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Dr. Edward Welch es consejero y miembro de la facultad de The Christian Counseling and Education Foundation (CCEF). Él ha hecho consejería por más de treinta años y ha escrito ampliamente sobre depresión, temor y adicciones. Es autor de Cuando la gente es grande y Dios es pequeño y de Lado a lado: andando con otros en sabiduría y amor. Él y su esposa, Sheri, tienen dos hijas que están casadas y ocho nietos. En su tiempo libre, Ed disfruta pasar tiempo con su esposa y su familia extendida y tocar su guitarra.

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El temor al futuro

Todos los temores son profecías sobre el futuro. Comienzan desde un pequeño pensamiento (un ladrón podría robar mi bicicleta; el coco me comerá antes de que termine la noche) y crecen desde ese punto. Sin embargo, estos temores necesitan ser alimentados para crecer y para llegar a ser apocalípticos. Crecí en un momento de la historia en el que esos temores fueron muy alimentados. Estaba en la primaria durante el punto más alto del Temor Rojo[1]; el libro Late Great Planet Earth [La agonía del gran planeta tierra] era un éxito de ventas y los medios ampliaban la información frente al peor suceso global. Al tener todo este material a disposición, no era necesaria una gran imaginación para que los cristianos pensaran en que el Ejército Rojo usaba dispositivos demoníacos para detectar cristianos y capturarlos con entusiasmo usando la peor tortura existente con el fin de que renuncien a Jesús o de que mueran. Era, pensaba, el peor de los tiempos. Luego, crecí y me di cuenta de que cada época es, en realidad, el peor de los tiempos. La verdad es que siempre tenemos ayuda para que nuestros temores crezcan. Siempre existe una nueva amenaza. A continuación, les comparto algunos temores comunes de una lista que puede ser interminable:
  • El temor al colapso moral total de la cultura que nos rodea
  • El temor al colapso y al caos económico
  • El temor a los extremistas islámicos
  • El temor a virus, a plagas y a químicos peligrosos resistentes, y así sucesivamente…

Dos populares líneas defensivas

¿Cómo podemos protegernos contra todos estos temores? Una línea defensiva es la racionalidad; es decir, dejar que los datos y los hechos mitiguen nuestros temores. Piensen, por ejemplo, en los extremistas islámicos. Puesto que la mayoría de las religiones crecen por medio del traspaso de la fe de los padres a sus hijos, las estadísticas sugieren que no existirá una mayoría islámica en el futuro previsible porque simplemente existen más cristianos que musulmanes en este momento. Incluso si hubiera un aumento en la cantidad del promedio de familias islámicas, no haría mucha diferencia en el futuro predecible: temor aliviado. Una segunda defensa contra estos temores tiene que ver con imaginar lo peor y prepararse para ello. Advertir a otros, construir un refugio o simplemente seguir imaginando lo peor como si fuera un talismán para el momento en que lo peor aparezca. Estas defensas, por supuesto, son alivios temporales; no obstante, no podemos confiar en los datos, en que todo esté a nuestro favor o en nuestra preparación personal. Confiamos en una Persona. Cualquier respuesta a temores futuros que enfatice la información y la preparación por sobre la confianza es, en esencia, impía. La información y la educación no son malas, pero no son nuestra primera respuesta. El pueblo de Dios va a él primero: «¡No sabemos qué hacer! ¡En ti hemos puesto nuestra esperanza!» (2Cr 20:12).

Recibiremos gracia

A medida que nos volvemos al Señor, miramos primeramente a la promesa más grande de todas: «nunca te dejaré; jamás te abandonaré» (Heb 13:5). Nuestros pecados son lo que nos alejan de Dios, pero ahora el perfecto Sumo Sacerdote ha hecho un sacrificio perfecto y, luego de haber hecho expiación por los pecados, descansó. El sacrificio por el pecado ya está hecho; nos garantiza su presencia. No enfrentaremos nuestros temores solos. Dentro de esta promesa se incluye el hecho de que él nos dará la gracia diaria que necesitamos. La imagen del Antiguo Testamento detrás de esto es el regalo del maná. Con el fin de evitar que depositaran su confianza en lo almacenado, lo dado era suficiente para el día y no podía almacenarse para el siguiente. El mañana traerá nuevas misericordias, maná fresco y abundante gracia. La gracia nos fortalece para descansar en Dios y permanecer firmes de cara a cualquier sufrimiento o tentación que el mundo pueda exhibir; de cara a cualquier temor que se haya hecho realidad (1Co 10:13). Su presencia nos asegura que vamos a «recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos» (Heb 4:16). La gracia prometida deja nuestras predicciones obsoletas. Aun si ellas fueran ciertas —lo que normalmente no es así— no podemos predecir la gracia que será derramada sobre nosotros en ese día futuro. Al contrario, imaginamos el futuro con la gracia que tenemos para las dificultades de hoy y esa gracia es suficiente sólo para hoy, no para mañana. El mañana vendrá con una nueva reserva de gracia. Volvamos a contar la historia. Al tener esta gracia futura a la vista, volvemos a contar la historia de nuestras vidas y la historia de la historia. Piensen en el Salmo 23, por ejemplo, como un modelo. Por gracia, nos transformamos en las ovejas del Señor. La alegría y el descanso están a la orden del día. Sin embargo, las ovejas deben estar en continuo movimiento y ese viaje incluye problemas, como vimos cuando el Cordero de Dios se sometió a su Pastor en el mismo camino. El problema puede ser intenso; puede incluir Asiria, Roma y otras amenazas que pueden matarnos. Pero la historia no termina ahí: nuestros enemigos estarán observándonos a la distancia mientras nos sentamos a la mesa para comer del banquete de Dios. Ellos serán avergonzados; seremos familia de aquel que es digno de honor. En nuestro camino a la casa del Señor, sin temer al maligno, oremos para que se haga su voluntad tanto en la tierra como en el cielo (Mt 6:10). El peregrinaje nos lleva a la casa de Dios, donde su voluntad se hace continuamente. La historia de la Escritura siempre termina bien. Ciertamente, la vida y la historia termina gloriosamente para el pueblo de Dios y mientras miramos a ese fin, podemos predecir esto: la gracia de Dios puede perseguirnos de tal manera que tememos cada vez menos al mal.
Este artículo fue originalmente publicado por Ligonier Ministries en esta dirección. | Traducción: María José Ojeda

[1]  N. del T.: El Temor Rojo se trataba de la preocupación por la influencia comunista en la sociedad y por la infiltración de comunistas en el Gobierno de los Estados Unidos.

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La paz que sobrepasa todo entendimiento
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La paz que sobrepasa todo entendimiento

Uno de los pasajes más conocidos de la Escritura es el siguiente:
Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús (Fil 4:6-7).
Indudablemente, es fácil decirlo: oración + acción de gracias = paz. Sigan estos pasos y obtendrán paz. Entonces, ¿por qué la fórmula no funciona? Cuando estoy ansioso, oro, pero mi mente sigue volviendo a la situación que me produce ansiedad y antes de que me dé cuenta ya estoy tratando de resolver el problema. Después de haber confesado nuevamente mi déficit de atención, vuelvo a orar, pero el ciclo continúa. Luego pienso en que debo mejorar mi agradecimiento y hago una lista de cosas por las que debo dar gracias, pero hacerlo, rara vez, mitiga mi ansiedad y por motivos razonables. No importa cuán larga sea la lista, nada garantiza que pueda evitar mis nuevas suposiciones apocalípticas. ¿Y ahora qué? Acabo de tratar de poner en práctica uno de los clásicos pasajes sobre la ansiedad y no funcionó. ¡Ajá! Ese es el punto. Estaba buscando una píldora; fui a ver a Dios «mi farmacéutico» y le pedí que se llevara mi ansiedad. No obstante, así no es como funciona la Escritura. Debí haberme dado cuenta de ello cuando reduje el pasaje a una fórmula. La Escritura se trata del Dios trino; de conocer y de confiar en una persona. Es más, nuestras fórmulas podrían alejarnos de esa persona y hacer que confiemos en una serie de pasos que debemos seguir. Volvamos al pasaje y busquemos al Príncipe de Paz (Is 9:6).

El Señor está cerca

Mandamientos como «por nada estén afanosos» normalmente vienen después de haber dado una razón por la cual no tenemos que afanarnos. En este caso, la razón se encuentra en el versículo anterior: «El Señor está cerca» (Fil 4:5). Eso cambia todo. El énfasis no se encuentra en la forma en que oramos, sino que en el Dios que se ha acercado, que escucha y que está con nosotros. La única cosa que podría separarnos de su amor y de su presencia son nuestros pecados, pero éstos han sido lavados por la sangre de Jesús. ¿No es verdad que, en las situaciones aterradoras que enfrentamos, la presencia de otra persona puede aliviar nuestros temores? El temor no necesita una serie de pasos impersonales; necesita una persona. Si entran solos a un lugar oscuro y desconocido, temen. Si le dan la mano a alguien mientras están en ese lugar, su temor se alivia. Si somos consolados con la presencia de un simple ser humano, que es menos fuerte y menos valiente que nosotros, ¿cuánto más lo seremos con la presencia del Cristo reinante? Éste es el camino hacia la paz y el consuelo. Mediten en Emmanuel, «Dios con nosotros». Recuerden que se nos dio el Espíritu de Jesús (Jn 14:27). Él no está limitado por un cuerpo físico que lo restringe a estar en un sólo lugar y con una sola persona a la vez. Él está con todo el pueblo de Dios todo el tiempo.

Emmanuel nos dará maná

Pero, ¿qué hará cuando él esté con nosotros? ¿Nos dará el dinero que necesitamos? ¿Destruirá a la persona que quiere hacernos daño? ¿Evitará que nuestros hijos sufran algún accidente? Sabemos bastante bien que la respuesta a estas preguntas es «no siempre». Sabemos que el pueblo de Dios sufre cosas malas. Así que, aunque él es el Dios Todopoderoso, ¿qué diferencia hace su presencia cuando no usa siempre su poder en la forma que a nosotros nos gustaría? Sentimos que nos dejaron donde comenzamos: confiando en un par de pasos que esperamos nos hagan sentir más en paz. Dios debe decir algo más. Y sí, hay más. En primer lugar, debemos entender que cuando Dios dice que él está presente (o que escucha, que ve o que recuerda), está diciendo que él está haciendo algo. Él no es un espectador pasivo. En segundo lugar, esto es lo que él está haciendo: él nos da lo que necesitamos cuando lo necesitamos (Mt 6:19-34). En el Nuevo Testamento, él dice que nos dará la gracia que necesitamos. Esa gracia es parte de una tradición que comenzó con la aparición del maná para los israelitas que lo necesitaban. En los momentos de problemas, Dios promete darnos el maná que necesitamos. Él incluso explica con lujo de detalle cómo va a suceder esto (Ex 16). Hay momentos en los que nos sentimos como viajeros desamparados en el desierto sin mucha esperanza de obtener comida y agua. Entonces, Dios nos dará el maná en el momento que lo necesitemos. No nos dará tanto, de modo que sobre para guardar para mañana porque, si es así, comenzaremos a confiar en el maná en vez de confiar en Emmanuel. Dios hace una promesa. Él nos dará el maná —o la gracia— cuando lo necesitemos, pero no antes. Esto significa que si anticipamos el futuro en base al maná que nos sobró hoy, que es nada, estaremos ansiosos. Lo que no estamos considerando en nuestra anticipación de las cosas es que recibiremos nueva gracia cuando la necesitemos. Esto debe sonar familiar. Piensen en los momentos en que sintieron temor frente a una situación que no resultó tan mal como habían anticipado: se les dio maná cuando lo necesitaron. Piensen en momentos cuando algo particularmente difícil los sorprendió. Aunque fue algo doloroso, recibieron la gracia para resistir con fe. Sufriremos adversidad en la vida; de eso no hay duda. La Escritura no nos ofrece un reino que nos libre del dolor. Sin embargo, el Rey sí promete que estará con nosotros en cada prueba que enfrentemos y que nos dará el maná que necesitemos para que podamos conocerlo mejor, confiar en él, vivir por él y ser transformados cada vez más a la semejanza de Jesús sin importar los desiertos que debamos atravesar en la vida. En otras palabras, él nos dará el mejor de los regalos cuando necesitemos ayuda. El maná nos estaba apuntando a algo mucho mejor (Dt 8:2-3); nos apuntaba hacia el Pan de Vida que saciará nuestra hambre de tal forma que no sintiéramos más hambre dos horas después. El maná nos estaba señalando a Jesús y a lo que se nos da en su muerte y resurrección. ¿Ven alguna conmovedora esperanza? Lo opuesto a la ansiedad es la esperanza. La ansiedad anticipa que el maná no vendrá; la esperanza, que Dios estará con nosotros y nos dará algo mejor que el maná. ¿Dónde encaja la paz entonces? La paz es la compañera de la esperanza.

La humildad es el camino

La esperanza y la paz no llegan sin una pelea. Desde luego, Dios se complace en trabajar la esperanza y la paz en nosotros, pero lo hará gradualmente. Vienen a medida que meditamos y nos alimentamos de la Escritura, a medida que nos alimentamos en Cristo y seguimos clamando por maná y gracia. El reino de Dios avanza a través de la debilidad y de la dependencia en el Rey, no por medio de victorias rápidas e incruentas. Si se sienten un poco débiles, probablemente estén en el camino correcto. El don de la humildad es esencial en esta batalla contra el temor y la ansiedad. Encaja perfectamente, ¿no es así? En nuestra ansiedad, generalmente estamos preocupados por las cosas que amamos. Queremos tener el control. Queremos tomar los asuntos en nuestras manos para proteger nuestro futuro, pero nos damos cuenta de que es imposible manejar las posibles eventualidades. Queremos proteger nuestro reino. Al vernos ansiosos, nos parece que nuestra agenda es mucho más importante que la de Dios. Podrían darse cuenta de que han adoptado una interpretación propia del mundo de Dios en vez de someterse a sus claras palabras respecto a su amor y su cuidado. Así es como el apóstol Pedro une la humildad con la ansiedad: «Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a su debido tiempo, echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes» (1Pe 5:6-7). Él nos está pidiendo que hagamos sólo una cosa: humillarnos a nosotros mismos ante él. La humildad se expresa al poner nuestras ansiedades sobre aquel que es poderoso y confiable. Cuando los miedos de un niño no son mitigados por los intentos de consuelo de un padre, en esencia lo que el niño está diciendo es que cree que el monstruo que está debajo de la cama es más fuerte que sus padres o que a sus padres realmente no les importa su bienestar. El miedo del niño muestra su falta de confianza o de seguridad en el padre. En contraste, la humildad escucha la voz de los padres y cree que se puede confiar en ellos, aun cuando la evidencia sugiere que las circunstancias están fuera de control. La humildad dice, «creo en ti más de lo que creo en lo que mis ojos ven o en lo que mi mente imagina»; la humildad es sumisa. Esto quiere decir que la simple información o conocimiento no traerá paz. Es más, debemos responder a lo que escuchamos con humildad y confianza.

