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Título original en inglés: “Immunizing Your Marriage During COVID-19


Ubicados entre dos «focos»[1] de coronavirus, viendo la economía cerrar, y preocupándonos por nuestros seres queridos de alto riesgo, nuestras ansiedades están a punto de estallar, y a veces nos vencen. ¿Nos recortarán los ingresos? ¿Nuestro hogar sufrirá más daño mientras esperamos las apremiantes reparaciones que han sido pospuestas por ahora? ¿Nuestros hijos se retrasarán académicamente mientras nosotros intentamos torpemente educar a cada uno por las diferentes plataformas de aprendizaje? Conocen la historia porque están viviendo su propia versión de la COVID-19. Agreguen sus preocupaciones a esta lista. Todos lo sentimos: esto es demasiado, Señor.

Nuestros matrimonios están tensos. Intentamos asociarnos y soportar la dificultad con gracia y paciencia. Quizás lo hacemos bien por un día o dos. Sin embargo, si son como nosotros, el patrón usual de relacionarnos bajo estrés vuelve a aparecer. La tentación es atacarnos mutuamente o volvernos introspectivos por la preocupación durante estos tiempos. Algunos de nosotros maximizamos la amenaza, mientras que otros la minimizamos. Sin embargo, cada uno de nosotros consistentemente aborda las cosas de una manera por sobre la otra. Para los cónyuges, es tan normal lidiar con diferentes estreses, caos e incertidumbres. Bajo presión, uno puede llegar a ser controlador, escandaloso y a estar enojado, mientras que el otro rápidamente se retrae, se calla y está más irritable. Uno es un enojo ardiente; el otro, un enojo frío. Ninguno de ellos es bueno. No hay necesidad de evaluar cuál es mejor o peor, pero por supuesto que lo hacemos.

Lo peor es que comenzamos a llevar una estimación mental de cuál de nosotros se ve más impactado. Si sus hijos están en casa, pueden comparar cuál de los dos es más interrumpido al hacer las tareas que son necesarias o quién está criando mejor o más. Si solo son ustedes dos, fácilmente pueden comparar quién trabaja más en la casa o quién puede detenerse en simples molestias que se pasan por alto más fácilmente con un poco de separación saludable. Se puede crear resentimiento.

No obstante, la verdad es que Dios nos ha dado a esta persona para este momento. Sus cónyuges no son el enemigo (Ef 6:12), sino alguien que, al igual que tú, es débil, sufre y es propenso a luchar bajo este estrés. Es más, sus cónyuges son sus colegas en un momento histórico que puede, si se deja sin revisar, agobiar tu matrimonio con ansiedad, depresión, enojo y resentimiento crecientes. ¿Qué pueden hacer para no tambalearse en la niebla y en los roces de esta «guerra»? ¿Cómo podemos fortalecer realmente nuestros matrimonios durante esta pandemia?

A continuación, comparto seis cosas que hemos encontrado útiles.

Valoren la fidelidad por sobre la productividad

Vivimos en un momento histórico que probablemente no volveremos a ver en nuestra vida. Es bueno recordar que no estamos en rutinas normales. En nuestro hogar, estamos intentando continuar con el trabajo mientras que, al mismo tiempo, hacemos escuela en casa a nuestros hijos pasados de revoluciones que creen que están de vacaciones. Ahora tenemos acceso a la tecnología a lo largo de la «jornada escolar» (esto significa tentación constante para aventurarse a ir de la ortografía a YouTube o a un número cualquiera de aplicaciones). Tenemos reuniones virtuales importantes desde nuestros dormitorios e intentamos agendarlas en un horario en que nadie esté practicando piano. Sí, es bueno intentar mantener la vida lo más normal posible, priorizar el orden y el hogar organizado y limpio, pero las cosas no son normales ahora y necesitamos ser comprensivos con eso. Nuestra lista de tareas diarias se verá diferente cada día y debemos adaptar nuestros estándares de productividad en consecuencia.

Nuestra tentación diaria es medir el éxito de nuestros días al ver qué logramos. Sin embargo, en este tiempo en la vida, debemos recordarnos que dar fruto no es lo mismo que hacer las cosas de la casa. El fruto que buscamos es el fruto de ser fieles con lo que Dios nos ha dado hoy. Gálatas 5:22-23 es claro en eso: «Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad mansedumbre, dominio propio […]». Cuando llevamos esto a la mente, somos menos tentados a retener la gracia al juzgar nuestra productividad o la de nuestro cónyuge.

