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Pues nosotros, por medio del Espíritu, esperamos por la fe la esperanza de justicia. (Gálatas 5:5)

Imagina que es de noche y te has quedado sin dinero en una ciudad desconocida. ¿Qué harás para dormir en un lugar seguro? Sería fácil si conocieras a alguien, pero como no es el caso, tu única esperanza es dormir donde un extraño. ¿Crees que lograrás convencerlo? No lo sabrás hasta que lo tengas enfrente.

Los gálatas, como nos muestra Pablo, se hallaban en esta misma clase de incertidumbre. Confiaban en que convencerían a Dios, pero siendo realistas, en esta vida jamás estarían seguros.

¿Por qué Pablo no tenía este problema? Porque la fuente de su seguridad era independiente de su desempeño personal. Observa cómo describe su propia situación y la de quienes se aferran al evangelio: «…nosotros, por medio del Espíritu, esperamos por la fe la esperanza de justicia» (v. 5).

Lo que todos esperamos es que Dios nos declare justos (limpios e intachables), pero lo que marca la diferencia es la base sobre la cual descansa nuestra esperanza. Podemos construirla sobre nuestras acciones —confiando en nuestras pobres capacidades—, pero si admitimos nuestra insuficiencia (y la suficiencia de Cristo), la esperanza que obtendremos provendrá del Espíritu. Él es quien nos da la fe, y esta fe no sólo salva sino que infunde certeza: la certeza de que Dios nos acepta.

Por eso es que Pablo no vacilaba. Su confianza (o fe) en Cristo era evidencia del Espíritu, y habiendo nacido del Espíritu, no necesitaba esperar para saberse salvo.

El apóstol, entonces, se basa en que sólo necesitamos a Cristo, pero lejos de descartar las obras, reconoce el verdadero lugar que tienen: «Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe que obra por amor» (v. 6). Las obras, por tanto, formarán parte de nuestra vida, pero no como un requisito para salvarnos sino como un fruto natural de la fe genuina. Pablo añade, además, que la fe obra por amor, y en ese sentido, la contrasta aun más con las obras interesadas de quienes pretenden acceder a Dios por sus propios medios.

El apóstol expresa su confianza diciendo «nosotros». ¿Puedes tú identificarte con sus palabras? ¿Eres parte de quienes, gracias al Espíritu, esperamos ser considerados justos únicamente por confiar en Jesús?

Analiza, por ejemplo, las acciones que caracterizan tu servicio a Dios. ¿Cuál es la motivación que te impulsa? ¿Te preocupa ser mal evaluado?

El amor fluye libremente cuando no sientes la obligación de ser aceptable. Reconoce que Cristo hizo todo, y las razones para servirle en amor brotarán espontáneamente convertidas en obras.

Cristian J. Morán

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