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¿Hay algún hábito que sea más importante que llevar regularmente tu alma a escuchar a Dios? Junto con los hábitos naturales básicos e inevitables como respirar, comer y dormir hay un hábito sobrenatural que se destaca de todos los demás para el bienestar de nuestra vida, salud y crecimiento espirituales en un nuevo año: escuchar la voz de Dios en su Palabra.

El primero, y el más fundamental medio de gracia de Dios para la vida cristiana, es su Palabra para nosotros tal como la encontramos en el Evangelio y en la Escritura. Tener el oído atento de Dios en la oración, a causa de Cristo, es el resultado de la autorrevelación de Dios en su Palabra, encarnada y escrita. Y pertenecer a su cuerpo en la comunidad de los hermanos de nuestra iglesia, es una realidad creada y sostenida por la Palabra de Dios.

Tan vital como lo son la oración y la comunidad de hermanos, así toda vida, salud y crecimiento espirituales comienzan con la Palabra de Dios, igual como la creación (Gn 1:3).

El primer y más importante hábito

¿Hay algo más apropiado, entonces, que comenzar cada día del nuevo año con la Palabra de Dios?

La Biblia no nos ordena tener lo que hoy llamamos «tiempo devocional». Tampoco especifica que debemos leer nuestras Biblias a primera hora de la mañana. De hecho, el concepto de que los cristianos tengan sus propias copias de la Escritura para su lectura personal, es un fenómeno bastante reciente en la historia de la iglesia. De manera que, estando al comienzo del año, estamos hablando de una oportunidad, no de una obligación.

Para nosotros, los cristianos, llevar nuestras almas a escuchar la voz de Dios en su Palabra es tan fundamental como dormir, comer e incluso respirar. Nuestro propio Salvador, quien fue completamente humano, dijo citando Deuteronomio 8:3: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4:4). Si Jesús necesitó las palabras reveladas de su Padre para el diario vivir en la carne, ¿cuánto más sus hermanos caídos?

Crece en gracia o te alejarás

En dos oportunidades el apóstol Pedro les escribe a sus lectores animándoles a crecer. La segunda vez ocurre en sus palabras finales al término de su segunda carta en el último versículo.

Por tanto, amados, […] estén en guardia, no sea que arrastrados por el error de hombres libertinos, caigan de su firmeza. Antes bien, crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A Él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén (2P 3:17-18).

Observen primero la separación. Los «amados» hermanos creyentes de Pedro están siendo arrastrados o cayendo de su firmeza (versículo 17), o están creciendo en la gracia y el conocimiento de Cristo (versículo 18). Estar inactivo no es una alternativa. No hay neutralidad en la vida cristiana ya sea en esa época o en el año que viene. Retrocedemos o progresamos en la fe. Caemos de nuestra firmeza o ganamos madurez. Decrecemos o crecemos.

Entonces, la pregunta más importante ahora al principio de un nuevo año es, ¿cómo? Queremos crecer, ¿no? No queremos ni retroceder ni volver a caer ni ser arrastrados ni perder nuestra posición de seguridad y firmeza. Por el contrario, queremos crecer en la gracia de Cristo y en el conocimiento de Dios (Col 1:10). Y también crecer en nuestro conocimiento de Él (Jn 17:3; Fil 3:10). Dinos, Pedro, por favor, ¿cómo podemos crecer este año?

Prueba su bondad

Solo en otra parte en sus dos cartas Pedro usa este mismo verbo crecer:

Por tanto, desechando toda malicia, y todo engaño, e hipocresías, y envidias y toda difamación, deseen como niños recién nacidos, la leche pura de la Palabra, para que por ella crezcan para salvación, si es que han probado la bondad del Señor (1P 2:1-3 [énfasis del autor]).

En este caso, la «salvación» no es algo que los lectores de Pedro ya hayan alcanzado (a diferencia de los efesios en Ef 2:5, 8), sino algo en lo que están creciendo, al ser fieles y obedientes. Es como lo que Pablo afirma en Filipenses 2:12 cuando dice que nuestra salvación no es por obras pero sí que debemos ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor. Esto significa que esta «leche pura de la Palabra» que Pedro menciona juega un papel realmente importante en nuestra salvación final.

¿Qué es, entonces, esta «leche pura de la Palabra» que no solo tomamos sino que también anhelamos? ¿Dónde es que probamos que Dios es bueno? Tal como los versículos anteriores dejan en claro, la respuesta es «la Palabra de Dios que vive y permanece» (1P 1:23), que es «la Palabra que a ustedes les fue predicada» (1P 1:25).

Dicho de otro modo, la clave para la vida, la salud y el crecimiento espiritual (la leche espiritual pura) es la autorrevelación de Dios en sus Palabras por medio de sus profetas inspirados, la cual culmina en la Palabra del Evangelio acerca de su Hijo, de la cual dan testimonio sus apóstoles inspirados. La leche espiritual pura por la cual los cristianos crecen para salvación, son las palabras vivas y permanentes de Dios en la Biblia, en la cual el Evangelio de Jesucristo es el centro y corazón mismo.

