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Si intentaras capturar, en una sola frase, una característica que resuma lo que se requiere para el puesto de pastor-anciano en la iglesia, ¿cuál sería?

Algunos de nosotros por inercia decimos inmediatamente, con gran confianza: «debe ser un cristiano». Ciertamente, debe serlo, pero es requisito para todos los miembros de la iglesia hasta donde podemos discernir. El apóstol Pablo, al menos, estaba dispuesto a asumir esto cuando tuvo que hacer una lista de requisitos para los obispos y los diáconos.

¿Y qué tal «un maestro talentoso»? Sin duda, eso es vital para los líderes del pueblo del Libro. Es esencial para los pastores-ancianos de la iglesia (aunque no lo es para los diáconos); sin embargo, no es lo que Pablo pone primero en la lista ni tampoco como algo principal. Otros podrían apuntar a alguna habilidad para liderar a otros en otras áreas que no sea la enseñanza. Algunos quizás digan: «él debe aspirar a la obra», que es necesario, pero según la opinión de Pablo, ese es un prerrequisito, no una característica que resuma lo que se requiere. Tal vez otros se arriesgarían a decir: «un cristiano modelo», que sería el otro lado de la moneda, pero no la forma exacta en la que Pablo lo menciona aquí.

Cómo un pastor debe ser

Cuando abrimos las dos listas de requisitos para los ancianos en 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:6-9, podríamos sorprendernos al encontrar, antes que todo, una característica resumen que podría sonar poco impresionante para algunos oídos, y para otros, inalcanzable: «irreprochable».

1 Timoteo 3:2: «Un obispo debe ser, pues, irreprochable […]» [énfasis del autor]

Por esta causa te dejé en Creta, para que […] designaras ancianos en cada ciudad como te mandé. Lo designarás, si el anciano es irreprensible, marido de una sola mujer, que tenga hijos creyentes, no acusados de disolución ni de rebeldía. Porque el obispo debe ser irreprensible como administrador de Dios […] (Tit 1:5-8, [énfasis del autor]).

En ambas listas, «irreprochable o irreprensible» va primero. Luego, le sigue otra docena más. Al ir primero, «irreprochable», como escribe Thabiti Anyabwile: «sirve como un paraguas para todos los demás requisitos subsiguientes» (Cómo encontrar ancianos y diáconos fieles, 87). Philip Towner está de acuerdo: «Este es un requisito esencial para el candidato»[1] (Letters to Timothy and Titus [Las cartas a Timoteo y Tito], 250). Así también William Mounce: «Lo que implica se explica en los siguientes once atributos y tres preocupaciones específicas» (Pastoral Epistles [Comentario de las epístolas pastorales], 169). Por lo tanto, aunque «irreprochable» podría parecer sorpresivo e insulso a primera vista (y en cierto sentido lo es), al reflexionar más podemos ver su sabiduría, a medida que se desarrolla en las características específicas que le siguen.

Mayor de lo que piensas

Por muy bajo estándar que pudiera sonar ser «irreprochable» para algunos oídos, al reflexionar solo un poco podemos descubrir algo de la sabiduría que hay en que este sea el requisito. Este excepcional requisito no es meramente «inocente» ni «justo» ni «absuelto», sino «irreprochable». Buscamos hombres, en primer lugar, en quienes no se encuentre razón para acusarlos de nada malo. El término significa, escribe el comentarista George Knight: «[…] no estar abierto a ataques o a la crítica» (Las epístolas pastorales)[2]; «él no es objetivamente imputable». Él no es una persona que convierta en una práctica bailar alrededor del delgado límite del justo reproche.

Ya sea que un hombre sea técnicamente inocente (o no) no es el todo para el liderazgo de la iglesia. Él podría ser innecesariamente controversial de una manera que delata inmadurez o falta de sabiduría. Queremos un pastor que no solo sea públicamente justo, sino que también «el tipo de hombre que no levanta sospechas de maldad o inmoralidad» (Anyabwile, 87).

No obstante, ¿cuánta sospecha? ¿Cuánta controversia es contraproducente? En lugar de dictaminar una norma universal al respecto, es mejor dejar que el equipo local de ancianos discierna este cuestionamiento. Ellos están mejor posicionados para preguntarle a cada potencial anciano:

  • ¿Es regularmente sujeto de acusaciones, ya sea con razón o no, debido a su propia falta de discreción? Una cosa es hablar la verdad y mantenerse firme; otra cosa es usar la verdad para satisfacer su propio deseo de ser controversial.
  • ¿Tenerlo como pastor-anciano será una distracción regular para la iglesia? Si es frecuentemente puesto en duda, no estrictamente por la verdad, sino por su manera de presentarla, o de vivirla, quizás necesita más tiempo para vivir fielmente y construir una nueva reputación antes de estorbar a la iglesia con sus faltas. Un hombre podría ser técnicamente justo y aún tener tal reputación, por lo que sería contraproducente tenerlo en el ministerio pastoral.

Ten en cuenta también que una cosa es considerar a un hombre que ya es controversial para el liderazgo; otra, es cuando un hombre llega a ser controversial en el curso de su llamado mientras enseña fielmente verdades controversiales. En el primer caso, los equipos sabios podrían demorarse en llevarlo al puesto de anciano, mientras que en el segundo, podrían apresurarse a respaldarlo.

