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1. Cultiva un recelo sano hacia la tecnología y el «progreso»

La tecnología mejora nuestras vidas de muchas maneras, así que no estoy sugiriendo que renunciemos a todo lo que tenga un interruptor de encendido/apagado (aunque eso haría muy felices a tus auxiliares de vuelo). Sin embargo, nos vendría bien un poco más de «distancia» de la tecnología, un poco más de conciencia de que había una vida antes de las últimas innovaciones y que puede haber una vida sin ellas. La advertencia de Neil Postman es sabia: la tecnología «nunca debe ser aceptada como parte del orden natural de las cosas». Debemos entender que «toda tecnología —desde una prueba de coeficiente intelectual hasta un automóvil, una televisión o una computadora— es producto de un contexto económico y político particular, y lleva consigo un programa, una agenda y una filosofía que podría o no mejorar el estilo de vida y eso, por lo tanto, requiere escrutinio, crítica y control»[1].

2. Sé más concienzudo y entendido en tu conectividad con otros

No hace mucho tiempo, noté que un amigo mío, después de correos electrónicos increíblemente breves, estaba colocando al final de sus correos un enlace a «sugerencias para el uso correcto del correo electrónico». Lo ignoré por semanas (¡estaba demasiado ocupado!), pero finalmente la curiosidad me ganó e hice clic en el enlace. Para mi sorpresa, encontré consejos muy útiles sobre cómo reducir el tiempo empleado en el correo electrónico: no hagas preguntas abiertas; no envíes respuestas sin contenido; no copies a otros sin una buena razón; no esperes una respuesta inmediata. Es increíble la manera en que funciona mi impaciencia. Si le mando un mensaje de texto a alguien, espero la respuesta en segundos. Si mando un correo, puede que deje pasar un par de horas, pero con amigos espero recibir una respuesta en cuestión de minutos. Reducir el ajetreo es un proyecto comunitario. Debemos permitir que las respuestas lentas o cortas no sean de mala educación. No esperes que, cada vez que envías un mensaje, la otra persona tenga que girar la cabeza.

3. Utiliza deliberadamente «vieja» tecnología

Si no quieres depender de tus dispositivos digitales, haz un esfuerzo por arreglártelas sin ellos. Lee un libro real. Escribe sobre papel. Compra una buena lapicera. Llama a alguien por teléfono. Busca algo en el diccionario. Maneja con la radio apagada y el iPod desconectado. Sal a correr sin música. Haz una parada y entra a una tienda real. El objetivo no es ser pintoresco, sino volver a aprender algunas de las prácticas que pueden ser más disfrutadas «a la antigua».

4. Establece límites y lucha con todas tus fuerzas para protegerlos

El paso más simple para romper con la tiranía de la pantalla es también el paso más difícil: no podemos estar conectados todo el tiempo. Tenemos que dejar de llevar nuestros teléfonos a la cama. No podemos revisar Facebook mientras estamos en la iglesia. No podemos mandar mensajes de texto durante cada comida. El año pasado, mi esposa y yo tuvimos una de nuestras peleas más grandes porque ella me reprendió severamente por mandar un tuit mientras estábamos en la mesa. Tenía razón en ser severa y yo le prometí que nunca más volvería a enviar un tuit durante la cena (una promesa que creo que he cumplido).

A la mayoría de las familias les vendría bien una canasta grande donde todos los teléfonos, tabletas y computadores portátiles descansen durante una cierta cantidad de horas por día (¿durante la cena? ¿Durante el tiempo devocional? ¿A la hora de dormir? ¿Cuando papá llega a casa?). La mayoría de nosotros tiene pendiente hace mucho tiempo tomar un día de reposo de pantallas —segmentos en el día (o incluso días enteros) en los que no estaremos «en la red» o frente a un dispositivo electrónico—. Y la mayoría de nosotros encontraría una nueva libertad si no revisáramos nuestros teléfonos como lo último y lo primero que hacemos cada día. De todos los pequeños malos hábitos que tengo y que contribuyen a estar ocupado, el hábito de revisar mi correo justo antes de ir a dormir y tan pronto como despierto es probablemente el peor.

5. Contrasta tu teología cristiana para hacer frente a estos peligros de la era digital

Aunque las sugerencias de sentido común siempre son bienvenidas, nuestros problemas más profundos solo pueden resolverse con verdades más profundas. Debido a la doctrina de la creación, debemos afirmar que los artefactos creados por los hombres pueden ser instrumentos para el desarrollo humano y para la gloria de Dios. Así que no debemos desmerecer de plano las nuevas tecnologías. No obstante, debido a que tenemos un Dios que nos escogió desde la eternidad y considera un día como mil años y mil años como un día, no nos obsesionaremos con las últimas modas y tendencias. Y debido a la encarnación, entendemos que no hay nada que sustituya habitar con personas físicas en un lugar físico. Por lo tanto, no aceptaremos encuentros virtuales como sustitutos adecuados de las relaciones de carne y hueso.

Del mismo modo, debido a que entendemos nuestro valor como portadores de la imagen de Dios y nuestra identidad como hijos de Dios, no acudiremos al Internet para probar que somos importantes, valiosos y amados. Y debido a que aceptamos la presencia del pecado que mora en nosotros, no estaremos ciegos a las potenciales idolatrías y tentaciones a las que podemos sucumbir en línea. Y porque sabemos que somos criaturas caídas, aceptaremos los límites de nuestra condición humana. No podemos tener relaciones significativas con miles de personas. No podemos verdaderamente conocer lo que está pasando en el mundo. No podemos realmente estar aquí y allá al mismo tiempo. El mayor engaño de nuestra era digital podría ser la mentira que dice que podemos ser capaces de todo, estar informados de todo y ser omnipresentes. No podemos ser ninguna de estas cosas. Debemos elegir nuestra ausencia, nuestra ineptitud y nuestra ignorancia; y debemos elegir sabiamente. Cuanto antes aceptemos nuestra finitud, más rápido podremos ser libres.

Este artículo fue adaptado de Super ocupados: un libro (misericordiosamente) pequeño sobre un problema (sumamente) grande, por Kevin DeYoung.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.

[1] Neil Postman, Technopoly: The Surrender of Culture to Technology [Tecnópolis: la rendición de la cultura a la tecnología] (New York: Vintage, 1993), 184–185. Traducción propia.

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Kevin DeYoung
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Kevin DeYoung

Kevin DeYoung (PhD, Universidad de Leicester) es el pastor a cargo de la Iglesia Christ Covenant en Matthews, Carolina del Norte, presidente del consejo de The Gospel Coalition y profesor asistente de teología sistemática en el Reformed Theological Seminary (Charlotte). Es autor de varios libros, entre los que se encuentra Just Do Something [Tan solo haz algo]. Kevin y su esposa, Trisha, tienen ocho hijos: Ian, Jacob, Elizabeth, Paul, Mary, Benjamin, Tabitha y Andrew.
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