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Se requiere una valentía extraordinaria para cambiar la manera en que manejas tus relaciones amorosas. No es fácil reajustar los límites, comunicarse mejor, huir de la inmoralidad sexual, confesar fracasos y terminar aquella relación que necesita acabar. No obstante, nunca te arrepentirás de realizar los cambios correctos.

Hubo momentos en la secundaria y en la universidad en los que sabía muy claramente cuáles eran las cosas que necesitaba cambiar, pero el costo que implicaba evitó que hiciera el cambio antes.

¿Qué pensarán los demás de mí cuando confiese que he fallado?

¿Qué pasa si fallo nuevamente y las cosas nunca mejoran?

¿Qué ocurriría si el cambio que necesito significa estar soltero y solo otra vez? 

Como un abogado despiadado, Satanás reunió toda razón imaginable para que no hiciera lo que sabía que debía hacer: di excusas, pospuse decisiones, fui casi honesto con amigos y familiares, seguí en relaciones dañinas, evité a Cristo y me complací en el pecado.

Oro para que las cuatro resoluciones que presento a continuación puedan darte algo de valentía para hacer aquello que has temido hacer por semanas, por meses, quizás incluso por años. Deja tus excusas; toma tu cruz; acepta lo que te costará hoy buscar el amor a la luz de la eternidad, y ten relaciones amorosas de manera diferente este año, de una forma que diga algo impresionante sobre tu Dios.

1. Por encima de todo, buscaré a Jesús

Si resuelves cambiar solo una cosa sobre tus patrones en las relaciones amorosas, que esta sea hacer a Jesús lo más importante en ellas. Alza Filipenses 1:21 sobre tu próxima relación: «Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia». Si vivir es Cristo, entonces una relación amorosa es Cristo. Casarse es Cristo; seguir soltero es Cristo. Él es nuestra razón para vivir y trabajar, crecer y aprender, estar en una relación amorosa o casarse.

Por encima de cualquier otra prioridad en una relación amorosa, busca a Jesús. Podría sonar simple y fácil, pero Satanás libra una guerra a destajo en nuestros corazones y mentes para evitar que tengamos una firme devoción. Nada puede ser más difícil. Es emocionalmente imposible poner a Cristo antes que a nuestros deseos de intimidad y matrimonio, a menos que tengamos al Espíritu de Cristo. A menos que ya no seamos nosotros quienes viven y tienen una relación amorosa, sino Cristo quien vive en y a través de nosotros (Ga 2:20).

Antes de que le confíes tu corazón a alguien más, resuelve amar a Jesús con todo tu corazón. Antes de que te permitas soñar despierto sobre potenciales futuros con él o ella, resuelve amar a Jesús con toda tu mente. Antes de que pienses entretejer tu alma con otra persona, resuelve amar a Jesús con toda tu alma primero. Antes de arriesgarte, sacrificarte y trabajar por amor, resuelve amar a Jesús con todas tus fuerzas. Resuelve amarlo más que al amor.

Y a medida que le das tu corazón a Cristo antes que nada, asegúrate de que tu novio (o novia) también lo haya hecho; en los lugares más profundos de quien es y de lo que quiere. Su fe no es algo en la lista que debamos tachar cuando la revisemos, como muchas otras; debe ser la tinta que da forma a toda la lista. Ya sea que actualmente estés en una relación o vayas a comenzar una este año, decide ahora tener una relación amorosa desde un amor más profundo, más ancho y más alto por el Señor.

2. Creceré donde antes he fallado

Una razón por la que fallamos de las mismas maneras año tras año es que fallamos en admitir y abordar nuestros fracasos. Si tienes un pasado sexual o una trayectoria de errores tras de ti, necesitas saber que no existe lugar más seguro para lidiar con tus fracasos que en Cristo. Alguien podría haberte llevado a sospechar que la manera en la que has llevado tus noviazgos te ha descalificado de su amor, pero Cristo vino y murió precisamente por las cosas que más te avergüenzan. El apóstol Pablo dice:

Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero. Sin embargo, por esto hallé misericordia, para que en mí, como el primero, Jesucristo demostrara toda su paciencia como un ejemplo para los que habrían de creer en Él para vida eterna (1Ti 1:15-16).

La culpa y la vergüenza nos califican para su amor. Él quiere exhibir su paciencia y misericordia al mundo al colmarte a ti con misericordia y al ser paciente contigo. Él quiere que des un paso adelante, como Pablo, para experimentar lo que Él murió para darte.

El proceso comienza al llevar valientemente nuestros fracasos ante sus pies (1Jn 1:9), sabiendo que Él ama perdonar nuestros errores, sanar nuestras heridas y restaurar nuestro quebranto. Si llevo mi oscuridad a la luz, Él no solo cubrirá nuestra oscuridad, sino que la disipará. Él nos hará una persona nueva, alguien diferente a las manchas de nuestra historia de relaciones amorosas (2Co 5:17).