Como equipos, haríamos bien en inclinarnos más hacia el estándar maximalista para «irreprochable», que el minimalista. Las acusaciones falsas, seamos claros, no son motivos para la inhabilitación; sin embargo, la naturaleza y razonabilidad de cualquiera de las acusaciones deben ser cuidadosamente consideradas (y las acusaciones o las sospechas públicas contra un hombre bien podrían significar que no es sabio nombrarlo para el cargo).

Ejemplos para el rebaño

Podríamos decir que «un cristiano modelo» es esencialmente la otra cara de la moneda de «irreprochable». Este aparente bajo estándar para el cargo de anciano tiene una verdad importante que transmitir sobre nuestros pastores, ancianos u obispos (tres términos para el mismo cargo de liderazgo en la iglesia). En primer lugar, como Don Carson ha observado, la lista de requisitos, resumidos en la palabra «irreprochable», es «extraordinaria para no ser extraordinaria». Aquí no hay requisitos de logros particulares en educación formal, intelecto u oratoria de clase mundial, o capacidades excepcionales que estén evidentemente por encima del hombre común. Al contrario, estos requisitos son el tipo de características que queremos que se manifiesten en cada cristiano. Lo que estamos buscando en nuestros pastores-ancianos, en esencia, es un modelo de cristianismo normal y saludable.

Es fundamental, entonces, para el liderazgo en la iglesia local una función ejemplar. Los pastores no solo deben ser maestros expertos de la Palabra de Dios y gobernadores de su pueblo, sino también ejemplos de vida que son cada vez más como la de Cristo hacia la cual toda la congregación avanza. Los pastores inevitablemente están «demostrando ser ejemplos del rebaño» (1P 5:3; ver también 1Ti 4:12). Los pastores deben ser a quienes alzamos ante la iglesia y decimos, en esencia, «sean como ellos», sin tener que pedir ningún requisito.

«Irreprensible», como vemos en Tito 1:7, también comunica un tipo de modestia y humildad en la naturaleza misma del llamado: «el obispo debe ser irreprensible como administrador de Dios». Los líderes en la iglesia no son gobernantes en su propio derecho. Son administradores, no reyes, no estrellas, no artistas. Los pastores son «administrador[es] de Dios», de su Palabra y de su pueblo, y el puesto de liderazgo en la iglesia no es una posesión personal, sino una asignación a ser administrador. Parte de administrar, entre otras cosas, es no llamar excesivamente la atención hacia el administrador mismo mientras eclipsa al Único al que somos llamados a apuntar.

Llamados a ser una persona sin mancha

Uno tras otro, a medida que ser «irreprochable» se desarrolla en una docena de aspectos específicos, vemos un patrón en donde notamos que los líderes cristianos no están llamados a vivir una vida cristiana fundamentalmente diferente a la de la iglesia. Al contrario, los líderes deben ser ejemplares, «irreprochables», en el mismo estilo de vida que Cristo, por medio de ellos, llama a todo el rebaño. Pablo les está hablando a todos los cristianos cuando dice que Cristo «los ha reconciliado en Cristo en su cuerpo de carne, mediante su muerte, a fin de presentarlos santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él» (Col 1:22). «Sin mancha» (como se requiere de los diáconos en 1Ti 3:10) es otra manera de decir «irreprochable».

«Sin mancha» podría sonar como un estándar mucho más alto que «irreprochable» (especialmente, si queremos decir «sin pecado»). No obstante, eso no es lo que significa sin mancha. No podemos ser perfectos, pero podemos ser sin mancha. Quizás ningún otro pasaje captura la dinámica de pecadores, pero sin mancha, como 1 Juan 1:7-10:

Pero si andamos en la Luz, como Él está en la Luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Jesús su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros.  Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a Él mentiroso y su palabra no está en nosotros.

Si vas a ser una persona «sin mancha», no pretendas no tener pecado, sino haz con tu pecado lo que Dios, en Cristo, quiere que hagas: admite tus pecados y confiésalos, aférrate al perdón de Dios en Cristo y anda en la luz. Cuando hiciste mal, y eres culpable, anda a la luz, no huyas de ella. Admite tu error y busca paz con Dios y los hombres. Y aunque no estés libre de pecado, estarás sin mancha ante Dios. Tú por ti mismo, no eres libre de imperfección, pero tienes un Salvador que sí lo es (Heb 9:14; 1P 1:19).

Todo esto y más requiere Cristo de los líderes formales en su iglesia. Es inevitablemente un llamado público, en la iglesia y más allá de ella. Por tanto, por el bien del rebaño y el bien del Evangelio en el mundo, por medio de su apóstol, Cristo nos manda a nombrar pastores y diáconos cuyas vidas sean ejemplares. Deben ser «irreprochables». No se les puede culpar o reprochar nada, a medida que felizmente y sin distracción, cierran filas con un equipo de pastores para cuidar bien de todo el rebaño.

David Mathis © 2020 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.

[1] N. del T.: traducción propia.

[2] N. del T.:  traducción propia.

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David Mathis

David Mathis es director ejecutivo de Desiring God y es pastor de Cities Church en Minneapolis. Es esposo, padre y autor de Hábitos de gracia: disfrutando a Jesús a través de las disciplinas espirituales.
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