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Muchos matrimonios cristianos están en medio de un problema o disfunción sexual. Muchos esposos y esposas en la iglesia no experimentan la hermosa e íntima unidad sexual que Dios diseñó. 

Muchos hombres casados que profesan la fe cristiana están viviendo una doble o reservada vida en línea. Muchas mujeres cristianas le permiten fantasear a su mente. Y tristemente, como Adán y Eva en Génesis 3, muchos de estos hermanos y hermanas en la fe viven temerosos a escondidas, en silencio y vergüenza. 

¿Y qué hay de ti?

En un mundo que se ha vuelto sexualmente loco, la iglesia de Jesucristo debe hacerlo mejor. Debemos romper el silencio. Debemos dar esperanza bíblica. Más matrimonios necesitan experimentar el perdón, la libertad, la esperanza y la valentía del Evangelio en relación a la sexualidad. 

A continuación, comparto un par de maneras en que podemos hacer esto con nuestros cónyuges:

No te avergüences de ser un ser sexual

La Biblia nos enseña que el sexo no es un problema; es un regalo. Jesús no sufrió ni murió para liberarte del sexo, sino que para liberarte del pecado sexual. Nuestro problema, principalmente, no es que seamos seres sexuales, sino que tendemos a amar a la creación más que al Creador (Ro 1:25).

El sexo es algo bueno y hermoso, pero el deseo de esta cosa buena puede convertirse en algo malo y peligroso cuando llega a controlar tu corazón. El pecado y la lucha sexual no son, primeramente, un asunto de lo que hacemos con nuestro cuerpo, sino de lo que hacemos con nuestro corazón.

No niegues que eres un pecador que lucha con el sexo

A veces, nuestra teología práctica coloca incorrectamente al sexo en una categoría diferente. Creemos que Jesús murió por nuestros pecados y en su resurrección está incrustada la promesa del perdón y de la libertad, pero pensamos incorrectamente que la inmoralidad sexual no es solo pecado.

La Biblia nunca presenta al pecado sexual como si tuviera una naturaleza diferente a los otros pecados. El pecado sexual podría tener diferentes consecuencias sociales e interpersonales, pero es pecado, ni más ni menos. En Romanos 1, Pablo pone el pecado sexual en la misma lista junto a la envidia, el chisme y el engaño, incluso con algo tan común como la desobediencia a los padres.

El enemigo engañoso y falso obra para convencerte de que las provisiones de la cruz no pueden ayudarte porque el pecado sexual es diferente. 

No tienes que dar la batalla solo

El oscuro secreto del pecado sexual puede hacerte sentir alienado, no comprendido, rechazado y solo. Si eres un hijo de Dios, ¡es imposible que estés solo!

Permíteme hacer esta distinción: no es imposible que te sientas solo, pero es imposible que estés solo. Tú y yo debemos distinguir bien entre el poder de lo que sentimos y las promesas bíblicas que deben moldear la forma en que actuamos y respondemos (ver Éx 3:12; Jos 1:5-9; Jue 6:12; 2S 7:9; Mt 28:20; Heb 13:5).

Dios también nos ha puesto en su iglesia porque Él sabe que nuestro viaje a la pureza sexual es un proyecto comunitario. Como Pablo dice en Efesios 4:16 (NVI), son «todos los ligamentos» los que hacen su parte a medida que el cuerpo de Cristo madura. 

Si quieres ser sexualmente puro, necesitas personas que te ayuden a verte a ti mismo de maneras en que no lo harías porque el pecado te ciega. Si vas a ganar terreno, necesitas personas que te confrontarán cuando te rebeles y que te animarán cuando estés débil.

Predícate el Evangelio a ti mismo, a tu cónyuge y a otros matrimonios: Jesús tiene el poder de transformar permanentemente tu matrimonio y sexualidad quebrados.

Dios los bendiga.

Preguntas para reflexionar

  1. ¿De qué manera el sexo es un regalo de Dios? En su forma santa y pura, ¿cómo el sexo puede profundizar el amor y la unidad en tu matrimonio?
  2. ¿El sexo fue un tema tabú en tu crianza? ¿Cómo tu crianza o experiencias previas con el sexo dan forma a cómo abordas el sexo ahora con tu cónyuge?
  3. ¿Dónde y de qué maneras te dispones regularmente a fracasar al exponerte a cosas inútiles?
  4. ¿Eres honesto con tu cónyuge u otros cuando te hacen preguntas sobre sexo? ¿Qué estás escondiendo y por qué?
  5. ¿Has creado un ambiente donde tu cónyuge (o hijos) tengan temor de confesarte su pecado y lucha sexual? ¿Cómo puedes ser más misericordioso y parecido a Cristo en tu respuesta sin transar con lo que la Biblia dice que es pecaminoso?
  6. ¿Qué cosas te dices a ti mismo que te permiten mantenerte sin esperanza? ¿Cómo puedes predicarte el Evangelio a ti mismo en momentos de debilidad y fracaso?

DEVOCIONALES DE LA SERIE:

Este recurso proviene de Paul Tripp Ministries. Si deseas recursos adicionales, visita www.paultripp.com. Usado con permiso.
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Paul Tripp

El Dr. Paul David Tripp es pastor, conferencista internacional y autor de libros éxito de ventas y ganadores de premios. Es el director de Paul Tripp Ministries. Con más de 30 libros y series en video, la pasión que mueve a Paul es conectar el poder transformador de Jesucristo a la vida cotidiana.
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