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David Powlison enseñó y aconsejó en Christian Counseling & Education Foundation’s School of Biblical Counseling y en el Seminario Teológico Westminster Theological.

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Cómo orar más allá de las preocupaciones de salud
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Cómo orar más allá de las preocupaciones de salud

¿De qué manera animan los pastores a los miembros de su iglesia a orar más allá de la lista de personas enfermas? La pregunta tiene una respuesta simple, pero podría tomar tiempo explicarla: los miembros comenzarán a orar más allá de la lista de personas enfermas cuando sus pastores sepan cómo hacerlo.

El problema

Este proceso suena simple, pero no debe ser así. Muchas oraciones pastorales no van más allá de la lista de personas enfermas; y aun esas oraciones no son muy directas ni inteligentes. Al contrario, suenan rimbombantes como un reporte de enfermería en el cambio de turno del hospital local: El hombre con cáncer de colon de la habitación 103 tiene un pronóstico incierto… la señora de la habitación 110 tiene una vesícula que no cede ante el tratamiento… la pierna se está curando bien… Esas oraciones públicas podrían ser médicamente informativas, pero están empobrecidas espiritualmente. Con normalidad, se centran en la sanidad física y típicamente no equivalen a nada más que a peticiones por doctores, procedimientos y medicamentos efectivos. Los visitantes de muchas iglesias podrían ser perdonados si se llevan la impresión de que Dios está interesado principalmente en mejorar nuestra salud y que esa radiante salud física es nuestra gran necesidad. También podrían ser perdonados por pensar que Dios no puede hacer lo que le piden, porque muchas enfermedades crónicas siguen sin ser curadas. He observado que las oraciones pastorales, las reuniones de oración y las listas de oración, cuando están distanciadas de las grandes consideraciones espirituales, demasiado a menudo desaniman y distraen la fe del pueblo de Dios. La oración se transforma en una deprimente letanía de palabras conocidas y superstición mágica que está al borde de la histeria. Opaca nuestras expectativas de Dios o exagera expectativas fantasiosas. Genera cinismo. Los miembros comienzan a asumir que los enfermos se habrían mejorado de todas formas a medida que la naturaleza toma su curso o la intervención médica funciona. Y genera otras ideas y prácticas extrañas: la obsesión con la salud y los medicamentos que caracteriza la cultura secular de hoy; la práctica de nombrar o declarar tu sanidad; la creencia supersticiosa de que la cantidad y el fervor de la oración es decisiva para obtener el oído de Dios; la noción de que la oración tiene cierto «poder» intrínseco; la tentación de cuestionar la fe de una persona que no se mejora. Aprender a orar bien es difícil. De algún modo, nuestras palabras y pensamientos se enredan cuando le  hablamos a Dios. Lo has visto, lo has escuchado y lo has hecho: la retorcida sintaxis, las frases formuladas, la repetición sin sentido, los «sí, Señor», las peticiones vagas, el tono de voz artificialmente piadoso y el aire de confusión. Si les habláramos de esta manera a nuestros amigos o padres, ¡pensarían que nos volvimos locos! Sin embargo, si nuestra comprensión de la oración cambia; si nuestra práctica de la oración entonces cambia; si las peticiones de oración que hacemos y que le pedimos a otros que hagan cambian; si el modelo de oración que presentamos cambia; si nuestra enseñanza sobre la oración cambia...

La oración bíblica por los enfermos

Existe una cantidad de factores que pueden provocar buenos cambios en la forma en que los pastores e iglesias oran. Para comenzar, debemos considerar cómo la Biblia aborda la oración por los enfermos. Existe una cantidad de factores que pueden provocar buenos cambios en la forma en que los pastores e iglesias oran. Para comenzar, debemos considerar cómo la Biblia aborda la oración por los enfermos.

Santiago 5

Santiago 5:13-20 ciertamente nos presenta una orden para orar por los enfermos.
¿Sufre alguien entre ustedes? Que haga oración. ¿Está alguien alegre? Que cante alabanzas. ¿Está alguien entre ustedes enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe restaurará al enfermo, y el Señor lo levantará. Si ha cometido pecados le serán perdonados. Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho. Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Oró de nuevo, y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto. Hermanos míos, si alguien de entre ustedes se extravía de la verdad y alguien le hace volver, sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados.
Santiago no posiciona este tipo de oración en un contexto congregacional, sino que en lo que podríamos identificar como un contexto de concilio. La persona enferma pide ayuda; se reúne con un par de ancianos; confiesa honestamente su pecado; se arrepiente y se acerca a Dios. La oración ferviente afecta tanto el estado físico como el espiritual de la persona. Esto no significa que sea incorrecto orar por las personas enfermas desde el púlpito. ¡Por supuesto que no! Sin embargo, vale la pena observar que el texto clásico de la oración por los enfermos sitúa esa oración en un contexto altamente personal e interpersonal. Santiago mantiene deliberadamente en vista los asuntos espirituales también. Recuerden que su carta completa se trata de crecer en sabiduría. Aprendemos en el capítulo 1 que el sufrimiento presenta una oportunidad para la sabiduría. Sin duda, el sufrimiento es un buen regalo de lo alto: Tengan por sumo gozo… cuando se hallen en diversas pruebas… y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios… Santiago ilustra las bendiciones espirituales del sufrimiento con problemas de pobreza, injusticia y conflicto interpersonal. En el capítulo 5, él ilustra esto con la enfermedad. Él la percibe como una oportunidad para buscar perdón de pecados. Esto no significa que las personas se enferman porque pecaron. A veces, este sí es el caso, como cuando usas drogas intravenosas o cuando la inmoralidad sexual lleva a ETS. Las personas sí cosechan en la enfermedad lo que sembraron en pecado. No obstante, no debemos transformar esto en una regla universal, pues eso lleva a la superstición y a ser consejeros crueles, como en el caso de Job. Sin embargo, podemos inferir de estos versículos al menos dos otras dinámicas sobre cómo Dios se nos acerca en la enfermedad. En primer lugar, la enfermedad, como en cualquier otra debilidad y problema, debe forzarnos a detenernos, a enfrentarnos a nosotros mismos y a buscar al Señor Es una oportunidad para ver pecados que no hemos notado porque hemos estado demasiado ocupados: negligencia, irritabilidad, indiferencia, capricho, incredulidad, falta de alegría, ansiedad, espíritu quejumbroso, ambición impía o independencia. Es una oportunidad para encontrar una necesidad acrecentada por las misericordias de Jesús y un deleite más profundo en Dios. Podrían desarrollarse frutos del Espíritu que no se habrían desarrollado de ninguna otra manera que no fuera por haber sufrido bien: la fortaleza de la fe, una esperanza y alegría que trascienden las circunstancias, un carácter maduro, un conocimiento mayor del amor de Dios, un mayor deseo por vivir para Dios y no para los placeres ensimismados, la humildad de la debilidad, la capacidad de ayudar a otras personas que sufren (cf. Stg 1:3;Ro 5:3-5; 1P 1:6-8, 4:1-3; 2Co 12:9, 1:4; etc.). Una segunda dinámica espiritual que podemos inferir de Santiago 5 es que la enfermedad, como cualquier otra debilidad o problema, puede enfrentarnos con una gran cantidad de tentaciones. Ya sea una enfermedad que amenace nuestra vida o una que nos haga sentir fatal por un par de días, es asombroso lo que puede surgir de nuestros corazones.
  • Algunas personas se quejan y rezongan, poniéndose más cascarrabias con las personas que más intentan cuidarlas.

