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Llevaba un mes de relación con mi novio cuando mis padres se separaron. Así que cuando nuestra relación llegó a las preguntas sobre matrimonio, ya estaba aterrada. «¿Cómo podría confiar en alguien nuevamente? ¿Entiendo lo que es un matrimonio saludable y perdurable? ¿Y si mi matrimonio termina en divorcio también?». El que ahora es mi esposo intentó comprender mis miedos, pero nunca pudo hacerlo completamente.

Aunque muchas personas experimentan miedo y cobardía a medida que consideran el matrimonio, los hijos del divorcio a menudo luchan con más intensidad y destrucción contra los temores relacionales y maritales. Estos miedos «llegan al clímax en la adultez» a medida que se encuentran a sí mismos en el mismo lugar en el que sus padres cayeron (Wallerstein, 298 [referencia del texto en inglés. Traducción propia]. Ciertamente, esta era mi experiencia.

Sin embargo, si tú también eres un hijo del divorcio, Dios no te deja para estadísticas. No quiero decir que todos deban casarse, pues algunos son llamados a la soltería (1Co 7:7), pero si te encuentras a ti mismo temblando en las tierras del matrimonio, lo entiendo. Si estás caminando de puntillas hacia él como una vez yo lo hice, quisiera compartir algunas verdades amorosas que Dios puso sobre mis miedos durante ese tiempo.

«Hijo del divorcio» no es tu identidad principal

Podrías ser un hijo del divorcio, pero si le perteneces a Cristo, «hijo del divorcio» no es tu primera ni tu más profunda identidad. Tu identidad es «hijo de Dios» (Jn 1:12-13). No eres un bien dañado ni la consecuencia de un matrimonio fallido. Dios te compró gustosa y voluntariamente a un precio costoso (1Co 6:20).

Esta identidad reemplaza cualquier otra. El Evangelio te define con raíces más profundas que las terrenales y que los méritos generacionales o el pecado que viene con el nombre de tu familia, porque Dios te está conformando con efectividad a la imagen de su Hijo (Ro 8:29; 2Co 3:18). La sangre de Cristo, que fue derramada para tu redención, es más gruesa y más pura que la sangre que te vincula a tu familia terrenal.

No estás atado al pecado de tus padres

No estás destinado a repetir la historia pecaminosa de tu familia (infidelidad, traición, abandono, abuso, violencia, autoadoración). Es posible que lleves su cicatriz, pero no tienes que cargar con su veneno. Tampoco Dios te castiga por los pecados de tus padres (Dt 24:16; Ez 18:20)

En Cristo, ningún pecado (ni siquiera el pecado generacional) tiene una influencia irrevocable en tu vida. Las estadísticas podrían contar la historia de niños que se convierten en padres abusivos y disfuncionales o de niños que llegan a ser una especie de padres «víctima» (el abusado; el abandonado). Con una intención cruel, alguien podría incluso haberte dicho: «te convertirás en lo mismo que tu padre» o «serás igual a tu madre».

No obstante, el Evangelio cambia la trayectoria natural de tu vida porque Dios te cambia a ti (2Co 5:17). Cristo te liberó (Jn 8:36), así que no estás amarrado para repetir la historia de pecado (Ro 6:14). Por gracia, puedes reiniciar tu historia.

El Señor es tu confianza

Dios no promete protección del sufrimiento o de los riesgos del matrimonio (Jn 16:33). Él no promete que si haces todo correctamente, él te recompensará con un matrimonio a prueba de balas. Tu cónyuge te puede fallar; tú puedes fallarle a tu cónyuge.

Podrías dar tu corazón solo para que vuelvan a romperlo. Podrías ser abandonado, traicionado y herido. Podrías perder el amor, la familia y el hogar una vez más.

En las semanas previas a mi matrimonio, mis miedos se intensificaron. ¿Cómo será nuestro matrimonio? ¿Mi novio se arrepentiría de su elección? ¿Qué pasaría si mis mayores temores sobre el matrimonio se hicieran realidad uno por uno?

Sin embargo, cuando nos juntamos con la coordinadora de nuestra boda por última vez antes del gran día, ella mencionó de pasada que el lema del lugar donde nos casaríamos por años fue «El Señor es nuestra confianza», basado en Proverbios 3:25-26.

No tengas miedo del terror repentino o  de la ruina de los malvados, cuando venga, porque el Señor será tu confianza.

El Señor será mi confianza; mi confianza firme; mi seguridad, y la mujer demacrada y ansiosa dentro de mí se sentó sobre esas palabras.

Cristo nunca te dejará

Cuando mis padres se separaron, perdí mucha de mi seguridad terrenal. Me sentí perdida y vulnerable. Como si alguien hubiese tomado una motosierra y hubiese cortado en el medio a mi corazón y a mi hogar, esparciendo sus contenidos para que todos los vieran y juzgaran.

No obstante, ahí había un lugar de descanso permanente para mi confianza: el Señor.

Hijos del divorcio: el mundo te alimenta de cosas baratas; te ofrece píldoras de autoayuda para tus miedos. Sin embargo, Dios te da algo mejor; te da a sí mismo (Jos 1:9; Ga 2:20).

Él te da una familia mejor e inquebrantable (Ef 2:19); un hogar mejor y eterno (Jn 14:2-3); y un amor mejor e irrevocable (Ro 8:37-39). Él nunca te rechazará, porque te escogió en amor y te dio vida en Cristo (Ef 1:4; 2:5), incluso si tu corazón y todo su contenido hubieran sido expuestos ante Él (Pr 15:11; Ro 3:10-18). Él nunca te dejará ni te abandonará (Heb 13:5).

Tienes una seguridad inquebrantable en la mano de Dios

Así que, ¿qué puede hacerte la carne? ¿Qué puedes soportar perder en el matrimonio que finalmente te arruinará? La sombra terrenal del matrimonio podría fallarte (Ef 5:22-33), pero la realidad celestial (Ap 19:6-9), nunca lo hará. Seguro en un Novio así, puedes arriesgarte en el amor terrenal.

Hijo de Dios, derrama sobre Él cada miedo en oración y escucha sus tiernas y firmes palabras para ti por medio de la Escritura, porque «es solo por aplicar las Escrituras a nuestros corazones por el Espíritu Santo, que recibimos la gracia de confiar en Dios en los momentos de sufrimiento» (Bridges, 20-21).

No tengas miedo. No eres tonto por poner tu confianza en Él. Él está contigo; Él es tu Dios; Él te ayudará; Él te fortalecerá; Él te sostendrá.

No temas, porque yo estoy contigo;

No te desalientes, porque yo soy tu Dios.

Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré,

Sí, te sostendré con la diestra de mi justicia (Is 41:10).

Tia Kim © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso.
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Tia Kim

Tia Kim vive al sur de California con su esposo y sus dos hijos. Escribe, a veces con tinta o acuarela, en tiajoykim.com.