El proceso comienza a los pies de Jesús, pero no termina ahí. Quienes realmente queremos cambiar en el área en que antes hemos caído resuelven buscar rendir cuentas con personas de carne y hueso en esas áreas específicas (Heb 3:12-13). Una resolución a crecer es una resolución a compartir con otros; a confesar consistentemente nuestros pecados, a buscar consejo, a aceptar preguntas difíciles e incorporar a otros en nuestras relaciones amorosas. Todo el mundo espera que esto suceda de forma natural y, en raras ocasiones, podría suceder. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, esto requerirá un esfuerzo y un sacrificio extraordinarios. Tendrás que preocuparte por lo que otros creyentes piensan sobre tus relaciones más que de lo que incluso ellos se preocupan por lo que piensan.

Resuelve crecer donde has fallado en las relaciones para llevar tus fracasos específicos a tu Salvador perfectamente paciente, para confesar tus fracasos específicos a otros creyentes y para buscar pasos específicos, con la ayuda de Dios, para vencer la tentación y cultivar la piedad.

3. Buscaré claridad y pospondré la intimidad

Probablemente, te has preguntado (una y otra vez) qué estás buscando en una pareja. La mayoría de las personas, sin importar quienes son o qué creen, se hace esa pregunta. La pregunta más importante que pocos de nosotros nos hacemos es esta: ¿qué estoy buscando en una relación amorosa?

Para muchos, la respuesta es simplemente intimidad. En las fantasías de nuestra imaginación, la intimidad podría verse como mil experiencias y sensaciones diferentes, pero la intimidad es a menudo un grial de gran valor.  Lamentablemente, cuando la intimidad se convierte en el gran premio, también se convierte en el gran precio que pagamos. Cuando la intimidad falla en materializarse o falla en satisfacernos o en perdurar por mucho tiempo, solo hemos intercambiado preciosos pedazos de nuestro corazón por un doloroso remordimiento y anhelos profundos.

Ten cuidado de permitir que tu relación amorosa sea guiada por la búsqueda de intimidad este año. Ten un novio para encontrar la preciosa claridad de Dios sobre si casarte o no. El gran premio en el matrimonio es una intimidad centrada en Cristo. El gran premio en una relación amorosa es una claridad centrada en Cristo. Esto no significa casarte con la próxima persona que sea tu novio o solo ser novia de alguien que estás segura que te casarás con él; significa hacer de la claridad centrada en Cristo hacia el matrimonio la medida de tu romance. ¿A lo largo del tiempo, tengo cada vez más confianza en que esta persona es alguien con quien puedo casarme en el Señor?

Una nueva resolución a buscar claridad en la relación amorosa contradice nuestros impulsos hacia el coqueteo, la ambigüedad y la seducción, y fluye hacia una comunicación clara y amorosa. Cualquier relación que contradiga el coqueteo, la ambigüedad y la seducción que intencionalmente pospone la intimidad física para el pacto del matrimonio nada contra la corriente, al menos en la actualidad. Parecerá extraño e incómodo para otras personas de tu edad, pero hermoso para Dios.

Que tu relación amorosa sea para algo mucho más satisfactorio que la intimidad física y emocional; para un propósito más profundo. No porque todos los demás lo están haciendo. No porque es divertido. No porque él es guapo; hazlo debido a Dios y por Dios. Que tu vida amorosa sea el resultado de ver, de disfrutar y de compartir más de Él.

4. Pediré ayuda a Dios

El cambio más importante en tu vida amorosa podría no ser entre tu pareja y tú, sino entre Dios y tú. Antes de que intentemos establecer límites saludables en nuestra relación, necesitamos dirección de Dios. Antes de que vayamos a buscar amor, necesitamos buscar al Señor. Antes de que abordemos la comunicación en la relación amorosa, necesitamos abordar nuestra comunicación con nuestro Padre. Las mejores relaciones comenzarán con Dios en oración.

A menos que el Señor construya (o vuelva a construir) tus relaciones amorosas, serán en vano (Sal 127:1). A menos que el Señor vele por ti y tu novia (o novio), te arriesgas, te preocupas y te relacionas amorosamente en vano. Él sabe exactamente lo que tú necesitas (Mt 6:32), en qué áreas eres débil y cómo lo glorificarás. Rechaza tener una relación amorosa con cualquier persona a menos que, como Moisés, Dios vaya contigo (Ex 33:15). Y entonces cuéntale a Dios sobre tus relaciones tanto como lo haces con cualquier persona. Cuando la pasión aumente dentro de ti, o la ansiedad entre sigilosamente, o la confusión nuble tu mente y corazón, corre primero a Dios. Nadie te ayudará, te guardará o escuchará como Él.

La mejor manera de discernir lo que Dios está haciendo y cómo Él te está dirigiendo en una relación este año es permanecer cerca de Él. Cuanto mayor sea la intimidad que tengas con Él, mayor será la claridad que tendrás sobre a quién buscar, qué cambiar y cuándo casarte.

Marshall Segal © 2019 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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Marshall Segal

Marshall Segal es escritor y el director editorial de desiringGod.org. Es autor de Soltero por ahora: la búsqueda del gozo en la soltería y el noviazgo (2018). Se graduó de Bethlehem College & Seminary. Él y su esposa, Faye, tienen dos hijos y viven en Minneapolis.
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