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Oh, rayos, parece que es real lo que está pasando allá afuera.

No hay nada como reducir la velocidad para hacerte consciente de todos los sentimientos. Muchas de nosotras podemos sentirlos aumentar sigilosamente: un sentido de dolor por las pérdidas pasadas, ansiedad, soledad, desilusión por ciertas áreas de tu vida. Quizás estás sintiendo cosas que provienen de esta situación o quizás esta situación está revelando sentimientos que ya tenías; todos los sentimientos que has estado intentando dejar atrás.

A continuación, comparto un par de cosas para tener en mente mientras lidias con las emociones en este tiempo de coronavirus: 

Reconoce los síntomas

La regulación emocional saludable comienza con ser capaz de identificar y verbalizar tus emociones, así que ten una lista de sentimientos a la mano y quizás solo establece un par de momentos para chequearte a ti o a los tuyos cada día.

Mantén en mente que a veces nuestros sentimientos pueden camuflarse. El miedo puede manifestarse como enojo; el enojo, como vergüenza. A veces, se esconden en la profundidad y se manifiestan en síntomas físicos. Quizás no estás durmiendo o tal vez estás notando síntomas extraños en tu cuerpo.

Tente compasión

Aquí es donde tenemos que crear espacio para nuestros sentimientos sin rechazarlos, suprimirlos, minimizarlos ni… intentar pegarles un bibliazo.

«Permanece fuerte»; «todo va a estar bien»; «no pienses en eso». Todas hemos escuchado estos mantras. Los cristianos no son los únicos que usan relatos para reprimir las emociones. No obstante, cuando crees que Dios te está diciendo que no sientas, esto sí puede agregar un sutil nivel de vergüenza a las emociones que estás experimentando, lo que las hace casi imposibles de manejar de una manera saludable. (Como una amiga reflexionó conmigo la semana pasada: ¿por qué enmarcamos «no temas» como si fuera una orden y no un consuelo?).

Darle espacio a las emociones significa aceptar que están ahí y así recibirlas como una fuente válida de información respecto a cómo te sientes sobre las cosas que están ocurriendo.

Tranquilízate a ti misma

Cuando tus emociones aparezcan, sé suave; sé delicada. Intenta algunas de estas cosas:

  1. Obsérvalas:  toma nota de cómo sientes tus emociones en tu cuerpo; qué pensamientos acompañan a tus emociones. Esto contribuye a crear un poco de distancia momentánea entre tus emociones y tú que puede ayudarte a captar que así es como te sientes, no cómo eres. 
  2. Verbalízalas: intenta identificar la emoción bajo las emociones. Si no puedes encontrar las palabras correctas para ese sentimiento, piensa en una descripción (por ejemplo, «siento como si tuviera una roca sobre mis hombros»).
  3. Ejercicios de respiración.
  4. Meditación bíblica u oración para tranquilizarte.
  5. Actividades repetitivas o relajantes: haz un rompecabezas, dibuja o toma un baño.

Sobre todo, siente tu cuerpo. Intenta tener presente las sensaciones físicas. Nota lo que puedes ver, saborear; cómo se siente la tela de tu camisa contra tu piel.

Reevalúa

Tuve un mini momento de pánico la otra noche ya que mi cumpleaños se llevará a cabo a través de Google Hangouts gracias a este virus. Sonaba tan depresivo estar sola para mi cumpleaños. Pero, ¿sabes qué? Estuve sola EL AÑO PASADO para mi cumpleaños. ¿Sabes por qué? Porque decidí viajar a Montana y quedarme sola en una cabaña.

¿No es extraño cómo la misma experiencia puede estar llena de alegría o de dolor en base a su contexto?

Reevaluar no tiene que ver con cambiar, controlar o reprimir un sentimiento que no nos gusta. Se trata de pastorear amorosamente una experiencia hacia un contexto más amplio.

En lugar de escapar de los sentimientos y ser consumida por ellos, somos capaces de soportarlos con esperanza. Aquí es donde entra nuestra verbalización de la verdad, no como un medio para reprimir emociones, sino como un medio para pastorearlas.

Reprimir y reevaluar son cosas muy diferentes. La represión puede sonar así: «estoy ansiosa por la salud de mi mamá… pero estoy confiando en Dios».

Cristianas —con un cierto temor de empeorar las cosas quiero preguntarte—, ¿puedo preguntar qué significa eso? Me pone nerviosa pensar que quieras decir: «no voy a pensar en eso y solo voy a confiar en que Dios la mantendrá a salvo». Aparte de los asuntos obvios que eso conlleva (que Dios nunca prometió mantenerla a salvo y que muchas mamás se van a enfermar), existe una realidad respaldada por la ciencia de que esto en realidad no ayuda a tus emociones de todos modos. Tu cerebro sabe lo que tus amigos no cristianos también saben: eso no tiene sentido necesariamente. Aunque tus sentimientos puedan esconderse, no estás avanzando hacia lo saludable.

