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En las últimas semanas, las muertes de Ahmaud Arbery y George Floyd me pasmaron. Mientras miraba las imágenes en televisión, no podía creer lo que estaba mirando. Mi corazón se afligió por las familias de estos dos hombres. Entonces, mientras miraba las protestas en televisión, pacífica al principio, luego cada vez más violenta, me afligí por nuestra nación. Demasiada pena, demasiado dolor. Agravado a través de las generaciones.

Mientras miraba las noticias, leía los informes y observaba las respuestas, quería ayudar de alguna manera. Sin embargo, sentí una sensación general de impotencia. Existe un problema amplio y sistemático en nuestra nación. La sensación de injusticia parece demasiado grande y demasiado profunda para que una persona tenga un impacto. ¿Qué puedo hacer personalmente para lograr cualquier tipo de cambio? ¿Qué puedo hacer (como una mamá en casa de clase media) para ayudar?

Comienza en casa

Hay mucho que asimilar y oro al Señor para que provea oportunidades e iniciativas a medida que el tiempo avanza; sin embargo, una de las primeras cosas de las que me di cuenta que puedo hacer personalmente para detener la propagación del odio y de la injusticia es entrenar bien a mis hijos. El prejuicio racial no viene de la nada; brota del corazón. Como pecadores caídos, todos tenemos prejuicios hacia otros. Cada día, hacemos suposiciones sobre las personas que nos rodean basados en cómo se ven y en cómo hablan, en su edad y etapa, en el lugar de donde vienen, en lo que hacen, incluso en lo que saben o no saben, y los tratamos de acuerdo a ello. Y como suele ser el caso, alentamos esos prejuicios en nuestros hijos desde temprana edad. Ellos lo escuchan en las cosas que decimos sobre otras personas; lo ven en la manera en que actuamos; lo observan en nuestras prioridades, en nuestras relaciones, en nuestras respuestas. Ellos entonces modelan lo que ven en nosotros. El prejuicio pasa de padre a hijo y a las generaciones.

Como padres, tenemos la responsabilidad de no solo señalar a nuestros hijos lo que es correcto y verdadero, sino que también a vivirlo en sus propias vidas.

Mi esposo y yo hemos tenido buenas discusiones con nuestros hijos sobre estas recientes tragedias. Hemos hablado sobre aquello de lo que hemos sido testigos y de lo que hemos aprendido de nuestras propias familias de origen respecto al racismo, al prejuicio y a la injusticia. Hemos hablado sobre los prejuicios que todos tenemos y de la importancia de identificarlos y de alejarse de ellos. Hemos conversado incluso de la burbuja en que nuestros hijos crecieron y de su falta de consciencia de lo que es la vida fuera de esa burbuja. Hemos compartido las cosas que hemos aprendido de nuestros amigos afroamericanos. Esas historias personales que abrieron nuestros ojos para ver cómo su vida diaria es tan diferente de la nuestra. Los temores diarios que enfrentan. Las injusticias que han experimentado. Las barreras; las suposiciones; y tanto más.

Entrenando a nuestros hijos

Entrenar a nuestros hijos comienza con el Palabra de Dios y comienza con el principio de la Biblia. Empieza con Génesis. Les enseñamos a nuestros hijos que Dios creó a todo el género humano a su imagen. Toda persona, cualquiera sea su nacionalidad, color de piel, trasfondo económico, experiencia de vida, etc., es creada a la imagen de Dios. Cada persona ha heredado un valor y una valía porque Dios los creó. En cualquier momento en que maltratemos a otro ser humano, estropeamos a un portador de su imagen. Es más, a medida que le enseñamos el Evangelio a nuestros hijos, no podemos descuidar enseñarles sobre la perfectamente diversa familia de Dios. Como Dios pactó con Abraham que todas las naciones del mundo serían bendecidas por medio de su simiente y cómo esa promesa es cumplida en Jesucristo. Por medio de Cristo, estamos unidos como hermanos y hermanas con personas de cada tribu y nación. El libro de Apocalipsis describe cómo se verá el cielo a medida que todos los hijos de Dios, dispersos a lo largo de las naciones, son reunidos ante el trono de Dios:

Después de esto miré, y vi una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos, y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos. Clamaban a gran voz: «La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero» (Ap 7:9-10).