Aprovecha (los primeros momentos de) la mañana

Lo que hacemos entre los primeros quince y treinta minutos de cada mañana, es indudablemente muy revelador: revela dónde están realmente nuestros tesoros así como también  la dirección de los deseos y de las decisiones que guiarán nuestro día y, con el paso del tiempo, nuestra vida. Por lo tanto, aunque la Biblia no ordena tener devocionales matutinos es aconsejable que los cristianos consideren empezar cada día con la Biblia. ¿Qué otros pequeños pasos, junto con las sugerencias que siguen a continuación, puedes dar como resolución para que en este nuevo año puedas leer más tu Biblia?

REVISA TUS HÁBITOS MATUTINOS

Como bien escribió Alexander Hamilton: «El hombre es en gran medida una criatura de hábitos». Especialmente, quizás, a primera hora de la mañana. La relativamente nueva «ciencia del hábito» nos puede ayudar con esto. Como Jerome Groopman explica al escribir sobre hábitos en The New Yorker, y citando a la escritora Wendy Wood:

Nuestras mentes tienen «múltiples mecanismos separados pero interconectados que guían nuestro comportamiento». Pero solo somos conscientes de nuestra habilidad para tomar decisiones, un fenómeno llamado «ilusión introspectiva», y puede ser que por eso sobreestimamos su poder[1].

En otras palabras, debido a que nuestros pensamientos conscientes solo dirigen una cantidad limitada de nuestros comportamientos (y, como era de esperar, somos muy conscientes de nuestra conciencia) tendemos a sobreestimar nuestra fuerza de voluntad. Aparte de la formación de nuevos hábitos, las resoluciones del Año Nuevo probablemente no se harán realidad en el nuevo año.

Una buena manera de empezar, es siendo honesto sobre cuáles son tus hábitos actuales. Pregúntate a ti mismo, ¿cuáles son mis hábitos matutinos? ¿Qué es lo típico que hago entre los primeros quince y treinta minutos de cada día? ¿Cuál es mi rutina matutina, no en forma ideal sino práctica? ¿Cuál es la secuencia de lo que realmente hago a primera hora de la mañana?

IDENTIFICA EL COSTO

Los hábitos nuevos no suelen resultar fáciles. No llegan «gratis». Conllevan algunos costos. Los hábitos nuevos e importantes no suelen incorporarse a los actuales con facilidad. Tienen que desplazar a los antiguos. De acuerdo con Groopman: «la clave no es romper un hábito mediante la fuerza de voluntad sino reemplazarlo con otro»[2]. En cuanto a tus mañanas, toma decisiones a conciencia para hacer cambios concretos que guíen tu subconsciente en tu mundo. Así que pregúntate: ¿cómo puedo meterme en la Palabra de Dios desde el primer momento de cada día? ¿Qué puede esperar hasta más tarde o qué puedo eliminar completamente para dedicarme a lo que es más importante?

CREA OBSTÁCULOS A LO MALO

Después de identificar los malos hábitos que no te permiten hacer lo que es más importante, haz planes concretos para combatirlos. Crea una «fricción» entre los malos hábitos de revisar tu correo electrónico o distraerte contestando textos o notificaciones; encender el televisor; leer algo menos importante. Haz que todos ellos se vuelvan inconvenientes. Toma las medidas necesarias para apartarte o alejarte de lo que sea que te está impidiendo dedicarte a la Biblia.

INCENTIVA LO BUENO

Leer la Biblia no es una tarea rutinaria y no hay mérito alguno en hacer que esos momentos sean lo más desagradables posible. Identifica un espacio acogedor, piensa en  sonidos propicios (ya sea el silencio o música favorita) y «date el gusto», dentro de lo razonable, de adquirir el hábito de ir a la Palabra de Dios a primera hora de la mañana. Al hacerlo, por supuesto, queremos desarrollar un paladar que cada vez más saboree y disfrute la bondad de Dios en su Palabra, de modo que el verdadero incentivo y la mayor recompensa sea conocerlo y disfrutarlo a Él.

Dios da el crecimiento

Cualesquiera que sean las pequeñas medidas adicionales que podamos intentar en la formación de hábitos, son solo complementos. Al fin y al cabo, la Palabra de Dios es sobrenatural, y probar su bondad va más allá de nuestras habilidades naturales. No podemos cultivar un apetito sobrenatural a través de hábitos naturales solamente.

Para aquellos que, especialmente al inicio de un nuevo año, estamos decididos a hacer que el acceso diario y constante a la Palabra de Dios sea vital en este nuevo año y en el resto de nuestras vidas, miremos en y a través de nuestros esfuerzos y estrategias a Dios mismo como el que da el crecimiento (1Co 3:6-7), si es crecimiento real. Él es el que hace crecer nuestra fe (2Co 10:15) y su iglesia (Hch 6:7; 12:24; 19:20) por medio de su Palabra, y es el que está listo para hacer que su Evangelio dé fruto y crezca en nuestras vidas (Col 1:6, 10).

David Mathis © 2019 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. Traducción: Marcela Basualto

[1] N. del T.: traducción propia.

[2] N. del T.:  traducción propia.

 

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David Mathis

David Mathis es director ejecutivo de Desiring God y es pastor de Cities Church en Minneapolis. Es esposo, padre y autor de Habits of Grace: Enjoying Jesus through the Spiritual Disciplines [Hábitos de gracia: cómo disfrutar a Jesús a través de las disciplinas espirituales].
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