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Título original en inglés: “To Parents Who Have Lost a Child


Perder un hijo es la experiencia más difícil y dolorosa que pueda imaginar personalmente. ¿Qué le dices a alguien que ha perdido un hijo? ¿Qué puedes decir? Quizás, más importante aún, ¿qué dice Dios?

En la preparación de una charla para la conferencia de CCEF a principios de octubre de 2014[1], me encontré orando: «Señor, esto es lo que sé: Tú tienes palabras para aquellos cuyos hijos han muerto; Tú tienes consuelo. Tú tienes algo abrumadoramente real, verdadero y bueno para quienes pierden un hijo. Ayúdame, ayúdanos a encontrarlo».

Mientras intentaba obtener varios temas de la Escritura para la charla, uno de los lugares a los que esta oración me llevó fue a escribir una carta mientras imaginaba cómo nuestro amoroso Padre le hablaría a los padres en su dolor. Puesto que muchas personas me han pedido que les comparta el texto de la carta, pensé que podría ponerlo a disposición más abiertamente como una especie de carta abierta expresando el cuidado directo y personal con el cual la Escritura le habla a los padres que han perdido un hijo. Mi oración es que estas palabras sean un punto de contacto refrescante y personal con su Padre celestial mientras luchan con esta indescriptible y dolorosa experiencia.

Mi amado hijo:

Recuerdo que ese día caminaba por el Jardín hacia mis hijos, sabiendo lo que les iba a costar por generaciones a sus hijos su elección de escuchar al tentador, incluso la muerte de su propio niño, Abel. Sabía completamente, incluso entonces, el dolor que experimentarías tantos años después. Mi corazón se rompe por ti, hijo mío. Sin duda, envié a mi Hijo, en parte, para que pudieras verlo llorar en la tumba de Lázaro y supieras que mi corazón se destroza por el dolor de la pérdida, aun sabiendo que la esperanza está a la vuelta de la esquina.

Como tus hermanos y hermanas en Belén, cuyos pequeños fueron asesinados por Herodes después de esa primera Navidad, y el sinfín de otros padres a lo largo de los siglos que tuvieron que enterrar a sus amados hijos, eres parte de la voz escuchada en Ramá. Te escucho junto a Raquel, llorando por sus hijos, rehusándose con razón a ser consolada. Así que, debes saber esto: he preparado un frasco para poner cada una de las lágrimas que sé que derramarás.

Y también te digo a ti lo que hablé por medio de tu hermano Jeremías: Hay esperanza para tu porvenir; cambiaré tu duelo en gozo, y ¡no por medio de algún truco que juega con tus emociones! No. No olvidaré tu dolor ni tus lágrimas. Al contrario, YO TE CONFORTARÉ y te daré gozo para la pena y serás satisfecho con mi bondad.

Mi deleite y gozo en la redención en la que estoy trabajando, y mi completa victoria sobre la muerte, exceden toda expresión. Estoy esperando ansioso el día en que tú también puedas verlo; cuando puedas verlo de la manera en que Yo lo veo. Cuando digas que incluso esta angustia no se compara con el shalom y la integridad de la manera en que Yo he más que restaurado abundantemente lo que ahora está roto. Contempla, estoy creando un nuevo cielo y una nueva tierra; me regocijaré y complaceré en mi pueblo. Ya no se escuchará más entre ustedes el sonido del llanto y de la aflicción. Ya NO HABRÁ MÁS un hijo que viva por pocos días; o una hija que muera inesperadamente. Al contrario, no perderé a ninguno de aquellos que le he dado a tu Hermano Mayor. Haré mi morada contigo y con todos mis hijos, de hecho, ya he preparado habitaciones. Junto con ellos, construirás casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán su fruto y nadie sufrirá o morirá en mi santo monte. Yo soy la resurrección y la vida.

Sé paciente, está quieto un poco más. Ya voy.

Con amor,

Tu Padre

Este artículo fue traducido íntegramente con el permiso de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda, Acceso Directo, Santiago, Chile. La traducción es responsabilidad exclusiva del traductor.

Esta traducción tiene concedido el Copyright © (14 de enero, 2021) de The Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado “To Parents Who Have Lost a Child” Copyright © 2020 fue traducido por María José Ojeda, Traductora General, Acceso Directo. El contenido completo está protegido por los derechos de autor y no puede ser reproducido sin el permiso escrito otorgado por CCEF. Para más información sobre clases, materiales, conferencias, educación a distancia y otros servicios, por favor, visite www.ccef.org.


[1] Audio disponible aquí [solo en inglés].

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Alasdair Groves
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Alasdair Groves

Alasdair Groves sirve como director ejecutivo de CCEF, como miembro de la facultad y como consejero. Se le otorgó un Máster en Divinidad con especialización en consejería en el Seminario Teológico Westminster. Fue el cofundador de un centro de consejería bíblica al norte de Nueva Inglaterra donde sirvió como director ejecutivo por diez años. Alasdair también sirvió como director de la Escuela Bíblica de Consejería de CCEF por tres años. Es coautor de Untangling Emotions [Desenredando las emociones] (Crossway), ha publicado varios artículos en Journal of Biblical Counseling [Revista de consejería bíblica], es presentador del podcast de CCEF y ha producido muchos blogs, videos y recursos audibles. Alasdair y su esposa, Lauren, viven en Nueva Inglaterra con sus tres hijos. A Alasdair le encanta la ficción, jugar ultimate frisbee, y producir y disfrutar tanto de la buena comida como de la buena música.
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