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Alexander Stewart es decano académico y profesor asociado de Lenguaje y Literatura del Nuevo Testamento en el Tyndale Theological Seminaryen Badhoevedorp, los Países Bajos.

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Ten un saludable temor a Dios
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Ten un saludable temor a Dios

La coexistencia del temor con el gozo y el florecimiento humano parece ser difícil de entender para muchas personas. Sin embargo, el salmista dice: «Adoren al Señor con reverencia, y alégrense con temblor» (Sal 2:11). El temor y el gozo no solo pueden existir al mismo tiempo, sino que deben hacerlo. La combinación de temor con gozo no está limitada al Antiguo Testamento; el Nuevo Testamento está lleno de pasajes de advertencia dirigidos a los cristianos (o al menos a aquellos que tiene todo indicador externo de ser salvo), los cuales obtienen su fuerza motivacional de la producción de temor. Estos pasajes de advertencias existen junto con pasajes de seguridad que acentúan la confianza, la esperanza, la seguridad y el gozo que tenemos en nuestra fe.

El temor al temor

Los no creyentes se han burlado y han rechazado por mucho tiempo el rol del temor en la enseñanza y en la proclamación cristiana. Bertrand Russell ilustremente se enfocó en el temor en su crítica del cristianismo a principios del siglo XX. Él argumentó que: «La religión se basa, principalmente, a mi entender, en el miedo… El miedo es el padre de la crueldad y, por lo tanto, no es de extrañar que la crueldad y la religión vayan de la mano. Se debe a que el miedo es la base de estas dos cosas». De la misma manera, los cristianos parecen estar terriblemente aterrados del temor. Queremos acentuar la motivación de emociones positivas tales como el amor y la gratitud y tendemos a incomodarnos mucho con cualquier uso del temor que llame a motivar la conversión o el crecimiento en santidad. Tal temor al temor, sin embargo, tiene un costo, y como resultado los pasajes de advertencia a lo largo de la Escritura son descuidados o son sobre interpretados. Muchos líderes cristianos parecen estar determinados a convencer a su audiencia de que nunca deben experimentar cualquier incomodidad emocional al contemplar la santidad, la justicia y el juicio de Dios; «el temor al Señor» siempre es comprendida como respeto o asombro y nunca, nos dicen, indica que debemos realmente temer a Dios.

Amenazas divinas

Esta evasión de exhortación aterradora dirigida hacia los creyentes e incrédulos basados en la realidad del juicio justo y santo de Dios no fue compartida por los autores de la Biblia. No hay espacio para explorar los muchos pasajes de advertencia, pero podemos considerar brevemente muchas amenazas directas hechas por Jesús a través de Juan a su iglesia en el libro de Apocalipsis.
Éfeso: «Recuerda, por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete, y haz las obras que hiciste al principio. Si no, vendré a ti y quitaré tu candelabro de su lugar, si no te arrepientes» (Ap 2:5). Pérgamo: «Por tanto, arrepiéntete; si no, vendré a ti pronto y pelearé contra ellos con la espada de mi boca» (Ap 2:16). Tiatira: «Por eso, la postraré en cama, y a los que cometen adulterio con ella los arrojaré en gran tribulación, si no se arrepienten de las obras de ella» (Ap 2:22). Sardis: «Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; guárdalo y arrepiéntete. Por tanto, si no velas, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti» (Ap 3:3). Laodicea: «Te vomitaré de mi boca… Sé, pues, celoso y arrepiéntete» (Ap 3:16, 19).
Juan no continúa hablando de estas amenazas, asegurándole a sus receptores que en realidad no aplicaban, no eran realmente severas o no querían decir lo que aparentemente decían. Él no parece preocupado por el posible malestar emocional; las amenazas que producen temor eran necesarias para despertar y sacudir a los cristianos y motivarlos al arrepentimiento, a la perseverancia y a la fidelidad. Por lo tanto, ¿cómo reconciliamos el uso bíblico de las apelaciones y amenazas del temor con nuestra convicción cultural generalizada de que tal retórica debe ser rechazada? Una investigación reciente hecha por teóricos argumentativos sobre la evaluación de las amenazas en la argumentación apuntan a muchos puntos de evaluación.

