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Título original en inglés: “The Gospel for Shame


Este artículo es parte de una serie para pastores sobre problemas que todos tenemos. Los otros problemas que se abordan aquí son el enojo, el sufrimiento y el dolor de la vida, la culpa, la adicción y el temor. Todo cristiano debe tener cada vez más sabiduría en cuanto a ellos.

No podemos perder la oportunidad de hablar sobre cómo el Evangelio es para la vergüenza en esta era en particular. La gloria de Cristo es que el perdón de los pecados solo se alcanza por medio de Él. Jesús es el Señor Dios. Vamos al Padre por medio de su muerte como nuestro sustituto a causa del pecado. Entonces, después, consideramos el significado y la aplicación eterna de este Evangelio, para el cual el perdón de pecados es una especie de clave. Entre las realidades que se incluyen en el perdón, encontramos que el Evangelio es para nuestro pecado y para la vergüenza. 

La vergüenza dice que somos inaceptables; sucios y desgraciados; echados; distanciados de las personas y de las promesas de Dios. Nos damos cuenta de que la vida se siente más como la muerte. Nos volvemos inaceptables debido al pecado, pero también por nuestra asociación con aquello que está conectado a la muerte como la debilidad, la enfermedad y el pecado de otros. No importa cómo el pecado-muerte se apodere de nosotros, este trae vergüenza, y la vergüenza necesita recibir un remedio adecuado. 

En el Antiguo Testamento, se hacían sacrificios por (1) el pecado cometido y (2) por enfermedades dermatológicas, por contacto con un cuerpo muerto, por la menstruación, por ser parte de una familia que se contaminó con el comportamiento de uno de sus miembros y por muchas otras razones que no eran culpa propia, pero que causaron vergüenza. Esta segunda categoría no es motivo de confesión (aunque no necesitamos motivo para ello), sino uno para ser limpiados y acercados a Dios. Podemos acceder a esto por medio de sangre.

La mujer con el flujo de sangre pertenece a la segunda categoría (Lc 8:43-48). Ella entendió que solo Jesús podía limpiarla de su vergüenza, por lo que se acercó a Él en silencio, pero con confianza. El toque humano simbolizó su fe (su conexión) en Jesús, lo que indicaba que ahora ella estaba cerca de su santidad y ya no era identificada como la mujer que sangraba. Jesús podría haber dicho: «tus pecados son perdonados», pero aquí Él dijo: «Hija, tu fe te ha sanado; vete en paz». 

Con el hombre paralítico, Jesús dijo: «Anímate, hijo, tus pecados te son perdonados» (Mt 9:2). En otras palabras, el perdón de pecados es la garantía de que el hombre ha sido sacado poderosamente de la muerte y todos sus cómplices. Su nueva unión a Jesús fue expresada como plenitud física y salud. El hombre no era paralítico por sus pecados particulares, así como el hombre que nació ciego no era ciego por sus pecados particulares. Sin embargo, el perdón de pecados era la clave para una redención y limpieza total que vino de una unión por medio de la fe con el mismo Dador de vida. 

En la actualidad, las enfermedades que nos hacen parecer diferentes a otros aún nos avergüenzan; no obstante, la vergüenza palpable que vemos en cada iglesia a menudo tiene más que ver con el resultado del abuso sexual, del enojo degradante, de los notorios fracasos que no vienen de pecados obvios y provocan un rechazo tanto intencional como no intencional. Como pastor, podrías simplemente preguntar: ¿quién se siente indigno de ser amado? El ministerio pastoral tiene el objetivo de describir la vergüenza como un medio para atraer a personas desdichadas a Cristo. 

Cuando pecan contra nosotros, no confesamos esos actos pecaminosos, lo que ocurrió fue que la muerte se acercó y nos unió a las viles acciones de otros. Necesitamos desconectarnos del poder del pecado, limpiarnos y conectarnos a la persona correcta. Los fracasos son parte de la lista, no porque estén asociados a la muerte, sino porque nos hacen sentir rechazados, extraños que están distantes tanto de la comunidad como de las promesas de Dios. Experimentamos esto cuando nos desempeñamos mal en una tarea pública, la calidad disminuye o se nos niega cierto trabajo. Todos ellos necesitan escuchar la invitación de Jesús a acercase por fe y tocarlo. En esto, los que sufren gracias a los pecados cometidos contra ellos son lavados y apartados para Dios y los rechazados son unidos a Aquel que tiene una reputación impecable, levanta sus cabezas y los hace fructíferos mientras permanecen en Él.

Las palabras de Dios para los avergonzados son variadas y atractivas. «Ven»; «recibe un nuevo nombre»; «acércate»; «mira, toca»; «cree, cree que la sangre del Cordero de Dios se extiende a tu culpa y vergüenza a fin de que estés unido por siempre a su pureza y seas beneficiario de su amor». Jesús también dice: «tus pecados te son perdonados».

En esta proclamación, Jesús nos libera de todas las cosas que una vez estuvieron contaminadas. Él nos separa de ellos y nos acerca. El pecado y la muerte son distanciados; nosotros, acercados. Él hizo esto al tomar nuestra culpa y vergüenza sobre sí mismo (como si nosotros fuéramos los que en silencio tocáramos su manto) y los venció en juicio y en la muerte en la cruz. Aquí, el pecado, tanto el nuestro como el cometido contra nosotros, perdió su poder para corromper. Su sangre nos desconectó de la muerte y nos dio su vida y santidad. Ahora estamos cerca, tan cerca que podemos decir que estamos en Él y Él en nosotros. Puesto que esta limpieza es de una vez y para siempre, no existe absolutamente nada que pueda separarnos de la cercanía y del amor de Dios. 

Estas realidades, a veces, son difíciles de entender. Por eso, Jesús se alegra de hablar de su amor por aquellos que han sido atrapados por el pecado y la muerte y se alegra de hablar de ello una y otra vez. 

En este momento de la historia de Estados Unidos, más que nunca hay más apertura sobre la opresión, el abuso y las palabras humillantes. Es solo un comienzo. Esperamos que la discusión persista y se extienda desde abuso de mujeres a asuntos raciales y más, pero es un comienzo. La vergüenza ha salido a la luz. Lo que el mundo puede ofrecer es una comunidad que reconoce que fueron tratados de manera vergonzosa, y esto es un regalo. No obstante, una comunidad por sí misma no tiene el poder para disminuir el poderío contaminante del maltrato pecaminoso. Esta es una oportunidad para que los pastores proclamen la buena noticia que es específicamente para los humillados, rechazados y desechados.

Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (14 de Octubre, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado The Gospel for Shame Copyright © 2018 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org

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Dr. Edward Welch
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Dr. Edward Welch

Dr. Edward Welch es consejero y miembro de la facultad de The Christian Counseling and Education Foundation (CCEF). Él ha hecho consejería por más de treinta años y ha escrito ampliamente sobre depresión, temor y adicciones. Es autor de Cuando la gente es grande y Dios es pequeño y de Lado a lado: andando con otros en sabiduría y amor. Él y su esposa, Sheri, tienen dos hijas que están casadas y ocho nietos. En su tiempo libre, Ed disfruta pasar tiempo con su esposa y su familia extendida y tocar su guitarra.

 

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