener gratificación instantánea; dar muerte al yo que es esclavo a ser visto de una determinada manera; dar muerte a esa parte egoísta que quiere ser la mamá perfecta; dar muerte a esa parte que cree que puede salvar a otros; dar muerte a esa parte que teme ser egoísta; dar muerte al yo que encuentra su valor al mantener contentos a los demás. Oh, cuánta negación a uno mismo hay en decepcionar a otros al decir «no». Al aceptar los límites de estas almas encarnadas, al aceptar los límites de lo que podemos controlar y al enfrentar todo el dolor que conlleva. Muerte. Que conduce a la vida. Vida. Que involucra muerte. ¿Qué necesitas para estar sano? (¿Emocional, física, espiritual y relacionalmente?). ¿Y qué parte de ti necesitarás negar para avanzar hacia la salud?
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs. Traducción: Marcela Basualto
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¿Qué significa la soltería para ti?

Hice mi Magíster en Psicología Cultural, lo que significa que no soy muy entretenida en las fiestas, especialmente, cuando las personas comienzan a hablar sobre la «cultura» como algo establecido. En esos momentos, entro a la conversación para explicar: «en realidad, la cultura se define como cualquier proceso por el cual le damos sentido a algo». Lo sé. Lo sé. ¿Qué rayos significa eso? (y cómo es que tengo amigos). La cultura no se trata del tipo de comida o de música que te gusta, es un proceso psicológico. El sistema que nos rodea determina cómo nuestros cerebros le dan sentido al mundo. Cuando algo nos ocurre, cuando experimentamos algo, nuestros cerebros buscan una explicación a su alrededor. Cuando nuestro estómago hace un ruido extraño, una vez alguien tuvo que explicarnos que eso significa tener hambre. La cultura es el proceso de cómo explicamos las cosas. Son los sistemas que nos rodean los que explican nuestras experiencias, subconsciente y repetidamente, hasta que se forma un significado en nuestra mente. Por ejemplo, tú podrías venir de una familia donde las lágrimas «significan» debilidad. En tu familia, nadie lo diría, pero estuviste una y otra vez expuesto a procesos culturales que inculcaron ese significado en lugares inconscientes y profundos de tu cerebro. Las reacciones de las personas a tus lágrimas y a los chistes que hiciste, y el tipo de cosas que se celebraban en tu casa eran todos procesos culturales que generaron una cultura donde las lágrimas se sentían (y probablemente aún se sienten para ti) como una señal de debilidad. La cultura crea instintos, no pensamientos conscientes. Crea significado. Determina el tipo de personas que nos atraen y las cosas que no nos gustan. Es una fuerza poderosa para nuestros cerebros. Si vamos a hablar de la soltería, tenemos que saber que no nos acercamos desde una postura neutra. Por lo tanto, en la iglesia, cuando alguien se para en el púlpito y dice: «Dios dice que la soltería es buena», tenemos que ser realmente claros sobre lo que queremos decir con soltería. Tenemos que asegurarnos de que no tengamos una cultura de soltería que sea diferente a la cultura de Dios en cuanto a ella. Tenemos que saber lo que significa soltería para nosotros y de dónde vienen esos significados. En la cultura en la que creciste, ¿qué significado se le dio a la soltería? ¿Significaba que alguien era raro? ¿Significaba que alguien era valiente? ¿Significaba que alguien era patético? ¿Significaba vergüenza? ¿Cómo puedes saber? Piensa en las reacciones que las personas en tu casa tienen hacia los solteros. Piensa en lo que oraban por ti y qué significado le dio tu mente a eso. Piensa en quién viste como líderes y personas respetadas. Piensa en las preguntas que te hacían cuando llevabas a alguien a casa o cuando no tenías un novio. Piensa en las bromas que se hacían cuando tuviste uno. Todas estas cosas contribuirán a lo que la soltería significa para ti. En las culturas de las iglesias de las que has sido o eres parte, ¿qué significados se han creado de soltería? ¿Cuántos líderes de la iglesia eran o son solteros? ¿En qué nivel de liderazgo están? ¿Cómo reaccionan las personas a los solteros? ¿Eso cambia según la edad? ¿Qué bromas has escuchado que podrían formar los significados en torno de la soltería? ¿Qué preguntas te han hecho? ¿Qué se celebra y qué no? ¿El significado es diferente para hombres y para mujeres? ¿Qué mensajes o estructuras impactan eso? Todas estas cosas podrían contribuir a lo que crees que significa la soltería. Y lo complicado es que, a menudo, las culturas espirituales dan forma —no solo quieren— los significados que creamos, sino que también dan forma a los significados que creemos que Dios establece. A veces las culturas en las iglesias nos dicen lo que Dios condena o aprueba (ya sea explícita o implícitamente, por su soberanía). Una nota importante: la cultura rara vez se forma por las cosas que declaramos como valiosas, se forma por procesos: el tipo de cosas de las que bromeamos, por las que celebramos, por las que lloramos; nuestras reacciones y expresiones faciales, etc.
Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs.

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