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«Sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito» (Ro 8:28). Cada vez que leo esas conocidas palabras, me encuentro preguntándome a mí mismo, ¿sé esto? ¿Vivo a partir de esto? El nuevo año nos da una oportunidad a cada uno de nosotros para probar el ancla de nuestras almas, especialmente dentro de las olas del miedo y de la ansiedad sobre el futuro.

Es importante ver lo que Pablo dice: «todas las cosas cooperan para bien». No, «todas las cosas son buenas». Convertirse en cristiano no quiere decir que ahora somos inmunes a que nos sucedan cosas terribles. Esa podría ser la enseñanza de algunos líderes del mundo hoy, pero no la escucharás de Dios mismo en la Escritura. Sufrimos las mismas enfermedades, desafíos financieros, pérdidas, estrés laboral, tristezas relacionales, accidentes y desafíos como todos en este dañado mundo en el cual vivimos. Sufrimos como todos. En algunos lugares del mundo, incluso sufrimos más por nuestra fe en Jesús. Mientras seguimos fielmente a Cristo, algo terrible podría suceder en los próximos doce meses.

Pablo no está diciendo que nada malo vendrá en el camino de la vida cristiana, él está diciendo que Dios puede tomar lo que venga y hacer que sirva para nuestro bien. Él no es responsable del mal, pero aún el mal y el sufrimiento no pueden escapar de sus perfectos propósitos para nosotros.

Todas las cosas en el nuevo año

Este versículo se nos ha dado porque será exactamente lo que necesitaremos escuchar. Pablo ya ha delineado la forma básica de la vida cristiana —sufrimientos ahora, gloria venidera (Ro 8:17)— una forma derivada de los ministerios de Cristo mismo. En un mundo lleno de dolorosas esperas, este verso es un recurso indispensable para que nosotros tomemos en este nuevo año. Vamos a necesitar saber que Dios es capaz de tomar todo lo que nos sucede y usarlo para nuestro máximo bien.

«Todas las cosas» significa todo lo que nos sucede, incluso las peores cosas que pudieran pasar. Incluso aquellas cosas no están fuera del alcance del propósito amoroso de Dios para nuestras vidas. En el Antiguo Testamento, José pudo mirar atrás al impronunciable mal que sus hermanos le hicieron y decir: «Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo cambió en bien» (Gn 50:20). La preocupación nos dice que ellos lo hicieron con un mal propósito, que pasó mientras Dios estaba distraído; la fe nos reafirma que Dios lo hizo con un buen propósito.

Esto de que «todas las cosas cooperan para bien» se ve con más claridad en la muerte de Jesús (Hch 4:27-28). Fue lo peor que jamás pudo pasar en la tierra. Sin embargo, por medio de ello, Dios pudo dar lugar a un bien incalculable y bueno.

El bien al que todas las cosas servirán

Por lo tanto, ¿qué significa esto en la práctica? Como sea que haya sido para ti el último año, Dios no podría haber sido más bueno contigo de lo que ha sido. Quizás fue un año muy doloroso (este fue el año más difícil que yo he tenido en mi vida); y podría haber sido así. No obstante, esta es Palabra de Dios para nosotros para este año que pasó. No será menos cierto para el año que viene. El próximo año estará lleno de momentos tras momentos en los que Dios estará obrando para nuestro máximo bien.

Quizás, consciente de que esto nos sería difícil de creer, Pablo respalda esta verdad con el verso que sigue: «porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos» (Ro 8:29).

Este es el bien para el que trabajan todas las cosas en tu vida: que seas como Jesús. Luchamos por ver la bondad de Dios porque luchamos por entender cómo es la máxima bondad. Nuestra visión de lo que es bueno queda muy corta respecto a la visión de Dios. Versos como este nos recuerda que Dios sabe mucho, mucho más sobre el máximo bien para nosotros de lo que nosotros sabemos. Dios no está obrando todas las cosas para que esta vida sea una de riquezas económicas, de buena salud o de popularidad. Dios está obrando todas las cosas para que podamos ser más y más como su Hijo.

Nada de qué preocuparse

Como cristianos, nosotros somos aquellos que aman a Dios y quienes son llamados conforme a su propósito. No es que primero debamos amar a Dios y, en respuesta, Él nos llame a ser bendecidos por Él, es precisamente al revés. El llamado de Dios es que lleguemos a conocerlo y a que seamos capaces de amarlo. No de manera perfecta, pero sí verdaderamente. Tenemos un nuevo corazón y afecto por Dios. Nosotros lo amamos. Sin importar cuán profundos sean tus impulsos pecaminosos, un amor por Dios dado por el Espíritu se encuentra aún más profundo. Y esta promesa es para ti: Dios está obrando todas las cosas para tu bien, para tu conformidad a su Hijo.

Eso es lo que Dios más quiere para mí. Eso es lo que más debo querer para mí mismo. Nada en mi vida podría ser mayor que esto. No existe una sola cosa en toda la creación, la historia y la realidad que Dios permita que se interponga en mi camino.

Esto debe significar que no existe una sola cosa por la que tenga que preocuparme. Si todas las cosas están siendo obradas por Dios para nuestro bien, entonces Él ha ordenado todas las cosas en mi realidad de la manera que yo más necesitaba que fueran. La preocupación de mi parte solo indicará que existen mayores profundidades en mi corazón en las que necesito aplicar esta verdad. Sé lo que significa luchar con la ansiedad. No obstante, si estamos en Cristo, no necesitamos preocuparnos por el próximo año. No existe un solo momento en el que necesitemos temer. En cada segundo, Dios estará obrando para hacernos más como Cristo. ¿Qué puede ser mejor que eso?

Sam Allberry © 2018 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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Sam Allberry

Sam Allberry es uno de los pastores de la iglesia anglicana St Mary's en Maidenhead, Reino Unido. También es autor del libro Is God Anti-Gay? [¿Está Dios contra los homosexuales?]. Puedes encontrarlo en Twitter como @SamAllberry.

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