Amenazas legítimas

El contexto es clave para determinar si es que una amenaza es apropiada. Por ejemplo, si un vendedor concluye que sus ventas caen al amenazar con golpear en el rostro a alguien si no compra su aspiradora, el contexto sugiere que la amenaza es inapropiada. De la misma manera, no quisieras concluir una proposición de matrimonio con una amenaza. Sin embargo, las amenazas son apropiadas en otros contextos. Un decano puede amenazar a un estudiante con ser expulsado por plagio y un juez puede amenazar con quitarte la licencia por conducir bajo los efectos del alcohol. La legitimidad de una amenaza depende del contexto y de si quien amenaza tiene una autoridad legítima. La Biblia revela a un Dios que es soberano y poderoso, la autoridad legítima suprema. Puesto que es nuestro Creador, le pertenecemos a él y tiene todo el derecho para mandarnos, amenazarnos y juzgarnos. Esta realidad es, por supuesto, ofensiva y contraria a las ideas de la autonomía humana suprema y de la autodeterminación. Queremos estar a cargo y queremos determinar por nosotros mismos lo que debemos y no debemos hacer, pero tales aspiraciones no se alinean con la realidad o con la capacidad humana. Siempre fallaremos cuando intentemos jugar a ser Dios; nuestros débiles cuerpos humanos no fueron construidos para eso.

Amenazados por amor

Una autoridad legítima aún puede ser criticada por el uso inapropiado, autoritario o cruel de las amenazas, pero en este punto el carácter y las intenciones de quien amenaza se tornan muy importantes. ¿La persona que amenaza es cruel, vengativa, arbitraria y desconsiderada o es amorosa, preocupada y amable? ¿Cuál es la intención de esa persona para amenazar? ¿Tiene la intención de humillarte, manipularte o herirte o tiene la intención de amenazarte para llevarte al bienestar, a la plenitud y al florecimiento? El amor de Dios por nosotros en nuestro quebranto y pecado es el tema principal a lo largo de la Biblia. Mientras todavía éramos débiles, pecadores perversos, Dios demostró su amor por nosotros por medio de la muerte de Jesús en nuestro lugar (Ro 5:8). El amor de Dios por la humanidad rebelde y quebrantada lo motivó a enviar a su Hijo para rescatarnos (Jn 3:16). Dios tiene la intención de que sus advertencias y amenazas nos motiven a arrepentirnos, a perseverar y a crecer en santidad: este es el camino al shalom, a la plenitud y al florecimiento humano. El rechazo del pecado y la búsqueda de santidad llevan a una vida cada vez más libre de las adicciones debilitantes y del pecado que deshumaniza y destruye.

Vivir con temor y gozo

El temor y el gozo saludables en el Dios de nuestra salvación no solo pueden ir juntos, sino que deben hacerlo. Nunca encontraremos gozo en Dios mientras vivimos voluntaria y constantemente sin confesar nuestros pecados. No encuentro la motivación para huir de la tentación y del pecado al asegurarme a mí mismo que el pecado no es peligroso o que mis decisiones no importan; la motivación viene, en parte, al reconocer el terrible peligro que el pecado posee, incluso para los cristianos. Este temor, sin embargo, no es debilitante o destructivo; nos motiva a aferrarnos a Cristo en una fe y verdad desesperada y perseverante. Tal dependencia constante por medio de la fe produce un gozo impronunciable y glorioso (1P 1:8).
Alexander Stewart © 2019 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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Espera que Dios haga algo inesperado
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Espera que Dios haga algo inesperado

Dios no hace las cosas de la manera en que nosotros pensamos que debe hacerlas. Ese tema surge al leer historias de personas aparentemente conversas que dejaron la iglesia o al escuchar a personas que explican por qué dejaron el cristianismo basadas supuestamente en argumentos intelectuales. Dios no encaja con nuestras expectativas. No obstante, él no es como nosotros; es completamente diferente. Aunque no lo dicen exactamente con estas palabras, el argumento dice algo como esto: si Dios es perfecto y bueno, él debe haberse revelado a sí mismo más claramente, él debe haber preservado la Escritura sin variantes textuales, él debe haber producido una Biblia menos abierta a tantas interpretaciones diferentes (debe de alguna manera ser transhistórica y transcultural), él debe haber quitado completamente el mal y el sufrimiento de inmediato. Estos argumentos podrían decirse con otras palabras: si yo fuera Dios, habría hecho las cosas de manera diferente. En comparación con nuestra razón ilustrada, las acciones de Dios son vistas como carentes y deficientes. Nuestras preferencias, sabiduría, racionalidad y expectativas se transforman en el estándar al cual Dios debe someterse o, de lo contrario, es rechazado por ser falso e indigno de confianza. Parece no quedar lugar para una evaluación humilde de los límites y de la fragilidad de la capacidad y racionalidad humana.

Escándalo y locura en la cruz

A menudo Dios no hace las cosas de la manera en que nosotros como humanos pensamos que debe hacerlas. El ejemplo más claro es la crucifixión de Jesús. Pablo argumenta que «nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles. Sin embargo, para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad de Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres» (1Co 1:23-25). Pablo no está abrazando el fideísmo, la fe ciega ni el anti-intelectualismo; él está reconociendo los límites de la racionalidad humana y de la realidad de que Dios no está obligado a actuar como pensamos que debe hacerlo. La crucifixión podría haber sido escandalosa para los judíos y ridícula para los gentiles, pero era el plan de Dios para salvar y restaurar a sus representantes portadores de su imagen.

