1.jpg¿TE PESA TU HISTORIAL DE RELACIONES AMOROSAS?
Marshall Segal

¿Te pesa tu historial de relaciones amorosas? El 62 % de los cristianos dice que sí.

Recientemente, Crossway encuestó a siete mil lectores sobre la soltería y las relaciones amorosas. Los datos examinaron nuestros deseos de estar casados, nuestros niveles de satisfacción en las relaciones y las consecuencias espirituales de las tendencias de nuestras relaciones amorosas. Lo que resaltó para mí fue 62 %.

Casi dos tercios de los cristianos que aún no se casan expresan pesar por sus relaciones previas. Eso significa que las preguntas críticas sobre relaciones amorosas no solo tienen que ver con saber con quién salir, cómo hacerlo y cuándo casarse, sino que con qué hacer cuando te equivocas. La realidad es que la mayoría de nosotros se equivoca en algún punto a lo largo del camino. 

Comencé a tener relaciones amorosas muy joven (a los 11 años). Salí demasiado con chicas (seis relaciones serias antes de que me graduara de la secundaria). Hice demasiadas promesas y crucé muchísimos límites. Si pudiera deshacer algo de lo que hice o hacer cualquier cosa de nuevo en mi vida, sería mi historial de relaciones amorosas. 

El pesar que llevamos a menudo se siente como si pesara más que nosotros, pero eso es porque no fuimos diseñados para llevarlo y ciertamente tampoco para cargarlo solos. En medio de la lucha contra mi propio pesar, dos versículos en particular han renovado y revolucionado la forma en la que proceso mis fracasos y errores del pasado. 

Cuando caigo

Puedo recordar exactamente donde estaba sentado en agosto del 2008, luchando con mi culpa, con mi vergüenza y con mi remordimiento por las relaciones fallidas y el pecado sexual. Me preguntaba si alguna vez podría superar mi historial roto, cuando un amigo me recitó de memoria Miqueas 7:8-9:

No te alegres de mí, enemiga mía.
Aunque caiga, me levantaré,
Aunque more en tinieblas, el Señor es mi luz.
La indignación del Señor soportaré,
Porque he pecado contra él,
Hasta que defienda mi causa y establezca mi derecho.
Él me sacará a la luz,
Y yo veré su justicia. 

Había leído estas palabras antes, pero nunca las había leído realmente. Fue como si estuviera escuchando nuevamente el Evangelio por primera vez. El profeta siente el peso de su pecado: «…la indignación del Señor soportaré, porque he pecado contra él…» (pesar real, culpa real, vergüenza real). Las próximas palabras son las más deslumbrantes de toda la Biblia: «…hasta que defienda mi causa y establezca mi derecho».

Pecamos contra él; él nos defiende. Él es el fiscal y nuestra defensa. Él nunca ha perdido un caso. Si eres tentado a permitir que el remordimiento roa tu esperanza, has perdido la visión de quién es tu Dios. Miqueas escribe un par de versos más adelante, 

¿Qué Dios hay como tú, que perdona la iniquidad
Y pasa por alto la rebeldía del remanente de su heredad?
No persistirá en su ira para siempre,
Porque se complace en la misericordia.
Volverá a complacerse de nosotros,
Eliminará nuestras iniquidades.
Sí, arrojarás a las profundidades del mar
Todos nuestros pecados (Mi 7:18–19).

Él no se queda en tu pasado; él pasa por alto tus iniquidades. Él no tiene resentimiento y perdona tu pecado. Si tú eres de él, a él le deleita tener compasión de ti. Él no mantiene un registro de tus transgresiones para lanzarlas contra ti en la corte. No, él entierra cada pecado perdonado, pagado completamente con la sangre de su Hijo, al fondo del más profundo mar. Para nunca más ser arrastrado por nadie.

Dos tipos de pesares

Ahora, algunos pesares van al fondo del océano. Otros, necesitan ser clavados en la cruz primero. Por ejemplo, el apóstol Pablo escribe:

…pero ahora me regocijo, no de que fueron entristecidos, sino de que fueron entristecidos para arrepentimiento; porque fueron entristecidos conforme a la voluntad de Dios, para que no sufrieran pérdida alguna de parte nuestra. Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte (2Co 7:9-10). 

El pesar del mundo (tristeza por las consecuencias del pecado y no por el pecado en sí mismo) baja y fluye con aquello que nuestro pecado nos costó en esta vida, siendo algunos días más intensos en nuestras mentes y menos en otros. Finalmente, caerá como un maremoto cuando la muerte nos lleve a Dios. Sin embargo, el pesar conforme a la voluntad de Dios (una tristeza por la forma en que hemos ignorado, rechazado y ofendido a Dios) produce un arrepentimiento que vence a la muerte y disfruta de la eternidad. El pesar conforme a la voluntad de Dios anhela que Dios se vea más grande —primero en el perdón y luego en una rectitud llena de gracia (Sal 25:11)—.