Confíense al verdadero Protector

Mientras esperamos que la curva de los casos de coronavirus descienda, podemos ser tentados a confiar en falsos dioses y sin siquiera saberlo. Si nos lavamos las manos, nos ponemos la mascarilla correcta, compramos el medicamento antiviral correcto, mantenemos 1,5 m de distancia o recibimos el suficiente dinero por parte del gobierno, entonces estaremos bien. Todo esto son cosas cada vez más prudentes de hacer, pero las cosas buenas se convierten en malos dioses. Nuestra esperanza no se encuentra en esas cosas; nuestra ayuda viene de Dios quien gobierna sobre cada molécula del universo. Es bueno recordarnos a nosotros mismos que Él sustenta al gorrión (Mt 10:29-31), Él domina al viento y a las olas (Mr 4:39), y que Él es Señor sobre todo los detalles del orden creado (Job 38-39). Tu Padre los tiene a ustedes y a su núcleo familiar en la palma de su mano. La esperanza de este día no se encuentra en protegerse a ustedes y a sus seres amados del coronavirus o de un daño económico; la esperanza de hoy se encuentra en el verdadero Protector. Con la seguridad puesta correctamente en Él, podemos relacionarnos mejor los unos con los otros.

Anden en amor por el camino de la oración

Se ha escrito un sinnúmero de blogs y libros animando a los esposos y a las esposas a orar juntos diariamente. Casi todos describen cómo la oración funciona para fomentar la intimidad mientras una pareja se acerca a Dios y se acercan entre ellos. La oración es una manera significativa de crecer más en fortaleza, en unidad y en intimidad en el matrimonio. Sin embargo, cuando Pedro escribe sobre la oración, en realidad, él se dirige hacia una dirección opuesta a la que normalmente pensamos (1P 3:7, 12; 4:7). Él no se centra en los beneficios emocionales y relacionales de la oración en conjunto. La oración no es ante todo un medio de intimidad relacional. Pedro dice que es la relación de la pareja la que ayuda sus oraciones. La manera en que una pareja se relaciona entre ellos hace que sus oraciones sean efectivas o ineficaces, poderosas u obstaculizantes, fluidas o atascadas. También impacta cómo Dios las escucha y las responde. Él tiene una apertura especial a nuestras oraciones cuando nos estamos tratando mutuamente con comprensión y honor. Él está particularmente alerta y atento a nosotros a medida que buscamos genuinamente la paz y el bienestar mutuo.

Por tanto, en estos tiempos de cuarentena y restricción, ¡oren! Pero háganlo con una actitud de corazón que prioriza la habilidad de orar con una expectativa esperanzadora de que sus oraciones llegarán sin obstáculos a los oídos de Dios.

Vístanse de humildad

Vivir juntos en un búnker con un enemigo invisible rodeándolos podría haber sacado las profundidades de sus corazones que no vieron venir. Estamos viviendo en (demasiada) proximidad con aquellos que amamos, pero sin las gracias diarias de la rutina, la separación saludable y la máxima productividad. La mayoría de nosotros no funciona óptimamente cuando estamos ansiosos o nos sentimos amenazados. ¡El pecado es muy real y lo vemos! Como el hombre que viste camisa y corbata para su reunión por Zoom, pero debajo de la toma de la cámara se sienta con unos pantalones rojos para correr, nosotros podemos montar un buen espectáculo para los que están «allá afuera», mientras nuestros cónyuges e hijos tienen una clara visión del egoísmo y de la arrogancia de nuestros corazones. Sí, esto es desanimante mientras buscamos dar fruto.

No obstante, en lugar de desesperarnos o recurrir a los patrones trillados de relación bajo presión entre nosotros, usemos este tiempo para practicar la humildad y el arrepentimiento. En la economía de Dios, estos son algunos de los momentos de intimidad más poderosos en el matrimonio. Al igual que revisar un problema de álgebra que se resolvió mal después de cometer un error mientras intentaban resolver la ecuación, retrocedan, localicen y corrijan el error que cometieron con sus cónyuges antes de intentar seguir adelante. Sospechen mucho de sus corazones, pecando de desconfiados de sus motivaciones y cálculos del mal que les han hecho. No permitan que ninguna ofensa se infecte antes de que acudan al Padre y le pidan convicción sobre cómo comenzaron, respondieron o intensificaron el conflicto. Luego, arrepiéntanse rápidamente, vayan y arreglen las cosas con sus cónyuges.

Prioricen animar

Nuestras palabras son poderosas en las vidas de quienes nos rodean. Pueden crear o derribar, traer sanidad a una ofensa o intensificar una pelea. Qué privilegio es usar esas herramientas para animar a un cónyuge desanimado o atemorizado. En los últimos dos años, hemos enfrentado los años más difíciles de nuestra vida juntos. Muchas noches nos hemos encontrado contándonos los eventos del día, buscándonos para encontrar consuelo, fe y afirmación. Por la gracia de Dios, no es frecuente que ambos estemos derrotados la misma noche. Entonces, parece funcionar bien tomar turnos para recordarnos el uno al otro la soberanía, la fidelidad, la estabilidad y la bondad de Dios. Nos hemos leído los Salmos el uno al otro mientras nos quedamos dormidos o hemos puesto nuestro teléfono sobre la almohada entre nosotros para escuchar suavemente nuestra canción de adoración favorita que reorienta nuestros corazones al Padre que nos ama. Hemos dicho verdades con delicadeza contra las acusaciones, los temores y las dudas que atacan (especialmente a la hora de dormir), para que el otro pueda dormir.

