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Dar con alegría

Tu saldo bancario ronda el cero. Tu trabajo se siente como si pendiera de un hilo. No puedes ver cómo vas a pagar esas cuentas. Y, sin embargo, acabas de oír a tu pastor animar a la congregación a pensar más profundamente sobre cuánto deberían dar. Él se dirigió a todos, no solo a los ricos. Entonces, ¿cómo puede ser posible que pienses en dar más dinero cuando parece que no puedes retener lo suficiente en primer lugar?

Esta es una situación muy común para los cristianos y lo ha sido desde que existen los cristianos. Es una receta para mucha culpa, mucha angustia y mucha duda. Sin embargo, esta no es la manera en la que la Biblia habla sobre la generosidad, ¿verdad? «Dios ama al que da con alegría», escribe Pablo en 2 Corintios 9:7. La enseñanza de la Biblia sobre la generosidad se trata de oportunidad, gozo, y fe; no de culpa, angustia y duda. Entonces, ¿cómo deberíamos pensar sobre ser generosos en tiempos económicamente difíciles?

Dios está interesado en el porqué

La respuesta a esta pregunta comienza en el versículo que recién cité: «Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría» (2Co 9:7). ¡Qué declaración más fascinante! A la Cruz Roja no le importa por qué razones das, mientras hagas clic en el botón que dice «donar» en su sitio web. No obstante, a Dios le importa el porqué. De hecho, a Él le interesa tanto el porqué que, según 1 Corintios 13:3, si das todo lo que tienes, pero no tienes amor, no ganas nada. 

¿Por qué es tan importante el porqué? ¡Porque Dios no necesita tu dinero! A Él no le importa el dinero que das a tu iglesia, porque sus planes están de alguna manera en espera hasta que pagues unos pesos. No, a Él le interesa tu generosidad por lo que dice acerca de Él. Dar con alegría proclama que Dios es tan bueno que invertir dinero en sus propósitos es algo grandioso y emocionante. Por otro lado, dar a regañadientes implica que hay mejores maneras de usar tu dinero, pero tu Dios codicioso lo quiere, entonces obedeces. ¿Ves la diferencia? El gran objetivo de Dios es mostrar al universo cuán buen y precioso Él es, y dar es una parte importante de eso.

¡Los héroes generosos de la Biblia eran pobres!

Ahora, piensa por un momento. ¿Es la generosidad de los ricos o la de los pobres lo que hace una declaración más hermosa sobre la gloria y la bondad de Dios? Podrías pensar que la generosidad solo importa si tu ofrenda es suficientemente grande para tener un impacto enorme, pero Dios no ve las cosas de esa manera. Después de todo, los héroes generosos de la Biblia (los esclavos egipcios en Éxodo 36; la viuda en el templo en Marcos 12; los cristianos empobrecidos de Macedonia en 2 Corintios 8) ¡eran básicamente pobres! Si hubieran sido ricos, no creo que su generosidad hubiera sido relevante. Pero precisamente porque dieron «en medio de una gran prueba de aflicción» (2Co 8:2), todavía estamos leyendo sobre su ejemplo de generosidad gozosa dos mil años después.

Lo que es escaso es lo más precioso. Por ejemplo, el oro vale más que el hierro porque es mucho más escaso. Alguien con mucho dinero, pero con muy poco tiempo libre, estará dispuesto a gastar mucho dinero para liberar un poco de tiempo (piensa en los servicios de limpieza de una casa, la entrega a domicilio de víveres, incluso los aviones privados). Y eso significa que para aquellos de nosotros que no tenemos mucho dinero, lo que hacemos con nuestro dinero es una declaración particularmente poderosa sobre lo que valoramos y lo que creemos.

Entonces, digamos que un día estás leyendo el libro de Mateo y llegas a la invitación de Jesús de «acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6:20-21). Y cuando lees esa parte, te entusiasmas. Te entusiasmas con llevar el dinero que tienes en el bolsillo, que es de valor pasajero, y usarlo para ganar en el cielo algo que nunca se te puede quitar, porque crees lo que dice Jesús. Te entusiasmas al usar tu dinero para poner tu corazón en las cosas del cielo, porque le crees a Jesús cuando dice que esto es lo que te conviene. De hecho, crees tanto en lo que dice Jesús que lo haces con alegría, con gozo, porque tienes fe en que lo que Él dice es verdad, y lo que Él ha hecho por ti vale más que cualquier cosa que el dinero pueda comprar. Así es como el ser generoso muestra cuán fiel y precioso es Dios. Así es como ser generoso agrada a Dios.

¿Puedes ver entonces por qué ser generoso en tiempos económicamente difíciles es especialmente agradable para Dios? Ser generoso desde la escasez declara de una manera profundamente especial que Dios es mejor que el dinero.

Llegando al corazón de la generosidad

Ahora, nada de esto responde la pregunta de cuánto deberías dar en tu situación actual. No obstante, responde la pregunta de por qué deberías dar, que es por donde necesitas comenzar. Somos generosos para mostrar la bondad y la fidelidad de nuestro Salvador. Damos para proclamar que las promesas de Dios son sólidas y las promesas del dinero (proveer comodidad, control y confianza) son vacías y corruptas. Somos generosos porque queremos lo que Dios ha prometido —recompensa eterna—, más que las cosas que el dinero puede comprar aquí en la tierra. Y el hecho de que Dios ha provisto pequeños y preciosos detalles de lo que conlleva esa promesa significa que ser generosos para comprobarlos prueba aún más que nuestra fe está puesta en su bondad y fidelidad.