  • Otras se enojan con Dios, con ellos mismos, con otros o simplemente con las molestias.
  • Otros niegan la realidad y fingen que nada está mal.
  • Otros fingen que están más enfermos de lo que en realidad están, buscando una excusa para evitar las responsabilidades en el trabajo, en la escuela o en el hogar.
  • Otros ponen su enorme esperanza, tiempo y dinero en buscar doctor tras doctor, libro tras libro, droga tras droga, dieta tras dieta.
  • Otros intentan encontrar a alguien o algo a que culpar, llegando a ser contencioso.
  • Otros solo siguen adelante con su vida al hacer, hacer y hacer.
  • Otros explotan la oportunidad para obtener toda la atención y la pena extra que puedan.
  • Otros se sumergen en la glotonería de la completa autocompasión.
  • Otros se deprimen y usan la oportunidad para cuestionar el significado y el valor de su completa existencia.
  • Otros son demasiado orgullosos o están demasiado avergonzados como para pedir ayuda.
  • Otros se amargan porque Dios debe estar lejos como para que los ayude y se transforman en personas morbosamente introspectivas respecto a cada fracaso real o imaginario.
Entiendes la imagen. Con tantas tentaciones que potencialmente tocarán en nuestra puerta, la enfermedad entra como una de las oportunidades imaginables más ricas para el crecimiento espiritual y el consejo pastoral, como lo deja claro Santiago 5. ¿Está Dios interesado en sanar enfermedades? A veces sí, a veces no. Sin embargo, él siempre está interesado en hacer de sus hijos personas sabias, santas, confiables y amorosas, incluso en el contexto del dolor, de la discapacidad y de la muerte.

Más allá de Santiago 5

Cuando vamos más allá de Santiago 5 y consideramos la enorme enseñanza bíblica, encontramos que solo un par de pasajes se centran en la oración por la enfermedad. No obstante, son un par importante y nos dan una buena justificación para suplicarle apasionadamente a Dios por sanidad. En Isaías 38, Ezequías suplica para que su salud sea restaurada, y así sucede. En 2 Corintios 12, Pablo ora fervientemente tres veces para ser liberado de una dolorosa aflicción, pero esta vez Dios dice que no. En el Salmo 35:12-14 se menciona una sentida oración para que los enfermos sean restaurados. Tanto Elías como Eliseo se acercaron a Dios apasionadamente para llevar las peticiones de hijos cuyas enfermedades terminaron en muerte, lo que devastó a sus madres (1R 17; 2R 4). En ambos casos, Dios restauró misericordiosamente a los hijos de esas mujeres. Por otro lado, la Biblia habla con severidad de Asa porque «su enfermedad era grave, pero aun en su enfermedad no buscó al Señor, sino a los médicos» (1Cr 16:12). Él es reprendido por fallar en orar en medio de la enfermedad. La oración puede ocurrir en muchos grados diferentes de intensidad, siendo la súplica y la protesta las más fuertes respuestas. Es sorprendente cuán apasionadas y francas son las oraciones por sanidad en la Escritura. ¡Estos pasajes desafían gráficamente las oraciones superficiales y centradas en la medicina que se verbalizan en las mismísimas iglesias preocupadas por orar por los enfermos! Cuando los pastores y las iglesias oren por los enfermos (lo que moldeará a los enfermos a cómo buscar a Dios por sí mismos), deberían hacerlo en una tormenta de fuego ferozmente reflexiva.

La oración con prioridades bíblicas más amplias a la vista

Si bien las oraciones de sanidad son importantes en la Escritura, la gran mayoría de las oraciones en la Biblia se centran en otros asuntos. Déjenme categorizar generalmente tres tipos de oración bíblica: oraciones circunstanciales, oraciones de sabiduría y oraciones de reino. Las oraciones por los enfermos son una forma de oración circunstancial. Con una oración circunstancial, le pedimos a Dios que cambie nuestras circunstancias: sanar al enfermo; darnos el pan de cada día; protegernos del sufrimiento y de los malhechores; hacer que nuestros líderes políticos sean justos; convertir a nuestros amigos y familia; prosperar nuestros trabajos y ministerios; darnos una esposa; calmar esta tormenta peligrosa; mandarnos lluvia; darnos un hijo. Con una oración de sabiduría, le pedimos a Dios que nos cambie: que profundice nuestra fe, que nos enseñe a amarnos unos a otros; que perdone nuestros pecados; que nos dé sabiduría en las cosas en las que tendemos a ser necios; que lo conozcamos más; que nos capacite para santificarlo en nuestros corazones; que no nos deje deshonrarlo; que nos dé comprensión de la Escritura; que nos enseñe cómo animar a otros. Con una oración de reino, le pedimos a Dios que cambie todo al revelarse a sí mismo más completamente, magnificando el grado para el cual su gloria y gobierno son obvios: que venga su Reino, que su voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo; que sea exaltado en los cielos; que su gloria cubra toda la tierra; que su gloria llene la tierra como las aguas cubren el mar; que venga el Señor Jesús. 

El Padre Nuestro

La oración del Padre Nuestro presenta ejemplos de las tres categorías y todas ellas están fuertemente entretejidas cuando sea que oremos correctamente. Después de todo, la venida del Reino del Señor involucra la destrucción de nuestro pecado y sufrimiento. Su Reino provoca un florecimiento de la perfecta sabiduría del amor y una riqueza de bendición situacional. Y cuando le pedimos a Dios que cambie nuestras circunstancias, que nos cambie a nosotros, en última instancia, le pedimos que revele su gloria y misericordia en el escenario de este mundo. Esa es la lógica interna de tal petición. Cuando cualquiera de estas tres categorías es separada de las otras dos, la oración rápidamente se pone agria. Si solo oramos para tener mejores circunstancias, entonces Dios se transforma en un chico para los mandados (normalmente, un tanto desilusionante). Existe para entregarnos nuestra lista de compras de deseos y placeres, mientras que sus propósitos santificadores y su más grande gloria son dejados atrás. Tal oración persigue el egocéntrico «dame». Si solo oramos por un cambio personal, entonces podríamos estar revelando una obsesión con la superación moral. Pensamos que somos espirituales, pero en realidad estamos ensimismados y separados de todas las personas y de los deberes de la vida que necesitamos hacer. ¿Dónde está el anhelo por el Reino de Cristo para corregir todo lo que está mal, no solo para mitigar mis pecados y así no sentirme mal acerca mí? Tal oración persigue un ascetismo egocéntrico y moralmente extenuante y hay poca evidencia de amor, confianza y gozo real. Si solo oramos por una gran invasión del Reino, entonces nuestras oraciones tienden hacia la irrelevancia y la sobregeneralización. Oramos de esta manera cuando no queremos molestarnos con descubrir cómo el Reino en realidad corrige lo que está verdaderamente mal, enjuga lágrimas reales y quita el pecado real. Tal oración persigue a un Dios que no tocará la tierra hasta el último día. La Escritura contiene un sinnúmero de ejemplos de estas tres categorías de oración bien hechas.

