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Ellos os tienen celo, no con buena intención, sino que quieren excluiros a fin de que mostréis celo por ellos. Es bueno mostrar celo con buena intención siempre, y no sólo cuando yo estoy presente con vosotros. (Gálatas 4:17-18)

Un hecho bíblico poco atendido es que, cuando se trata de la enseñanza que recibimos, no sólo debemos poner atención al contenido sino también a quien lo entrega. Jesús dijo que los falsos profetas serían reconocidos «por sus frutos» (Mateo 7:15-23), y quizás una razón de esto es que, cuando alguien se gana nuestra confianza (como por ejemplo un predicador), relaja también nuestra capacidad de filtrar lo que oímos: nos entregamos mansamente, y sin darnos cuenta, podemos ir semana tras semana absorbiendo enseñanzas mezcladas con el error.

Esto, aparentemente, sucedió también con los gálatas, y lo que Pablo hace en este punto es advertirles sobre la clase de maestros que eran los judaizantes: «Ellos os tienen celo, pero no con buena intención» (v. 17). ¿A qué se refiere con este «celo»?

Por lo visto, hablaba del interés con que seguían a los gálatas. Aparentemente, era una especie de «cortejo», pero la intención no era ayudarles sino ganarlos para la causa judaizante separándolos de Pablo. No era, siquiera, un interés permanente, sino una preocupación que se manifestaba cuando Pablo se hallaba cerca. El apóstol, por tanto, dice: «Es bueno mostrar celo con buena intención siempre, y no sólo cuando yo estoy presente con vosotros» (v. 18).

¿En qué pensaba Pablo, entonces, al decir que debían mostrar «celo con buena intención»? La respuesta parece ser exactamente aquello que impulsaba al apóstol: un deseo ardiente de que los gálatas comprendieran y se arraigaran en el evangelio (no como los judaizantes, que trabajaban para sí mismos: «…a fin de que mostréis celo por ellos»; v. 17).

El intenso anhelo de Pablo, por tanto, era asegurar que fuesen salvos: «…sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros» (v. 19). ¡No existe más camino que Cristo!

¿Cuántos hay que hasta el día de hoy practican un cristianismo de reglas? ¡Para Pablo —y sobre todo para Dios— eso era como no haber nacido aún! ¿Entendemos lo grave que es —carecer de vida espiritual—?

No podemos conformarnos con un «cristianismo» así. No podemos admitir, siquiera, que semejante sucedáneo engañe a las personas usando el nombre de nuestro Señor.

Captemos, entonces, el inmenso campo evangelístico que se extiende al interior de la propia iglesia. Muchos hoy en día se concentran sólo en quienes jamás han oído el evangelio, pero Pablo el evangelista nos enseña a no dar por sentado que quienes se sientan a nuestro lado en la iglesia se encuentran fuera de peligro. ¿Han encontrado descanso en Cristo? Eso es lo que debemos preguntarnos. Pablo luchó para que lo lograran, y nuestro actuar debiese seguir su ejemplo.

Cristian J. Morán

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