Busquemos la paz para la gloria de Dios

Hay pasos para llegar a tener paz, pero son un poco diferentes a los pasos que damos cuando seguimos una receta. Estos pasos son completamente personales: conocer al Dios que se acerca, esperar un mejor maná y caminar ante él en humildad. No se rindan en la búsqueda de la paz. La paz nos hará sentir mejor, lo que es algo bueno, pero hay algo mayor en juego. En un mundo en donde la verdadera paz parece imposible, queremos ser embajadores que dicen que sí está disponible únicamente en el Príncipe de Paz. Sin duda, esto le dará la gloria a Dios.
Este artículo fue originalmente publicado por Ligonier Ministries en esta dirección. | Traducción: María José Ojeda
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Las adicciones y la idolatría
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Las adicciones y la idolatría

“Quiero”: así comienzan las adicciones. Luego, de a poco, quiero se convierte en necesito. No existe definición reconocida para la palabra adicción, pero gran parte de las definiciones que se proponen para ella comparten un núcleo común. Las adicciones son búsquedas compulsivas de un objeto deseado o de un estado de la mente generalmente inconsciente a las inevitables consecuencias dañinas de esas búsquedas compulsivas. La mayoría de las definiciones también incluyen la forma en que los comportamientos adictivos cambian los patrones cerebrales subyacentes. Cada caída en la adicción es única. Hay miles de formas de caer en esta esclavitud. Sin embargo, existen observaciones generales que pueden ayudarnos a entender y a ser personas mejor preparadas para ayudar a aquellos que tienen adicciones. Los adictos normalmente buscan una experiencia física alterada –mientras más rápida y más intensa sea, mejor–. Por lo tanto, los estimulantes, la cocaína, los narcóticos, los opioides, los sedantes y el alcohol son populares. La comida –especialmente «los alimentos reconfortantes» (los que se ingieren para mejorar el ánimo)– también están en la lista, pero no tienen la eficacia o la intensidad de las sustancias prescritas o ilegales. Por otro lado, el sexo produce una las experiencias sensoriales más potentes. De por sí, se ha buscado a lo largo de la historia de la humanidad y ha conducido a muchas tragedias, tanto para los adictos como para aquellos que los aman. Debido a que el sexo es de fácil acceso tanto en persona, en revistas, como en forma digital, todo lo sexual es una tentación que lleva a la adicción. Las redes sociales y los videojuegos son objetos de deseo más recientes. Pueden llegar a ser tan dominantes que las escuelas primarias ya están patrocinando semanas en donde los niños voluntariamente dejan de lado el tiempo frente a una pantalla. Las redes sociales adquieren poder a través de su promesa de conexión social y de estar «actualizados» más que «en el pasado». Los videojuegos provocan una estimulación neurológica en el cerebro que excede cualquier cosa que pueda experimentarse en una conversación común y corriente o con un buen libro. Aunque el desatado corazón humano siempre está gritando, «quiero» y «quiero más», en algunas culturas las adicciones son más prominentes que en otras. Con el fin de maximizar nuestro potencial adictivo como seres humanos, una cultura debe incluir un énfasis en la libertad individual y la indulgencia personal, y las sustancias adictivas más comunes tienen que estar fácilmente disponibles. El tiempo de ocio es un una ventaja en este caso. En este escenario, las adicciones florecerán y se multiplicarán. Estas son observaciones generales bien conocidas y no dependen de una revelación especial. Existen otras, por otro lado, que solo están disponibles a través de los ojos de la Escritura. La perspectiva más esencial de la Escritura sobre las adicciones es que éstas se tratan de Dios. Las sustancias adictivas se convierten en “nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Sal 46:1). Si bien es común que en las discusiones sobre la adicción se hable sobre la espiritualidad, normalmente no se habla sobre confiar en el único y verdadero Dios y no reflejan el hecho de que las decisiones adictivas se tratan de Él. Aunque los estudios generalizados sobre las adicciones mencionan la necesidad de disculparse, nunca mencionan el arrepentimiento ante el Señor. La naturaleza de búsqueda de Dios que se encuentra en la adicción está perfectamente envuelta en la explicación bíblica de la idolatría. Ahí se encuentra el deseo obstinado del ser humano y mucho más.
En primer lugar, las circunstancias importan en la idolatría (la adicción).
La historia trascendental respecto a esto llega durante el éxodo de Egipto. El corazón humano es, como lo ilustra Juan Calvino, una perpetua fábrica de ídolos que no necesitan provocación para llevar a cabo su trabajo. No obstante, los tiempos de inseguridad y aflicción entregan un incentivo ideal. En otras palabras, generalmente, se pueden identificar las pruebas y tentaciones que preceden a la idolatría obvia. En el desierto, el pueblo tenía poca comida y agua, todos tenían la posibilidad de morir y su líder, que se había ido a la montaña con Dios y no podían contactarlo. Tal escenario fue conductor para que los israelitas cayeran en idolatría. En medio de las pruebas y de las tentaciones, el rasgo más común que se identifica en las adicciones modernas es que algunas personas están predispuestas para las adicciones, y esta predisposición se afianza más con la adicción misma. La Escritura no se opone a esta idea, especialmente cuando la predisposición se toma como un factor contribuyente más que una causa irresistible. Sin embargo, como es de esperar, la Escritura tiene más que decir al respecto. La Biblia agrega al «mundo» como otro factor de influencia en las adicciones. Esto incluye formas en que la cultura, los amigos, los medios de comunicación, los profesores o los padres pueden contribuir en las adicciones. Tomemos en cuenta, por ejemplo, aquellos que crecen en un vecindario en donde las personas más respetadas son traficantes de droga. Por otro lado, consideremos la influencia de un hogar en donde la pornografía está disponible y es aceptable. Estas tentaciones son más de lo que la mayoría de las personas pueden soportar. Sin embargo, con más frecuencia, el poder del mundo no nos agarra de la garganta; más bien, ejerce su influencia a través de conversaciones casuales que sugieren que la buena vida se encuentra en seguir nuestros deseos. La Escritura también incluye los sufrimientos de la vida como una provocación para las adicciones y en este punto nos acercamos a la historia en el desierto. La vida es dura y está llena de problemas. Casi cada momento es un recordatorio de que algo está torcido en nuestro mundo. En respuesta a esto, buscamos socorro. Los únicos lugares posibles para encontrar refugio son Dios mismo o algo de su creación. Los adictos van a la creación en vez de al Creador. Cuando tomamos en cuenta estos sufrimientos en el cuidado de un adicto, a menudo descubrimos victimización, rechazo, vergüenza y muchas más tristezas. Las conversaciones con ellos, como resultado, deben tratar sobre el consuelo y el amor de Dios por los desposeídos y menos de la relación con la sustancia adictiva. Las adicciones, al menos en el comienzo, tienen sus razones. Son una forma de sobrellevar la vida –a veces, una muy difícil– por nuestra propia cuenta. Personas sabias que ayudan a adictos van al detalle de la historia de esa persona para ver qué fue lo que ayudó a provocar esa adicción.
En segundo lugar, la idolatría (la adicción) se trata del deseo.
El Antiguo Testamento se centra en la adoración de ídolos propiamente tal, mientras que el Nuevo Testamento apunta hacia los deseos que sustentan la idolatría. Resulta, pues, que somos personas de deseos, amores y antipatías. Nuestros deseos pueden ser buenos o idólatras e incluso naturales. Por ejemplo, debemos desear y amar a Dios por sobre todo lo demás (Dt 6:5) –ese es el mejor de los deseos–; por otro lado, somos propensos a desear lo que otros tienen –un deseo codicioso o idólatra–; y por último, se le dijo al pueblo de Dios que en la Tierra Prometida podrían comer lo que sea que desearan (Dt 12:20) –un deseo natural–. Los deseos idólatras, normalmente, comienzan desde la semilla del deseo que es natural y apropiado cuando se mantiene bajo control. Estos deseos pueden ser finanzas adecuadas, salud, hijos obedientes, inclusión, placer, descanso y justicia. La perspectiva clave de la Escritura es que esos deseos normales e incluso buenos tienen una tendencia a crecer (Stg 1:15). A medida que adquieren fuerza, batallan en nuestra contra como un gigante suelto que encuentra poca satisfacción (Ef 4:19; Stg 4:1). En cualquier momento nuestros deseos se apartan de Dios y nuestros corazones querrán más. Este cambio en el foco de ídolos físicos a los deseos subyacentes nos lleva de inmediato a la red de la idolatría. Antes de poner nuestra mirada en las idolatrías que llaman más la atención, como las drogas, el sexo y el alcohol, la Escritura nos recuerda ídolos del día a día: las personas y el dinero. Vivimos por el respeto y la aprobación de otros (Pr 29:25) y estamos obsesionados con nuestros ingresos (Mt 6:24). Muchas de las idolatrías más obvias se construyen sobre esos dos objetos de adoración. Personas sabias que ayudan a quienes están en adicción saben que ellos mismos tienden a deseos idólatras y que, como los adictos, pueden refugiarse en esta rica enseñanza sobre el deseo y su cura.
En tercer lugar, la práctica de la idolatría es esclavitud y es trágica.
Conforme avanza el tiempo, los idólatras toman características del objeto amado. De por sí, los idólatras se convierten en personas cada vez más vacías a medida que imitan algo que no tiene vida; mienten porque lo que ellos siguen promete cosas que no puede entregar (Is 44:20), y su vida termina en una tragedia (Pr 23:29-35). La fuente del poder del objeto no es clara, puesto que es una simple piedra o un palo de madera. Sin embargo, detrás del palo hay un mundo de gobernantes y autoridades que traman algo junto al diablo. Aparentemente, el diablo está complacido con ser adorado por medio de sus representantes. La adicción, por lo tanto, es una esclavitud voluntaria. Los adictos toman decisiones, pues ellos están en control. Están comprometidos con la forma en que manejan su vida. No obstante, también están esclavizados y fuera de control. Están dominados por el triunvirato del mundo, la carne y el diablo. Es por esta razón que los expertos en adicción no esperan hasta que alguien pida ayuda para intervenir, porque no hay nada que traiga claridad o faculte a una persona esclavizada y fuera de control.
En cuarto lugar, la liberación de la idolatría (adicción) comienza en el ministerio de Jesús y continúa a medida que confiamos en Él, que descubrimos todos los beneficios de la cruz y la resurrección y que recibimos el Espíritu de Jesús.
Dios comenzó a llamar a su pueblo para que deje la idolatría desde el Edén. Este trabajo, sin embargo, se tornó inconfundible cuando Jesús fue al desierto en nuestro lugar y confió en su Padre en medio de las más terribles pruebas y tentaciones. Más adelante, como el perfecto sustituto por medio de su obediencia activa y pasiva, Él llevó el castigo de la ley y ascendió a los cielos para llevarnos al Padre y darnos el Espíritu Santo de poder. Ahora, en Cristo, somos capaces de pelear contra los viejos amos que nos esclavizaban en vez de sucumbir ante lo inevitable. La batalla parece avanzar poco a poco y el encanto de los viejos dioses puede sentirse más de lo que quisiéramos, pero, con la comunión de la iglesia de Cristo, podemos fijar nuestros ojos en Jesús e insistir en conocerlo hasta que podamos decir junto con el salmista «¿a quién tengo en los cielos, sino a ti? Fuera de ti, nada deseo en la tierra» (Sal 73:25), y hasta que nuestros amigos sean bendecidos y puedan decir, «... se convirtieron de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero» (1Tes 1:9). El pueblo de Dios ha recibido las palabras de Dios. Estas palabras abren nuestros ojos para que podamos ver cómo aún fabricamos ídolos de todo tipo. Estas palabras nos apuntan a Jesús, por quien podemos conocer y proclamar entre nosotros, con paciencia y amabilidad, al Dios que habla la verdad y da vida en abundancia.
Este artículo fue originalmente publicado por Ligonier Ministries en esta dirección.
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Dos estrategias desaprovechadas para tratar la adicción
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Dos estrategias desaprovechadas para tratar la adicción

Las adicciones continúan aumentando; el dominio propio no es valorado aún; y la estrategia que utilizamos como nación para enfrentar estos problemas es la medicación. Cada día hay más personas que son esclavizadas por una gran variedad de sustancias y actividades. A las obsesiones sexuales se agrega el consumo de drogas ilícitas; luego, el de estupefacientes prescritos; después, la ludopatía; y otras cosas que vendrán más adelante. Teniendo esto en mente, como iglesia tenemos un proyecto eterno: extraer de la Biblia observaciones actuales aplicables a las adicciones modernas y llevarlas a quienes son esclavos de ellas. Muchas de estas observaciones se encuentran en el área de la enseñanza bíblica sobre la idolatría. Esto trata cómo los seres humanos consienten con determinación sus deseos —adoramos ídolos porque pensamos que nos satisfarán— y son dominados por ellos. Tenemos el control, pero al mismo tiempo no es así. Dentro de esos dos polos existen muchos temas bíblicos importantes.  A continuación, compartiré sólo dos de ellos:

Identificar la oscuridad espiritual detrás de las mentiras

La idolatría abre nuestros ojos a las lealtades escondidas dentro de las adicciones. Todo en la vida es personal; sin embargo, hay dos opciones: estamos conectados con Dios o forjamos una alianza con el anti-dios y su imperio que se cae a pedazos. Una expresión de esta alianza es la mentira. Las mentiras son comunes en cualquier adicción, y la Escritura revela dónde se originan: “cuando [Satanás] miente, expresa su propia naturaleza, porque es un mentiroso. ¡Es el padre de la mentira!” (Jn 8:44). Si eres una persona adicta, ser consciente de que mientes te permite tener un foco en medio de una vida dispersa. Cuida tus palabras. Por cada mentira que has dicho, existen muchas más que ni siquiera recuerdas. Y cuando mientes, significa que a ti también te han mentido y has caído en ese engaño. Por eso, busca a alguien con quien puedas hablar franca y honestamente. Si quieres ayudar a personas con adicción, haz lo que puedas para crear una cultura que se deleite en la franqueza y la honestidad. Por ejemplo, si alguien confiesa voluntariamente una adicción y la forma en la que la ha encubierto, no es sólo un tiempo de dolor para la familia y los amigos, sino que también es un tiempo en el que podemos estar agradecidos por la obra del Espíritu en su vida. Quien una vez fue un esclavo ahora está comenzando a hablar el idioma de Dios y dejando el de Satanás.

Enfrentar la vergüenza

Las personas adictas pueden ser complicadas. Aunque están entregados a deseos excesivos, generalmente están atravesando por más cosas. Por ejemplo, quienes aseguran amarlos los rechazan y los tratan como si no importaran, lo que los llena de vergüenza. Sin una clara vía de escape, las adicciones pueden ser un medio temporal pero efectivo para evitar la vergüenza. Incluso si la vergüenza no es evidente para alguien que está en busca de un ídolo, ciertamente dominará su vida una vez que la adicción ya esté asentada. La práctica de la idolatría, en sí misma, con la traición, la mentira, el robo y la esclavitud que trae, es denigrante y vergonzosa. Si quieres ayudar a que una persona adicta enfrente su vergüenza, júntense a leer uno de los evangelios. Vean la vida de aquel que nació para la vergüenza y se identificó con aquellos que eran marginados por otros. Mírenlo tocar a quienes eran dignos de vergüenza y comer con ellos. Obsérvenlo identificarse con ellos para que ellos pudieran identificarse con él por fe. A cada momento, lo que esperamos de Jesús es que se aparte y que no se contamine con los dignos de vergüenza. Sin embargo, al contrario de lo que esperamos, lo que realmente pasa es que él siempre nos invita, siempre nos sorprende, y siempre nos ofrece una relación con él en donde encontramos purificación, protección y pertenencia. A medida que seguimos la historia juntos, ya no se trata de una persona sobria que le habla a una persona adicta; al contrario, somos dos personas viendo realidades hermosas que nos tomará el resto de nuestras vidas poder entender; somos personas que están siendo cambiadas. Éstas, por supuesto, son sólo dos de las muchas enseñanzas esperanzadoras que emanan de la muerte y la resurrección de Jesús y que pueden atraer a alguien que está atrapado en la adicción. Sin embargo, ambas enseñanzas son poderosas, pero desaprovechadas.
Ed Welch. ©2015 Desiring God Foundation. Sitio web: desiringGod.org Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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El corazón de la depresión
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El corazón de la depresión

Las causas de la depresión espiritual dependen de cómo entiendas el concepto. Si la palabra espiritual se restringe a indicar una depresión causada por el pecado, no necesitamos seguir buscando una causa. Asumamos, sin embargo, que toda depresión es espiritual, lo cual, de hecho, es cierto. La depresión es una experiencia dolorosa que típicamente se describe usando imágenes de vacuidad, oscuridad, peso, y aun del propio infierno. Cualquier cosa así de dolorosa, sin importar la causa, siempre es espiritual. Esto no significa que la depresión siempre sea causada por el pecado, pero indudablemente suscita preguntas espirituales y da ocasión a una abierta lucha espiritual. Puedes estar seguro de que, en el transcurso de ella, el pecado se convertirá en un lazo.