Los Salmos

Déjenme nombrar algunas, comenzando con los Salmos, el libro sobre hablar con Dios. Alrededor de noventa salmos están en «tono menor», donde la intercesiones se centran en la eliminación del pecado y del sufrimiento. Sin embargo, estas peticiones son siempre hechas a la luz de un Dios que revela sus misericordias, su poder y su Reino. Por ejemplo, cerca de un tercio de estos Salmos en tono menor presentan una batalla con el pecado y la culpa personal: Enséñame; dame entendimiento; revíveme. Incluso la mayoría de estos Salmos en tono menor le piden a Dios que cambie las circunstancias: Líbrame de los malhechores; sé mi refugio y fortaleza en medio del sufrimiento; destruye tus enemigos. Estas oraciones siempre están ligadas a la petición de que Dios llegue con la gloria y poder del Reino. ¡Dios se revela a sí mismo al hacer que las cosas malas y las personas malas se vayan! Luego, hay sesenta o más Salmos de «tono mayor». Estos enfatizan el gozo y la alabanza que marca el reinado del Reino de Dios.

Las oraciones de Pablo

Asimismo, debemos considerar brevemente muchas de las oraciones de Pablo. En Filipenses 1:9-11 y en Colosenses 1:9-14, Pablo no menciona las circunstancias. No hay petición de sanidad, de comida ni de protección. Al contrario, Pablo le pide a Dios que le conceda sabiduría a las iglesias (a la luz de la gloria venidera del Reino de Dios). Y pide por sabiduría que sería revelada de dos maneras: un amor vertical por Dios y un amor horizontal por el prójimo. Pablo suplica por otros para que profundicen en ambos tipos de amor: Que Dios les conceda conocerlo mejor. Que Dios les conceda que su amor por otros sea más consciente. En Efesios 1:15-23 y 3:14-21, las intercesiones de Pablo de nuevo se centran en la sabiduría a la luz de la gloria de Dios. Él no hace peticiones circunstanciales; de hecho, ni siquiera pide para que el crecimiento de un amor consciente hacia los demás. Al contrario, apunta a lo que necesitamos más: Le pido a Dios que les conceda conocerlo mejor.

Conclusión

¿Por qué los miembros de la iglesia no oran más allá de la lista de personas enfermas? Porque sus pastores no les han enseñado o no los ha formado de otra manera. Todos tendemos a orar para que mejoren las circunstancias y así podamos sentirnos mejor. Tales peticiones son honestas y buenas (a menos que esas peticiones no vayan más allá). Separadas de los propósitos de Dios para la santificación y sin corazones que giman para que su Reino venga, tales oraciones se convierten en oraciones egocéntricas. Enséñenles a los miembros de sus iglesias a orar la trenza de nuestra verdadera necesidad. Comenzarán a orar mucho más allá de la lista de persona enfermas. Y ellos orarán de una manera notoriamente diferente por los enfermos también.
Este recurso fue publicado originalmente en 9Marks. | Traducción: María José Ojeda
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El evangelio terapéutico
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El evangelio terapéutico

El que podría ser el capítulo más famoso de la literatura occidental describe el llamado de un «evangelio terapéutico». En su capítulo titulado «El gran inquisidor», Fiódor Dostoyevski imagina a Jesús regresando a España del siglo XVI (Los hermanos Karamazov, 11:5:v). Sin embargo, Jesús no es recibido por las autoridades de la iglesia. El cardenal de Sevilla, cabeza de la Inquisición, arresta y encarcela a Jesús, condenándolo a la muerte. ¿Por qué? La iglesia había cambiado de rumbo: había decidido satisfacer los deseos humanos instintivos, en lugar de llamar a los hombres al arrepentimiento. Había decidido tergiversar su mensaje hacia las necesidades sentidas, en vez de dar lugar a la libertad suprema, santa y difícil de la fe actuando por medio del amor. Las débiles almas consideraron que el ejemplo y el mensaje bíblico eran demasiado difíciles de seguir y la iglesia había decidido hacerlo más fácil. El gran inquisidor, que representa la voz de esta equivocada iglesia, interroga a Jesús en su celda de prisión. Él toma partido por el tentador y por las tres preguntas que el tentador le hizo a Jesús en el desierto siglos antes. Él dice que la iglesia dará pan terrenal en lugar del pan celestial; ofrecerá magia y milagros religiosos en lugar de fe en la Palabra de Dios; ejercerá poder y autoridad temporales en lugar de servir al llamado de la libertad. «Hemos corregido tu obra», le dijo el inquisidor a Jesús. El evangelio del inquisidor es un evangelio terapéutico. Está estructurado para darles a las personas lo que quieren, no para cambiar lo que quieren. Se centra exclusivamente en torno al bienestar del hombre y a su felicidad temporal. Desecha la gloria de Dios en Cristo. Pierde el derecho al camino difícil y angosto que trae el florecimiento humano y la alegría eterna. Este evangelio terapéutico acepta y encubre la debilidad humana, buscando mejorar los síntomas más obvios de aflicción. Hace que las personas se sientan mejor. Toma la naturaleza humana como algo determinado, porque la naturaleza humana es demasiado difícil de cambiar. No quiere que el Rey del cielo venga. No intenta cambiar a las personas para que amen a Dios, dada la verdad de quién es Jesús, de cómo es él y de lo que hace.

El evangelio terapéutico contemporáneo

Las necesidades sentidas instintivas más obvias de los estadounidenses de clase media del siglo XXI son diferentes a las necesidades sentidas que Dostoyevski exploró. Damos por sentado la provisión de comida y la estabilidad política. Encontramos nuestro sustituto de milagros en las maravillas de la tecnología. Las necesidades sentidas de la clase media son menos primordiales. Expresan un sentido dees inter propio más lujoso y refinado:
  • Quiero sentirme amado por quien soy, que me tengan compasión por lo que he tenido que atravesar; sentir que me entienden profundamente, que me aceptan incondicionalmente;
  • Quiero experimentar un sentido de significancia y propósito personal, ser exitoso en mi carrera, saber que mi vida importa, tener un impacto;
  • Quiero tener una alta autoestima, afirmar que estoy bien, poder hacer valer mis opiniones y deseos;
  • Quiero entretenerme, sentir placer en el sinfín de espectáculos que deleitan mis ojos y cosquillean mis oídos;
  • Quiero sentir la aventura, la emoción, la acción y la pasión para que así pueda sentir que la vida es emocionante y movida.
La versión moderna de clase media del evangelio terapéutico se basa en este particular grupo de deseos. Podríamos decir que el público objetivo consiste de necesidades sentidas psicológicas, en lugar de necesidades sentidas físicas que aparecen típicamente en condiciones sociales difíciles. (El evangelio contemporáneo de la «sanidad y riqueza» y la obsesión por los «milagros» expresa algo más que la versión antigua del evangelio terapéutico del gran inquisidor). En este nuevo evangelio, los grandes «males» que deben corregirse no requieren ningún cambio fundamental de dirección en el corazón humano. Al contrario, el problema radica en mi sensación de rechazo; en mi experiencia corrosiva de vanidad de la vida; en mi sentido nerviosa de autocondena y desconfianza; en la amenaza inminente del aburrimiento si mi música se apaga; en mis inquietantes quejas cuando un camino largo y difícil está por venir. Todas ellas son las significativas necesidades sentidas de la actualidad que este evangelio se centra en servir. Jesús y la iglesia existen para hacernos sentir amados, importantes, validados, entretenidos y recargados. Este evangelio mejora los síntomas de la angustia; nos hace sentir mejor. La lógica de este evangelio terapéutico es un «jesús para Mí» que satisface deseos personales y alivia dolores psicológicos. La perspectiva terapéutica no es algo malo en su justo lugar. Por definición, una visión terapéutica-médica tiene en vista los problemas del sufrimiento físico y las crisis. En la intervención médica literal, una terapia trata una enfermedad, un trauma o una deficiencia. No llamas a alguien a arrepentirse de su cáncer de colon, de su pierna fracturada o de su beriberi. Buscas sanar; hasta ahora, bien. Sin embargo, en el evangelio terapéutico de hoy la manera médica de mirar al mundo se ha extendido metafóricamente a esos deseos psicológicos, pues son definidos de la misma manera que un problema médico. Te sientes mal; la terapia te hará sentir mejor. La definición de esta enfermedad evita el corazón humano pecador. No eres el agente de tus problemas más profundos, sino que una mera víctima de las necesidades insatisfechas. La oferta de una cura se salta al Salvador que cargó con el pecado. El arrepentimiento de la incredulidad, de la terquedad y de la maldad no es un tema. Los pecadores no son llamados a dar la vuelta en U para ir hacia una nueva vida, que ciertamente es vida. Tal evangelio entrega un mensaje de amor propio. No hay nada en su lógica interna que te haga amar a Dios ni a amar a cualquier otra persona aparte de ti mismo. Este evangelio terapéutico a menudo podría mencionar la palabra «Jesús», pero ha sido transformado en un alguien que satisface tus necesidades, no en el Salvador de tus pecados. Corrige la obra de Jesús. El evangelio terapéutico trastorna el Evangelio.

