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Título original en inglés: «Strong Emotions, Extreme Confidence».


Las emociones fuertes siempre insisten en interpretaciones particulares de la vida, y no están de ánimo para escuchar alternativas.

«Es vano contender con cualquier cosa que tiene a su disposición poder sobre nuestros afectos; prevalecerá al final». Así dice Jonathan Edwards en Treatise on Religious Affections [Tratado sobre los afectos religiosos], y tiene razón. Cuando sientes algo fuertemente, tienes mucha confianza en lo que esa emoción dice de ti, de otras personas y de Dios.

Simplemente intenta estar en desacuerdo con cualquier emoción fuerte que hayas tenido y verás cuánto tiempo puede durar.

  • Intenta decirle a la ira que puede estar equivocado.
  • Intenta decirle al miedo que habrá gracia para mañana.
  • Intenta decirle a la culpa que hay perdón en Cristo, lo que significa que Dios no nos mira de acuerdo a nuestros pecados. Sí, conoces las palabras, pero cuando la culpa es intensa las palabras se silencian.
  • Intenta decirle a la vergüenza que Cristo, por la fe, nos acepta, nos lava y nos hace santos.
  • Intenta decirle a la manía que las elecciones que hace pueden tener terribles consecuencias.
  • Intenta decirle a la depresión… algo bueno.

La ira es el ejemplo obvio. Bien o mal, la ira siempre confía en sí misma. Sin ambivalencia. Sin grises. La ira es muy segura de sí misma.

La manía puede ser un ítem sorpresivo en esta lista, pero si sabes algo de la manía, sabes que la manía siempre está segura de que todo saldrá bien. ¿Apuesta los ahorros de toda tu vida en el 7 de la suerte? Estás seguro de que valdrá la pena. Si no es así, no hay problema, todo saldrá bien. La manía es confianza química.

¿Depresión? Puede que no estés en desacuerdo con esto. Después de todo, la depresión está permeada de inseguridad o falta de confianza en sí mismo. Las personas deprimidas se sienten fracasadas y los fracasados no tienen mucha confianza en sí mismos. Sin embargo, ¿hay alguna interpretación de la realidad que sea más testaruda que la depresión? Escuchas hablar a la persona deprimida sobre la futilidad de la vida y, nueve de cada diez veces, la Escritura no va a hacer que la persona vuelva a pensar en los pensamientos de Dios. No estoy intentando criticar a las personas deprimidas con estas observaciones. No obstante, estoy intentando levantar algunas advertencias para todos nosotros. Cuánto más fuerte es la emoción, más difícil es escuchar la verdad, y la depresión, si es algo, es una emoción muy fuerte. Las emociones fuertes tienen mucho en común con los delirios. Los delirios insisten en su interpretación a pesar de la clara razón, contraria a toda la evidencia o consenso entre amigos de una interpretación diferente.

Aquí hay algunas actividades detrás de la escena:

Las emociones muestran lo que está pasando en nuestros corazones. O podríamos decir que las emociones hablan en nombre de nuestros corazones. Nos dicen lo que realmente queremos. Por ejemplo, cuando estoy ansioso, que sucede cada tanto, yo (mi corazón) estoy diciendo: «no habrá gracia disponible para mí en el futuro» o «perderé algo que amo y no sé cómo vivir sin eso». El sentimiento físico de la ansiedad es la versión resumida de estas declaraciones. Nuestras emociones revelan aquellas cosas que son más importantes para nosotros. Pregúntate: «¿qué estoy diciendo que realmente amo?» O podrías intentar su doble/mellizo malvado: «¿qué estoy diciendo que realmente necesito?». Cuando algo que amamos o que necesitamos está en juego, no hay tiempo para ambivalencia o incertidumbre.

En general, tiendo a ser bastante apacible, pero la semana pasada, cuando escuché por teléfono que un niño de dos años había golpeado a mi nieta, también de dos años, en la cabeza con un camión de metal, estaba bastante seguro de que tenía que localizarlo de inmediato y… hacer algo. Me alegro de no haberlo visto suceder. Podría haber sido, creo, menos que amable.

