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Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.


Cerramos esta semana con una pregunta muy común en la mente de muchos cristianos. Es una pregunta que usted, pastor John, le hacen mucho cuando viaja, y es una de las preguntas más comunes que recibimos en los correos electrónicos de nuestros oyentes. Esta es: «si leo mi Biblia, pero no siento nada en mis afectos que resuene con el valor, la importancia, la preciosidad, la belleza y los placeres que deben comunicar esas palabras, ¿hay algo más que pueda hacer? ¿O simplemente debo esperar y dejar que la experiencia me suceda en el futuro? ¿Cómo responde usted?».

Me alegra mucho esta pregunta porque es algo que he estado pensando últimamente. He estado meditando en una sección del libro de Proverbios, y creo que esta sección es introducida por el escritor inspirado precisamente para dar respuesta a esta pregunta.

La sección es Proverbios 22:17-24:22. Si miras Proverbios 22:20, dice: «¿No te he escrito cosas excelentes, de consejo y conocimiento?». Ahora bien, estas cosas excelentes se encuentran agrupadas. Algunas Biblias separan las agrupaciones para ti. Entonces, cada vez que comienza un nuevo tema, hay un nuevo dicho, y hay treinta de ellos en esta unidad. El versículo 17 es donde ellos comienzan, y dice: «Inclina tu oído y oye las palabras de los sabios, y aplica tu corazón a mi conocimiento». Por lo tanto, usualmente tienen el título «Los dichos de los sabios».

Pues bien, lo más importante de esto es que creo que los primeros dos versículos o los primeros tres tal vez, en esta nueva sección de treinta dichos, están escritos precisamente para responder la pregunta que se nos acaba de formular, es decir, ¿cómo oyes estas palabras y cómo te sientes en consecuencia?

Acércate

Permíteme leer Proverbios 22:17-18:

Inclina tu oído y oye las palabras de los sabios,
Y aplica tu corazón a mi conocimiento; 
Porque te será agradable si las guardas dentro de ti;
Para que estén listas en tus labios.

Fíjate en dos cosas. La primera línea dice: «Inclina tu oído y escucha las palabras de los sabios». Así que claramente el punto allí es que las palabras están siendo habladas y tú debes acercarte, inclinar tu oído. Literalmente, si no puedes oírlas, ¿qué hacemos cuando no podemos oír? Nos inclinamos hacia adelante. Nos acercamos más.

Sin embargo, también lo hacemos con nuestra atención. Si estás leyendo palabras o si estás escuchando palabras y las palabras están simplemente pasando, él está diciendo: «no las dejes pasar. No dejes pasar ninguna de las palabras. Atiende meticulosa, cuidadosa y atentamente a las palabras mismas, porque las palabras van a formar conocimiento en tu mente».

Despierta

La siguiente línea dice: «Y aplica tu corazón a mi conocimiento». Así que el conocimiento es lo que forma en la mente alguna idea —alguna comunicación de algo valioso o precioso o importante o sabio que él va a comunicar— que viene a través de palabras que llegan a tu oído, que entran y producen conocimiento.

Entonces, aquí viene, el efecto es que: «te será agradable». Y yo entiendo que el corazón es el órgano de lo agradable o del placer. Y de eso se trata, ¿no? ¿Cómo puedo experimentar placer al admirar valorar, atesorar, amar, abrazar, disfrutar y disfrutar apropiadamente lo que percibo a través de las palabras? Y dice que la manera de hacerlo es mediante la aplicación del corazón.

Ahora voy a hablar durante uno o dos minutos acerca de lo que eso significa. No obstante, debes saber que este escritor, este escritor inspirado, está respondiendo a tu pregunta con un sí. ¿Hay algo que puedas hacer para pasar de los oídos que prestan atención a las palabras y la mente que capta el conocimiento hacia un corazón que experimenta el placer de lo que está dentro? ¿Hay algo que puedas hacer? Y su respuesta es sí. Y las palabras que utiliza son «aplica tu corazón» a lo que tu oído ha escuchado y al conocimiento que se está formando en tu mente.

¿Qué significa eso? Lo tengo aquí, justo frente a mí, en mi pantalla, tashit, el verbo hebreo para «aplicar». Balibbcha tashit significa «aplicar tu corazón», o literalmente, «poner» o «colocar» o «estar de pie» o «ubicar». Así que tomas tu corazón y lo aplicas. Lo colocas en lo que has visto con tus ojos o escuchado con tus oídos. Metes la nariz de tu corazón en la belleza del conocimiento.

Si el corazón no siente nada, le dices a tu corazón: «¡corazón, despierta!». Y tomas el corazón y lo aplicas. Lo empujas. Lo colocas en el conocimiento. Lo empujas. Hay algo que puedes hacer.

