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Uno de los desafíos más grandes de predicar Hageo es simplemente encontrarlo en nuestras Biblias. Cuando las personas pasan tiempo en el Antiguo Testamento, normalmente se dirigen hacia el Pentateuco, quizás a los Salmos o a uno de los Profetas Mayores. Pocos se aventuran a entrar en el laberinto de los Profetas Menores y, una vez ahí, es relativamente fácil perderse los dos cortos capítulos de Hageo.

Eso es lamentable, porque Hageo es una gema escondida que trae gran ánimo a aquellos que están preparados para buscarlo. Su mensaje central para el pueblo de Dios es: «No te distraigas ni te desanimes en un día de cosas pequeñas. Dios está obrando para asegurarse de que Él reciba gran gloria».

Bajo este tema general, a continuación comparto cuatro razones para predicar Hageo:

Hageo desafía el amor que le tenemos a la comodidad personal por sobre el sacrificio por el Reino

Si predicas Hageo, es difícil perderse la reprensión introductoria del profeta para el pueblo de Dios por priorizar la comodidad personal por sobre la gloria de Dios. Es importante notar que el desafío de Hageo no es para reincidentes típicos, sino para aquellos que son relativamente diligentes y fieles.

Hageo se dirige a la primera ola de judíos que regresó del cautiverio de Babilonia. De acuerdo con Esdras y Nehemías, solo fueron 50.000 judíos los que regresaron, una pequeña minoría comparada con aquellos que se quedaron. Quienes se habían quedado estaban contentos, cómodamente instalados en Babilonia y no podría importarles menos la reconstrucción de Jerusalén.

Así que la audiencia de Hageo eran los fieles. Al haberse negado a sí mismos, volvieron a Sión y comenzaron a reconstruir el templo. Este remanente puso el Reino de Dios por sobre su propia comodidad personal (al menos en los primeros días). Ahora, después de más de una década de trabajo y esfuerzo, el pueblo está desanimado y concluye: «No ha llegado el tiempo, el tiempo de que la casa del Señor sea reedificada» (1:2). ¿Puedes culparlos? Eran pocos en número, estaban agotados y tenían poco que mostrar.

¿Eres parte de una iglesia fiel, que trabaja diligentemente mientras que a otros pareciera no importarle? ¿Alguna vez has cuestionado por qué debes apoyar económicamente a misioneros, priorizar reuniones o asistir al trabajo voluntario de la iglesia? Si alguna vez has luchado con la tensión entre el sacrificio por el Reino y la prioridad de tus propias necesidades personales, Hageo tiene una palabra oportuna.

«¿Es acaso tiempo para que ustedes habiten en sus casas atesoradas mientras esta casa está desolada? Ahora pues, así dice el Señor de los ejércitos: “¡Consideren bien sus caminos!”» (1:4-5). Recuerda, estos eran los fieles que dejaron Babilonia. ¿Qué ha sucedido? A lo largo del tiempo, el enfoque del pueblo de Dios había cambiado de reconstruir el templo a sus propios hogares.

En nuestra era materialista, ¿cuán fácil es para el pueblo de Dios perder de vista las prioridades del Evangelio y enfocarnos en nuestras agendas personales? Hageo nos desafía al preguntarnos: ¿estamos buscando primero el Reino de Dios o nuestros propios placeres y comodidades? Hageo nos advierte que si buscamos nuestro propio reino primero, Dios retendrá las bendiciones materiales (1:7-11), pero si priorizamos su Reino, todo lo demás nos será dado (Mt 6:33).

Hageo muestra la bendición de la presencia de Dios cuando su pueblo obedece

¿Cuán a menudo vemos al pueblo de Dios rechazar sus desafíos y reprensiones? Dado el patrón histórico de la desobediencia de Israel a la Palabra de Dios, sería razonable esperar una respuesta similar al ministerio de Hageo. Sin embargo, se nos dice que los líderes Zorobabel y Josué responden con todo el pueblo al obedecer la voz del Señor su Dios (1:12).

Esta casi obediencia demuestra la bendecida unidad entre los líderes y el pueblo. Desde el desafío profético a una respuesta fiel, toma 23 días volver a comenzar la reconstrucción del templo. En este contexto, el pueblo escucha estas palabras de consuelo y seguridad: «“Yo estoy con ustedes”, declara el Señor» (1:13).