Las teorías que abordan la depresión como un desequilibrio químico han reducido la competencia del término depresión espiritual, y quienes controlan nuestros términos habitualmente controlan la discusión. Una buena forma de empezar a buscar una causa es extendiendo la depresión espiritual a su dimensión original. ¿Cuál es, entonces, la causa de la depresión? Esto es similar a preguntar por la causa del sufrimiento. Hay al menos cinco causas diferentes. Primero, podemos causarla nosotros mismos. Causas de depresión pueden ser nuestro propio pecado, la incredulidad o una preferencia por la interpretación nuestra en vez de la de Dios. Segundo, nuestra depresión puede ser causada por otras personas. Ciertamente, una dieta regular de palabras desalentadoras emitidas por quienes supuestamente nos aman puede contribuir a la depresión al igual que la violación sexual y la vergüenza que produce. Tercero, la depresión puede ser causada por nuestros cuerpos. Éstos no pueden generar desesperanza o pérdida de propósito, pero pueden alterar nuestro sueño, nublar nuestro pensamiento, y hacernos experimentar las sensaciones físicas de la depresión. Cuarto, se podría decir que Satanás puede causarla también. Puede afligir el cuerpo y acumular acusaciones sobre la conciencia sensible. Y quinto, Dios está sobre todo, incluyendo el sufrimiento y la depresión. Podemos decir que la permite, y aun que en ciertas ocasiones la decide. De estas cinco causas, las que más nos interesan se hallan en nosotros mismos —nuestros propios corazones— y nuestros cuerpos. Con respecto a la segunda, para generar una depresión los pecados de otras personas deben comúnmente mezclarse con una falta de perdón o un estado de incredulidad. En cuanto a la cuarta, las huellas dactilares de Satanás pueden estar en la depresión pero no es esencial comprender los detalles de su influencia. Con respecto a la quinta, Dios es soberano sobre todo, pero cuando preguntamos por las causas, habitualmente pensamos en las causas más inmediatas que Él usa para sus propósitos. Causas físicas. Las causas que más atención han concentrado en las últimas décadas han sido físicas. La depresión puede ser causada por enfermedades conocidas tales como el mal de Parkinson y el hipotiroidismo, y varios de los medicamentos que se prescriben pueden causar depresión como un efecto secundario. No obstante, las actuales discusiones sobre las causas físicas de la depresión se refieren a algo diferente: asumen que la causa de la depresión es un desequilibrio químico en el cerebro. Todos los medicamentos antidepresivos se dirigen a estos supuestos desequilibrios químicos. Es evidente que los cerebros de las personas deprimidas son químicamente diferentes a los de quienes no están en esa condición. Somos personas con cuerpos. Todo lo que pensamos, sentimos y hacemos está grabado en el tejido neuronal de nuestros cerebros. Piensa en cosas buenas, verdaderas, y hermosas, y tu cerebro manifestará una cierta huella química; permítete imágenes pecaminosas, y la huella será otra. Esas diferencias químicas, sin embargo, no son las causas. Son manifestaciones físicas que acompañan al pensamiento. No nos hacen tener pensamientos piadosos ni pecaminosos. La investigación de la depresión avanza de cara al mismo fenómeno. Aun si pudiera demostrar una diferencia entre los cerebros de los deprimidos y los no deprimidos, no podría decir si dichos cambios son una causa o una consecuencia de la depresión. Sin embargo, la investigación de las causas físicas que concurren en la depresión no ha avanzado hasta ese punto. En este momento, los investigadores aún están buscando diferencias químicas definitivas en el cerebro deprimido. El siguiente es un resumen objetivo de estas posibles causas físicas: En algunas personas, la depresión parece empezar por el cuerpo. Puede surgir sin motivo aparente y no tener una relación directa con la condición espiritual de la persona. Aunque la fe en Cristo puede fortalecer a quienes la experimentan, dicha fe no calma la tormenta emocional. Para muchos otros, la depresión se entremezcla con diversos problemas de la vida. Incluye frecuentemente ira, temor, culpa, vergüenza, carencias o una combinación de todo. La desesperanza casi siempre está presente. Los medicamentos pueden aliviar los sentimientos y efectos físicos de estas experiencias pero no necesariamente llegan a las raíces del problema. Causas espirituales. La desesperanza por sí sola puede revelar las raíces espirituales de una depresión. La desesperanza no es un problema físico sino espiritual. Pierde de vista que, en los propósitos del reino de Dios, Él incluso usa los sufrimientos para alcanzar sus fines. La desesperanza conoce la introducción del Salmo 22 («Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?») pero lo entona con un dejo de frustración y no consigue llegar al final del salmo. Toma cualquier problema espiritual —ira, temor, inseguridad, culpa, o vergüenza— e impídele oír y responder a la verdad y el consuelo del Evangelio: El resultado, en personas susceptibles, puede ser la depresión. Las emociones son un tipo de lenguaje: dicen algo. Escucha lo que dice la depresión. A veces simplemente dice: «Siento dolor». En estos casos, las causas de la depresión no son claras. Otras veces, sin embargo, puedes oír al corazón gritar: «Quiero…», «tengo miedo», «no estoy bien», o «soy un fracaso». Esto puede señalar que la depresión responde a causas espirituales, o al menos, que el dolor de la depresión ha revelado cuestiones de dicha índole. Discernimiento. ¿Cómo puedes determinar si la depresión tiene una causa física o espiritual? La respuesta, en un principio, puede ser decepcionante, pero es, en verdad, muy profunda: No es necesario discernir la verdadera causa. Puedes atender eficazmente a alguien sin conocer el origen. El caso prototípico es Job. Job soportó el más duro de los sufrimientos y nunca se enteró de la causa. Entendió que una causa era la intrusión del mal, pero en sus preguntas jamás lo menciona. Su pregunta básica es: «¿Soy yo la causa, o no?» La respuesta de Dios no consistió en asignar porcentajes a diferentes causas. En lugar de eso, Dios simplemente declaró ser el Soberano en quien se podía confiar. El sufrimiento severo no constituye esencialmente un tiempo para especular sobre las causas: es un tiempo para confiar en Aquel que está por encima del sufrimiento; un tiempo para conocer el consuelo de Dios (2 Corintios 1) y confiar en sus caminos. Desde esta perspectiva, el sufrimiento y la depresión provienen, a veces, de causas físicas, y otras, de causas espirituales. No obstante, siempre se tratan de la relación de la persona deprimida con Dios. ¿Confiaremos en Dios en medio de nuestro sufrimiento? Esto no significa que buscar una causa sea erróneo o vano. Significa, no obstante, que no siempre habrá una causa clara. Cuando no la hay, debemos confiar en Dios, andar por fe —alentados por el pueblo de Dios— y arrepentirnos del pecado que ha quedado expuesto. También, si es posible, tenemos libertad para tratar de minimizar nuestro sufrimiento. Orientación del ministerio. La forma más sabia de acercarse a la depresión es categorizarla como sufrimiento y, al menos inicialmente, permanecer agnóstico sobre sus causas. Acércate a quienes sufren y camina con ellos. Ora por el alivio de su sufrimiento. Procura ofrecer palabras de aliento. Ten en cuenta que, cuando la depresión afecta los sentimientos, a veces las personas ni siquiera pueden imaginar algo bueno —como el amor—. En tal caso, tienen que aprender con mayor profundidad la habilidad de andar por fe. Deben desconfiar de las interpretaciones ateas o deístas que fluyen naturalmente de la depresión y aprender a vivir por las palabras de Cristo (Deuteronomio 8:2-3). A lo largo del camino siempre serán laceadas por «el pecado que nos asedia» (Hebreos 12:1). Las personas deprimidas, al fin y al cabo, son como todas las demás. A medida que se aferren a Cristo con fe y se arrepientan del pecado que ha quedado expuesto, podrán, de hecho, notar que su depresión se aligera. Si este es el caso, en la base puede haber habido una causa espiritual. Sin embargo, quienes ayudan con sabiduría no necesitan hacer tales conexiones. Sólo tienen que atender con amor y habilidad a quienes atraviesan algunos de los peores momentos del sufrimiento humano. La única vez en que puede ser útil diagnosticar una causa física es cuando alguien consulta por medicación psiquiátrica. Si la causa física existe, la medicación puede estar justificada, pero si no existe, no podría justificarse menos. Aquí, sin embargo, tampoco necesitamos encontrar una causa definitiva. En este momento, encontrar una causa física definitiva es imposible. No hay exámenes médicos que revelen un desequilibrio químico. La analogía más cercana es que, para algunas personas, la medicación funciona como la aspirina: puede aliviar los síntomas, pero no necesariamente tratar las causas. Las personas, por supuesto, son libres de tomar medicamentos, pero estos deberían incluir una advertencia: Los medicamentos no pueden abordar asuntos espirituales. Pueden ayudar a que una persona duerma y aliviar parte de su dolor, pero no tienen la capacidad de edificar la fe. Con demasiada frecuencia, quienes toman medicamentos adoptan la perspectiva médica que los acompaña, es decir, que la causa de la depresión es el cuerpo físico. Ellos, así, están menos inclinados a pelear la batalla espiritual que inevitablemente acompaña la depresión, y tardan más en volverse a Cristo en busca de fuerza espiritual. No importando la causa de la depresión, la realidad más profunda es que el sufrimiento, a este lado de la cruz, tiene el fin de redimirnos. Cuando los que sufren entienden que Dios asigna un propósito al sufrimiento, tienden a detenerse antes de buscar medicación psiquiátrica. 
Este artículo fue originalmente publicado por Ligonier Ministries en esta dirección. | Traducción: Cristian Morán
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COVID-19: ¿ansioso por el dinero?
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COVID-19: ¿ansioso por el dinero?

 
Título original en inglés: “COVID-19: Anxious about money?”

Es el virus… y  es el dinero. Por favor, no tomen esto como una indiferencia hacia los peligros médicos. Los peligros son reales y amenazan de igual modo tanto a los mayores como a los jóvenes. No obstante, asimismo, el dinero está escondido detrás de gran parte de nuestra ansiedad y, en este momento, nuestro dinero también está bajo amenaza. La economía se está agitando, las cuentas de jubilación han bajado muchísimo, miembros de la familia están desempleados y no hay trabajos a la vista. Y si es que es verdad que la mayoría de nosotros tiene un fondo de emergencia de USD$500 o menos, estamos en problemas. Hablé con tres personas por teléfono ayer. Uno seguía a Jesús, otro apreciaba a Jesús pero no a la iglesia de Jesús y la otra persona llamó desde una consulta médica para cancelar mi cita. Cada uno de ellos estaba aterrado por la incertidumbre respecto a las finanzas y me pidieron oración. La desesperación puede hacer eso. Puede llevarnos más profundamente a la independencia o puede recordarnos que tenemos mucho menos control del que pensamos y que necesitamos ayuda de Aquel que está en control. Estas tres personas reconocieron esto y querían a Jesús y su ayuda. Estas conversaciones me llevaron a las palabras de Jesús respecto al dinero (Mt 6:19-34). Aquí hay algunas que se destacan. «¿No son ustedes de mucho más valor que ellas [las aves del cielo]?». Esta pregunta se encuentra en el centro de la enseñanza de Jesús sobre la preocupación y Él espera que tú respondas. ¿Crees que eres más valioso para Jesús que las aves? O, dicho de otra manera, ¿crees que Él te ama? Por supuesto, sabes la respuesta correcta, pero a veces la respuesta no parece marcar mucho la diferencia. Las palabras: «te amo… y tienes un gran valor para mí...» suenan bien, pero no pagan las cuentas. Con el fin de poner tu corazón en el lugar correcto, necesitas practicar tanto el escuchar su pregunta como el dar una respuesta honesta. Así que practica. Plantéate a ti mismo la pregunta a lo largo del día y antes de que des la respuesta «correcta», considera por qué tiene tan poco peso. Luego, imagina (ve por fe) que estás completamente seguro en el afecto y en el cuidado de tu Padre. ¿Eso marcaría la diferencia? Sí, eso marcaría la diferencia. Imagina la vida hoy con un poco más de confianza en que tu Padre te conoce y te ama más de lo que ama y conoce a las aves. «El Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas [las necesidades básicas de la vida]». Puesto que eres especialmente valioso para tu Padre, Él sabe y recuerda lo que necesitas. Tus necesidades están grabadas en su corazón. Esto debería sonar verdadero porque incluso los padres humanos saben lo que necesitamos. Yo me sentía independiente a una corta edad. Siempre tuve trabajos, compraba lo que necesitaba y asumí que la universidad sería mi única responsabilidad. Sin embargo, la independencia es un mito. Recuerdo los momentos en los que mi automóvil dejaba de funcionar, y los automóviles nunca dejan de funcionar cuando es conveniente. Recuerdo que mi papá aparecía, a horas extrañas en la noche, encargándose de la grúa y solucionando los detalles que yo no preví. Sin ninguna queja; feliz de hacerlo. Él estaba atento a mis necesidades. Y probablemente yo tenía diecinueve años cuando me di cuenta de que él estaba pagando el seguro de mi automóvil. Tu Padre celestial conoce tus necesidades y tus preocupaciones económicas. «Conoce» significa que Él está activo, en este momento, resolviendo los detalles. Esto te da libertad para enfocarte en otros asuntos. «Busquen primero su reino». Jesús está diciendo algo como esto: puesto que tu Padre se preocupa por el mañana, dale tu atención al hoy —eres un compañero crucial en la misión de tu Padre y hay tanto que hacer—. Tus temores siempre deambulan hacia el futuro y están llenos de predicciones del día del juicio final. Sin embargo, nunca imaginas un futuro con Dios en él. Como resultado, tus predicciones son imprecisas. Por lo tanto, déjale el futuro a tu Padre y vuelve a este día. Ora para que su voluntad se haga hoy. Ora para que ames a Dios y a tu prójimo hoy. La misión que Él te da nunca se detiene por las circunstancias de la vida, incluso al estar confinado en casa. Aún implica confesión, fe, amor, oración, perdón y búsqueda del perdón de otros; decir «no» a las tentaciones y terminar un proyecto que dijiste que terminarías. Mañana tendrá su afán. Incluso Jesús dice esto. En lugar de preocuparte, busca su gracia para esos problemas mañana. Ahora, ¿cómo vas a orar hoy?

Señor, hoy mis necesidades se sienten apremiantes y fuertes en mi corazón, pero confío en que Tú las conoces y te preocupas por ellas. Te agradezco porque no estoy solo en esto. Nunca entenderé por qué te preocupas por mí, pero creo en que lo haces. Aunque aún no sé cómo proveerás, quiero enfocarme en tus planes para mí hoy. Por favor, ayúdame.


Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.
Esta traducción tiene concedido el Copyright © (14 de mayo, 2020) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “COVID-19: Anxious about money?” Copyright © 2020 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

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El temor y la fe unidos
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El temor y la fe unidos


Título original en inglés: “Fear and Faith Conjoined
¿El temor y la ansiedad son malos? Las respuestas que escuchamos no son siempre claras. Estas pueden dejarnos con un resonante «algo así» o «a veces», que no ayudan a las personas que ya se sienten  inseguras y menos espirituales que otras. Si esperas que el crecimiento espiritual te haga menos temeroso y te libre de la ansiedad, entonces estás suponiendo que los temores y la ansiedad son pecados que simplemente están esperando ser removidos. En respuesta, te quedan dos opciones: culpa eterna de bajo nivel o maneras de lidiar con el temor por cuenta propia, lejos del Señor. Lo que es claro en la Escritura es que vivimos en un mundo que tiene amenazas inagotables y que el Señor hace frente a tu temor (no con llamados al arrepentimiento, sino que con consuelo). Por tanto, con mayor crecimiento espiritual esperamos que la fe y el temor se unan en lugar de que el temor sea erradicado. Cuando aparezcan los temores, la fe está justo ahí al lado de ellos. El Salmo 56 es una guía útil para este delicado proceso. El salmista puso sus temores en palabras y, luego, habla inmediatamente de su confianza en el cuidado y en la presencia de Dios. Verbalizamos nuestros temores y nuestra confianza al mismo tiempo. Los extremos del lamento se encuentran con la confianza espiritual, de un lado a otro.
Ten piedad de mí, oh Dios, porque el hombre me ha pisoteado; Me oprime combatiéndome todo el día. Mis enemigos me han pisoteado todo el día, Porque muchos son los que con soberbia pelean contra mí. El día en que temo, Yo en ti confío. En Dios, cuya palabra alabo, En Dios he confiado, no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre? (Sal 56:1-4)
Hay temores sobre él. No es la imaginación de un día distante. Después de su declaración de confianza en el Señor, él vuelve a sus abrumadoras circunstancias.
Todo el día pervierten mis palabras; Todos sus pensamientos contra mí son para mal. Atacan, se esconden, Espían mis pasos, Como esperando para quitarme la vida. Por causa de la iniquidad, arrójalos, En tu ira humilla a los pueblos, oh Dios (vv. 5-7)
Con el temor y la fe como compañeros unidos, el salmista, entonces, vuelve a centrar sus ojos en una realidad más profunda. Dios recuerda incluso el intermitente descanso de su pueblo. Y Él nunca recuerda simplemente, Él actúa. Él se complace en estar para ti; Él es tu Dios.
Tú has tomado en cuenta mi vida errante; Pon mis lágrimas en Tu frasco; ¿Acaso no están en Tu libro? Entonces mis enemigos retrocedieron el día en que yo te invoque. Esto sé: que Dios está a favor mío (vv. 8-9).
Entonces, repite su estribillo anterior.
En Dios, cuya palabra alabo, En el Señor, cuya palabra honro; En Dios he confiado, no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre? (vv. 10-11)
¿Qué puede hacer el enemigo? Bastante. Sin embargo, ningún enemigo puede refrenar a Dios de recordar y de actuar por nosotros. Ningún enemigo triunfará finalmente. Incluso la misma muerte no impedirá que estés en la presencia y en la misericordia de Dios. Por tanto, mientras buscamos miniliberaciones en la vida diaria y total liberación y justicia venidera, damos gracias.
Están sobre mí, oh Dios, los votos que te hice; Ofrendas de acción de gracias te ofreceré. Pues Tú has librado mi alma de la muerte, Y mis pies de tropiezo, Para que yo pueda andar delante de Dios En la luz de la vida (vv. 12-13)
La ausencia de temor, mientras tanto, espera la era que vendrá.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.
Esta traducción tiene concedido el Copyright © (06 de agosto, 2020) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “Fear and Faith Conjoined” Copyright © 2020 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.
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¿Qué está haciendo Dios?: la tentación de sobreinterpretar el sufrimiento
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¿Qué está haciendo Dios?: la tentación de sobreinterpretar el sufrimiento


