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Las resoluciones de Año Nuevo nunca fueron algo con lo que estuviera comprometida en el pasado. Sin embargo, estoy abordando este nuevo año de una manera diferente.

Lejos de Dios y de su gracia nutritiva, no puedo hacer nada. Esto era verdad el año pasado y será verdad este año. En un artículo previo sobre los objetivos para un nuevo año, les compartí que establecería un objetivo en cada una de las siguientes áreas: espiritual, profesional, tecnológica, matrimonial y familiar. Hoy quiero compartir mi experiencia y animarte a pensar sobre tus objetivos espirituales para el año.

Nunca he hablado con alguien que no desee paz y contentamiento, pero he hablado con muchos que están corriendo tras ello y buscándolos en medio del quebranto de este mundo, en medio de ídolos que los dejan vacíos, en medio de personas que los decepcionan y en ellos mismos, quienes nunca lo otorgarán. Si queremos verdadera paz y gozo, necesitamos aprender y volver a aprender a correr hacia el único que puede satisfacernos verdaderamente.

Si tú deseas tener un año fructífero y animante, te animaría a ejercitar las disciplinas espirituales, que incluye pero no está limitada a ellas, de la lectura de la Biblia, la oración y el descanso.

Quizás esa es una afirmación atrevida, pero a medida que miro hacia atrás al año pasado, estoy totalmente convencida de que Dios usó estas disciplinas espirituales como un medio de gracia para sustentarme durante tiempos difíciles y animó mi corazón durante los días llenos de gozo. ¿Por qué no lo harían? Lee lo que Dios ha dicho al respecto:

¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de día y de noche! (Sal 1:1-2).

Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino (Sal 119:105).

Al de firme propósito guardarás en perfecta paz, porque en ti confía (Sal 26:3).

En mi angustia invoqué al Señor, y clamé a mi Dios; desde su templo oyó mi voz, y mi clamor delante de Él llegó a sus oídos (Sal 18:6).

Y Él me ha dicho: «Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí (2Co 12:9).

Hoy me gustaría enfocarme en la lectura de la Palabra de Dios.

En primer lugar, noten que escribí que Dios me sustentaba, dándome paz y gozo. Sin embargo, no escribí que todas mis circunstancias cambiaron, porque no fue así. De hecho, una circunstancia en particular no solo no cambió, ¡sino que empeoró! No obstante, a medida que las circunstancias se tornaban más confusas, la Palabra de Dios y sus promesas eran más dulces. Dios no es el «señor que lo arregla todo» ni un gurú de autoayuda. Él es nuestro único refugio y debemos correr a Él como tal. Vamos a Él porque queremos conocer al Dios que está gobernando este mundo. Vamos a Él porque nos ama y nosotros lo amamos a Él.

Algo que continuamente me he preguntado a mí misma durante el año pasado y al comenzar este año es: ¿crees lo que Dios dice? Si es así, entonces procede en todas las cosas de acuerdo a ello; no sin entusiasmo; no a medias. Anda en esta fe que proclamas. Necesito continuamente predicarle la verdad de Dios a mi corazón y a mi mente. Para hacer eso, debo meterme en la Palabra, hablar la Palabra, meditar en la Palabra y descansar en el Señor. Sin embargo, no quiero simplemente leerla, aunque es maravilloso hacerlo, sino que quiero deleitarme en ella, quiero disfrutar a aquel que habló a existencia (2Ti 3:16).

Francamente, la lectura de la Biblia es algo que hago todos los días simplemente debido a la naturaleza de mi trabajo. Leo para escribir, leo para hablar. Estoy en la Palabra. No obstante, lo que ha sido difícil para mí en el pasado es pasar tiempo en la Palabra simplemente para deleitarme y disfrutar a Dios. La última parte del año pasado, sentí la convicción de que yo podría haber estado usando la Palabra de Dios para el trabajo, pero no estaba saboreando al Dios de esas palabras. Por lo tanto, le pedí ayuda a Dios para que cambiara mi corazón y así pudiera amarlo con todo mi corazón, alma y mente. Quería y necesitaba deleitarme en el Señor (Sal 37:4). Dios ha respondido esa oración y yo deseo que siga siendo un enfoque continuo para mí este año.

Tus objetivos para la lectura bíblica

Soy consciente de que la mayoría de las personas no leen la Palabra de Dios como parte de su trabajo. En un artículo de Lifeway Research se sostenía que «los estadounidenses tienen una visión positiva de la Biblia. Muchos dicen que la Escritura cristiana está llena de lecciones morales para hoy. Sin embargo, más de la mitad de los estadounidenses han leído poco o nada de la Biblia». De las 1000 personas que fueron encuestadas solo el 11 % de quienes dijeron que tenían una visión positiva de la Biblia la habían leído. Muchos habían leído partes de ella, pero encuesta tras encuesta continúa revelando que aunque declaramos creer en la Palabra de Dios y que la Biblia es importante, muchos no la leen.

Al saber que la mayoría de nosotros en realidad no leemos nuestras Biblias por varias razones y al saber que la mayoría de los cristianos ponen la lectura de la Biblia como la primera resolución para el año en la lista, pensé en compartir un par de ideas prácticas y flexibles para ayudarte a leer este año:

  • Programa y planifica tu tiempo de lectura… y mantenlo.
  • Usa un plan de lectura.
  • Encuentra un buen devocional.
  • Invierte en un estudio bíblico.
  • Encuentra una clase en línea.
  • Únete o comienza un grupo de estudio bíblico.
  • Escucha la Biblia en una aplicación de la Biblia.
  • Encuentra a alguien para rendir cuentas.

¡La palabra clave para todas las cosas mencionadas es flexibilidad! Puedes leer, escuchar o mirarla Biblia en cualquier momento que quieras. Este año, hagamos de la lectura bíblica una prioridad, no porque nos permita ganar algo ante el Señor, sino porque podremos aprender sobre nuestro Salvador y sobre nuestro santísimo Dios. Es una resolución que vale la pena buscar, pero tú decides hacerlo.

Preguntas para ti: ¿qué te ha impedido leer tu Biblia? ¿Cómo podrías priorizar la lectura? ¿Por qué piensas que es importante leerla? Quizás leas, como yo, pero se está convirtiendo en una rutina, ¿cómo podrías pedirle a Dios que te ayude a deleitarte en ella?

Este artículo fue publicado originalmente en Trillia Newbell.
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Trillia Newbell

Trillia Newbell es una esposa, una mamá y una escritora que ama a Jesús. Es autora de muchos libros, dentro de los que se encuentra el más reciente, La gran idea de Dios. Puedes encontrar más de sus publicaciones en trillianewbell.com.
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