El Evangelio definitivo

El verdadero Evangelio es la buena noticia de que el Verbo se hizo carne, que el Salvador cargó con el pecado, que el Señor de señores resucitó: «[soy] el que vive, y estuve muerto. Pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos…» (Ap 1:18). Este Cristo pone de cabeza al mundo. El Espíritu Santo renueva nuestro sentido de necesidad como un efecto primordial de su presencia y de su poder obrando en nuestro interior. Puesto que el temor del Señor es el principio de la sabiduría, sentimos profundamente un conjunto de necesidades diferentes cuando Dios salta a la luz y cuando entendemos que permaneceremos o caeremos ante él. Mis anhelos instintivos son reemplazados (a veces rápidamente, pero siempre gradualmente) por una consciencia cada vez mayor de las verdaderas necesidades de vida o muerte:
  • Sobre cualquier cosa, necesito misericordia: «Ten piedad de mí, oh Dios»; «Por amor de tu nombre, perdona mi iniquidad, pues es grande»;
  • Quiero obtener sabiduría y dejar la preocupación testaruda centrada en mí: «nada de lo que deseas se compara con ella»;
  • Necesito aprender a amar a Dios y a mi prójimo: «el propósito de nuestra instrucción es el amor nacido de un corazón puro, de una buena conciencia y de una fe sincera»;
  • Anhelo que el nombre de Dios sea honrado, que venga su Reino, que se haga su voluntad en la tierra;
  • Quiero que la gloria, la misericordia y la bondad de Cristo sean vistas en la tierra, que llenen la tierra así como las aguas cubren el océano;
  • Necesito que Dios cambie quien soy por instinto, por decisión y en la práctica;
  • Quiero que me libre de mi autojusticia obsesiva, que mate mi sed de autovindicación, para que sienta mi necesidad de las misericordias de Cristo y así aprenda a tratar a los demás con gentileza;
  • Necesito la ayuda poderosa e íntima de Dios para querer y hacer las cosas que perduran hasta la vida eterna, en lugar de despilfarrar mi vida en vanidades;
  • Quiero aprender cómo soportar las dificultades y el sufrimiento en esperanza, al simplificar, profundizar y purificar mi fe;
  • Necesito aprender a adorar, a deleitarme, a confiar, a dar gracias, a clamar, a refugiarme, a tener esperanza;
  • Quiero la resurrección a la vida eterna: «nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo»;
  • Necesito a Dios mismo: «te ruego que me muestres tu gloria»; «¡Maranata! Ven, Señor Jesús».
Que así sea, Padre de misericordias. Que así sea, Redentor de todo lo oscuro y lo quebrantado. La oración expresa deseo. La oración expresa tu sentido de necesidad: Señor, ten piedad de nosotros. Las canciones expresan alegría y gratitud de un deseo cumplido. Las canciones expresan tu sentido de quién es Dios y de todo lo que él da: Sublime gracia del Señor. Sin embargo, no existen oraciones ni canciones en la Biblia que se basen en las actuales necesidades sentidas terapéuticas. Imagínense esta oración, «Padre nuestro que estás en el cielo, ayúdame a sentirme bien con la manera en la que soy. Protégeme este día de cualquier cosa que encuentre aburrida. ¡Aleluya! Soy indispensable y lo que hago realmente impacta a otros, por eso puedo sentirme bien respecto a mi vida». ¡Ten piedad de nosotros! Al contrario, en nuestra Biblia escuchamos miles de clamores de necesidad y gritos de deleite que nos llevan a nuestras reales necesidades y a nuestro verdadero Salvador.

