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Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.


Después de un cuarto de siglo de servir en la Iglesia Bautista Bethlehem, el pastor John miró hacia atrás y reflexionó sobre una tendencia muy preocupante en el cristianismo que él mismo siguió. Era la tendencia de la autoestima y del amor propio, y que fue tan importante en las décadas de los setenta y ochenta. Se decía que la autoestima era la clave para el amor cristiano: ámate más a ti mismo para ser capaz de amar a los demás con mayor eficacia. Sin embargo, ese modelo fue una distorsión. Lo que la Biblia les exige a los cristianos es, en realidad, mucho más radical que la autoestima. Es más radical porque la Biblia no nos llama a amarnos más a nosotros mismos, sino a amar a los demás con el mismo fervor y celo con el que ya nos amamos a nosotros mismos. Este llamado más radical a amar es tan grande y exigente que el pastor John será muy franco en decir que esta revelación es totalmente «devastadora», porque hace que el cristianismo sea realmente «una religión imposible». Los dejo ahora con el pastor John, quien explicará uno de sus sermones del 2005

¿Cómo se relaciona la deuda de amor que tenemos hacia los demás con el amor propio? Romanos 13:9 es una cita de Levítico 19:18. Jesús la citó; Santiago la citó; Pablo la citó. Esta es la ley real del amor: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Mi pregunta es: ¿qué significa «amarás como te amas a ti mismo»; «como a ti mismo»?

He estado aquí por 25 años. Acabamos de celebrar eso el miércoles por la noche. Recuerdo que en los seis años que estuve en Bethel antes de llegar aquí, este tema se encontraba entre las preocupaciones más dominantes de mi vida desde 1974 hasta 1989. ¿Qué significa «como a ti mismo»? Destaco este pequeño hecho histórico solo porque o estoy escondiendo mi cabeza bajo el ala o las cosas han cambiado un poco. Hoy no escucho hablar tanto sobre el tan errado esquema psicológico que se desarrolló alrededor de este versículo hace veinte o treinta años. No obstante, les voy a contar lo que es en caso de que tenga mi cabeza esté bajo el ala, y por si tú has mordido el anzuelo. Intentaré librarte del anzuelo ahora mismo.

El evangelio de la autoestima

Durante muchos años, los cristianos escribieron artículos y libros en los que afirmaban que este mandamiento significa que la razón por la cual no amamos a nuestro prójimo es porque no hemos aprendido a amarnos a nosotros mismos lo suficiente y, por lo tanto, la tarea de la consejería, la educación, la crianza de los padres y la predicación es ayudar a la gente a amarse más a sí misma para que tenga los recursos para amar a los demás. Y en ese pequeño esquema, el amor propio siempre significó autoestima.

En consecuencia, el evangelio universal que soluciona todos los problemas de los hijos y de los matrimonios, así como los conflictos de negocios, es la falta de autoestima y, por tanto, la tarea de todos los consejeros, los predicadores, los padres y los educadores es desarrollar una mayor autoestima en la vida de estos pequeños y en la de los trabajadores; entonces, las cosas irán mejor, porque a medida que se amen a sí mismos, derramarán amor a otros. Ese era el esquema, pero malinterpretaba desmedidamente el punto principal de varias maneras.

En primer lugar, este mandamiento bíblico supone que todos nos amamos a nosotros mismos y no necesitamos en lo absoluto que se nos enseñe cómo hacerlo. Es una presuposición. Cada persona en este salón, sin excepción, tiene un tremendo amorío con sí misma. No necesita que se le enseñe.

En segundo lugar, no tiene nada que ver con la autoestima. El amor que sientes por ti mismo es simplemente tu deseo de ser feliz y de hacer lo que sea necesario para que tu vida sea como la quieres. Él no dice que primero debes aprender a estimarte a ti mismo, y luego, debido a esa rica apreciación de tus cualidades, ahora eres libre para amar a otros —lo que, entonces, te ayudaría supuestamente a apreciar cuán maravillosos son los demás—.

Todos quieren ser felices

No era así como Pablo pensaba. Las palabras no son un mandamiento para amarte a ti mismo; son una suposición: ama a tu prójimo como ya te amas a ti mismo, y eso es todo.

Miremos este ejemplo en Efesios 5 donde Pablo habla de los maridos y sus esposas. Él toma el mandamiento de amar a tu prójimo y lo aplica a los esposos y a las esposas. ¿Cómo ama un marido a su esposa bajo este mandato? Así: «Los maridos deben amar a sus esposas como aman a sus cuerpos. Aquel que ama a su esposa, se ama a sí mismo». Luego agrega esta afirmación increíblemente crucial en el versículo 29: «Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia» (Ef 5:28-29). Nunca nadie se ha aborrecido a sí mismo; por el contrario, nos sustentamos y cuidamos. Todos, sin excepción, se aman a sí mismos, ya sea que su autoestima sea alta o baja.

  • Todos queremos tener alimentos para comer y haremos lo que sea necesario para conseguirlos cuando tengamos hambre.
  • Todos queremos beber para no morir de sed y haremos casi cualquier cosa para encontrar algo que beber cuando tengamos sed.
  • Todos queremos evitar las heridas y la muerte, y haremos lo que sea necesario para no cruzarnos delante de un tren ni de un camión ni ingerir veneno ni acabar muerto de alguna otra manera.

