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Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del podcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.


¿Cómo puedo bendecir a mis hijos de manera significativa antes de dormir? Me encanta esta pregunta. La hizo un papá llamado Wes: «Hola, pastor John. Mi pregunta tiene que ver con bendecir a mis hijos. Tengo tres niños, desde los seis años hacia abajo. Entre las responsabilidades de la familia que regularmente asumo está acostar a los niños. Desde que cada uno nació, les he cantado la canción «Sí, Cristo me ama» cada noche, miles de veces, agregando sus nombres a la letra. Me asombra el impacto que esta canción tiene en ellos. Incluso cuando uno de ellos se funde o se rebela a la hora de dormir, no me permiten saltarme la canción. Además de eso, oro por cada hijo».

«Ahora, he decidido darle a cada uno de mis hijos una bendición. Se las daré cada noche y debe ser rica teológicamente, puesto que la memorizarán a lo largo de los años. Hay tantas verdades bíblicas que quiero que entiendan y lleven a la adultez. Pareciera que no puedo encontrar las palabras correctas o la sección de la Escritura para incorporarlas todas. Si escribieras (o seleccionaras) una bendición para que tu hijo la lleve a lo largo de su vida, ¿cómo lo harías, y quizás más específicamente, qué verdades querrás que ellos escuchen cada noche?».

Bien, puesto que me parece que Wes va mucho más adelante que la mayoría de los padres, permítanme desviar un poco la respuesta a su pregunta. Espero, antes de que diga algo breve en respuesta a su particular pregunta sobre un contenido para la bendición de sus hijos, dar un paso atrás y ofrecer una explicación, fundamento y ánimo. Lo que quiero decir cuando digo que él va más adelante que la mayoría de los padres es que supongo que muy pocos padres realmente han pensado mucho sobre cómo se vería bendecir a sus hijos; si deberían intentarlo en lo más mínimo; por qué deberían hacerlo; o qué debería incluir como él mismo está preguntando.

De mí para ti: por medio de Dios

Al responderle a Wes, quiero animar a los padres que quizás nunca han pensado que esta es una buena idea para considerar seriamente; en concreto, bendecir: pronunciar una bendición sobre la vida de sus hijos regularmente, quizás cada noche, mientras los acuestan. Por tanto, un poco de trasfondo y explicación: la bendición más famosa en la Biblia probablemente es Números 6:24-26:

El Señor te bendiga y te guarde;

El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti,

Y tenga de ti misericordia;

El Señor alce sobre ti su rostro,

Y te dé paz.

Ahora, lo que es único respecto a una bendición como esta en oposición a una simple oración es que en la oración le estamos hablando directamente a Dios y cuando usamos la palabra en la oración, queremos decir: Tú, Dios. No le estamos hablando directamente a las personas cuando oramos, aun cuando la oración comunitaria es buena y tiene el propósito de que las personas nos escuchen y digan «amén» cuando oramos.

Sin embargo, en una bendición, le hablamos directamente a las personas o a una persona. Cuando usamos la palabra , no nos referimos a Dios; nos referimos a ti: la persona a la que le estamos hablando. Y sin embargo, nuestro propósito es que Dios sea quien actúe en respuesta a nuestra bendición. En otras palabras, una bendición avanza en dos direcciones. En realidad, tenemos la intención de que dos personas escuchen lo que estamos diciendo: a quién nos dirigimos directamente y Dios, quien esperamos que nos escuche y bendiga a la persona a quien le estamos hablando.

Entonces, cuando decimos: «El Señor te bendiga y te guarde», estamos hablándole directamente a otra persona o grupo de personas, pero le estamos pidiendo al Señor que haga la bendición. Cuando bendecimos a alguien, dejamos en claro que creemos que Dios es el actor decisivo, pero que Él usa medios humanos para llevar a cabo su acto de bendición.

Si no creyéramos eso, no verbalizaríamos la bendición. Nuestra verbalización, creemos (por eso lo hacemos), es parte de la forma en que Dios bendice. Eso es único, poderoso y precioso respecto a la bendición. En cada acto de bendición, nos hacemos parte de los medios por los cuales Dios bendice a la persona a la que le estamos hablando. Así que la relación que esa bendición forja es parte de la bendición que Dios imparte. Es por eso que puede ser tan poderosa con nuestros hijos. La bendición viene de Dios por medio de papi; viene de Dios por medio de papi. Ese es un momento muy poderoso a medida que los niños llegan a comprender lo que está sucediendo ahí.

