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Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. (Gálatas 6:1–2)

Tradicional en los parques de atracciones, el «dunk tank» es un juego en que una persona es suspendida sobre un gran tanque de agua mientras otra intenta hacerla caer arrojando bolas contra un objetivo que desactiva el soporte.

En el contexto de un parque esto puede divertir, pero cuando se convierte en una metáfora de nuestras relaciones, la situación cambia radicalmente. ¿Quién puede disfrutar de que otros anhelen continuamente verle caer?

Hoy, en nuestro texto, Pablo aborda este problema llamando a los gálatas a cultivar un espíritu completamente opuesto, es decir, una unidad que se traduzca en cuidar de los demás. ¿Por qué lo hace?

Porque, según parece, los gálatas estaban compitiendo. Las caídas de unos se convertían en el festín de otros, y en un escenario como ese, obviamente el amor y la unidad se extinguían.

Pablo, por tanto, les deja una instrucción, y esta es que, si alguien comete una falta, los demás se apropien del problema con el fin de ayudarlo: «restauradlo en un espíritu de mansedumbre» (v. 1). Les enseña, así, que deben proceder con humildad, y al imponerles este límite, ahoga también la altanería de quienes sienten que crecen cuando sus hermanos descienden.

Nuestro deber, por tanto, es estar atentos, pero no con el fin de compararnos, sino intentando ayudar y captar la advertencia: «Hoy puede ser mi hermano, pero mañana podría ser yo». Lo esencial, sin embargo, es la unidad que debe caracterizar a la iglesia, y aun si nuestro hermano cae con mayor frecuencia que nosotros, lo que suceda con él debe afligirnos a todos: «Llevad los unos las cargas de los otros» (v. 2). Los gálatas, hasta aquí, competían en lugar de apoyarse, pero Pablo, instándoles a avanzar, les recuerda que la antigua ley había dado paso a una norma diferente: «cumplid así la ley de Cristo» (v. 2; 5:14).

Es posible que hoy los cristianos no nos aferremos a la ley como los gálatas, pero si continuamos categorizándonos en función de nuestro desempeño, seguiremos propensos a celebrar las caídas que, equivocadamente, consideramos «ajenas». Practicar un cristianismo individualista es contradictorio y, para ser más claros, integrar una comunidad es mucho más que sólo reunirse los domingos.

Cristian J. Morán

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