Amamos mucho nuestra vida y salud. Y si alguien pone alguna objeción como, por ejemplo: «¿pero qué hay de los masoquistas y de las víctimas de suicidios? ¿Se considera la excepción? Porque ellos no se tratan muy bien a sí mismos, ¿no?» La respuesta es que los masoquistas y las víctimas de suicidios no son la excepción a esta regla.

Un masoquista es una persona que, por razones muy tristes y enfermizas, encuentra placer en hacerse daño a sí misma o en buscar el cuidado de los médicos. He conversado con gente que se autolesiona. Le pregunté a una joven con la que trabajábamos: «¿por qué te cortas?» (tenía grandes laceraciones en su estómago) y respondió: «Es la única vez que alguien me toca». Ella quería que la tocaran. Se amaba a sí misma enormemente . «Tóquenme. Tóquenme, doctores».

Lo mismo sucede con el suicidio. La única razón por la cual la gente comete suicidio es porque su vida se ha vuelto tan dolorosa que ya no pueden soportarlo más y quieren escapar. Ya no quieren más dolor, y eso es amor propio. «Ya no quiero más este dolor».

A todos nos gusta ser elogiados y, aparte de la gracia, todos decimos y hacemos sutilmente cosas para ser apreciados, para ser elogiados. Se necesita una enorme obra de la gracia divina para liberarnos de ese ídolo. Amamos el elogio de los hombres. Todos tenemos amor propio. Jesús no lo manda, lo asume.

Busca el bien de los demás

Ahora, muchas personas piensan que sería muy radical si Jesús dijera: «dejen de amarse a sí mismos de esta forma y cumplan con el deber de amar al prójimo. Dejen de tener esos anhelos tan intensos por su propia felicidad y bienestar. Deténganlos, mátenlos, crucifíquenlos, mueran a eso y comiencen a hacer aquello que no fluye del deseo de su propia felicidad y sean obedientes en amar». Algunos dirían que eso es realmente radical, y supongo que lo sería.

Sin embargo, no es tan radical como lo que Jesús, Pablo, Santiago y Levítico dicen: «Amen a su prójimo de manera tan desmedida como se aman a sí mismos. Hagan que su deseo de estar vivo y de ser feliz sea la medida con que deseen la felicidad de los demás». Hablas de exigencias radicales, imposibles, transformadoras de vida y que hacen estallar el corazón. Ama a tu prójimo como a ti mismo.

  • Si pones toda tu energía en buscar tu propia felicidad, sé enérgico en la búsqueda de la felicidad de tu prójimo.
  • Si eres creativo en buscar tu propia felicidad, sé creativo en la búsqueda de la felicidad de tu prójimo.
  • Si eres perseverante y persistente en buscar tu propia felicidad, sé perseverante y persistente en la búsqueda de la felicidad de tu prójimo.

Pablo no dice que busques para tu prójimo las mismas cosas que tú deseas; él dice: «Busca su bien de la misma manera en que buscas el tuyo. Haz del grado de la búsqueda de tu propio bien, y que es muy alto, la medida de tu búsqueda del bien de los demás».

Un mandamiento radical e imposible

Esto es devastador. Estás sentado en casa tranquilamente disfrutando de una velada. Se siente bien: ver televisión, mirar un video, comer una rica cena, hablar. Y en ese momento escuchas a Jesús decir: «ama a tu prójimo tanto como amas esta tarde». Eso es devastador. Mide tu búsqueda de la felicidad de los demás con la misma medida que usas para buscar la tuya.

  • ¿Cómo buscas tu bienestar? Busca el de tu prójimo de esa misma manera.
  • ¿Tienes hambre? Encuentra a alguien que tenga hambre y dale de comer.
  • ¿Tienes sed? Dale de beber al que tenga sed.
  • ¿Te sientes solo? Busca a alguien que esté solo y ofrécele tu amistad.
  • ¿Sientes temor? Encuentra a alguien a quien consolar.
  • Quieres obtener una buena calificación en tu próximo examen. Los demás también. Ayúdalos.

Eso es radical. Mucho más radical que decir: «Deja de desear y comienza a cumplir con tu deber». Es mucho más radical porque dice: «todos esos enormes deseos que tengo por encontrar mi felicidad no desaparecen, sino que son transferidos a algo totalmente diferente. La misma energía, los mismos anhelos, los mismos deseos ahora son los mismos que tienes para tu salvación, tu felicidad y tu bienestar; tu estómago satisfecho, tu mente educada y tu vida con sentido. Todo lo que yo deseo, ahora lo deseo con la misma fuerza para ti».

El cristianismo es una religión imposible. Su estándar es abrumador y me hace anhelar que se haga un milagro en mí.

John Piper © 2021 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto

 

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John Piper

John Piper es fundador y profesor de desiringGod.org y rector de Bethlehem College & Seminary. Por 33 años, sirvió como pastor de la Iglesia bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros, dentro de ellos se encuentran: Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano, y más recientemente, Por qué amo al apóstol Pablo: 30 razones.
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