Título original en inglés: “What Is God Up To?: The Temptation to Overinterpret Suffering
«¿Qué crees que está haciendo Dios? ¿Por qué está permitiendo esta pandemia?», él preguntó. Luego agregó: «sé que has pensado mucho sobre esto». No había pensado sobre eso. Estaba «cómodo» con mi esposa; teníamos bastante que hacer y le dejé a ella los detalles de las noticias de la COVID-19. Sin embargo, las preguntas que me hicieron (que son más globales que personales) tocaron algo importante. Esta pandemia es la primera situación en la que muchos de nosotros nos hemos visto enfrentados a un problema particular que afecta a casi todos, y que ha provocado que pensemos más en los caminos de Dios. Aunque las respuestas en el cuerpo de Cristo tendrán énfasis diferentes, existen al menos tres asuntos en los que podemos tener un acuerdo común. Como iglesia de Cristo, debemos estar de acuerdo en que: 1. Tendemos a sobreinterpretar el sufrimiento. Hay algo respecto a la mente humana que prefiere respuestas. Cuando nos suceden acontecimientos que nos cambian la vida, a menudo los interpretamos como mensajes altamente personales. Hacemos esto con otras personas. Cada persona cuyos problemas son conocidos por la comunidad de una iglesia recibe interpretaciones «bíblicas» específicas para el problema, o se le pregunta: «¿qué está intentando enseñarte Dios?». Hacemos lo mismo con las luchas comunitarias y nacionales. Quizás queremos sentir algún tipo de control al conocer las causas precisas. Tal vez queremos encontrar una misión y propósito únicos. Probablemente, vemos cómo el Antiguo Testamento hace conexiones entre el comportamiento humano y las consecuencias divinas y asumimos que nosotros, que tenemos el Espíritu, debemos ser capaces de hacer conexiones similares. Cualquiera sea la razón, sobreinterpretamos el sufrimiento. En nuestro peor momento, creemos que el sufrimiento de otras personas es la disciplina de Dios sobre ellos. Paralelamente, nos preguntamos si nuestros problemas indican el juicio de Dios sobre nosotros como su iglesia o si es que Él está plantando señales ocultas en nuestro sufrimiento que nos llevarán a tomar mejores decisiones y así volver a tener su favor. Preferimos las respuestas. Sin embargo, esas no son respuestas que nosotros podamos tener. Nuestro dolor presente y frecuente es un tiempo para que nosotros reconozcamos que somos meros humanos, hijos débiles y dependientes ante nuestro Padre, que está obrando en el sufrimiento y que tiene un amor constante que nunca termina (Lam 3:22)[1]. Eso es suficiente. Si queremos más detalles, sabemos que el Reino de Dios ha venido en Cristo, pero crece gradualmente, en conflicto con el reino oscuro, y este conflicto está sobrepuesto en la creación gimiente con sus virus en constante mutación. Más allá de esto, nuestras dificultades comunes y corrientes no son un tiempo para intentar leer la mente de Dios. Al contrario, son un tiempo para crecer en confianza y humildad ante Él. 2. Nuestro objetivo es, y continúa siendo, conocer a Cristo. Desde ese lugar seguro y sano de humildad y dependencia, nos disponemos a conocer más a Jesucristo. En mi lectura cronológica de la Escritura, estaba en Jueces cuando la pandemia nos golpeó y quería descontaminarme de las atrocidades que aumentaban con cada juez. Qué mejor manera de refrescarse que ir al apóstol Pablo y ser arrastrado por sus cartas pastorales sobre Jesús. Dadas las dificultades presentes, pensé que era necesario algo que fuera especialmente grande para auxiliar mi alma, algo que tuviera a toda la creación a la vista, tanto lo visible como lo invisible. Así que llegué a Colosenses. Justo en el primer capítulo, Pablo no puede dejar de decir el nombre de Jesús. Jesús creó todas las cosas, Él es la cabeza de la Iglesia y la sostiene; Él reconcilió a quienes estaban alejados de Dios por medio de su crucifixión. Y si estás buscando misterios revelados, no busques más allá de cómo Él acercó a los judíos y a los gentiles hacia Él y que su Espíritu, que reside en nosotros, produce esperanza de gloria. «Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud, y por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz, por medio de Él, repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos» (Col 1:19-20). Cuando sentimos como si estuviéramos en la oscuridad y necesitáramos un conocimiento más interpretativo, miramos a Jesús, meditamos en su amor sacrificial y hablamos de esto a otros a medida que también aprendemos de ellos. Hacer esto no responderá nuestras preguntas inmediatas sobre qué es lo que está pasando en el mundo, pero ayuda a responder una pregunta aún mayor: ¿cómo puedo conocer y confiar en Aquel que creó todas las cosas y estableció su curso? 3. Nuestra respuesta a una crisis es andar en sabiduría espiritual (Col 1:9). Desde el Cristo exaltado a los detalles de la vida diaria (ese es el camino por el cual Pablo siempre viaja). Él ora para que andemos dignos de nuestro alto llamamiento en Jesús, agradándolo, dando fruto a través de palabras y obras, y siendo fortalecidos «para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo» (Col 1:11). Luego, resolvamos los detalles específicos. Muéstrale bondad a tu prójimo, pídele perdón a alguien de tu familia, canta canciones de adoración, ora por las necesidades de otros, lee la Escritura en voz alta, trae orden al lugar donde vives, considera cómo podemos mostrar generosidad a aquellos que sufren mayor necesidad, y la lista continúa. Así es cómo respondemos a una crisis. Rara vez hemos compartido una crisis internacional como la COVID-19. Resalta como una carga común para todos nosotros. Mientras que su impacto parece rogar por percepciones e interpretaciones únicas, las explicaciones reservadas son lo mejor. Luego, nota lo que Dios realmente está haciendo. Por ejemplo, la pandemia ha estado acompañada por un aumento significativo de personas que se conectan a los servicios de adoración transmitidos en vivo, en busca de alimento para sus almas. Con esto en mente, oremos para que este tiempo fortalezca a la iglesia y haga a Jesús más famoso en el mundo.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.
Esta traducción tiene concedido el Copyright © (21 de agosto, 2020) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “What Is God Up To?: The Temptation to Overinterpret Suffering” Copyright © 2020 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

[1] Lamentaciones no tiene una interpretación específica: el pueblo de Dios ha abandonado sus votos del pacto y el templo fue destruido por los babilonios. Estoy extrayendo de Lamentaciones un hilo conductor que atraviesa diferentes tipos de sufrimiento.

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Las pequeñas decisiones importan: discernimiento para la vida cotidiana
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Las pequeñas decisiones importan: discernimiento para la vida cotidiana


Título original en inglés: “Small Decisions Matter: Discernment for Everyday Life
 La vida se encuentra en los detalles. Escuchen cómo C. S. Lewis describe la importancia de nuestras pequeñas y cotidianas decisiones.
Tanto el bien como el mal aumentan a interés compuesto. Esa es la razón de que las pequeñas decisiones que ustedes y yo [tomamos] cada día sean de tan infinita importancia. La más pequeña de tus buenas acciones de hoy implica ocupar una posición estratégica desde la cual, en unos meses más, quizás puedas obtener victorias con las que nunca soñaste. Ceder de manera aparentemente trivial a la lujuria o a la ira hoy día, es la pérdida de una colina o una línea de ferrocarril o una cabeza de puente desde las cuales el enemigo puede lanzar un ataque que de otra manera habría sido imposible[1].
Aunque nos preocupamos por grandes decisiones (trabajos, cambios en la familia, la jubilación), la acción se encuentra en las pequeñas e interminables decisiones. Esta mañana, desperté y tuve que decidir entre el ejercicio o una relajada taza de café. Escogí el café. Luego, siguieron otras decisiones. ¿Es necesario tomar una ducha y apurarme? ¿O debo confiar en el desodorizador de habitaciones que está en mi oficina? ¿Ordeno algunas cosas del desorden que hago en la mañana? ¿O debo decirle a mi esposa que ordenaré cuando vuelva a casa, cosa que probablemente no haré? ¿Y qué ocurre con mi lectura bíblica? ¿Dónde encajará dentro de mi día? ¡Uf! Puedo escuchar el estribillo sobre el valor de los devocionales matutinos en mi cabeza. Mientras hago el corto viaje en mi automóvil a CCEF, ¿tolero un poco de queja porque tuve que detenerme debido a un largo y lento tren o confieso mi queja? Solo ha pasado una hora de mi día, aún estoy en piloto automático, y todavía tengo que conectarme (ahí las decisiones realmente entran rápidas y furiosas). Cientos de otros juicios y momentos de discernimiento vendrán antes del almuerzo. Aunque apenas soy consciente de ellas, su efecto acumulativo es lo que constituye mi carácter personal (ellas son yo) y los juicios afectarán a muchos otros. Ser humano es hacer juicios y escoger un camino por sobre otro. La historia del Edén anunció esta característica esencial de nuestra humanidad cuando el Señor nos enseñó a discernir cómo vivir cerca de un árbol particular: el árbol del conocimiento del bien y del mal. Entonces, comenzó: ¿este camino o ese camino? ¿Justos a los ojos de Dios o justos a nuestros propios ojos? Dos caminos. Uno es autodestructivo; el otro, está lleno de vida. Nuestras vidas ahora están desbordándose con juicios diarios de nosotros mismos y de nuestro mundo. Estos juicios determinan nuestro curso y traen consecuencias eternas. Las distinciones que hacemos entre el bien y el mal son fundamentales. La Escritura nos ruega que estemos alertas a estos puntos de decisión. Y luego existen distinticiones muy pequeñas que debemos hacer entre lo que es bueno y lo que es mejor; entre lo que es malo y lo que es peor. En el mejor de los casos, todos estos puntos de decisiones tienen sus desafíos. Sin embargo, agreguemos el deseo humano y las distinciones entre el bien y el mal que una vez fueron obvias y que ahora son borrosas o incluso se derrumban, a medida que el mal es juzgado como bien. ¿Quién entre nosotros puede andar en sabiduría? No obstante, esta es una era cuando Jesús, el segundo Adán, fue tentado en el desierto y discernió correctamente la diferencia entre el bien y el mal. Ahora, a medida que confiamos en nuestro campeón y en su poder, podemos ir vivos a la tarea aparentemente incomprensible e imposible del discernimiento cuidadoso. El apóstol Pablo nos advirtió: «Por tanto, tengan cuidado cómo andan; no como insensatos sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos» (Ef 5:15-16). Cuando miramos cuidadosamente, dos caminos siempre se hacen visibles. Queremos ser lo suficientemente hábiles para ver el camino sabio de la vida y luego tomarlo. Por tanto, reduzco la velocidad y comienzo donde estoy. Pido gracia para ver cuidadosamente, para discernir sabiamente. Recuerdo las advertencias comunes que inevitablemente preceden mi necedad, y establezco algunos objetivos pequeños para la tarde. Señales de advertencia a tener en mente
  1. Las decisiones cuidadosas requieren trabajo. Puedo ser perezoso. Despierta.
  2. Está atento a los indicios de queja o de actitud defensiva. Estas son claras señales de que mi compromiso al discernimiento piadoso ha disminuido.
Pequeños buenos pasos 
  1. Quiero ser paciente y amable con la persona frente a mí. Sé un siervo. No tengo que estar en lo correcto.
  2. Prepararé mis pensamientos para mi esposa de camino a casa. ¿Cuáles fueron los puntos más altos de mi día? ¿Los desafíos?
Señor Dios, quiero estar más despierto. Quiero ver lo que es bueno; quiero ver lo que está vacío y sin vida. Quiero discernir en los detalles. Por favor, hoy, ahora, dame gracia para poder andar con cuidado.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.
Esta traducción tiene concedido el Copyright © (30 de septiembre, 2020) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “Small Decisions Matter: Discernment for Everyday Life” Copyright © 2020 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

[1] C.S. Lewis, Mero cristianismo (Santiago de Chile, Editorial Andrés Bello, 1994), 111-112.
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¿Por qué parecemos ser tan negativos respecto a los medicamentos psiquiátricos?
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¿Por qué parecemos ser tan negativos respecto a los medicamentos psiquiátricos?


 Título original en inglés: “Why Do We Seem Negative About Psychiatric Medications?
Siempre hemos hablado de los medicamentos psiquiátricos en términos de sabiduría: a veces es sabio usarlos; otras veces no lo es. No obstante, si sigues las citas de investigaciones seculares que hemos publicado como CCEF, normalmente identificamos las publicaciones que nos muestran las limitaciones de los medicamentos y, por lo tanto, a lo largo del tiempo, parecemos ser negativos. Bien, ¿qué creemos realmente? Si pensamos que el uso de medicamentos puede ser sabio, ¿por qué citamos sistemáticamente las limitaciones en lugar de los beneficios? ¿Realmente creemos que es un asunto de sabiduría? Sí, lo creemos. No es correcto ni incorrecto, bueno ni maligno. Busca asesoramiento informado de familiares y profesionales médicos, y toma una decisión. Entonces, ¿por qué citamos las limitaciones? Por tres razones: En primer lugar, como consejeros tendemos a ver a personas que toman algún medicamento, pero que no les ha sido muy útil; aún experimentan mucha angustia. También vemos a quienes llegaron a ser dependientes de ansiolíticos y están sufriendo debido al proceso de abstinencia. Es cierto que el tamaño de nuestra muestra no es grande. Ciertamente, sabemos que hay muchas personas que garantizan la utilidad de un medicamento y eso nos lleva a la siguiente razón. En segundo lugar, los beneficios de los medicamentos están bien publicitados; las limitaciones no. Constantemente, recibimos mensajes positivos acerca de los medicamentos por medio de la publicidad, de amigos y de colegas. Sin embargo, estos mensajes exageran los beneficios y quitan importancia a las limitaciones (a menos que presten cuidadosa atención al emisor que transmite un mensaje a toda velocidad al final del comercial). Por tanto, creo que un par de palabras de advertencia entregan un contrapunto útil. En tercer lugar, hay algo teológico ocurriendo aquí. Si tu visión de las personas es que somos cuerpos en esencia y nada más, entonces los medicamentos son el principal medio de cambio. Sin embargo, si crees que el corazón humano es un lugar lleno de lealtades, de esperanzas frustradas, de deseos exagerados, de dolores profundos y de todo tipo de motivaciones contradictorias, entonces tu atención será llevada a donde está la acción. Todavía tienes un intenso interés en el cuerpo y en aliviar el sufrimiento físico siempre que sea posible, pero también sabes que puedes crecer en contentamiento, esperanza y amor aun en medio de las enfermedades. Los problemas físicos rara vez pueden evitar que crezcamos en piedad. Mientras más atraído estás a las complejidades de la experiencia humana, menos atraído estarás a la importancia de los medicamentos psiquiátricos. La consejería bíblica no es única en esto. Por ejemplo, las terapias existenciales, que también creen que existe un montón de cosas ocurriendo dentro de una persona, parecen estudiar los medicamentos en general en lugar de especializarse en ellos. Noten cómo funciona esto en una persona en particular. Dos personas luchan con ansiedad. Una no tiene conocimiento de cómo el corazón (la persona interior) impacta la ansiedad, y por lo tanto, piensa primero en aliviar los síntomas no deseados con medicamentos. La otra persona comienza con: «Señor, ayuda». Y luego un mundo interminable de hermosas palabras y promesas comienzan a brotar de la Escritura. La experiencia de la ansiedad no desaparece, pero la noticia de que Dios entiende la ansiedad y que tiene compasión de los ansiosos, ofrece muchas cosas buenas. Trae esperanza y consuelo, y, de alguna manera, hace que la experiencia sea menos angustiante. Tendemos a pensar en los medicamentos cuando estamos atascados, sin poder acudir a ningún otro lugar, pero esta persona aún ve mucho más por delante. ¿Podría considerar los medicamentos? Sin duda. Sin embargo, no tendrán el mismo lugar de privilegio. Podrá ser útil para algunos síntomas, pero no para otros. Estos pueden ser asuntos complejos y es difícil ofrecer una perspectiva general como esta sin plantear muchas otras preguntas, pero espero que suene fiel a la Escritura, que comprenda la experiencia humana y que sea compasiva.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.
Esta traducción tiene concedido el Copyright © (30 de septiembre, 2020) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “Why Do We Seem Negative About Psychiatric Medications?” Copyright © 2020 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.
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¿Podemos ser positivos respecto a los medicamentos psiquiátricos?
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¿Podemos ser positivos respecto a los medicamentos psiquiátricos?