La reevaluación no tiene que ver con intentar poner tus miedos en una balanza contra la verdad (como si se opusieran) ni con cubrir tus sentimientos con el parche de Jesús. Se trata de rodear tu dolor con un contexto de verdad consoladora.

En términos prácticos: 

  1. Valida que las emociones tengan sentido (ya sea por experiencias pasadas o presentes). 
  2. Intenta algunas opciones alternativas para enmarcarlas.
  3. Pon atención a la evidencia que apoya esas opciones alternativas.
  4. Entrega consuelo que valide tu experiencia y te dé esperanza.

Ejemplos

«Estoy ansiosa por la salud de mi mamá y no creo que pueda hacerle frente a esto».

(1) Y tiene sentido que me sienta así porque esto es muy difícil y es real (sin mencionar que siempre he tenido ese profundo temor de que no podré sobrevivir a las cosas difíciles).

(2) Pero quizás no es que no pueda soportarlo. Tal vez se trata de que nadie podría ser capaz de hacer frente al dolor futuro o potencial que aún no llega. Quizás tiene que ver con que la gracia que tengo hoy me capacita para soportar las dificultades de hoy.

(3) dando espacio a poner atención a los momentos en los que has podido hacerle frente al presente. ¡Como este! Las dificultades de hoy incluyen esta ansiedad y la estoy enfrentando. ¡Aún estoy respirando!

(4) Dios me ha dado la gracia para soportar (y no escapar) este temor a lo desconocido y si Él me da esto hoy, quizás puedo contar con Él mañana. Cualquier cosa que venga podría no ser fácil, pero Él estará conmigo.

 «Estoy sola y siento como si nadie se preocupara de mí».

(1) Y tiene sentido que me sienta así porque no fui hecha para estar sola y este aislamiento llega en un momento en el que no me he conectado con amigos por un tiempo (sin mencionar la experiencia que tuve hace años en la escuela que me hizo sentir como si nadie me amara).

(2) Aunque quizás no tiene que ver con que nadie me ame. Tal vez me siento así porque estoy en este momento realmente extraño de la historia que se sumó a una etapa realmente ajetreada para mis amigos en el trabajo.

(3) dando espacio a ponerle atención a los momentos en los que tus amigos te han mostrado amor; dando espacio a las maneras en que te han expresado que están ocupados.

(4) Y aunque Dios no llama bueno a este aislamiento (y de hecho, mi desagrado ante esto es una señal de mi alineamiento con lo que Él dice de la situación), quizás Él puede usarlo para darme algo muy especial en nuestra relación.

Actúa

  1. Pide ayuda: ahora es tiempo de buscar a tu terapeuta o consejero. Te veremos de forma remota. Lo prometo. O solo acércate a un amigo(a). Pide juntarte con ellos por Google Hangouts para conversar sobre los sentimientos que ambos experimentan.  
  2. Toma descansos de las redes sociales y de los noticieros: mira algo que se sienta como parte de «la vida normal»: un tutorial de maquillaje o leer ese blog que agregaste a tus favoritos hace un mes. Sé que la ansiedad canta la canción sobre ti que dice que si tan solo obtienes más información, estarás a salvo. No obstante, no funciona así. Porque no quieres más información, sino más control. Lo que lleva a: 
  3. Toma control: eres una criatura a la que se le ha dado dominio. Dios te confió el control sobre algunas cosas. Así que descubre los lugares donde sí tienes el control y ejercítalo: 
    1. Escoge revisar los noticieros, en lugar de solo llegar accidental o habitualmente ahí mientras revisas tus redes sociales. Dilo en voz alta si es necesario: «¿quiero revisar los noticieros? Soy libre de hacerlo o no. ¿Qué escojo?».
    2. Escoge no revisar los noticieros. Asegúrate de establecer límites. Demuéstrale a tu cerebro que estás en control de lo que entra y que vas a administrarlo bien al darle el descanso cuando sea el momento correcto. 
    3. Toma acciones físicas. cuando te sientas fuera de control, sal a correr u ora con una acción física: caminando o arrodillándote. 
    4. Haz un plan para tu día. Envíale correos a un montón de amigos y establece juntas en Google Hangouts. Una amiga mía está haciendo happy hours virtuales. Aparta tiempo de tu tarde para jugar un juego si estás con tu familia o escribe algo específico en tu diario. Llama a alguien. Ayuda a tu cerebro a sentir que tiene opciones.

Espero que esto te ayude. Mientras tomas un millón de enormes decisiones las próximas semanas para tu salud física y la de quienes amas, considera luchar contra la inconveniencia o la incomodidad de preocuparte de la salud emocional de otros también.

Este recurso fue originalmente publicado en Thoughts from Fabs.
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Fabienne Harford
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Fabienne Harford

Fabienne Harford es escritora, conferencista y consejera que sirve en el equipo del Centro de Consejería de Austin Stone en Austin, Texas.
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