Escándalo y locura en Navidad

Las narraciones navideñas nos son tan familiares que a menudo fallamos en ver cómo se parecen a la crucifixión: sin duda escandalosa, una locura debatiblemente, pero sin embargo, era el plan de Dios para cumplir sus promesas y salvar a su pueblo. En primer lugar, la concepción de la virgen fue escandalosa. José mismo asumió que hubo infidelidad e intentó divorciarse de María. Alrededor de 100 años después de que Mateo escribiera su Evangelio, Orígenes describió el común contrarrelato judío no cristiano. Él lo acusa de haber «inventado su nacimiento de una virgen», y lo censura con haber «nacido en un cierto pueblo judío, de una pobre mujer campesina, que obtenía su sustento al hilar y a quien su esposo expulsó –un carpintero de oficio– porque era culpable de adulterio. Una mujer que después de que su marido la alejó de él y de que vagó por un tiempo, dio a luz escandalosamente a Jesús, un hijo ilegítimo» (Orígenes, Against Celsus [Contra Celso] 1.28, en The Ante-nicene Fathers [Los padres prenicenos], 4.408). Estas afirmaciones no tienen evidencia confirmada que hayan sobrevivido al primer siglo, pero es lo suficientemente fácil ver cómo surgieron en respuesta a las declaraciones cristianas sobre la concepción de Jesús en la virgen. ¿Podría Dios haber hecho las cosas de una manera menos abiertas al ridículo? ¿O no podría él haber provisto más pruebas sobrenaturales? Por supuesto que podría haberlo hecho, pero no lo hizo. Y los escépticos se burlan. Mientras tanto, los cristianos celebran esta verdad como una manera en que Dios decidió actuar para salvar al mundo por medio de su Hijo Jesús, completamente Dios y completamente hombre. En segundo lugar, la encarnación misma es increíble de creer: ¿realmente Dios necesitaba convertirse en hombre? Justino Mártir describe la primera crítica al cristianismo de mediados del segundo siglo, Debes sentirte avergonzado cuando haces afirmaciones similares a las de ellos [religiones greco-romanas] y, en su lugar, [debes] decir que este Jesús nació hombre de hombres. … Te esfuerzas por demostrar algo increíble y casi imposible; [concretamente], que Dios soportó nacer y convertirse en hombre (Justino, Dial 67-68, en The Ante-nicene Fathers [Los padres prenicenos], 1.231–232). Podría ser difícil de creer, pero Dios se hizo hombre; él se unió a nuestro dolor, a nuestro sufrimiento y a nuestra muerte con el fin de vencer a la muerte por todos nosotros. Como lo deja claro el libro de Hebreos, él experimentó nuestras limitaciones y tentaciones con el fin de convertirse en nuestro perfecto y eterno Sumo Sacerdote y con el fin de ofrecer un perfecto y último sacrificio por el pecado. ¿Podría Dios haberlo hecho de una manera diferente, menos dolorosa y menos vergonzosa? Quizás, pero no lo hizo. En tercer lugar, ¿por qué el nacimiento humilde? ¿Por qué nacer en pobreza, en oscuridad y en debilidad? Estamos tan familiarizados con la historia de Navidad que fallamos con ver cuán contradictorio es todo esto. Al salvar al mundo, Dios parece haber tomado la ruta más difícil que se puede imaginar. Así como la tentación de Satanás de darle a Jesús instantáneamente la soberanía del mundo sin sufrir la cruz, así también podrían haber existido un par de maneras más fáciles y más rápidas para hacer esto. Sin embargo, como Pablo nota, la «locura» de Dios es más grande que la sabiduría del hombre (1Co 1:25).

Confía en Dios para que sea Dios

Mientras reflexionas sobre tu vida, tus luchas, tus desilusiones, tus victorias, tu fe y tu esperanza durante este tiempo de Navidad, recuerda que Dios es Dios y nosotros no lo somos. La muerte de Jesús en la cruz fue al mismo tiempo locura para los sabios del mundo, para quienes estaban condenados y demostración de poder y sabiduría de Dios para aquellos que creen. Él no siempre hace las cosas de la manera que esperamos o deseamos que lo haga, sino que cuando se trata de Dios, ¿no deberíamos saber que, a esta altura, debemos esperar lo inesperado? La fe en Dios ciertamente no nos da seguridad (en el sentido de vivir en una burbuja mágica en la que nada malo podría pasar y se nos garantice éxito en cada circunstancia), pero sí nos asegura increíblemente. Por tanto, porque él es fiel y bueno, podemos confiar y adorar sin siempre entender completamente. El cristianismo no comenzó, sobrevivió ni se expandió primordialmente a través de la argumentación intelectual, sino que por medio de una demostración del Espíritu, que es el verdadero poder de la Navidad.
Alexander Stewart © 2018 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda