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En la Biblia, se enfatiza enormemente el rol de los padres para enseñar la fe a sus hijos. Deuteronomio 6 muestra cómo los padres deben enseñar o criar a sus hijos para amar al Señor. Esta es la razón por la cual, cuando se muestra en la Biblia que el pueblo de Dios se aleja de Él, el dedo acusador a menudo apunta a los líderes y a los padres de Israel que no criaron a sus hijos para que conocieran y amaran al Señor. Jueces 2:7-11 y el Salmo 78 son tristes pero excelentes ejemplos de esto.

A lo largo de la Biblia, cuando la iglesia se reunía como nosotros lo hacemos los domingos, se asume que los niños están con sus padres todo el tiempo. Ellos están ahí, con ellos, cantando, orando y escuchando la enseñanza o la lectura de la Biblia. Si lees las cartas de los apóstoles y las lecturas públicas de las leyes del Antiguo Testamento (Deuteronomio) con esto en mente, te darías cuenta de que ¡los niños habrían estado ahí, ya que se les habla directamente a ellos!

¡Las investigaciones lo muestran!

En el 2013, el Dr. John Bellamy realizó una excelente investigación sobre la conversión al cristianismo. Él estudió las influencias comunes que las personas tenían cuando se convertían al cristianismo. El 78 % de las personas en Sydney (donde se llevó a cabo el estudio) acudían a la fe a los 19 años y ante la siguiente pregunta: ¿cuál de las siguientes personas fue la más significativa para que llegaras a la fe cristiana?, la respuesta fue ambos padres, pero por lejos la mamá.

Adicionalmente, la investigación dirigida por BARNA en Estados Unidos, titulada «The Household of Faith» [El hogar de la fe], nuevamente muestra la abrumante influencia de los padres en la vida espiritual de sus hijos en el día a día. Su resultado demuestra que los padres, y no otros ministerios o personas fuera de la iglesia, son la principal influencia en temas de fe, Biblia, política y sexo.

Vale la pena notar su desafío hacia los papás, ya que el 71 % de los adolescentes buscan la opinión o resolver sus preguntas sobre la fe con sus mamás. El 72 %, específicamente, menciona a sus mamás como la principal influencia o persona a la que acuden con preguntas sobre la Biblia, no a sus papás. Dicho esto, los padres fueron la siguiente gran influencia.

Sumémosle a esto los resultados de otra investigación dirigida por YOUTHWORKS (Australia), la cual mostró que incluso los padres que solo «abren su Biblia» de dos a cinco veces al mes con sus hijos, siguen siendo la mayor influencia en sus vidas espirituales si se compara con todo lo que ocurre en y a través de los ministerios de niños y jóvenes de las iglesias.

Por lo tanto, lo vuelvo a decir, no importa lo que hagas en el ministerio de niños y de jóvenes, en realidad no tendrás un ministerio efectivo que marque la diferencia en las vidas de los niños a menos que involucres a los padres. Incluso involucrarlos y comprometerlos un poco con la vida espiritual de sus hijos, marcará una tremenda diferencia, aun si los padres solo abren la Biblia con sus hijos y hablan sobre Dios un par de veces al mes.

Pero ¿cómo haces eso?

¿Cómo involucrar a los padres?

Pastores, líderes del ministerio de niños, quienes sean: por favor, hablen de la importancia de que los padres lleven a sus hijos a la fe. Por favor, hablen sobre cómo cualquier ministerio de niños y de jóvenes de la iglesia no puede tener el mismo impacto en sus hijos como ellos. Hazlo en los sermones del domingo, cuando estén tomando un café después del servicio, incluso cuando vayan a buscar a sus hijos a la Escuela Dominical. Pero cuando hables con ellos… 

1) ¡¡¡Asume lo peor!!!

Asume que la mayoría de los padres, incluso los «mejores» en tu iglesia, solo abren y leen la Biblia con sus hijos dos o tres veces al mes. Yo tengo bajas expectativas de las personas y rara vez las exceden en esta área. Somos pecadores, salvados, pero aún pecadores que se aman a sí mismos y a su comodidad. A menudo, en muchas familias, ¡anhelamos ese tiempo en que nuestros hijos están en la cama para darnos ese escaso y preciado tiempo con nuestro cónyuge o Netflix!

Creo que tener bajas expectativas de las personas las libera para que ellas sean honestas con nosotros. Les da la confianza de que no los vamos a juzgar y también los empodera porque, como muestra la investigación, aun si hacen poco con sus hijos, incluso si solo logran abrir la Biblia con ellos una vez a la semana, pueden tener un impacto gigantesco en sus vidas y eternidad. Por supuesto, queremos más de las personas; por supuesto que anhelamos que los padres tengan ricos tiempos espirituales con sus hijos cada día. Sin embargo, en mi experiencia, esto es muy raro y si lo establecemos como el estándar, disponemos a los padres al fracaso, a la culpabilidad y a que dejen de intentarlo.

2) Asume que no saben por qué deben hacerlo

Quizás esto es algo con lo que debo luchar, pero personalmente, si no sé por qué debo estar haciendo algo, no lo hago o lo hago sin entusiasmo. Creo que la mayoría de las personas se parecen a mí en esto, por esa razón debemos darles a los padres una visión para tener «tiempos espirituales» regulares con sus hijos. Ellos necesitan saber que si sus hijos andan por la vida sin el Señor, no tendrán contentamiento, satisfacción, paz y gozo verdaderos y reales. Mucho menos lo que ocurrirá más allá de esta vida.

Personalmente, quiero que mis hijos, en los inevitables altibajos de la vida, sepan que Dios está con ellos, que Él los ama y que tiene un plan para ellos. Quiero que sean personas de oración que entreguen sus ansiedades al Señor y que experimenten la paz que sobrepasa todo entendimiento. Anhelo que no tengan la lucha interior que la mayoría de mis amigos tiene, el constante deseo por más, por algo diferente que tristemente les quita el disfrute de la vida que en realidad tienen. Deseo que estén seguros al saber que son amados por el Señor y que, en respuesta, ellos tengan un profundo amor por Él. Un amor que rebosa para amar a quienes los rodean.

Quiero muchísimo para ellos, pero sé que si no conocen ni tienen al Señor en sus vidas, se perderán ahora y eternamente.

Dilo con tus propias palabras, pero ayuda a los padres a ver que esas dos, tres, cinco, diez o cualquier cantidad de veces al mes que pasan discipulando a sus hijos es lo que los preparará, por sobre todo, para tener una vida de plenitud, ahora y para siempre. Convéncelos de que estos tiempos son más importantes que la escuela, los deportes o cualquier otra cosa que hagan con ellos.

Y por último…

3) ¡Asume que no saben qué hacer!

Hace poco tuve una reunión con un pastor. Como muchos de los que conozco, estaba luchando personalmente con tener un tiempo personal regular con Dios. Él fue entrenado teológicamente, predica, lidera cursos de doctrina y otros en su iglesia la mayoría de las semanas, pero cuando le sugerí que bajara sus expectativas y solo pasara un par de minutos al día leyendo la Biblia y pensando sobre lo que dice acerca de Dios y de su carácter, me hizo la siguiente y muy honesta pregunta: ¿cómo lo hago? Entonces, tuvimos un par de maravillosos minutos mirando juntos varios versículos de la Biblia pensando en Dios. Todo lo que quería que él hiciera era responder estas dos preguntas: 1) ¿qué dice este verso, texto, historia sobre Dios (quién es Él, cómo es Él, etc.) y 2) ¿por qué esa verdad sobre Él es buena para nosotros en nuestras vidas hoy?