Título original en inglés: “Can we be positive about psychiatric medications?
 Él tiene 42 años y su médico le sugirió que podría ser de ayuda tomar Ritalín o uno de sus equivalentes. Así que lo probó y le ayudó. «No hubo nada mágico al usarlo, pero noté una diferencia casi inmediata. Sentí mi cerebro más claro y más ordenado. Mi esposa ha notado la diferencia también». Mi primera respuesta fue simple: «eso es genial». Mi segunda respuesta fue: «por favor, cuéntame más». Él es un hombre bíblicamente pensativo y perspicaz y me entusiasmaba aprender de él. La consejería bíblica puede ser positiva respecto a los medicamentos. Depende, en parte, de la persona o del grupo que tengamos en mente. Por ejemplo, si pienso en mi padre, que estuvo sobremedicado, diría una cosa. Si pienso en otro miembro de mi familia,  a quien los medicamentos psiquiátricos lo ayudaron, enfatizaría  la utilidad de los medicamentos. Aquí tengo al menos dos grupos en mente con los que quiero ser positivo: Grupo 1: las personas con trastornos psicóticos y sus familias. «Psicosis» es un término general que incluye delirios, alucinaciones y otras experiencias mentales graves que dificultan o imposibilitan trabajar o relacionarse. La esquizofrenia, el trastorno bipolar e incluso la depresión pueden llegar a la psicosis. Los medicamentos psiquiátricos han callado las voces de la esquizofrenia, han disminuido las tormentas del trastorno bipolar y han aliviado las presiones de la depresión. Los medicamentos no son siempre exitosos con estos síntomas, pero ¿y qué? Le sugeriría a familias y amigos qué sería sabio animar (¿rogar?) a las personas que tienden a la psicosis a ver a un psiquiatra y a tomar los medicamentos que el psiquiatra les recomiende. Grupo 2: aquellos que se sienten inseguros, culpables o avergonzados porque ellos o sus hijos están tomando medicamentos. Me gustaría pensar que no hemos agravado su dolor, pero sospecho que este grupo ha oído algunos comentarios de consejería bíblica que los han hecho sentir peor. Si los medicamentos son de ayuda, incluso un poco, esto es lo que yo diría: «eso es genial». Si sientes que has fracasado espiritualmente porque estás tomando medicamentos, te diríamos: «de ninguna manera. ¿Por qué piensas eso?» (la mayoría de mis colegas dirían algo menos abrupto). Luego intentaríamos razonar cómo la Escritura misma no te está dando una razón para sentirte como un fracasado. Si te sientes como un fracasado porque tu hijo está tomando medicamentos psiquiátricos, suponemos que has trabajado más duro en tu crianza que diez otros padres juntos. Esperamos que no estés juzgando tu éxito en la crianza al compararte con el padre cuyo hijo se sienta en silencio, obtiene siempre las mejores notas, hace sus tareas sin supervisión, rara vez se frustra y es dócil y obediente. ¡Probablemente la crianza tuvo poco que ver con eso! Algunos niños son simplemente difíciles. Las estrategias que funcionaron para algunos padres no necesariamente funcionarán para ti. Para empeorar las cosas, recibirás una lluvia interminable de consejos, que te dejarán enojado, porque sientes que debes hacer todo lo que puedas por tu hijo y los consejos a menudo son contradictorios. Esperamos que no agregues la culpa por los medicamentos a esa lista. Al contrario, el éxito se establece al decir: «Señor Jesús, ayúdame a mí y a mi hijo»; el éxito no se mide al tener una zona libre de medicamentos en tu casa. En resumen, la sabiduría sobre este tipo de decisiones puede tomar diferentes formas en distintas situaciones. Una directriz divina sería buena: «haz esto o toma esto y todo va a estar bien». Sin embargo, nuestro Padre  tiene un mejor camino. Confesemos nuestra necesidad, consideremos relevante la enseñanza bíblica, busquemos el consejo de otros, tomemos decisiones difíciles, aprendamos de lo que ayuda, evitemos aquello que hiere y sabremos que Dios está con nosotros. Para algunos de nosotros, una decisión positiva respecto a un medicamento será una sabia consecuencia de este proceso. Para más información sobre este tema, lee: “Listening to Prozac…and to the Scriptures: A Primer on Psychoactive Medications” [Escuchando al Prozac… y a la Escritura: un manual básico sobre medicamentos psicoactivos] escrito por Mike Emlet en el Volumen 26:1 del Journal of Biblical Counseling[1].
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.
Esta traducción tiene concedido el Copyright © (22 de octubre, 2020) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “Can We Be Positive About Psychiatric Medications? Copyright © 2020 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

[1] Disponible solo en inglés.
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Sufriendo de camino hacia la vida
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Sufriendo de camino hacia la vida


Título original en inglés: “Suffering to Life
Siempre interpretamos nuestro sufrimiento. Un hombre dijo: «así es la vida», en respuesta a la muerte de su hijo de cinco años. En otras palabras, como todo en la naturaleza, nacemos y morimos: así es la vida; la vida es para morir. Todo sufrimiento está dirigido hacia la muerte. Puedes imaginar que la respuesta de este hombre manifestaba su dolor, pero estaba gobernada por el fatalismo. Después del entierro, él continuaría con su vida y sin mirar atrás, pues él también se encamina hacia la muerte. Toma el sufrimiento; agrega aislamiento. Ahora recuerda que el sufrimiento humano, cuando es experimentado lejos de Jesús, es un mensajero que anuncia que la muerte traducirá toda la vida en algo carente de sentido. Ese es un sufrimiento miserable. Sin embargo, cuando alguien es resucitado de la muerte, y cuando nuestras vidas están atadas a la de Cristo, la interpretación del sufrimiento cambia. Sin duda, sufrimos. Ahora agrega, no aislamiento, sino participación y comunión con Cristo. En el sufrimiento, llegamos a conocerlo mejor. Nuestra relación con Él crece. Agrega más: una cosa es tener comunión en nuestro sufrimiento; otra completamente diferente es que esa comunión se profundice después de la muerte. Todo nuestro sufrimiento se dirige hacia la vida, no a la muerte. La muerte no tiene la última palabra. Puesto que estamos en Cristo, estamos siendo llevados irresistiblemente hacia la vida. Esto es, somos llevados a su vida inmortal. El apóstol Pablo escribe:
Por Él lo he perdido todo… a fin de ganar a Cristo… y conocerlo a Él, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, llegando a ser como Él en su muerte, a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos (Fil 3:8, 10-11).
Pablo siempre parece ir un paso más allá de nosotros, que es lo que preferimos en alguien que nos guía a través de experiencias desconocidas. Él nos recuerda que la comunión y el compañerismo son el sello de la vida cristiana y que permanecen disponibles para nosotros en el sufrimiento. En Cristo, puesto que nuestras vidas están unidas a Él por medio de la fe, siempre nos dirigimos hacia la vida. Sí, existen muchas sorpresas y miserias en el camino, demasiadas «maneras» (3:11, NTV) que nos mueven hacia esa vida de resurrección, pero es vida. Jesús dijo: «Mi propósito es darles una vida plena y abundante» (Jn 10:10). La muerte misma no interferirá con esta vida prometida. El sufrimiento es capaz de sacar el «esto o aquello» de la naturaleza de la vida humana. Nos dirigimos hacia la muerte o hacia la vida. Sin embargo, nosotros, que hemos llegado a conocer a Cristo, somos bendecidos al saber cuál es nuestro destino. Somos peregrinos que andamos con La Vida y nos dirigimos hacia La Vida. Que Dios nos dé ojos para ver tales cosas.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.
Esta traducción tiene concedido el Copyright © (3 de diciembre, 2020) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “Suffering to Life” Copyright © 2020 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.
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Para los temerosos y ansiosos
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Para los temerosos y ansiosos


Título original en inglés: “For the Fearful and Anxious
Cuando estamos temerosos o ansiosos, normalmente nos sentimos solos y pensamos que Dios está callado, lo cual es irónico dado que justamente Él está actuando de manera opuesta. De hecho, la Escritura —la comunicación de Dios con nosotros— derrama palabras y promesas pronunciadas a las personas temerosas y ansiosas. Como una madre que sigue hablándole a su hijo durante una larga caminata por un oscuro camino con el fin de asegurarle al niño de su presencia, así nos dice nuestro Padre: «escuchen mi voz», y sigue hablando y hablando. Nuestro dilema no está en su silencio; está en cómo detenerse en uno o en dos de los cientos de pasajes que Él nos habla. A continuación, compartiré dos lugares donde detenerse: el primer pasaje es para cuando necesitas dirección inmediata; el segundo, requerirá oración y práctica.

Cuando necesitas algo inmediatamente

En emergencias, cuando los temores y las ansiedades son fuertes e incesantes, considera estas palabras del apóstol Pedro.
Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a su debido tiempo, echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes (1P 5:6-7).
«Humíllense». Esas son palabras llamativas. Dios es Dios y nosotros nos sometemos a su control soberano. No intentamos dilucidar nuestras circunstancias; simplemente confiamos en Él. Habacuc captura esto bien: «Pero el Señor está en su santo templo: Calle delante de Él toda la tierra» (2:20). Estas palabras son lo suficientemente potentes para interrumpir al corazón ansioso y callar la proliferación de escenarios apocalípticos.

Cuando quieras esperanza y dirección a largo plazo

El siguiente pasaje habla a la ceguera parcial que acompaña a la mayoría de nuestros temores y ansiedades. Los temores solo ven en parte. Ven que podríamos perder algo que apreciamos, algo como nuestro dinero, nuestra salud o la salud de alguien que amamos. Ven el potencial de pérdida con una agudeza microscópica. Sin embargo, no ven la presencia de Dios, no ven su fidelidad a sus promesas, no se fijan en las realidades invisibles, sino que son dominados por aquello que simplemente el ojo puede ver (2Co 4:18). Eliseo nos da palabras para nuestra oración: «Señor, abre mis ojos, por favor».
Y cuando el que servía al hombre de Dios se levantó temprano y salió, vio que un ejército con caballos y carros rodeaba la ciudad. Y su criado le dijo: «¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos?». Y él respondió: «No temas, porque los que están con nosotros son más que los que están con ellos». Eliseo entonces oró, y dijo: «Oh Señor, te ruego que abras sus ojos para que vea». Y el Señor abrió los ojos del criado, y miró que el monte estaba lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo (2R 6:15-17)
Este tipo de vista se llama fe. Es nutrida en el tiempo por medio de la alimentación de la Escritura, orando y buscando en oración, aprendiendo de otros, cuyas vistas son más agudas, y conociendo a Jesús. Rara vez la vista por fe viene inmediatamente, como ocurrió con el siervo de Eliseo, pero es más o menos eso. Con remedios rápidos perdemos el beneficio de la perseverancia del día a día y la sabiduría que resulta de ello. Estos dos pasajes han sido útiles personalmente y los recomiendo, pero hay veintenas de otros que podrían ser mejores para ti. Nuestra tarea es escuchar esas palabras ahora, escucharlas y meditar en ellas, hablar sobre ellas con nuestros amigos. Luego, cuando los temores y las ansiedades se apoderen de nosotros (y lo harán) escuchemos a nuestro Dios hablar y hablar.
Una versión previa de este artículo fue publicada en la página web de Biblical Counseling Coalition el 9 de junio de 2015 [en inglés].
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (23 de diciembre, 2020) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “For the Fearful and Anxious” Copyright © 2020 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

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El sufrimiento: paso uno
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El sufrimiento: paso uno


Título original en inglés: “Suffering, Step One
 «¿Por qué?». «¿Por qué yo?». Estas preguntas, junto con montones de variaciones, tienden a ser nuestra primera respuesta a las dificultades. A veces, reflejan temor: «¿hice algo mal? ¿Me están castigando?». A veces reflejan enojo: «¿¡por qué me estás tratando de esta manera!? ¡Esto duele!». Cualquiera sea la forma, a menudo complicamos nuestro sufrimiento con todos los análisis. Estas preguntas no son correctas ni incorrectas, pero la mayoría de las preguntas que hacemos durante el sufrimiento no nos llevan por un camino sabio y fructífero. En el mejor de los casos, nos hacen ver como un personaje de dibujos animados cuyas piernas corren, pero aún no tienen tracción. Todo lo que hacen es dejarnos en un agujero que se hace cada vez más profundo. El primer paso sabio que dar, cuando el sufrimiento llama a tu puerta, es «[...] andar humildemente con tu Dios» (Mi 6:8). Ten cuidado aquí. No pienses que estás sufriendo porque eres arrogante, y por tanto esa es la razón por la que el primer paso es humillarse. Al contrario, este es el primer paso que dio Jesús, y tú debes seguirlo.
Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a su debido tiempo, echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes (1 Pedro 5:6-7). 
  • Humíllate
  • Bajo la mano poderosa de Dios: Él es Señor
  • Él tiene cuidado de ti: Él es su Padre
Piensa en Job como un modelo. Sus sufrimientos fueron intensos: su cuerpo se cubrió de llagas, sus hijos murieron y perdió todas sus posesiones. Ningún análisis iba a explicarlo; era un caos indescifrable. Estaba completamente en la oscuridad, solo crudo dolor y aislamiento. ¿El tratamiento? Por medio de preguntas paternales tiernas, pero implacables, se le enseñó que Dios es Dios y que nuestro objetivo en el sufrimiento no es obtener respuestas, sino someternos a su señorío. Dios es nuestro Creador; nosotros somos sus criaturas. Dios es nuestro Padre; nosotros somos sus hijos que vivimos bajo su cuidado. La humildad es el camino a la sabiduría. La humildad es el camino al contentamiento en medio del confuso sufrimiento. Considera a Jesús.
«Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22:42, [énfasis del autor])
Sigue adelante y hazte preguntas. Cuando examines los Salmos, verás que ofrecen una libertad significativa en la forma en la cual hablamos con el Señor en nuestros sufrimientos. No obstante, hazte estas preguntas después; «no se haga mi voluntad, sino la tuya». En este paso, el tiempo lo es todo. «Padre, Tú eres Señor. Tú das y Tú quitas, y yo confío en ti. Tú has determinado que tus hijos a veces saboreen el dolor de tu Hijo. Esto es muy difícil. Por favor, dame gracia y muéstrame misericordia y compasión. En ti confío».
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (15 de abril, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “Suffering, Step One” Copyright © 2012 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

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¿Cómo lidiar con la ansiedad escolar este otoño?
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¿Cómo lidiar con la ansiedad escolar este otoño?


Título original en inglés: “How Can I Handle School Anxiety This Fall
Soy profesor en una escuela y profesor de música instrumental. Estos días en que regresamos a la escuela sin estudiantes e intentamos enseñar música a través de una computadora, han sido los días que más nos han provocado ansiedad. Me encantaría escuchar los pensamientos o la sabiduría de alguno de tus escritores en relación a esto.
Mi primer pensamiento es: por favor, no te rindas. Cada profesor con el que he conversado ha sentido cargas sin precedentes durante este tiempo de pandemia: tecnología nueva y con fallas técnicas; estudiantes cuya atención flaquea; participación de los estudiantes que no es dinámica ni en vivo; más trabajo, que no parece tener mucho efecto fructífero. Y los profesores de música instrumental experimentan todo esto con más intensidad. Ustedes tienden a tener una participación más práctica en la sala de clases y eso se ha destruido. Todo lo que intenten no cumplirá sus expectativas. Estos son un par de pensamientos sobre las palabras de Dios para ti.