¡Qué hermoso será!

Puesto que el cielo se llenará con una hermosa diversidad, nuestras vidas también deben serlo. Tanto como sea posible, nuestros hijos deben ver la diversidad en nuestras vidas, en nuestras relaciones y en nuestras experiencias. Anima las amistades con personas de otras culturas y nacionalidades. Conoce personas con experiencias y trasfondos diferentes. Frecuentemente, le  tememos a lo que no conocemos, así que alienta la curiosidad en tus hijos. Enséñales sobre las diferentes naciones y culturas. Lee libros e historias sobre niños en otros lugares. Haz que oren por grupos diferentes de personas. Busca maneras creativas para involucrarte con personas fuera de tu círculo usual. Visita un museo de derechos civiles o estudia la historia de un grupo particular de personas. Cuando nuestros hijos ven que nosotros amamos y apreciamos la diversidad que Dios creó, ellos también lo harán.

Libros para leer

Aquí dejo un par de sugerencias de libros, algunos para tus hijos y otros para nuestro propio corazón:

La gran idea de Dios, escrito por Trillia Newbell. Este es un excelente libro para niños sobre cómo Dios nos creó a todos diferentes, pero cómo somos todos parte de su familia.

Window on the World: An Operation World Prayer Resource [Una ventana al mundo: un recurso de oración de Operación Mundo, disponible solo en inglés]. Este libro expone a los niños a los grupos de personas del mundo. Les enseña sobre su historia, su cultura y sus costumbres. También les ayuda a los niños a aprender sobre la obra que Dios está haciendo en las naciones y cómo pueden orar por cada grupo de personas.

United: Captured by God’s Vision for Diversity [Unidos: capturados por la visión de Dios por la diversidad, disponible solo en inglés], escrito por Trillia Newbell. Este revelador libro nos desafía en la iglesia a experimentar el gozo de la diversidad, e incluso más, a buscarla.

The Beautiful Community: Unity, Diversity, and the Church at its Best [La hermosa comunidad: unidad, diversidad y la iglesia en su mejor expresión, disponible solo en inglés], escrito por Irwyn Ince. Este hermoso libro pinta una imagen de la iglesia tanto diversa como unida en Cristo. Es teológicamente sólido y práctico. Cuando buscamos unidad en nuestra iglesia, reflejamos a nuestro Dios Trino.

His Testimonies, My Heritage [Sus testimonios, mi herencia, disponible solo en inglés]. Este es un devocional escrito por mujeres de color que exponen el Salmo 119.

Quizás tú también te sientes inútil mientras miras las noticias o revisas tus redes sociales. Podrías preguntarte qué impacto puedes tener al llevar sanidad y reconciliación a nuestra nación. Si estás buscando un lugar por donde comenzar, empieza en casa. Enséñales a tus hijos a amar a los pueblos perfectamente diversos que Dios ha creado.

Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Christina Fox.
Photo of Christina Fox
Christina Fox
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Christina Fox

Christina Fox escribe para muchos ministerios cristianos, dentro de los cuales se encuentra Desiring God, The Gospel Coalition, True Woman y ERLC. Es autora de A Heart Set Free: A Journey to Hope through the Psalms of Lament [Un corazón liberado: un viaje hacia la esperanza a través de los Salmos de lamento] y Closer Than a Sister: How Union with Christ helps Friendships to Flourish [Más cercana que una hermana: cómo la unión con Cristo ayuda a que florezca la amistad]. Puedes encontrar más de ella en www.christinafox.com.
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