Muy simple, pero si un pastor entrenado y maduro lucha con saber cómo abrir la Biblia y con simplemente ver lo que le dice sobre Dios y conectarlo a su vida cotidiana, asumo que los padres en nuestras iglesias también. Inspirémoslos a querer hacer esto con sus hijos y démosles las herramientas más simples para hacerlo con sus hijos.

Personalmente, cuando converso con padres (y pastores), pienso que el mejor lugar para comenzar es con historias de la Biblia. Historias de la vida de Jesús, de los apóstoles o, en realidad, cualquiera del Antiguo Testamento. Lee una historia, conversa sobre los detalles en ella por un momento, luego siempre haz la pregunta: ¿qué nos dice (muestra) sobre Dios? Incluso si Dios no se mencionó, pregunta: ¿qué nos dice esto sobre Dios? A lo largo del tiempo se hace más fácil, pero es el mejor lugar para comenzar porque Dios siempre es el personaje principal en cada parte de la Biblia, ¡pues es un libro que se trata principalmente de Él! Pregunta: ¿qué hizo? ¿Cómo lo hizo? ¿Por qué? Etc.

No obstante, no lo dejamos ahí, queremos conocer a Dios; cómo es Él como persona, por lo que profundizamos un poquito más. ¿Qué nos dice esa acción o dicho sobre cómo es Él? Él, cómo es, cómo es su carácter. ¿Nos muestra su bondad; que habla con su pueblo; que es paciente; que tiene un sentido del humor; que…? La lista no tiene fin. Luego, haz una segunda pregunta: ¿por qué eso respecto a Dios es bueno para mí? Creo que, a veces, hacemos la primera pregunta, pero rara vez escuchamos la segunda o vemos los frutos de alguien que piensa en esto. Esta pequeña pregunta cambia la vida. Si no veo por qué Dios es bueno para mí hoy en mi vida (si nuestros hijos no lo ven), cuando tengamos la oportunidad de seguir sus caminos, probablemente escojamos no seguirlo. En lo profundo, aún somos egoístas y queremos lo que es bueno para nosotros. Mi pecado, el mundo y el diablo siempre me lo están diciendo; siempre me predican que seguirlos a ellos va a ser bueno para mí, por lo que, a menos que sepa y esté convencido de que Dios es bueno y sus caminos son buenos para mí, no viviré incondicionalmente para Él.

¿Frustrado?

Supongo que este artículo te dejó frustrado. Como dije al inicio de esta serie de artículos, mi objetivo es que pensemos más sobre lo que estamos haciendo y por qué en el ministerio de niños. Sé que casi todo lo que he dicho no es sobre lo que hacemos en nuestros grupos de niños los domingos. ¡Pero realmente no quiero que solo sigamos haciendo lo que siempre hemos hecho! Quiero más. Quiero que hagamos cosas en nuestras iglesias que le den más gloria a Dios. Cosas que ayudarán a los niños en nuestras iglesias a florecer como creyentes. Sin embargo, irónicamente, si nos enfocamos más en los padres y en lo que hacen, no solo en lo que ocurre en una hora cada domingo, creo que más familias llegarán a nuestras iglesias, si Dios así lo quiere. Llegarán porque verán los frutos en y a través de nuestras familias. Y, ¿quién sabe? Podríamos crecer en número y las personas darán con más generosidad y podremos plantar más iglesias para la gloria de Dios. Quizás, algunos de los niños crecerán y serán pastores en ellas mientras que otros ofrendarán sus recursos  para que estén ellos ahí porque confían en Dios cuando dice que es mejor dar que recibir.

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Matt Pope
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Matt Pope

Matt Pope está casado con Helen y tienen dos hijos, Eva y Judah. Fue pastor en Inglaterra por 15 años y llegó hace dos años a Chile (¡país donde disfrutó su luna de miel!) para ayudar a pastores en sus ministerios. Le encanta disfrutar a su familia y la cordillera de los Andes que está al lado de su casa.
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