Conversa con Dios

En primer lugar, expresa tu confianza en el Señor hablándole. Esto puede ser difícil en momentos de estrés, porque parece algo demasiado lento y la ansiedad querrá una solución pronto. Reducir la velocidad es contraintuitivo. Sin embargo, Dios quiere que «derramen su corazón delante de Él» (Sal 62:8). Hablar con Dios es la manera en que comenzamos a echar nuestras cargas en Él (Mt 11:28). Así que junta un par de palabras y háblale. Comienza con una descripción de tu ansiedad. Probablemente, te sientas exhausto, si es que no al límite. Es probable que detestes sentirte no preparado en un escenario extraño. Podrías estar comenzando a tenerle pavor a tu trabajo. El Señor te invita a decirle esas cosas con honestidad. Él conoce tu corazón, pero articular esas cosas es importante para ti. Intenta seguir hablando. ¿Por qué crees que estás preocupado? La ansiedad puede ser difícil de rastrear, pero en este tiempo probablemente puedes identificar algunos factores que contribuyen a ella. Por ejemplo, tienes que prepararte para ponerte al día con la tecnología. Solo eso es suficiente para inquietarte: tienes más trabajo que hacer, pero sin el tiempo para hacerlo. Quizás querrás cavar aún más. Con frecuencia, en la raíz de nuestra inquietud se encuentra el miedo a encontrar o volver a encontrar el fracaso. En el año escolar anterior, probablemente te sentiste competente; ahora hay caos. Encima de eso, tu trabajo es público, todos pueden verlo. Si algo no sale bien, es tu culpa. Si tus niños no hacen nada, es tu culpa. Como la mayoría de las personas, quieres hacer bien tu trabajo, pero bajo estas circunstancias, parece poco probable que puedas hacerlo.

Escucha a Dios

Seguro sabes esto: tu Padre se acerca a ti con compasión. A Él le afecta lo que a ti te afecta. Él no solo te dice: «deja de idolatrar el éxito y la reputación», pues Él sabe que estás roto y Él te remendará con ternura (Is 42:3). En 2 Corintios, Pablo identifica un fracaso tras otro, una debilidad particular que dificulta su trabajo e iglesias que preferirían a alguien más impresionante para que las liderara. Sus palabras podrían parafrasearse de la siguiente manera: cuando te sientes realmente débil y no calificado, ahí es cuando la gracia de Dios es suficiente (2Co 12:9). El fracaso, dice el Señor, es una oportunidad. Gran parte del tiempo, podemos terminar nuestros días de trabajo dependiendo de nuestras propias capacidades. Sin embargo, nuestro Padre y Señor quiere mucho más. La verdadera vida es cuando dependemos de Él más que de nosotros, cuando reconocemos que somos débiles y Él es fuerte, cuando decimos simplemente: «Jesús, te necesito». Entonces, Pablo te apunta a Jesús: «[...] Él fue crucificado por debilidad, pero vive por el poder de Dios [...]» (2Co 13:4). Jesús te está llevando hacia Él. Esto es esperanzador, simplemente escapa a nosotros y sin duda no es trillado. Podríamos resumir muchas de las palabras de Dios para ti de esta manera: Él te está invitando a graduarte de ser un profesor que ha sido entrenado y que tiene capacidades naturales para enseñar, para ser un profesor por fe. Esto es parte de tu mayor llamado a andar por fe, el cual es la prioridad de todo cristiano. Si los detalles de ese viaje parecen confusos (y lo parecerán) reúne a un par de amigos para que puedan orar los unos por los otros.

Simplifica

Mientras estés profundizando en tu dependencia de Dios, hay un par de cosas prácticas que puedes hacer para tranquilizar tu ansiedad diaria. Lo primero es simplificar tus expectativas de ti mismo. Tu ritmo y objetivos normales para instruir no funcionarán en este tiempo. Si tuvieras que escoger solo un par de cosas importantes que tus estudiantes deben entender este año, ¿cuáles serían? Limita tu enfoque a las partes más críticas del currículum. En segundo lugar, simplifica tus expectativas para tus estudiantes. La mayoría, si es que no todos, se distraerán con la habitación donde están, los miembros de la familia que están a su alrededor, los textos que sus compañeros de clase enviarán. Y ellos también, junto con sus padres, están sintiendo una profunda ansiedad por este año escolar. Tu conducta calmada, a medida que tu corazón espera en el Señor para hacer la obra que Él ya está haciendo, puede ser tanto un regalo como un testimonio para ellos. Les enseñas música, sí. No obstante, puedes modelarle a tu comunidad escolar cómo echar tus cargas sobre el Señor (Sal 55:22), esa es lejos la mayor lección.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (15 de abril, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “How Can I Handle School Anxiety This Fall” Copyright © 2020 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

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Seis cosas que debes saber sobre el enojo
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Seis cosas que debes saber sobre el enojo


Título original en inglés: “Six Things to Know about Anger
Este artículo es parte de una serie para pastores sobre problemas que todos enfrentamos. Los otros problemas que se abordan aquí son el sufrimiento y el dolor de la vida, la culpa, la adicción, el temor y la vergüenza. Todo cristiano debe tener cada vez más sabiduría en cuanto a ellos.
Vi un acto homicida el otro día. Un auto se rehusó a doblar a la derecha con luz roja y el conductor del auto que le seguía en la fila se enojó. Su enojo comenzó con un corto bocinazo; luego, escaló a dejarse caer sobre la bocina; después, gritó palabrotas; hizo amenazas; pisó el acelerador; viró bruscamente rodeando el auto frente a él; casi chocó a otros dos autos y, sin duda, habría sacado un revólver si lo hubiese tenido a mano. Me quedé pensando en su familia. Un retraso de quince segundos en una luz roja fue suficiente para incitar su furia. ¿Qué pasaría si la cena no estaba en la mesa o los niños estuvieran haciendo un poco de ruido o no obtuviera la respuesta deseada cuando habló sobre el completo tonto que destruyó su día entero? El problema de este hombre con el enojo era obvio, pero nosotros no somos diferentes. Todos experimentamos enojo; está en todos. Por eso, no solo queremos llegar a ser expertos en desarmar a personas enojadas, sino que también a estar alerta respecto a nuestros propios corazones. Para comenzar, comparto seis cosas que la Escritura nos dice sobre el enojo.
1. El enojo es pecaminoso
Podemos estar justamente enojados, pero ya que identificamos como justa una pequeña fracción de nuestro enojo, necesitamos redondear las cifras. En otras palabras, no debemos tolerar nuestro propio enojo. Una vez que comenzamos a enfocarnos en las excepciones, identificaremos todo nuestro enojo como una excepción. Por tanto, podemos dejar esos matices para más adelante (El libro de David Powlison Good and Angry [Bueno y enojado] dice más sobre esto).
2. Las personas enojadas están ciegas a su enojo
Esto es aterrador: las personas enojadas son las últimas en saber que lo están. Están ciegos, como lo están aquellos que odian (1Jn 2:11). De lo que las personas enojadas sí están seguras es de que el problema radica en el objeto de su enojo, no en sí mismos. La regla general para las personas enojadas es que mientras más extremo es su enojo, más confiadas están de tener la razón y más inconscientes están tanto de las raíces pecaminosas de su enojo como de la disposición destructiva de él. Esto hace que el arrepentimiento y el cambio sean eventos poco comunes (si ni siquiera ves tu propio enojo y estás convencido de que estás en lo correcto, ¿cómo puedes cambiar?).
3. El enojo tiene muchas caras
Ya que la ceguera siempre está lista para apoderarse de nosotros, debemos estar alerta a los disfraces del enojo. En el Sermón del Monte, Jesús se enfoca en nuestra tendencia a reconfigurar la ley para que condene a otros, pero nos absuelva a nosotros. En respuesta a ello, debemos volver a las proporciones originales de la ley y ser condenados (Mt 5:21-22). Esto significa que el refunfuño y la queja diaria, el silencio hirviente o cualquier versión de darle la espalda a alguien en juicio, forman parte de la lista del enojo junto a las versiones más obvias y peligrosas.
4. El enojo es una asociación con el diablo
El enojo está específicamente conectado a Satanás. Es un contrato demoníaco que Satanás usa para esclavizar y perpetuar su dominio. Nota cómo las posturas defensivas y acusadoras del enojo son los primeros frutos de nuestras simpatías satánicas en el Jardín. Más adelante, Santiago identifica nuestro enojo como diabólico (Stg 3:15) y el apóstol Pablo está de acuerdo, pues dice que entrega una «oportunidad al diablo» (Ef 4:27). Esto nos ayuda a disipar la mentira de que nuestro enojo es una parte aceptable de la vida diaria y sin duda clarifica que no se debe jugar con él.
5. Jesús nunca estuvo enojado por ofensas personales
Observa a Jesús mientras los líderes religiosos lo tentaban e insultaban. Él no respondió con enojo. Aunque Él, ciertamente, sí se enojó en varias ocasiones, ese enojo siempre tuvo que ver con las injusticias perpetradas contra otros, en especial, cuando esas injusticias les impedían adorar verdaderamente. Él nunca se enojó cuando lo ofendieron personalmente. Esto no quiere decir que debemos quedarnos callados e inmóviles cuando experimentamos injusticia. Significa que las injusticias son un momento en el que necesitamos sabiduría para guiar nuestras respuestas y que el enojo pecaminoso nos dejará como necios que no pueden cosechar «justicia» (Stg 3:18) durante las inevitables injusticias  de la vida diaria.
6. Dios es celoso de las personas enojadas
Rara vez quieres ser el objeto de los celos porque alguien saldrá herido (Pr 27:4). Sin embargo, existe un flujo de celos que es raro y hermoso. Dice: «tú eres mío y te quiero de vuelta». Su estrategia para traerte de regreso no es una furia insensata, sino un amor persistente que tiene en cuenta tus mejores intereses. Esta es la respuesta celosa de Dios a una persona enojada. En el libro de Santiago dice: «Dios celosamente anhela el Espíritu que ha hecho morar en nosotros» (4:5). ¿Quién habría pensado que el Santo buscaría con pasión a la persona enojada y la invitaría a salir de la esclavitud para entrar a su Reino de paz? Podríamos decir mucho más (podríamos hacer una lista con cincuenta cosas que dice la Escritura sobre el enojo), pero estas seis al menos nos recuerdan que el enojo está en nosotros y en nuestras iglesias. El enojo también podría ser el más resistente de todos los problemas humanos porque las personas enojadas están esclavizadas, ciegas y confiadas de estar en lo correcto. La humildad, la bondad, la tristeza, incluso las lágrimas y el ruego en oración serán características naturales de nuestro cuidado pastoral cuando el enojo esté presente.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (9 de septiembre, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “Six Things to Know about Anger” Copyright © 2017 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

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Una cosa que toda iglesia puede hacer frente al sufrimiento
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Una cosa que toda iglesia puede hacer frente al sufrimiento


Título original en inglés: “One Thing Every Church Can Do about Suffering
Este artículo es parte de una serie para pastores sobre problemas que todos tenemos. Los otros problemas que se abordan aquí son el enojo, la culpa, la adicción, el temor y la vergüenza. Todo cristiano debe tener cada vez más sabiduría en cuanto a ellos.
Las dificultades y los problemas invaden la vida cotidiana. No podemos sobrestimar nunca el sufrimiento en nuestras iglesias. De las luchas que existen en cada alma humana (la culpa, la vergüenza, el temor, el enojo, las tentaciones), el sufrimiento parece tocarlos a todos. Aquí encontramos problemas de salud, pérdida, conflictos, pobreza, abuso , injusticia y mucho más. Puesto que es una lucha diaria, esperaríamos que la Palabra de Dios hable con frecuencia sobre nuestro sufrimiento y, ciertamente, lo hace. Junto con esas ricas palabras, vivimos en una era en la que cada semana está marcada por la aparición de otro excelente libro que aborda algún tipo de sufrimiento y en la que cada día aparecen docenas de buenas publicaciones. No carecemos de buena instrucción. Sin embargo, aún vemos esto: aunque somos bendecidos por las personas cuya fe en Jesús se despliega imponentemente en medio de sus dificultades, muchos otras están sufriendo en silencio sin saber qué hacer ni adónde ir. Les sorprende que esto pudiera ocurrirle a un hijo de Dios. El buen cuidado pastoral mantiene a la iglesia sufriente a la vista y siempre está buscando maneras de pronunciar palabras oportunas en sermones y en el cuidado individualizado. Tenemos tantas buenas palabras disponibles para nosotros y tenemos acceso a muchísimas listas con lo mejor que Dios dice sobre el sufrimiento (incluyendo una en este artículo). No obstante, si tuviera que escoger una, sobre la cual, creo, que se sostiene todo lo demás, sería esta: «[…] Derramen su corazón delante de Él [el Señor] […]» (Sal 62:8). Esto fue algo que Job, Ana, David, Habacuc y Jesús vivieron. Oseas lo identifica como la característica definitoria del pueblo de Dios y la reticencia a vivirlo como un pecado característico: «Y no claman a mí de corazón cuando gimen en sus lechos […]» (Os 7:14). Derramar nuestros corazones al Señor es esencial en la enseñanza de la Escritura sobre el sufrimiento. Es el mensaje de casi todo los salmos. Sin embargo, no es natural para nosotros ser así de vulnerables; es uno de los aspectos más desafiantes de nuestro llamado y comunión con Jesús. A continuación, verás algunas preguntas que te llevarán a considerar lo que brota de esta fundamental enseñanza.
  • ¿Derramas tu corazón al Señor? ¿Hablas sobre tus dificultades con otras personas de tu iglesia? Hay una conexión entre lo que pasa en nuestra relación con el Señor y lo que ocurre en nuestro ministerio. Si no hablas sobre tus propias dificultades, tu iglesia probablemente se quedará corta respecto a la apertura que esperas elogiar.
  • Piensa en la cultura de tu iglesia, ¿se está convirtiendo en un lugar donde quienes sufren pueden hablar abiertamente? ¿Hay historias públicas compartidas por personas de tu iglesia que han aprendido a derramar sus corazones al Señor?
  • ¿Han invitado a hablar a personas con diagnósticos psiquiátricos? Estos diagnósticos son una forma de sufrimiento y son un buen caso de prueba para evaluar cómo la congregación derrama sus corazones. Quienes están tomando medicamentos psiquiátricos, ¿están hablando con alguien de la iglesia sobre sus dificultades?
  • ¿Hay quejas? Si las hay, significa que las personas están gimiendo en sus lechos, pero no están hablando con el Señor.
A medida que nuestra iglesia se acerca a esta característica clave del Reino de los cielos y las personas hablan más con el Señor y entre ellos, lo que sigue es aprender cómo responder bien a quienes hablan abiertamente. La mayoría de nosotros nos hemos arriesgado a compartir nuestros corazones y hemos recibido respuestas imprudentes de otros. Y gran parte de nosotros les ha dado respuestas imprudentes a quienes han tomado esos riesgos con nosotros. Como iglesia, debemos crecer en respuestas humildes, gentiles y acompañadas de una preocupación a largo plazo. Un punto de partida es pedir perdón. ¿Cuáles son los próximos pasos para tu iglesia? Maduremos juntos mientras aprendemos a hablar con el Señor desde nuestros corazones. 
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (15 de septiembre, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “One Thing Every Church Can Do about Suffering” Copyright © 2017 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org

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La culpa y sus cómplices
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La culpa y sus cómplices


Título original en inglés: “Guilt and Its Associates
Este artículo es parte de una serie para pastores sobre problemas que todos tenemos. Los otros problemas que se abordan aquí son el enojo, el sufrimiento y el dolor de la vida, la adicción, el temor y la vergüenza. Todo cristiano debe tener cada vez más sabiduría en cuanto a ellos.
Hemos estado pensando en los problemas que acosan a toda la humanidad, dentro de la cual están las personas de tu iglesia. El plan es abordar seis áreas: el enojo, el sufrimiento y el dolor; la culpa, los temores y la ansiedad; la adicción y la vergüenza. Esta vez es el turno de la culpa. El desafío es que la culpa parece impopular y menos común. Como consejero, no puedo recordar la última vez que alguien quería reunirse conmigo debido al peso de la culpa. Como predicadores, los sermones que se enfocan en el pecado y las imágenes legales, como la justificación, se sienten menos relevantes para quienes están, por lo general, más familiarizados con la vergüenza, el sufrimiento y el quebranto que con la culpa. Por tanto, una parte importante del cuidado pastoral es hallar la culpa y restablecer su reputación. 

¿Qué es la culpa?