Sigue probando y viendo

He aquí una analogía. Supongamos que quieres probar un filete. Lo oyes chisporrotear en la parrilla afuera. Así que sales y tus ojos ven el filete chisporroteando en la parrilla. Y si te acercas lo suficiente, tu nariz puede oler el filete chisporroteando en la parrilla y, sin embargo, en tu boca todavía no está el sabor de ese filete.

¿Hay algo que puedas hacer? Esa es la cuestión. Esa es la verdadera cuestión. ¿Hay algo que puedas hacer con el «filete de Dios», con el «filete de Cristo», con el «filete de la salvación», con el «filete de la Palabra de Dios», la Palabra del infinito Dios creador? ¿Hay algo que puedas hacer para saborearla?

Ya sabes cuál es la respuesta: toma un cuchillo y corta un trozo y te lo metes en la boca y masticas y masticas, y luego tragas y saboreas. Entonces, le dices a tu corazón: «come, corazón. Come, corazón».

Permíteme dar algunos ejemplos más. Estoy caminando hacia la iglesia. Es octubre. Esto sucedió en las últimas dos semanas. Las hojas de los árboles de mi barrio están increíblemente brillantes de amarillo y naranja, y el sol brillaba, y era un octubre más templado de lo habitual (alrededor de quince grados). Las hojas oscilan y es absolutamente impresionante.

Sin embargo, estoy caminando hacia la iglesia, a una reunión de oración, y no me doy cuenta de nada. Mis ojos lo ven y yo no lo veo. ¿Qué tiene que pasar? Hago una pausa. La gracia de Dios me hace hacer una pausa. Este pódcast de aquí hace que tú y yo nos detengamos. Lo miras y lo miras. Te inclinas y dices: «corazón, eso es naranja. Eso es amarillo. Eran verdes y ahora son naranjas, amarillas y doradas, y el sol las hace brillar. Y te están saludando con la brisa, y Dios está tratando de llamar tu atención y te está diciendo: “la gloria de Dios está brillando aquí”. Mira, corazón». Y metes la nariz del corazón hacia el árbol.

Cuando volví a casa hace varios días, hubo dos o tres tardes que fueron tan impresionantes que miraba por la ventana y decía: «impresionante». Entonces, me levantaba, bajaba las escaleras, caminaba bajo el árbol y miraba hacia arriba. Luego cruzaba la calle y volvía a mirar. Sacaba la cámara e intentaba hacer varias fotos. Luego di la vuelta a la casa para ver cómo se veía desde ese ángulo.

Aplica tu corazón

Este es el empuje del corazón hacia el oro de la revelación natural. Y haces lo mismo con la Palabra de Dios. Se te ofrece un diamante. Ves el diamante, pero no ves el diamante y le dices a tu corazón: «corazón, muévete alrededor de este diamante. Mira el diamante desde este lado y mira el diamante desde ese lado».

Y cuando una persona nacida de nuevo está haciendo la segunda mitad de Proverbios 22:17: «aplica tu corazón a este conocimiento, aplica tu corazón, aplica tu corazón», no puedes evitar convertirlo en oración. Cuando le estás predicando a tu corazón y le estás diciendo a tu corazón: «vamos, corazón, despierta. Vamos, corazón, mira esto. Vamos corazón, siente esto. Es hermoso. Despierta, corazón», instintivamente estás orando. No solo le estás hablando a tu corazón, aunque le estás hablando a tu corazón, porque eso es lo que el texto dice que hagas: aplica tu corazón. No obstante, también estás orando: «Dios, ayúdame. Dios, abre mis ojos».

Así que, permíteme sugerirte que incluso si escuchas esto ahora mismo y dices: «ya lo he intentado y no funciona» o «ni siquiera sé de qué estás hablando», ¿puedo rogarte, puedo suplicarte? Puede que seas un novato en esto, como un niño pequeño que no sabe nada de sexo. Elige una analogía. Puede que seas tan novato que necesites practicar. Por favor, no te rindas. No digas que estás más allá de la capacidad de sentir la belleza del conocimiento de Dios en la Biblia y el conocimiento de sus caminos. Este texto es la Palabra de Dios para ti. Aplica tu corazón.

 

John Piper © 2015 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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John Piper
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John Piper

John Piper es fundador y profesor de desiringGod.org y rector de Bethlehem College & Seminary. Por 33 años, sirvió como pastor de la Iglesia bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros, dentro de ellos se encuentran: Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano, y más recientemente, Por qué amo al apóstol Pablo: 30 razones.
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