Buenos bienes; malos dioses

Al ser comprendidas adecuadamente, interpretadas cuidadosamente, las necesidades sentidas son buenos regalos, pero pobres dioses. Lo primero es lo primero: busca primero el reino de Padre y su justicia y todos los otros buenos regalos serán añadidos. Esto es fácil de ver en el caso de los tres regalos particulares ofrecidos por el evangelio terapéutico del gran inquisidor. Es bueno tener una fuente estable de comida, «danos pan para mañana» (Mt 6:11, literalmente). Todas las personas en todos lados buscan comida, agua y vestimenta (Mt 6:32). Nuestro Padre sabe lo que necesitamos. Pero primero busca su Reino. No vives solo de pan, sino de cada palabra que sale de su boca. Si adoras tus necesidades sentidas físicas, solo morirás. Pero si adoras a Dios, el dador de cada buen regalo, estarás agradecido por lo que él te da; tendrás esperanza cuando sufras escasez; y con seguridad festejarás en el Banquete sin límites. Un sentido de maravilla y misterio también es algo muy bueno. Pero aplica la misma advertencia, el mismo contexto. Dios no es el mago de Oz, que crea experiencias de maravilla por el bien de la experiencia. Jesús dijo «no» a hacer un espectáculo de sí mismo en medio de las multitudes del templo. Su fidelidad diaria a Dios es un prodigio de maravillas. Lo primero es lo primero. Luego apreciarás la gloria en maneras pequeñas e inmensas. Al final, verás todas las cosas como maravillas, tanto lo que existe (Ap 4) como lo que ha pasado (Ap 5). Conocerás al Dios incomprensible, al Creador y Redentor, cuyo nombre es Maravilloso. De igual manera, el orden político es un buen regalo. Debemos orar por las autoridades para que gobiernen bien, para que podamos vivir en paz (1Ti 2:2). Sin embargo, si vives por una sociedad justa, vivirás siempre desilusionado. De nuevo, busca primero el reino de Dios. Trabajarás en pos de un orden social justo, lo disfrutarás al punto que sea posible, tendrás razón para soportar la injusticia. Al final, conocerás el gozo impronunciable el día en el que todos se postren al reinado del verdadero Rey. Por supuesto, Dios nos da buenos regalos, pero también nos da el mejor regalo, el inefable Regalo de regalos. El gran inquisidor quemó a Jesús en la hoguera con el fin de borrar al Regalo y al Dador. Él decidió darles cosas buenas a las personas, pero descartó las primeras cosas. Las cosas que el evangelio terapéutico contemporáneo ofrece son un poco más difíciles de interpretar. El hedor del interés propio y la obsesión propia se aferra más a esa lista de deseos del «yo quiero ________». Pero incluso esos deseos, cuidadosamente reformulados y reinterpretados, señalan en dirección a un buen regalo. El paquete completo de las «necesidades sentidas» está sistemáticamente desalineado, pero las piezas pueden ser comprendidas apropiadamente. Cualquier «evangelio diferente» (Ga 1:6) se hace a sí mismo creíble al ofrecer «piezas de Lego» de la realidad ensambladas en una estructura que contradice la verdad revelada. La tentación de Satanás a Adán y Eva fue creíble solo porque incorporó muchos elementos de la realidad, señalando continuamente en dirección a la verdad, incluso mientras los alejaba firmemente de la verdad: «miren, un hermoso y deseable árbol, y Dios les ha dicho que probarlo les revelará el bien y el mal, que podrán tener la posibilidad de decidir la vida y no la muerte. Así como Dios es sabio, ustedes, quienes eligen, pueden ser como Dios en sabiduría. Vengan ahora y coman». Tan cerca, pero a la vez tan lejos. Casi lo mismo, pero exactamente lo contrario.
Considera los cinco elementos que hemos identificado del evangelio terapéutico:
  1. ¿«Necesidad de amor»? Sin duda es bueno saber que eres conocido y amado. Dios, quien examina los pensamientos y las intenciones de nuestros corazones, también nos entrega su amor inquebrantable. Sin embargo, todo esto es radicalmente diferente de los anhelos instintivos de ser aceptado por quien uno es. El amor de Cristo viene directa y personalmente a pesar de quien soy. Eres aceptado por quien es Cristo, por lo que él hizo, hace y hará. Dios realmente te acepta y si Dios es por ti, ¿quién contra ti? Pero al hacer esto, no afirma ni respalda cómo eres. Al contrario, él comienza a transformarte en un tipo de persona radicalmente diferente. En el Evangelio real, te sientes profundamente conocido y amado, pero tu «necesidad de amor» constante ha sido derribada.
  2. ¿«Necesidad de significado»? Sin duda es bueno que la obra de tus manos perdure para siempre: oro, plata y piedras preciosas; no madera ni heno ni paja. Es bueno que lo que haces con tu vida realmente contribuya y que tus obras te sigan a la eternidad. La vanidad, la futilidad y la máxima significancia registran la maldición sobre nuestra vida de trabajo (incluso a medio camino, no solo cuando nos jubilemos o cuando muramos o en el Día del Juicio). Sin embargo, el verdadero Evangelio invierte el orden de las cosas propuestas por el evangelio terapéutico. El anhelo por impacto y significancia (uno de los típicos «deseos juveniles» que hierven dentro de nosotros) es meramente idolátrico cuando actúa como el director de operaciones en el corazón humano. Dios no satisface tu necesidad de significancia; él satisface tu necesidad de misericordia y te libera de tu obsesión por la significancia personal. Cuando dejas tu esclavitud y te vuelves a Dios, entonces tus obras comienzan a contribuir para bien. El Evangelio de Jesús y el fruto de la fe no son diseñados para «satisfacer nuestras necesidades». Él nos libera de la tiranía de las necesidades, te vuelve a hacer para que temas a Dios y guardes sus mandamientos (Ec 12:13). En la divina ironía de la gracia, solo eso hace que lo que haces con tu vida tenga un valor perdurable.
  3. «¿Necesidad de autoestima, confianza en ti mismo y afirmación personal»? Obtener un sentido de confianza en tu identidad es un gran bien. Efesios está repleto de varias docenas de «afirmaciones de identidad» porque a través de ellas el Espíritu motiva una vida de fe y de amor valiente. Eres de Dios: estás dentro de los santos, de los elegidos, de los hijos adoptados, de los hijos amados, de los ciudadanos, de los esclavos, de los soldados; eres parte de la obra de sus manos, su esposa y lugar de su morada; somos cada una de estas cosas en Cristo. Ningún aspecto de tu identidad es autoreferente ni alimenta tu «autoestima». Tu opinión de ti mismo es mucho menos importante que la opinión que Dios tiene de ti y una autoevaluación adecuada deriva de la evaluación de Dios. La verdadera identidad es referente a Dios. La verdadera consciencia de ti mismo se conecta con la alta estima por Cristo. La gran confianza en Cristo tiene correlación con un voto de una fundamental no confianza en ti mismo. En ninguna parte Dios reemplaza la falta de seguridad y la tendencia a complacer a las personas con seguridad en uno mismo. Es más, afirmar tus opiniones y deseos, como tales, te señala como un necio. Solamente mientras eres liberado de la tiranía de tus opiniones y deseos, eres liberado para evaluarlas adecuadamente y luego para expresarlas apropiadamente.
  4. ¿«Necesidad de placer?» De hecho, el verdadero Evangelio promete experiencias gozosas sinfín, bebiendo del río de deleites (Sal 36). Esto describe la presencia de Dios. Sin embargo, como hemos visto en cada caso, esto está afinado al inverso de nuestros deseos instintivos, no a su directa satisfacción. El camino hacia el gozo es uno de sufrimiento, de perseverancia, de pequeñas obediencias, de disposición a identificarse con la miseria humana, de disposición a derrocar tus deseos e instintos más persuasivos. No hay necesidad de ser entretenido, sino que NECESITO aprender absolutamente a adorar con todo mi corazón.
  5. «¿Necesidad de emoción y aventura»? Participar en el Reino de Cristo es desempeñar un rol dentro de la más grande historia de acción y de aventura que jamás se haya contado. No obstante, la paradoja de la redención nuevamente pone de cabeza a todo el mundo. La verdadera aventura toma el camino de la debilidad, de la lucha, de la perseverancia, de la paciencia, de pequeñas cortesías bien hechas. El camino a la excelencia en sabiduría no es glamorosa. Otras personas podrían tomar mejores vacaciones y tener matrimonios más emocionantes que el tuyo. El camino de Jesús provoca más polvo que emoción. Él necesitó mucha más paciencia que emoción. Su Reino podría no satisfacer nuestros anhelos por realizar hazañas y buscar emoción, pero «gozo sin igual y eternas riquezas, nadie más que los hijos de Sion conocen». Decimos «sí» y «amén» a todas las cosas buenas. Pero lo primero es lo primero. El evangelio terapéutico contemporáneo en su diversas formas toma nuestros «quiero» literalmente. Aprovecha las golosinas. Elimina la adoración al Dador, cuyo más grande regalo es su misericordia hacia nosotros por lo que queremos por instinto, elección, inculturación y hábito. Él nos llama a un arrepentimiento radical. Bob Dylan describió las alternativas terapéuticas en una frase notable: «piensas que él es un niño mandado a satisfacer tus deseos errantes» (de When You Gonna Wake Up? [¿Cuándo vas a despertar?]). Las cosas secundarias son exaltadas como siervos del Número Uno.
Lo primero es lo primero. Recibe el Evangelio de la encarnación, de la crucifixión y de la gloria. Vive el Evangelio del arrepentimiento, de la fe y de la transformación a la imagen del Hijo. Proclama el Evangelio del día venidero cuando la vida eterna y la muerte eterna sean reveladas, la venida del día de Cristo.

