10.jpgSI EL AMOR ES DIOS, EL AMOR FRACASARÁ
Liz Wann

Nunca fui buena para el amor romántico. Temía enamorarme (ser vulnerable con mis emociones). Sabía que quien fuera la persona con la que me casaría tendría que ser un hombre digno según la Escritura, pero también alguien de quien pudiera enamorarme, y esa segunda parte era la que me aterraba. Mientras salía con mi esposo, dos grandes preguntas rondaban la relación: ¿era piadoso? Sí; ¿lo amo? Sí, lo amo. 

Sin embargo, no terminó ahí, como pensé que lo haría. Puesto que había superado mi miedo a enamorarme y «me arriesgué», pensé que había triunfado; que habíamos triunfado. No obstante, al contrario, me di cuenta de que, aunque me había enamorado, no sabía nada sobre el verdadero amor. Es más, Dios me condujo a mí y a todos mis miedos relacionados con el amor a través de la puerta del amor romántico en el día de mi boda, con el fin de enseñarme sobre su amor verdadero y perdurable en formas nuevas y profundas. 

Dos amores

Hay una clara diferencia entre el amor bíblico y el amor romántico. El amor bíblico no es natural en nosotros, por lo que el Espíritu Santo siempre lo produce en nosotros. Nadie ama como Dios sin su ayuda. El amor romántico, en cambio, es más natural en nosotros y, por lo tanto, ocurre fácilmente. 

El amor romántico es un buen don de la gracia común de Dios diseñado para que lo disfrutemos y es bueno que este tipo de amor se cultive en el matrimonio. El amor bíblico es una categoría completamente diferente. En su centro, el amor bíblico es desinteresado, comprometido con la verdad y dirigido por una obra divina dentro de nosotros. Nunca ocurre a menos que nos acerquemos a Dios en Cristo. El amor bíblico puede expresarse y experimentarse en cualquier relación, mientras que el amor romántico es exclusivo (diseñado para ser expresado y experimentado —finalmente, al menos— con una persona en el matrimonio). 

Los sentimientos románticos solo rasguñan la superficie del diseño de Dios para nosotros. Ellos nos dan un atisbo de los sentimientos extáticos de Dios por nosotros, el tipo de sentimientos que lo llevan a cantar por nosotros (Sof 3:17). El amor bíblico nos lleva más allá en profundidad dentro ese maravilloso amor. Nuestro amor mutuo refleja su pacto de amor por nosotros (un amor que es tan ferviente en mantener su pacto con nosotros que moriría por nosotros, incluso cuando tiene todos los motivos para dejarnos). 

La muerte está en el centro del amor de Dios por nosotros y la muerte está al centro de todo amor bíblico. Los votos pactales que hacemos en nuestra boda son una sentencia de muerte de amor. Prometemos morir al yo por el otro, en cada etapa del matrimonio (mantener el pacto cueste lo que cueste, haciendo lo que sea necesario para servir a la alegría de nuestro cónyuge en Jesús). 

Dios es amor

Este es el amor definido bíblicamente: morir constantemente a nosotros mismos por el bien del gozo en Dios de otra persona. El verdadero amor no está basado solamente en los sentimientos, sino que está cimentado en las profundas verdades eternas. Este tipo de amor viene de quien es Dios: Dios es amor (1 Jn 4:8). Su misma esencia, modo de ser y carácter están definidas por el amor. Debido a esto, debemos buscar nuestro amor mutuo en él. Con el fin de amar a nuestro cónyuge bíblica, correcta y profundamente, necesitamos el amor del Padre infundido en nosotros. 

En Mero cristianismo, C.S. Lewis discute la idea de que el amor es parte de la identidad de Dios. Él menciona que cuando la mayoría de las personas dicen la frase «Dios es amor», en realidad quieren decir «amor es Dios». Sin embargo, él dice que, para los cristianos, «Dios es amor» significa que «la actividad viva y dinámica del amor ha estado en Dios desde siempre y ha creado todo lo demás». 

Lewis continúa diciendo que este amor obra por medio de nosotros, y si queremos amar verdaderamente como Dios lo hace, debemos acercarnos a él. Lewis llama a esto una «infección», que quiere decir que el Espíritu Santo obra una vida espiritual dentro de nosotros cuando nos acercamos a Dios por medio de Cristo. El Espíritu está obrando en nosotros para «infectarnos» con la semejanza de Cristo. A medida que amamos por el poder de su Espíritu, compartimos en la vida, muerte, resurrección y amor de Cristo. 

Un amor mayor

Este fue el plan de Dios para nuestro amor desde el primer momento. Él nos salvó para que así podamos experimentar su gran amor y luego convertirnos en canales de su amor para todos los que son parte de nuestras vidas. Este amor tiene lugar dentro y fuera del matrimonio, pero es útil recordar que este amor es el propósito final de cada matrimonio. El amor romántico no es el clímax del matrimonio. Dios nos da un amor por otros que es mucho más hermoso y poderoso que el amor «hollywoodense».

El matrimonio es el medio de Dios para mostrarnos un amor más verdadero, más profundo y más perdurable que está enraizado en lo divino y también es su medio para impartirnos este amor. Para conocer y vivir el amor bíblico, debemos acercarnos al centro del amor mismo. Él obrará sobrenaturalmente este amor en nosotros. El amor romántico es lo mismo para un creyente y para un no creyente, pero el amor bíblico es algo que solo un verdadero seguidor de Cristo puede experimentar y expresar. 

El poder del verdadero amor

El amor de Cristo que está obrando en nosotros es el ancla debajo del alza y del descenso de las olas románticas en el matrimonio. El amor al que Dios nos llama es un proceso largo. Va más allá del amor a primera vista y se centra en lo que viene en la eternidad. Este amor es una decisión y una práctica bien desarrollada (un esfuerzo diario y lleno de gracia). El amor bíblico implica un largo recorrido, mientras que el amor romántico es, más bien, una carrera corta.

En el día de mi boda, sentí que finalmente había dominado el amor romántico. No obstante, después de años de matrimonio, me doy cuenta de que apenas estoy aprendiendo cómo amar. Siempre pensé que tenía miedo de los sentimientos románticos fuertes, pero en realidad temía morir yo misma. Tenía miedo del amor verdadero (el tipo de amor que muere a sí mismo, incluso después de meses y años de lucha y dolor, para entonces levantarme de nuevo a un mayor y más profundo amor). Este es el poder de resurrección del amor fiel, sacrificial, gozoso y bíblico.

Nuestros matrimonios pueden compartir en el poder de la muerte y del amor de Cristo (Ro 6:5). Todo lo que debemos hacer es admitir que no tenemos este tipo de amor y pedirle a Dios que nos llene de él y de su amor. Tenemos, como dijo Lewis, que acercarnos lo suficiente a él para infectarnos. 

Liz Wann © 2017 Desiring God. Publicado originalmente en esta dirección. Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
Descargar PDF aquí

 



Liz-Wann.jpg
Liz Wann
es mamá a tiempo completo, vive en Filadelfia con su esposo y sus dos hijos, Simon y Eli. Regularmente contribuye con Desiring God y ERLC. Es editora de Morning by Morning y escribe en lizwann.com.


¡COMPARTE ESTE ARTÍCULO!