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Título original en inglés: “When Children Say ‘I’m Bored’


Tenemos una crisis común en nuestro hogar: la calamidad del aburrimiento. Nuestros hijos podrían incluso considerarlo una catástrofe. «Estoy aburrido» se repite con tanta frecuencia que no sería una exageración decir que estas palabras hacen continuo eco en nuestra casa, especialmente, durante las vacaciones de la escuela. Estos son hijos con tiempo limitado para las redes sociales, pero aún así son chicos que tienen una Wii y una Xbox, una piscina al otro lado de la puerta, diversos juegos, juguetes y otras actividades. Aun así, «estoy aburrido» rueda de las lenguas de nuestros hijos con gran frecuencia y disgusto.

A partir de esto, se nos ocurrió una solución inteligente. Les dijimos a nuestros hijos que cada vez que escucháramos: «estoy aburrido» (y todas las versiones del aburrimiento: «estoy cansado»; «no hay nada que hacer»; etc.), les asignaríamos un quehacer. No pasó mucho tiempo para que las palabras se les escaparan y, a partir de entonces, mis hijos parecían haber encontrado maneras de ocupar su tiempo. Aunque es una solución inteligente (y una gran manera de que la casa esté limpia), hacer quehaceres no aborda sus luchas más fundamentales.

En primer lugar, los jóvenes luchan con estar sobreentretenidos. Cuando son abandonados a sus propios criterios, a menudo acuden a la tecnología, lo que les permite entretenerse pasivamente en lugar de involucrarse activamente en un pasatiempo o actividad. Al pasar tiempo en las redes sociales, en videojuegos, en el televisor o películas, literalmente se están entreteniendo hasta la inconsciencia. Cuando hay un momento de silencio o inactividad, la adversidad del aburrimiento desciende sobre ellos y se sienten incapaces de superarla. Asignarles un par de quehaceres los hace conscientes de su dificultad, pero es solo un ímpetu externo para un cambio de comportamiento. Ellos necesitan aprender a involucrarse en su tiempo libre de una manera más productiva.

En segundo lugar, necesitamos ayudar a nuestros hijos a que acojan el regalo olvidado de la quietud. Algo se pierde cuando no aprendemos solo a sentarnos, a estar en silencio, a columpiarnos en una hamaca o a dar un paseo sin que algo grite en nuestros oídos. Todos necesitamos detenernos y oler rosas, experimentar la creación, cesar de luchar y saber que Él es Dios. Necesitamos aprender a disfrutar tales momentos como un deleite, no como un tiempo de aburrimiento. Como nosotros, nuestros hijos necesitan aprender a reflexionar, a contemplar y a meditar en las cosas de Dios. ¿Cómo ocurrirá eso si no nos esforzamos en inculcárselo a nuestros hijos?

En tercer lugar, nuestros hijos necesitan ser menos consumidos por sus comodidades y deseos personales, y aprender a pensar fuera de sí mismos. Hay un mundo de necesidad, de servicio, de oportunidades de trabajo, de educación y de vida que vivir y ellos necesitan un empujoncito (o a veces ser arrastrados) hacia la dirección correcta. Los adolescentes no se van a despertar un día y se van a sentir caritativos ni van a pedir ir a servir al almacén local de comida. Requiere cultivar la generosidad y un deseo por servir. Significa inculcar en ellos una disposición a dar tanto tiempo como recursos. Como padres, tenemos que estar dispuestos a hacer el trabajo duro de dirigir a nuestros hijos hacia el servicio y de impartir en ellos el deseo de centrarse en otros.

Por lo tanto, si tus hijos están aburridos en casa, podrías intentar responder con lo de los quehaceres. Sí, tiene un cierto atractivo, pero reconoce sus limitaciones. No les inculcará el carácter piadoso que realmente deseas para ellos. Eso viene únicamente al examinar cuidadosamente lo que captura sus afectos y al equiparlos para que administren a conciencia su tiempo libre.

Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (1 de marzo, 2022) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “When Children Say ‘I’m Bored’” Copyright © 2021 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.

Photo of Julie Lowe
Julie Lowe
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Julie Lowe

Julie Lowe es miembro de la facultad de CCEF. Tiene una Maestría en consejería, otorgada por el Biblical Theological Seminary. Es consejera profesional con licencia con alrededor de quince años de experiencia. Tiene una gran experiencia tratando temas de mujeres, abuso sexual, asuntos relacionados a la imagen, la crianza y el maltrato infantil, y regularmente da charlas en eventos en relación a estos temas. Es terapeuta de juego registrada y ha implementado una oficina para realizar terapia de juego en CCEF y así servir mejor a las familias, a los adolescentes y a los niños. Es una facilitadora entrenada de Stewards of Children, una organización sin fines de lucro que provee entrenamiento sobre el abuso sexual infantil. Julie ha entrenado a un perro de terapia con el que trabaja tanto profesional como voluntariamente. Julie y su esposo, Greg, tienen seis hijos y sirven como padres de acogida y adoptivos. 
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