 ¿Qué evangelio?

¿Qué evangelio vivirás? ¿Qué evangelio predicarás? ¿Qué necesidades despertarás y abordarás en otros? ¿Qué Cristo será el Cristo de tu gente? ¿Será el diosito quien masajeará las necesidades sentidas? ¿O el Cristo que pone de cabeza al mundo y hace todas las cosas nuevas? El gran inquisidor era muy bondadoso con las sentidas necesidades humanas: con las cosas que todas personas en todas partes buscan con todo su corazón, muy sensible a la dificultad de cambiar a cualquiera. Pero al final demostró ser un monstruo. Existe un dicho en los ministerios de misericordia que dice así, «si no buscas satisfacer las necesidades físicas de las personas, es cruel, pero si no le das a las personas el Cristo que fue crucificado, que fue resucitado y que volverá, no das esperanza». Jesús alimentó a los hambrientos con pan y Jesús ofreció su cuerpo quebrantado como el pan de vida eterna. Finalmente, es cruel dejar a las personas en sus pecados, cautivos a sus deseos instintivos, en desesperación, bajo maldición. El actual evangelio terapéutico suena bondadoso al principio. Es tan sensible a los puntos de presión de dolor y de desilusión. No obstante, al final es cruel y no tiene a Cristo. No fomenta el verdadero autoconocimiento. No vuelve escribir el guión del mundo. No crea oraciones ni canciones. No debemos ser menos sensibles, sino mucho más exigentes. Jesucristo pone de cabeza la necesidad humana, creando la oración. Él es el inefable Dador de regalos, creando canciones. Y él da todos los buenos regalos, tanto ahora como siempre. Que toda rodilla se doble y que todo lo que respire alabe al Señor.
Este recurso fue publicado originalmente en 9Marks.
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¿Qué distingue a la consejería bíblica de otros métodos?
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¿Qué distingue a la consejería bíblica de otros métodos?

¿Cuáles son las diferencias entre la consejería bíblica y varios otros enfoques de la consejería que son populares en la iglesia? Primero, tomemos la segunda mitad de nuestra pregunta. ¿Qué modelos de consejería son «populares en la iglesia»? De inmediato es obvio que las iglesias abren espacio a un sinfín de enfoques a los problemas en la vida (más enfoques que granos de arena, para volver a apropiarnos de una metáfora bíblica). ¿Cómo resolverás tus problemas y cambiarás lo que está mal? ¿Debes explorar cómo te sientes respecto a la educación de tu familia? ¿Hacer lo que Dios ordena sin importar cómo me siento? ¿Seguir mis sentimientos? ¿Actuar por fe, no por sentimientos? ¿Conectarte con tus emociones? ¿Satisfacer tus necesidades? ¿Debes tomar antidepresivos? ¿Tomarte vacaciones? ¿Tomar el control de tu vida y la responsabilidad de tus decisiones? ¿Debes expulsar el demonio que se insertó en el sistema operativo de tu alma? ¿Introducir afirmaciones positivas en el flujo de la conversación negativa que tienes contigo mismo? ¿Debes reclamar tu nueva identidad en Cristo? ¿Tomar un periodo de oración y ayuno? ¿Adoptar firmemente las promesas? ¿Tener un compañero para rendir cuentas? ¿Tomar un programa de ejercicios o quitar la ingesta de cafeína para que fluyan las endorfinas? ¿Tener vida? ¿Solo enfréntalo y deja de ser tan egocéntrico? O puedes acércate a la pregunta desde un ángulo diferente. ¿Quién puede ayudarte? ¿Necesitas diez sesiones con el psicoterapeuta? ¿Un retiro con un guía espiritual? ¿Una visita al médico? ¿Un encuentro con un exorcista? ¿Contratar un entrenador personal? ¿Unirte a un grupo de apoyo semanal? ¿Escuchar una predicación sólida y tener mejores tiempos a solas con Dios? ¿Encontrar un par de buenos amigos? Todo esto es mucho más complicado porque todas estas actividades y personas que se acaban de nombrar aparecen en muchas variaciones, variantes y combinaciones. Y como si todo eso no fuera lo suficientemente complicado, el campo de la consejería es agitado, fluido e inestable. Las novedades, la moda, las facciones van y vienen. Las teorías y las terapias cambian, mutan, combinan, innovan y se reinventan a sí mismas. Siempre hay un próximo best seller y las curas más seguras que superan las limitaciones de todo lo anterior. Luego tenemos la primera mitad de nuestra pregunta. Después de todo, ¿qué es «la consejería bíblica»? Cuando se ponen la vestimenta de iglesia, la mayoría de las respuestas y de las personas que se acaban de describir afirman estar cerca del negocio de la consejería bíblica o cristiana. Después de todo, ¡nadie que nombre a Cristo jamás afirmaría estar haciendo «consejería no bíblica»! Por lo tanto, ¡¿cómo respondemos razonablemente a tan inmensa pregunta?! ¿Cómo desarrollamos la verdadera sabiduría que puede ofrecer la consejería bíblica digna de ese nombre? En lugar de intentar catalogar todos los actores, creo que lo mejor es desarrollar habilidades básicas en discernimiento. Las siguientes cuatro preguntas te capacitan para poner a prueba justa y adecuadamente cualquiera de los múltiples enfoques de consejería. Si sabes cómo captar cualquier modelo con criterio, serás capaz de evaluar las fortalezas y las debilidades de esos enfoques particulares de consejería que se ha vuelto tan populares en los círculos de las iglesias. En primer lugar, ¿cómo está representado Dios? ¿Es el Dios revelado en la Escritura central en cómo debemos entender y abordar los pecados y sufrimientos de la condición humana? ¿Es central para saber entender el bien, las posibilidades y las bendiciones a las que la consejería quiere apuntar realizar? En particular, ¿qué rol e importancia se le da a Jesucristo? Los modelos de consejería defectuosos nunca entienden bien a Cristo. Estos modelos ignoran completamente, distorsionan violentamente o tergiversan sutilmente a Cristo a quien se supone que debemos representar. Sin embargo, el Buscador de todos los corazones, aquel ante quien cada rodilla debe doblarse, el único Salvador de pecadores y Refugio para quienes sufren insiste en ejercer su derecho. La sabiduría bíblica considera todos los fenómenos humanos con este Dios a la vista. En segundo lugar, ¿cómo se interpreta la naturaleza humana? ¿Qué visión de la motivación humana define el fundamento «¿por qué haces lo que haces?»? En particular, ¿los seres humanos son entendidos como seres que se relacionan con Dios activa e incesantemente? Ningún modelo de consejería cuyos genes contengan ADN secular tendrá una teoría de motivación correcta. ¿Es claro que cada corazón (en todo momento, en toda circunstancia) o sirve a las mentiras y a la lujuria de la carne o ama al Señor Dios? ¿Es claro cómo cada acción, reacción, pensamiento y emoción revela estos motivos de relación con Dios? Si no entiendes bien el centro, no entenderás bien los objetivos de la consejería; no puedes entender en lo que un ser humano debe convertirse; no puedes definir correctamente el éxito. La consejería defectuosa siempre se equivoca en entender el centro. Teorizan y afirman interpretaciones falsas de lo que nos hace funcionar. Por ejemplo, necesidades insatisfechas, instintos conflictivos, impulsos condicionados, diseño genético, bioquímica, poder de voluntad fallidos, malos hábitos, ignorancia corregible… ninguna de ellas llega a lo que realmente está pasando. La sabiduría bíblica considera todos los fenómenos humanos mientras mantiene en vista, «¿a quién estás amando ahora; en quién estás confiando; a quién estás sirviendo y a quién estás temiendo?». En tercer lugar, ¿cuál es el peso que se le da a las circunstancias? ¿La etapa en la que vivimos (lo que nos rodea, lo que nos llega, lo que nos influencia) tiene la última palabra determinante y decisiva? ¿O es visto correctamente como un contexto dispuesto por Dios, no una causa? Además, ¿algunas de nuestras circunstancias particulares se destacan para un énfasis particular, como si ofreciera clave explicativa única? ¿Pasada, presente o futura? ¿Experiencia social, cuerpo físico o agente demoníaco? Los modelos de consejería defectuosos nunca llegan a entender bien el mundo en el que vivimos. Gran parte de los enfoques dan un peso determinante a una parte de nuestra situación de la vida completa. Por ejemplo, «tienes un desorden alimenticio porque tus necesidades de amor y autoestima no fueron satisfechas por tus padres» es igual a «eres esclavo a la obsesión con la comida debido a que un demonio de adicción ha ganado fuerza» y eso es lo mismo que «sufres de un desorden alimenticio porque tienes un desorden obsesivo compulsivo en tus genes». Podría ser cierto que tus padres no fueron amorosos contigo; que Satanás sí merodea; y que podrías haber nacido con ciertas tendencias y no otras. Sin embargo, ninguna de estas cosas es determinante. La sabiduría bíblica considera importante cada parte de nuestras circunstancias, pero le adjudica la causa final al corazón. En cuarto lugar, ¿cómo se conciben las metas y las actividades de la consejería? ¿Es la cura del alma, la restauración de la humanidad pecadora a la imagen de Cristo por la gracia de Cristo? ¿Está consolando al angustiado y molestando al que está cómodo? ¿Es la transformación de nuestros pecados y el consuelo de nuestras penas? ¿La consejería es esencialmente pastoral? Los modelos de consejería defectuosa siempre aconsejan mal. El consejero actúa como un arqueólogo que explora tu pasado y tu interior para comprender; como un mecánico que altera lo que no está funcionando satisfactoriamente en tu cognición y en tu comportamiento; como un entrenador que formula un plan de juego para vivir exitosamente y alentarte; como un amigo que te acepta tal como eres; como un padre que satisface tu necesidad psicológica de amor; como un filósofo que entrega una interpretación creíble de la vida sin ningún Dios; como un doctor que te receta medicina para hacerte sentir mejor; etc. La sabiduría bíblica considera la consejería como un ministerio del poder salvador de la gracia y de la verdad de Jesucristo. Comprensiones, alteraciones, ánimos válidos y otras cosas se levantan dentro de esa relación. Cuatro preguntas simples para construir discernimiento… ¡Se necesita tanto discernimiento! Sin embargo, creo que a medida que descubres cómo pensar bien dentro de estas verdades encontrarás que pasarán cosas buenas. Serás más sabio como consejero bíblico digno de tal nombre: un pastor sabio de ovejas y curador de almas. Asimismo, verás que serás más perspicaz ante cualquier sabiduría del mundo que clama por tu oído, tu voto, tu lealtad, tu ministerio, tu gente.
Este recurso fue publicado originalmente en 9Marks.
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Carta abierta al cristiano que está sufriendo
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Carta abierta al cristiano que está sufriendo