Durante esta pandemia, no subestimen la importancia de recordarles a sus cónyuges lo que es verdadero, digno de alabanza y loable, especialmente a medida que el día se va. Lean la Escritura; canten canciones; oren el uno por el otro; anímense. 

Son un equipo con un adversario común

Las ansiedades y los agotamientos de este tiempo nos tientan a volvernos el uno contra el otro. Justo anoche, peleamos sobre un tema de crianza, expresando nuestra discusión como si el problema fuera del otro. Quizás hay cosas que nuestro cónyuge necesita ver y cambiar, pero tratar a nuestro cónyuge como a nuestro enemigo agrede a nuestro compañero de equipo, no a nuestro adversario. A medida que enfrentamos la COVID-19 y sus consecuencias en nuestra familia, necesitamos formular una estrategia en cuanto a cómo podemos hacerle frente a este problema juntos. Una cosa que nuestra familia hace a menudo es tener un tiempo como familia. Paramos las actividades normales y llamamos a todos para idear una estrategia sobre cómo enfrentar una situación como «el equipo Sironi». Demasiado a menudo, en general, esto no es algo que se haga y se traspasa el punto en que «esto no está funcionando» y nunca termina bien.

¿Por qué no hacen esto con sus cónyuges también? Una reorientación rutinaria sobre cómo van las cosas y qué necesita un ajuste. ¿Cómo podemos compartir la carga agregada de educar a nuestros hijos? ¿Cómo podemos hacer cumplir conjuntamente las reglas de la casa necesarias para que las cosas funcionen mejor? ¿Cuáles son las principales debilidades y pecados en cada uno de nuestros corazones con los que debemos tener cuidado y evitarlos? ¿Qué nos tienta a volvernos introspectivos de una manera poco servicial cuando nuestra relación enfrenta tensión?

Dicho todo, la COVID-19 nos desafía a todos nosotros de una manera u otra. Algunos de nosotros estamos disfrutando profundamente este tiempo extra juntos. Para otros, las cosas están comenzando a irse abajo. Sin embargo, seamos francos: estar confinados en casa sacará las diferencias y las incompatibilidades de toda una vida dentro de tu matrimonio. El virus no ha provocado estas cosas, sino que las ha intensificado. Probablemente, este no es el tiempo para intentar cambiar los hábitos de tu cónyuge ni de resolver las diferencias entre ustedes. Reconozcan que esas diferencias aumentarán en este tiempo y dense gracia mutuamente. No tomen decisiones maritales grandes, sino que hagan caso al consejo de Leo Tolstoy: «Lo que cuenta para hacer un matrimonio feliz no es cuán compatibles sean ustedes, sino cómo lidian con la incompatibilidad».

¿Se unirán a nosotros a medida que intentamos usar este tiempo de cuarentena para fortificar nuestro matrimonio? Es difícil verlo ahora, pero cuando la crisis de la COVID-19 haya decrecido, miraremos hacia atrás y veremos cómo Dios usó este tiempo para nuestro bien y para su gloria.

Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.
Esta traducción tiene concedido el Copyright © (14 de agosto, 2020) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado Immunizing Your Marriage During COVID-19 Copyright © 2020 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

[1] Nueva York y Filadelfia.

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Kellie Sironi
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Kellie Sironi

Kellie Sironi estudió Administración de Empresas y Economía en la Universidad de Montana y obtuvo su grado en leyes de la Universidad de Colorado, campus Boulder en 1998. Trabajó para el Senado de Estados Unidos y para un gran bufete de abogados regional como abogada litigante antes de abrir un bufete especializado en bienes raíces, construcción y juicio laboral comercial. Ahora su enfoque está en su esposo y miembro de la facultad de CCEF, Aaron Sironi, y sus cinco enérgicos hijos.
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Aaron Sironi
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Aaron Sironi

Aaron Sironi es miembro de la facultad de CCEF y el director de consejería en CCEF Montana. Tiene un Máster en Ciencia con mención en terapia familiar y marital del Seminario Teológico Fuller. Aaron es consejero clínico profesional autorizado y ha trabajado en el área de la salud mental comunitaria, en un hospital psiquiátrico y con pacientes externos. Tiene una pasión por construir relaciones fuertes con las iglesias locales y le encanta acompañar a pastores a través de la consulta, del entrenamiento y de servicios de consejería. Vive en Big Sky Country y le encantan todas las actividades al aire libre con su esposa, Kellie, y sus cinco enérgicos hijos.