Entonces, con todo esto como fundamento, déjame guiarte por esta pregunta de cuánto dar con cinco preguntas.

  1. ¿Estás dando lo suficiente como para que tu ofrenda incline tu corazón hacia el cielo?
    En tiempos de incertidumbre o necesidad financiera, es fácil decidir: «solo daré lo suficiente como para marcar la casilla de esta disciplina espiritual». Sin embargo, esa actitud queda corta de creer verdaderamente lo que Jesús ha dicho: «donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6:21). Cuando no sabes cómo vas a pagar la renta o cómo vas a arreglar el automóvil o qué va a pasar si tu esposo pierde el trabajo, tu corazón estará especialmente atraído a las preocupaciones de este mundo. Entonces, es precisamente en esos momentos en los que más necesitas inclinar tu corazón hacia el cielo.
  2. ¿Tu manera de usar el dinero muestra que temes a Dios o a la pobreza?
    Dios no dice que ser generoso te librará de la pobreza (al contrario de lo que dirán muchos predicadores en la televisión). El hecho de que servimos a un Salvador que pasó su tiempo en la tierra en la pobreza, debería ser suficiente para acabar con la mentira de que una verdadera fe trae riquezas terrenales. No obstante, Dios sí promete que aun cuando Él te llame a vivir tu peor pesadilla financiera, Él estará contigo y Él proveerá lo que necesites. «Cuando pases por las aguas, Yo estaré contigo, y si por los ríos, no te cubrirán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama te abrasará» (Is 43:2). Aún mejor, Él promete usar esa dificultad para tu bien (Ro 5:3-5). Si tus miedos financieros están dictando la manera en que usas el dinero, entonces has hecho que el dinero sea el amo de tu corazón, tanto como el hombre rico encadenado por la codicia. El dinero es un amo cruel y nunca está satisfecho. Entonces, libérate de su control a través de la generosidad para que temas a Dios y no a la pobreza.
  3. ¿Tienes algún ingreso?
    En 1 Corintios 16:2, aprendemos que deberíamos dar según Dios nos haya prosperado. Si tienes mucho, deberías dar mucho. Si tienes poco, deberías dar poco. Esto significa que tanto la oportunidad para dar y la responsabilidad de dar dependen de si tienes un ingreso ahora o no. Si no tienes ingresos, entonces lo más probable es que Dios, en su providencia, no ha hecho posible que en este tiempo seas generoso y puedes estar contento con eso (Job 1:21). Por otro lado, si tienes un ingreso —por escaso que sea— deberías estar dando una parte de eso a tu iglesia (Gá 6:6), salvo por alguna serie excepcional de circunstancias. Descubre la bendición que proviene de honrar a Dios incluso en la escasez.
  4. ¿Has hablado con alguien sobre esta decisión?
    ¡Qué extraño es que hablemos con nuestros amigos de la iglesia sobre nuestras luchas con la ambición, la pereza y la pureza, pero nunca sobre el dinero, cuando Jesús enseñó tanto acerca del dinero! No hay razón para que tomes estas decisiones sin el consejo de otros.
  5. ¿Quieres ser generoso?
    Esa pregunta puede atravesar la nube de factores conflictivos que enfrentamos durante los tiempos de dificultad financiera. ¿Quieres ser generoso? Si tu respuesta sincera es «no», entonces ora por esto regularmente. Ora basándote en pasajes como Mateo 6:25-34 y 2 Corintios 8-9, que nos enseñan sobre los propósitos de Dios para nuestro dinero. Habla de esta lucha con un amigo en tu iglesia en quien confíes. Y da en fe, confiando en que «donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón». 

¿Necesitas gozo?

Tal vez la razón más realista por la que nos perdemos el gozo de la generosidad en momentos de dificultad financiera es la fatiga. La vida es difícil y estresante. ¿Quién tiene el lujo de pensar sobre ser generoso? Después de todo, ¿verdaderamente importa que dé de mi dinero si no puedo dar mucho? Aquí es donde necesitamos fe para creer las promesas de Dios. Dios ama al que da con alegría, porque la alegría al dar muestra que creemos en su Palabra. Esto es especialmente verdad cuando los dadores alegres son pobres y propensos a preocuparse por el futuro.

Aquellos cristianos de Macedonia de 2 Corintios 8 estaban en una situación difícil. Estaban «en medio de una gran prueba de aflicción», dice Pablo. Y, sin embargo, «abundó su gozo, y su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad» (1Co 8:2). ¿Necesitas ese gozo? Entonces, mi hermano o hermana, sigue su ejemplo.

Jamie Dunlop es el autor de Why Should I Give to My Church? [¿Por qué debería dar a mi iglesia?].

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.
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Jamie Dunlop

Jamie Dunlop ha servido como pastor asociado de Capitol Hill Baptist Church desde 2009. Antes de eso, administró una línea de negocios para una gran consultoría de gestión. Es coautor (con Mark Dever) de The Compelling Community [La comunidad convincente].
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