Entonces, no es de sorprender por qué las emociones fuertes tienen tal confianza en sí mismas. Ellas revelan que yo estoy seguro de mis opiniones.

Pero hay más para decir.

Las emociones hablan a nuestro corazón. La mayoría del tiempo nuestras emociones hablan de parte de nuestro verdadero yo, nuestros corazones. A veces nos hablan a nosotros. Comienza con una pizca de frustración, agrega una cucharada de fatiga y podrías obtener ira. Esa ira ha sido artificialmente aumentada por complejidades bioquímicas. Le dice a un padre que el lío que sus hijos hicieron ayer, que fue solamente una molestia, ahora es catastrófico. En breve, las emociones a veces mienten. Nos dice que algo fue algo enorme, cuando no lo fue.

Cualquier emoción puede mentir. La ira es solo una de ellas. En mi experiencia, la manía y la depresión son las mentirosas más notables. La manía nos dice que tenemos razón, que nuestras ideas son las mejores (probablemente Dios nos ha ungido) y que las perspectivas de otros son marginales. No es de sorprender que la manía esté tan frecuentemente asociada a la ira. El desafío para toda persona propensa a los impulsos maníacos es escuchar la sabiduría de otros. Suena fácil cuando no estás maníaco, pero una vez que se activa la confianza química, la humildad es echada afuera.

La depresión puede hacer lo mismo, excepto que la depresión nos dice que la vida ha sido vaciada de sentido y propósito, que el amor es escurridizo, que Dios está distante o es indiferente, que somos demasiado malos como para ser rescatados, etc. La depresión puede estar segura de muchas cosas.

¿Cómo manejamos todo esto? ¿Cuándo nuestras emociones están hablando por nosotros? ¿Cuándo nos están hablando a nosotros? Puede volverse complicado, pero eso no significa que la respuesta sea complicada. Una persona sabia escucha la Verdad y escucha a otras personas. Una persona sabia escucha. Y no es meramente escuchar, como nos recuerda el libro de Santiago. Es realmente oír, lo cual no sale naturalmente.

Bueno, más despacio. Yo soy una criatura, no soy el Creador. Soy parte de un cuerpo más grande y necesito el cuerpo más grande. No tengo toda la sabiduría y conocimiento en mí mismo. Cuando hay una diferencia de opinión entre mis sentimientos y lo que dice Dios, las palabras de Dios ganan. Felizmente me someto a Él. Cuando hay una diferencia entre mis sentimientos y los que muchos sabios consejeros me han dicho, me someto a la sabiduría de la comunidad.

Sí, todo esto es verdad y suena bien en el papel. Pero en este momento mis emociones no están bramando en ninguna dirección particular. La buena noticia es que puede practicar la humildad hoy. Puedo escuchar a Dios, realmente escuchar. Puedo considerar los intereses de otros como más importantes que los míos. Esto me va a preparar para los momentos en que mis emociones fuertes no me cuentan la historia completa.

Esta traducción está protegida por derechos de autor © 2022 por The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). Este artículo, titulado «Strong Emotions, Extreme Confidence» Copyright © 2010 fue escrito por Ed Welch y está disponible en https://www.ccef.org/strong-emotions-extreme-confidence/. Todo el contenido está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

Traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por Jacquie Tolley, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.
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Dr. Edward Welch

Dr. Edward Welch es consejero y miembro de la facultad de The Christian Counseling and Education Foundation (CCEF). Él ha hecho consejería por más de treinta años y ha escrito ampliamente sobre depresión, temor y adicciones. Es autor de Cuando la gente es grande y Dios es pequeño y de Lado a lado: andando con otros en sabiduría y amor. Él y su esposa, Sheri, tienen dos hijas que están casadas y ocho nietos. En su tiempo libre, Ed disfruta pasar tiempo con su esposa y su familia extendida y tocar su guitarra.
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