Bendice como Jesús

Por tanto, estos son un par de puentes a la práctica del Antiguo Testamento. Podrías estarte preguntando: «bueno, sí, hacían eso en el Antiguo Testamento, ¿dónde vemos esto en el Nuevo Testamento?». Estos son algunos puentes a la bendición en el Antiguo Testamento como Números 6.

Por ejemplo, tenemos la bendición de Isaac a sus hijos por fe en Hebreos 11:20-21, que se remonta al Antiguo Testamento. O por ejemplo, Jesús dice en Marcos 10:15-16: «“En verdad les digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Y tomándolos en los brazos, los bendecía, poniendo las manos sobre ellos».

Es algo muy de Cristo que podemos hacer: bendecir a los niños, poner nuestras manos sobre nuestros hijos mientras pronunciamos una bendición sobre ellos.

Gracia al principio; gracia al final

Ahora, ¿qué guía obtenemos de los apóstoles para lo que un cristiano podría decir en una bendición sobre la vida de otro cristiano, de un hijo o de una familia? Estos son un par de consejos:

Es maravilloso para mí que al comienzo de cada una de las cartas que Pablo escribió, él dijera algo como: «Gracia y paz a ustedes de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo» (Ro 1:7). Está al principio de cada carta.

Y al final de cada una de sus cartas (sin excepción) escribe algo como: «La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con ustedes» (Ro 16:20). Estos son el tipo de bendiciones que Pablo pronuncia sobre los receptores de sus cartas. Van dirigidas a los lectores, a ti. Él está diciendo: «ustedes, lectores». Sin embargo, tienen el propósito de pedir gracia y paz de Dios, el Padre, y del Señor Jesús. Por lo tanto, Pablo espera que sus palabras sean parte de la bendición que Dios imparte con gracia y paz a los lectores.

Piensa en la razón por la que dice: «gracia a ustedes» o «les concedan gracia» al principio de las cartas y «la gracia sea con ustedes» al final de ellas (sin excepción). La verdad divina de la carta misma es parte de la gracia poderosa que viene a ellos a medida que la leen. Y luego los efectos perdurables de la bendición mediada por la verdad que viene a ellos en la carta va con ellos a medida que se levantan y dejan la lectura y vuelven a sus vidas diarias.

Sigue a Aquel de quien fluyen todas las bendiciones

Por lo tanto, el contenido bíblico, podrías decir, de las bendiciones que verbalizamos sobre nuestros hijos ahora se encuentra entre el principio y el final de las epístolas de Pablo. Si quieres saber con qué bendecir a tus hijos, necesitas leer las epístolas de Pablo. Y si queremos ir al corazón del asunto, creo que podrías dejar que Romanos 8:32 guíe el contenido de tu bendición. Aquí va:

El que no negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas?

En otras palabras, asegúrate de que el regalo insondable de Dios de que su Hijo muriera por nosotros sea el fundamento de toda gracia y toda paz y todas las bendiciones que tus hijos reciben. Y luego resume esa gracia y paz con las palabras que rodean a Romanos 8:32 en el resto de Romanos 8: llamados, justificados, inseparablemente guardados a través de dificultades, a través del sufrimiento, para el disfrute de la presencia de Dios por siempre.

Un pequeño anuncio: creo que una de las mejores guías es el folleto escrito por David Michael titulado La guía de un padre para bendecir a sus hijos.

Entonces, en resumen, mira a tus hijos a los ojos y pronuncia gracia y paz a sus vidas basándote en el regalo de Dios en la muerte de Jesús. Deja en claro las bendiciones centrales que Cristo compró para sus hijos: libertad del pecado, vida eterna, gozo eterno y la presencia personal de Dios (de Jesús) guardándolos a través de todas las dificultades de la vida y del sufrimiento.

John Piper © 2020  Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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John Piper

John Piper es fundador y profesor de desiringGod.org y rector de Bethlehem College & Seminary. Por 33 años, sirvió como pastor de la Iglesia bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros, dentro de ellos se encuentran: Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano, y más recientemente, Por qué amo al apóstol Pablo: 30 razones.
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