Si quieres animar a tu congregación a obedecer la Palabra de Dios con unidad y sin demora, entonces predica Hageo para recordarles la presencia prometida de Dios.

Hageo nos recuerda que no debemos desanimarnos por la apariencia externa, puesto que lo mejor está aún por venir

Después de que el pueblo obedeció, asimila la realidad de la reconstrucción. El nuevo templo no será como el antiguo. Para aquellos que habían visto el templo original construido por Salomón, esta versión se vuelve insignificante. Será más pequeño, carente de la grandeza y la gloria del pasado. Parecerá nada ante sus ojos (2:3).

¿Por qué esforzarse para esto? Es deprimente y desalentador. No obstante, el Señor les asegura a los obreros:

«Una vez más, dentro de poco, Yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra firme. Y haré temblar a todas las naciones; vendrán entonces los tesoros de todas las naciones, y Yo llenaré de gloria esta casa», dice el Señor de los ejércitos…. «La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera», dice el Señor de los ejércitos. (2:6-9a).

En otras palabras, no dejes que las apariencias te engañen. Sin duda, el segundo templo no se ve impresionante, pero Dios está llevando a cabo una obra mayor que una mera renovación física. El Señor recibirá mayor gloria al llenar su casa con tesoros redimidos de toda tribu, nación y lengua. Judíos y gentiles finalmente vendrán y adorarán en un nuevo templo.

Vivimos en un tiempo de cosas pequeñas, donde la obra del Evangelio parece dar poco fruto en comparación con avivamientos pasados y la Reforma. En este contexto, podríamos ser tentados a desesperarnos y desanimarnos. Sin embargo, predicar Hageo nos recuerda que no debemos enfocarnos en realidades externas, sino que debemos confiar en el Señor. Nuestro esfuerzo en el Señor nunca es en vano. Dios sin duda recibirá mayor gloria, y lo mejor aún está por venir.

El Reino de Dios será establecido por medio de un gran Siervo

Hageo cierra con una palabra especial para el gobernador Zorobabel mientras lidera los esfuerzos de reconstrucción. Zorobabel será puesto como el siervo escogido de Dios y lo pondrá como anillo de sellar (2:23). Aunque sin duda el gobernador desempeñará un rol de influencia en la reconstrucción del templo en el siglo VI a.C., hay un significado aún mayor en estos versos (2:20-23).

Dicho de manera simple, estas promesas frescas se añaden al pacto previo de Dios hecho a David, de que uno de sus descendientes establecerá un trono para siempre (2S 7:13-16). Después de los reincidentes de Israel, el exilio babilonio y solo una minoría de judíos que retornan, uno podría ser tentado a pensar que las promesas de Dios son ahora nulas y vacías.

Hageo reafirma que Dios aún está llevando a cabo sus promesas, y desde nuestro punto de ventaja, sabemos que estas son finalmente cumplidas en Jesucristo. Él es el Siervo supremo, el Rey de reyes. El rey David y Zorobabel, ambos están incluídos en la línea mesiánica (Mt 1:1-17), pero es Jesús quien viene a establecer y a construir un Reino eterno que nunca será sacudido (Heb 12:18-29)

Por lo tanto, incluso en esta pequeña oscura obra escondida en medio de los Profetas Menores, vemos que Hageo nos señala hacia la venida de Jesucristo. Él es el Zorobabel mayor, el Siervo escogido de Dios y anillo de sellar. Jesús establecerá un templo mayor por medio del sacrificio de su propio cuerpo (Jn 2:19-21) y los tesoros de todas las naciones serán redimidos y finalmente le darán gloria a Dios (Ap 21:24).

Por lo tanto, en resumen, ¿por qué predicar Hageo?

  • Desafía nuestro amor a la comodidad y nos exhorta al servicio al Reino.
  • Nos recuerda la presencia de Dios cuando su pueblo obedece.
  • Nos anima a no enfocarnos en la apariencia externa y a esperar en el Señor, puesto que lo mejor está por venir.
  • Nos señala la venida de Jesucristo, que establece un Reino inquebrantable y un templo para que todas las naciones glorifiquen a Dios.
Este recurso fue publicado originalmente en 9Marks.
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Michael Prodigalidad
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Michael Prodigalidad

Michael Prodigalidad es pastor de la Iglesia bautista Stanmore en Sydney, Australia.