Este artículo forma parte de una serie llamada Carta abierta. Querido amigo: ¿Qué palabras puedo decirte cuando tu vida es difícil y estás sufriendo? Si estuviéramos cara a cara, probablemente no comenzaría con palabras para nada. Me gustaría que hablaras cuando puedas. Quiero saber de ti, qué es lo que estás atravesando, cómo es para ti y cómo estás. Probablemente, sería más útil simplemente estar presente y transmitirte que esas lágrimas, pena y confusión son válidas. Muchos cristianos sabios han comentado que los consejeros de Job lo hicieron bien hasta que abrieron sus bocas (Job 2:11-13) y sin duda no creo que exista alguna palabra mágica que lo mejorará todo. Pero cuando llegue el momento de decir algo, podría decir esto: Jesús es el amigo más compasivo, el compañero en el sufrimiento y el Salvador. Él recorrió un camino duro. Él sintió su propia angustia y dolor agobiante (Is 53). Él entiende. Él es compasivo contigo. Por medio del consuelo de su presencia y compasión, quiere tomarte y acercarte a Él. Te animo a ir a Él y hablarle. Hay algo en nuestra capacidad de encontrar palabras para expresar lo que estamos viviendo que marca una diferencia genuina. Un cristiano sabio de hace muchos siglos dijo: «abrirle nuestro corazón a un amigo, multiplica nuestras alegrías y corta a la mitad nuestros dolores». He descubierto que esto es verdad. Compartir nuestra alegría realmente multiplica la alegría. Por supuesto, compartir la pena nunca provoca que desaparezca, pero hay algo sobre hablar con alguien a quien verdaderamente le importas que calma tus heridas. No estás solo. Los salmos, que están tan llenos de dolores y tan llenos de fe, a menudo comienzan simplemente dando voz a la experiencia del sufrimiento. A medida que lo hacen, es importante notar que ellos no claman simplemente con un grito de dolor; ellos claman al Dios que escucha, que le importa, que se acerca, que ayuda. Podemos hablarle a nuestro Dios. Mi deseo es que tú puedas clamar a Él. Él te llama su amigo. Él se preocupa profundamente por ti. Él es tu Salvador. Confía en Él. Él recorrió este camino antes que tú. Él promete caminar contigo en esto. Podría decir una cosa más. El sufrimiento se debe recorrer un paso a la vez. Sé honesto. No tomes atajos. Deja que el afán de cada día sea suficiente para ese día. Busca a tu Padre. Si lo haces, lo encontrarás. David
Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.
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Por qué los pastores tienen la responsabilidad única de aconsejar
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Por qué los pastores tienen la responsabilidad única de aconsejar