La culpa indica que hemos pecado contra Dios. La ley de Dios y la consciencia pueden ayudar a que aparezca. Para muchos de nosotros, no nos es difícil encontrarla. Nuestra maldad es una presencia palpable. Sabemos que podemos comportarnos mal y sabemos que Dios sabe esto. Sin embargo, aun así, es posible que no tengamos la sensación de que nuestra ofensa es contra Dios. ¿Cuántas veces he pecado contra mi esposa, le confesé mi pecado a ella, pero no se lo confesé al Señor? Sé que hice algo contra ella, pero, no siempre siento que fue algo personal contra Dios. Esta es la naturaleza del pecado: normalmente, podemos identificar cómo altera la relación con la persona que tenemos frente a nosotros, pero somos ciegos a cómo pecamos contra Dios también. La Escritura, por lo tanto, nos ayuda a ver. El principio simple es que nuestra relación con otros revela nuestra relación con el Señor. Si haces algo malo contra otra persona, estás siendo infiel al Señor (Nm 5:6). Cuando te quejas, incluso contra nadie en particular, estás despreciando al Señor (Nm 5:6). En otras palabras, si no puedes nombrar fácilmente tu pecado y culpa, considera tus recientes problemas relacionales y expresiones de enojo. Ahí encontrarás un corazón que, al menos temporalmente, se ha alejado del Señor y ha ido tras otros dioses. Quizás nuestra consciencia disminuida de la culpa viene, en parte, al pensar que pecamos solo cuando rechazamos conscientemente a Dios. La verdad, por supuesto, es que en cualquier momento en que violamos su ley, estamos rechazando su nombre y su honor.

La culpa es buena

La culpa es buena porque nos ayuda a ver nuestro pecado. Tengo un amigo ortodoxo que a menudo objeta el énfasis del pecado en algunas iglesias. La gracia y el pecado, dice él, son la tónica del Evangelio. Sin duda es cierto, pero el perdón de pecados es el resumen frecuente de, o al menos la entrada a, la gracia de Cristo y nuestra batalla presente con el pecado es un resultado de ser liberado del dominio del pecado. Nuestra consciencia de la gracia y de la misericordia depende de si tenemos una alta conciencia del pecado y de la culpa en nuestras vidas.  El pecado no es bueno; sin embargo, la culpa unida al mensaje de la gracia es asombrosa. Indudablemente, una de las evidencias de que el Espíritu está obrando en nosotros es la convicción. La culpa, después de haber llegado a Cristo, es evidencia de que estamos espiritualmente vivos. Pero puede ser complicado. Hay al menos dos maneras en que la culpa se suelta de la gracia de Dios. Una es que nos debilitamos ante las acusaciones de culpabilidad de Satanás. Satanás nos tienta con mentiras de que Dios no es tan bueno y de que el pecado no es tan malo. Entonces, cuando pecamos, él está justo ahí para decirnos que nuestro pecado es sumamente malo y que el perdón es imposible (Zac 3:1-2) y tendemos a creerle. La segunda manera en que la miseria en lugar de la misericordia se acopla a la culpa es cuando nos dejamos llevar por el legalismo o por las obras de justicia. En lugar de descansar en Dios y en su gracia por nosotros, inventamos nuestro propio sistema de reparación que consiste en lo que podemos hacer para aplacar a Dios, como por ejemplo:
  • Poner un poco más de dinero en el ofrendero.
  • Aguantar una temporada en la que me siento realmente mal por lo que hice.
  • Alejarme de la presencia de Dios hasta que pueda actuar de una manera más digna.
  • Prometer que lo haré mejor la próxima vez. 
Todas ellas son variantes del legalismo. Suenan religiosas, pero son malignas. Sugieren que el perdón de Dios no es abundante y que podemos expiar nuestros propios pecados.  La culpa unida a la acusación satánica o al esfuerzo propio legalista es muerte. La culpa unida al sacrificio único de Cristo por nosotros y unida a la confesión diaria y a la limpieza de pies (Jn 13:10) está llena de vida. 

La culpa, el remordimiento y otros cómplices

En su forma original, la culpa dice: «Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos [...]» (Sal 51:4). Luego se vuelca al Señor por misericordia y la recibe. Cuando se corrompe, la culpa está conectada a las acusaciones satánicas y al legalismo. Sin embargo, la culpa tiene otros cómplices también.  El remordimiento puede ser un indicador de pecado y pareciera que la culpa no puede salir de la acusación diabólica. No obstante, también puede ser mera tristeza, dolor o un deseo de haber hecho más en una tragedia, como decir: «si tan solo hubiera...». Asimismo, la vergüenza se mezcla incorrectamente con la culpa. La vergüenza puede venir del pecado, aunque frecuentemente se expresa como las marcas de los pecados cometidos contra nosotros. Comparte el sentimiento de suciedad con la culpa, pero las causas son diferentes.  Una sensación de fracaso también puede actuar como culpa. El fracaso podría no tener nada que ver con las leyes de Dios. Quizás viene de reglas familiares o culturales para lograr el éxito.  Cada uno de estos cómplices no será completamente conmovido al predicar sobre la culpa y la justificación en Cristo por la fe. Esta predicación es para todos nosotros y siempre vamos a necesitar escucharla. Sin embargo, para hablar a los corazones de nuestra congregación, ampliaremos los límites de la justificación más allá de la imagen del juez y el acusado o buscaremos otras formas de abordar a algunas de estas experiencias que imitan la culpa (p. ej. la adopción, la unión con Cristo, la esperanza en el control soberano de Dios).  La culpa no es una experiencia humana que va y viene a lo largo de la historia. Aunque podría ser necesario un poco de trabajo para realmente hallarla, la culpa es parte de nuestra humanidad y puede ser el poder detrás de algunos de los otros problemas que abordamos en esta serie como el temor, la ansiedad e incluso el enojo. La predicación cuidadosa y el cuidado pastoral la sacará a la luz, creará un lugar en el que la culpa se puede discutir abiertamente, en el que se pueden identificar algunas de sus complejidades y llevará a otros al agradecimiento por cómo Dios ha hablado a las profundidades de la experiencia humana en Cristo.
Si quieres leer un libro sobre legalismo, considera leer El Cristo completo. Legalismo, antinomismo y la seguridad del evangelio: una controversia antigua para hoy  escrito por Sinclair Ferguson
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (23 de septiembre, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “Guilt and Its Associates” Copyright © 2017 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

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Decir «sí» a lo que puede matarte
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Decir «sí» a lo que puede matarte

 
Título original en inglés: “Saying ‘Yes’ to What Can Kill You
Este artículo es parte de una serie para pastores sobre problemas que todos tenemos. Los otros problemas que se abordan aquí son el enojo, el sufrimiento y el dolor de la vida, la culpa, el temor y la vergüenza. Todo cristiano debe tener cada vez más sabiduría en cuanto a ellos.
En este artículo, quiero hablar de la adicción. Muchos de mis conocidos murieron en los últimos dos años (más que en los diez anteriores). Algunos fallecieron por enfermedad, otros se suicidaron, pero la mayoría murió de sobredosis. Las historias de quienes habían muerto por sobredosis comenzaron a sonar igual. Muchos comenzaron con narcóticos legales, cuando un médico les recetó algo para el alivio del dolor (tramadol, hidrocodona, oxicodona). La droga funcionaba hasta que desarrollaban tolerancia a ella, luego buscaban y encontraban más o algo peor. La heroína era más barata y se convirtió en la droga preferida. Con el tiempo, la suplementaban con fentanilo o carfentanil y sufrían sobredosis involuntariamente. Y la muerte seguía llegando. Los seres humanos tienen el hábito de decir que sí a actividades que pueden dañarlos, incluso cuando lo que quieren es decir «no». El uso de narcóticos es la más letal de esas actividades; la pornografía, la más común. Ciertamente, el porno es letal en su forma: mata las relaciones e insensibiliza el alma. Como pastores, ¿de qué manera podemos siquiera comenzar a ayudar a aquellos que dicen «sí» a lo que puede matarlos? Una manera es que nuestras iglesias tengan claro lo que significa ser humano; es decir, queremos entender cómo la Escritura prevé estas luchas y establece la manera de responder a las características de nuestra común humanidad. A continuación, les presento tres aspectos de nuestra humanidad que pueden ayudar con las adicciones.

Ser humano es decir no a la tentación

Cuando pensamos en las adicciones, los puntos de entrada naturales son palabras como deseo, lujuria, carne, sensualidad o embriaguez, pero hay una historia importante detrás de ellas: una historia de tentación. Esa es la historia que queremos entender. Una de las primeras preguntas que se plantean en la Escritura es acerca de la tentación: cuando vengan las tentaciones, y vendrán, ¿confiarás en las palabras del Señor y dirás que no? La literatura sapiencial tiene el propósito de ayudarnos con esta pregunta. El incesante mensaje del libro de Proverbios es que nuestros deseos no son un juez confiable sobre qué caminos llevan a la vida y cuáles a la muerte. Es más, nuestros deseos pueden sugerir que la vida carece de interés y que la muerte puede otorgar satisfacción. Proverbios apunta a afinar nuestro discernimiento. Nos ayuda a considerar las consecuencias de nuestras decisiones. El trabajo pastoral, por lo tanto, levanta el perfil de la tentación humana. Todos necesitamos discernimiento y poder para alejarnos de la tentación. Todos necesitamos ver a Cristo como más hermoso que el atractivo trío del mundo, la carne y el diablo.

Ser humano es acudir al Señor en el sufrimiento

Las tentaciones son más pronunciadas cuando sentimos incomodidad o dolor. Para quienes luchan contra los narcóticos, el dolor es un dolor físico real, pero se une al dolor de las relaciones rotas, a las expectativas frustradas y a otras miserias que crean una masa confusa de desesperanza. El trabajo pastoral, por lo tanto, evita pronunciamientos triunfalistas y considera seriamente los problemas de la vida diaria. Muchos de nosotros todavía creemos secretamente que la vida en Cristo significa menos sufrimiento que el resto de la población y que estamos desequilibrados cuando las dificultades llegan para quedarse. En respuesta, todos necesitamos volver a aprender que el amor y la presencia de Dios es una certeza gracias a Jesús. Todos necesitamos practicar clamar al Señor en nuestra dificultad, en vez de lidiar con los problemas a nuestra manera.

Ser humano es hablar abiertamente unos con otros de los problemas y las tentaciones

Esta es una propuesta difícil de integrar en nuestro ministerio. Podemos predicar acerca de decir «no» a la tentación o de acudir al Señor en el sufrimiento, pero esta proposición se trata de la cultura de la iglesia, por lo que debe ser parte de nosotros si vamos a influenciar a otros. Preferimos guardarnos nuestras luchas, en especial cuando son vergonzosas. Al contrario, el Reino de Dios nos invita a ser abiertos ante Dios y los demás. El desafío es que esto es tanto atractivo como imposible: ser conocido y aceptado es paz, pero ¿quién se ofrece voluntariamente a hablar sobre sus tentaciones y pecados? ¿Y si alguien se abre a otros y encuentra reproches y juicios que no ayudan? El trabajo pastoral, por lo tanto, considera los pequeños pasos que construyen una comunidad acogedora y abierta. Esto se traduce en que el pastor está dispuesto a mostrarse necesitado y abierto, lo que requiere sabiduría para ayudar a otros en lugar de simplemente conmover a las personas. El ministerio pastoral tiene un sinfín de asuntos que considerar. Mi propósito, sin duda, no es agobiarte con más trabajo. Al contrario, sabemos que estos problemas tienen cierta prioridad en nuestro ministerio y esta es una ocasión para revisarlos.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (30 de septiembre, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “Saying ‘Yes’ to What It Can Kill You” Copyright © 2018 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org

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Tanto temor y ansiedad
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Tanto temor y ansiedad


Título original en inglés: “So Much Fear and Anxiety
Este artículo es parte de una serie para pastores sobre problemas que todos tenemos. Los otros problemas que se abordan aquí son el enojo, el sufrimiento y el dolor de la vida, la culpa, la adicción y la vergüenza. Todo cristiano debe tener cada vez más sabiduría en cuanto a ellos. Un objetivo pastoral es hacer que la Escritura sea significativa a fin de que hable a las luchas de la cotidianidad. Entre esas luchas, probablemente, el temor y la ansiedad encabecen tu lista. Realmente, están en todas partes. A continuación, te comparto algunas situaciones de temor y ansiedad con las que me encontré en las últimas veinticuatro horas. Junto a los padres de un niño de diez años celebré que, por primera vez, él fue a la Escuela Dominical sin lágrimas ni pánico.  Me preguntaron cómo ayudar a un niño de cuatro años que simplemente no se despegaba de uno de sus padres sin síntomas físicos de ansiedad. Los padres se preguntaban cómo lograrían que fuera a la escuela.  Hablé con un hombre superado por la preocupación por sus finanzas.  Leí nuevamente cómo las adicciones persisten a fin de «liberar tensiones». Soñé estar perdido, que perdía mi equipaje, que no lograba aquello que dije que lograría; sin saber, en general, lo que estaba haciendo: una versión típica de mis sueños en medio de la ansiedad.  En otras palabras, fue un día en el que no logré mucho. De lo contrario, habría tenido páginas de historias que contar. Recuerdo cuando escribí un libro sobre el tema y les pedí a personas que me contaran sobre sus temores y ansiedades. De unas cien personas más o menos, solo una negó tener ansiedad, pero pronto, con un par de preguntas de seguimiento, rápidamente pudo identificar docenas de maneras en las que siente ansiedad.  Dios les habla a los temerosos y ansiosos, y dice mucho, lo que es esperanzador en sí. Estos son un par de temas que surgen de la Escritura.

El temor y la ansiedad expresan nuestra fragilidad más que nuestro pecado

El mundo es un lugar aterrador y nosotros somos personas finitas y débiles. Nuestro poder está limitado a que el Espíritu nos permita confiar en Jesús y amar a los demás. Aparte de nuestra fe y obediencia personal, controlamos muy poco. En ese sentido, un pasaje prominente sobre la ansiedad dice: «No temas, rebaño pequeño […]» (Lc 12:32, [énfasis del autor]). Pequeño rebaño es una referencia clara a nuestra fragilidad y debilidad.  Lo que podría confundirnos es el mandamiento: «no temas». Sin embargo, el mandamiento en griego es mucho más que un decreto imperioso. En el Sermón del Monte, esas palabras son invitaciones a confiar en Jesús a medida que Él continuamente demuestra su compasión por los pobres y los impotentes. Por tanto, los temerosos y los ansiosos acuden al Dios que está familiarizado con nuestras debilidades. Él es nuestro compasivo y misericordioso Sumo Sacerdote. Espera escuchar un ánimo tierno. Espera escuchar la paciente repetición de su más grande promesa: «Yo estoy con ustedes». Asimismo, espera tener más ansiedades a medida que envejeces. Nuestros temores identifican aquellas cosas que son importantes para nosotros (como la aceptación, las finanzas, el amor, la salud y el bienestar de quienes amamos). Estas se entienden mejor como deseos humanos comunes, que el Señor toma en serio. Cuando estas cosas están bajo asedio, debemos esperar estar ansiosos. La razón por la que podrían aumentar a medida que envejecemos es que la salud se debilita más, somos menos capaces de valernos por nosotros mismos en el campo laboral; amamos a más personas y nos preocupa su bienestar.

Acude a Jesús

Si hay algo parecido a un mandamiento sobre el temor en la Escritura, sería este: cuando tengamos miedo, y lo tendremos, debemos acudir a Jesús. Este es el llamado de Dios en nuestras vidas y es nuestro deseo en medio de las preocupaciones: «El día en que temo, yo en ti confío» (Sal 56:3). Podemos intentar depender de nosotros mismos como si pudiéramos lidiar y controlar nuestro mundo o pudiéramos intentar confinarnos con nuestras preocupaciones como si ellas mismas pudieran protegernos de las amenazas futuras, pero no funcionará.  Sin embargo, confiar en Dios en tiempos de ansiedad requiere práctica. Es una habilidad espiritual y es menos automática de lo que pensamos. Con práctica, podremos acudir a Jesús más rápidamente y de maneras que realmente reduzcan la ansiedad. Los resultados no serán inmediatos. La manera de Dios es que crezcamos gradualmente en una confianza y seguridad significativas en Él y en amor por Él. Si las ansiedades se extinguieran inmediatamente, acudiríamos menos a Él, lo que nos dañaría.  ¿Y si no acudimos a Él? Entonces, solo entonces, podemos agregar el pecado a la escena. Necesitamos confesar que queremos otras cosas más que a Él. Confesamos que nuestros deseos se han convertido en lo más preciado para nosotros. Entonces, nos volvemos y escuchamos humildemente sus palabras y, como niños pequeños, crecemos en la habilidad de creer verdaderamente lo que nuestro Padre dice. 

