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De Cristo os habéis separado, vosotros que procuráis ser justificados por la ley; de la gracia habéis caído. (Gálatas 5:4)

Muy probablemente, una de las formas más típicas de accidente en altura se produce cuando una persona, extendiendo el brazo para alcanzar un objetivo distante, se inclina hasta perder su punto de apoyo. Esto puede generar caídas graves, pero además de eso, nos recuerda que ciertas cosas son incompatibles: no podemos tener unas sin renunciar a otras.

En nuestro texto de hoy, Pablo quiere que los gálatas entiendan cómo esto se aplica a nuestra búsqueda de la salvación. Ellos antes habían conocido a Cristo, pero disconformes con eso, ahora querían también circuncidarse. ¿Qué estaban buscando?

Muy posiblemente, querían suplir su falta de confianza en Cristo. Reconocían que Él jugaba un rol, pero en el fondo seguían creyendo que cumplir la ley era fundamental.

Pablo les muestra —una vez más— que estaban tratando de unir dos cosas incompatibles: «…si os dejáis circuncidar, Cristo de nada os aprovechará» (v. 2). Más adelante, es cierto, dirá que la circuncisión no tiene valor en sí misma (5:6; 6:15), pero cuando ésta era considerada un requisito, Pablo no podía guardar silencio: «…otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a cumplir toda la ley» (v. 3).

No se podía adoptar una cosa sin perder la otra. Pablo lo había dicho con claridad: «…si la justicia viene por medio de la ley, entonces Cristo murió en vano» (2:21).

Recurrir a la circuncisión, entonces, no constituía una salvaguarda sino un completo rechazo de Cristo. Los gálatas querían asegurarse por medio de las dos vías, pero Pablo señala enfáticamente que con eso corrían peligro: «De Cristo os habéis separado, vosotros que procuráis ser justificados por la ley; de la gracia habéis caído» (v. 4).

Pocas advertencias podían ser tan alarmantes como esta. Estar en la gracia era gozar del favor divino, pero «caer» de ella (nota la expresividad del verbo) era perder todos los privilegios que Dios nos concede gratuitamente en Cristo.

¿Significa esto que un verdadero creyente puede perder su salvación? No, pero si alguien se identifica como tal debe distinguir cuidadosamente en qué está poniendo su seguridad.

Muchos que dicen ser cristianos conciben a Cristo como poco más que una figura inspiradora. Se han incorporado a una iglesia tras escuchar que Él nos salva, pero luego, en la práctica, han seguido pensando que Dios los aceptará o rechazará en función de cómo se desempeñen a diario. ¿Qué diría Pablo al respecto? Caer de la gracia, en este caso, equivale a perder de vista que la bendición de Dios es gratuita tanto el primer día como los que siguen.

¿Qué ha sido de tu vida desde que te presentaron a Cristo por primera vez? ¿Has introducido tus propias acciones como un medio de asegurar que Dios te siga aceptando? No olvides la advertencia de Pablo: «complementar» a Cristo es perderlo.

Cristian J. Morán

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