No es una opción

Debes aconsejar. No es opcional. No puedes decir que no como si fuera simplemente una elección de profesión, un asunto de preferencia personal o una ausencia de dones. Esto no significa que todo pastor tendrá el mismo equilibrio entre los aspectos públicos y privados del ministerio. Cuando aconsejes «formalmente» (p. ej.: juntarte con personas particulares en momentos acordados) depende de muchos factores. Algunos pastores tendrán muchas conversaciones presenciales y personales de consejería; otros, relativamente pocas. Sin embargo, cada pastor debe dedicar un porcentaje de su ministerio al delicado arte de la conversación intencional así como estar continuamente atento a las oportunidades informales latentes en cada interacción humana[1]. El llamado de un pastor a aconsejar es significativamente diferente de cualquier otra profesión de consejería. Consideraremos un par de aspectos de esta singularidad.
1- Tu llamado al ministerio personal está entretejido en toda la Escritura
Muchos pasajes expresan el significado del pastoreo activo e intencional de las almas. Los textos clásicos incluyen Hechos 20:20; Gálatas 6:1-2, 9-10; Efesios 3:14-5:2; 1 Tesalonicenses; Hebreos 3:13-14; 4:12-5:8; 10:24-25, y montones de otros pasajes de «los unos a otros». De hecho, cada lugar que aborda las preocupaciones específicas de un individuo particular puede considerarse un pasaje de consejería. La responsabilidad de un pastor a aconsejar es única. ¿¡Qué otro consejero es llamado por Dios mismo tanto a aconsejar como a entrenar a otros para hacerlo!? Consideremos brevemente tres pasajes. En primer lugar, Jesús dijo que el segundo gran mandamiento es «amarás a tu prójimo como a ti mismo» (ver Mt 22:35-40). El amor involucra las necesidades y las luchas específicas de tu prójimo. El amor abarca muchas cosas: actitudes de paciencia y bondad; acciones que satisfacen necesidades materiales y ofrecen una mano de ayuda. Y el amor incluye una conversación honesta sobre lo que importa. De manera interesante, el contexto original para el mandamiento (Lv 19:17-18) aconseja, ilustra y aplica personalmente:
No odiarás a tu compatriota en tu corazón; ciertamente podrás reprender a tu prójimo, pero no incurrirás en pecado a causa de él. No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.
Dios escoge ir tras uno de los asuntos más difíciles de todos: ¿cómo amarás a tus parientes y amigos en sus defectos? El amor al prójimo se ilustra con un ejemplo de resolución de conflictos cándido y verbal, en contraste con el juicio, la evasión, la amargura y la agresión que llega tan fácilmente. Tú mismo actúas sobre este mandamiento al pastorear personalmente a tu prójimo. Y cuando aquellos a los que aconsejas tienen problemas con un conflicto interpersonal, los ayudas a aprender el amor constructivo y verbal. ¡Qué promesa tienes! «Yo soy el Señor» (misericordioso, compasivo, lento para la ira, abundante en amor y fidelidad, perdonador… mientras considera sinceramente la intransigencia). El pastoreo personal depende de este Dios y luego vive la misma imagen de este Dios en medio de las exigencias de ayudar a personas quebrantadas. Vives lo que está entre esos paréntesis. Éxodo 34:6-7 expone la bondad y la gloria de Dios… y la bondad y la gloria de Dios son atributos comunicables, la imagen de Jesús formándose en nosotros. El amor conversacional toma muchas otras formas también. Preguntarás: ¿cómo estás en realidad? ¿Quisieras conversar? ¿Cómo puedo orar por ti? ¿Cuáles son tus puntos de presión? ¿Cuáles son tus alegrías y tus tristezas? ¿Hay algún jardín secreto? ¿Luchas conscientes? ¿Victorias engañosas? ¿Cómo estás con Dios y con tus más cercanos y más queridos? ¿Qué cargas llevas sobre ti? Cuando hiciste/dijiste ____, ¿qué querías? ¿Cómo procesas la ansiedad, el enojo o la evasión? ¿Cómo estás lidiando con este maravilloso logro o bendición? Al hacer y responder tales preguntas, entramos en las vidas de los demás. Estas son puertas para la gracia, porque estos son los lugares en los que Jesús encuentra a las personas. Como pastor, tus prójimos más obvios (además de la familia) son el rebaño del cual tienes una responsabilidad personal. «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» te llama a aconsejar. En segundo lugar, considera el libro de Proverbios como un todo. No es incorrecto predicar Proverbios. La sabiduría misma clama en las calles, invitando a todos aquellos que se acercan a escuchar (Pr 8-9). Pero más vale que te asegures de aconsejar Proverbios. La sabiduría verbal es tremendamente apreciada y la mayoría de lo que Proverbios ordena se lee como un consejo individual personalizado cariñoso: como un padre, como una esposa y madre, como un verdadero amigo, como un buen rey, como cualquier persona sabia. La sabiduría es un don de consejería. Cuando viene a distribuir este valiosísimo don renovador de vida, la generosidad de Dios es ciega a las diferencias de género, etnia, edad, riqueza, estatus y educación. ¡Sin duda, Él no colmará del don deseable de la habilidad de la consejería solo a todos los demás en el cuerpo de Cristo, dejando de lado a los pastores! Eres llamado a convertirte en uno de los hombres sabios. Finalmente, considera las cartas de Pablo a Timoteo, Tito y Filemón. Son ejemplos de consejería pastoral capturadas en papel para siempre. Cada una está dirigida a una persona en específico, discute circunstancias particulares, considera fortalezas y debilidades específicas, y edifica sobre la relación en sí entre un consejero y un aconsejado. Como consejero, Pablo es tierno, entendido, abierto, directo, relevante, animante y desafiante. ¿Puedes predicar legítimamente sobre lo que equivale a un texto de consejería personal? Por supuesto. Pero ¿predicarías solo un texto pastoral personal y no harías también un pastoreo personal? Pastor, estas epístolas te llaman a pastorear.
2. Eres llamado a hacer lo imposible
Es curiosamente consolador saber que tu llamado sobrepasa tu capacidad. Esta es otra manera en que el llamado de un pastor a aconsejar es único. No puedes poner tu confianza en tus dones, experiencia, educación, técnicas, profesión, credenciales, madurez o sabiduría. Eres llamado a hacer lo que Dios debe hacer. En 1 Timoteo 4:6:16, Pablo exhorta a Timoteo a sumergirse en la verdad revelada, en una vida de fe, en amor activo, en la obra del ministerio, en servir a Jesucristo. Él debe ejercitarse, dedicarse, practicar, persistir. Él debe tener especial cuidado de sí mismo y de lo que enseña. ¿Por qué Pablo subraya el punto tan cuidadosamente? La razón es asombrosa: «[…] porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan» (4:16). ¿Cómo dices? ¿Te salvarás a ti y a quienes te escuchan? Así es. ¿Quién es suficiente para esas cosas? Solo Dios salva de la muerte, del pecado, de las lágrimas, de la debilidad, de nosotros mismos. Solo Cristo salva por gracia, misericordia y paciencia a un costo personal inmediato (1Ti 1:14-16). Solo el Espíritu sana al alma del egoísmo suicida, dándole vida a una persona y a un pueblo a la fe y al amor. No obstante, este gran y buen médico usa con gusto a Timoteo, un mero pastor como asistente médico en el proceso de sanidad. Él también te usa a ti.
Este artículo es una adaptación de The Pastor as Counselor: The Call for Soul Care [El pastor como consejero: el llamado para el cuidado del alma] escrito por David Powlison.
Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.

[1] Para discutir cuánto tiempo debe dedicar un pastor a la consejería y al tipo de personas a las que él se entregará, ver el capítulo «Pastoral Counseling [Consejería pastoral]» del libro de David Powlison, Speaking Truth in Love [Hablando la verdad en amor] (Greensboro, NC: New Growth Press, 2005), 127-132. [Disponible solo en inglés].