Encuentra un pasaje de la Escritura

Puesto que el temor y las ansiedades están tan presentes en el diario vivir, y puesto que están explícitamente identificados en más de trescientos pasajes, predicarás sobre estos temas. Toma un pasaje común (p. ej., Sal 56:3; Mt 6:35-33; Lc 12:22-34; Fil 4:5-7; 1P 5:6-7) o uno poco común (como Jos 1:6-9; 2R 6:8-17). Como una respuesta congregacional, entrega una lista de algunos pasajes accesibles sobre el temor y la preocupación, y pídele a cada persona (tú incluido) que identifique un texto que pueda hacer suyo cuando el temor y la ansiedad surjan. Si tienes grupos pequeños en la iglesia, pueden tomar una o dos reuniones para que todos hablen sobre estos pasajes. Cada uno tiene maneras concretas de acudir al Señor.  Tu agenda de predicaciones ya está llena, por lo que probablemente hay poco espacio para esto ahora, pero mantén esto en mente mientras consideras tus planes futuros. También podrías estar más consciente de quienes llegan a ser más hábiles en acudir a Jesús cuando sus ansiedades apenas han disminuido. Piensa en cómo compartir la historia de esa persona con otros, si es que está dispuesta. Las mejores historias no son las de victoria sobre las luchas, sino las de una fe persistente en medio de ellas. 
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (07 de octubre, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado So Much Fear and Anxiety Copyright © 2018 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org

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El Evangelio para la vergüenza
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El Evangelio para la vergüenza


Título original en inglés: “The Gospel for Shame
Este artículo es parte de una serie para pastores sobre problemas que todos tenemos. Los otros problemas que se abordan aquí son el enojo, el sufrimiento y el dolor de la vida, la culpa, la adicción y el temor. Todo cristiano debe tener cada vez más sabiduría en cuanto a ellos. No podemos perder la oportunidad de hablar sobre cómo el Evangelio es para la vergüenza en esta era en particular. La gloria de Cristo es que el perdón de los pecados solo se alcanza por medio de Él. Jesús es el Señor Dios. Vamos al Padre por medio de su muerte como nuestro sustituto a causa del pecado. Entonces, después, consideramos el significado y la aplicación eterna de este Evangelio, para el cual el perdón de pecados es una especie de clave. Entre las realidades que se incluyen en el perdón, encontramos que el Evangelio es para nuestro pecado y para la vergüenza.  La vergüenza dice que somos inaceptables; sucios y desgraciados; echados; distanciados de las personas y de las promesas de Dios. Nos damos cuenta de que la vida se siente más como la muerte. Nos volvemos inaceptables debido al pecado, pero también por nuestra asociación con aquello que está conectado a la muerte como la debilidad, la enfermedad y el pecado de otros. No importa cómo el pecado-muerte se apodere de nosotros, este trae vergüenza, y la vergüenza necesita recibir un remedio adecuado.  En el Antiguo Testamento, se hacían sacrificios por (1) el pecado cometido y (2) por enfermedades dermatológicas, por contacto con un cuerpo muerto, por la menstruación, por ser parte de una familia que se contaminó con el comportamiento de uno de sus miembros y por muchas otras razones que no eran culpa propia, pero que causaron vergüenza. Esta segunda categoría no es motivo de confesión (aunque no necesitamos motivo para ello), sino uno para ser limpiados y acercados a Dios. Podemos acceder a esto por medio de sangre. La mujer con el flujo de sangre pertenece a la segunda categoría (Lc 8:43-48). Ella entendió que solo Jesús podía limpiarla de su vergüenza, por lo que se acercó a Él en silencio, pero con confianza. El toque humano simbolizó su fe (su conexión) en Jesús, lo que indicaba que ahora ella estaba cerca de su santidad y ya no era identificada como la mujer que sangraba. Jesús podría haber dicho: «tus pecados son perdonados», pero aquí Él dijo: «Hija, tu fe te ha sanado; vete en paz».  Con el hombre paralítico, Jesús dijo: «Anímate, hijo, tus pecados te son perdonados» (Mt 9:2). En otras palabras, el perdón de pecados es la garantía de que el hombre ha sido sacado poderosamente de la muerte y todos sus cómplices. Su nueva unión a Jesús fue expresada como plenitud física y salud. El hombre no era paralítico por sus pecados particulares, así como el hombre que nació ciego no era ciego por sus pecados particulares. Sin embargo, el perdón de pecados era la clave para una redención y limpieza total que vino de una unión por medio de la fe con el mismo Dador de vida.  En la actualidad, las enfermedades que nos hacen parecer diferentes a otros aún nos avergüenzan; no obstante, la vergüenza palpable que vemos en cada iglesia a menudo tiene más que ver con el resultado del abuso sexual, del enojo degradante, de los notorios fracasos que no vienen de pecados obvios y provocan un rechazo tanto intencional como no intencional. Como pastor, podrías simplemente preguntar: ¿quién se siente indigno de ser amado? El ministerio pastoral tiene el objetivo de describir la vergüenza como un medio para atraer a personas desdichadas a Cristo.  Cuando pecan contra nosotros, no confesamos esos actos pecaminosos, lo que ocurrió fue que la muerte se acercó y nos unió a las viles acciones de otros. Necesitamos desconectarnos del poder del pecado, limpiarnos y conectarnos a la persona correcta. Los fracasos son parte de la lista, no porque estén asociados a la muerte, sino porque nos hacen sentir rechazados, extraños que están distantes tanto de la comunidad como de las promesas de Dios. Experimentamos esto cuando nos desempeñamos mal en una tarea pública, la calidad disminuye o se nos niega cierto trabajo. Todos ellos necesitan escuchar la invitación de Jesús a acercase por fe y tocarlo. En esto, los que sufren gracias a los pecados cometidos contra ellos son lavados y apartados para Dios y los rechazados son unidos a Aquel que tiene una reputación impecable, levanta sus cabezas y los hace fructíferos mientras permanecen en Él. Las palabras de Dios para los avergonzados son variadas y atractivas. «Ven»; «recibe un nuevo nombre»; «acércate»; «mira, toca»; «cree, cree que la sangre del Cordero de Dios se extiende a tu culpa y vergüenza a fin de que estés unido por siempre a su pureza y seas beneficiario de su amor». Jesús también dice: «tus pecados te son perdonados». En esta proclamación, Jesús nos libera de todas las cosas que una vez estuvieron contaminadas. Él nos separa de ellos y nos acerca. El pecado y la muerte son distanciados; nosotros, acercados. Él hizo esto al tomar nuestra culpa y vergüenza sobre sí mismo (como si nosotros fuéramos los que en silencio tocáramos su manto) y los venció en juicio y en la muerte en la cruz. Aquí, el pecado, tanto el nuestro como el cometido contra nosotros, perdió su poder para corromper. Su sangre nos desconectó de la muerte y nos dio su vida y santidad. Ahora estamos cerca, tan cerca que podemos decir que estamos en Él y Él en nosotros. Puesto que esta limpieza es de una vez y para siempre, no existe absolutamente nada que pueda separarnos de la cercanía y del amor de Dios.  Estas realidades, a veces, son difíciles de entender. Por eso, Jesús se alegra de hablar de su amor por aquellos que han sido atrapados por el pecado y la muerte y se alegra de hablar de ello una y otra vez.  En este momento de la historia de Estados Unidos, más que nunca hay más apertura sobre la opresión, el abuso y las palabras humillantes. Es solo un comienzo. Esperamos que la discusión persista y se extienda desde abuso de mujeres a asuntos raciales y más, pero es un comienzo. La vergüenza ha salido a la luz. Lo que el mundo puede ofrecer es una comunidad que reconoce que fueron tratados de manera vergonzosa, y esto es un regalo. No obstante, una comunidad por sí misma no tiene el poder para disminuir el poderío contaminante del maltrato pecaminoso. Esta es una oportunidad para que los pastores proclamen la buena noticia que es específicamente para los humillados, rechazados y desechados.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (14 de Octubre, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado The Gospel for Shame Copyright © 2018 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org

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Tres ideas para un ministerio sobrecargado
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Tres ideas para un ministerio sobrecargado


Título original en inglés: “Three Ideas for an Overburdened Ministry
Podemos hacer fácilmente una lista de docenas de formas en las que podemos aligerar la carga del ministerio. La parte difícil es llevarlas a cabo o seguir la más adecuada para nuestra situación. A continuación, presento tres que no deberían agregar mucho trabajo a tu calendario.
1. Derrama tu corazón al Señor y pide a otros oración y ayuda
Esto completa casi todas las listas. Hemos sido creados como meros seres humanos, limitados, finitos y necesitados. Para alcanzar el apogeo de nuestra humanidad, decimos: «Jesús, ayúdame» y seguimos con pedir oración y ayuda a quienes son cercanos a nosotros. Esto es la fe: llegar hasta nuestro límite y confiar en Cristo, la cabeza de la iglesia. En otras palabras, cuando el agotamiento se apodera de nosotros, nos hacemos profundamente conscientes de nuestra debilidad (y esto en realidad es algo bueno). El apóstol Pablo aspiró a tales tiempos. La autosuficiencia es un mito. La madurez significa que crecemos en dependencia.
2. Busca la actividad del Espíritu
Recientemente, estuve con algunos maestros de la Biblia que parecían cansados por el trabajo duro del ministerio. Reflexionaban: «¿las personas alguna vez cambian realmente?». El crecimiento en la piedad de las personas puede, sin duda, parecer glacial, pero creo que ellos estaban diciendo algo más. Su principal ministerio es la predicación y la enseñanza, y eso limita sus oportunidades de involucrarse en el ministerio cara a cara, que es donde ves al Espíritu en exhibición. Como consejero, veo personas que se sienten atascadas, pero el Espíritu está con ellos y las evidencias están en todas partes. Si solo los saludas la mañana del domingo, podrías perdértelo. Pero entra en los detalles de la vida diaria y verás arrepentimiento, perseverancia, paciencia, amor audaz y dolor que clama al Señor. Cuando ves la gloria de Dios expuesta de esta manera, tu espíritu se levanta. Si te sientes sobrecargado en el ministerio pastoral, busca la obra del Espíritu en la vida de alguien. Pídele que te cuente una historia de lo que Dios está haciendo. Te recordará que vivimos en la era del Espíritu. El velo del templo ha sido quitado y la tierra tiene acceso al cielo. Ahora tenemos acceso libre al Santo de santos y pronto lo veremos cara a cara.
3. Es la voluntad de Dios que saborees el rechazo
Tal vez la parte más difícil del ministerio es que serás criticado y rechazado por aquellos a quien tú amas y sirves. Serás acusado injustamente. Serás juzgado por lo que haces y no haces. Las personas se irán de la iglesia por tu causa. Esto es algo inherente al ministerio pastoral. Considera la segunda carta de Pablo a los corintios como una palabra de aliento. En ella, descubrimos que el más grande de los plantadores de iglesia fue rechazado por la misma iglesia que él plantó. Él no encajaba en su idea de un predicador dotado. No era muy impresionante y ¿quién quiere ir a una iglesia en la que el pastor es meramente común y corriente? El aliento aquí es que hay un linaje de rechazo entre los llamados al ministerio. Los profetas del Antiguo Testamento fueron rechazados, el Hijo mismo fue rechazado y los pastores que pastorean en el nombre de Jesús serán rechazados. Es un recordatorio de que estás unido a Cristo y compartes sus sufrimientos. Podemos, por supuesto, hablar y actuar de maneras que merecen crítica, pero habrá días cuando vendrán sin razón. En esos momentos, Pablo te recuerda que esta es la confirmación del amor de Dios. Las tensiones y las cargas del ministerio podrían parecer una carga muy pesada de soportar. Sin embargo, cuando nos damos cuenta de que la Escritura en realidad predice esos tiempos y que puede ser evidencia de la aprobación de Dios, entonces la esperanza comienza a entrar en las dificultades.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor. 

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (2 de febrero, 2022) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “Three Ideas for an Overburdened Ministry” Copyright © 2021 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

Photo of «Esta noche no, querido»… Hombres rechazados
«Esta noche no, querido»… Hombres rechazados
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«Esta noche no, querido»… Hombres rechazados


Título original en inglés: “‘Not Tonight, Dear’… Men Rejected
Los hombres se sienten miserables cuando lidian con el rechazo. Para las mujeres tampoco es fácil; sin embargo, al menos, tienden más a hablar sobre esto o son lo suficientemente vulnerables para entristecerse. Los hombres tienden a quedarse en silencio o a enojarse. Quiero abordar el tema del rechazo sexual (esposas que parecen rechazar el acercamiento sexual de sus esposos), pero primero, les daré una ilustración para prepararnos. Durante los primeros cinco a diez años de nuestro matrimonio, Sheri y yo tuvimos nuestro conflicto más intenso cuando fuimos a visitar a sus padres. El conflicto siempre daba vueltas en torno a mi sensación de ser rechazado. Sheri tiene cinco hermanos y cuando visitábamos a sus padres, siempre había un par de hermanos junto a sus familias allí también. Como no los habíamos visto en un año, ella (y yo) estaba entusiasmada con pasar tiempo junto a ellos. Pero, en cierto punto, sentía que ella quería pasar más tiempo con ellos que conmigo. Esto podría haber sido cierto dada la poca frecuencia con la que ella veía a sus hermanos y hermanas, pero, de todas formas, me lo tomaba personal. Mis reacciones fueron infantiles. Era como si buscara que ella me acariciara la espalda y me dijera: «Oh, Eddie, no seas bobo. Te amo más que a nadie. Cancelaré todos mis planes familiares de mañana y pasaré el día solo contigo». O aún mejor: «¿¡estás bromeando!? Estoy casada con el supremo bombón del mundo. Te adoro…». Estoy agradecido de que el Espíritu sea muy poderoso y ahora mis respuestas rara vez se ven así de penosas. Soy capaz de decir: «echo de menos no poder hablarte durante el día. Intentemos dar un paseo esta tarde». Esto es fruto de una enorme santificación. Ahora, veamos una experiencia más difícil de rechazo. He conversado con varios hombres que tienen la sensación de que el interés sexual en el matrimonio debiera ser, en líneas generales, equivalente (ambos, marido y mujer deberían tener un deseo sexual similar por el otro). Los hombres normalmente están dispuestos a aceptar que podrían tener un poco más de deseo sexual que sus esposas, pero cuando esas diferencias son extremas, ten cuidado. Los hombres se sentirán rechazados. «¿Por qué nunca tomas la iniciativa y me preguntas si quiero tener sexo?». Sé que muchos esposos les han dicho esto a sus esposas y sospecho que muchos más lo piensan. Ciertamente, las mujeres pueden sentirse como objetos sexuales, y ese es un asunto importante, pero, por un momento, consideremos a los hombres rechazados. Un esposo se encuentra en un lugar muy vulnerable cada vez que le pregunta a su esposa si pueden tener intimidad sexual. Si se percibe resistencia, se tomará como rechazo. Quizás la esposa realmente tiene un dolor de cabeza o tal vez solo está agotada, pero será difícil para el esposo resistir el impulso de tomarlo como algo personal. Decir «no» a los acercamientos de un esposo es tremendo en un matrimonio. Una esposa piadosa ciertamente puede decir que «no», pero siempre estará alerta a la manera en que su esposo reciba la respuesta. La comprensión y la compasión pueden ir lejos en esos momentos. Hombres, si reaccionan con silencio o enojo, significa que tienen un problema. En cualquier momento que piensen: «tengo el derecho dado por Dios a tener sexo con mi esposa», esperen caer y fallar. Apunta, en cambio, a la gran santificación que diría: «¿podemos hablar sobre lo que te pedí respecto a si podríamos tener intimidad [y no te estoy pidiendo que lo tengamos ahora]? Me sorprende que esos sean momentos realmente difíciles para mí. Sé que a veces no es un buen momento, pero tiendo a tomar el “no” o incluso el “más tarde” como un rechazo y no quiero hacer eso». Esas conversaciones pueden ser peligrosas, especialmente si una esposa las usa como una oportunidad para hablar sobre cómo ella se siente más como un cuerpo que como una persona para su esposo. Sin embargo, cuando un deseo por amar a otra persona y buscar la unidad en la relación pesa más que la sensación de derechos personales, las parejas normalmente pueden llegar a soluciones creativas.
Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (23 de septiembre, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “‘Not Tonight, Dear’… Men Rejected” Copyright © 2013 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.