¿Tu pesar por tu historial de relaciones amorosas te llevan hacia Dios y te alejan del pecado? Nunca alcanzaremos la perfección en esta vida, pero los hijos perdonados de Dios son hombres y mujeres que odian cada vez más su pecado y prefieren la rectitud. ¿Te duele tu pasado principalmente por lo que te costó tu pecado o por lo que le costó a Cristo? 

¿Y ahora qué?

La Biblia no ronda sigilosamente alrededor de la culpa y del pesar. Isaías vio una visión de Dios que reveló la maldad del propio corazón del profeta. Él dice, «¡ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, porque mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos» (Is 6:5). Confrontado con la infinita perfección, poder y justicia, Isaías está deshecho. Su pesar lo deja como un estropajo en el suelo. 

Sin embargo, el Dios que calma las olas también levanta a los estropajos:

Entonces voló hacia mí uno de los serafines con un carbón encendido en su mano, que había tomado del altar con las tenazas. Con él tocó mi boca, y me dijo: «Esto ha tocado tus labios, y es quitada tu iniquidad y perdonado tu pecado» (Is 6:6-7). 

Tú culpa es quitada. Tu pecado es expiado. Si Dios mismo ha pagado por nuestros pecados y nos ha declarado libres de culpa, no tenemos derecho a revolcarnos más en la vergüenza. Desperdiciamos tanto tiempo deseando haber hecho todo diferente (haber elegido, haber dicho las cosas y haber tocado de otra manera). Dios no nos llama a volver a hacer el ayer, sino que a hacer algo nuevo hoy (debido a su misericordia, en su gracia y por su fama).

Por lo tanto, ¿qué deberías hacer? Isaías «[oyó] la voz del Señor que decía: "¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?"...» (Is 6:8). ¿Está el profeta demasiado avergonzado de su pecado para dar un paso adelante? No, él dice, «"Aquí estoy; envíame a mí,"» (Is 6:8). Una vez estuvo lleno de pesar; ahora, lleno de una ambición piadosa. No revolcándose, sino testificando.

La vida de Isaías había recibido un nuevo propósito, una nueva dirección y una nueva esperanza. Su pasado se trata de Dios; su relaciones se tratan de Dios; su historia quebrada, pecadora y lamentable se habían convertido en un lienzo en el cual Dios mismo pintó una belleza única, innegable e incomparable. En vez de desperdiciarla con culpa y vergüenza, Isaías enmarca y exhibe su lienzo para que lo vean tantos ojos y corazones como sea posible. 

Deja que tu pesar se transforme en otra razón para contarle a alguien sobre lo que Dios ha estado haciendo por ti. Encamina a otros en la senda que lleva fuera del pesar devastador del mundo hacia el poder sanador del pesar que proviene de Dios. 

Cómo tener relaciones amorosas con un historial

Si el Dios santo y soberano puede amarte y usarte a pesar de tu historial amoroso, entonces puedes aprender a amar de nuevo. Cuando él te lleva a otra relación, no tienes que pretender que tus relaciones previas nunca sucedieron. Es más, esconder tu pasado es esconder la gracia y la misericordia que Dios te ha mostrado (minimizar lo que él ha hecho en tu vida) y te arriesgas a caer en el mismo pecado. 

Si vas a ser verdaderamente feliz en el matrimonio, tú (y tu cónyuge) necesitarás volver a repetir profunda y alegremente esta confesión: 

Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero. Sin embargo, por esto hallé misericordia, para que en mí, como el primero, Jesucristo demostrara toda su paciencia como un ejemplo para los que habrían de creer en él para vida eterna (1Ti 1:15-16).

Tu historia no te descalifica para tener una relación amorosa o para casarte. Te califica como un candidato para su gracia y como un embajador del verdadero amor —el tipo de amor que muere para embellecer de nuevo a su amada (Ef 5:25)—. Tu pasado precisamente puede ser lo que Dios use para prepararte más para el matrimonio (si permites que tu pasado te lleve a él, a confesar tus pecados, a huir de la tentación, a luchar para amar de una manera diferente y para tener relaciones amorosas de una manera que puedas mostrar más de Jesús). 

Marshall Segal © 2017 Desiring God Foundation. Publicado originalmente en esta dirección. Sitio web: desiringGod.org — Usado con permiso. | Traducción: María José Ojeda
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Marshall Segal
es escritor y director editorial de desiringGod.org. Es autor de Not Yet Married: The Pursuit of Joy in Singleness & Dating [Aún no casados: la búsqueda del gozo en la soltería y en las relaciones amorosas] (2017). Se graduó de Bethlehem College & Seminary. Él y su esposa, Faye, tienen un hijo y viven en Minneapolis.


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